Tenerife Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://odisur.es Thu, 18 Jan 2018 23:37:48 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es "Estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos" http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/38053-estuve-muerto-pero-ya-ves-vivo-por-los-siglos-de-los-siglos.html http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/38053-estuve-muerto-pero-ya-ves-vivo-por-los-siglos-de-los-siglos.html

Homilía del obispo de Tenerife, Mons. Bernardo Álvarez, con motivo de la Pascua de Resurrección 2017

«Él puso su mano derecha sobre mí, diciéndome:
No temas; yo soy el Primero y el Último, el Viviente;
estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos…
Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega,
el principio y el fin. Al que tenga sed yo le
daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente».
[Apoc. 1,17-18 . 21,6]

Hermanos todos:

¡Feliz Pascua de Resurrección! La certeza que Cristo, resucitado de entre los muertos, vive y camina con nosotros, nos llena de paz y alegría. Es verdad, ha resucitado el Señor y nos dice personalmente a cada uno: «No temas; yo soy el Primero y el Último, el Viviente; estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos…».

Después de la preparación cuaresmal y por la celebración de la Semana Santa, tal como se lo hemos pedido, Dios nos ha dado un corazón nuevo y ha infundido en nosotros un espíritu nuevo. En la conciencia de nuestra debilidad le hemos pedido que nos restaurara y Él, por medio de su Hijo muerto y resucitado, ha hecho brillar su rostro sobre nosotros y nos ha salvado. Quienes estábamos muertos por nuestros pecados y por la dureza de nuestro corazón, hemos buscado al Señor y Él nos ha hecho revivir. Como proclama la liturgia de la Iglesia, "en su resurrección hemos resucitado todos".
Así pues, renovados y rejuvenecidos en el espíritu, queremos seguir adelante; y lo hacemos confiados en el poder de la resurrección que nos capacita para llevar a feliz término nuestra vocación cristiana, nuestra vocación de discípulos misioneros de Jesucristo.

Como nos dijo el Papa Francisco, el año pasado: "El Señor está vivo y quiere que lo busquemos entre los vivos. Después de haberlo encontrado, invita a cada uno a llevar el anuncio de Pascua, a suscitar y resucitar la esperanza en los corazones abrumados por la tristeza, en quienes no consiguen encontrar la luz de la vida. Hay tanta necesidad de ella hoy. Olvidándonos de nosotros mismos, como siervos alegres de la esperanza, estamos llamados a anunciar al Resucitado con la vida y mediante el amor".

Sin duda, el retorno anual de las Fiestas de Pascua es un regalo de la paciencia de Dios. Pese a nuestras infidelidades, Él continúa fiándose de nosotros y sigue ofreciéndonos la oportunidad de avanzar con nuevo entusiasmo hacia una vida plenamente cristiana. Por tanto, como San Pablo, olvidando lo que queda atrás, lancémonos hacia lo que está por delante y corramos hacia la meta a la que Dios nos llama en Cristo Jesús.

Es el mismo Pablo quien nos dice que «quien está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo. Todo procede de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo» (2Cor. 5,17). Aquí está expresado el efecto saludable de la resurrección en cada uno de nosotros. Pero, para obtener sus beneficios es necesario "estar en Cristo".

No se trata sólo de creer que Cristo ha resucitado, que vive para siempre y camina con nosotros. "Estar en Cristo" es, sobre todo, participar en su vida hasta el punto que Él vive en mí y que yo vivo en Él. Vivir en él, es realmente posible, porque «el que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él» (Jn. 6,56). Lógicamente, este "estar en Cristo", se manifiesta en una vida que es testimonio y transparencia de Cristo.

"Estar en Cristo" es estar en la verdad por él anunciada y vivir en el amor; es dejarse guiar por su Espíritu, pensar como Él, tener sus mismos sentimientos, responder a su llamada; es vivir el espíritu de hijo de Dios, orar como él lo hizo, sentir la fraternidad y vivir la comunión con todos. Estar en Cristo es amar, es escuchar, es trabajar, es morir y vivir en él; es ser como él. "Quien dice que permanece en él debe caminar como él caminó" (1Jn. 2,6).

Cristo resucitado ha penetrado en la historia. Quien cree en Él pasa de la muerte a la vida, porque Él es la energía definitiva que hace brotar una vida nueva, una sociedad nueva, un mundo nuevo. Así como en primavera los rayos del sol hacen brotar y abrir las yemas en las ramas de los árboles, así también la irradiación que surge de la resurrección de Cristo da fuerza y significado a toda esperanza humana, a toda expectativa, deseo, proyecto…

«Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tenga sed yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente» (Apoc. 21,6). "Hecho está". Dios ya ha puesto su parte y no se vuelve atrás. La fuerza salvadora de la resurrección de Cristo es para todos. Nadie está excluido. Él quiere que todos se salven. Como dice Isaías: «¡Atención, sedientos!, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar, vino y leche de balde» (Is 55,1). Es decir, "gustad y ved qué bueno es el Señor".

Dios siempre nos busca, nos llama a cada uno por nuestro nombre y nos invita a ser sus hijos y por tanto hermanos unos de otros. Nos busca a todos, también a quienes no tienen con qué pagar: aquellos que no tienen méritos, los que se sienten indignos y pecadores, quienes ya no tienen ni fuerzas para rezar, los que no encuentran sentido a la vida, también aquellos otros que no creen en Él pero tienen su corazón insatisfecho y anhelan "no saben qué".

Sólo pide una cosa a cambio: tener sed. Nos pide dejar la autosuficiencia y reconocer la propia necesidad. Él nos hace sentir su mano cariñosa sobre nosotros y nos dice: «No temas; yo soy Primero y el Último, el Viviente» (Apoc. 1,17) y, también, «el que tenga sed, que venga a mí y beba el que cree en mí; como dice la Escritura: de sus entrañas manarán ríos de agua viva» (Jn. 7,37-38). Sí. ¡Es verdad! ¡Cristo ha resucitado!

A nosotros nos toca dejarle actuar en nuestra vida con esa energía que Él tiene para sometérselo todo. Sabemos que la acción de Dios en nosotros no funciona de forma automática o por imposición, sino que es una oferta de gracia a nuestra libertad. Sólo nuestro libre y coherente "estar en Cristo" puede hacer operativos y fecundos en nuestra vida los efectos salvadores de la muerte y resurrección de Jesucristo. Con fe, acudamos a Él, pongámonos en camino. Una vida buena, plena y feliz es posible. Andemos desde ahora en una vida nueva. Que el recuerdo de sus obras y de sus palabras sea la luz resplandeciente que orienta nuestros pasos hacia la construcción de la civilización del amor, de la libertad, de la justicia y de la paz.

En nuestro mundo –decía el Papa Benedicto XVI- la alegría de la pascua contrasta todavía con los lamentos y el clamor que provienen de tantas situaciones dolorosas: miseria, hambre, enfermedades, guerras, violencias. Y, sin embargo, Cristo ha muerto y resucitado precisamente por esto. Ha muerto a causa de nuestros pecados de hoy, y ha resucitado también para redimir nuestra historia de hoy.
«La paz con vosotros», eran palabras de Jesús resucitado en sus apariciones a los discípulos, y ellos se llenaron de alegría al ver al Señor. Este saludo de paz, también resuena hoy para nosotros. Cristo ha resucitado, está vivo y camina con nosotros. Si lo escuchamos y acogemos con fe, “revivirá nuestro corazón” y nos llenaremos de alegría. Es lo que deseo para todos. ¡Feliz Pascua!

† Bernardo Álvarez Afonso
Obispo Nivariense

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Tenerife Mon, 17 Apr 2017 12:34:16 +0000
"Dejándonos ejemplo para que sigamos sus huellas" http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/37945-dejándonos-ejemplo-para-que-sigamos-sus-huellas.html http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/37945-dejándonos-ejemplo-para-que-sigamos-sus-huellas.html

Carta del obispo de Tenerife, Mons. Bernardo Álvarez

Queridos diocesanos, es el momento, “buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón”.

No dejemos pasar esta oportunidad. Les invito a celebrar la Semana Santa con alma, corazón y vida, acercándonos personalmente a Cristo, que nos ama y nos ha librado de nuestros pecados con su sangre.

En nuestra Diócesis, la Semana Santa de este año 2017 está enmarcada en el Plan de Pastoral que, en el presente curso, está orientado a fortalecer nuestra identidad de discípulos de Jesucristo. Ser cristiano es ser discípulo, que consiste -sobre todo- en pensar, sentir y vivir como Cristo. En efecto, como afirma el apóstol San Juan, “quien dice que cree en él, debe vivir como vivió él” (1Jn. 2,6).

Desde antiguo, los grandes escritores cristianos y los santos, han señalado que la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, que es precisamente lo que celebramos en la Semana Santa, es la gran escuela en la aprendemos a conocer, amar y seguir a Jesucristo. Lógicamente, para ello es necesario contemplar a Cristo por fuera y por dentro. Fijarnos en todo lo que tuvo que pasar, escuchar sus palabras, fijarnos en sus actitudes, sus sentimientos, sus reacciones… Todo esto para aprender de Él y conformar nuestra manera de vivir con la suya.

El mismo Jesús, antes de padecer, (en la Última Cena), se levantó de la mesa y –como si de un criado se tratara- se puso a lavar los pies a los discípulos. Luego les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis» (Jn. 13,12-15). Este gesto de servicio, adquiere su máxima expresión cuando Jesús entrega su vida en la Cruz por nosotros y por nuestra salvación, cumpliendo así sus palabras: “Yo no he venido al mundo para ser servido, sino para servir y dar la vida en rescate de muchos” (Mc. 10,45).

Ser discípulo de Cristo es seguir su ejemplo. A parte de este momento del lavatorio de los pies, en otras ocasiones Jesús insiste a sus discípulos que deben tomarle a Él como modelo de vida. Así, les dice: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mt. 11,29); y también, “como yo os he amado, así también debéis amaros vosotros los unos a los otros” (Jn. 13,34). Por activa y por pasiva, Jesús no cesa de repetir que quien quiera ser discípulo suyo, debe renunciar a sí mismo y seguir sus pasos.

Como le pasó a todos los apóstoles, a San Pedro le costó ser un verdadero discípulo de Jesús. Estuvo presente en la Última Cena, igual que en otros momentos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Pese a su debilidad (negó públicamente conocer a Jesucristo), con dolor y lágrimas, acabó aprendiendo a ser un verdadero discípulo. Por eso, en su primera carta, nos recuerda a todos: “Cristo padeció por vosotros,dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca. Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban; sufriendo no profería amenazas; sino que se entregaba al que juzga rectamente. Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el madero de la cruz, para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia. Con sus heridas fuisteis curados”. (1Pe. 2,21-24).

Nos dio ejemplo para que sigamos sus pasos. Jesús nunca pidió hacer algo que Él no hiciera antes. Todas sus palabras son creíbles porque siempre iban acompañadas con los hechos. Él nos demostró cómo se puede vivir en este mundo haciendo la voluntad de Dios en todo, sin dejarse vencer por las tentaciones del mal. No tenemos otra opción. Para ser realmente cristianos debemos seguir las pisadas de Cristo, viviendo como Él vivió, imitando su modo de actuar, su amor, su misericordia, su bondad y generosidad. San Pablo lo expresa así: “Que cada uno de nosotros trate de agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación; pues tampoco Cristo buscó su propio agrado, antes bien, como dice la Escritura: Los ultrajes de los que te ultrajaron cayeron sobre mí” (Rom. 15,1-3).

En la Semana Santa, tanto en la Celebraciones Litúrgicas como en las escenas de los Pasos Procesionales, podemos hacer memoria, contemplar y aprender de Cristo para llegar a “tener entre nosotros sus mismos sentimientos”. Aprender de Él, que, ante el daño que le hicieron, no devolvió mal por mal, no respondió maldición con maldición, no amenazó a sus verdugos, sino que les perdonó. Aprender de Él que, cargando con las culpas y pecados que no le correspondían, en vez de tomar venganza encomendó su situación a Dios Padre que juzga justamente. De este modo cargó los pecados de todos nosotros para traernos la salvación. “Sus heridas nos han curado”. Por eso, con gratitud, celebramos su Pasión, Muerte y Resurrección, proclamando: “Te adoramos, ¡oh Cristo! y te bendecimos pues por tu santa cruz redimiste al mundo”.

Semana Santa. ¡Es el momento! Es tu momento y el mío. Como San Juan en el Apocalipsis, podemos sentir la mano de Cristo sobre nosotros y oír su voz: “estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos” (Apoc. 1,18). Por eso, es el mismo San Juan el que nos enseña que «tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no solo por los nuestros, sino también por los del mundo entero» (1Jn. 2,1-2).

Ante semejante realidad, con toda la Iglesia proclamamos en el Pregón de la Vigilia Pascual: “¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué incomparable ternura y caridad! ¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!”

Para celebrar la Semana Santa con provecho espiritual, les invito a considerar con atención esta guía que nos ofrecía el Papa Francisco el Domingo de Ramos del pasado año: “Nos puede parecer muy lejano y extraño el modo de actuar de Dios, que se ha humillado por nosotros, mientras a nosotros nos parece difícil incluso olvidarnos un poco de nosotros mismos. Él viene a salvarnos; y nosotros estamos llamados a elegir su camino: el camino del servicio, de la donación, del olvido de uno mismo. Podemos encaminarnos por este camino deteniéndonos durante estos días a mirar el Crucifijo, es la “Cátedra de Dios”. Os invito en esta semana a mirar a menudo esta “Cátedra de Dios”, para aprender el amor humilde, que salva y da la vida, para renunciar al egoísmo, a la búsqueda del poder y de la fama. Con su humillación, Jesús nos invita a caminar por su camino. Volvamos a él la mirada, pidamos la gracia de entender al menos un poco de este misterio de su anonadamiento por nosotros; y así, en silencio, contemplemos el misterio de esta semana”.

“Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”, fueron las palabras de Jesús en la Última Cena. Nosotros estamos llamados a elegir y seguir su camino: el camino del servicio, de la donación, del olvido de uno mismo. El camino que nos pone en comunión con Dios y con los hermanos.

Queridos diocesanos, esta Semana Santa es el momento, poneos en camino, “buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón”.

† Bernardo Álvarez Afonso
Obispo Nivariense

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Tenerife Tue, 11 Apr 2017 09:09:53 +0000
«Cerca de Dios y de los hermanos» http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/37326-cerca-de-dios-y-de-los-hermanos.html http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/37326-cerca-de-dios-y-de-los-hermanos.html

Carta del obispo de Tenerife, Mons. Bernardo Álvarez, con motivo de la celebración del Día del Seminario 2017

Queridos diocesanos:

Con frecuencia, a lo largo de mi vida de sacerdote y de obispo, muchas personas me dicen: "Rece por nosotros, usted que está más cerca de Dios". Y, también, "rece por nosotros que Dios le escucha más a usted".

Son expresiones sinceras que ponen de manifiesto la confianza que los fieles cristianos tienen en el sacerdote, como alguien que intercede ante Dios en favor de su pueblo. Dicho popularmente, ven al sacerdote como quien "tiene manga con Dios" y le piden que use "esa ventaja" en favor de la gente. Lo que piden es que el sacerdote haga de "mediador" entre ellos y Dios.

De hecho así es. La vocación, vida y ministerio de los sacerdotes consiste en estar «Cerca de Dios y de los hermanos», como dice el lema del Día del Seminario de este año 2017. "Estar": una palabra que, en este caso, indica el existir de modo permanente en situación de cercanía a Dios y a la gente. Es presencia y permanencia con Dios y con los hermanos. Es un "estar" activo y dinámico, respondiendo con la vida a las demandas de Dios y a las de los hombres. Es decir, llevando a la gente los dones de Dios y presentando a Dios las necesidades de sus hermanos.

Esta dinámica, de "estar cerca de Dios y de los hermanos", es lo que significa la palabra "pontífice" (= hacer de puente). Igual que un puente une dos orillas, así se entiende el ministerio de los sacerdotes: acercar a Dios a los hombres y acercar los hombres a Dios. Es lo que se llama estar en medio o ser "mediador".

Ahora bien, el único y verdadero "pontífice" y, por tanto, el único y verdadero sacerdote es Cristo, pues Él -Dios y hombre verdadero- une en su propia persona a Dios y a los hombres. Él, el Hijo de Dios, "engendrado no creado", es consustancial con el Padre. En consecuencia, nadie como Él, no sólo está en "la orilla de Dios" sino que "está en Dios". Pero, además, era necesario estar en la otra orilla, la del lado de los hombres. Y para eso, el Hijo de Dios se hace hombre para que se dé el verdadero puente, se dé la verdadera mediación. En la persona de Cristo, Dios no viene simplemente a "estar" con los hombres, sino que en Cristo Dios "se hace" hombre.

A partir esta realidad es como se debe entender la grandeza y la importancia de los sacerdotes. Estos, son llamados, consagrados y enviados para que, participando en el sacerdocio de Cristo, sean signo e instrumento de su mediación entre Dios y los hombres. "El sacerdote, sólo perteneciendo a las dos esferas –la de Dios y la del hombre–, puede ser mediador, puede ser “puente”. Esta es la misión del sacerdote: combinar, unir estas dos realidades aparentemente tan separadas, es decir, el mundo de Dios –lejano a nosotros, a menudo desconocido para el hombre– y nuestro mundo humano. La misión del sacerdocio es la de ser mediador, puente que une, y así llevar al hombre a Dios, a su redención, a su luz verdadera, a su vida verdadera" (Papa Benedicto XVI).

Para realizar tan importante misión, en necesario contar, por así decir, con la autorización de Dios. Esta capacitación se da en el Sacramento del Orden, por medio del cual quienes lo reciben son introducidos en el ser de Cristo y "quedan consagra¬dos como verdaderos Sacerdotes a imagen de Cristo, sumo y eterno Sacerdote".

Así se comprende, también, la importancia del Seminario, como institución encargada de preparar a los futuros sacerdotes, preparar hombres para estar "Cerca de Dios y de los hermanos". Una tarea en la que están implicados todos los fieles de la Diócesis, que son los grandes beneficiarios del ministerio de los sacerdotes. De ahí que no debe faltar nuestra oración pidiendo a Dios vocaciones al sacerdocio, oración por los seminaristas para que lleguen a ser buenos y santos sacerdotes. Apoyo, asimismo, al trabajo del Seminario con la aportación económica, haciendo donativos en cualquier momento del año y, particularmente, en la colecta de las misas del 18 y 19 de marzo.

"Cerca de Dios y de los hermanos". Ciertamente, los sacerdotes "no podrían ser ministros de Cristo si no fueran testigos y dispensadores de otra vida más que de la terrena, pero tampoco podrían servir a los hombres si permanecieran extraños a su vida y a sus condiciones. Su mismo ministerio les exige de una forma especial que no se conformen a este mundo; pero, al mismo tiempo, requiere que vivan en este mundo entre los hombres y, como buenos pastores, conozcan a sus ovejas y busquen incluso atraer a las que no pertenecen todavía a este redil, para que también ellas oigan la voz de Cristo y se forme un solo rebaño y un solo Pastor" (PO 3).

Un sacerdote ha de vivir siempre cerca de Dios, a quien glorifica y sirve con la obediencia entregada de su vida. Pidamos a Dios que los seminaristas incorporen esta certeza en su proceso de formación. Necesitamos testigos de la grandeza de Dios, pero no teóricos, sino hombres que han entrado en la cercanía de Dios por la oración, por la adoración. Hombres que respondan al amor que han experimentado, que piensan desde la mente de Cristo, que tienen sus mismos sentimientos y que viven conquistados por el amor de Dios. Los pensamientos, los criterios, los sentimientos, las decisiones, todo se vive desde Dios. Sacerdotes muy de Dios, "muy divinos".

Al mismo tiempo, queremos formar sacerdotes convencidos y dispuestos a vivir siempre cerca de los hermanos. Así nos lo enseñó el Maestro. Aquellos que tienen hambre, sed, que están solos o enfermos, en la cárcel o padeciendo cualquier dificultad, son, en algún modo, sacramentos de la presencia de Jesús. Sacerdotes cerca de donde vive la gente su vida, cerca de las alegrías y de las dificultades de los fieles; cercanos del confesonario ofreciendo el perdón de Dios y próximos a la cama de los enfermos dando consuelo y alivio espiritual. Sí, sacerdotes cerca de los hermanos, haciendo cercana la presencia de Dios, cuya alegría es “estar con los hijos de los hombres”.

Allí donde un sacerdote está, Cristo tiene la posibilidad de estar, como fuente de gracia, como ministro de la Palabra, como guía y pastor de la comunión fraterna. ¡Qué importante es un sacerdote! ¡Qué importante es cuidar mucho la formación de los sacerdotes!

También en esto hay que INVOLUCRARSE. Es lo que les pido en nombre del Señor.

† Bernardo Álvarez Afonso
Obispo Nivariense

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Tenerife Fri, 10 Mar 2017 10:57:06 +0000
Campaña de Manos Unidas contra el hambre http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/36704-campaña-de-manos-unidas-contra-el-hambre.html http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/36704-campaña-de-manos-unidas-contra-el-hambre.html

Carta del obispo de Tenerife, Mons. Bernardo Álvarez

Muy acertado es el lema de este año para la 58º Campaña de MANOS UNIDAS contra el Hambre: "El mundo no necesita más comida, necesita más gente comprometida".

Ciertamente, en este momento, lo que hace falta no es más comida sino más personas comprometidas. Personas, conscientes y responsables, capaces de gestionar mejor los recursos que tienen a su disposición. Sin consumir más de lo necesario, sin derrochar y tirar lo que es de todos. Es necesario recordar un principio fundamental: "todos los bienes de la tierra son de todos los hombres y mujeres que la habitan" y, por tanto, nadie –personal o colectivamente- puede disponer de ellos como si fueran exclusivamente suyos.

Semejante situación fue abiertamente denunciada por Jesucristo, como contraria a la justicia. Lo hizo, con la parábola en la que cuenta el comportamiento de un "un hombre rico que vestía de púrpura y lino finísimo, y cada día celebraba espléndidos banquetes. Un pobre, en cambio, llamado Lázaro, yacía sentado a su puerta, cubierto de llagas, deseando saciarse de lo que caía de la mesa del rico". ¿No es esta parábola el paradigma de lo que pasa hoy en el mundo? ¿Lo que San Juan Pablo II llamó "la paradoja de la abundancia"? "En efecto - dice el Papa Francisco- hay comida para todos, pero no todos pueden comer, mientras que el derroche, el descarte, el consumo excesivo y el uso de alimentos para otros fines, están ante nuestros ojos”.

Pero, no pensemos solo en esos ricos multimillonarios que, con su forma de vivir, son un insulto a los millones de pobres "lázaros" que pueblan el planeta. "Es insostenible el comportamiento de aquellos que consumen y destruyen más y más, mientras otros todavía no pueden vivir de acuerdo con su dignidad humana" (Papa Francisco). Fijémonos también en nosotros, gente corriente, que a otro nivel podemos estar adoptando la misma actitud. No esperemos a que sean otros los que se conviertan de su escandalosa vida. Miremos hacia nosotros mismos y pongamos manos a la obra.

El trabajo de MANOS UNIDAS a lo largo de casi sesenta años, fruto de la unión de pequeños y grandes esfuerzos, es la prueba de que es posible mejorar –de modo sostenible y prologando en el tiempo- las condiciones de vida de quienes carecen de lo más indispensable para vivir. La lucha continúa, hay que seguir "plantando cara al hambre". Es mucho lo que queda por hacer. Hace falta gente comprometida. ¿Te comprometes?

Preguntémonos cada uno: En concreto, con mis posibilidades, con lo que soy y lo que tengo, ¿qué puedo y que debo hacer yo en favor de los que pasan hambre en el mundo?

Un cauce apropiado y seguro para unir nuestros esfuerzos personales y alcanzar resultados eficaces en favor de los pobres, es precisamente MANOS UNIDAS, la ONG de desarrollo de la Iglesia católica y de voluntarios, que trabaja para apoyar a los pueblos del Sur en su desarrollo y en la sensibilización de la población española.

El hambre en el mundo es una cuestión de vida o muerte y, paradójicamente, "el mundo no necesita más comida, necesita más gente comprometida".

† Bernardo Álvarez Afonso
Obispo Nivariense

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Tenerife Fri, 10 Feb 2017 07:06:09 +0000
Siguiendo las huellas de María http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/36106-siguiendo-las-huellas-de-maría.html http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/36106-siguiendo-las-huellas-de-maría.html Siguiendo las huellas de María

Saludo del Obispo de Tenerife, Mons. Bernardo Álvarez Afonso, a los herreños en el año de la LXIX Bajada de la Virgen de los Reyes.

«SIGUIENDO LAS HUELLAS DE MARÍA»
BAJADA DE LA VIRGEN DE LOS REYES ‘2017 – Saludo del Obispo a los herreños

Queridos herreños y devotos de la Virgen María de los Reyes, nuestra Madre Amada:

Con gran alegría les participo que, con la gracia de Dios y fieles a una ya centenaria tradición, este año 2017 [del primero de julio al cinco de agosto], tendrá lugar la LXIX Bajada de la Virgen de los Reyes desde la Dehesa, en el municipio de La Frontera, pasando por el de El Pinar, hasta la Villa de Valverde y la posterior peregrinación de la Venerada Imagen por las parroquias de la isla de El Hierro.
Una vez más, como viene ocurriendo desde hace 272 años, “La Bajada” se convierte en la manifestación religiosa más importante de la isla de El Hierro. Una gran celebración festiva, en la que se refleja el constante amor y devoción de los herreños su “Madre Amada”, la Virgen María de los Reyes.
Fieles al legado de nuestros antepasados, vamos a revivir unos actos firmemente arraigados en la tradición religiosa y cultural de nuestra isla. Pero, por encima de todo, nos disponemos a cumplir y renovar el Voto de 1741: “[… que cada cuatro años que será el primero el año de mil setecientos cuarenta y cinco y de allí en adelante el mismo cómputo y respecto, pasará un Señor Beneficiado y los Clérigos que arbitran, los Señores Justicia y Regimiento y vecinos que no tuvieren legítimo impedimento al Santuario y Ermita de la Señora y con el mayor culto y veneración la conducirán a esta Villa…]”. Todo lo que hacemos: la música, el baile, la comida fraterna, los relevos en las rayas, la llegada a la Villa y la entrada de la imagen en la Iglesia de la Concepción, la novena, la Fiesta Real, la posterior visita a los pueblos… Todo ha de ser en honor de Nuestra Señora y Madre Amada, la Virgen de los Reyes. Todo debemos hacerlo como expresión de nuestra fe y "con el mayor culto y veneración" que le corresponde a nuestra Celestial Patrona.
Y, todo ello, sin perder de vista el sentido de "una auténtica tradición". En el plano de la vida humana y su historia, tradición es "transmitir" lo que hemos recibido. Pero este "transmitir" no es la repetición mimética de lo que otros han hecho o vivido. Eso sería hacer teatro. En la práctica las personas somos siempre originales y creativas, cada uno percibe y experimenta las cosas de acuerdo con la época y las circunstancias que le toca vivir. De este modo, la tradición es un dinamismo del tiempo, en el que se reviven las cosas del pasado para asumirlas en el presente y, enriqueciéndolas con la propia experiencia, transmitirlas a las nuevas generaciones.
De no ser así, la tradición pierde su genuino valor y pasa a ser algo puramente arqueológico, es como conservar las cosas en un museo. Si queremos matar una tradición no tenemos más que copiar y repetir lo que hacían nuestros antepasados, sin hacerlo propio, sin asimilarlo de corazón y expresarlo con nuestra peculiaridad. La tradición entonces se convierte en espectáculo y apenas tiene que ver con la vida.
Sería triste que, en nuestra Bajada de la Virgen los Reyes, se conserven y transmitan las costumbres externas y nos olvidemos del sentido y la vivencia profundamente religiosa de quienes las originaron. La "tradición" somos las propias personas viviendo la vida con pasión y haciendo las cosas con sentido profundo.
Nosotros, los hombres y mujeres de hoy, somos tan creadores de tradición como nuestros antepasados, como aquellos que hicieron el Voto en 1741. Pero, para eso, es necesario involucrarnos de lleno, con alma, corazón y vida, en la celebración de esta Bajada de 2017 y vivirla como algo que nos afecta personalmente, es decir, como un acontecimiento que hacemos todos y del que nos beneficiamos todos.
INVOLUCRARSE. Esta es la consigna que marca el ritmo pastoral de nuestra Diócesis para el año 2017. Nuestra Bajada de la Virgen no puede ser ajena al objetivo de ser verdaderos "discípulos misioneros" de Jesucristo, el Hijo de Dios que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de la Virgen María. Tanto la Madre como el Hijo se involucraron, siguen involucrados, en la salvación del mundo y en nuestra propia salvación. Y, ambos, Jesús y María, nos necesitan. Quieren que también nosotros nos involucremos, con ellos y como ellos, para que esta salvación llegue a todas las personas de nuestra isla y del mundo entero.
Por eso, acogiendo la propuesta de la “Fundación Virgen de los Reyes”, para la Bajada de este año hemos elegido el lema: “Siguiendo las huellas de María". La imagen de Virgen de los Reyes, por así decir, en su recorrido desde La Dehesa hasta Valverde y en su peregrinación por los pueblos de la isla va dejando "unas huellas" y nosotros, al acompañarla, vamos "siguiendo sus huellas". Pero, esto no es sino un signo del camino que cada uno debemos recorrer para ser "discípulos misioneros" de Jesucristo, que no es otro que el camino que siguió la Virgen María, la primera y más perfecta discípula de su propio Hijo.
Así, con el lema "siguiendo la huellas de María", se expresa el propósito de hacer de nuestra Bajada de 2017 una escuela de discipulado en la que la Virgen María es nuestra guía y el modelo a imitar. Con la celebración de la Bajada, la Virgen María se pone "en salida misionera". Ella sale a "predicar el Evangelio" por los caminos de nuestra isla. Nosotros queremos escuchar su mensaje y seguir sus huellas. Queremos ser como ella "discípulos misioneros": "Nosotros hoy fijamos en ella la mirada, para que nos ayude a anunciar a todos el mensaje de salvación, y para que los nuevos discípulos se conviertan en agentes evangelizadores" (Papa Francisco).
De este modo, hacemos nuestras aquellas palabras del Concilio Vaticano II: “Recuerden los fieles que la verdadera devoción a la Virgen María no consiste ni en un afecto estéril y transitorio, ni en vana credulidad, sino que procede de la fe verdadera, por la que somos conducidos a conocer la excelencia de la Madre de Dios y somos alentados a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes” (LG. 67). Con toda seguridad, será así como rendiremos "el mayor culto y veneración" a la Virgen María, Nuestra Señora de los Reyes.

Con mi afecto y la bendición del Señor para todos, les deseo un Feliz Año de la LXIX Bajada de la Virgen de los Reyes.

Bernardo Álvarez Afonso
Obispo Nivariense

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Tenerife Mon, 02 Jan 2017 10:36:37 +0000
Hacer un año nuevo http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/36105-hacer-un-año-nuevo.html http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/36105-hacer-un-año-nuevo.html

Carta Pastoral del Obispo de Tenerife, Mons. Bernardo Álvarez Afonso, en el año nuevo.


HACER UN AÑO NUEVO
Para la Iglesia católica, el año 2016 estuvo marcado por la celebración del Jubileo de la Misericordia. Con tal motivo, el 6 de noviembre, tuvo lugar en Roma el “Jubileo de los presos”. El papa Francisco celebró una misa en la Basílica de San Pedro en la que participaron más de mil encarcelados de todo el mundo. Lo que les dijo el Papa me ayuda a expresar como entiendo esto del “Año Nuevo”.
Estos días se repasan los hechos más significativos del año que termina y se habla de lo que está previsto para el que comienza. De los presos, como cualquiera de nosotros, se conoce como ha sido el pasado y como es el presente. Pero, ¿cuál será su futuro y cuál será el nuestro? ¿Tienen remedio los presos? ¿Tenemos remedio nosotros? ¿Tienen remedio los males de nuestra sociedad?
Actualmente, dada la frecuente descalificación y la condena de los demás, es fundamental creer que “el otro puede ser otro”, es decir, creer que las cosas y las personas pueden cambiar. Lo que dijo el Papa a los presos, vale para todos: “Ninguno de vosotros, por tanto, se encierre en el pasado. La historia pasada, aunque lo quisiéramos, no puede ser escrita de nuevo. Pero la historia que inicia hoy, y que mira al futuro, está todavía sin escribir, con la gracia de Dios y con vuestra responsabilidad personal. Aprendiendo de los errores del pasado, se puede abrir un nuevo capítulo de la vida”.
Por eso les alentó a no perder la esperanza y a tener “la certeza de la presencia y de la compasión de Dios, no obstante el mal que hemos cometido. No existe lugar en nuestro corazón que no pueda ser alcanzado por el amor de Dios. Donde hay una persona que se ha equivocado, allí se hace presente con más fuerza la misericordia del Padre, para suscitar arrepentimiento, perdón, reconciliación, paz”.
Todos nos deseamos un “feliz y próspero año nuevo”. Pero muchas veces es sólo “una frase hecha”, pronunciada superficialmente, sin ninguna esperanza de cambio y sin ningún compromiso concreto de trabajar para que el nuevo año sea feliz y próspero, especialmente para los que peor viven.
No se puede desear un Feliz Año Nuevo y quedarse de brazos cruzados, como quien dice: “A ver si tenemos suerte y este año las cosas van mejor”. Desearle a cualquiera un “feliz y próspero año nuevo” nos compromete a trabajar para que su vida sea más próspera y feliz. Tú y yo podemos hacer mucho para que 2017 sea realmente un AÑO NUEVO, próspero y feliz, para los que nos rodean.

† Bernardo Álvarez Afonso
Obispo Nivariense

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Tenerife Mon, 02 Jan 2017 10:34:41 +0000
Somos una gran familia contigo http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/35233-somos-una-gran-familia-contigo.html http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/35233-somos-una-gran-familia-contigo.html

Carta del Obispo de Tenerife, Mons. Bernardo Álvarez

«Somos una gran familia contigo». Con este lema estamos invitados a celebrar -13 de noviembre- el Día de la Iglesia Diocesana 2016. Es una jornada para dar gracias a Dios por la Iglesia en la que ha nacido y se desarrolla nuestra fe y, a la vez, para acrecentar la participación responsable de cada uno en su vida y misión. La fe en Cristo es un don que nos afecta personalmente, pero Dios nos llama a vivirla juntos, como una familia, como Iglesia.

Para los católicos que vivimos en el territorio de La Gomera, El Hierro, La Palma y Tenerife, nuestra pertenencia a la Única Iglesia extendida por toda la Tierra, se concreta en esta porción del Pueblo de Dios que llamamos Diócesis de San Cristóbal de La Laguna o Diócesis Nivariense.

En ella y por ella somos miembros del Cuerpo de Cristo y, por tanto, participamos de sus bienes al mismo tiempo que contribuimos a su vitalidad y crecimiento; como, también, lamentablemente, podemos contribuir a deterioro cuando no vivimos nuestra fe y hacemos dejación de nuestros deberes cristianos. En la práctica, la Iglesia Diocesana, en su visibilidad histórica, es reflejo de lo que somos y hacemos los católicos.

¿Cuánto amo a la Iglesia, mi familia en la fe? ¿Participo en su vida y misión como algo propio de mi condición de cristiano o me limito a servirme de ella y me desentiendo de sus problemas y necesidades como si fuera algo que no tiene que ver conmigo? ¿De acuerdo con mis posibilidades, contribuyo a su sostenimiento con mi ayuda económica? ¿Participo personalmente, según mi capacidad, en las distintas actividades con las que la Iglesia realiza su misión al servicio de la humanidad?

Puesto que somos una gran familia, así como no nos desentendemos de nuestras familias, tampoco nos podemos desentender de nuestra familia en la fe que es la Iglesia.

† Bernardo Álvarez Afonso
Obispo Nivariense

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Tenerife Fri, 11 Nov 2016 11:58:20 +0000
Mensaje para Pascua de Resurrección 2016 http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/31875-mensaje-para-pascua-de-resurrección-2016.html http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/31875-mensaje-para-pascua-de-resurrección-2016.html Mensaje para Pascua de Resurrección 2016

Mons. Bernardo Álvarez Afonso, Obispo de Tenerife.

LA RESURRECIÓN DE CRISTO, UNA FUERZA IMPARABLE

"Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros pecados, nos vivificó juntamente con Cristo y con él nos resucitó"

(Ef. 2,4-6

"Cristo resucitado y glorioso es la fuente profunda de nuestra esperanza, y no nos faltará su ayuda para cumplir la misión que nos encomienda. Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza imparable de vida que ha penetrado el mundo".

Papa Francisco

Hermanos y amigos.

¡Cristo ha resucitado! ¡Feliz Pascua!

Cristo ha resucitado y vive para siempre. Vive y "Reina", es decir sigue ejerciendo su poder, no para destruir, sino para salvar. Vive y Reina ejerciendo su poder con el perdón y la misericordia. Vive y Reina dando la vida en rescate por todos, curándonos de toda maldad, dándonos un corazón nuevo, renovándonos por dentro, sembrando en nuestro corazón el deseo del bien y la verdad. Vive y Reina, dándonos su Espíritu y enviándonos a predicar el Evangelio. Lo mismo que hizo hace dos mil años con sus discípulos y las gentes de Palestina, lo sigue haciendo hoy con nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI.

Que confortantes, y como confirman nuestra fe, estas palabras del Papa Francisco en la Evangelii Gaudium: "Cristo resucitado y glorioso es la fuente profunda de nuestra esperanza, y no nos faltará su ayuda para cumplir la misión que nos encomienda". Y continúa diciéndonos: "Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable. Verdad que muchas veces parece que Dios no existiera: vemos injusticias, maldades, indiferencias y crueldades que no ceden. Pero también es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto. En un campo arrasado vuelve a aparecer la vida, tozuda e invencible. Habrá muchas cosas negras, pero el bien siempre tiende a volver a brotar y a difundirse. Cada día en el mundo renace la belleza, que resucita transformada a través de las tormentas de la historia. Los valores tienden siempre a reaparecer de nuevas maneras, y de hecho el ser humano ha renacido muchas veces de lo que parecía irreversible. Ésa es la fuerza de la resurrección y cada evangelizador es un instrumento de ese dinamismo" (EG 276).

Cristo mismo nos dijo que Él vino al mundo para "darnos vida en abundancia" y nos prometió que estaría con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Por eso, al acercarnos a Él, nuestra vida se transforma y se renueva por dentro. Cristo nos libra de toda maldad y nos llena de paz y esperanza, de verdadera libertad y alegría, de amor y generosidad para con todos.

El Apóstol San Pablo nos enseña que, quienes conocen a Cristo y creen en Él, aprenden a despojarse del "viejo hombre" que está viciado por los deseos engañosos y la seducción del mal, al tiempo que adquieren una nueva forma de pensar y se revisten del Hombre Nuevo, a imagen de Cristo, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. (cf. Ef. 4, 22)

Los creyentes de hoy no podemos olvidar esta presencia activa y renovadora de Cristo Resucitado. Una presencia que nos llena de confianza y seguridad en que las promesas de Dios se cumplen. Confianza y seguridad de que el Reino de Dios, pese a tantas apariencias en contra, va adelante. Confianza y seguridad en que el Mensaje del Evangelio es la palabra de la verdad y que la ley de Dios es nuestra libertad.

Las dificultades seguirán existiendo y serán las mismas u otras nuevas. Pero somos nosotros quienes habremos cambiado pues hemos comprendido, que el mundo será mejor si lo construimos cada día siguiendo a Cristo resucitado. Cada uno, desde el lugar en que estamos y desde la responsabilidad que nos toca en los diferentes ámbitos de la vida, estamos llamados a trabajar con alma, corazón y vida por el bien y la felicidad de todos. Jesús confía en nosotros y nos encarga ser, en el aquí y ahora de nuestra vida, semillas de esperanza y levadura de su Reino de paz, de verdad, de justicia, de amor.

Como dice el Papa Francisco: "Quién lleva en sí el poder de Dios, de su amor y su justicia, no necesita usar violencia, sino que habla y actúa con la fuerza de la verdad, de la belleza y del amor. Imploremos al Señor resucitado la gracia de no ceder al orgullo que fomenta la violencia y las guerras, sino que tengamos el valor humilde del perdón y de la paz".

Por el poder de su Resurrección, contemplando, escuchando y siguiendo a Jesús, entramos en una vida nueva que abre nuestros ojos para ver el mundo como lo ve Dios y, en consecuencia, para situarnos ante los problemas de nuestra sociedad con sus mismos sentimientos de compasión y amor. Con Cristo adquirimos una nueva vida que promueve la alegría, la paz, el perdón. Una vida que, con ojos bien abiertos a la verdad y la justicia, quiere transformar los enfrentamientos, odios y enemistades, en caminos de reconciliación y fraternidad.

Una vida nueva que, liberándonos de cualquier forma de egoísmo, nos impide permanecer indiferentes ante cualquier miseria humana y que nos impulsa a hacernos cargo del sufrimiento de los demás. Porque la Iglesia y en ella todo cristiano, nos dice el Papa Francisco, "tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida nueva del Evangelio" (EG 114).

También, la nueva vida que nos da Jesús nos impulsa a seguirlo como discípulos misioneros. "Cristo resucitado y glorioso es la fuente profunda de nuestra esperanza, y no nos faltará su ayuda para cumplir la misión que nos encomienda" (EG 275). Así, con la fuerza y audacia de su Espíritu, nos sentimos enviados a predicar el mensaje del Evangelio en nuestro mundo, para que sembrando la semilla de la Palabra de Dios en todas partes los hombres y mujeres de nuestro tiempo puedan conocer a Cristo y creer Él. De este modo se multiplica la fuerza transformadora de su Resurrección haciendo que en el corazón de muchos, la tristeza se convierta en alegría, el odio en amor, la mentira en verdad, la indiferencia en compromiso, la cultura de muerte en una cultura que defiende la vida y su dignidad.

Cristo Resucitado nos envía a predicar el Evangelio en todas partes para que, como dice el Papa Francisco, "llegue el consuelo y la salvación del Señor a quienes sufren nuevas y viejas formas de esclavitud, a los emigrantes y refugiados, a los encarcelados, a los pobres, a los enfermos y sufrientes, a los niños y ancianos maltratados, a los que sufren violencia, a quienes sufren el luto". En definitiva, como el mismo Papa repite tantas veces, para hacer posible una sociedad en la que nadie "sobre" ni pueda ser excluido.

Para san Pablo, dado que los cristianos por el bautismo hemos sido incorporados a Cristo, nuestra vieja condición ha ido crucificada con Él, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores y, por tanto, debemos andar en una vida nueva (Cf. Rom. 6, 3ss). Por eso nos dice: "Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra. [...] "despojaos del hombre viejo con sus obras, y revestíos del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento perfecto, según la imagen de su Creador" (Col. 3, 1. 9-10).

Todo esto es posible, porque Cristo, aquél que murió en la Cruz y fue sepultado, ¡está vivo! Vive para siempre y está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Por eso podemos gritar "felicidades".

¡Feliz Pascua!

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Tenerife Mon, 28 Mar 2016 09:50:36 +0000
La Resurrección de Cristo, una fuerza imparable http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/31874-la-resurrección-de-cristo-una-fuerza-imparable.html http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/31874-la-resurrección-de-cristo-una-fuerza-imparable.html La Resurrección de Cristo, una fuerza imparable

Mensaje de Pascua del Obispo Nivariense.

La celebración de esta noche, entre el sábado y el domingo, es la más importante de la Iglesia Católica: La Vigilia Pascual.

En cada una de las parroquias de las islas, como en el resto del planeta, los creyentes en Jesucristo se reúnen en la "noche santa de la resurrección del Señor". El Obispo, Bernardo Álvarez, la preside a las 22 horas en la Catedral. Otro tanto hará el domingo de Resurrección a las doce en la Solemne Misa Pontifical del Día de Resurrección, al final de la cual impartirá la bendición papal.

En su mensaje de la pascua de 2016, Álvarez Afonso ha querido destacar que:"La resurrección de Cristo de Cristo es una fuerza imparable". "Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable. – sostiene citando al Papa.

"Los creyentes de hoy no podemos olvidar esta presencia activa y renovadora de Cristo Resucitado. Una presencia que nos llena de confianza y seguridad en que las promesas de Dios se cumplen". Para el prelado nivariense "estamos llamados a trabajar con alma, corazón y vida por el bien y la felicidad de todos. Jesús confía en nosotros y nos encarga ser, en el aquí y ahora de nuestra vida, semillas de esperanza y levadura de su Reino de paz, de verdad, de justicia, de amor".

En su felicitación pascual invita a "ver el mundo como lo ve Dios" para tener "sus mismos sentimientos de compasión y amor" y fomentar una "vida nueva que promueve la alegría, la paz, el perdón". De este modo, esta vida nueva "impulsa a hacernos cargos del sufrimiento de los demás".

Después de recordar que la Pascua "impulsa a seguir a Jesús como discípulo misionero", y envía al mundo para, como afirma el papa Francisco, "llegue el consuelo y la salvación del Señor a quienes sufren nuevas y viejas formas de esclavitud, a los emigrantes y refugiados, a los encarcelados, a los pobres, a los enfermos y sufrientes, a los niños y ancianos maltratados, a los que sufren violencia, a quienes sufren el luto". En definitiva, como el mismo Papa repite tantas veces, para hacer posible una sociedad en la que nadie "sobre" ni pueda ser excluido".

El obispo concluye su mensaje pascual aseverando que "todo esto es posible, porque Cristo, aquél que murió en la Cruz y fue sepultado, ¡está vivo! Vive para siempre y está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Por eso podemos gritar "felicidades".

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Tenerife Sat, 26 Mar 2016 18:41:35 +0000
Sacerdotes, enviados a reconciliar http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/31410-sacerdotes-enviados-a-reconciliar.html http://odisur.es/diocesis/tenerife/documentos/item/31410-sacerdotes-enviados-a-reconciliar.html

Carta del Obispo de Tenerife ante el Día del Seminario '2016.

Queridos diocesanos:

Este año, la fiesta de San José, 19 de marzo, fecha en que celebramos el Día del Seminario y de las vocaciones sacerdotales, coincide con la víspera del Domingo de Ramos y el inicio de la Semana Santa. La colecta para el Seminario será, por tanto, en las misas del 19 y 20 de marzo.

Una casualidad, que lejos de ser un obstáculo, puede ser una ayuda para reavivar en todos nosotros la importancia y necesidad de los sacerdotes en la vida de la Iglesia. Sin duda, en los días de la Semana Santa se percibe con mayor intensidad el papel de los sacerdotes para poder participar con fruto en la celebración de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Tal es así, que en muchos lugares tenemos que pedir el apoyo de sacerdotes de otras diócesis para poder atender debidamente a los fieles de todas las parroquias.

Fue en la víspera de su pasión, en la Última Cena, cuando Jesús instituyó a los sacerdotes como ministros suyos. A partir de entonces, siguiendo el mandato de Cristo, y en su nombre, los sacerdotes presiden la celebración de la Santa Misa y nos absuelven de nuestros pecados en el Sacramento de la Reconciliación. Dos sacramentos fundamentales para la vida cristiana a lo largo de todo el año y que se nos invita a celebrar con renovada fe y compromiso cada Semana Santa.

Precisamente, como estamos celebrando el Año de la Misericordia, para la Campaña del Día del Seminario se ha elegido el lema: "Enviados a reconciliar". Es decir, los sacerdotes son enviados por Cristo para ser instrumentos de la reconciliación de los hombres que Dios. Muchas veces nos apartamos de Dios y vivimos de espaldas a Él, como si no existiera. Pero, Dios "rico en misericordia", por el gran amor que nos tiene, no nos abandona al poder del pecado y de la muerte, sino que tiende la mano a todos y nos ofrece su perdón.

Así lo expresó Jesús en la parábola de la "oveja perdida", en la que Él mismo se presenta como el Buen Pastor sale a buscarla. ¿Cómo lo hace hoy? ¿Cómo percibimos que Dios nos busca? Aquí radica la importancia del ministerio de los sacerdotes. Ellos son, en nombre de Cristo y en cada lugar, la mano que Dios tiende a los pecadores invitándoles a recurrir confiadamente a su clemencia.

San Pablo, apóstol y sacerdote de Cristo, expresa claramente esta conciencia de ser "enviado a reconciliar": "Dios nos reconcilió con él por medio de Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. Porque es Dios el que estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, no teniendo en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos la palabra de la reconciliación. Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: Déjense reconciliar con Dios" (2Cor. 5,19-20)

No se trata sólo de esperar la vuelta del pecador, de aquel que se alejó o no tuvo nunca la experiencia del amor misericordioso de Dios. Los sacerdotes "son enviados", deben salir a buscar, deben promover y facilitar el encuentro con Dios. Es lo que tanto repite el Papa Francisco y que nosotros nos hemos marcado como objetivo de nuestro Plan Diocesano de Pastoral, "ser una Iglesia en salida". Un objetivo que corresponde a todo el pueblo de Dios, pero en el que los sacerdotes –de acuerdo con su identidad y misión propia- desempeñan un papel primordial como guías de la comunidad y ministros de reconciliación.

De esta importancia de los sacerdotes deriva su necesidad. Sin su ministerio no hay verdaderamente comunidad cristiana. Por eso, ante la abundancia de fieles que ya constituyen la Iglesia y tantos otros a los que Dios llama a formar parte de su pueblo, se hace necesario un buen número de sacerdotes que en nombre de Cristo hagan presente el amor de Dios ofreciendo al a todos, hombres y mujeres, su perdón y salvación.

Es significativo que San Mateo presente los inicios de la predicación de Jesús recordando las palabras del profeta Isaías: "El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz" (Is. 9,2). Es decir, el mundo oscurecido por el poder del mal y el pecado, recibe una luz que es Cristo. Y continúa el evangelista diciendo: "Jesús comenzó a proclamar: Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca. Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: Síganme, y yo los haré pescadores de hombres. Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron". (Mt. 16,20).

Esta dinámica se repite hoy. En un mundo que olvida a Dios, Jesús es quien llama a la conversión, Él es quien nos reconcilia con Dios y Él es, también, quien elige personas para ser "pescadores de hombres". Personas que en nombre de Cristo atraigan a los demás al hogar del amor misericordioso de Dios, dónde todos somos acogidos, perdonados y liberados del poder del mal.

Todos percibimos a diario como en el mundo de hoy siguen habiendo tinieblas. El poder del mal y el pecado siguen produciendo gravísimos daños y sufrimiento en la vida de las personas, con el consiguiente decaimiento de la esperanza en un futuro de paz y progreso para todos. En gran medida se cumplen estas palabras de Isaías que leemos en la liturgia del Viernes Santo: "Todos andamos perdidos, como suelen andar las ovejas que no tienen pastor. Cada uno hace lo que le viene en gana" (Is. 53,6).

Es la misma experiencia que tuvo Jesús en su tiempo y ante la que no permaneció indiferente: "Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha" (Mt. 9,36-38).

Si, rogar a Dios que suscite personas que por amor y según su voluntad sean capaces de ayudar a los demás a desarrollar lo mejor de sí mismos y a enriquecerse con los dones de Dios. Pedir a Cristo que siga llamando a muchos a ser "pescadores de hombres". Que llame a los jóvenes cristianos, para que como Pedro, Juan, Santiago y Andrés, por la palabra de Cristo echen la red en esta humanidad dispersa y dividida por el pecado, con el anhelo de congregarles en la gran familia de Dios, en la que todos somos hijos de un mismo Padre y hermanos los unos de los otros.

Si, queridos hermanos y hermanas en Cristo. Nuestra Diócesis necesita más sacerdotes para atender debidamente nuestras parroquias, los hospitales, los centros de mayores, las cárceles, la educación cristiana de las nuevas generaciones... Sacerdotes que salgan por todas partes a sembrar la Palabra de Dios en la gente de nuestra tierra. Una palabra que, como nos dice el mismo Jesús, transforma la vida y produce fruto abundantes en las personas y en la sociedad.

Del ministerio de los sacerdotes todos nos beneficiamos, pues están al servicio del pueblo de Dios. Pero, también, en relación con ellos tenemos deberes. Recemos por los sacerdotres y apoyemos su trabajo. Colaboremos con ellos en lo que nos corresponde. Unos y otros hemos de procurar que a los fieles no les falte el cuidado del pastor y que el trabajo del pastor encuentre la acogida de los fieles.

Pidamos por el Seminario, por los seminaristas actuales y para que el Señor nos regale nuevas vocaciones al sacerdocio. Pidamos para que los jóvenes cristianos respondan a la llamada de Dios y puedan contar con el apoyo de sus familias y de toda la comunidad cristiana. Apoyemos económicamente al Seminario, no sólo siendo generosos en la colecta del 19 y 20 de marzo, sino, también, con donaciones extraordinarias. De antemano, gracias por vuestra generosidad.

Que Dios les bendiga y les colme de bienes.

† Bernardo Álvarez Afonso, obispo Nivariense

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Tenerife Fri, 26 Feb 2016 13:14:05 +0000