Pentecostés, Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar Asociado

Homilía pronunciada por el obispo de Málaga, Jesús Catalá, en la celebración de Pentecostés, Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar Asociado, en la Catedral de Málaga, el 20 de mayo de 2018.

Lecturas: Jl 3,1-5; Sal 103,1.24.29-34; Rm 8,22-27; Jn 7,37-39.

Discípulos misioneros en el mundo

1.- En esta solemnidad litúrgica de Pentecostés la Iglesia en España celebra el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar con el lema “Discípulos misioneros de Cristo, Iglesia en el mundo”.

El Concilio Vaticano II situaba como una urgencia de nuestros tiempos la participación de los fieles laicos en la misión de la Iglesia: “Las circunstancias actuales les piden un apostolado mucho más intenso y más amplio (…). Y este apostolado se hace más urgente porque ha crecido muchísimo, como es justo, la autonomía de muchos sectores de la vida humana, y a veces con cierta separación del orden ético y religioso y con gran peligro de la vida cristiana” (Apostolicam actuositatem, 1).

El papa Pablo VI nos recordaba que la Iglesia existe para evangelizar y de un modo especial destacaba el lugar que deben ocupar los seglares en esta misión, afirmando que “su vocación específica los coloca en el corazón del mundo y a la guía de las más variadas tareas temporales” (Evangelii nuntiandi, 70).

A los veinte años del Concilio Vaticano II, el papa Juan Pablo II expresó con claridad la dimensión secular como propio de los laicos: “Ciertamente, todos los miembros de la Iglesia son partícipes de su dimensión secular; pero lo son de formas diversas. En particular, la participación de los fieles laicos tiene una modalidad propia de actuación y de función, que, según el Concilio, “es propia y peculiar” de ellos.

Tal modalidad se designa con la expresión “índole secular” [Lumen gentium, 31]” (Christifideles laici, 15).

Y en la actualidad el papa Francisco ha instado a todos los miembros de la Iglesia a salir de su propia comodidad y acercarse a las periferias que necesitan la luz del Evangelio (cf. Evangelii gaudium, 20); y en esa tarea ocupan un lugar privilegiado los fieles laicos.

Como veis, el Concilio Vaticano II y los papas posteriores instan al laicado a que asuma su misión propia de transformar el mundo y la sociedad a la luz del Evangelio.

2.- Para llevar a cabo esta importante misión se necesitan laicos bien formados cristianamente, animados por una fe sincera, cuya vida haya sido transformada por el encuentro personal con Jesucristo; quien no reúna estas condiciones, no puede ser “discípulo misionero”.

Necesitamos un laicado maduro, con buena formación cristiana (cf. J.Catalá, Carta pastoral, Remando juntos, 6), capaz de dar razón de su fe (cf. 1 Pe 3,15) y vivir con coherencia su vida cristiana, dando testimonio gozoso de su encuentro con Cristo.

Os animo a una buena formación. La Diócesis dispone de instituciones formativas adecuadas para ello: escuelas de Teología, Instituto Superior de Ciencias Religiosas, Centro Agregado a la Facultad de Teología de Granada con la especialidad en Teología Fundamental, aprobado recientemente por la Santa Sede. Ahora los laicos podréis cursar los estudios de teología en Málaga hasta esos altos niveles. ¡Ojalá hubiera muchos laicos que os comprometierais a hacer unos estudios serios de teología! De ese modo, levantaríamos el nivel de nuestras comunidades, de los movimientos y asociaciones; y, naturalmente, de nuestra Diócesis. Al menos os pido que hagáis el nivel de las Escuelas de Teología.

3.- El papa Francisco nos recordaba: “Necesitamos laicos que se arriesguen (…), laicos con visión de futuro, no cerrados en las pequeñeces de la vida (…), laicos con el sabor de la experiencia de la vida, que se atrevan a soñar” (Asamblea del Pontificio Consejo para los Laicos. Roma, 17.06.2016).

El profeta Joel predijo que el Señor enviaría el Espíritu Santo: «Derramaré mi espíritu sobre toda carne, vuestros hijos e hijas profetizarán, vuestros ancianos tendrán sueños y vuestros jóvenes verán visiones» (Jl 3,1). ¡Hay que soñar y tener visiones desde el Espíritu!

El Señor envía su Espíritu para llenar el corazón de sus fieles, para animarlos a la misión, para confortarlos en el combate cristiano, para transformar la realidad temporal a la luz del Evangelio y con los sueños del Espíritu; no con sueños de vuelo bajo y raso, sino con sueños de alto vuelo que otorga el Espíritu. ¡Queridos fieles laicos, soñad con imaginación hermosos proyectos de evangelización! ¡Salid al mundo con la fuerza del Espíritu, para limpiarlo de la suciedad del pecado y configurarlo cada vez más a imagen de Jesucristo!

4.- Los obispos españoles de la Comisión episcopal de Apostolado Seglar, en su mensaje para este día titulado “Discípulos misioneros de Cristo, Iglesia en el mundo”, nos recuerdan que, en la Iglesia, nacida bajo el impulso del Espíritu Santo, “el laicado juega un papel fundamental para esta nueva etapa de la evangelización, a la que hemos sido convocados reiteradamente por los últimos pontífices”.

Los laicos estáis llamados a ser Iglesia en el mundo, porque vuestro apostolado tiene su origen en el sacramento del bautismo, en el que cada fiel laico se convierte en discípulo misionero de Cristo, en sal de la tierra y luz del mundo (cf. Evangelii gaudium, 120).

Ser discípulos misioneros significa poner a Cristo en el centro de la propia existencia; nutrirse de la oración y de la escucha de la Palabra; celebrar con gozo los sacramentos, especialmente la Eucaristía; vivir en amor y fidelidad a la Iglesia, instituida por el mismo Cristo como instrumento de comunión y de salvación en el mundo (cf. Concilio Vaticano II, Lumen gentium, 1).

Remarco la importancia de la fidelidad y el amor a la Iglesia. No es buena una crítica despiadada, ni desafección, ni alejamiento de la Iglesia. No hay ni debe haber dicotomía entre la jerarquía y los fieles laicos.

Ser discípulos misioneros de Cristo consiste en estar atentos a las necesidades de nuestros hermanos, especialmente de los pobres y excluidos, siendo para ellos oasis de misericordia y de ayuda; ser discípulos misioneros significa encarnar la vocación al Amor a la que estamos llamados; implica vivir con alegría y esperanza.

5.- Esta llamada a ser discípulos misioneros de Cristo va dirigida a todo fiel cristiano y a los miembros de Acción Católica, de Apostolado Seglar, de Asociaciones y Movimientos de fieles laicos.

Las diferentes realidades eclesiales, a las que pertenecéis, no hablan lenguajes diversos. Hay estilos, métodos, aspectos y expresiones distintas, pero fundamentalmente se hable el mismo lenguaje de la fe, la misma esperanza y el mismo amor; se trata del mismo Señor Jesucristo. Debemos hablar todos el mismo lenguaje eclesial, con las pequeñas diferencias de método o estilo. Hemos de buscar lo que nos une. El Espíritu ofrece la comunión entre los fieles de diferentes estilos; pertenecemos a la misma y única Iglesia de Cristo.

6.- En octubre de este año se celebrará una Asamblea sinodal de Obispos de todo el mundo para tratar sobre los jóvenes. Queridos fieles, estamos llamados, como nos pide el Papa, a escuchar a los jóvenes y ayudarles a que asuman su protagonismo en la tarea de la evangelización, en comunión con los adultos.

Quiero haceros una llamada. A veces, a los adultos les cuesta dejar sus cargos; da la impresión de que algunos adultos son los dueños de la agrupación eclesial, sea hermandad, comunidad, movimiento o asociación. No solamente hay que escuchar a los jóvenes; hay que incorporarles a las tareas de responsabilidad y de dirección. También los mayores fueron un día jóvenes.

A veces escucho las quejas de algunos jóvenes, a quienes no se les permite participar en las decisiones de los organismos a los que pertenecen. Me duele escuchar esto; y os invito a que les escuchéis y les incorporéis incluso en las responsabilidades de decisión; ayudadles a madurar; y podéis enriqueceros con su entusiasmo, sus sueños, sus proyectos que renovarán vuestras asociaciones.

7.- Para llevar a cabo la misión que la Iglesia nos encomienda, es necesario estar abiertos a la acción del Espíritu. Nosotros no sabemos muchas veces cómo actuar, ni cómo afrontar los grandes retos que se nos presentan y que incluso nos abruman. Necesitamos pedir al Señor que nos enseñe y nos ilumine para hacer bien la tarea encomendada. Como nos ha recordado san Pablo: «Nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables» (Rm 8,26). El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad. ¡Dejémonos conducir por el Espíritu! ¡Dejémonos transformar por él! ¡Dejémonos inundar por sus aguas torrenciales, para que nuestro trabajo sea fecundo!

Es necesario vivir en comunión con la Iglesia, dada la diversidad de carismas que el Espíritu regala a la misma. Existen muchas formas diferentes de afrontar el apasionante reto de la evangelización. Como os recordaba en mi carta pastoral “Remando juntos” hemos de apostar por una “pastoral de conjunto” (n.21), trabajando en comunión y coordinados.

8.- Esta actitud debe inspirar a las parroquias, los arciprestazgos, las delegaciones diocesanas, los institutos religiosos, las asociaciones, las cofradías, los movimientos, las instituciones educativas de inspiración católica. Todas estas realidades eclesiales deben tener como punto de referencia pastoral la Diócesis y vivir en comunión con ella; eso es vivir en comunión con la Iglesia.

Hoy damos gracias a Dios por la gran riqueza de grupos, instituciones e iniciativas evangelizadoras y pastorales de nuestra Diócesis.

Doy gracias a Dios por vuestra presencia y por la misión que el Señor os ha encomendado a cada uno.

Y pedimos a la Virgen María, bajo el título de Santa María de la Victoria, patrona de toda la Diócesis, que estuvo unida en oración a los Apóstoles en el día de Pentecostés, que interceda por nuestro laicado, para que promueva en nuestra Iglesia un nuevo y fecundo Pentecostés. Amén.