“La resurrección de Jesús es la noticia que llena el corazón del hombre de esperanza” Destacado

El Domingo de Resurrección alcanzaba su meta la celebración de la Semana Santa. En la Misa del día se hacían presentes las distintas hermandades y cofradías de Semana Santa. La Catedral estaba llena de fieles. El Obispo diocesano presidía la santa Misa e impartía la bendición apostólica al final de la Misa. Acabada la Misa estacional salía de la Catedral de la Encarnación la última procesión de la semana grande de la fe.

El sol lucía espléndido, en contraste con la ola de viento muy frío que hostigaba a los fieles en el desfile procesional del Viernes Santo. El Resucitado del escultor e imaginero Federico Coullaut Valera (Madrid 1912-1989), una talla magnífica y de trazos de indudable modernidad y belleza, salía con la más joven hermandad. El Obispo daba el golpe de martillo a la “levatá” que llevaba “al cielo” la sagrada imagen del Resucitado y que los costaleros ofrecían por los cristianos perseguidos y Tierra Santa.


La noche del Sábado Santo había sido larga, aunque comenzó a las 22,30 horas la Vigilia pascual. El rito de la bendición del fuego y encendido del Cirio pascual y la liturgia de la luz de Cristo Resucitado tuvo su lugar ya tradicional en el claustro de la Catedral, para entrar después con el Cirio pascual procesionalmente en el templo enteramente a oscuras. Las naves del primer templo diocesano eran iluminadas por el símbolo luminoso de Cristo Resucitado. Siguió la vigilia con su ritmo litúrgico propio: pregón pascual, liturgia de la Palabra que da curso a la narración de la historia de la salvación que conduce a Cristo. Seguidamente, la bella liturgia bautismal, en la que catorce catecúmenos adultos recibieron el bautismo y los otros dos sacramentos de la iniciación cristiana: Confirmación Y Eucaristía, habiéndose preparado dos años para esta noche. El Obispo recibía la renovación de las promesas bautismales de los fieles, que eran rociados con el agua recién bendecida, para proseguir con la liturgia eucarística.


El Seminario Conciliar de San Indalecio ha sostenido el canto en estos días en que la liturgia de las Horas (Oficio y Laudes) ha sido celebrada con solemnidad en el Coro de la Catedral almeriense bajo la dirección del canónigo maestro de Capilla D. Juan Torrecillas. Dos de los cuatro nuevos diáconos y uno de los diáconos permanentes han asistido al Obispo, Mons. González Montes, que ha presidido las celebraciones y ha pronunciado las homilías que venimos dando a conocer.