Viernes Santo: austeridad, sobriedad, penitencia y duelo Destacado

En una ceremonia austera, sobria, penitente y de duelo, la Santa Iglesia Catedral, junto con toda la Iglesia universal, ha acogido un año más la celebración que conmemora la pasión y muerte del Señor en los Oficios del Viernes Santo. En ella, los fieles han adorado y besado el lignum crucis depositado en un relicario de la Sierva de Dios Isabel la Católica.

Estos Oficios se han celebrado en las iglesias y parroquias de toda la Diócesis, como en toda la Iglesia universal, que en este día conmemora la pasión y muerte de Cristo. La liturgia de la Palabra, la adoración de la cruz y el rito de la comunión fueron presididos por Mons. Fernando Sebastián, Arzobispo emérito de Pamplona Tudela, que estos días ha ayudado con el ministerio episcopal de nuestro Arzobispo Mons. Javier Martínez, quien se encuentra en proceso de recuperación de una dolencia de espalda y lumbar, para lo que requiere completo reposo.

ORACIONES POR TODOS Y POR EL MUNDO

En su homilía, Mons. Fernando Sebastián ha lamentado que haya personas distanciadas de la Iglesia o que se prescinda de Dios en todos los órdenes de la vida. Asimismo, ha elevado una plegaria al Padre pidiendo por los ancianos, los enfermos, los pobres, los refugiados, los inmigrantes, los moribundos, los sintecho, y también por aquellos que “han perdido la fe” y por los que “traicionan” al Señor “con su mal comportamiento”. En su plegaria, el Arzobispo emérito de Pamplona Tudela también ha dirigido una súplica a Dios “por la paz en Oriente Medio, por el fin del terrorismo en el mundo”. Precisamente, la colecta del Viernes Santo va destinada a la Custodia de Tierra Santa -Colecta Pro Terra Sancta- para ayudar a los cristianos de la tierra de Jesús, para que continúen siendo piedras vivas y no desaparezca su presencia de Tierra Santa, así como el sostenimiento de los Santos Lugares por los que nació, creció, padeció y murió Nuestro Señor. 

ADORACIÓN DE LA CRUZ Y RITO DE LA COMUNIÓN

Los fieles han adorado y besado la cruz con el lignum crucis depositado en un relicario de la Sierva de Dios Isabel la Católica, que custodia la Capilla Real de Granada. Ante el trozo del madero de la cruz en la que murió Cristo, los fieles realizaron una genuflexión o una amplia reverencia. Previamente, se desarrolló la liturgia de la Palabra, en la que se leyeron las lecturas de este día y el relato de la Pasión. La celebración estuvo concelebrada por el Deán de la Catedral y miembros del cabildo catedralicio.

Tras la liturgia de la Palabra y la adoración de la cruz, tuvo lugar el rito de la comunión. El Viernes Santo, Pasión del Señor, es el único día del año que no se consagra el pan y el vino, y por ello en el rito de la comunión los fieles comulgaron con la Sagrada Forma consagrada la víspera, en la celebración de la Cena del Señor durante los Oficios del Jueves Santo.

Leer homilía de Mons. Fernando Sebastián en el Viernes Santo.

Paqui Pallarés