Tenerife Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://odisur.es Sun, 24 Jun 2018 09:01:04 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es “Conocer a Cristo y el poder de su resurrección” http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/43604-“conocer-a-cristo-y-el-poder-de-su-resurrección”.html http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/43604-“conocer-a-cristo-y-el-poder-de-su-resurrección”.html “Conocer a Cristo y el poder de su resurrección”

Mensaje del Obispo Nivariense, Mons. Bernardo Álvarez, para la Pascua de Resurrección '2018

Hermanas y hermanos, amigos y amigas:

¡Cristo ha resucitado! ¡Cristo vive!

Este es el anuncio que, con renovado entusiasmo, los discípulos de Cristo hacemos al mundo entero. A todos, creyentes o no, les decimos: Es la hora de la alegría porque el Señor Jesús ha resucitado y vive con nosotros para siempre.

El Evangelio nos cuenta lo que ocurrió en aquella mañana del primer día de la semana judía. En ese amanecer que siguió a la oscura noche del sábado, con Cristo en el sepulcro, unas buenas mujeres iban a completar el rito que, por falta de tiempo, no pudieron culminar el viernes anterior. Llevaban aromas y perfumes para ungir y perfumar el cuerpo de Jesús, del muerto. Pero un ángel las sorprende con una buena noticia: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado» (Lc 24,5-6). Ellas se alegraron y corrieron a anunciarlo a los demás discípulos.

Ahora bien, esta buena noticia, no es sólo para alegrarnos por Jesús, que siendo inocente sufrió una pasión y una muerte ignominiosa, y que, con la resurrección, el Padre lo acreditó como su Hijo amado y puso en evidencia que su vida y su palabra son dignas de crédito. Por así decir, “el bueno ha acabado ganando y eso nos produce satisfacción”.

Pero, además, también nos alegramos por nosotros mismos, "porque en la muerte de Cristo nuestra muerte ha sido vencida y en su resurrección hemos resucitado todos" (Prefacio de Pascua II). Su vida, su palabra, su muerte y resurrección tienen que ver nosotros. Toda su existencia es una llamada a escucharle, conocerle y seguirle, pues todo lo que hizo y dijo –desde el principio hasta el final- fue “por nosotros y por nuestra salvación”.

San Pablo, que experimentó en su propia persona la acción salvadora de Jesucristo, confiesa que en la vida no busca otra cosa que “conocerlo a él y la fuerza de su resurrección” (Filp. 3,10). En su Carta a los Romanos nos dejó una magnífica enseñanza de cómo llegamos a disfrutar de ese poder de la resurrección de Cristo, así como de las consecuencias que de ello se derivan para nuestra vida:

“Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Pues si hemos sido incorporados a él en una muerte como la suya, lo seremos también en una resurrección como la suya; sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con Cristo, para que fuera destruido el cuerpo de pecado, y, de este modo, nosotros dejáramos de servir al pecado […] Consideraos, pues, muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús. Que el pecado no siga reinando en vuestro cuerpo mortal, sometiéndoos a sus deseos; no pongáis vuestros miembros al servicio del pecado, como instrumentos de injusticia; antes bien, ofreceos a Dios como quienes han vuelto a la vida desde la muerte, y poned vuestros miembros al servicio de Dios, como instrumentos de la justicia” (Rom. 6,4-6.11-13).

Sí. Estamos convencidos de ello, Cristo verdaderamente ha resucitado y el poder de su resurrección está operante en quienes confiamos en Él. Realmente, el bautismo realiza en nuestra vida una transformación profunda, ontológica. Jesús mismo lo llama “nuevo nacimiento”. Gracias a ello podemos andar en una vida nueva, pues, “por Cristo, con Él y en Él”, venciendo en nosotros el pecado, como quienes han vuelto de la muerte a la vida, el bautismo nos convierte en criaturas nuevas e instrumentos de Dios para el bien. Y eso se nota allí donde pecado es vencido en un corazón que acoge el perdón, allí donde la desesperación y la angustia encuentran una pequeña luz de amor, allí donde el dolor es aliviado, las lágrimas son enjugadas y la soledad del enfermo encuentra compañía.

El poder de la resurrección de Cristo se manifiesta allí donde, quien para nosotros es un extraño se convierte en hermano, allí donde llega la paz al corazón y a las relaciones humanas, allí donde el débil es consolado y fortalecido, allí donde alguien que está a próximo a morir es acompañado por el afecto de los demás y se abandona en manos de Dios, allí donde alguien generosamente pierde su tiempo y sus bienes para ayudar a los demás.

En último término, la prueba de que hemos sido tocados por el “poder de la resurrección” aparece expresada en estas palabras de la primera carta de San Juan: “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte” (1Jn. 3,14). El que no ama, el que provoca iras y divisiones, es que no ha dejado entrar a Dios en su vida.

En efecto, muchos tenemos la experiencia de que, donde se manifiesta el amor y la unidad, allí está activo el poder Dios manifestado en Cristo, que es la fuente de todo bien. Y así podemos ver que, gracias a él, en una humanidad dividida por las enemistades y las discordias, los ánimos se disponen a la reconciliación. Que, gracias a su acción vivificadora en los corazones de los hombres, los enemigos vuelven a la amistad, los adversarios se dan la mano y los pueblos buscan la concordia. Que Él, con su acción invisible pero eficaz, consigue que el amor venza al odio, la venganza deje paso a la indulgencia, y la discordia se convierta en amor mutuo (cf. Plegaria Reconciliación II).

Sin duda, en Cristo, Dios cumple aquella promesa que hizo por medio del profeta Isaías: «No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?» (Is. 43,18). San Pablo, que lo experimentado en su propia vida, lo tiene claro: «Quien está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo” (2Cor. 5,17). Con toda razón la Iglesia proclama "es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente" (Sal. 117,23).

San Pablo, que inicialmente era contrario a Cristo, cuando se encontró con Él, lo conoció a fondo y se adhirió a su persona, decía: «Todo aquel que cree en él, no será defraudado» (Rom. 10,11). Así pasa con cualquier persona, Jesús Resucitado vive para siempre y quiere entrar en nuestra vida. No como alguien del pasado al que recordamos como a cualquier otro personaje histórico. No. Él cumple su promesa y está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo y quiere entrar en relación personal con cada ser humano.

Él se hace el encontradizo, se muestra de mil maneras, incluso a quienes no se interesan por Él. Ante esta presencia suya cabe, sí, la incredulidad o la indiferencia, incluso el rechazo, pero cabe también el acogerlo como se acoge a un amigo, con confianza. También, quienes ya lo hemos acogido y creemos en Él, estamos llamados a abrirle aún más nuestro corazón. Con todo realismo y humildad debemos decir como San Pablo: "No es que lo tenga ya conseguido o que sea ya perfecto, sino que continúo mi carrera por si consigo alcanzarlo, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús" (Filp. 3,12).

¡Creer en Él es la vida plena y verdadera! Por eso, si hasta ahora hemos estado lejos de Cristo, demos un pequeño paso, Él está esperando y nos acogerá con los brazos abiertos. Si no nos interesamos por Él, intentemos buscarlo y conocerlo, seguro que no quedaremos decepcionados. Si nos parece difícil seguirlo, no tengamos miedo, confiemos en él, tengamos la seguridad de que él está cerca de nosotros, está con cada uno, y nos dará la paz que buscamos y la fuerza para vivir una vida nueva a su imagen y semejanza.

Con palabras de Benedicto XVI, al comienzo de su pontificado, les digo, "hoy, yo quisiera, con gran fuerza y gran convicción, a partir de la experiencia de mi vida personal, decir a todos vosotros: ¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida".

Sí. Hermanos, amigos y amigas: ¡Cristo ha resucitado! No tengamos miedo. Él es nuestra fuerza, nuestra alegría, nuestro futuro. ¡Felicidades!

¡Que la paz y la alegría de la Pascua inunden el corazón de todos!

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Tenerife Sat, 31 Mar 2018 16:02:22 +0000
Día del Seminario 2018 http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/43351-día-del-seminario-2018.html http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/43351-día-del-seminario-2018.html Día del Seminario 2018

Carta del obispo de Tenerife, Mons. Bernardo Álvarez

Queridos diocesanos, sacerdotes, consagrados y fieles laicos:

Como cada año, con ocasión de la Fiesta de San José, estamos llamados a celebrar el Día del Seminario. Lo hacemos, ante todo, dando gracias a Dios por los beneficios recibidos mediante el Seminario Diocesano: en el se han formado los sacerdotes que con su vida y ministerio prolongan entre nosotros la misión y la figura de Cristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia.

En efecto, la razón de ser del Seminario es la formación de nuestros futuros sacerdotes, de aquellos que tiene la misión de ser en la Iglesia: predicadores de la Palabra de Dios, ministros de los Sacramentos y guías de nuestras comunidades cristianas. A nadie se le oculta que del Seminario dependen en gran medida el futuro de la fe y la vida cristiana de nuestras parroquias y comunidades eclesiales. De hecho, todos desean tener buenos y santos sacerdotes, que sean entregados y generosos, disponibles y serviciales, bien formados y cercanos a las necesidades de todos. Hombres de Dios, que sean verdaderos pastores de la comunidad en nombre y representación de Cristo.

Por eso, todos estamos llamados a renovar nuestro compromiso con el Seminario. Conscientes de su importancia para la vida de la Diócesis, debemos sentirlo como algo muy nuestro y, en consecuencia, implicarnos en su misión, apoyándolo en todos los sentidos: con nuestra cercanía física y espiritual, con nuestra oración personal y comunitaria y con nuestro apoyo económico. Particularmente, es muy importante el apoyo y estimulo que podemos prestar a cada seminarista en particular, valorando su voluntad de ser sacerdote y prestándole apoyo en los momentos difíciles.

Pero, no podemos olvidarnos de algo fundamental. Sin adolescentes y jóvenes, con vocación al sacerdocio, no hay Seminario. Por eso, junto a la preocupación por los seminaristas que ya tenemos —ciertamente, pocos para nuestras necesidades—, las familias cristianas, todos los sacerdotes y demás responsables de pastoral, catequistas, profesores de Enseñanza Religiosa, etc, debemos estar siempre motivados para promover las vocaciones al sacerdocio y para acompañar a quienes se lo están planteando.

No podemos permanecer indiferentes ante la escasez de vocaciones, como si no fuera asunto nuestro. Dios siempre se vale de mediaciones, nos necesita para mirar y llamar, en su nombre, a aquellos que Él ya ha elegido, aquellos en los que Él ya ha depositado la semilla de la vocación. No lo dudemos, Espíritu Santo siembra con abundancia la semilla de la vocación. A nosotros nos encomienda el cultivarla. En gran medida, de nosotros depende que los niños, adolescentes y jóvenes, puedan encontrarse cerca del Señor para descubrir y responder a aquello a lo que le llama a cada uno.

Pido a Dios que nos ayude a comprometernos con esta tarea, tan importante y necesaria para el presente y futuro de nuestra Diócesis, y de la Iglesia entera.

† Bernardo Álvarez Afonso
Obispo Nivariense

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Tenerife Thu, 15 Mar 2018 13:45:51 +0000
Manos Unidas: Campaña 59 contra el hambre http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/42718-manos-unidas-campaña-59-contra-el-hambre.html http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/42718-manos-unidas-campaña-59-contra-el-hambre.html Manos Unidas: Campaña 59 contra el hambre

Carta del obispo de Tenerife, Mons. Bernardo Álvarez

Queridos hermanos:

La realidad del hambre y la pobreza continúa siendo un azote permanente para millones de personas en todo el mundo. Durante mucho tiempo se ha querido atribuir este fenómeno a la escasez de recursos alimentarios, insuficientes –se decía- para satisfacer las necesidades básicas de la población mundial.

Hoy decimos que es un problema de distribución: Producimos alimentos más que suficientes para satisfacer al conjunto del planeta, pero la injusta distribución de los recursos de producción y consumo condena al hambre a más de 800 millones de personas.

Hay que decirlo abiertamente: Las causas del hambre se encuentran, principalmente, en nuestro sistema socio-económico, en nuestro comportamiento y actitudes. A eso se añaden la inestabilidad política, los conflictos bélicos y el cambio climático, todo ello causado por los seres humanos. Coyunturalmente, en algunas zonas, las catástrofes naturales, también pueden generar situaciones de hambre y empobrecimiento.

La FAO [Organización de la ONU para la Alimentación y Agricultura], aporta estos datos:

• 815 millones de personas padecen hambre en el mundo, 11% más que el año anterior. 520 millones en Asia, más de 243 millones en África y 42 millones en América Latina y el Caribe.
• 489 millones de personas que sufren hambre viven en países en conflicto y 122 millones son niños menores de 5 años.

Además, no podemos olvidar que el hambre no es sólo un problema de alimentos. Si consideramos, también, el hambre de salud, de educación, de libertad, etc., tirando por lo bajo, las cifras anteriores se multiplican por cuatro. Todo lo que atenta contra los Derechos Humanos fundamentales genera pobreza y sufrimiento.

Como nos recordaba el Papa Francisco, en su Mensaje con motivo de la 1ª Jornada Mundial de los Pobres, "la pobreza nos desafía todos los días con sus muchas caras marcadas por el dolor, la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la dignidad, por la ignorancia y el analfabetismo, por la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la esclavitud, el exilio y la miseria y por la migración forzada. La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero. Qué lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada" (n. 5).

¿Qué podemos hacer? En medio de esta dramática realidad, una primera impresión puede ser que no hay solución posible, como si el hambre fuera una fatalidad o un destino irreparable para muchas personas. Además, ante las dimensiones del problema, tenemos la tentación de pensar que, como no está en mi mano resolverlo todo, no puedo hacer nada.

Sin embargo, es mucho lo que podemos hacer y MANOS UNIDAS es una prueba de ello. A lo largo de 59 años, esta ONG de la Iglesia Católica, con recursos aportados por los fieles cristianos y otras personas de buena voluntad, año tras año, mediante proyectos concretos de promoción humana, en los países en vías de desarrollo, ha contribuido a que millones de seres humanos hayan mejorado sus condiciones de vida.

Como se suele decir, "muchos pocos, hacen mucho". El anhelo de una justicia universal, en la que todos los bienes de la tierra estén equitativamente distribuidos entre todos los hombres, es una aspiración legítima por la que tenemos que luchar. La cuestión está en cómo conseguirlo. Hay quienes menosprecian el ejercicio de la caridad y de la limosna, que consideran como un "tapar heridas sin curarlas", y apuestan por la justicia, como si fueran cosas contrapuestas. Se olvida que la caridad y la limosna implican "desprendimiento" de si mismo y preocupación por los demás, y nos empuja a luchar por su dignidad y sus derechos.

MANOS UNIDAS lucha por la justicia y la igualdad de todos los seres humanos. Como se suele decir, no se limita a "dar pescado" a quien lo necesita, sino que pone en sus manos una caña y le enseña a pescar. Sus proyectos de ayuda, son proyectos de promoción de los derechos humanos allí donde están conculcados. Y eso es luchar por la justicia, pero una justicia que, en este caso, se hace con la generosa colaboración económica –caridad y limosna- de mucha gente así como por la prestación personal de quienes desinteresadamente comparten su tiempo y su saber en diversas acciones encaminadas en la misma dirección.

En la campaña de este año, con el lema "COMPARTE LO QUE IMPORTA", Manos Unidas nos invita a poner en común nuestra vida, nuestros bienes y nuestro compromiso por un mundo mejor, en el que los derechos humanos sean respetados y donde cada persona pueda disponer de los medios necesarios para vivir con dignidad.

"COMPARTE LO QUE IMPORTA" es una invitación a seguir colaborando, con aportaciones económicas o mediante el voluntariado. Es una invitación a compartir lo más importante para acabar con el hambre en el mundo, respondiendo así a la imperiosa necesidad de humanizar la vida de millones de seres humanos que siguen subsistiendo en condiciones inaceptables. Información completa en: http://www.manosunidas.org/

Las palabras de San Juan, "no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras» (1Jn 3,18), son un imperativo que ningún cristiano puede ignorar. En esta línea, en su mensaje de Cuaresma para este año 2018, el Papa Francisco nos dice a los católicos: «El ejercicio de la limosna nos libera del ansia de poseer y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida».

La Palabra de Dios es clara en este sentido y no podemos ignorarla: «Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que ves desnudo, y no te cierres a tus propios intereses […] Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies al alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía» (Is. 58,7.9-10).

Sí, la generosidad tiene unos efectos que no se pueden conseguir por otros medios, pues no solo favorece al que recibe, sino al que da, porque "hay más alegría en dar que en recibir" (Hech. 20,35).
Prueben y verán que es verdad. Es una experiencia que podemos vivir, colaborando con los proyectos de MANOS UNIDAS.

† Bernardo Álvarez Afonso
Obispo Nivariense

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Tenerife Fri, 09 Feb 2018 13:01:24 +0000
"Estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos" http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/38053-estuve-muerto-pero-ya-ves-vivo-por-los-siglos-de-los-siglos.html http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/38053-estuve-muerto-pero-ya-ves-vivo-por-los-siglos-de-los-siglos.html

Homilía del obispo de Tenerife, Mons. Bernardo Álvarez, con motivo de la Pascua de Resurrección 2017

«Él puso su mano derecha sobre mí, diciéndome:
No temas; yo soy el Primero y el Último, el Viviente;
estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos…
Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega,
el principio y el fin. Al que tenga sed yo le
daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente».
[Apoc. 1,17-18 . 21,6]

Hermanos todos:

¡Feliz Pascua de Resurrección! La certeza que Cristo, resucitado de entre los muertos, vive y camina con nosotros, nos llena de paz y alegría. Es verdad, ha resucitado el Señor y nos dice personalmente a cada uno: «No temas; yo soy el Primero y el Último, el Viviente; estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos…».

Después de la preparación cuaresmal y por la celebración de la Semana Santa, tal como se lo hemos pedido, Dios nos ha dado un corazón nuevo y ha infundido en nosotros un espíritu nuevo. En la conciencia de nuestra debilidad le hemos pedido que nos restaurara y Él, por medio de su Hijo muerto y resucitado, ha hecho brillar su rostro sobre nosotros y nos ha salvado. Quienes estábamos muertos por nuestros pecados y por la dureza de nuestro corazón, hemos buscado al Señor y Él nos ha hecho revivir. Como proclama la liturgia de la Iglesia, "en su resurrección hemos resucitado todos".
Así pues, renovados y rejuvenecidos en el espíritu, queremos seguir adelante; y lo hacemos confiados en el poder de la resurrección que nos capacita para llevar a feliz término nuestra vocación cristiana, nuestra vocación de discípulos misioneros de Jesucristo.

Como nos dijo el Papa Francisco, el año pasado: "El Señor está vivo y quiere que lo busquemos entre los vivos. Después de haberlo encontrado, invita a cada uno a llevar el anuncio de Pascua, a suscitar y resucitar la esperanza en los corazones abrumados por la tristeza, en quienes no consiguen encontrar la luz de la vida. Hay tanta necesidad de ella hoy. Olvidándonos de nosotros mismos, como siervos alegres de la esperanza, estamos llamados a anunciar al Resucitado con la vida y mediante el amor".

Sin duda, el retorno anual de las Fiestas de Pascua es un regalo de la paciencia de Dios. Pese a nuestras infidelidades, Él continúa fiándose de nosotros y sigue ofreciéndonos la oportunidad de avanzar con nuevo entusiasmo hacia una vida plenamente cristiana. Por tanto, como San Pablo, olvidando lo que queda atrás, lancémonos hacia lo que está por delante y corramos hacia la meta a la que Dios nos llama en Cristo Jesús.

Es el mismo Pablo quien nos dice que «quien está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo. Todo procede de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo» (2Cor. 5,17). Aquí está expresado el efecto saludable de la resurrección en cada uno de nosotros. Pero, para obtener sus beneficios es necesario "estar en Cristo".

No se trata sólo de creer que Cristo ha resucitado, que vive para siempre y camina con nosotros. "Estar en Cristo" es, sobre todo, participar en su vida hasta el punto que Él vive en mí y que yo vivo en Él. Vivir en él, es realmente posible, porque «el que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él» (Jn. 6,56). Lógicamente, este "estar en Cristo", se manifiesta en una vida que es testimonio y transparencia de Cristo.

"Estar en Cristo" es estar en la verdad por él anunciada y vivir en el amor; es dejarse guiar por su Espíritu, pensar como Él, tener sus mismos sentimientos, responder a su llamada; es vivir el espíritu de hijo de Dios, orar como él lo hizo, sentir la fraternidad y vivir la comunión con todos. Estar en Cristo es amar, es escuchar, es trabajar, es morir y vivir en él; es ser como él. "Quien dice que permanece en él debe caminar como él caminó" (1Jn. 2,6).

Cristo resucitado ha penetrado en la historia. Quien cree en Él pasa de la muerte a la vida, porque Él es la energía definitiva que hace brotar una vida nueva, una sociedad nueva, un mundo nuevo. Así como en primavera los rayos del sol hacen brotar y abrir las yemas en las ramas de los árboles, así también la irradiación que surge de la resurrección de Cristo da fuerza y significado a toda esperanza humana, a toda expectativa, deseo, proyecto…

«Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tenga sed yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente» (Apoc. 21,6). "Hecho está". Dios ya ha puesto su parte y no se vuelve atrás. La fuerza salvadora de la resurrección de Cristo es para todos. Nadie está excluido. Él quiere que todos se salven. Como dice Isaías: «¡Atención, sedientos!, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar, vino y leche de balde» (Is 55,1). Es decir, "gustad y ved qué bueno es el Señor".

Dios siempre nos busca, nos llama a cada uno por nuestro nombre y nos invita a ser sus hijos y por tanto hermanos unos de otros. Nos busca a todos, también a quienes no tienen con qué pagar: aquellos que no tienen méritos, los que se sienten indignos y pecadores, quienes ya no tienen ni fuerzas para rezar, los que no encuentran sentido a la vida, también aquellos otros que no creen en Él pero tienen su corazón insatisfecho y anhelan "no saben qué".

Sólo pide una cosa a cambio: tener sed. Nos pide dejar la autosuficiencia y reconocer la propia necesidad. Él nos hace sentir su mano cariñosa sobre nosotros y nos dice: «No temas; yo soy Primero y el Último, el Viviente» (Apoc. 1,17) y, también, «el que tenga sed, que venga a mí y beba el que cree en mí; como dice la Escritura: de sus entrañas manarán ríos de agua viva» (Jn. 7,37-38). Sí. ¡Es verdad! ¡Cristo ha resucitado!

A nosotros nos toca dejarle actuar en nuestra vida con esa energía que Él tiene para sometérselo todo. Sabemos que la acción de Dios en nosotros no funciona de forma automática o por imposición, sino que es una oferta de gracia a nuestra libertad. Sólo nuestro libre y coherente "estar en Cristo" puede hacer operativos y fecundos en nuestra vida los efectos salvadores de la muerte y resurrección de Jesucristo. Con fe, acudamos a Él, pongámonos en camino. Una vida buena, plena y feliz es posible. Andemos desde ahora en una vida nueva. Que el recuerdo de sus obras y de sus palabras sea la luz resplandeciente que orienta nuestros pasos hacia la construcción de la civilización del amor, de la libertad, de la justicia y de la paz.

En nuestro mundo –decía el Papa Benedicto XVI- la alegría de la pascua contrasta todavía con los lamentos y el clamor que provienen de tantas situaciones dolorosas: miseria, hambre, enfermedades, guerras, violencias. Y, sin embargo, Cristo ha muerto y resucitado precisamente por esto. Ha muerto a causa de nuestros pecados de hoy, y ha resucitado también para redimir nuestra historia de hoy.
«La paz con vosotros», eran palabras de Jesús resucitado en sus apariciones a los discípulos, y ellos se llenaron de alegría al ver al Señor. Este saludo de paz, también resuena hoy para nosotros. Cristo ha resucitado, está vivo y camina con nosotros. Si lo escuchamos y acogemos con fe, “revivirá nuestro corazón” y nos llenaremos de alegría. Es lo que deseo para todos. ¡Feliz Pascua!

† Bernardo Álvarez Afonso
Obispo Nivariense

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Tenerife Mon, 17 Apr 2017 12:34:16 +0000
"Dejándonos ejemplo para que sigamos sus huellas" http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/37945-dejándonos-ejemplo-para-que-sigamos-sus-huellas.html http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/37945-dejándonos-ejemplo-para-que-sigamos-sus-huellas.html

Carta del obispo de Tenerife, Mons. Bernardo Álvarez

Queridos diocesanos, es el momento, “buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón”.

No dejemos pasar esta oportunidad. Les invito a celebrar la Semana Santa con alma, corazón y vida, acercándonos personalmente a Cristo, que nos ama y nos ha librado de nuestros pecados con su sangre.

En nuestra Diócesis, la Semana Santa de este año 2017 está enmarcada en el Plan de Pastoral que, en el presente curso, está orientado a fortalecer nuestra identidad de discípulos de Jesucristo. Ser cristiano es ser discípulo, que consiste -sobre todo- en pensar, sentir y vivir como Cristo. En efecto, como afirma el apóstol San Juan, “quien dice que cree en él, debe vivir como vivió él” (1Jn. 2,6).

Desde antiguo, los grandes escritores cristianos y los santos, han señalado que la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, que es precisamente lo que celebramos en la Semana Santa, es la gran escuela en la aprendemos a conocer, amar y seguir a Jesucristo. Lógicamente, para ello es necesario contemplar a Cristo por fuera y por dentro. Fijarnos en todo lo que tuvo que pasar, escuchar sus palabras, fijarnos en sus actitudes, sus sentimientos, sus reacciones… Todo esto para aprender de Él y conformar nuestra manera de vivir con la suya.

El mismo Jesús, antes de padecer, (en la Última Cena), se levantó de la mesa y –como si de un criado se tratara- se puso a lavar los pies a los discípulos. Luego les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis» (Jn. 13,12-15). Este gesto de servicio, adquiere su máxima expresión cuando Jesús entrega su vida en la Cruz por nosotros y por nuestra salvación, cumpliendo así sus palabras: “Yo no he venido al mundo para ser servido, sino para servir y dar la vida en rescate de muchos” (Mc. 10,45).

Ser discípulo de Cristo es seguir su ejemplo. A parte de este momento del lavatorio de los pies, en otras ocasiones Jesús insiste a sus discípulos que deben tomarle a Él como modelo de vida. Así, les dice: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mt. 11,29); y también, “como yo os he amado, así también debéis amaros vosotros los unos a los otros” (Jn. 13,34). Por activa y por pasiva, Jesús no cesa de repetir que quien quiera ser discípulo suyo, debe renunciar a sí mismo y seguir sus pasos.

Como le pasó a todos los apóstoles, a San Pedro le costó ser un verdadero discípulo de Jesús. Estuvo presente en la Última Cena, igual que en otros momentos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Pese a su debilidad (negó públicamente conocer a Jesucristo), con dolor y lágrimas, acabó aprendiendo a ser un verdadero discípulo. Por eso, en su primera carta, nos recuerda a todos: “Cristo padeció por vosotros,dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca. Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban; sufriendo no profería amenazas; sino que se entregaba al que juzga rectamente. Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el madero de la cruz, para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia. Con sus heridas fuisteis curados”. (1Pe. 2,21-24).

Nos dio ejemplo para que sigamos sus pasos. Jesús nunca pidió hacer algo que Él no hiciera antes. Todas sus palabras son creíbles porque siempre iban acompañadas con los hechos. Él nos demostró cómo se puede vivir en este mundo haciendo la voluntad de Dios en todo, sin dejarse vencer por las tentaciones del mal. No tenemos otra opción. Para ser realmente cristianos debemos seguir las pisadas de Cristo, viviendo como Él vivió, imitando su modo de actuar, su amor, su misericordia, su bondad y generosidad. San Pablo lo expresa así: “Que cada uno de nosotros trate de agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación; pues tampoco Cristo buscó su propio agrado, antes bien, como dice la Escritura: Los ultrajes de los que te ultrajaron cayeron sobre mí” (Rom. 15,1-3).

En la Semana Santa, tanto en la Celebraciones Litúrgicas como en las escenas de los Pasos Procesionales, podemos hacer memoria, contemplar y aprender de Cristo para llegar a “tener entre nosotros sus mismos sentimientos”. Aprender de Él, que, ante el daño que le hicieron, no devolvió mal por mal, no respondió maldición con maldición, no amenazó a sus verdugos, sino que les perdonó. Aprender de Él que, cargando con las culpas y pecados que no le correspondían, en vez de tomar venganza encomendó su situación a Dios Padre que juzga justamente. De este modo cargó los pecados de todos nosotros para traernos la salvación. “Sus heridas nos han curado”. Por eso, con gratitud, celebramos su Pasión, Muerte y Resurrección, proclamando: “Te adoramos, ¡oh Cristo! y te bendecimos pues por tu santa cruz redimiste al mundo”.

Semana Santa. ¡Es el momento! Es tu momento y el mío. Como San Juan en el Apocalipsis, podemos sentir la mano de Cristo sobre nosotros y oír su voz: “estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos” (Apoc. 1,18). Por eso, es el mismo San Juan el que nos enseña que «tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no solo por los nuestros, sino también por los del mundo entero» (1Jn. 2,1-2).

Ante semejante realidad, con toda la Iglesia proclamamos en el Pregón de la Vigilia Pascual: “¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué incomparable ternura y caridad! ¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!”

Para celebrar la Semana Santa con provecho espiritual, les invito a considerar con atención esta guía que nos ofrecía el Papa Francisco el Domingo de Ramos del pasado año: “Nos puede parecer muy lejano y extraño el modo de actuar de Dios, que se ha humillado por nosotros, mientras a nosotros nos parece difícil incluso olvidarnos un poco de nosotros mismos. Él viene a salvarnos; y nosotros estamos llamados a elegir su camino: el camino del servicio, de la donación, del olvido de uno mismo. Podemos encaminarnos por este camino deteniéndonos durante estos días a mirar el Crucifijo, es la “Cátedra de Dios”. Os invito en esta semana a mirar a menudo esta “Cátedra de Dios”, para aprender el amor humilde, que salva y da la vida, para renunciar al egoísmo, a la búsqueda del poder y de la fama. Con su humillación, Jesús nos invita a caminar por su camino. Volvamos a él la mirada, pidamos la gracia de entender al menos un poco de este misterio de su anonadamiento por nosotros; y así, en silencio, contemplemos el misterio de esta semana”.

“Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”, fueron las palabras de Jesús en la Última Cena. Nosotros estamos llamados a elegir y seguir su camino: el camino del servicio, de la donación, del olvido de uno mismo. El camino que nos pone en comunión con Dios y con los hermanos.

Queridos diocesanos, esta Semana Santa es el momento, poneos en camino, “buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón”.

† Bernardo Álvarez Afonso
Obispo Nivariense

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Tenerife Tue, 11 Apr 2017 09:09:53 +0000
«Cerca de Dios y de los hermanos» http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/37326-cerca-de-dios-y-de-los-hermanos.html http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/37326-cerca-de-dios-y-de-los-hermanos.html

Carta del obispo de Tenerife, Mons. Bernardo Álvarez, con motivo de la celebración del Día del Seminario 2017

Queridos diocesanos:

Con frecuencia, a lo largo de mi vida de sacerdote y de obispo, muchas personas me dicen: "Rece por nosotros, usted que está más cerca de Dios". Y, también, "rece por nosotros que Dios le escucha más a usted".

Son expresiones sinceras que ponen de manifiesto la confianza que los fieles cristianos tienen en el sacerdote, como alguien que intercede ante Dios en favor de su pueblo. Dicho popularmente, ven al sacerdote como quien "tiene manga con Dios" y le piden que use "esa ventaja" en favor de la gente. Lo que piden es que el sacerdote haga de "mediador" entre ellos y Dios.

De hecho así es. La vocación, vida y ministerio de los sacerdotes consiste en estar «Cerca de Dios y de los hermanos», como dice el lema del Día del Seminario de este año 2017. "Estar": una palabra que, en este caso, indica el existir de modo permanente en situación de cercanía a Dios y a la gente. Es presencia y permanencia con Dios y con los hermanos. Es un "estar" activo y dinámico, respondiendo con la vida a las demandas de Dios y a las de los hombres. Es decir, llevando a la gente los dones de Dios y presentando a Dios las necesidades de sus hermanos.

Esta dinámica, de "estar cerca de Dios y de los hermanos", es lo que significa la palabra "pontífice" (= hacer de puente). Igual que un puente une dos orillas, así se entiende el ministerio de los sacerdotes: acercar a Dios a los hombres y acercar los hombres a Dios. Es lo que se llama estar en medio o ser "mediador".

Ahora bien, el único y verdadero "pontífice" y, por tanto, el único y verdadero sacerdote es Cristo, pues Él -Dios y hombre verdadero- une en su propia persona a Dios y a los hombres. Él, el Hijo de Dios, "engendrado no creado", es consustancial con el Padre. En consecuencia, nadie como Él, no sólo está en "la orilla de Dios" sino que "está en Dios". Pero, además, era necesario estar en la otra orilla, la del lado de los hombres. Y para eso, el Hijo de Dios se hace hombre para que se dé el verdadero puente, se dé la verdadera mediación. En la persona de Cristo, Dios no viene simplemente a "estar" con los hombres, sino que en Cristo Dios "se hace" hombre.

A partir esta realidad es como se debe entender la grandeza y la importancia de los sacerdotes. Estos, son llamados, consagrados y enviados para que, participando en el sacerdocio de Cristo, sean signo e instrumento de su mediación entre Dios y los hombres. "El sacerdote, sólo perteneciendo a las dos esferas –la de Dios y la del hombre–, puede ser mediador, puede ser “puente”. Esta es la misión del sacerdote: combinar, unir estas dos realidades aparentemente tan separadas, es decir, el mundo de Dios –lejano a nosotros, a menudo desconocido para el hombre– y nuestro mundo humano. La misión del sacerdocio es la de ser mediador, puente que une, y así llevar al hombre a Dios, a su redención, a su luz verdadera, a su vida verdadera" (Papa Benedicto XVI).

Para realizar tan importante misión, en necesario contar, por así decir, con la autorización de Dios. Esta capacitación se da en el Sacramento del Orden, por medio del cual quienes lo reciben son introducidos en el ser de Cristo y "quedan consagra¬dos como verdaderos Sacerdotes a imagen de Cristo, sumo y eterno Sacerdote".

Así se comprende, también, la importancia del Seminario, como institución encargada de preparar a los futuros sacerdotes, preparar hombres para estar "Cerca de Dios y de los hermanos". Una tarea en la que están implicados todos los fieles de la Diócesis, que son los grandes beneficiarios del ministerio de los sacerdotes. De ahí que no debe faltar nuestra oración pidiendo a Dios vocaciones al sacerdocio, oración por los seminaristas para que lleguen a ser buenos y santos sacerdotes. Apoyo, asimismo, al trabajo del Seminario con la aportación económica, haciendo donativos en cualquier momento del año y, particularmente, en la colecta de las misas del 18 y 19 de marzo.

"Cerca de Dios y de los hermanos". Ciertamente, los sacerdotes "no podrían ser ministros de Cristo si no fueran testigos y dispensadores de otra vida más que de la terrena, pero tampoco podrían servir a los hombres si permanecieran extraños a su vida y a sus condiciones. Su mismo ministerio les exige de una forma especial que no se conformen a este mundo; pero, al mismo tiempo, requiere que vivan en este mundo entre los hombres y, como buenos pastores, conozcan a sus ovejas y busquen incluso atraer a las que no pertenecen todavía a este redil, para que también ellas oigan la voz de Cristo y se forme un solo rebaño y un solo Pastor" (PO 3).

Un sacerdote ha de vivir siempre cerca de Dios, a quien glorifica y sirve con la obediencia entregada de su vida. Pidamos a Dios que los seminaristas incorporen esta certeza en su proceso de formación. Necesitamos testigos de la grandeza de Dios, pero no teóricos, sino hombres que han entrado en la cercanía de Dios por la oración, por la adoración. Hombres que respondan al amor que han experimentado, que piensan desde la mente de Cristo, que tienen sus mismos sentimientos y que viven conquistados por el amor de Dios. Los pensamientos, los criterios, los sentimientos, las decisiones, todo se vive desde Dios. Sacerdotes muy de Dios, "muy divinos".

Al mismo tiempo, queremos formar sacerdotes convencidos y dispuestos a vivir siempre cerca de los hermanos. Así nos lo enseñó el Maestro. Aquellos que tienen hambre, sed, que están solos o enfermos, en la cárcel o padeciendo cualquier dificultad, son, en algún modo, sacramentos de la presencia de Jesús. Sacerdotes cerca de donde vive la gente su vida, cerca de las alegrías y de las dificultades de los fieles; cercanos del confesonario ofreciendo el perdón de Dios y próximos a la cama de los enfermos dando consuelo y alivio espiritual. Sí, sacerdotes cerca de los hermanos, haciendo cercana la presencia de Dios, cuya alegría es “estar con los hijos de los hombres”.

Allí donde un sacerdote está, Cristo tiene la posibilidad de estar, como fuente de gracia, como ministro de la Palabra, como guía y pastor de la comunión fraterna. ¡Qué importante es un sacerdote! ¡Qué importante es cuidar mucho la formación de los sacerdotes!

También en esto hay que INVOLUCRARSE. Es lo que les pido en nombre del Señor.

† Bernardo Álvarez Afonso
Obispo Nivariense

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Tenerife Fri, 10 Mar 2017 10:57:06 +0000
Campaña de Manos Unidas contra el hambre http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/36704-campaña-de-manos-unidas-contra-el-hambre.html http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/36704-campaña-de-manos-unidas-contra-el-hambre.html

Carta del obispo de Tenerife, Mons. Bernardo Álvarez

Muy acertado es el lema de este año para la 58º Campaña de MANOS UNIDAS contra el Hambre: "El mundo no necesita más comida, necesita más gente comprometida".

Ciertamente, en este momento, lo que hace falta no es más comida sino más personas comprometidas. Personas, conscientes y responsables, capaces de gestionar mejor los recursos que tienen a su disposición. Sin consumir más de lo necesario, sin derrochar y tirar lo que es de todos. Es necesario recordar un principio fundamental: "todos los bienes de la tierra son de todos los hombres y mujeres que la habitan" y, por tanto, nadie –personal o colectivamente- puede disponer de ellos como si fueran exclusivamente suyos.

Semejante situación fue abiertamente denunciada por Jesucristo, como contraria a la justicia. Lo hizo, con la parábola en la que cuenta el comportamiento de un "un hombre rico que vestía de púrpura y lino finísimo, y cada día celebraba espléndidos banquetes. Un pobre, en cambio, llamado Lázaro, yacía sentado a su puerta, cubierto de llagas, deseando saciarse de lo que caía de la mesa del rico". ¿No es esta parábola el paradigma de lo que pasa hoy en el mundo? ¿Lo que San Juan Pablo II llamó "la paradoja de la abundancia"? "En efecto - dice el Papa Francisco- hay comida para todos, pero no todos pueden comer, mientras que el derroche, el descarte, el consumo excesivo y el uso de alimentos para otros fines, están ante nuestros ojos”.

Pero, no pensemos solo en esos ricos multimillonarios que, con su forma de vivir, son un insulto a los millones de pobres "lázaros" que pueblan el planeta. "Es insostenible el comportamiento de aquellos que consumen y destruyen más y más, mientras otros todavía no pueden vivir de acuerdo con su dignidad humana" (Papa Francisco). Fijémonos también en nosotros, gente corriente, que a otro nivel podemos estar adoptando la misma actitud. No esperemos a que sean otros los que se conviertan de su escandalosa vida. Miremos hacia nosotros mismos y pongamos manos a la obra.

El trabajo de MANOS UNIDAS a lo largo de casi sesenta años, fruto de la unión de pequeños y grandes esfuerzos, es la prueba de que es posible mejorar –de modo sostenible y prologando en el tiempo- las condiciones de vida de quienes carecen de lo más indispensable para vivir. La lucha continúa, hay que seguir "plantando cara al hambre". Es mucho lo que queda por hacer. Hace falta gente comprometida. ¿Te comprometes?

Preguntémonos cada uno: En concreto, con mis posibilidades, con lo que soy y lo que tengo, ¿qué puedo y que debo hacer yo en favor de los que pasan hambre en el mundo?

Un cauce apropiado y seguro para unir nuestros esfuerzos personales y alcanzar resultados eficaces en favor de los pobres, es precisamente MANOS UNIDAS, la ONG de desarrollo de la Iglesia católica y de voluntarios, que trabaja para apoyar a los pueblos del Sur en su desarrollo y en la sensibilización de la población española.

El hambre en el mundo es una cuestión de vida o muerte y, paradójicamente, "el mundo no necesita más comida, necesita más gente comprometida".

† Bernardo Álvarez Afonso
Obispo Nivariense

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Tenerife Fri, 10 Feb 2017 07:06:09 +0000
Siguiendo las huellas de María http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/36106-siguiendo-las-huellas-de-maría.html http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/36106-siguiendo-las-huellas-de-maría.html Siguiendo las huellas de María

Saludo del Obispo de Tenerife, Mons. Bernardo Álvarez Afonso, a los herreños en el año de la LXIX Bajada de la Virgen de los Reyes.

«SIGUIENDO LAS HUELLAS DE MARÍA»
BAJADA DE LA VIRGEN DE LOS REYES ‘2017 – Saludo del Obispo a los herreños

Queridos herreños y devotos de la Virgen María de los Reyes, nuestra Madre Amada:

Con gran alegría les participo que, con la gracia de Dios y fieles a una ya centenaria tradición, este año 2017 [del primero de julio al cinco de agosto], tendrá lugar la LXIX Bajada de la Virgen de los Reyes desde la Dehesa, en el municipio de La Frontera, pasando por el de El Pinar, hasta la Villa de Valverde y la posterior peregrinación de la Venerada Imagen por las parroquias de la isla de El Hierro.
Una vez más, como viene ocurriendo desde hace 272 años, “La Bajada” se convierte en la manifestación religiosa más importante de la isla de El Hierro. Una gran celebración festiva, en la que se refleja el constante amor y devoción de los herreños su “Madre Amada”, la Virgen María de los Reyes.
Fieles al legado de nuestros antepasados, vamos a revivir unos actos firmemente arraigados en la tradición religiosa y cultural de nuestra isla. Pero, por encima de todo, nos disponemos a cumplir y renovar el Voto de 1741: “[… que cada cuatro años que será el primero el año de mil setecientos cuarenta y cinco y de allí en adelante el mismo cómputo y respecto, pasará un Señor Beneficiado y los Clérigos que arbitran, los Señores Justicia y Regimiento y vecinos que no tuvieren legítimo impedimento al Santuario y Ermita de la Señora y con el mayor culto y veneración la conducirán a esta Villa…]”. Todo lo que hacemos: la música, el baile, la comida fraterna, los relevos en las rayas, la llegada a la Villa y la entrada de la imagen en la Iglesia de la Concepción, la novena, la Fiesta Real, la posterior visita a los pueblos… Todo ha de ser en honor de Nuestra Señora y Madre Amada, la Virgen de los Reyes. Todo debemos hacerlo como expresión de nuestra fe y "con el mayor culto y veneración" que le corresponde a nuestra Celestial Patrona.
Y, todo ello, sin perder de vista el sentido de "una auténtica tradición". En el plano de la vida humana y su historia, tradición es "transmitir" lo que hemos recibido. Pero este "transmitir" no es la repetición mimética de lo que otros han hecho o vivido. Eso sería hacer teatro. En la práctica las personas somos siempre originales y creativas, cada uno percibe y experimenta las cosas de acuerdo con la época y las circunstancias que le toca vivir. De este modo, la tradición es un dinamismo del tiempo, en el que se reviven las cosas del pasado para asumirlas en el presente y, enriqueciéndolas con la propia experiencia, transmitirlas a las nuevas generaciones.
De no ser así, la tradición pierde su genuino valor y pasa a ser algo puramente arqueológico, es como conservar las cosas en un museo. Si queremos matar una tradición no tenemos más que copiar y repetir lo que hacían nuestros antepasados, sin hacerlo propio, sin asimilarlo de corazón y expresarlo con nuestra peculiaridad. La tradición entonces se convierte en espectáculo y apenas tiene que ver con la vida.
Sería triste que, en nuestra Bajada de la Virgen los Reyes, se conserven y transmitan las costumbres externas y nos olvidemos del sentido y la vivencia profundamente religiosa de quienes las originaron. La "tradición" somos las propias personas viviendo la vida con pasión y haciendo las cosas con sentido profundo.
Nosotros, los hombres y mujeres de hoy, somos tan creadores de tradición como nuestros antepasados, como aquellos que hicieron el Voto en 1741. Pero, para eso, es necesario involucrarnos de lleno, con alma, corazón y vida, en la celebración de esta Bajada de 2017 y vivirla como algo que nos afecta personalmente, es decir, como un acontecimiento que hacemos todos y del que nos beneficiamos todos.
INVOLUCRARSE. Esta es la consigna que marca el ritmo pastoral de nuestra Diócesis para el año 2017. Nuestra Bajada de la Virgen no puede ser ajena al objetivo de ser verdaderos "discípulos misioneros" de Jesucristo, el Hijo de Dios que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de la Virgen María. Tanto la Madre como el Hijo se involucraron, siguen involucrados, en la salvación del mundo y en nuestra propia salvación. Y, ambos, Jesús y María, nos necesitan. Quieren que también nosotros nos involucremos, con ellos y como ellos, para que esta salvación llegue a todas las personas de nuestra isla y del mundo entero.
Por eso, acogiendo la propuesta de la “Fundación Virgen de los Reyes”, para la Bajada de este año hemos elegido el lema: “Siguiendo las huellas de María". La imagen de Virgen de los Reyes, por así decir, en su recorrido desde La Dehesa hasta Valverde y en su peregrinación por los pueblos de la isla va dejando "unas huellas" y nosotros, al acompañarla, vamos "siguiendo sus huellas". Pero, esto no es sino un signo del camino que cada uno debemos recorrer para ser "discípulos misioneros" de Jesucristo, que no es otro que el camino que siguió la Virgen María, la primera y más perfecta discípula de su propio Hijo.
Así, con el lema "siguiendo la huellas de María", se expresa el propósito de hacer de nuestra Bajada de 2017 una escuela de discipulado en la que la Virgen María es nuestra guía y el modelo a imitar. Con la celebración de la Bajada, la Virgen María se pone "en salida misionera". Ella sale a "predicar el Evangelio" por los caminos de nuestra isla. Nosotros queremos escuchar su mensaje y seguir sus huellas. Queremos ser como ella "discípulos misioneros": "Nosotros hoy fijamos en ella la mirada, para que nos ayude a anunciar a todos el mensaje de salvación, y para que los nuevos discípulos se conviertan en agentes evangelizadores" (Papa Francisco).
De este modo, hacemos nuestras aquellas palabras del Concilio Vaticano II: “Recuerden los fieles que la verdadera devoción a la Virgen María no consiste ni en un afecto estéril y transitorio, ni en vana credulidad, sino que procede de la fe verdadera, por la que somos conducidos a conocer la excelencia de la Madre de Dios y somos alentados a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes” (LG. 67). Con toda seguridad, será así como rendiremos "el mayor culto y veneración" a la Virgen María, Nuestra Señora de los Reyes.

Con mi afecto y la bendición del Señor para todos, les deseo un Feliz Año de la LXIX Bajada de la Virgen de los Reyes.

Bernardo Álvarez Afonso
Obispo Nivariense

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Tenerife Mon, 02 Jan 2017 10:36:37 +0000
Hacer un año nuevo http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/36105-hacer-un-año-nuevo.html http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/36105-hacer-un-año-nuevo.html

Carta Pastoral del Obispo de Tenerife, Mons. Bernardo Álvarez Afonso, en el año nuevo.


HACER UN AÑO NUEVO
Para la Iglesia católica, el año 2016 estuvo marcado por la celebración del Jubileo de la Misericordia. Con tal motivo, el 6 de noviembre, tuvo lugar en Roma el “Jubileo de los presos”. El papa Francisco celebró una misa en la Basílica de San Pedro en la que participaron más de mil encarcelados de todo el mundo. Lo que les dijo el Papa me ayuda a expresar como entiendo esto del “Año Nuevo”.
Estos días se repasan los hechos más significativos del año que termina y se habla de lo que está previsto para el que comienza. De los presos, como cualquiera de nosotros, se conoce como ha sido el pasado y como es el presente. Pero, ¿cuál será su futuro y cuál será el nuestro? ¿Tienen remedio los presos? ¿Tenemos remedio nosotros? ¿Tienen remedio los males de nuestra sociedad?
Actualmente, dada la frecuente descalificación y la condena de los demás, es fundamental creer que “el otro puede ser otro”, es decir, creer que las cosas y las personas pueden cambiar. Lo que dijo el Papa a los presos, vale para todos: “Ninguno de vosotros, por tanto, se encierre en el pasado. La historia pasada, aunque lo quisiéramos, no puede ser escrita de nuevo. Pero la historia que inicia hoy, y que mira al futuro, está todavía sin escribir, con la gracia de Dios y con vuestra responsabilidad personal. Aprendiendo de los errores del pasado, se puede abrir un nuevo capítulo de la vida”.
Por eso les alentó a no perder la esperanza y a tener “la certeza de la presencia y de la compasión de Dios, no obstante el mal que hemos cometido. No existe lugar en nuestro corazón que no pueda ser alcanzado por el amor de Dios. Donde hay una persona que se ha equivocado, allí se hace presente con más fuerza la misericordia del Padre, para suscitar arrepentimiento, perdón, reconciliación, paz”.
Todos nos deseamos un “feliz y próspero año nuevo”. Pero muchas veces es sólo “una frase hecha”, pronunciada superficialmente, sin ninguna esperanza de cambio y sin ningún compromiso concreto de trabajar para que el nuevo año sea feliz y próspero, especialmente para los que peor viven.
No se puede desear un Feliz Año Nuevo y quedarse de brazos cruzados, como quien dice: “A ver si tenemos suerte y este año las cosas van mejor”. Desearle a cualquiera un “feliz y próspero año nuevo” nos compromete a trabajar para que su vida sea más próspera y feliz. Tú y yo podemos hacer mucho para que 2017 sea realmente un AÑO NUEVO, próspero y feliz, para los que nos rodean.

† Bernardo Álvarez Afonso
Obispo Nivariense

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Tenerife Mon, 02 Jan 2017 10:34:41 +0000
Somos una gran familia contigo http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/35233-somos-una-gran-familia-contigo.html http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/35233-somos-una-gran-familia-contigo.html

Carta del Obispo de Tenerife, Mons. Bernardo Álvarez

«Somos una gran familia contigo». Con este lema estamos invitados a celebrar -13 de noviembre- el Día de la Iglesia Diocesana 2016. Es una jornada para dar gracias a Dios por la Iglesia en la que ha nacido y se desarrolla nuestra fe y, a la vez, para acrecentar la participación responsable de cada uno en su vida y misión. La fe en Cristo es un don que nos afecta personalmente, pero Dios nos llama a vivirla juntos, como una familia, como Iglesia.

Para los católicos que vivimos en el territorio de La Gomera, El Hierro, La Palma y Tenerife, nuestra pertenencia a la Única Iglesia extendida por toda la Tierra, se concreta en esta porción del Pueblo de Dios que llamamos Diócesis de San Cristóbal de La Laguna o Diócesis Nivariense.

En ella y por ella somos miembros del Cuerpo de Cristo y, por tanto, participamos de sus bienes al mismo tiempo que contribuimos a su vitalidad y crecimiento; como, también, lamentablemente, podemos contribuir a deterioro cuando no vivimos nuestra fe y hacemos dejación de nuestros deberes cristianos. En la práctica, la Iglesia Diocesana, en su visibilidad histórica, es reflejo de lo que somos y hacemos los católicos.

¿Cuánto amo a la Iglesia, mi familia en la fe? ¿Participo en su vida y misión como algo propio de mi condición de cristiano o me limito a servirme de ella y me desentiendo de sus problemas y necesidades como si fuera algo que no tiene que ver conmigo? ¿De acuerdo con mis posibilidades, contribuyo a su sostenimiento con mi ayuda económica? ¿Participo personalmente, según mi capacidad, en las distintas actividades con las que la Iglesia realiza su misión al servicio de la humanidad?

Puesto que somos una gran familia, así como no nos desentendemos de nuestras familias, tampoco nos podemos desentender de nuestra familia en la fe que es la Iglesia.

† Bernardo Álvarez Afonso
Obispo Nivariense

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Tenerife Fri, 11 Nov 2016 11:58:20 +0000