“Madre, Tú nos enseñas a permanecer junto a las cruces de nuestros hermanos”

Reflexión del canónigo catedralicio D. Antonio Muñoz Osorio ante la Sagrada Imagen de Santa María de la Alhambra de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias Coronada de Santa María de la Alhambra, previa a su entrada en la Catedral el Sábado Santo.

Del Evangelio de San Juan.
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cercal al discípulo al que tanto quería, dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. María, junto a otras mujeres y el apóstol Juan, permaneció junto a la cruz de Jesús. Los demás discípulos habían huido o lo habían dejado solo, e incluso renegaron de Él, o lo habían traicionado. Pilato, para que los cuerpos no quedaran en la cruz, ya que iba a comenzar el sábado solemne de la Pascua, había accedido a que los quebrara las piernas y bajara. Los soldados quebraron las piernas de los otros dos que habían crucificado con Jesús, pues aún tenían vida. Y a Él, que ya había muerto, uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza. Después, José de Arimatea y Nicodemo, discípulos de Jesús, tal vez ayudados por sus criados o por otro discípulo del Maestro, se acercaron a la cruz, desclavaron cuidadosa y reverentemente las manos y los pies y lo bajaron. María, con el corazón traspasado por un profundo dolor por cuanto había acontecido, recibió en sus brazos y puso en su regazo materno el cuerpo sin vida de su Hijo.


Oración:
Madre nuestra, al permanecer en la cruz de tu Hijo nos enseñas que también nosotros hemos de permanecer junto a tantas cruces de nuestros hermanos crucificados por la soledad, el deprecio, la pobreza, el paro, la enfermedad, el racismo.

Madre, ayúdanos a hacer nuestros sus sufrimientos y desesperanzas, sus dolores y angustias.

Madre, que nunca nos desentendamos de ellos, sino que seamos capaces de hacernos cada día sus buenos samaritanos, capaces de tenderles una mano y sanar las heridas de su cuerpo y de su alma.

Dios te salve, María
llena eres de Gracia,
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto
de tu vientre Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores
ahora y en la hora,
de nuestra muerte.
Amén.


Antonio Muñoz Osorio
Canónigo del Cabildo de la Catedral

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