Peregrinación de las parroquias del Andarax a Caravaca de la Cruz Destacado

El último fin de semana de octubre las parroquias del río Andarax, Terque, Bentarique, Íllar, Rágol e Instinción peregrinaron con su párroco D. Eduardo Muñoz Jiménez, al Santuario de la Santa Vera Cruz de Caravaca de la Cruz (Murcia). Con motivo del Año Jubilar perpetuo concedido por el santo Papa Juan Pablo II al Santuario de la Santa Vera Cruz cada siete años, en él se gana la indulgencia plenaria a los que peregrinan para venerar la Cruz del Salvador. En efecto, es a partir de 1998 cuando Caravaca fue depositaria de la gracia solemne concedida en forma de Bula sobre la concesión del Año Jubilar in perpetuum.


La mañana del domingo 29 de octubre estuvo dedicada a la visita del Santuario de Nuestra Señora de la Esperanza de Calasparra, Santuario que se encuentra a 6 km de esta ciudad murciana y vecina se Caravaca.

A continuación, se dirigieron a Caravaca de la Cruz donde después de la comida visitaron algunos monumentos del municipio como la iglesia del Salvador, el templete, la iglesia de lo que fue el convento de las Carmelitas descalzas, la plaza con el monumento al moro y al cristiano y, por fin, el Santuario de la Santa Vera Cruz. Junto a otros peregrinos visitaron la capilla donde se encuentra custodiado el lignum crucis y a continuación celebraron la santa Misa en el Santuario recibiendo la bendición con la Cruz y venerándola al final de la Eucaristía.

De esta manera y cumpliendo con lo que establecido ganaron la indulgencia plenaria en las condiciones establecidas por la iglesia.

Breve historia de la Cruz de Caravaca

En el Santuario de Caravaca se conserva en un relicario con forma de cruz de doble brazo horizontal con la apariencia de un pectoral grande, un trozo de madera de la cruz del Señor. Según la tradición perteneció al patriarca Roberto de Jerusalén, primer obispo de la ciudad santa tras ser conquistada a los musulmanes en la Primera Gran Cruzada en el año 1099. En 1231 la cruz aparece en Caravaca.
Del 12 al 13 de febrero de 1934 se produjo el robo del lignum crucis, dejando únicamente la caja-estuche del siglo XIV en donde se guardaba la Cruz.

Tras la guerra civil, el Papa Pío XII concedió a Caravaca dos pequeñas astillas del lignum crucis que Santa Elena, madre del emperador Constantino, trajo de Jerusalén a Roma en la primera mitad del siglo IV. La Reliquia permaneció durante tres años en la parroquia del Salvador, ya que el Santuario permanecía en estado de deterioro debido a la contienda bélica. Fue en el 5 de mayo de 1945 cuando la Cruz se subió a su Santuario.