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“Lo que siempre me impulsó a los más pobres fue ser testigo del Dios vivo. Un deseo filantrópico se hubiera terminado en seguida”. Destacado

Los años de colegial de Carmelo Pérez le dejaron una huella que ya nunca pudo borrar. Estudió en el colegio-seminario menor que los misioneros combonianos tenían a 35 kilómetros de su querido pueblo (Arnedo, La Rioja) y con ellos descubrió su incipiente vocación de evangelizar allende los mares. Estudió filosofía y teología en el Seminario diocesano de La Rioja, sirvió como sacerdote en tres pueblecitos cerca de Santo Domingo, pero su inquietud misionera seguía “dándole guerra” y la canalizó a través del IEME (Instituto Español de Misiones Extranjeras).

Primer destino, las “antípodas culturales” de la Rioja, Zimbabue. ¿Cómo viviste esos primeros años?

La primera etapa es un periodo de inculturación. Es decir, de adaptación a esa nueva realidad: aprendizaje de la lengua local, costumbres, comidas, sensibilidades distintas… Eso te hace sufrir, a veces. Pero hay que aprender a no hacer comparaciones. Esa es la clave.

En 35 años has vivido, prácticamente, la reconstrucción de un país que consiguió la independencia de Reino Unido en 1980

En el 1979 acaba la guerra civil y yo llego en el 1988. Un tiempo de postguerra, pero también de esperanza con muchas inversiones extranjeras y de, más o menos, un buen gobierno. No como ahora que se ha corrompido muchísimo. Me vine el año pasado después de 35 años en aquel país africano.

¿Y cuál es la “gasolina” para estar tanto tiempo en África?

Pues mira. Me gustaría resaltar que no es un deseo filantrópico lo que me ha movido en estos años (que se hubiera acabado en seguida), sino que lo que me impulsó desde siempre a dar mi vida a los pobres fue mi fe en Jesús y así ser testigo del Dios vivo.

Hablemos de Manos Unidas. ¿Cómo ha sido tu experiencia de colaboración con esta ONG allí sobre el terreno?

He sido el responsable de un proyecto de educación. Una escuela primaria de 800 niños de 4 a 14 años en los que Manos unidas me ayudo a construir las dos naves que albergaban los aularios, a dotarlo de mobiliario escolar y agua para la misma escuela. Lo importante de todo proyecto de Manos Unidas es que tiene que cumplir dos requisitos: sostenibilidad y participación de la comunidad local.

¿Qué le pedirías a los almerienses de a pie que deseen colaborar? ¿Que podemos hacer nosotros?

En primer lugar, que se hagan socios o colaboradores de esta ONG de la iglesia católica. Otra cosa importante, cambiar nuestro estilo de vida porque, el cómo vivimos aquí, repercute en nuestros hermanos del sur. El gasto de agua, la ropa que usamos, el uso de aparatos tecnológicos con Coltán… En definitiva, una llamada a la austeridad en el consumo. Por último, el próximo domingo, 10 de febrero, hay una colecta a favor de la campaña contra el hambre y se pide generosidad. Al final, un mundo más justo es un beneficio para todos sus habitantes y el sueño que Dios tiene para la humanidad.