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Fallece el franciscano José Luis Salido

En el día de ayer, lunes 23 de enero, conocíamos la triste noticia del fallecimiento del fraile franciscano José Luis Salido, a la edad de 73 años.

La capilla ardiente quedó instalada por la tarde en la sacristía del Convento de San Francisco, a la que acudieron muchos sacerdotes de la diócesis y el propio obispo, Mons. Rafael Zornoza.

Hoy, 24 de enero, a las 12.00 horas se celebrará la misa de exequias y posteriormente se trasladarán los restos a Jerez de la Frontera, donde se celebrará otra misa a las 17.00 horas. Finalmente, el fraile descansará en el monasterio franciscano de Chipiona.

D.E.P.

Fallece José Luis Salido Mateo, un “hermano menor” que nos ha explicado el significado del modelo franciscano de vida

José Antonio Hernández Guerrero


El fraile franciscano, padre José Luis Salido Mateo, ha sido un sacerdote gaditano pese a ser, como él repetía, haber nacido en Jerez. No es extraño, por lo tanto, que el Ayuntamiento Gaditano le otorgara el título de hijo adoptivo de nuestra Ciudad. Era un hombre sencillo que, con sus palabras claras, con sus actitudes amables y, sobre todo, con sus comportamientos coherentes nos explicaba la riqueza humana y la grandeza moral que encierra una existencia dedicada a los pobres y entregada a los humildes. Con su peculiar manera de vivir como “hermano menor”, el padre Salido nos ha definido el significado hondo y la permanente fecundidad de los mensajes que, en la actualidad, sigue lanzando el modelo franciscano de vida. Su sencillez, su fortaleza y, sobre todo, su discreción se pusieron de manifiesto, por ejemplo, en el elegante silencio que ha mantenido sobre sus dolencias. Como me dice su amigo, el fraile dominico Pacual Saturio, su discreción revela esa delicadeza y ese sentido de la cortesía que le impedían hablar de sus cosas y, sobre todo, de los asuntos dolorosos que pudieran preocuparnos a sus hermanos y a sus amigos.

Sin el menor riesgo de caer en una torpe hipérbole necrológica he de reconocer que el padre Salido ha sido un sacerdote que ha entregado su tiempo, sus energías y su vida, al servicio de los más necesitados. Somos muchos los testigos de la generosidad, de la amabilidad y de la eficacia con las que ha desarrollado las tareas pastorales y litúrgicas, armonizando de manera ejemplar la vida y la fe, el amor a la pobreza y la esplendidez, la oración y la caridad, acompañando, especialmente, a los enfermos y a los ancianos acogidos en las residencia Alvernia y Fragela.

Su conducta, sus actitudes y sus palabras constituyen una invitación fraternal a compartir la vida y una vacuna contra la invasión de ese sentimiento de desesperanza, de impotencia, de derrota y de ansiedad que, a veces, amenaza a muchos de nuestros conciudadanos. La vida del padre Salido es un estímulo para que evitemos arrastrarnos por ese terreno resbaladizo de las apatías que, a veces, conduce a la desintegración ruinosa. Su testimonio, que ha puesto de manifiesto la frescura de las enseñanzas evangélicas, constituye una amable invitación para que pensemos retrospectivamente en nosotros mismos sin que nos asalten las oleadas de la nostalgia.

Su vida no sólo arroja una potente luz enfocada a los problemas más actuales e importantes de este mundo caótico y competitivo, lleno de luces y transido de sombras, sino que, además, suministra unas pautas que, copiadas del Evangelio, siguen siendo válidas para sensibilizar las conciencias y para sembrar las semillas de la libertad, de la justicia y del amor. Y es que algunas vidas sacerdotales, ejercidas como un constante servicio a la comunidad eclesial y al mundo necesitado, siguen interpelando a quienes sienten el deber y la urgencia de transmitir con su testimonio y de pregonar con su palabra el “milagro” del amor. Que descanse en paz.