Queridos panaderos, felicidades y gracias

Carta Pastoral del Arzobispo de Sevilla, Mons. Juan José Asenjo Pelegrina, con motivo de la participación de la imagen de María Santísima de Regla en el Vía Crucis de la JMJ de Madrid.

Queridos hermanos y hermanas:

Me permitiréis que esta semana dirija mi carta, llena de gratitud, a los miembros de la Pontificia, Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad y Archicofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús del Soberano Poder en su Prendimiento, María Santísima de Regla y San Andrés Apóstol, fundada a finales del siglo XVI y que tiene su sede canónica en la capilla de San Andrés de Sevilla. El motivo está en la mente de todos: el pasado 19 de agosto, la conocida popularmente como Hermandad los Panaderos participó con la imagen de María Santísima de Regla en el más hermoso Vía Crucis celebrado jamás en la historia dos veces milenaria de la Iglesia. En presencia del Papa Benedicto XVI, de cerca de un millar de obispos, de varios miles de sacerdotes y de centenares de miles de jóvenes de todo el mundo, gracias a la televisión, el orbe entero pudo contemplar la belleza sin igual de las imágenes de la Semana Santa española, entre ellas, queridos Panaderos la de vuestra bendita titular, situada –privilegio excepcional- muy cerca del Papa, y a la que el Santo Padre dirigió la hermosísima oración conclusiva, que pertenece ya a vuestro patrimonio espiritual.

Un servidor, con mi Obispo auxiliar y el Sr. Alcalde de Sevilla fuimos testigos de excepción de la emoción que afloraba en vuestros rostros y del calor y la alegría que embargaba vuestros corazones en las horas de espera y durante el ejercicio del Vía Crucis bajo un sol abrasador. Vuestra insólita estación de penitencia, jamás imaginada ni por vosotros ni por los hermanos que os han precedido, por la plaza de Cibeles, calle de Alcalá y Puerta del Sol, hasta recogeros en la parroquia del Carmen, entre el olor del incienso, la música de la banda, los aplausos, vítores, cantos espontáneos y el fervor de millares de madrileños y andaluces, quedará grabada para siempre en vuestras retinas y, sobre todo, en vuestros corazones. Atrás quedaban tantos afanes, gestiones e interrogantes ante una experiencia nueva e imprevisible. Atrás quedaba el solemnísimo triduo y tantas ilusiones y esperanzas. Atrás quedaba una jornada que, como os dije en mi homilía del día 17 de agosto, deberá figurar con caracteres indelebles en la historia brillante de vuestra corporación. Por ello, felicito de corazón, en nombre de la Iglesia en Sevilla, al Delegado diocesano, D. Manuel Soria, al Director espiritual, P. Florencio Fernández, al párroco de Ntra. Sra. del Carmen y San Luis, D. Adolfo Lafuente, que acogió con cariño vuestra  querida imagen, al Hermano Mayor D. Emilio Santiago y su Junta de Gobierno, al Comisario D. Antonio Mejías y a todos los queridos Panaderos, especialmente a los que han prestado su trabajo y entusiasmo en los meses previos, en las últimas semanas, en el viaje y en la custodia y servicio de la Santísima Virgen mientras ha permanecido en Madrid.

Que Dios os pague cuanto habéis hecho. Os agradezco de corazón el ofrecimiento, libre, voluntario y entusiasta para participar en este inolvidable Vía Crucis. Con vuestra sabia decisión habéis hecho justicia a nuestra Archidiócesis y a Sevilla, que de otro modo, no hubiera estado representada en este magno acontecimiento eclesial, a pesar de que la suya es la más hermosa Semana Santa de España. Habéis prestado a la Iglesia un extraordinario servicio pastoral, pues como nos dijo el Papa al final del Vía Crucis, en las imágenes “la fe y el arte se armonizan para llegar al corazón del hombre e invitarle a la conversión”.  Que Dios nuestro Señor recompense con muchos dones sobrenaturales vuestro gesto. Que Él os ayude a vivir comprometidamente vuestra vocación cofrade, que no es distinta de la vocación cristiana, y que se entreteje con el amor a Jesucristo y su Madre bendita, la vida interior y la oración, la participación en los sacramentos, la formación continuada, el anuncio de Jesucristo a nuestro mundo con obras y palabras, el servicio a los pobres, el amor a la Iglesia y al Papa, sin el cual vuestro ser cofrade se desvanece. Confiad en la Iglesia, madre y maestra, y en sus pastores y secundad siempre sus orientaciones como garantía de caminar en verdad.

Releed muchas veces el bellísimo Vía Crucis escrito por nuestras Hermanas de la Cruz y la homilía del Papa al finalizar las catorce estaciones. Utilizando sus propias palabras, contemplad vuestras sagradas imágenes con mirada de fe limpia y auténtica, dejando que os conmuevan profundamente y transformen vuestro corazón. Que consideréis siempre, como nos dijo el Papa, llenos de estupor y gratitud, el amor tan desinteresado de Nuestro Padre Jesús en su Prendimiento, y os preguntéis “¿Qué haremos nosotros por él? ¿Qué respuesta le daremos?”; y que respondáis con el Apostol San Juan con estas palabras: «En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos» (1 Jn 3,16).

Para todos vosotros, queridos Panaderos, y para vuestras familias, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla

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