”La sociedad reclama de los pastores “santidad de vida, comunión y acompañantes para crecer en esperanza” Destacado

La Catedral gaditana ha acogido, a partir de este mediodía, la Misa Crismal, presidida por el Obispo diocesano, Mons. D. Rafael Zornoza Boy y concelebrada con el clero gaditano. Una celebración con un gran significado eclesial y diocesano que abre la puertas al tiempo “fuerte” dentro de la semana de Pasión y en la que se consagraron los Santos Óleos y se bendijo el crisma, que se utilizarán a lo largo del año en los sacramentos de Bautismo, Confirmación, unción de enfermos y orden sacerdotal.

Acompañado por los sacerdotes que ejercen su ministerio pastoral en nuestra diócesis y el seminario conciliar diocesano San Bartolomé, Mons. D. Rafael Zornoza ha presidido la Misa Crismal de este año a la que han acudido centenares de fieles. Durante la homilía, el prelado ha destacado que “uno de los momentos más gozosos del año, un momento de renovación interior y compromiso”, haciendo referencia a la renovación de las promesas sacerdotales que realizan los presbíteros durante esta celebración. Las palabras del Obispo se han dirigido especialmente a los sacerdotes presentes a los que animó a “vigilar y cuidarnos para fortalecer nuestra fe, ya que se manifiesta frágil, nuestra confianza débil, nuestra religiosidad contaminada por elementos meramente terrenos”. Asimismo, ha subrayado que esa renovación de las promesas “supone estar verdaderamente dispuestos a decir que sí, que queremos estar más fuertemente unidos a Cristo y a la Iglesia, que queremos configurarnos con Él, para seguir aceptando los sagrados deberes de servir a la Iglesia. Aprovecharemos esta oportunidad para afirmar a Nuestro Señor de todo corazón que queremos seguir entregando la vida por Él y por la salvación de las almas con fidelidad y amor”.

La Misa Crismal, ha añadido Mons. Zornoza es “una manifestación de la plenitud sacerdotal y un signo de la especial comunión entre los presbíteros con el Obispo” y ha aprovechado además para dar las gracias a los sacerdotes por su servicio ministerial, especialmente con los más desfavorecidos.

Mons. Zornoza ha glosado las palabras del Papa Francisco para apuntar “tres rasgos significativos de nuestra alegría sacerdotal: es una alegría que nos unge interiormente (la que nos hace amables colaboradores, no la que nos hace presuntuosos, engreídos, o jueces críticos de los demás), es una alegría incorruptible (porque es divina, graciosa, eterna, que sabe a cielo, transmite paz y caridad), y es una alegría misionera que atrae a todos, comenzando por los más lejanos, e irradia benevolencia y consuelo”. El Obispo no ha escondido la realidad de que “la sociedad mira hoy a los sacerdotes con disgusto y turbación ante los escándalos que afectan a la credibilidad nuestra y de la Iglesia” y ha puesto de manifiesto como la sociedad reclama de los pastores “santidad de vida, comunión, que seamos motores de virtud, de servicio para el consuelo todos, acompañantes de cada uno en el difícil itinerario de la vida para crecer en esperanza, ser motores de unidad” y ha hecho, junto a los presentes un breve examen de conciencia sobre la vida sacerdotal.

Tras la homilía, el clero reunido ha renovado sus promesas sacerdotales y continuando con la liturgia propia de esta celebración, se han consagrado los Santos óleos de los enfermos y catecúmenos y se ha bendecido el crisma.

La Misa ha concluido con la bendición de Mons. Zornoza a los presentes a los que ha deseado una feliz Semana Santa y una gozosa celebración de la Pascua de Resurrección ya cercana

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