El delegado de Pastoral Penitenciaria, reconocido por el Ministerio del Interior con la Medalla de Bronce al Mérito Social Penitenciario Destacado

El sacerdote Francisco Muñoz la recibió de manos de monseñor José Mazuelos Pérez en una acto celebrado en Puerto III.

La Pastoral Penitenciaria de Asidonia-Jerez está de enhorabuena. Su delegado, el sacerdote jerezano Francisco Muñoz Valera, ha recibido de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias (dependiente del Ministerio del Interior) la Medalla de Bronce al Mérito Social Penitenciario. La entrega de dicha distinción se llevó a cabo en el salón de actos del Centro Penitenciario de Puerto III (El Puerto de Santa María) en el transcurso de los actos de celebración del Día de la Merced, Patrona de Instituciones Penitenciarias desde el año 1939.

Junto a los directores de los tres centros penitenciarios ubicados en El Puerto de Santa María, representantes políticos y funcionarios, se hizo presente monseñor José Mazuelos, obispo diocesano que le impuso la medalla al “cura Paco”, como él prefiere ser llamado. El galardonado se mostró agradecido, sorprendido y dispuesto a creer que “es un reconocimiento a toda la Pastoral que lleva a cabo una labor muy seria. Quizá de las más bonitas que hacemos: compartir con las personas que no tienen nada y están castigadas y casi suprimidas”. Francisco Muñoz quiso recordar que el voluntariado “ha de seguir compartiendo el mensaje de Esperanza de Jesús para hacer ver a los hombres y mujeres que cumplen condenas que es posible seguir hacia delante”. El sacerdote lleva realizando su labor pastoral en las cárceles desde el año 1979.

En el módulo 5 de Puerto II, los internos han rendido también homenaje a la religiosa cordobesa de 85 años de edad, Purificación Pérez, de la Congregación de Religiosas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. El homenaje fue muy emotivo no sólo para Pura sino también para todos los voluntarios de Pastoral que le acompañaban pues los internos le organizaron una fiesta y entregaron regalos en señal de agradecimiento por su vida entregada a ellos. Pura visitó por primera vez las cárceles en el año 1988. A sus 85 años sigue dando ánimos a los nuevos voluntarios para que no pierdan la ilusión en la tarea que se les ha encomendado.

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