La Resurrección de Cristo, una fuerza imparable

Mensaje de Pascua del Obispo Nivariense.

La celebración de esta noche, entre el sábado y el domingo, es la más importante de la Iglesia Católica: La Vigilia Pascual.

En cada una de las parroquias de las islas, como en el resto del planeta, los creyentes en Jesucristo se reúnen en la "noche santa de la resurrección del Señor". El Obispo, Bernardo Álvarez, la preside a las 22 horas en la Catedral. Otro tanto hará el domingo de Resurrección a las doce en la Solemne Misa Pontifical del Día de Resurrección, al final de la cual impartirá la bendición papal.

En su mensaje de la pascua de 2016, Álvarez Afonso ha querido destacar que:"La resurrección de Cristo de Cristo es una fuerza imparable". "Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable. – sostiene citando al Papa.

"Los creyentes de hoy no podemos olvidar esta presencia activa y renovadora de Cristo Resucitado. Una presencia que nos llena de confianza y seguridad en que las promesas de Dios se cumplen". Para el prelado nivariense "estamos llamados a trabajar con alma, corazón y vida por el bien y la felicidad de todos. Jesús confía en nosotros y nos encarga ser, en el aquí y ahora de nuestra vida, semillas de esperanza y levadura de su Reino de paz, de verdad, de justicia, de amor".

En su felicitación pascual invita a "ver el mundo como lo ve Dios" para tener "sus mismos sentimientos de compasión y amor" y fomentar una "vida nueva que promueve la alegría, la paz, el perdón". De este modo, esta vida nueva "impulsa a hacernos cargos del sufrimiento de los demás".

Después de recordar que la Pascua "impulsa a seguir a Jesús como discípulo misionero", y envía al mundo para, como afirma el papa Francisco, "llegue el consuelo y la salvación del Señor a quienes sufren nuevas y viejas formas de esclavitud, a los emigrantes y refugiados, a los encarcelados, a los pobres, a los enfermos y sufrientes, a los niños y ancianos maltratados, a los que sufren violencia, a quienes sufren el luto". En definitiva, como el mismo Papa repite tantas veces, para hacer posible una sociedad en la que nadie "sobre" ni pueda ser excluido".

El obispo concluye su mensaje pascual aseverando que "todo esto es posible, porque Cristo, aquél que murió en la Cruz y fue sepultado, ¡está vivo! Vive para siempre y está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Por eso podemos gritar "felicidades".