El sacerdote diocesano D. Emilio Borrego Pimentel descansa en paz

Nuestro arzobispo D. Javier, junto a numeroso clero granadino, celebraba en la mañana del 2 de enero, en la fiesta litúrgica de María, Auxilio de los cristianos, la Eucaristía funeral por su descanso eterno, en la parroquia Virgen de Gracia, el que fuera último destino pastoral de D. Emilio, y tras ser velado en la Casa Sacerdotal, donde residía.

D. Emilio Borrego fue párroco de Churriana de la Vega, capellán de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia, párroco de Virgen de Gracia y vinculado a la Basílica de San Juan de Dios.

A la despedida de D. Emilio Borrego en la Eucaristía funeral asistió numeroso clero granadino. Nuestro arzobispo subrayó en su homilía que frente a esa Navidad idealizada en la que no hay sombra de dolor o ausencia está la Navidad del Acontecimiento de Dios hecho carne en nuestra carne: “Es justo la realidad de nuestra condición mortal la que nos hace posible dar gracias hasta el fondo por el Acontecimiento de Cristo, por la Encarnación del Verbo, porque el Hijo de Dios se haya hecho carne en nuestra carne y haya querido compartir nuestra condición humana”.

“Es en ese amor en el que nosotros ponemos para Emilio, y para mí, y para todos los que formamos la Iglesia y para todos los que vivimos en este mundo, nuestra única esperanza. Si la pusiéramos en otra cosa, tendríamos que decir que no hemos conocido a Cristo, no hemos conocido el poder de su Gracia y el poder de su Amor. Hemos conocido al Dios que Cristo nos ha revelado que es pura gracia, puro amor”.

Con la pérdida de un ser querido lloramos, pero “el Señor nos proclama dichosos porque la Salvación ha venido, porque la Justicia de Dios ha venido y es su Misericordia sin límites, su amor sin límites y sin condiciones. La Esperanza en el triunfo del amor de Dios es en lo que consiste y constituye el cristianismo”, señaló nuestro arzobispo.

Ante el féretro de D. Emilio Borrego, nuestro arzobispo y los sacerdotes concelebrantes elevaron una súplica por su alma, depositándola en manos del Padre para que lo acoja en su Reino, “en nuestro hogar, nuestra patria” –en palabras del arzobispo- que es el Cielo, al mismo tiempo que Mons. Martínez oró para que el Señor “nos sostenga, en lo que tengamos de peregrinación y de camino, en la fe y en la esperanza”.

En la fiesta litúrgica de María, Auxilio de los cristianos, también se elevó una oración a la Madre de Dios para que “Ella, que es madre, interceda por Emilio y por nosotros”, señaló D. Javier.

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