En el Encuentro Diocesano de Juventud

Homilía del Obispo de Málaga, Mons. Jesús Catalá, en el Encuentro Diocesano de Juventud en Vélez-Málaga

(Vélez-Málaga, 14 abril 2018)

Lecturas: Hch 6,1-7; Sal 32,1-2.4-5.18-19; Jn 6,16-21.

Dejar las propias redes y seguir a Jesús

1.- Cambiar el mundo

Nuestro Encuentro diocesano de Jóvenes, en su edición treinta y una, se enmarca este año mirando la Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos en Roma que se celebrará en octubre próximo sobre “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. Este tema os implica en primera persona a todos los jóvenes. Esta Asamblea se presenta como una oportunidad providencial para involucrar a los jóvenes en la responsabilidad misionera, que necesita de su rica imaginación y creatividad.

Nuestro Encuentro diocesano pretende celebrar una jornada de convivencia, reflexión y oración en el tiempo de la Pascua, donde los jóvenes se sientan llamados por el Señor a seguirlo y a transformar nuestro mundo. Como dice la camiseta que lleváis: “Y tú, ¿te atreves a ser protagonista del cambio?

El Señor nos invita a seguirlo; si no vamos detrás de él no cambiaremos el mundo. Si queremos cambiarlo a nuestro modo, lo empeoraremos -como está sucediendo por desgracia-. Cuando tengáis responsabilidades en nuestra sociedad y ocupéis cargos de gobierno, de dirección de empresas, de profesorado, de padres de familia, poned entusiasmo para cambiar nuestra sociedad a mejor; no para empeorarla. Por tanto, dejad vuestros esquemas y proyectos; porque el mejor plan es el que nos propone Jesús, que nos invita a seguirle.

2.- Seguir a Cristo

Recientemente ha habido en Roma un pre-sínodo, en preparación a la asamblea sinodal. La segunda parte del lema la lleváis escrita en la espalda de la camiseta y podéis leerla (los jóvenes leen el lema): “Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron” (Mt 4,20). De este lema parte nuestra reflexión de hoy. Jesús les llamó y les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres» (Mt 4,19).

En el discurso reciente del papa Francisco a los jóvenes en Chile, a primeros de este año, les hacía esta pregunta: “¿Qué haría Cristo en mi lugar? En la escuela, en la universidad, en la calle, en casa, entre amigos, en el trabajo; frente al que le hacen bullying: ¿Qué haría Cristo en mi lugar? Cuando salen a bailar, cuando están haciendo deportes o van al estadio: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?” (Papa Francisco, Discurso a los jóvenes. Santuario de Maipu-Chile, 17.01.2018). Preguntadle a Cristo cuando tengáis que hacer esas cosas.

El Papa pedía a los jóvenes tener “ojos chispeantes”. Hay que vivir “la chispa de la vida” (que no se refiere a la Coca-Cola). Tener “ojos chispeantes porque descubrimos que Jesús es fuente de vida y alegría. Protagonistas de la historia, porque queremos contagiar esa chispa en tantos corazones apagados, opacos que se olvidaron de lo que es esperar” (Ibid.).

 

¿Cuántos jóvenes tristes, apagados, vacíos, sin alegría y sin esperanza encontráis en vuestra vida? Levantad la mano los que conozcáis a jóvenes con estas actitudes. (Los jóvenes levantan sus manos). Veo que todos habéis levantado vuestra mano. Si esos jóvenes estuvieran aquí, les preguntaría si conocen algún joven que viva con alegría, que tiene esperanza y “chispa”; y seguramente responderían que os conocen a vosotros.

El Señor, pues, nos invita a seguirle con alegría y con chispa. Vamos a expresar este deseo con un gesto: Primero damos tres chasquidos con los dedos y después decimos: “Queremos seguir al Señor”, acompañando las palabras con tres chasquidos y terminando con otros tres sin decir nada. (Los jóvenes realizan este gesto).

3.- Servir a Cristo y a los hermanos

En la primitiva comunidad cristiana, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas (cf. Hch 6,1).

Los Apóstoles dijeron: «Nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra» (Hch 6,4). Ellos explicaron que no les parecía bien descuidar la palabra de Dios para ocuparse del servicio de las mesas (cf. Hch 6,2).

Existen varios tipos de servicio a los hermanos: primero, atender a las necesidades básicas (dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, visitar al enfermo, …); después, como hemos escuchado, están el servicio de la oración y el de la palabra. Si solo hacemos el primer servicio, no hacemos nada especial, porque también otras personas incluso no creyentes lo hacen.

Pero el servicio de la oración y de la palabra no lo hace tanta gente. En la oración pedimos perdón, damos gracias, alabamos a Dios, escuchamos su palabra. Este momento de celebración eucarística es el más importante de nuestro Encuentro de hoy. ¿Cuántos de vosotros hacéis ya el primer servicio (atención al necesitado, visita al enfermo, …)? (Los jóvenes levantan las manos). ¿Cuántos de vosotros hacéis el servicio de la oración personal, además de la eucaristía y otras celebraciones? ¿Y cuántos realizáis el servicio de la Palabra, anunciándola a los demás? ¿Cuántos dais testimonio de la resurrección del Señor en vuestros ambientes: familia, universidad, amigos? (Todos los jóvenes levantan las manos). ¡Enhorabuena por realizar ese servicio! Merecéis un aplauso. (Los jóvenes aplauden largamente).

Vamos a realizar ahora otro gesto diciendo: “Queremos servir al Señor”. Lo hacemos dando tres palmas; después decimos esta frase acompañada de palmas; y finalmente, damos tres palmas sin decir nada. (Los jóvenes realizan este gesto).

4.- No tener miedo

Cuando el Señor resucitado se aparece a sus discípulos les regala un don ¿Qué les regala? Les ofrece la Paz (cf. Jn 20,19). Y les concede otro don, aunque no se lo dice expresamente. Cuando el Señor se les aparece los discípulos quedan llenos de alegría (cf. Jn 20,20). La Paz y la Alegría son dones pascuales, que tenéis que vivir. Hoy debéis estar hoy llenos de la paz y de la alegría de Cristo resucitado.

Los discípulos tenían miedo, porque habían crucificado a su Maestro y ellos podían correr la misma suerte. El Señor les dice en diversas apariciones que no tengan miedo: «Soy yo, no temáis» (Jn 6,20).

Hoy nos lo dice a nosotros: “No tengáis miedo”. Aunque no os comprendan, aunque os insulten, aunque os vituperen… no tengáis miedo. Porque tenemos la fuerza del Señor. ¡Queridos jóvenes, no tengáis miedo de seguir al Maestro!

¿Cuántas redes habéis dejado ya por el Señor? Una red puede ser un proyecto personal, una carrera, una renuncia a algo por otra persona, un tiempo dedicado a otro, una renuncia a un capricho. Levantad la mano los que hayáis renunciado al menos a una red. (Todos los jóvenes levantan la mano). ¿Cuántos estarías dispuestos a renunciar a vuestro proyecto personal, si el Señor os llama a consagraros a él? (Algunos jóvenes levantan la mano). Vais a ser más felices, si renunciáis a vuestro proyecto personal y seguís al Señor que si os guardáis vuestra red; porque de ese modo no pescaréis nada. ¿Habéis entendido? El que quiera pescar con su red, se quedará sin pesca; pero el que sea capaz de fiarse del Señor, recogerá una pesca abundantísima.

Os invito a poneros delante del Señor y a decirle: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Cuando recibáis a Cristo en la eucaristía, decídselo. Vamos a expresarlo con un gesto: Ponemos nuestras manos cruzadas en nuestro pecho y decimos: “Aquí estoy”; luego abrimos los brazos diciendo: “Señor”; y finalmente, levantamos las manos hacia arriba mientras decimos: “Para hacer tu voluntad”. (Los jóvenes realizan este gesto).

Pedimos a la Santísima Virgen María que nos ayude a vivir como desea el Señor; a seguirlo, dejando nuestras propias redes; y a servirlo como él quiere. Amén.