Sevilla Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://odisur.es Mon, 24 Sep 2018 05:51:42 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es Nuestros hermanos los presos http://odisur.es/diocesis/sevilla/documentos/item/46111-nuestros-hermanos-los-presos.html http://odisur.es/diocesis/sevilla/documentos/item/46111-nuestros-hermanos-los-presos.html Nuestros hermanos los presos

Carta del arzobispo de Sevilla, Mons. Juan José Asenjo

Queridos hermanos y hermanas:

El próximo lunes, 24 de septiembre, celebraremos la memoria litúrgica de Ntra.
Sra. de la Merced, patrona de las instituciones penitenciarias. Por ello, comienzo mi
carta semanal saludando cordialmente a todos los hermanos y hermanas que en nuestra
Archidiócesis están privados de libertad, a los funcionarios que trabajan en los Centros
Penitenciarios de Sevilla y a los capellanes y voluntarios del equipo de la Delegación
diocesana de Pastoral Penitenciaria. A todos os deseo una celebración gozosa de la
fiesta de la Virgen de la Merced.
Esta advocación surge en el reino de Aragón en el siglo XII y se extiende a lo largo
del siglo XIII, cuyos inicios debieron ser muy duros para las ciudades del mediterráneo
español. Eran frecuentes las incursiones de los turcos y beréberes en nuestro litoral,
sembrando muerte y destrucción y haciendo cautivos a miles de cristianos que eran
deportados al norte de África. En el año 1212 san Pedro Nolasco y san Raimundo de
Peñafort fundan la orden de la Merced para la redención de los cautivos. Con las limosnas
de toda la cristiandad, los frailes mercedarios los redimen, encomendándose a la protección
y amparo de la Virgen de la Merced.
Tanto la Orden mercedaria como la Orden de la Santísima Trinidad, fundada por
san Juan de Mata en 1198, han escrito páginas gloriosas de heroísmo y entrega
desinteresada a los cautivos por amor a Jesucristo. Siguen hoy su estela las capellanías y los
voluntarios de la pastoral penitenciaria, que con su presencia en las cárceles hacen presente
el rostro misericordioso de Cristo y de su Iglesia sirviendo a nuestros hermanos
encarcelados, los más pobres entre los pobres, pues nadie es más pobre que aquel que
está privado de libertad. En la prisión, por otra parte, se concentran todas las formas de
pobreza: violencia y delincuencia, marginación social, drogodependencias,
desestructuración familiar y todo tipo de carencias humanas y afectivas.
Los capellanes y voluntarios de la Delegación Diocesana, integrada por laicos y
consagrados, en comunión y en nombre de nuestra Iglesia particular, tratan de vivir la
bienaventuranza de Jesús: “venid, benditos de mi Padre... porque estuve en la cárcel y
vinisteis a verme” (Mt 25, 34.36) y, con ella, la más antigua y genuina tradición de la
Iglesia primitiva, la preocupación por los encarcelados compartiendo su sufrimiento
(Hbr 13,3). Tratan al mismo tiempo de crear en los centros penitenciarios una autentica
comunidad de creyentes.
En ellos fomentan la creación de catecumenados de adultos y ofrecen a los
internos la oportunidad de tener un encuentro fuerte con Jesucristo, por medio de la
recepción de los sacramentos de la iniciación cristiana. Convencidos de que Jesucristo
es el mejoro tesoro que posee la Iglesia y de que su seguimiento es fuente de gozo, paz,
alegría y esperanza, los capellanes y voluntarios tratan de compartir con los internos su
mayor riqueza, conscientes de que éste es el mejor servicio que pueden prestarles.
El Arzobispo de Sevilla
En sus visitas a la cárcel, no olvidan la promoción humana, la meta de la
reinserción y la relación con el entorno familiar, para lo cual es importante la conexión
con las parroquias de origen y la colaboración con Caritas diocesana. Junto con las
autoridades penitenciarias, capellanes y voluntarios tienen por delante una importante
tarea: siendo heraldos de la compasión y del perdón infinitos de Dios, han de ayudar a
los internos a recuperar la esperanza y a redescubrir el sentido de la existencia, de
manera que, con la gracia de Dios, puedan transformar su propia vida, reconciliarse con
su entorno y, en la medida de lo posible, iniciar una vida honesta y recta en el seno de la
sociedad.
En las vísperas de la fiesta de Ntra. Sra. de la Merced, al mismo tiempo que
agradezco a capellanes y voluntarios su excelente servicio, invito a todos los fieles de la
Diócesis y a las parroquias a colaborar en la pastoral penitenciaria, en primer lugar, con
la oración que sostiene las actividades que se realizan, y también implicándose
personalmente, tanto en las visitas y en el trabajo pastoral dentro de la prisión como
fuera de ella.
Concluyo dirigiéndome a los internos de los Centros Penitenciarios de Sevilla.
Queridos amigos: Dios os quiere. Esta es la primera seguridad con que podéis contar y
el manantial de la verdadera alegría. Fuera de la prisión hay muchas personas que tienen
todo lo que se puede desear y no son felices. Por el contrario, se puede carecer de
libertad y de dinero y vivir con paz y alegría, si en nuestro corazón está el Señor. Este
es el secreto de la auténtica alegría: que os dejéis amar por Dios y que Él ocupe el
primer lugar en vuestra vida.

Contad con mi afecto y mi amistad. También con mi oración por vosotros y por
vuestras familias. Para todos vosotros y para quienes leen habitualmente mi carta
semanal, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Sevilla Fri, 21 Sep 2018 12:06:11 +0000
Murillo, genio del arte y cristiano ejemplar http://odisur.es/diocesis/sevilla/documentos/item/45990-murillo-genio-del-arte-y-cristiano-ejemplar.html http://odisur.es/diocesis/sevilla/documentos/item/45990-murillo-genio-del-arte-y-cristiano-ejemplar.html Murillo, genio del arte y cristiano ejemplar

Carta del arzobispo de Sevilla, Mons. Juan José Asenjo

Queridos hermanos y hermanas:

Estoy seguro de que a nadie extrañará que dedique una de mis cartas semanales a Bartolomé Esteban Murillo, extraordinario pintor sevillano, en el año en que Sevilla celebra el CD aniversario de su nacimiento. Murillo fue esencialmente, aunque no exclusivamente, un pintor religioso, faceta que conocieron en gran medida los arzobispos, el cabildo hispalense, con el que colaboró durante treinta años, y las instituciones religiosas de la ciudad, sobre todo la Hermandad de la Santa Caridad. Fue amigo de muchos miembros de la corporación capitular sevillana, singularmente de Justino de Neve. Fue grande además su cultura religiosa. Pero, sobre todo, a su genio artístico indiscutible, Murillo unió una fe sincera y una piedad no fingida, todo lo cual le confirió una clara afinidad o connaturalidad con la verdad revelada, el sentido sobrenatural de lo divino, el “sensus fidelium”, del que hablan los teólogos, que Dios concede a quienes viven cerca de Él con sencillez de corazón.

Porque nadie da lo que no tiene, yo estoy convencido que sólo la profunda religiosidad de Murillo explica unas obras que rezuman una extraordinaria unción religiosa y que nos muestran la visión de un cielo amable, claro y límpido; que nos descubren también lo etéreo de esos rompimientos de gloria que conectan el cielo con la tierra, que unen a Dios con el hombre. Murillo nos brinda además la belleza de las manos y los rostros de sus inmaculadas, de las santas Justa y Rufina, de los ángeles que sirven de escabel a sus purísimas y la mirada de la santidad de san Fernando en el cuadro pintado con ocasión de su canonización en 1671, todo lo cual es capaz de tocar el corazón de quienes contemplan sus obras sin prejuicios ni corazas, intuyendo en la belleza visible, la belleza invisible de Dios.

No se puede dudar de la profunda religiosidad de Murillo, miembro de las Hermandades del Rosario y de la Vera Cruz, miembro también de la Tercera Orden de san Francisco y de la Santa Caridad. En el hogar cristiano de Murillo surgieron dos vocaciones: su hijo Gaspar Esteban fue sacerdote y canónigo de Sevilla. Su hija Francisca María fue monja dominica en el convento sevillano de Madre de Dios.

Murillo ingresó en la Hermandad de la Santa Caridad en 1665 admitido por su fundador, el Venerable Miguel Mañara, con el que mantuvo una estrecha y sincera amistad. En el año 1650 Mañara apadrina a la hija del pintor Isabel Francisca, y al año siguiente a su hijo Francisco Miguel. Mañara y Murillo sintonizaron por entero en el meollo de la vida cristiana, en la caridad teologal hacia Dios y en la caridad con el prójimo, especialmente los pobres, los enfermos y los necesitados para los que Mañara funda la Hermandad y el Hospital de la Santa Caridad. Ambos habían leído en la primera carta de san Juan que “nadie puede decir que ama a Dios a quien no ve, si no ama al prójimo a quien ve” (1 Jn 4,20). Ambos habían leído en los Dichos de luz y amor de san Juan de la Cruz que “en la tarde de la vida te juzgarán del amor”. De ahí su compromiso cristiano y su compromiso fraterno.

Mañara, y con él Murillo, estaba convencido de la misteriosa identificación de Jesús con los pobres y los enfermos, en los que ve el rostro doliente del Señor. Por ello, encarece a sus hermanos de la Santa Caridad la necesidad de asistir a los enfermos no desde la lejanía, sino desde la cercanía y la inmediatez corporal, lavando, curando y besando sus llagas, pues como él mismo escribe “debajo de aquellos trapos está Cristo pobre, su Dios y Señor”. Esta es también la convicción hoy del papa Francisco: En la vigilia de Pentecostés de 2013 pregunta a los representantes de los movimientos eclesiales: «Y cuando das la limosna, ¿tocas la mano de aquel a quien le das la limosna, o le echas la moneda?». A continuación, el Papa les invitaba a ver y tocar en los pobres y enfermos la carne de Cristo, tomando sobre nosotros el dolor de los pobres.

Desde su convicción de que Jesucristo se identifica misteriosamente con los pobres, Murillo acepta gustoso los exigentes códigos morales que Mañara impuso a sus hermanos como fundador de la Santa Caridad. Entre otras muchas prescripciones, aquellos estaban obligados, a pedir limosna para los pobres en la puerta de San Miguel de la catedral y en las iglesias en que se celebraba jubileo todos los domingos y fiestas, y consta que Murillo cumplió escrupulosamente esta obligación.

En la documentación para justificar su entrada en la Caridad en 1665 se especifica que lo hace porque “será muy del servicio de Dios Nr. Sr. y de los pobres, tanto para su alivio como por su arte para el adorno de nuestra capilla”. Murillo era muy consciente de la fuerza evangelizadora de su pintura. Basta rastrear sus presupuestos existenciales y sus convicciones más íntimas. Es más que probable que Mañara y Murillo concibieran conjuntamente el programa iconográfico de las obras de misericordia, que Murillo llevará a los lienzos. Es seguro que en la mente de ambos el proyecto tenía una finalidad catequética y evangelizadora. Mañara lo manifestó más de una vez. El encargo debió materializarse entre el citado año 1665 y 1670, fecha de su conclusión.

Como es bien sabido, las obras de misericordia son catorce, siete corporales y siete espirituales. El programa iconográfico se centra en las corporales: visitar a los enfermos, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento; dar posada al peregrino; vestir al desnudo; socorrer a los presos y enterrar a los muertos. Las seis primeras fueron pintadas por Murillo. La séptima no es lienzo. Es una talla soberbia, el entierro de Cristo, emplazada en el retablo mayor, debida a la gubia de Pedro Roldán y policromada por Valdés Leal a partir del año 1670.

De los seis lienzos sólo dos se hallan en su destino originario, la capilla de San Jorge, la segunda y la tercera de las obras de misericordia, que llevan como título la Multiplicación de los panes y los peces y Moisés haciendo manar el agua de la roca del Horeb, han sido recientemente restauradas por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. Los otros cuatro lienzos se inscriben en la relación fatal de los cuadros expoliados por el mariscal Soult, de infausta memoria, autor de la mayor catástrofe cultural acaecida en la historia de Sevilla. Me refiero a la primera de las obras de misericordia, la curación del paralitico de la piscina de Bethesda; la cuarta, Abraham y los tres ángeles; la quinta, el regreso del hijo pródigo; y la sexta, la liberación de san Pedro. Los cuatro se encuentran en pinacotecas extranjeras.

Insisto de nuevo en mi convicción de que Murillo confería a sus obras una finalidad didáctica y evangelizadora e, incluso, una finalidad apologética. Él se insertó de lleno en el movimiento que propugnaba en la Sevilla de la primera mitad del siglo XVII la definición dogmática de la Inmaculada Concepción. Sus diecinueve inmaculadas lo atestiguan. Aunque nacido en 1617, tuvo necesariamente que conocer lo que Domínguez Ortiz denomino el estallido inmaculista, provocado en la fiesta de la natividad de la Virgen de 1613 por un sermón predicado por el P. Diego de Molina, prior del convento dominico de Regina Angelorum, que manifestó alguna duda sobre la concepción sin mancha de la Santísima Virgen apoyándose en santo Tomás.

La reacción no se hizo esperar. El pueblo sencillo de Sevilla mostró con vehemencia su oposición. Los cronistas de la época nos dicen que la conmoción popular durante varias semanas provocó incluso problemas de orden público. La abundancia y exuberancia de las inmaculadas de Murillo tiene seguramente mucho que ver con la pasión con que vivió Sevilla la prehistoria del dogma inmaculista. Tales inmaculadas fueron el referente visual y plástico de una fe en la concepción inmaculada de la Virgen que creció incesantemente en Sevilla, ciudad mariana por excelencia, que tanto contribuyó a la declaración dogmática del papa Pío IX de 8 de diciembre de 1854.

Que la Virgen Inmaculada nos ayude a todos en este año a imitar la vida cristiana sincera de Bartolomé Esteban Murillo y su testimonio de fe.

Para todos mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina

Arzobispo de Sevilla

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Sevilla Fri, 14 Sep 2018 11:12:52 +0000
El Instituto Superior de Ciencias Religiosas, también a distancia http://odisur.es/diocesis/sevilla/documentos/item/45978-el-instituto-superior-de-ciencias-religiosas-también-a-distancia.html http://odisur.es/diocesis/sevilla/documentos/item/45978-el-instituto-superior-de-ciencias-religiosas-también-a-distancia.html El Instituto Superior de Ciencias Religiosas, también a distancia

Carta del arzobispo de Sevilla, Mons. Juan José Asenjo

Queridos hermanos y hermanas:

Al comenzar un nuevo curso, como en años anteriores, dedico una de mis cartas semanales al Instituto Superior de Ciencias Religiosas “San Isidoro y San Leandro” que en el próximo mes de noviembre cumplirá siete años de existencia. Durante todos estos años, en cada curso académico siempre se ha presentado alguna novedad, mostrando que es una institución académica dinámica, que busca una constante actualización.

Todas estas novedades han sido perfectamente programadas y dirigidas a que todos los cristianos de nuestra Archidiócesis de Sevilla puedan estudiar teología, de tal modo que no existan impedimentos o barreras para ello. El primer paso era dar un salto de calidad creando un instituto con rango universitario, pues muchos laicos tenían que acudir a otras diócesis para poder realizar estudios oficiales en Ciencias Religiosas. Me consta que muchos lo estaban esperando. Lo puso de manifiesto el gran número de alumnos que se matricularon en el primer curso, 2011-12.

En segundo lugar, era consciente de que había también posibles alumnos que deseando una buena formación cristiana no podían estudiar teología a un nivel universitario. Por esta razón, hemos ido creando, curso tras curso, las seis escuelas diocesanas que actualmente integran nuestro Instituto. Estas escuelas tienen una clara proyección pastoral y ofrecen una variada oferta formativa en los distintos campos de la acción pastoral. La repuesta ha sido óptima, siendo elevado el número de alumnos de dichas Escuelas.

Algunos alumnos nos han manifestado dificultades económicas. La Archidiócesis ha hecho un gran esfuerzo con la creación del Instituto. Era del todo necesario, pues si la formación teológica es una obligación, también es un derecho. Por ello, hemos tratado de garantizar el derecho sobre la obligación. Soy consciente de que en Andalucía la crisis no ha terminado del todo. Sigue habiendo familias con muchas dificultades y con economías muy precarias. Por ello, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, siendo una institución totalmente privada y sin subvención alguna, tiene las mismas tasas de matrícula que la Universidad pública. Esto significa que buena parte del coste de los alumnos lo asume la propia Archidiócesis, haciendo prevalecer el derecho que todos tienen a formarse.

Ofrece además becas de estudios destinados a aquellos grupos de personas con menor capacidad adquisitiva. Desde aquí, agradezco a todas las instituciones que nos ayudan con su colaboración económica para otorgar estas becas, la Real Maestranza de Caballería, el Consejo General de Hermandades y Cofradías de la ciudad de Sevilla, la Obra Social La Caixa, la Orden de San Clemente y San Fernando y la Fundación diocesana de Centros de Orientación Familiar “María Reina de la Familia”, así como la Fundación Cajasol que colabora en la publicación de la Agenda Académica.

Por último, en el presente curso académico 2018-19, se pondrá en marcha la sección a distancia del Instituto Superior de Ciencias Religiosas “San Dámaso”, pues soy consciente de la dificultad de muchas personas que se encuentran en localidades lejanas a la capital, que no pueden desplazarse cada día para acudir a clase. Desde ahora tampoco la distancia será una excusa o un impedimento para no estudiar teología.

El deseo del director del Instituto y de un servidor de ofrecer una formación teológica para todos en la Archidiócesis de Sevilla, con la creación de esta sección a distancia, creo que se ha conseguido. Pienso que hoy ya no hay razones para decir “no puedo estudiar teología”. Desde la Archidiócesis queremos ofrecer todas las facilidades que están en nuestras manos para que todos puedan estudiar, pues estoy plenamente convencido de que cuanto mejor estén formados nuestros laicos, nuestras parroquias, movimientos y asociaciones, en definitiva, la Iglesia de Sevilla, saldrá beneficiada a todos los niveles.

A petición de la dirección del Instituto, os recuerdo que para matricularse como alumno ordinario y acceder a la titulación oficial de bachillerato y licenciatura en Ciencias Religiosas es necesario poseer los estudios exigidos para acceder a la Universidad civil. Los alumnos que no puedan o no quieran acceder a dicha titulación pueden matricularse como oyentes, sin necesidad de rendir exámenes. Además, siempre es posible matricularse de asignaturas sueltas. También es posible matricularse en cualquiera de las Escuelas Diocesanas de Catequesis, Liturgia, Hermandades y Cofradías, Cáritas, Medios de Comunicación y Familia y Vida, en las que no se exigen estudios previos. Me pide también la dirección que recuerde que durante el mes de septiembre estará abierto el plazo de matrícula y que la información necesaria se encuentra en los folletos explicativos del Instituto.

Concluyo agradeciendo el compromiso y el magnífico trabajo del director, don Antonio Bueno, de la secretaria, de los profesores y de las distintas Delegaciones diocesanas. Manifiesto mi gratitud también a los alumnos por la confianza que nos han demostrado.

Encomiendo a la Santísima Virgen y a los santos Isidoro y Leandro los trabajos y frutos que cabe esperar de esta importante obra de nuestra Iglesia diocesana.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina

Arzobispo de Sevilla

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Sevilla Fri, 14 Sep 2018 10:41:31 +0000
El Instituto Superior de Ciencias Religiosas también a distancia http://odisur.es/diocesis/sevilla/documentos/item/45886-el-instituto-superior-de-ciencias-religiosas-también-a-distancia.html http://odisur.es/diocesis/sevilla/documentos/item/45886-el-instituto-superior-de-ciencias-religiosas-también-a-distancia.html El Instituto Superior de Ciencias Religiosas también a distancia

Carta del Arzobispo de Sevilla, Mons. Juan José Asenjo

Queridos hermanos y hermanas:

Al comenzar un nuevo curso, como en años anteriores, dedico una de mis cartas semanales al Instituto Superior de Ciencias Religiosas “San Isidoro y San Leandro” que en el próximo mes de noviembre cumplirá siete años de existencia. Durante todos estos años, en cada curso académico siempre se ha presentado alguna novedad, mostrando que es una institución académica dinámica, que busca una constante actualización.

Todas estas novedades han sido perfectamente programadas y dirigidas a que todos los cristianos de nuestra Archidiócesis de Sevilla puedan estudiar teología, de tal modo que no existan impedimentos o barreras para ello. El primer paso era dar un salto de calidad creando un instituto con rango universitario, pues muchos laicos tenían que acudir a otras diócesis para poder realizar estudios oficiales en Ciencias Religiosas. Me consta que muchos lo estaban esperando. Lo puso de manifiesto el gran número de alumnos que se matricularon en el primer curso, 2011-12.

En segundo lugar, era consciente de que había también posibles alumnos que deseando una buena formación cristiana no podían estudiar teología a un nivel universitario. Por esta razón, hemos ido creando, curso tras curso, las seis escuelas diocesanas que actualmente integran nuestro Instituto. Estas escuelas tienen una clara proyección pastoral y ofrecen una variada oferta formativa en los distintos campos de la acción pastoral. La repuesta ha sido óptima, siendo elevado el número de alumnos de dichas Escuelas.

Algunos alumnos nos han manifestado dificultades económicas. La Archidiócesis ha hecho un gran esfuerzo con la creación del Instituto. Era del todo necesario, pues si la formación teológica es una obligación, también es un derecho. Por ello, hemos tratado de garantizar el derecho sobre la obligación. Soy consciente de que en Andalucía la crisis no ha terminado del todo. Sigue habiendo familias con muchas dificultades y con economías muy precarias. Por ello, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, siendo una institución totalmente privada y sin subvención alguna, tiene las mismas tasas de matrícula que la Universidad pública. Esto significa que buena parte del coste de los alumnos lo asume la propia Archidiócesis, haciendo prevalecer el derecho que todos tienen a formarse.

Ofrece además becas de estudios destinados a aquellos grupos de personas con menor capacidad adquisitiva. Desde aquí, agradezco a todas las instituciones que nos ayudan con su colaboración económica para otorgar estas becas, la Real Maestranza de Caballería, el Consejo General de Hermandades y Cofradías de la ciudad de Sevilla, la Obra Social La Caixa, la Orden de San Clemente y San Fernando y la Fundación diocesana de Centros de Orientación Familiar “María Reina de la Familia”, así como la Fundación Cajasol que colabora en la publicación de la Agenda Académica.

Por último, en el presente curso académico 2018-19, se pondrá en marcha la sección a distancia del Instituto Superior de Ciencias Religiosas “San Dámaso”, pues soy consciente de la dificultad de muchas personas que se encuentran en localidades lejanas a la capital, que no pueden desplazarse cada día para acudir a clase. Desde ahora tampoco la distancia será una excusa o un impedimento para no estudiar teología.

El deseo del director del Instituto y de un servidor de ofrecer una formación teológica para todos en la Archidiócesis de Sevilla, con la creación de esta sección a distancia, creo que se ha conseguido. Pienso que hoy ya no hay razones para decir “no puedo estudiar teología”. Desde la Archidiócesis queremos ofrecer todas las facilidades que están en nuestras manos para que todos puedan estudiar, pues estoy plenamente convencido de que cuanto mejor estén formados nuestros laicos, nuestras parroquias, movimientos y asociaciones, en definitiva, la Iglesia de Sevilla, saldrá beneficiada a todos los niveles.

A petición de la dirección del Instituto, os recuerdo que para matricularse como alumno ordinario y acceder a la titulación oficial de bachillerato y licenciatura en Ciencias Religiosas es necesario poseer los estudios exigidos para acceder a la Universidad civil. Los alumnos que no puedan o no quieran acceder a dicha titulación pueden matricularse como oyentes, sin necesidad de rendir exámenes. Además, siempre es posible matricularse de asignaturas sueltas. También es posible matricularse en cualquiera de las Escuelas Diocesanas de Catequesis, Liturgia, Hermandades y Cofradías, Cáritas, Medios de Comunicación y Familia y Vida, en las que no se exigen estudios previos. Me pide también la dirección que recuerde que durante el mes de septiembre estará abierto el plazo de matrícula y que la información necesaria se encuentra en los folletos explicativos del Instituto.

Concluyo agradeciendo el compromiso y el magnífico trabajo del director, don Antonio Bueno, de la secretaria, de los profesores y de las distintas Delegaciones diocesanas. Manifiesto mi gratitud también a los alumnos por la confianza que nos han demostrado.

Encomiendo a la Santísima Virgen y a los santos Isidoro y Leandro los trabajos y frutos que cabe esperar de esta importante obra de nuestra Iglesia diocesana.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

 

+ Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Sevilla Fri, 07 Sep 2018 12:28:09 +0000
Ante el nuevo curso pastoral http://odisur.es/diocesis/sevilla/documentos/item/45885-ante-el-nuevo-curso-pastoral.html http://odisur.es/diocesis/sevilla/documentos/item/45885-ante-el-nuevo-curso-pastoral.html Ante el nuevo curso pastoral

Carta del arzobispo de Sevilla, Mons. Juan José Asenjo

Queridos hermanos y hermanas:

Acentos y prioridades del nuevo curso pastoral

1. Comienzo la carta pastoral de inicio de curso saludando cordial y fraternalmente a los sacerdotes, diáconos, consagrados, seminaristas y laicos de la Archidiócesis. A todos os deseo que hayáis podido descansar unos días para tomar fuerzas para el nuevo camino que se abre ante nuestros pies y reemprender así con ilusión renovada nuestras tareas apostólicas y evangelizadoras. Comenzamos un nuevo año pastoral que el Señor nos ofrece como don para continuar escribiendo con nosotros una historia de amor y de salvación. Nos ponemos en camino con gozo y esperanza, con nuestra confianza puesta en el Señor, que es quien, por medio de su Espíritu, “obra en nosotros el querer y el obrar según su beneplácito” (Flp 2,13).

2. Como en años anteriores, a principio de curso, deseo señalar a todos los fieles, y muy especialmente a los más implicados en la vida pastoral de nuestra archidiócesis, los acentos y prioridades pastorales que deberemos tener muy presentes, asumiéndolas y aplicándolas en nuestras comunidades con empeño y generosidad. Invito a todos los miembros de nuestra Iglesia, especialmente a los sacerdotes, religiosos y religiosas, y a los fieles laicos que tienen alguna responsabilidad en la vida pastoral, a ponerlas en práctica con entusiasmo. Presento estas líneas operativas para el curso pastoral que comienza, respetando los carismas de cada uno, pero muy consciente de la importancia de la comunión que, si en plano pastoral es siempre fuente de eficacia, tiene un valor por sí misma, pues la Iglesia se realiza y crece imitando la unidad de la que procede, ya que como escribiera san Cipriano de Cartago, la Iglesia es un pueblo reunido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. (LG 4).
Atentos a las orientaciones del Santo Padre y a la situación religiosa actual
3. Abiertos a la comunión de la Iglesia universal, no olvido los acentos que el papa Francisco nos está señalando en los últimos años, a los que aludiré en el desarrollo de esta carta. Ahora subrayo las prioridades que marca nuestro Plan Pastoral Diocesano, Siempre adelante, porque Dios nos espera, porque los hermanos nos esperan, que tiene vigencia hasta el año 2021. El objetivo fundamental para el curso 2018-2019 es Desarrollar la iniciación cristiana y primar una catequesis kerigmática y mistagógica.

4. En las orientaciones pastorales que siguen, apunto algunos datos que justifican por qué deberemos poner el énfasis en este curso en la iniciación cristiana: todos somos conscientes de que hoy, al contrario de lo que sucedía hace unas décadas, la fe no puede darse por supuesta. Por otra parte, en los últimos años se ha debilitado la trasmisión de la fe en la escuela y en la catequesis y se ha cegado en buena medida uno de los canales tradicionales y más importantes en la transmisión de la fe, la familia. Hoy son legión los padres que no inician a sus hijos en la fe, en la oración, en la piedad y en el conocimiento del Señor.
5. A todo ello se suma el incremento de la indiferencia religiosa de muchos conciudadanos nuestros, para quienes Dios ha desaparecido del horizonte de su vida diaria, mientras crece el número de los no bautizados. El secularismo, por otra parte, envuelve a un amplio número de bautizados, que engrosan lo que hemos dado en llamar el cristianismo sociológico, pero que normalmente piensan, deciden y viven como si Dios no existiera. Todo ello, lejos de apagar nuestra esperanza, ha de hacerla más humilde y capaz de confiar sólo en Dios. A pesar de que muchas a veces, como en el pasaje evangélico de la tempestad calmada (Mc 4, 35- 41; Lc 8, 22-25), pueda parecer que el Señor duerme en la popa y deja su barca al antojo de las olas encrespadas, no podemos abandonar la certeza de que el Señor, por el don de su Espíritu, está siempre presente en su Iglesia y actúa en ella y en la historia de la humanidad. Él prolonga en el tiempo de la Iglesia su misión, haciendo que sea una corriente de vida nueva, que fluye dentro de la vida de la humanidad como signo de esperanza para todos.

La certeza de que el Señor acompaña nuestras tareas pastorales, pero espera nuestra colaboración
6. La cercanía de Jesús resucitado, que vela por su Iglesia a través de su Espíritu no nos exonera, sin embargo, de colaborar con el Señor en el anuncio de su persona, de su palabra, de su doctrina y de sus promesas como fuente de vida y de esperanza. Hoy más que nunca es necesario un nuevo anuncio, una Nueva Evangelización, con nuevo ardor, con nuevos métodos y nuevas expresiones, como nos pidiera el papa san Juan Pablo II en Haití en marzo de 1983. Como decimos en el texto de las orientaciones pastorales, hoy es más necesaria que nunca la iniciación cristiana y la catequesis, para suscitar de nuevo la fe, la esperanza y la caridad. Nuestra Iglesia está llamada a engendrar, cuidar, alimentar y ayudar a crecer a los nuevos cristianos. Es la misión maternal de la Iglesia. Ella debe anunciar a Jesucristo con convicción y con coraje, una palabra muy repetida en la Iglesia de los orígenes. Sin coraje, muy poco habrían podido hacer los primeros evangelizadores. Su coraje nace de la fe en el mensaje de Jesús y de la certeza de su presencia y asistencia. El coraje nace del amor a Dios y al hombre. No es prepotencia, sino la audacia y valentía de los humildes que saben que actúan en el nombre del Señor y con su fuerza.
7. Muy cerca del coraje está el “entusiasmo”, que es la actitud de quien ha encontrado algo grande y quiere compartirlo. Es la situación de quien se ha encontrado con Dios y no puede acallar su suerte, porque en realidad, ha encontrado un tesoro. Y no es para menos. Nos chirría el oído el entusiasmo escandaloso de los locutores deportivos cuando cantan un gol o el triunfo de uno de nuestros atletas. Es el entusiasmo que deberíamos derrochar nosotros para anunciar la encarnación del Señor, o su nacimiento en Belén, o su pasión, muerte y resurrección. Los tesoros que hemos recibido reclaman de nosotros coraje y entusiasmo. Por eso falseamos el mensaje, cuando sale de nuestra boca sin entusiasmo y alegría, porque anunciamos a Cristo, nada más y nada menos.
La guía del Directorio de
la Iniciación cristiana

8. En la iniciación cristiana, hoy tan necesaria, hemos de seguir fielmente cuanto prescribe el Directorio Diocesano, aprobado y promulgado como norma a acoger y cumplir el 1 de septiembre de 2016. Se trata de una verdadera pastoral misionera, pues hemos de aprovechar la preparación para la recepción de los sacramentos del bautismo, primera comunión y confirmación para llegar también a las familias de los candidatos. En otro orden de cosas, tanto un servidor, como el señor Obispo auxiliar, estamos contentos y agradecidos por la recepción inicial de las normas del Directorio en estos dos años y también por la acogida de los Catecismos aprobados por nuestra Conferencia Episcopal, lo que garantiza la fidelidad doctrinal en la transmisión de la fe y la integridad de los contenidos. Parroquias, colegios y otras instituciones han aceptado con un gran sentido de comunión las prescripciones del Directorio sobre edades, contenidos, procesos y lugares de recepción de los tres sacramentos, buscando la unidad básica de criterios pastorales en nuestra Archidiócesis.

9. Estamos también muy contentos del alto número de adultos que han recibido el sacramento de la confirmación, después de un proceso serio de preparación la mayor parte de las veces. Sin duda, para muchos está siendo una ocasión para volver a repensar su fe y acercarse a la Iglesia. Ojalá que en las parroquias y en los demás ámbitos eclesiales seamos capaces de brindarles la posibilidad de integrarse en un grupo de vida cristiana, en el cual puedan seguir formándose como discípulos del Señor y fortalecer su compromiso apostólico. Estamos seguros de que Dios nuestro Señor sacará muchos bienes de esta iniciativa de una tonalidad verdaderamente misionera.

Nuestra gratitud a
los catequistas

10. No quiero dejar de subrayar la trascendencia de la tarea eclesial de los catequistas, que exige obediencia y comunión con la Iglesia a la hora de llevarla a la práctica en el precioso quehacer de la iniciación cristiana. Que Dios recompense con muchos dones sobrenaturales a tantos catequistas fieles que, de forma gratuita y generosa, comparten su fe con nuestros niños y adolescentes, jóvenes y adultos. Cuentan, desde luego, con la gratitud, la oración y el afecto de sus obispos.

La educación afectivo sexual de los adolescentes y las
formas abreviadas de catequesis kerigmática

11. Sin separarnos un ápice de la iniciación cristiana, tengo muy en cuenta las iniciativas legislativas que desde los poderes públicos propician hoy en la escuela una educación sexual de nuestros niños y jóvenes, que hace tabla rasa de la ley natural, al tiempo que conculca los derechos de los padres, los primeros educadores de sus hijos. Por ello, con la tutela de la Delegación diocesana de Familia y Vida, ofrecemos a las parroquias y colegios cursos fiables de educación afectivo-sexual para los adolescentes y jóvenes fundamentados en una sana antropología cristiana. En las orientaciones pastorales que siguen a esta carta se señalan dos modelos recomendables que están dando muy buenos frutos.

12. Muy buenos frutos están dando también formas abreviadas e intensas de catequesis kerigmática, como los Cursillos de Cristiandad, camino de vida cristiana, que los obispos tratamos de apoyar y acompañar. Como no podía ser de otra forma, apoyamos también los Ejercicios Espirituales, auténtico camino de conversión y de encuentro con el Señor, que tantos frutos de santidad han producido a lo largo de los siglos. Otro tanto cabe decir de las Misiones populares y del aprovechamiento catequético y pastoral de los Medios de comunicación en todas sus gamas, incluyendo los más modernos que, si encierran muchos peligros latentes, también pueden producir muchos frutos si son bien aprovechados.

La conversión personal y pastoral:
Discípulos misioneros

13. En las Orientaciones Pastorales para el quinquenio, se habla también, como eje transversal que ha de ser tenido en cuenta en estos cinco años, de la necesidad de avanzar en la conversión misionera y en la reforma de las estructuras eclesiales. A lo largo de estos años el papa Francisco nos ha exhortado en incontables ocasiones a ser discípulos misioneros, entendiendo que discipulado y misión son dos caras complementarias de la misma moneda. Sólo viviendo en las cercanías del Señor, gozando de su amistad y experimentando su intimidad, nos sentiremos impulsados a anunciarlo, mostrarlo y darlo a todos.

14. Insisto en que no puede haber evangelización sin conversión, ni misión sin discipulado. La conversión personal es la finalidad última de la predicación del papa Francisco. Es verdad que él busca decididamente la conversión pastoral y la renovación de las estructuras curiales, pero él está convencido de que esta renovación será imposible sin la conversión de nosotros los pastores, los consagrados y los fieles laicos. Efectivamente, una Iglesia que quiera ser luz y sal, tiene que ser una Iglesia convertida, una Iglesia de santos. Sólo así será posible la Nueva Evangelización, que no avanzará sin la renovación de la vida interior de pastores y fieles mediante el encuentro con el misterio de Cristo, viviendo con Él, viviendo como Él, para vivir en Él.

15. En este sentido nos pide el Papa recuperar la dimensión vertical, mística y espiritual de la vida cristiana y esto también en la vida de los sacerdotes, que deben ser orantes y maestros de oración, con una fuerte experiencia de Dios, que viven la comunión con el Señor y experimentan cada día su amor, su gracia y su amistad. Es necesario recuperar la oración como camino para centrar y sustentar la vida en Cristo, en la intimidad y en la unión con Él, para soslayar el peligro de caer en un cierto pelagianismo, es decir, poner la confianza en las estructuras y programas más que en la gracia de Cristo, que tiene que fecundar todos nuestros proyectos y acciones. Sólo así seremos discípulos misioneros, como nos pide el papa Francisco. Solo así superaremos, un cristianismo tibio, sociológico y conformista, anclado en una espiritualidad de mínimos y con escasa proyección misionera.

No olvidar el servicio a la piedad popular y a los pobres y descartados

16. Aunque figurarán como objetivos pastorales respectivamente en los cursos 2019-2020 y 2020-2021, no podemos orillar en este curso los objetivos previstos para dichos períodos: potenciar el servicio evangelizador de la piedad popular y cuidar la dimensión social de la evangelización y la opción por los pobres. El primero pertenece a la entraña más profunda de la religiosidad sevillana. No estaríamos respondiendo a lo que el Señor espera de nosotros como Iglesia diocesana si viviéramos enfrentados o de espaldas a la piedad popular que, si tiene cosas que purificar y mejorar, tiene incomparablemente más valores como escuela que es de vida cristiana, palestra de formación y camino de servicio a los pobres. Sigamos, pues, ayudando a nuestras hermandades a vivir su identidad más genuina y a potenciar cada día su compromiso evangelizador, ruego que transmito principalmente a los directores espirituales y a los hermanos mayores y juntas de gobierno.

17 El papa Francisco no deja de reclamar a todos los católicos un compromiso cada día más consciente y eficaz en el servicio a los pobres. Él ha acuñado un término bien descriptivo de la situación de tantos hermanos nuestros que yacen en las cunetas de la vida social. Son los descartados, los refugiados que vienen a nosotros huyendo del hambre y de las guerras, los inmigrantes, los parados, los sin techo, las víctimas del desamor y de la indiferencia de la sociedad opulenta e insolidaria. Entre nosotros, se ha anunciado con cierto triunfalismo el final de la crisis económica, que en el último decenio ha golpeado con dureza a la sociedad española. Parece cierto que de esa situación más bonancible se está lucrando lo que los técnicos llaman la macroeconomía, es decir, las cuentas de resultados de las instituciones financieras y las grandes empresas. Pero este bienestar no ha descendido a la llamada microeconomía, a la economía de nuestras familias, en las que sigue existiendo mucho dolor, mucho sufrimiento y muchas privaciones.

18. Estudios recientes nos dicen que en Andalucía el paro afecta a un 24 % de los adultos y a un 47,9 % de los menores de 25 años, mientras que el 33,2 % de la población tiene problemas en relación con la vivienda, y en el flanco de la salud, el 24, 8% tiene algún tipo de dificultad, todo lo cual genera exclusión social. Por otra parte, son bien conocidos los datos pavorosos sobre la pobreza en los barrios de Sevilla. No bajemos, pues la guardia. Los pobres y los que sufren siguen estando ahí, en nuestras calles, junto a nuestras casas y a las puertas de nuestras Iglesias. No nos tapemos los ojos ni demos un rodeo para no verlos. La acogida y el servicio a los pobres es la prueba más palpable de la autenticidad de nuestra vida cristiana, pues, como nos dice san Juan, no podemos decir que amamos a Dios a quien no vemos, si no amamos al prójimo a quien vemos (1 Jn 4,20).
Atención al Sínodo
de los jóvenes

19. En el próximo mes octubre, tendrá lugar en Roma el Sínodo de los jóvenes. Este acontecimiento, desde que fuera anunciado por el Papa Francisco en enero de 2017, por sus formas, contenido y desarrollo previsto, está llamado a convertirse en un hito en la historia de la Iglesia. En el marco de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, y bajo el título la fe, los jóvenes y el discernimiento vocacional, este nuevo Sínodo pretende ser un espacio de estudio, trabajo y reflexión acerca de la juventud, sus necesidades actuales y futuras, su papel y presencia en la Iglesia y, sobre todo, la evangelización de los jóvenes. En palabras del Papa, este ha de ser “el Sínodo de y para todos los jóvenes”, creyentes y no creyentes, involucrados o alejados, agnósticos y ateos… La Iglesia quiere estar con todos los jóvenes del mundo y quiere escucharlos, porque cada uno de ellos tiene mucho que decir. Ellos van a ser el centro del Sínodo porque ocupan el centro y el corazón de la iglesia.

20. Los últimos Sínodos han estado dedicados respectivamente a la Nueva Evangelización y a la familia. En el primero se nos dijo que la misión de la iglesia es el anuncio de la alegría del Evangelio. La Exhortación Apostólica Evangelii gaudium nos está ayudando a sacerdotes, consagrados y laicos a percibir cómo debemos vivir la misión en el mundo de hoy. Los dos Sínodos sobre la familia y la exhortación apostólica postsinodal Amoris laetitia nos han clarificado cómo debe ser el acompañamiento de las familias para que vivan la auténtica alegría del amor. Faltaba una palabra dirigida a los jóvenes. Por ello, el Sínodo del próximo mes de octubre va a preguntarse cómo acercarnos a los jóvenes para anunciarles la alegría del Evangelio.

21. Hasta la publicación reciente del instrumentum laboris es mucho el trabajo que se ha desarrollado, teniendo a los jóvenes como centro y protagonistas de toda esta labor. A través de muchos y muy diferentes medios (encuestas, grupos de trabajo, encuentros diocesanos y nacionales…), con una atención especial a las redes sociales, se ha posibilitado que los chicos y chicas de todo el mundo puedan expresarse con libertad sobre ellos mismos, la sociedad que les rodea y su percepción sobre la Iglesia. Han podido así manifestar sus opiniones, inquietudes, perspectivas, ideas, quejas, expectativas y sueños. El punto más importante llegó en marzo de este mismo año con la celebración del pre-sínodo en Roma, donde 300 representantes de todas las realidades de juventud de los cinco continentes (incluso de otras confesiones o religiones, ateos y agnósticos) elaboraron un documento final a modo de marco-síntesis que recoge todos los datos y conclusiones a las que los propios jóvenes han llegado en este proceso.

22. ¿Qué es lo que han pedido nuestros jóvenes a la Iglesia? ¿Qué es lo que han dicho de la Iglesia y a la Iglesia? ¿Qué es para ellos la fe y cómo la viven? Sus respuestas han sido exigentes y decididas. Han pedido a la Iglesia, ante todo, autenticidad. Quieren que la Iglesia sea humilde y que sepa perdonar, mirando de frente a cada realidad para acompañar al joven que se reconoce desorientado en un mundo de contantes cambios. Desean ser escuchados, que la Iglesia comparta su alegría, que la mujer ocupe el lugar que se merece y que el lenguaje con el que le hablemos les sea cercano y reconocible, que se les acompañe en todos los aspectos y momentos de la vida, que la pastoral vocacional no esté volcada exclusivamente en el sacerdocio o la vida consagrada, que se utilicen en la evangelización los medios actuales y se abra camino a la creatividad que ellos pueden aportar.

23. El recién publicado Instrumentum laboris recoge muchas de estas cuestiones, que serán objeto de estudio por los Padres sinodales. El resultado final lo conoceremos cuando se publiquen las proposiciones aprobadas por el Sínodo y, sobre todo, la exhortación apostólica postsinodal, que nos servirá de guía en los próximos años en la pastoral juvenil y universitaria. Estoy seguro de que nos pedirá que sigamos ayudando a los jóvenes a descubrir a Jesucristo, camino, verdad y vida y fuente de sentido y esperanza para sus vidas, a encontrarlo en los sacramentos de la penitencia y de la eucaristía, a descubrirlo en los hermanos y en la Iglesia, a robustecer su adhesión al Señor y a dar testimonio de Él en el mundo como miembros activos y responsables de la Iglesia, como pedía el papa Francisco a los jóvenes en Río.

Un compromiso renovado de sacerdotes,
consagrados y laicos en
la pastoral de jóvenes

24. Bien sé que en Sevilla en los últimos años hemos recorrido un camino positivo en el trabajo pastoral con la juventud, una pastoral juvenil seria y enraizada en el Evangelio, que tiene a Jesucristo como centro. Pero no nos podemos engañar ni caer en el triunfalismo, porque si tenemos jóvenes en la Delegación de Pastoral Juvenil, en el SARUS, en los grupos juveniles parroquiales y en las Hermandades, hay otra juventud incomparablemente más numerosa, hechizada por ofertas engañosas, por mitos efímeros y falsos maestros, que es víctima de múltiples seducciones, la seducción de la noche, del gregarismo que despersonaliza, la seducción de lo material, del dinero, que endurece y esclaviza el corazón, del placer, el goce rápido, el alcohol, las drogas y el sexo, que en tantos casos, sólo conducen al hastío, la infelicidad y la tristeza. Se trata de una juventud desencantada, desesperanzada, con un gran vacío interior, con una visión del hombre exclusivamente materialista, víctima de la falta de trabajo, del desamor, de la desestructuración familiar, sin el calor de un hogar, y en ocasiones, atrapada en las redes de la droga y del nihilismo existencial.

25. En los comienzos del nuevo curso pastoral y en las vísperas del Sínodo de los jóvenes, animo a los sacerdotes y a los jóvenes de nuestros grupos y movimientos a no contentarse con cultivar a los de casa. Les animo a salir al encuentro de estos jóvenes de las periferias para descubrirles que Jesucristo es el camino que verdaderamente libera. Sé muy bien que el trabajo con los jóvenes, acompañándoles y alentándoles, es duro y difícil, pero nunca es una siembra estéril, pues antes o después termina dando fruto. Por ello, animo a los hermanos sacerdotes a crear en todas las parroquias, con la ayuda de laicos verdaderamente comprometidos, grupos juveniles parroquiales, que propicien la formación doctrinal de los jóvenes, les inicien en la oración y en la recepción de los sacramentos, en la devoción a la Santísima Virgen, en la experiencia de la generosidad y el descubrimiento del prójimo, y todo ello para favorecer el encuentro personal con Jesucristo y su inserción en la Iglesia como militantes cristianos y apóstoles.

26. Como más de una vez os he repetido, una parroquia sin jóvenes es una parroquia triste, sin esperanza y sin futuro, del mismo modo que la Escuela Católica o cualquier otra institución docente de la Iglesia, si no tiene una clara proyección evangelizadora, olvida una parte esencial de su identidad más genuina, pues la Iglesia y cada una de sus instituciones tienen como misión casi exclusiva hacer presente a Jesucristo, anunciarlo, mostrarlo y darlo a todos. Todo lo demás, aunque sea importante, no deja de ser secundario. Parroquias y Escuela Católica deben sentirse urgidas a presentar a los jóvenes la propuesta explícita de una existencia vivida con Cristo, desde la Palabra y los sacramentos, de la cual brotan siempre energías renovadas para trabajar en la propia conversión y, de forma incansable, en la tarea de construir un mundo mejor.

No olvidemos la misión ad gentes: el octubre misionero de 2019

27. El mes dedicado a las misiones, octubre, cobrará en 2019 un significado especial. Se cumplirán cien años de la encíclica Maximum illud del papa Benedicto XV, considerada la carta magna de las misiones en nuestro tiempo. El Santo Padre anunció esta celebración en la audiencia que concedió en junio de 2017 a los participantes en la asamblea anual de las Obras Misioneras Pontificias. El Papa desea que esta efeméride ayude a renovar el ardor y la pasión misionera. A lo largo de dicho mes habrá actos importantes en Roma presididos por el Papa. Pero el Santo Padre desea que el protagonismo lo tengan las iglesias particulares que elaborarán sus propios calendarios, procurando que las parroquias y comunidades se impliquen en esta celebración. Para ello, en su momento enviaremos materiales para inspirar, provocar y estimular a la reflexión. Dios quiera que la celebración del octubre misionero de 2019 sea en nuestra archidiócesis un verdadero acontecimiento de gracia que nos ayude a todos a conocer mejor la teología de la misión “ad gentes”, a dinamizar nuestro ardor misionero y a comprometernos eficazmente en el anuncio de Jesucristo en la misión.

Planificar la pastoral y rehacer las agendas,
también en la vida espiritual

28. Comenzamos un nuevo curso pastoral. Es hora de planificar muy bien nuestras actividades pastorales, procurando no dejar nada a la improvisación. Es necesario también rehacer nuestro plan de vida personal y comunitario, y poner en la agenda los medios y tiempos que necesitamos para mantener ardiente el amor al Señor. Tiempos de oración personal, adoración eucarística, sacramento de la reconciliación, lectura espiritual y examen de conciencia, rezo del santo Rosario, retiros y Ejercicios espirituales, previstos en nuestra agenda, según el estado de vida y la vocación de cada uno, no serán tiempo perdido o restado al trabajo pastoral, sino muy al contrario, serán garantía de fecundidad y manantial de coraje y alegría para afrontar sin desánimo la dureza del camino.

Con la compañía de la Virgen

29. En los inicios de un nuevo curso, el Señor nos invita a echar las redes y a remar mar adentro confiando en su Palabra. Cristo resucitado nos ha prometido estar con nosotros hasta el fin del mundo (Mt 28,20). En su compañía iniciamos esta nueva andadura con la esperanza y el ánimo que nos da su palabra: “¡mar adentro!” (Lc 5,4). En las manos de la Virgen de los Reyes, ponemos todos nuestros anhelos y esperanzas. Que ella nos acompañe con su mirada maternal a lo largo de este curso.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

Sevilla, 15 de agosto de 2018, solemnidad de la Asunción y de la Virgen de los Reyes, patrona de la Archidiócesis

+ Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Sevilla Fri, 07 Sep 2018 12:26:41 +0000
Ante el nuevo curso pastoral http://odisur.es/diocesis/sevilla/documentos/item/45851-ante-el-nuevo-curso-pastoral.html http://odisur.es/diocesis/sevilla/documentos/item/45851-ante-el-nuevo-curso-pastoral.html Ante el nuevo curso pastoral

Carta pastoral de inicio de curso del Arzobispo de Sevilla, Mons. Juan José Asenjo

Queridos hermanos y hermanas:

Acentos y prioridades del nuevo curso pastoral

1.Comienzo la carta pastoral de inicio de curso saludando cordial y fraternalmente al señor Obispo auxiliar, a los sacerdotes, diáconos, consagrados, seminaristas y laicos de la Archidiócesis. A todos os deseo que hayáis podido descansar unos días para tomar fuerzas para el nuevo camino que se abre ante nuestros pies y reemprender así con ilusión renovada nuestras tareas apostólicas y evangelizadoras. Comenzamos un nuevo año pastoral que el Señor nos ofrece como don para continuar escribiendo con nosotros una historia de amor y de salvación. Nos ponemos en camino con gozo y esperanza, con nuestra confianza puesta en el Señor, que es quien, por medio de su Espíritu, “obra en nosotros el querer y el obrar según su beneplácito” (Flp 2,13).

2. Como en años anteriores, a principio de curso, deseo señalar a todos los fieles, y muy especialmente a los más implicados en la vida pastoral de nuestra archidiócesis, los acentos y prioridades pastorales que deberemos tener muy presentes, asumiéndolas y aplicándolas en nuestras comunidades con empeño y generosidad. Invito a todos los miembros de nuestra Iglesia, especialmente a los sacerdotes, religiosos y religiosas, y a los fieles laicos que tienen alguna responsabilidad en la vida pastoral, a ponerlas en práctica con entusiasmo. Presento estas líneas operativas para el curso pastoral que comienza, respetando los carismas de cada uno, pero muy consciente de la importancia de la comunión que, si en plano pastoral es siempre fuente de eficacia, tiene un valor por sí misma, pues la Iglesia se realiza y crece imitando la unidad de la que procede, ya que como escribiera san Cipriano de Cartago, la Iglesia es un pueblo reunido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. (LG 4).

Atentos a las orientaciones del Santo Padre y a la situación religiosa actual

3. Abiertos a la comunión de la Iglesia universal, no olvido los acentos que el papa Francisco nos está señalando en los últimos años, a los que aludiré en el desarrollo de esta carta. Ahora subrayo las prioridades que marca nuestro Plan Pastoral Diocesano, Siempre adelante, porque Dios nos espera, porque los hermanos nos esperan, que tiene vigencia hasta el año 2021. El objetivo fundamental para el curso 2018-2019 es Desarrollar la Iniciación Cristiana y primar una catequesis kerigmática y mistagógica.

4. En las orientaciones pastorales que siguen, apunto algunos datos que justifican por qué deberemos poner el énfasis en este curso en la iniciación cristiana: todos somos conscientes de que hoy, al contrario de lo que sucedía hace unas décadas, la fe no puede darse por supuesta. Por otra parte, en los últimos años se ha debilitado la trasmisión de la fe en la escuela y en la catequesis y se ha cegado en buena medida uno de los canales tradicionales y más importantes en la transmisión de la fe, la familia. Hoy son legión los padres que no inician a sus hijos en la fe, en la oración, en la piedad y en el conocimiento del Señor.

5. A todo ello se suma el incremento de la indiferencia religiosa de muchos conciudadanos nuestros, para quienes Dios ha desaparecido del horizonte de su vida diaria, mientras crece el número de los no bautizados. El secularismo, por otra parte, envuelve a un amplio número de bautizados, que engrosan lo que hemos dado en llamar el cristianismo sociológico, pero que normalmente piensan, deciden y viven como si Dios no existiera. Todo ello, lejos de apagar nuestra esperanza, ha de hacerla más humilde y capaz de confiar sólo en Dios. A pesar de que muchas a veces, como en el pasaje evangélico de la tempestad calmada (Mc 4, 35- 41;Lc 8, 22-25), pueda parecer que el Señor duerme en la popa y deja su barca al antojo de las olas encrespadas, no podemos abandonar la certeza de que el Señor, por el don de su Espíritu, está siempre presente en su Iglesia y actúa en ella y en la historia de la humanidad. Él prolonga en el tiempo de la Iglesia su misión, haciendo que sea una corriente de vida nueva, que fluye dentro de la vida de la humanidad como signo de esperanza para todos.

La certeza de que el Señor acompaña nuestras tareas pastorales, pero espera nuestra colaboración

6. La cercanía de Jesús resucitado, que vela por su Iglesia a través de su Espíritu no nos exonera, sin embargo, de colaborar con el Señor en el anuncio de su persona, de su palabra, de su doctrina y de sus promesas como fuente de vida y de esperanza. Hoy más que nunca es necesario un nuevo anuncio, una Nueva Evangelización, con nuevo ardor, con nuevos métodos y nuevas expresiones, como nos pidiera el papa san Juan Pablo II en Haití en marzo de 1983. Como decimos en el texto de las orientaciones pastorales, hoy es más necesaria que nunca la iniciación cristiana y la catequesis, para suscitar de nuevo la fe, la esperanza y la caridad. Nuestra Iglesia está llamada a engendrar, cuidar, alimentar y ayudar a crecer a los nuevos cristianos. Es la misión maternal de la Iglesia. Ella debe anunciar a Jesucristo con convicción y con coraje, una palabra muy repetida en la Iglesia de los orígenes. Sin coraje, muy poco habrían podido hacer los primeros evangelizadores. Su coraje nace de la fe en el mensaje de Jesús y de la certeza de su presencia y asistencia. El coraje nace del amor a Dios y al hombre. No es prepotencia, sino la audacia y valentía de los humildes que saben que actúan en el nombre del Señor y con su fuerza.

7. Muy cerca del coraje está el “entusiasmo”, que es la actitud de quien ha encontrado algo grande y quiere compartirlo. Es la situación de quien se ha encontrado con Dios y no puede acallar su suerte, porque en realidad, ha encontrado un tesoro. Y no es para menos. Nos chirría el oído el entusiasmo escandaloso de los locutores deportivos cuando cantan un gol o el triunfo de uno de nuestros atletas. Es el entusiasmo que deberíamos derrochar nosotros para anunciar la encarnación del Señor, o su nacimiento en Belén, o su pasión, muerte y resurrección. Los tesoros que hemos recibido reclaman de nosotros coraje y entusiasmo. Por eso falseamos el mensaje, cuando sale de nuestra boca sin entusiasmo y alegría, porque anunciamos a Cristo, nada más y nada menos.

La guía del Directorio de la Iniciación cristiana

8. En la iniciación cristiana, hoy tan necesaria, hemos de seguir fielmente cuanto prescribe el Directorio Diocesano, aprobado y promulgado como norma a acoger y cumplir el 1 de septiembre de 2016. Se trata de una verdadera pastoral misionera, pues hemos de aprovechar la preparación para la recepción de los sacramentos del bautismo, primera comunión y confirmación para llegar también a las familias de los candidatos. En otro orden de cosas, tanto un servidor, como el señor Obispo auxiliar, estamos contentos y agradecidos por la recepción inicial de las normas del Directorio en estos dos años y también por la acogida de los Catecismos aprobados por nuestra Conferencia Episcopal, lo que garantiza la fidelidad doctrinal en la transmisión de la fe y la integridad de los contenidos.

Parroquias, colegios y otras instituciones han aceptado con un gran sentido de comunión las prescripciones del Directorio sobre edades, contenidos, procesos y lugares de recepción de los tres sacramentos, buscando la unidad básica de criterios pastorales en nuestra Archidiócesis.

9. Estamos también muy contentos del alto número de adultos que han recibido el sacramento de la confirmación, después de un proceso serio de preparación la mayor parte de las veces. Sin duda, para muchos está siendo una ocasión para volver a repensar su fe y acercarse a la Iglesia. Ojalá que en las parroquias y en los demás ámbitos eclesiales seamos capaces de brindarles la posibilidad de integrarse en un grupo de vida cristiana, en el cual puedan seguir formándose como discípulos del Señor y fortalecer su compromiso apostólico. Estamos seguros de que Dios nuestro Señor sacará muchos bienes de esta iniciativa de una tonalidad verdaderamente misionera.

Nuestra gratitud a los catequistas

10.No quiero dejar de subrayar la trascendencia de la tarea eclesial de los catequistas, que exige obediencia y comunión con la Iglesia a la hora de llevarla a la práctica en el precioso quehacer de la iniciación cristiana. Que Dios recompense con muchos dones sobrenaturales a tantos catequistas fieles que, de forma gratuita y generosa, comparten su fe con nuestros niños y adolescentes, jóvenes y adultos. Cuentan, desde luego, con la gratitud, la oración y el afecto de sus obispos.

La educación afectivo sexual de los adolescentes y las formas abreviadas de catequesis kerigmática

11. Sin separarnos un ápice de la iniciación cristiana, tengo muy en cuenta las iniciativas legislativas que desde los poderes públicos propician hoy en la escuela una educación sexual de nuestros niños y jóvenes, que hace tabla rasa de la ley natural, al tiempo que conculca los derechos de los padres, los primeros educadores de sus hijos. Por ello, con la tutela de la Delegación diocesana de Familia y Vida, ofrecemos a las parroquias y colegios cursos fiables de educación afectivo-sexual para los adolescentes y jóvenes fundamentados en una sana antropología cristiana. En las orientaciones pastorales que siguen a esta carta se señalan dos modelos recomendables que están dando muy buenos frutos.

12. Muy buenos frutos están dando también formas abreviadas e intensas de catequesis kerigmática, como los Cursillos de Cristiandad, camino de vida cristiana, que los obispos tratamos de apoyar y acompañar. Como no podía ser de otra forma, apoyamos también los Ejercicios Espirituales, auténtico camino de conversión y de encuentro con el Señor, que tantos frutos de santidad han producido a lo largo de los siglos. Otro tanto cabe decir de las Misiones populares y del aprovechamiento catequético y pastoral de los Medios de comunicación en todas sus gamas, incluyendo los más modernos que, si encierran muchos peligros latentes, también pueden producir muchos frutos si son bien aprovechados.

La conversión personal y pastoral: Discípulos misioneros

13. En las Orientaciones Pastorales para el quinquenio, se habla también, como eje transversal que ha de ser tenido en cuenta en estos cinco años, de la necesidad de avanzar en la conversión misionera y en la reforma de las estructuras eclesiales. A lo largo de estos años el papa Francisco nos ha exhortado en incontables ocasiones a ser discípulos misioneros, entendiendo que discipulado y misión son dos caras complementarias de la misma moneda. Sólo viviendo en las cercanías del Señor, gozando de su amistad y experimentando su intimidad, nos sentiremos impulsados a anunciarlo, mostrarlo y darlo a todos.

14. Insisto en que no puede haber evangelización sin conversión, ni misión sin discipulado. La conversión personal es la finalidad última de la predicación del papa Francisco. Es verdad que él busca decididamente la conversión pastoral y la renovación de las estructuras curiales, pero él está convencido de que esta renovación será imposible sin la conversión de nosotros los pastores, los consagrados y los fieles laicos. Efectivamente, una Iglesia que quiera ser luz y sal, tiene que ser una Iglesia convertida, una Iglesia de santos. Sólo así será posible la Nueva Evangelización, que no avanzará sin la renovación de la vida interior de pastores y fieles mediante el encuentro con el misterio de Cristo, viviendo con Él, viviendo como Él, para vivir en Él.

15. En este sentido nos pide el Papa recuperar la dimensión vertical, mística y espiritual de la vida cristiana y esto también en la vida de los sacerdotes, que deben ser orantes y maestros de oración, con una fuerte experiencia de Dios, que viven la comunión con el Señor y experimentan cada día su amor, su gracia y su amistad. Es necesario recuperar la oración como camino para centrar y sustentar la vida en Cristo, en la intimidad y en la unión con Él, para soslayar el peligro de caer en un cierto pelagianismo, es decir, poner la confianza en las estructuras y programas más que en la gracia de Cristo, que tiene que fecundar todos nuestros proyectos y acciones. Sólo así seremos discípulos misioneros, como nos pide el papa Francisco. Solo así superaremos, un cristianismo tibio, sociológico y conformista, anclado en una espiritualidad de mínimos y con escasa proyección misionera.

No olvidar el servicio a la piedad popular y a los pobres y descartados

16. Aunque figurarán como objetivos pastorales respectivamente en los cursos 2019-2020 y 2020-2021, no podemos orillar en este curso los objetivos previstos para dichos períodos: potenciar el servicio evangelizador de la piedad popular y cuidar la dimensión social de la evangelización y la opción por los pobres. El primero pertenece a la entraña más profunda de la religiosidad sevillana. No estaríamos respondiendo a lo que el Señor espera de nosotros como Iglesia diocesana si viviéramos enfrentados o de espaldas a la piedad popular que, si tiene cosas que purificar y mejorar, tiene incomparablemente más valores como escuela que es de vida cristiana, palestra de formación y camino de servicio a los pobres. Sigamos, pues, ayudando a nuestras hermandades a vivir su identidad más genuina y a potenciar cada día su compromiso evangelizador, ruego que transmito principalmente a los directores espirituales y a los hermanos mayores y juntas de gobierno.

17. El papa Francisco no deja de reclamar a todos los católicos un compromiso cada día más consciente y eficaz en el servicio a los pobres. Él ha acuñado un término bien descriptivo de la situación de tantos hermanos nuestros que yacen en las cunetas de la vida social. Son los descartados, los refugiados que vienen a nosotros huyendo del hambre y de las guerras, los inmigrantes, los parados, los sin techo, las víctimas del desamor y de la indiferencia de la sociedad opulenta e insolidaria. Entre nosotros, se ha anunciado con cierto triunfalismo el final de la crisis económica, que en el último decenio ha golpeado con dureza a la sociedad española. Parece cierto que de esa situación más bonancible se está lucrando lo que los técnicos llaman la macroeconomía, es decir, las cuentas de resultados de las instituciones financieras y las grandes empresas. Pero este bienestar no ha descendido a la llamada microeconomía, a la economía de nuestras familias, en las que sigue existiendo mucho dolor, mucho sufrimiento y muchas privaciones.

18. Estudios recientes nos dicen que en Andalucía el paro afecta a un 24 % de los adultos y a un 47,9 % de los menores de 25 años, mientras que el 33,2 % de la población tiene problemas en relación con la vivienda, y en el flanco de la salud, el 24, 8% tiene algún tipo de dificultad, todo lo cual genera exclusión social. Por otra parte, son bien conocidos los datos pavorosos sobre la pobreza en los barrios de Sevilla. No bajemos, pues la guardia. Los pobres y los que sufren siguen estando ahí, en nuestras calles, junto a nuestras casas y a las puertas de nuestras Iglesias. No nos tapemos los ojos ni demos un rodeo para no verlos. La acogida y el servicio a los pobres es la prueba más palpable de la autenticidad de nuestra vida cristiana, pues, como nos dice san Juan, no podemos decir que amamos a Dios a quien no vemos, si no amamos al prójimo a quien vemos (1 Jn 4,20).

Atención al Sínodo de los jóvenes

19. En el próximo mes de octubre, tendrá lugar en Roma el Sínodo de los jóvenes. Este acontecimiento, desde que fuera anunciado por el Papa Francisco en enero de 2017, por sus formas, contenido y desarrollo previsto, está llamado a convertirse en un hito en la historia de la Iglesia. En el marco de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, y bajo el título la fe, los jóvenes y el discernimiento vocacional, este nuevo Sínodo pretende ser un espacio de estudio, trabajo y reflexión acerca de la juventud, sus necesidades actuales y futuras, su papel y presencia en la Iglesia y, sobre todo, la evangelización de los jóvenes. En palabras del Papa, este ha de ser “el Sínodo de y para todos los jóvenes”, creyentes y no creyentes, involucrados o alejados, agnósticos y ateos… La Iglesia quiere estar con todos los jóvenes del mundo y quiere escucharlos, porque cada uno de ellos tiene mucho que decir. Ellos van a ser el centro del Sínodo porque ocupan el centro y el corazón de la iglesia.

20. Los últimos Sínodos han estado dedicados respectivamente a la Nueva Evangelización y a la familia. En el primero se nos dijo que la misión de la Iglesia es el anuncio de la alegría del Evangelio. La Exhortación Apostólica Evangelii gaudium nos está ayudando a sacerdotes, consagrados y laicos a percibir cómo debemos vivir la misión en el mundo de hoy. Los dos Sínodos sobre la familia y la exhortación apostólica postsinodal Amoris laetitia nos han clarificado cómo debe ser el acompañamiento de las familias para que vivan la auténtica alegría del amor. Faltaba una palabra dirigida a los jóvenes. Por ello, el Sínodo del próximo mes de octubre va a preguntarse cómo acercarnos a los jóvenes para anunciarles la alegría del Evangelio.

21.Hasta la publicación reciente del instrumentum laboris es mucho el trabajo que se ha desarrollado, teniendo a los jóvenes como centro y protagonistas de toda esta labor. A través de muchos y muy diferentes medios (encuestas, grupos de trabajo, encuentros diocesanos y nacionales…), con una atención especial a las redes sociales, se ha posibilitado que los chicos y chicas de todo el mundo puedan expresarse con libertad sobre ellos mismos, la sociedad que les rodea y su percepción sobre la Iglesia. Han podido así manifestar sus opiniones, inquietudes, perspectivas, ideas, quejas, expectativas y sueños. El punto más importante llegó en marzo de este mismo año con la celebración del pre-sínodo en Roma, donde 300 representantes de todas las realidades de juventud de los cinco continentes (incluso de otras confesiones o religiones, ateos y agnósticos) elaboraron un documento final a modo de marco-síntesis que recoge todos los datos y conclusiones a las que los propios jóvenes han llegado en este proceso.

22. ¿Qué es lo que han pedido nuestros jóvenes a la Iglesia? ¿Qué es lo que han dicho de la Iglesia y a la Iglesia? ¿Qué es para ellos la fe y cómo la viven? Sus respuestas han sido exigentes y decididas. Han pedido a la Iglesia, ante todo, autenticidad. Quieren que la Iglesia sea humilde y que sepa perdonar, mirando de frente a cada realidad para acompañar al joven que se reconoce desorientado en un mundo de contantes cambios. Desean ser escuchados, que la Iglesia comparta su alegría, que la mujer ocupe el lugar que se merece y que el lenguaje con el que le hablemos les sea cercano y reconocible, que se les acompañe en todos los aspectos y momentos de la vida, que la pastoral vocacional no esté volcada exclusivamente en el sacerdocio o la vida consagrada, que se utilicen en la evangelización los medios actuales y se abra camino a la creatividad que ellos pueden aportar.

23. El recién publicado Instrumentum laboris recoge muchas de estas cuestiones, que serán objeto de estudio por los Padres sinodales. El resultado final lo conoceremos cuando se publiquen las proposiciones aprobadas por el Sínodo y, sobre todo, la exhortación apostólica postsinodal, que nos servirá de guía en los próximos años en la pastoral juvenil y universitaria. Estoy seguro de que nos pedirá que sigamos ayudando a los jóvenes a descubrir a Jesucristo, camino, verdad y vida y fuente de sentido y esperanza para sus vidas, a encontrarlo en los sacramentos de la penitencia y de la eucaristía, a descubrirlo en los hermanos y en la Iglesia, a robustecer su adhesión al Señor y a dar testimonio de Él en el mundo como miembros activos y responsables de la Iglesia, como pedía el papa Francisco a los jóvenes en Río.

Un compromiso renovado de sacerdotes, consagrados y laicos en la pastoral de jóvenes

24. Bien sé que en Sevilla en los últimos años hemos recorrido un camino positivo en el trabajo pastoral con la juventud, una pastoral juvenil seria y enraizada en el Evangelio, que tiene a Jesucristo como centro. Pero no nos podemos engañar ni caer en el triunfalismo, porque si tenemos jóvenes en la Delegación de Pastoral Juvenil, en el SARUS, en los grupos juveniles parroquiales y en las Hermandades, hay otra juventud incomparablemente más numerosa, hechizada por ofertas engañosas, por mitos efímeros y falsos maestros, que es víctima de múltiples seducciones, la seducción de la noche, del gregarismo que despersonaliza, la seducción de lo material, del dinero, que endurece y esclaviza el corazón, del placer, el goce rápido, el alcohol, las drogas y el sexo, que en tantos casos, sólo conducen al hastío, la infelicidad y la tristeza. Se trata de una juventud desencantada, desesperanzada, con un gran vacío interior, con una visión del hombre exclusivamente materialista, víctima de la falta de trabajo, del desamor, de la desestructuración familiar, sin el calor de un hogar, y en ocasiones, atrapada en las redes de la droga y del nihilismo existencial.

25. En los comienzos del nuevo curso pastoral y en las vísperas del Sínodo de los jóvenes, animo a los sacerdotes y a los jóvenes de nuestros grupos y movimientos a no contentarse con cultivar a los de casa. Les animo a salir al encuentro de estos jóvenes de las periferias para descubrirles que Jesucristo es el camino que verdaderamente libera. Sé muy bien que el trabajo con los jóvenes, acompañándoles y alentándoles, es duro y difícil, pero nunca es una siembra estéril, pues antes o después termina dando fruto. Por ello, animo a los hermanos sacerdotes a crear en todas las parroquias, con la ayuda de laicos verdaderamente comprometidos, grupos juveniles parroquiales, que propicien la formación doctrinal de los jóvenes, les inicien en la oración y en la recepción de los sacramentos, en la devoción a la Santísima Virgen, en la experiencia de la generosidad y el descubrimiento del prójimo, y todo ello para favorecer el encuentro personal con Jesucristo y su inserción en la Iglesia como militantes cristianos y apóstoles.

26. Como más de una vez os he repetido, una parroquia sin jóvenes es una parroquia triste, sin esperanza y sin futuro, del mismo modo que la Escuela Católica o cualquier otra institución docente de la Iglesia, si no tiene una clara proyección evangelizadora, olvida una parte esencial de su identidad más genuina, pues la Iglesia y cada una de sus instituciones tienen como misión casi exclusiva hacer presente a Jesucristo, anunciarlo, mostrarlo y darlo a todos. Todo lo demás, aunque sea importante, no deja de ser secundario. Parroquias y Escuela Católica deben sentirse urgidas a presentar a los jóvenes la propuesta explícita de una existencia vivida con Cristo, desde la Palabra y los sacramentos, de la cual brotan siempre energías renovadas para trabajar en la propia conversión y, de forma incansable, en la tarea de construir un mundo mejor.

27. Todos somos conscientes del bien inmenso que las Jornadas Mundiales de la Juventud, con el impulso de los papas san Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, han hecho a la pastoral juvenil, poniendo el énfasis en lo esencial, en los acentos a los que acabo de hacer referencia. Muchos jóvenes de todo el mundo podrían dar testimonio de lo que ha supuesto para ellos la participación en las Jornadas, un jalón importante en sus vidas, que ha dado un nuevo sentido a su existencia, nutriéndola de sentido y de esperanza. Son incontables los que se han encontrado con el Señor en estas ocasiones. Son miles también los que allí decidieron seguir a Jesucristo en el sacerdocio o en la vida consagrada. Pues bien, entre los días 22 y 27 de enero de 2019, tendrán lugar en Panamá las XXXIV Jornadas con la presencia del papa Francisco. Nuestra presencia, por desgracia, sólo podrá ser testimonial. Las fechas desde luego, en plena preparación de los exámenes de febrero, no son para nosotros las más oportunas. Por otra parte, los precios conocidos de los vuelos, son incompatibles con las débiles economías juveniles. No obstante, procuraremos participar unidos, por los lazos invisibles de la plegaria y de la comunión, a los jóvenes que puedan hacerlo, estando además atentos a los mensajes que el Papa dirija a la juventud. Las Delegaciones diocesanas de Pastoral Juvenil y de Pastoral Universitaria, verán la forma de organizar algún acto que visibilice nuestra participación, siquiera sea simbólica, en las Jornadas.

No olvidemos la misión ad gentes: el octubre misionero de 2019

28. El mes dedicado a las misiones, octubre, cobrará en 2019 un significado especial. Se cumplirán cien años de la encíclica Maximum illud del papa Benedicto XV, considerada la carta magna de las misiones en nuestro tiempo. El Santo Padre anunció esta celebración en la audiencia que concedió en junio de 2017 a los participantes en la asamblea anual de las Obras Misioneras Pontificias. El Papa desea que esta efeméride ayude a renovar el ardor y la pasión misionera. A lo largo de dicho mes habrá actos importantes en Roma presididos por el Papa. Pero el Santo Padre desea que el protagonismo lo tengan las iglesias particulares que elaborarán sus propios calendarios, procurando que las parroquias y comunidades se impliquen en esta celebración. Para ello, en su momento enviaremos materiales para inspirar, provocar y estimular a la reflexión. Dios quiera que la celebración del octubre misionero de 2019 sea en nuestra archidiócesis un verdadero acontecimiento de gracia que nos ayude a todos a conocer mejor la teología de la misión “ad gentes”, a dinamizar nuestro ardor misionero y a comprometernos eficazmente en el anuncio de Jesucristo en la misión.

Planificar la pastoral y rehacer las agendas, también en la vida espiritual

29. Comenzamos un nuevo curso pastoral. Es hora de planificar muy bien nuestras actividades pastorales, procurando no dejar nada a la improvisación. Es necesario también rehacer nuestro plan de vida personal y comunitario, y poner en la agenda los medios y tiempos que necesitamos para mantener ardiente el amor al Señor. Tiempos de oración personal, adoración eucarística, sacramento de la reconciliación, lectura espiritual y examen de conciencia, rezo del santo Rosario, retiros y Ejercicios espirituales, previstos en nuestra agenda, según el estado de vida y la vocación de cada uno, no serán tiempo perdido o restado al trabajo pastoral, sino muy al contrario, serán garantía de fecundidad y manantial de coraje y alegría para afrontar sin desánimo la dureza del camino.

Con la compañía de la Virgen

30. En los inicios de un nuevo curso, el Señor nos invita a echar las redes y a remar mar adentro confiando en su Palabra. Cristo resucitado nos ha prometido estar con nosotros hasta el fin del mundo (Mt 28,20). En su compañía iniciamos esta nueva andadura con la esperanza y el ánimo que nos da su palabra: “¡mar adentro!” (Lc 5,4). En las manos de la Virgen de los Reyes, ponemos todos nuestros anhelos y esperanzas. Que ella nos acompañe con su mirada maternal a lo largo de este curso.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina

Arzobispo de Sevilla

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Sevilla Wed, 05 Sep 2018 11:15:39 +0000
Humanizar las carreteras http://odisur.es/diocesis/sevilla/documentos/item/45590-humanizar-las-carreteras.html http://odisur.es/diocesis/sevilla/documentos/item/45590-humanizar-las-carreteras.html  Humanizar las carreteras

Carta del arzobispo de Sevilla, Mons. Juan José Asenjo

Queridos hermanos y hermanas:

La Iglesia en España celebra cada año en el primer domingo de julio la Jornada de Responsabilidad en el Tráfico. No es una casualidad la elección de esta fecha. Nuestras carreteras comienzan a experimentar un incremento notable en la circulación de vehículos con motivo del inicio de las vacaciones. Es un hecho que a pesar de las campañas de las autoridades, del endurecimiento de las sanciones y de la introducción del carné por puntos, las cifras de accidentes, victimas mortales y heridos siguen siendo muy altas. Ello nos obliga a todos a reflexionar sobre esta plaga de nuestro tiempo, que con la colaboración de todos, autoridades, conductores y peatones, hemos de tratar de aminorar.

En los últimos decenios ha sido vertiginoso el aumento del tráfico de mercancías y el movimiento de personas, algo de suyo bueno, pues es un signo de progreso humano y social. Sin embargo, muchas veces el progreso conlleva trágicas contrapartidas. Hace ya más de treinta años nos lo decía el Papa Pablo VI con estas palabras: “Demasiada es la sangre que se derrama cada día en una lucha absurda contra la velocidad y el tiempo; es doloroso pensar cómo, en todo el mundo, innumerables vidas humanas siguen sacrificándose cada día a ese destino inadmisible”. Así es efectivamente. Basten dos datos estadísticos impresionantes: a lo largo del siglo XX han muerto en la carretera 35 millones de personas, con 1.500 millones de heridos; y sólo en el año 2016 las víctimas mortales fueron 1.200.000, con unos 50 millones de heridos en las carreteras de todo el mundo. Estas cifras escalofriantes suponen un gran desafío para la sociedad y para la Iglesia, maestra en humanidad.

Lo más grave de este drama es que la mayor parte de los accidentes se podrían evitar. En la carretera afloran con demasiada frecuencia los instintos y comportamientos más primitivos: la prepotencia, la soberbia, la mala educación, que se manifiesta en gestos ofensivos y palabras gruesas, el abuso del alcohol, las drogas, el afán de ostentación de las propias habilidades o del vehículo, el frenesí de la velocidad, que cautiva a muchos conductores jóvenes, y la falta de respeto a las normas de circulación. Son muchos los conductores que se comportan al margen de las normas éticas más elementales, y que sin confesarlo abiertamente desprecian el don sagrado de la vida.

Por todo ello, invito a todos los usuarios de vehículos de nuestra archidiócesis a reflexionar sobre este problema y, sobre todo, a observar las actitudes que debe tener un buen conductor: dominio de sí mismo, prudencia, cortesía, templanza, espíritu de servicio y conocimiento y respeto de las normas de circulación, algo que a los cristianos nos es exigido por motivos religiosos y morales. Nos obliga a ello nuestra fe en el Señor de la vida y el quinto precepto de Decálogo: “No matarás”, que exige no poner en riesgo la propia vida o la de los demás, y cuya trasgresión no es sólo una ofensa a las posibles víctimas, sino también a Dios, autor de la vida.

“No matarás”. Este precepto grave y taxativo de los Mandamientos de la Ley de Dios pide de nosotros los cristianos y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad hacer cuanto esté en nuestras manos para que la carretera sea un instrumento de comunión entre las personas y no de daño mortal; que la buena educación, la corrección y la prudencia nos ayuden a superar los imprevistos; que atendamos a quienes transitan por nuestras carreteras si precisan ayuda, especialmente si son víctimas de accidentes; que el automóvil no sea expresión de poder y dominio, ni ocasión de pecado; que convenzamos a los jóvenes y a los no tan jóvenes para que no cojan el volante si no están en condiciones de hacerlo; que apoyemos a las familias de las víctimas de accidentes; que mediemos entre la víctima y el automovilista agresor para que puedan vivir la experiencia liberadora del perdón; que en la carretera tutelemos al más débil; y que siempre nos sintamos responsables de los demás.

No está demás que os recuerde a todos que en cualquier persona, peatones, conductores, y muy especialmente en las victimas de accidentes, está el Señor que se identifica misteriosamente con nuestros hermanos, especialmente con los pobres y con los que sufren. Tampoco está de más recomendaros que oréis al emprender el viaje. Qué bueno sería que en su transcurso rezáramos el Santo Rosario, como hacen muchas familias cristianas, para sentir la presencia de la Virgen y encomendarse a su protección. Es una forma magnífica de humanizar e impregnar de espíritu cristiano nuestros viajes.

A los que iniciáis ya el descanso estival, os deseo unas vacaciones felices y gozosas. Que el Señor os acompañe en vuestro camino y que lo descubráis junto a vosotros en la playa, en la montaña o en vuestros lugares de origen.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Sevilla Thu, 26 Jul 2018 12:45:22 +0000
Siempre a favor de la vida http://odisur.es/diocesis/sevilla/documentos/item/45542-siempre-a-favor-de-la-vida.html http://odisur.es/diocesis/sevilla/documentos/item/45542-siempre-a-favor-de-la-vida.html Siempre a favor de la vida

Carta del arzobispo de Sevilla, Mons. Juan José Ansejo

Queridos hermanos y hermanas:
Escribo esta carta semanal al hilo de la actualidad, con el propósito de
ayudar a mis lectores a reflexionar sobre un tema del que nos dicen que existe
consenso social y sobre el que, en consecuencia, es necesario legislar. Como es
bien sabido, la eutanasia es la acción u omisión tendente a acelerar la muerte del
anciano o del enfermo terminal o desahuciado con el propósito de ahorrarle
sufrimientos. Permitida ya en algunos países, es uno de los signos más evidentes de
la deshumanización de nuestra sociedad. Aunque se enmascare con eufemismos
tales como muerte digna o muerte dulce, es un verdadero asesinato y, por ello,
una acción gravemente inmoral.

Siendo cierto que toda vida humana es digna del máximo respeto, lo es aún
más en la ancianidad y la enfermedad. La ancianidad constituye la última etapa
de nuestra peregrinación terrena. En su fase final puede discurrir en condiciones
muy penosas y precarias. No faltan quienes se cuestionan si tiene sentido la
existencia de un ser humano absolutamente dependiente y cercado por el dolor.
¿Por qué seguir viviendo en esas condiciones infrahumanas y dramáticas? ¿No
sería mejor aceptar la eutanasia como una liberación? ¿Es posible vivir la
enfermedad como una experiencia humana que hay que asumir con paciencia,
valor y espíritu cristiano?

Con estas preguntas se confrontan cada día quienes por profesión o
parentesco deben acompañar y servir a ancianos o enfermos, especialmente
cuando parece que no existen ya posibilidades de curación. La mentalidad
eficientista hoy imperante tiende a marginar a estas personas, como si fueran solo
un peso y un problema para la sociedad. Quienes creen en la dignidad de todo
hombre o mujer, cualquiera que sea su estado y situación, saben que hay que
respetarles y sostenerles aunque su estado sea terminal. Entonces es lícito recurrir
a los cuidados paliativos, que aunque no curan, pueden aliviar los sufrimientos
del enfermo, sin olvidar el amor, el cariño, el consuelo y el acompañamiento, tan
importantes como los cuidados clínicos.

Querría subrayar también que en la atención a los ancianos y enfermos
deben involucrarse las familias. El ideal sería que sean ellas las que acojan y se
hagan cargo de ellos con afecto y alegría, de forma que los ancianos y enfermos
terminales puedan pasar el último período de la vida en su casa y prepararse a la
muerte en un clima de calor familiar. Si es imprescindible el ingreso en el
hospital, es importante que no decaiga el vínculo del paciente con sus seres
queridos y su propio entorno. En ambos casos debe facilitarse a estas personas el
consuelo de la oración, el acceso a los sacramentos, la visita del sacerdote y el
consuelo de los hermanos en la fe, los equipos parroquiales de pastoral de la
salud.

Los últimos papas, san Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco han
exhortado muchas veces a los científicos y a los médicos a seguir investigando
para prevenir y curar las enfermedades ligadas al envejecimiento, sin ceder jamás
a la tentación de recurrir a la eutanasia y al acortamiento de la vida de enfermos y
ancianos. Juan Pablo II afirmó en Evangelium vitae que «la tentación de la
eutanasia se presenta como uno de los síntomas más alarmantes de la cultura de
la muerte que avanza sobre todo en las sociedades del bienestar» (n. 64). De ello
deberían tomar buena nota los políticos, científicos, investigadores, médicos y
enfermeros.

La vida del hombre es don de Dios que todos debemos custodiar siempre.
Tal deber corresponde sobre todo al personal sanitario cuya vocación específica
es ser servidores de la vida en todas sus fases, particularmente en la ancianidad y
en la enfermedad terminal. En esas circunstancias, el remedio no es quitar la vida
al enfermo, aunque él lo pida, sino aliviar sus sufrimientos y dolores, cosa que
hoy es posible. Idéntico deber corresponde también a las familias, que no pueden
disponer de la vida de su ser querido enfermo. Otro tanto cabe decir de los
políticos y legisladores, que no pueden enmendarle la plana al único dueño de la
vida que es Dios. En estos momentos, en Occidente y en España necesitamos un
compromiso real para que la vida humana sea respetada en todas sus fases, desde
la concepción hasta el último aliento.

Para los cristianos la fe en Cristo ilumina la enfermedad y la ancianidad.
Muriendo en la cruz, Jesús dio al sufrimiento humano un valor y un significado
trascendente. Ante el sufrimiento y la enfermedad los creyentes no podemos
perder la serenidad, porque nada, ni siquiera la muerte, puede separarnos del
amor de Cristo. En Él y con Él es posible afrontar y superar todas las pruebas y,
precisamente en el momento de mayor debilidad, experimentar los frutos de la
Redención. El Señor resucitado se manifiesta en cuantos creen en Él como el
viviente que transforma la existencia dando sentido salvífico también a la
enfermedad y a la muerte.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Sevilla Mon, 23 Jul 2018 12:10:10 +0000
En el cincuentenario del Camino Neocatecumenal http://odisur.es/diocesis/sevilla/documentos/item/45447-en-el-cincuentenario-del-camino-neocatecumenal.html http://odisur.es/diocesis/sevilla/documentos/item/45447-en-el-cincuentenario-del-camino-neocatecumenal.html En el cincuentenario del Camino Neocatecumenal

Carta del arzobispo de Sevilla, Mons. Juan José Asenjo

Queridos hermanos y hermanas:

El sábado 5 de mayo, una muchedumbre de cerca de 150.000 personas se dio cita en Tor Vergata, en los alrededores de Roma, en torno al papa Francisco, para dar gracias a Dios en el cincuenta aniversario de la llegada a Roma del Camino Neocatecumenal. Los peregrinos provenían de España y de toda Europa, de todas las naciones de América y hasta de Mongolia, Australia y la Isla de Guam.

Conocí a Kiko Argüello en la noche de un sábado de finales de mayo de 1967 en el Seminario de Sigüenza. Estudiaba el último curso de Teología. El Orfeón Donceli, con el coro del Seminario, grabamos los dos primeros discos de Kiko para el sello Pax de PPC. Cada vez que oigo las canciones Hacia ti morada santa, Amén Amén, Amén o Resucitó, recuerdo con nostalgia aquella larga noche, en plenos exámenes, en la que cantamos hasta el amanecer. A partir de entonces seguí con interés y con asombro el prodigioso desarrollo del Camino, que hoy está presente en 134 naciones de los cinco continentes, con 20.000 comunidades en más de 6.000 parroquias y cerca de 2.000 familias en misión en ciudades de todo el mundo necesitadas de un nuevo anuncio del Evangelio. En los últimos veinte años el Camino Neocatecumenal ha abierto 120 seminarios Redemptoris Mater, de los que ya han salido 2.400 sacerdotes mientras 2.300 seminaristas se preparan para la ordenación.

Personalmente tengo una gran estima por el Camino, un verdadero don de Dios para la Iglesia de nuestro tiempo, camino providencial de conversión y de vida cristiana para centenares de miles de hombres y mujeres de todo el mundo. No dudo de que su origen es el Espíritu Santo, que se ha servido de Kiko Argüello y de Carmen Hernández, para suscitar en la Iglesia un carisma fundamentalmente laical, que busca la vuelta al Evangelio químicamente puro, como lo vivían las primeras comunidades cristianas, como nos aseguran los Hechos de los Apóstoles. Buscan además anunciar a Jesucristo a nuestro mundo con entusiasmo, con desenvoltura, sin vergüenza y sin complejos, conscientes de que éste es el mejor servicio que pueden prestar a nuestro mundo, pues Jesucristo es la única fuente de esperanza que nunca defrauda.

Conozco a muchos matrimonios del Camino generosísimos en la transmisión de la vida, que han formado familias cristianas ejemplares, algunas de las cuales, padres e hijos, han marchado a la misión, dejando sus trabajos y sus casas, confiando en la providencia de Dios, que cuida de los pájaros del cielo y de los lirios del campo. Muchas de ellas vienen a que el arzobispo les dé la bendición antes de marchar. Me admira su fe, su confianza en Dios y su ardor apostólico. Soy consciente de que el Camino ha sido blanco de críticas e incomprensiones, fruto de prejuicios fáciles que se disuelven cuando uno se acerca a sus miembros sin apriorismos y con sencillez de corazón.

Felicito al Camino Neocatecumenal en este aniversario y me uno al Te Deum que sus miembros cantaron con el Papa Francisco el pasado 5 de mayo. En él reconocieron que su nacimiento, su prodigioso desarrollo y todo el bien que ha hecho en este medio siglo es obra de la gracia de Dios, pues como dice san Pablo, ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios que da el incremento (1 Cor 3,7). Agradezco de corazón el bien que el Camino está haciendo a la Iglesia y el mucho bien que ha hecho y sigue haciendo en nuestra archidiócesis.

Queridos hermanos y amigos, miembros del Camino: antes de concluir esta carta semanal, quiero deciros que el Señor cuenta con vosotros para seguir anunciando su nombre por doquier. Cuenta también con vosotros la Iglesia diocesana de Sevilla. Desde el afecto que os profeso y que en estos años os he manifestado muchas veces, permitidme que os encarezca que viváis la inserción real en la Diócesis. Huid de la tentación del ensimismamiento. Sed fermento y levadura en vuestros barrios y en vuestros lugares de trabajo para transformar la masa de la sociedad según los criterios del Evangelio.

Insertaos con sencillez en vuestras parroquias, colaborando con todos los grupos y viviendo la auténtica comunión. Sed apóstoles y miembros activos y dinámicos de vuestras comunidades parroquiales. Sed luz y sal. Mostrad a Jesucristo a los hombres y mujeres de hoy. Mostradles cómo el Señor ha transformado vuestras vidas, iniciando en vosotros una preciosa historia de salvación. Sed heraldos de la Nueva Evangelización, con la palabra y con el buen olor de Cristo, es decir, con el testimonio luminoso, convencido y convincente de vuestras obras. Amad y obedeced siempre a la Iglesia, en cuyo seno habéis renacido a la fe. Que la Santísima Virgen os proteja, os defienda y os aliente con su amor maternal.

Para vosotros, para vuestras familias y para todos los fieles de la archidiócesis, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina Arzobispo de Sevilla

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Sevilla Fri, 13 Jul 2018 13:22:30 +0000
La Hospitalidad Sevilla-Lourdes http://odisur.es/diocesis/sevilla/documentos/item/45359-la-hospitalidad-sevilla-lourdes.html http://odisur.es/diocesis/sevilla/documentos/item/45359-la-hospitalidad-sevilla-lourdes.html La Hospitalidad Sevilla-Lourdes

Carta del arzobispo de Sevilla, Mons. Juan José Asenjo


La Hospitalidad Sevilla-Lourdes

8, VII, 2018

Queridos hermanos y hermanas:
Escribo estas líneas para saludar a las más de doscientas personas, incluidos cuarenta enfermos, que han formado parte de la peregrinación organizada por la Hospitalidad Diocesana Sevilla-Lourdes, erigida hace once años por mi predecesor, el señor Cardenal Arzobispo emérito, fray Carlos Amigo Vallejo. Se trata de una asociación privada de fieles de ámbito diocesano, cuyo presidente es don Antonio Lancha, siendo su consiliario el sacerdote don Carlos Coloma. La finalidad de la Hospitalidad es contribuir a la difusión de la devoción a la Santísima Virgen en su advocación de Lourdes, organizar una peregrinación anual con los enfermos al santuario de Nuestra Señora y trabajar pastoralmente en la ayuda a los enfermos, discapacitados físicos o psíquicos y cualquier persona que sufre en el alma o en el cuerpo. Desde sus inicios esta institución organiza también una peregrinación de similares características a Fátima.
La Hospitalidad es una asociación de voluntarios comprometidos en el acompañamiento, ayuda y servicio a los enfermos que cada año peregrinan a los dos santuarios emblemáticos citados. El objetivo último de ambas peregrinaciones es que los enfermos y quienes les acompañan tengan un encuentro personal, cálido y comprometido con la Santísima Virgen y, a través de ella, con su Hijo Jesucristo, un encuentro que transforme su vida y la llene de sentido, esperanza y alegría.
El número de hospitalarios en Sevilla se eleva a doscientos. Puesto que tanto Lourdes como Fátima están estrechamente ligados al mundo del dolor, los hospitalarios no abandonan a los enfermos a lo largo del año, tanto a los que están acogidos en instituciones, como a los que son cuidados en sus casas, especialmente cuando no tienen familia. Son varios los que colaboran en la Ciudad de San Juan de Dios en Alcalá de Guadaíra, visitando a los chicos acogidos, participando con ellos en la Santa Misa dominical y llevando a cabo diversos proyectos culturales, visitas y excursiones.
Los hospitalarios visitan a los acogidos en Regina Mundi en san Juan de Aznalfarache, a los ancianos y enfermos de Onuva en La Puebla del Río, en el Centro de acogida de San José de la Montaña en Sevilla, en la Fundación de la Hermandad del Rocío de Triana para discapacitados en Castilleja, y en el Centro de acogida de enfermos de Olivares. Colaboran además con los comedores benéficos de las Hijas de la Caridad en el Pumarejo y Triana y acuden también a residencias de ancianos y de discapacitados de titularidad particular donde inculcan la devoción a la Virgen y dan testimonio de verdadera caridad cristiana.
A lo largo del año, la Hospitalidad organiza sesiones de formación y también retiros espirituales y encuentros de oración. Se relaciona fructuosamente con la delegación diocesana de Pastoral de la Salud. En su seno existe un clima admirable y enriquecedor de paz, amistad y ayuda mutua, y un tono espiritual loable. Ello se debe a la colaboración de todos sus miembros, comenzando por el Presidente, el Consiliario, los sacerdotes colaboradores y todos los miembros de la Hospitalidad, personas de mucha calidad humana y de sincera religiosidad.
A todas agradezco su esfuerzo y compromiso. Mi gratitud también a las personas y empresas que con sus donativos y prestaciones hacen posible las dos peregrinaciones anuales a Lourdes y Fátima, verdaderos acontecimientos de gracia para los enfermos y sus cuidadores, muchos de los cuales confiesan que a pesar del cansancio, reciben mucho más de lo que dan, pues como nos dice el Señor, según el testimonio de san Pablo, “hay más alegría en dar que en recibir” (Hch 20,35).
Mi gratitud a la Hospitalidad que nos enseña con su testimonio a todos los cristianos de la Archidiócesis que los enfermos y los discapacitados son los predilectos del Señor y que deben ser también los predilectos de la comunidad cristiana. En los comienzos de su vida pública, en la sinagoga de Nazaret Jesús nos declara el núcleo más genuino de su mensaje cuando nos dice: “El Espíritu del Señor está sobre mí, pues me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres, para proclamar la liberación de los cautivos, devolver la vista a los ciegos y liberar a los oprimidos…” (Lc 4,18).

Esta es la tarea del Señor en su vida histórica y esta es también la tarea que quiere cumplir a través de nosotros, sus discípulos, llamados a vivir un amor sincero y generoso, que se aprende en la mesa de la Eucaristía y junto al sagrario, un amor que tiene que regenerar nuestra sociedad, purificarla de todas las injusticias, de todas las violencias, de todas las agresiones contra la vida de los más débiles, un amor que tiene que hacer de nuestra Archidiócesis una comunidad sensible a las necesidades de los pobres y angustiados, de los ancianos y enfermos, de todos los que sufren o se sienten solos o abandonados.

A todos, y muy especialmente a los hospitalarios y sus enfermos, mi saludo cordial y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina Arzobispo de Sevilla

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Sevilla Thu, 05 Jul 2018 19:04:44 +0000