Epifanía del Señor

Homilía pronunciada por Mons. Jesús Catalá en la solemnidad de la Epifanía del Señor, el 6 de enero de 2019, en la Catedral de Málaga.

EPIFANÍA DEL SEÑOR

(Catedral-Málaga, 6 enero 2019)

Lecturas: Is 60, 1-6; Ef 3, 2-6; Mt 2, 1-12.


En busca de Dios

1.- Acabamos de escuchar el anuncio de las fiestas litúrgicas más importantes del nuevo año. En mis encuentros con los niños en las visitas pastorales a las parroquias suelo preguntarles qué fiesta litúrgica es la más importante; y suelen responder que la Navidad. Entonces les explico la Navidad está dirigida hacia la Pascua y que la fiesta más importante del año litúrgico es la Pascua. Otra cosa es que nos guste más la Navidad por el ambiente familiar y por los regalos de Reyes. Pero la gran fiesta del cristiano es la Pascua hacia donde nos encaminamos desde el principio del año litúrgico.

En esta solemnidad de la Epifanía el texto del profeta Isaías es un oráculo sobre el futuro escatológico de Jerusalén, que se convertirá en centro espiritual del mundo, a donde acudirán todos los gentiles buscando la salvación: «Caminarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu alborada» (Is 60,3).

La luz y la gloria del Señor amanecen en Jerusalén (cf. Is 60,1-2), una vez disipadas las tinieblas que cubren la tierra. Todos los pueblos se reúnen ante el Salvador del mundo, que ha venido a vivir entre los hombres.

Los Magos que vienen de Oriente a adorar al Niño nacido en Belén son los primeros, de una gran muchedumbre de todas las épocas, que reconocen la estrella y encuentran al Niño, que es expresión de la ternura y del amor de Dios. La luz de la estrella sigue hoy iluminando a gentes de toda raza, lengua y color, que van en busca de Dios.

El Niño de Belén, nacido de la Virgen María, ha venido al mundo no sólo para el pueblo de Israel, representado por los pastores, sino también para toda la humanidad, representada por los Magos de Oriente. El texto de la carta a Efesios explica bien que los gentiles también están llamados a conocer y participar en el misterio revelado: «Que los gentiles sois coherederos, miembros del mismo Cuerpo y partícipes de la misma promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio» (Ef 3,6). Si los gentiles no hubieran estado llamados a participar de esta promesa y salvación, tampoco nosotros, como gentiles respecto a la religión judaica, hubiéramos conocido al Señor. Hoy celebramos la manifestación del Salvador a todas las gentes, incluidos nosotros. ¡Demos gracias a Dios-Padre porque hemos podido conocerle a través de su Hijo Jesucristo!

Todo el mundo está llamado a conocer la salvación y a ser iluminado por la luz de Jesucristo; toda la humanidad está llamada a reconocer en el Niño de Belén al Hijo de Dios y Redentor de los hombres. Desde los cuatro puntos cardinales en todo el orbe terráqueo se adora Jesucristo como Rey de reyes y se le ofrece incienso como Dios.

2.- Los Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén, preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle» (Mt 2,2).

Hay un gran contraste entre los que buscan sinceramente a Dios, como los Magos y los pastores, y quienes simulan que les interesa, como el Rey Herodes, pero tienen otros planes y temen perder su poder temporal. Herodes, al oír esta noticia se sobresalta y pide mayor información sobre ese Niño, que podía hacer peligrar su buena posición (cf. Mt 2,4). Falsamente dice que también él desea adorarle (cf. Mt 2,8); en realidad el rey Herodes y sus secuaces no son verdaderos buscadores de Dios ni adoradores sinceros. ¡Que no nos suceda a nosotros como a Herodes! ¡Nuestra búsqueda de Dios debe ser sincera y verdadera! Dios trasciende todo; a Él no se le compra, ni se le adora para que me conceda lo que le pido. Dios te regala tu vida, es misericordioso contigo, es infinita bondad y hay que disfrutar sus dones.

Los Magos, en cambio, eran hombres sabios y estudiosos de los astros, que escrutaban el firmamento desde la creencia que atribuía a las estrellas un significado y un influjo sobre las vidas humanas. Ellos representan a todas las personas que van sinceramente en busca de Dios desde diversas religiones, filosofías y estilos de vida. Hay mucha gente que busca a Dios, pero no lo busca donde se le puede encontrar, sino buscándose a sí mismo; o lo buscan en caminos equivocados o entre los bienes materiales, riquezas y honores. Pero Jesús no está ahí, sino en la sencillez, en la humildad, en el servicio.

Los Magos buscaban la Luz verdadera desde una pequeña luz, una pequeña estrella. Como dice un Himno litúrgico de la Epifanía: Siguiendo una luz ellos buscan la Luz. Iban en busca de Dios. Al ver el signo de la estrella se pusieron en camino e hicieron un largo viaje (cf. Papa Francisco, Homilía en la Epifanía del Señor, Vaticano, 6.01.2015). La Luz de Dios no ciega al hombre y se puede descubrir en pequeños signos, en pequeñas luces y en pequeñas presencias de Dios.

3.- La humanidad sigue buscando a Dios; y los Magos nos indican el camino que debemos recorrer en nuestra vida.

La Iglesia nos invita hoy a reflexionar sobre la búsqueda de Dios. ¿Buscamos realmente al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo? ¿O tal vez buscamos un dios que se acomode a nuestros deseos y necesidades?

Los Magos, siguiendo la estrella, llegaron hasta donde estaba el Niño (cf. Mt 2,9); y «al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría» (Mt 2,10). El Señor nos ofrece signos, luces, estrellas, acontecimientos, testigos, que nos ayudan a descubrir su presencia. Hemos de saber apreciar estos signos y captar a través de ellos una realidad más profunda.

Hemos de saber descubrir los pequeños signos que nos pueden llevar a Dios. Como dice el Concilio Vaticano II, hemos de escrutar “los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas” (Gaudium et spes, 4).

La fe todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre. Escrutando los signos de los tiempos podremos descubrir mejor a Cristo, el Enmanuel, y acercarnos a él, que vive entre los hombres.

Una tarea más difícil y compleja es cómo ayudar a quienes no creen y rechazan los signos que Dios nos ofrece. ¿Cómo evangelizar a un pueblo, a unos paisanos nuestros, que ya no creen en Dios? ¿Cómo provocar el encuentro con Jesucristo y la adhesión a su persona? ¿Cómo ser mejores testigos de la presencia de Dios? Acerquémonos al recién Nacido y dejémonos iluminar por su luz; tal vez así podremos ayudar a otros a descubrir la gran Luz desde una pequeña luz.

La ayuda puede venir del testimonio de los santos y de manera especial de Santa María, la Madre del Mesías, que siempre nos acompaña en el camino de la fe, del amor y de la esperanza cristiana.

¡Acudamos a Ella para descubrir y aceptar en nuestra vida la presencia salvífica de Dios-Amor y para dar testimonio auténtico de nuestra fe! Amén.

Más en esta categoría: « Misa de Navidad

Panel de Noticias

Noticias relacionadas