Apertura del curso académico 2017-2018 en los Centros de Teología

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, Jesús Catalá, en la apertura del curso académico 2017-2018 de los Centros de Teología celebrada en la capilla del Seminario de Málaga.

APERTURA DEL CURSO ACADÉMICO 2017-2018
EN LOS CENTROS DE TEOLOGÍA
(Seminario-Málaga, 6 octubre 2017)
Lecturas: Ba 1,15-22; Sal 78,1-5.8-9; Lc 10,13-16.

1.- Confesión de los pecados

El pueblo de Israel confiesa su pecado, reconociendo que Dios es justo (cf. Ba 1,15); aceptando haber desobedecido al Señor al desoír sus palabras (cf. Ba 1,17) y no haber cumplido sus mandatos (cf. Ba 1,18).

Nos encontramos en los días de “Témporas de acción de gracias y petición”, en los que la Iglesia nos invita en primer lugar a pedir perdón de nuestros pecados, reconociendo nuestra fragilidad.
El pueblo de Israel reconoce: «No obedecimos al Señor cuando nos hablaba por medio de sus enviados los profetas» (Ba 1,21); y «todos seguimos nuestros malos deseos sirviendo a otros dioses» (Ba 1,22).

Tal vez también nosotros no reconocemos la voz de Dios, que nos habla a través de los profetas que Él nos envía. Y el único Profeta y Mediador es Jesucristo, Verbo eterno de Dios, a quien debemos acoger en nuestro corazón y en nuestra vida; y no solo en nuestra mente.

El estudio de la teología no es solo para conocer intelectualmente los contenidos de la fe, sino para vivir mejor la relación personal con Dios, uno y trino.

Aprovechemos el don y la oportunidad de poder dedicar un tiempo de nuestra vida al estudio teológico. Solemos decir que “no tenemos tiempo”; pero la verdad es que tenemos tiempo para lo que queremos. El tiempo nos lo regala el Señor; y dedicar parte de ese tiempo al estudio de la teología es provechoso para nosotros y, además, nos va la vida en ello. No se trata de un simple “hobby”, sino algo más vital y profundo.

2.- Persecución contra los cristianos

El Salmo 78 es una oración del creyente, que suspira y se lamenta ante Dios, porque los gentiles han profanado el templo y han reducido Jerusalén a ruinas (cf. Sal 78,1).

La Iglesia es perseguida en todas las épocas. Unas veces en forma de escarnio y burla (cf. Sal 78,4); y otras de forma sangrienta y cruel (cf. Sal 78,2-3), como lo demuestra nuestra historia reciente. Ha habido más mártires en el siglo XX, como decía el papa Juan Pablo II, que en otras épocas. Mañana abriremos el proceso de más de dos centenares de mártires de nuestra Diócesis, asesinados por odio a la fe en los años treinta del pasado siglo. Esperamos que, como dice Tertuliano, sean semilla de nuevos cristianos.

Hemos de estar preparados para dar testimonio de nuestra fe en esta sociedad secularizada, que rechaza a Dios o lo ignora. Estudiar teología es importante, para fortalecer la propia fe, para sintonizar con la Iglesia y estar en plena comunión; y para proclamar la Buena Nueva a los demás.

3.- Cristo, presente en su Iglesia

Jesús dijo a sus discípulos, como hemos oído en el evangelio de Lucas, que: «Quien a vosotros escucha, a mí me escucha; quien a vosotros rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado» (Lc 10,16).

Y en otro pasaje identifica lo hecho a los hermanos como hecho a Él mismo: «El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado» (Mt 10,40).

Cristo está presente en su Iglesia y se identifica con sus miembros; esto es algo maravilloso, pero inusual e inaudito en cualquier otra religión. No hay ninguna religión en la que la deidad se asimile al ser humano, se rebaje al mismo nivel y se encarne como un ser humano.

Injertados en Cristo por el bautismo, nos nutrimos de su vida. Como dice el Concilio Vaticano II: “Por el bautismo, los hombres son injertados en el misterio pascual de Jesucristo: mueren con Él, son sepultados con Él y resucitan con Él; reciben el espíritu de adopción de hijos “por el que clamamos: Abba, Padre” (Rm 8,15) y se convierten así en los verdaderos adoradores que busca el Padre” (Sacrosanctum Concilium, 6).

En el Acto académico de la Inauguración del presente curso el Rvdo. Prof. Dr. Salvador Gil nos disertará sobre el argumento: “Cristo renueva a su Iglesia. Una reflexión a la luz del Concilio Vaticano II y la Evangelii gaudium”. Esperamos con ilusión esta disertación, y que nos anime a renovarnos.

4.- El hombre en búsqueda de Dios

El ser humano siempre ha buscado a Dios, aunque a tientas y con dificultad. Se trata del misterio inescrutable del corazón humano. Está inquieto, como afirmó san Agustín, hasta que no encuentra a Dios.

Y este estado de inquietud, si no es guiado hacia un descubrimiento de Dios Amor, crea incluso desorden, discrepancias entre pueblos, culturas y religiones, marcadas a veces por injusticias y guerras.

Decía el papa Benedicto XVI: “Hay caminos que pueden abrir el corazón del hombre al conocimiento de Dios, hay signos que conducen hacia Dios. Ciertamente, a menudo corremos el riesgo de ser deslumbrados por los resplandores de la mundanidad, que nos hacen menos capaces de recorrer tales caminos o de leer tales signos. Dios, sin embargo, no se cansa de buscarnos, es fiel al hombre que ha creado y redimido, permanece cercano a nuestra vida, porque nos ama” (El Año de la fe. Los caminos que conducen al conocimiento de Dios. Audiencia general, Vaticano, 14 noviembre 2012).

El papa Benedicto nos animaba a proporcionar al hombre de hoy nuevas vías de acceso a Dios: “No hay prioridad más grande que esta: abrir de nuevo al hombre de hoy el acceso a Dios, al Dios que habla y nos comunica su amor para que tengamos vida abundante (cf. Jn 10,10)” (Verbum Domini, 2). Y Jesucristo es el Verbo de Dios, el único Camino que nos lleva al Padre.

Queridos profesores y estudiantes de teología, el estudio y la escucha de la Palabra de Dios es fundamental. Si no se conoce ni se escucha esta Palabra salvadora, no podrá ser obedecida, como nos recuerda san Pablo: «¿Cómo invocarán a aquel en quien no han creído?; ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar?; ¿cómo oirán hablar de él sin nadie que anuncie? y ¿cómo anunciarán si no los envían?» (Rm 10,14-15).

La Iglesia os envía a anunciar esta Palabra, que primero hay que leer, meditar, asimilar, conocer y vivir. Uno de nuestros profesores, D. Antonio Rodríguez Carmona, especialista en Sagrada Escritura, en una entrevista reciente decía: “Hay que leer Biblia y aplicarse el cuento”. Da la impresión que no nos atrevemos a leerla en profundidad, como si le tuviéramos miedo; y no hay que tenerle miedo. Os animo a que la Palabra de Dios sea “comida habitual” para nosotros.

Pedimos a la Santísima Virgen María su protección maternal y también la intercesión de san Manuel González. Amén.