D. Ramón Garrido invita a los sacerdotes a “caminar con determinación” en el retiro de Pascua

Con el rezo de la Hora Intermedia, a las 11 de la mañana del lunes día 9 de abril de 2018, dio comienzo el retiro de Pascua programado para el presbiterio diocesano por la Diócesis almeriense en la Casa-Seminario “Reina y Señora” de Aguadulce.


D. Ramón Garrido Domene, Canónigo y al tiempo administrador diocesano y párroco de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo de Aguadulce (Roquetas de Mar), fue el encargado de predicar el retiro inspirándose en la expresión tan empleada en sus escritos por Sta. Teresa de Jesús “Caminar con determinación”. La introducción introdujo a los oyentes en el núcleo de la meditación y en la pretensión del predicador que no era otra que ayudar a meditar sobre como “creer en Jesucristo significa e implica hacerse caminante en comunión con los hermanos en Iglesia” advirtiendo desde el principio de las tentaciones de aquellos que “van por su cuenta”, o “viven imbuidos de mentalidad individualista. Las palabras introductorias terminaron con la súplica del salmo 86,11: “Enséñame, Señor, tu camino para que siga tu verdad”.

El predicador introdujo a los presentes en la meditación preguntando cómo es nuestro camino de seguimiento del Señor subrayando las siguientes características del que sigue al Maestro en la fe y el compromiso: el camino exige siempre novedad y progreso; requiere rechazar la atentación de mirar hacia atrás; la meta es el mismo Dios a pesar de nuestras limitaciones a las que hemos de pedir la gracia de eliminarlas como hicieron los santos; para recorrer el camino necesitamos mentores, padres espirituales, santos y sabios que acompañándonos nos lleven a Dios.

En un segundo momento de la meditación, que el predicador tituló “El inicio del camino”, se recordó el primer pecado que hunde al ser humano en la vergüenza, el ocultamiento y la dispersión interior aunque el Creador “llama y suspira por la criatura”. En la peregrinación terrenal el ser humano que busca ha de recorrer etapas de crecimiento tales como el conocimiento de sí mismo del que dirá la santa abulense “jamás nos acabamos de conocer si no procuramos conocer a Dios” (1 M 2.9) advirtiendo la santa mística de varios peligros: estar pendientes de las opiniones y juicios de los demás; la falsa humildad y la soberbia; el desprecio de la certeza de que Dios quiere trato personal con sus criaturas; el dejarse seducir por los falsos placeres; y el individualismo.

En la segunda etapa de la peregrinación terrenal la santa doctora invita al seguimiento del Señor con “determinación y constancia” recordando la peregrinación de Abrahán (Cf. Hb 11,8-10) e indica, en una tercera etapa, como “llevar una vida recta” con la consigna de “valorar lo que tenemos y disfrutar con lo que hacemos”. La cuarta etapa del camino interior, señala Sta. Teresa, es la “oración de quietud” que hace al que busca avanzar en el trato con el Señor con confianza llevados de su mano de tal suerte que “no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho”, ejercitando la humildad y buscando en todo imitar al Señor desechando nuestras apetencias. En que así obra constata como la Providencia nos indica el camino (quinta etapa) a pesar de “vivir tiempos recios” con muchas dificultades que se vencerán si perseveramos en la “fidelidad y en la paciencia (sexta etapa).

Con dos glosas, una al texto del Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros n. 37 y otra del Tratado del sacerdocio de san Juan de Ávila, el predicador invito a los presbíteros asistentes al ejercicio de la caridad pastoral con espíritu paciente.

La prolongada adoración de la Eucaristía y la oración personal, junto con la comida fraterna, completaron una jornada llena de alegría por la Resurrección de Nuestro Señor y el encuentro fraterno.