"Los nuevos estatutos de Cáritas nos devuelven a la esencia de la organización" Destacado

Cáritas diocesana es el brazo de la acción caritativa de la Iglesia, una realidad conocida y valorada en la sociedad que, sin embargo, ha sufrido también las consecuencias de una crisis económica que hizo que aumentaran las personas que acuden a ella, mucha de las cuales siguen saliendo adelante hoy día con el apoyo de la entidad diocesana. Maria del Mar Manuz conoce a fondo esta realidad, voluntaria de Cáritas desde hace muchos año, desde 2016 sirve a la Iglesia como directora de la Cáritas diocesana de Cádiz. Como ella destaca en esta entrevista la labor de Cáritas es “evangelio en acción” y por ello, todos en la Iglesia tenemos el deber de apoyar, ayudar y colaborar dentro de nuestras posibilidades con este corazón misericordioso de la Iglesia.


¿Cómo definiríamos Cáritas y su misión en el mundo para aquellos que aún no la conocen?
Cáritas es el hombro que la Iglesia arrima al mundo para trabajar por la paz. La paz es principalmente la realización del bien común, alcanzar un orden de vida en el que las necesidades justas del prójimo se sientan como propias, porque todo hombre y todo grupo humano están llamados a crecer y moralmente no es posible crecer si nos desentendemos de los que tienen peores condiciones, o debilidades, o dificultades.
Cáritas puede definirse también por su visión. Es un ojo que busca ver con profundidad, más allá de las apariencias de bienestar material de nuestra sociedad, adentrándose en periferias que crea el propio hombre.
Espiritualmente, podemos definirla como un corazón, o más exactamente, como un impulso del corazón de Dios. Porque Cáritas significa Amor, y Dios es Amor.
Para los más prácticos, podría decir que Cáritas es una entidad sin ánimo de lucro, formada principalmente por laicos católicos comprometidos de forma voluntaria en el servicio a los más pobres entre los pobres. Es evangelio en acción y por esto es una parte muy valiosa para la comunidad cristiana, pero también para el capital ético de la sociedad civil, aunque su aportación no responde a una ideología política, ni a motivaciones económicas, ni a intereses profesionales. Su aportación es vocacional, con un claro sentido religioso.
Hemos cumplido un año desde que se aprobó el nuevo estatuto de Cáritas diocesana de Cádiz ¿qué ha aportado este nuevo estatuto?
Claridad, identidad, autoexigencia, participación, transparencia, coherencia y reglas que promueven la unidad, en lugar de la fragmentación.
Para cualquier organización un estatuto es la regulación de las cuestiones básicas que rigen su existencia: cuáles son sus principios, quiénes son sus miembros, qué misión tiene, de qué formas y medios puede valerse para cumplirla, cómo se gobierna, etc..
El estatuto nuevo ha venido a actualizar esta regulación básica respondiendo a exigencias que el anterior estatuto no contemplaba y que, sin embargo, convenía considerar. Estas exigencias son de orden externo (derivadas fundamentalmente de leyes surgidas en estos últimos años), y también de orden interno (por ejemplo, el estatuto anterior no hacía mención al voluntariado, ni al uso del nombre y la imagen de Cáritas, etc…).
Pero lo más importante del nuevo estatuto es la ocasión que brinda para fortalecer internamente a Cáritas a partir de principios eclesiales y de una voluntad muy clara de fomentar la participación, la corresponsabilidad, la eficacia, la unidad, el control y el seguimiento de su obra social.
Por ejemplo, al impulso de este nuevo estatuto Cáritas ha podido constituir un nuevo consejo diocesano, que hacía más de doce años que no se convocaba. Esto sin duda es un avance importante de participación y un signo positivo de salud institucional por el que todos podemos alegrarnos, aunque suponga un plus de trabajo y de servicio.

El pasado mes de octubre Cáritas celebró su asamblea diocesana y estableció sus prioridades para los próximos años ¿qué destacarías de esta Asamblea?
La asamblea no es un órgano de gobierno en nuestra Cáritas Diocesana. Los órganos de gobierno son la Dirección y el Consejo Diocesano, bajo la Dirección jerárquica de la entidad, que la forman el Obispo, como Presidente, y su Delegado episcopal.
Las prioridades han sido formuladas por el Consejo diocesano, que es un órgano de amplia representación, con presbíteros de todas las zonas pastorales y laicos voluntarios de los distintos arciprestazgos. Además, antes de someterse a la deliberación de la asamblea, el documento de prioridades ha sido abierto al trabajo y la valoración de todos los equipos de la red parroquial de Cáritas.
Este camino de reflexión, guiado por nuestro Obispo, ha dado como resultado una estrategia que nos devuelve a la esencia de Cáritas, porque nos recuerda cuestiones muy elementales en nuestra lucha contra el abuso y el sufrimiento de los más débiles. Y para no quedarnos en declaración de principios abstractos, las líneas que nos proponemos descienden también a orientaciones muy concretas sobre la forma en que desarrollamos nuestro servicio. Esto es muy necesario, porque Cáritas no se construye ni se mide sólo por sus fines, sino también por los medios que utiliza para alcanzarlos y por cómo los emplea.
En cuanto a lo que destacaría, en negativo subrayaría la baja participación de sacerdotes. La asamblea diocesana de Cáritas es un acto relevante que se celebra cada tres años. Como tal, se halla señalada en el calendario diocesano y ha sido convocada formalmente con tres meses de antelación. Semanas antes además, nuestro Delegado episcopal animó a la participación reiterando la invitación en una carta personal.
Conozco y valoro la diversidad e intensidad de la labor sacerdotal, pero la fría realidad de este hecho de inasistencia me preocupa y creo que merece una serena reflexión crítica, porque la responsabilidad y participación activa del párroco en el servicio de la caridad es esencial.
En positivo, destacaría el interés y las ganas de los asistentes, la disposición abierta de todos los que han participado. Ser parte de Cáritas es un compromiso que toca de lleno la vida y el corazón. Personalmente viví todo con honda emoción y creo que todos salimos fortalecidos de este aprendizaje continuo. Así me lo expresaron muchos voluntarios al terminar el acto y en los días siguientes, por teléfono, correo, whatsapp… Como voluntaria, de ese día me inspiran muchos detalles, por ejemplo la definición que dio uno de nuestros ponentes invitados sobre la pobreza: “pobreza es cuando uno ha perdido la capacidad de soñarse”.

Desde hace unos años, Cáritas ha apostado por mejorar los servicios de acogida que son la puerta de entrada a Cáritas… ¿qué avances se ha logrado en este campo?
Es verdad que nuestros servicios de acogida en las parroquias son la puerta de entrada a Cáritas. Es nuestra labor más propia y la realizamos en nombre de la comunidad cristiana, con los medios que ésta pone a nuestra disposición.
En estos últimos dos años, al servicio que presta cada equipo parroquial de Cáritas le hemos sumado el esfuerzo de un área nueva, el Área de Acogida y Atención Primaria, que está empezando a caminar con los medios modestos de nuestros servicios generales, pero con dedicación exclusiva. Aunque la Diócesis es grande y muy diversa, este acompañamiento a los equipos de Cáritas es muy necesario y confiamos en que poco a poco pueda servir de ayuda y potenciación de la difícil y meritoria labor parroquial. El equipo del área está volcado para lograrlo.
Con intención de ser más eficaces y coherentes, hemos mejorado el sistema de reparto de fondos. Anteriormente se asignaba una cantidad global a tanto alzado para toda la Diócesis, que se distribuía a demanda. En los últimos años este fondo global contempla una cuantía para cada arciprestazgo con cantidades que son el resultado de aplicar criterios previos de distribución: la contribución de cada parroquia, el número de familias atendidas, el nivel socio-económico de la zona, los recursos sociales existentes y la capacidad de gestión de los equipos. Esto es un esfuerzo de coherencia y justicia interna que me parece un avance, con independencia de lo pequeña o grande que sea el bien a repartir.
En un segundo momento, son ya los propios directores de los equipos parroquiales los que colegiadamente deciden dónde reforzar las ayudas asignadas al propio arciprestazgo, según las necesidades locales y las diferencias de medios entre unas parroquias y otras.
Creo que ha sido muy valioso también el Grupo de Trabajo que se ha creado para mejorar las acogidas, formado por agentes contratadas del nuevo Área y por voluntarios de toda la Diócesis. Han hecho un gran esfuerzo, a partir de un cuestionario previamente enviado a todas las parroquias y de cinco sesiones de debate y trabajo. Sus conclusiones y sus sugerencias para unificar criterios van a ser un importante reto de cara a los próximos años. Dados los escasos medios con que contamos, no es fácil, pero la conciencia de mejora de los equipos y el compromiso es muy alto. Hay fe y hay voluntad, buena voluntad, es lo que importa.

El voluntariado es la piedra angular de Cáritas ¿qué reflexión hace Cáritassobre su situación actual?
En mi opinión, las personas que servimos en Cáritas encajamos un tanto “forzadamente” en el concepto de voluntariado. Legalmente es preciso encuadrar nuestra colaboración en algún concepto y este es el previsto, o el más adecuado jurídicamente, pero en la realidad de nuestra autoconciencia somos sencillamente cristianos trasladando nuestro mensaje, que es un mensaje de felicidad, ciertamente a contracorriente de la idea que actualmente se ha impuesto de felicidad. Esto es algo que muy valientemente deja claro nuestro estatuto.
A partir de aquí se derivan cuestiones que en los próximos años habrá que desgranar, porque Cáritas es Iglesia y, como tal, está afectada por los signos de nuestro tiempo para lo bueno y para lo no tan bueno. ¿Y cuál es nuestro tiempo? Nuestro tiempo es un tiempo donde todo está interrelacionado y ya no hay valores de referencia homogéneos, sino distintos y en abierta contradicción. Es un tiempo de hombres y mujeres que crecientemente viven sus vidas de espaldas a Dios, que rebajan o relativizan las ideas de bien, de verdad, de lo que son derechos y obligaciones, limitando la ética común a un mínimo cada vez más mínimo. Este es nuestro tiempo, que además entiende que esto es progreso.
En medio de este contexto, los voluntarios de Cáritas defendemos un modelo de vida construido en diálogo con Dios, con nosotros mismos, con el Otro y con el mundo, no sobre valores en constante negociación, sino con valores muy sólidos, de máximos, sin aceptar que las personas se midan por su capacidad de competitividad, ni que su bien se reduzca al ámbito de lo material.
Tenemos retos importantes que afectan directamente al voluntariado, con los jóvenes por ejemplo, o con la formación, o con la comunicación, o con la participación en el diseño y la evaluación de los proyectos diocesanos. Pero esto convive también con grandes fortalezas del voluntariado de Cáritas, y son potencias enormes: somos la Iglesia diocesana misma, una comunidad de vida y de fe, no una asociación surgida anteayer por iniciativa de tres o cuatro, y tenemos la fuerza del mensaje de Jesús, que siempre tuvo misericordia con los enfermos, los pobres, las mujeres, los oprimidos, los ignorantes, los más débiles, los pecadores y los despreciados de su tiempo. Este arraigo intelectual, moral y espiritual es lo que cuenta de cara al futuro, porque es la esencia que nos mueve y no puede cambiar.

En programa de empleo de Cáritas lleva varios años ofreciendo resultados esperanzadores para aquellas personas que han participado de sus actividades ¿cuál es la clave de su éxito?
No sé si puede llamarse éxito, tendríamos que ponernos de acuerdo antes en el significado de esta palabra. Pero es un hecho que en estos últimos años nuestros programas de empleo ofrecen mejores resultados, tanto en el número de personas que consiguen empleo, como en las que retoman los estudios. La clave de este hecho esperanzador es haber renovado nuestra metodología y nuestra organización, y haber concentrado a la vez nuestros recursos. El fin sigue siendo el mismo, pero los medios empleados han cambiado, de ahí los mayores niveles de inserción laboral.

¿Cuáles son estos cambios? Hemos personalizado más los itinerarios, tanto en la orientación, como en la formación y en la intermediación laboral. El servicio diocesano se ha hecho más flexible a las circunstancias particulares de cada persona acompañada. La formación para el empleo se ha diversificado y el cuadro de formadores se ha ampliado: a los pretalleres que ya existían, se han ido sumado experiencias nuevas de formación en el puesto de trabajo, o de cursos dirigidos a la rama de hostelería, o a la de comercio, ofreciéndose también formación complementaria muy necesaria, como inglés, alemán, manipulación de alimentos, etc.
Por otra parte, en estos tres últimos años Cáritas Diocesana ha introducido perfiles laborales nuevos orientados a la necesaria interacción con las empresas y a la vez hemos hecho un mayor esfuerzo para apoyar la movilidad y el transporte, porque las deficiencias de las infraestructuras públicas en esta Diócesis son una auténtica barrera para las personas que participan en nuestros programas de empleo. Estamos en continua evaluación, interna y externa.
En definitiva, lograr mejores resultados de inserción laboral ha necesitado realizar cambios profundos en la organización de nuestra Cáritas, para centrar los recursos disponibles en este objetivo tan importante de promoción humana. Pero ni la renovación en los itinerarios, ni los cambios en la organización, habrían logrado mejorar el impacto real en la vida de las personas, si no hubieran contado con el compromiso del equipo de empleo, que ha hecho un gran esfuerzo y está haciendo un gran trabajo.

Cáritas lleva trabajando a favor de las personas sin hogar desde hace varias décadas. En el último año se ha realizado una reorganización de la acción que Cáritas lleva a cabo con estas personas ¿qué puedes contarnos de esta actividad?
Cáritas se desvía de su misión si no se enfoca a los más pobres, a los más excluidos. Personas con necesidad hay muchas, y en estos años de crisis hemos atendido una casuística muy variada de familias que nos pedían ayuda. Pero las personas que carecen de hogar y han perdido los lazos y la protección de sus familias son para Cáritas el rostro herido de la humanidad, la gran pobreza, una realidad dura y extremadamente compleja.
Una parte importante de nuestro compromiso es no dejar de cuestionarnos, de buscar la manera de servir mejor y promocionar la autonomía de las personas sin caer en paternalismos. Con este ánimo, en el año 2015 realizamos una evaluación de nuestro proyecto Luz y Sal, que en aquel momento se desarrollaba en la ciudad de Cádiz, como recurso local.
En aquel esfuerzo valiente de evaluación participaron agentes voluntarios y contratados, pero también personas sin hogar y responsables de los servicios municipales. El resultado fue una batería de propuestas de mejora que progresivamente van implantándose. Hoy el proyecto Luz y Sal es un recurso abierto a cualquier persona sin hogar derivada desde cualquier proyecto del Programa, que cuenta además ya con personal técnico especializado en todos sus dispositivos.
Luz y Sal es una puerta a la esperanza, una apuesta arriesgada y esforzada por la posibilidad de recuperación del ser humano, por su capacidad de renovación. Se ofrece a hombres y mujeres. Las personas que participan tienen cubiertas sus necesidades de manutención y alojamiento todos los días de la semana, gracias a un nuevo Convenio de colaboración con la Sociedad San Vicente de Paúl y al apoyo de la Diputación Provincial. Contamos con nuevas instalaciones para desarrollar el proyecto, el nuevo Centro Madre Teresa. En sus muchas actividades y en las relaciones que crean, el equipo que trabaja en este Centro consigue unir evangelio y profesionalidad. Llegar aquí ha sido un camino difícil, pero lleno de aprendizaje. Un motivo más para dar gracias a Dios y a toda la buena gente que lo hace posible.

Tenemos que tratar sobre la situación económica de Cáritas Diocesana ¿cuál es su estado actual?
Debo ser muy prudente en esta valoración. Estamos haciendo un gran esfuerzo para reconducir una situación económica negativa y esto nos obliga a un seguimiento continuo de nuestros recursos y compromisos.
En los años de crisis el impulso de solidaridad hizo que contáramos con un importante aporte de ingresos, que en atención a nuestra misión conllevó paralelamente un aumento de nuestra acción y el empleo de mayores medios. Sin embargo, en el entorno actual de postcrisis el volumen de ingresos decae y tiende a bajar, esto es algo generalizado que no sólo afecta a Cáritas, sino a todo el sector, lo que nos obliga a redoblar el cuidado por la sostenibilidad de nuestra obra social y a no perder de vista el compromiso primero de nuestra entidad
En este momento de dificultad es cuando más debe hacerse presente la corresponsabilidad de nuestra Iglesia particular de Cádiz con su Cáritas Diocesana, a través de los múltiples cauces establecidos, que por otra parte no son nuevos. Todo el bien que llega a las personas a través de los programas diocesanos de empleo, de personas sin hogar, de mayores o de infancia, necesita fondos.

¿Y quién, sino la comunidad cristiana de esta Diócesis, debe apoyar y sostener de manera principal la obra social de su Cáritas Diocesana? Esto no es una cuestión menor, ni meramente material. Hablamos de coherencia y de independencia para llevar a cabo nuestra misión, disponiendo de fondos propios para abordar los proyectos que hacen falta, aunque no sean los que las administraciones apoyan, o para abordarlos en la forma en que la Iglesia debe hacerlo.
Los católicos hemos de aceptar maduramente nuestra corresponsabilidad en el mantenimiento de la Iglesia, y dentro de ésta, la obra social de Cáritas debe ocupar el lugar preferente que corresponde al servicio a los más necesitados. La comunicación cristiana de bienes es el termómetro de la coherencia para cualquier comunidad cristiana, hablemos de familia, parroquias, congregaciones

Por último ¿qué retos se le presentan a Cáritas en los próximos años?
En mi opinión, algunos retos de Cáritas no difieren de los de la Iglesia en general. Otros, en cambio, son muy específicos de nuestra entidad.
Vivimos tiempos recios, donde nuestra fe y nuestra manera de pensar el mundo y el hombre cada vez recibe más presiones para silenciarse. Esto nos aboca a un reto de madurez en la fe que compartimos con toda la Iglesia, a una búsqueda de la verdad y a una ejemplaridad personal e institucional que el Papa Francisco no deja de recordarnos.
En el ámbito específico de lo social, Cáritas tiene ante sí retos peculiares. Algunos son clásicos, como el de no dejar nunca de buscar el equilibrio entre asistencia y promoción, o el de evitar el paternalismo, el sentimentalismo, el activismo…
Pero, junto a estos retos, veo otros, quizás más propios de este tiempo actual, como el de la autocensura ante ideologías dañinas para el bien común, como los nacionalismos excluyentes. Creo también que, como cualquier organización, Cáritas tiene que afrontar el reto de no caer en la tentación de centrarse en su propia supervivencia y el de valorar con absoluta libertad las periferias existenciales donde debe estar, para no llegar a convertirse en una entidad prestadora de servicios más, subordinada de la Administración. Es una lección que la historia reitera la de que, a veces, para crecer es preciso decrecer.
En cualquier caso, son retos apasionantes, a la altura de la fuerza que posee este hermoso proyecto que llamamos Cáritas.

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