Málaga Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://odisur.es Fri, 21 Sep 2018 13:50:43 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es Entrega de la medalla de oro de la ciudad de Vélez-Málaga a la imagen de Nuestra Señora de las Angustias http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/46088-entrega-de-la-medalla-de-oro-de-la-ciudad-de-vélez-málaga-a-la-imagen-de-nuestra-señora-de-las-angustias.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/46088-entrega-de-la-medalla-de-oro-de-la-ciudad-de-vélez-málaga-a-la-imagen-de-nuestra-señora-de-las-angustias.html Entrega de la medalla de oro de la ciudad de Vélez-Málaga a la imagen de Nuestra Señora de las Angustias

Homilía pronunciada por el Obispo, Don Jesús Catalá, en la entrega de la medalla de oro de la ciudad de Vélez-Málaga a la imagen de Nuestra Señora de las Angustias, el 15 de septiembre de 2018, en la parroquia de San Juan Bautista de Vélez-Málaga.

ENTREGA DE LA MEDALLA DE ORO

DE LA CIUDAD DE VÉLEZ-MÁLAGA

A LA IMAGEN DE NªSª DE LAS ANGUSTIAS

(San Juan Bautista-Velezmálaga, 15 septiembre 2018)

Lecturas: Is 50,5-9; Sal 114,1-6.8-9; Sant 2,14-18; Mc 8,27-35. (Domingo Ordinario XXIV-B)

1.- El pueblo cristiano de Velezmálaga tiene gran devoción a la Santísima Virgen María, bajo diversos títulos marianos: Remedios y otros títulos. Hoy queréis expresar vuestro amor a Nuestra Señora de las Angustias otorgándole la Medalla de Oro de la Ciudad.

La advocación de las Angustias goza tradicionalmente de gran devoción en el antiguo Reino de Granada y se extiende por la comarca de la Axarquía, donde se han construido capillas votivas dedicadas a esta advocación y han tomado dicho título diversas hermandades y asociaciones eclesiales.

La Orden de los Siervos de María (Servitas), posibilitó desde Roma en 1752 la erección de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias en Vélez, en su sede canónica de la parroquia de san Juan Bautista, promoviendo el culto a los Dolores de Nuestra Señora y ocupando la capilla adjunta a la del Santísimo Sacramento.

La persecución religiosa durante la Segunda República y los primeros años de la Guerra Civil del siglo pasado hicieron estragos en el patrimonio de la Iglesia católica, destruyendo prácticamente todo el patrimonio de esta Cofradía, incluidas las imágenes de los Sagrados Titulares.

A partir de la segunda mitad del siglo XX se reorganiza la Cofradía y se bendicen, en 1952, los actuales Sagrados Titulares, obra del imaginero granadino Domingo Sánchez Mesa.

2.- En el año 2014 tuve el honor y el gozo de coronar canónicamente la imagen de Nuestra Señora de las Angustias, dado el profundo amor filial y la veneración a nuestra Madre María Santísima que los veleños le profesáis. El Ayuntamiento, acogiendo el deseo de sus ciudadanos cristianos, decidió concederle hace un tiempo la Medalla de Oro de la Ciudad, que hoy le será impuesta.

Esta distinción honorífica –y no os extrañe nada lo que voy a decir– no añade nada a lo que la Santísima Virgen es y representa en la Iglesia; no le enriquece en nada. Tampoco Dios necesita nada de nosotros; él no se enriquece con nuestras oraciones o sacrificios. Es al revés: lo que hacemos a Dios revierte en beneficio nuestro; los gestos filiales a la Virgen, nuestra Madre, revierten en los hijos que los hacen. ¿Quién se enriquece en el caso de la Medalla de Oro? ¿Para qué quiere la Virgen la Medalla de Oro? Os enriquecéis vosotros. Esto es importante, porque debemos saber que con Dios no hacemos comercio; Él nos ama por encima de todo. Y con la Virgen tampoco hacemos negocio; Ella nos ama gratuitamente, como suelen amar las buenas madres. ¿Quién sale ganando? Los hijos que corresponden al amor de Dios y de la Madre. La Medalla de Oro, que no enriquece a la Virgen, os enriquece a vosotros. Espero que no venga después nadie protestando para quitarle la Medalla; cosa que ya ha ocurrido en otra ocasión. Espero que no se le ocurra a ningún veleño protestar dentro de unos años por este gesto de amor filial a la Virgen de las Angustias.

3.- La Santísima Virgen engendró y dio a luz al Hijo de Dios, quien nos la entregó como Madre en la cruz (cf. Jn 19,26). Con su maternal solicitud nos cuida, nos ampara, nos protege y nos lleva de su mano hasta Dios. Gozar de la presencia de Dios es el objetivo de la vida del ser humano, como decían los catecismos de inicios del siglo XX: “El hombre ha sido creado para amar y servir a Dios en este mundo y después verle y gozarle en la vida eterna”. Nuestro objetivo, por tanto, es amar y servir a Dios y a los hermanos, para gozar de su amor eternamente. La Virgen nos acompaña para llevar a cabo esta hermosa misión.

Tanto la Coronación canónica de Nuestra Señora de las Angustias como la Medalla de Oro de la Ciudad, que hoy recibe, deben ayudar a todos los miembros de la Cofradía y a los fieles creyentes a crecer en la verdadera devoción a nuestra Madre, que, como dice el Concilio Vaticano II: “no consiste ni en un sentimiento pasajero y sin frutos ni una credulidad vacía. Al contrario, procede de la verdadera fe, que nos lleva a reconocer la grandeza de la Madre de Dios y nos anima a amar como hijos a nuestra Madre y a imitar sus virtudes” (Lumen gentium, 67).

En nuestra sociedad se valora mucho el “sentimiento”; pero para la verdadera fe y amor cristianos no cuenta tanto el “sentimiento” cuanto la vida y las obras. La gracia de Dios “no se siente”. En el amor entre personas tampoco es tan importante el sentimiento; porque el amor es darse, entregarse, donarse a sí mismo; y esto cada persona lo vive de modo distinto. El amor es hacer feliz al otro; no sentir efluvios. Bien están los sentimientos, pero “obras son amores”, dice el refranero español.

Deseo que este gesto de amor filial y de devoción mariana traiga sus mejores frutos de una verdadera conversión al Señor, un vivo anhelo de vivir el compromiso cristiano y una piedad mariana cada vez más auténtica, profunda y verdadera.

4.- Los gestos de devoción a la Santísima Virgen María que realizamos, si no van unidos a una verdadera fe y amor, carecen de valor. Nos lo recuerda el apóstol Santiago en su carta: «Así es también la fe: si no tiene obras, está muerta por dentro» (Sant 2,17). La devoción a la Virgen, si no va acompañada de obras, está muera.

La vida cristiana tiene muchas implicaciones en la vida cotidiana, en la vida real de cada día. El amor a Dios va unido necesariamente al amor al prójimo; son inseparables, como las dos caras de una misma moneda. La Virgen ofreció su vida, y renunció a sus planes personales. “Obras son amores”.

El apóstol Santiago nos ha preguntado: «¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos del alimento diario y uno de vosotros les dice: «Id en paz, abrigaos y saciaos», pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?» (Sant 2,14-16).

5.- En el evangelio que hemos escuchado hoy, Jesús pregunta a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?» (Mc 8,27). Y ellos responden refiriéndose a lo que opinan otras personas: «Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas» (Mc 8,28).

Pero Jesús insiste en lo que ellos piensan: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?». Pedro, como cabeza de los Doce apóstoles, responde: «Tú eres el Mesías» (Mc 8,29).

¿Qué respondemos nosotros ante la pregunta que Jesús nos hace a nosotros? ¿Qué significa en nuestra vida diaria, no semanal ni anual, la Persona de Jesucristo y su mensaje? A veces da la impresión que la fe que profesamos no está en sintonía con la vida real. Nos confesamos cristianos, cofrades y devotos de la Virgen; pero tenemos la tentación de aceptar el mismo estilo pagano de vivir de nuestros contemporáneos.

No resulta fácil en nuestros días vivir como cristiano; tampoco ha sido fácil en ningún momento de la historia, sobre todo en épocas de persecución y martirio cruento. Jesús instruía a sus discípulos que él tenía que «padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días» (Mc 8,31).

Cuando Jesús les anuncia su pasión, los apóstoles estaban preguntándose “quién sería el más importante en el Reino que Jesús iba a implantar”; estaban repartiéndose el poder y los honores. Jesús pensaría que sus discípulos no habían entendido nada. La mirada de Dios no es como la del hombre; y los criterios de Dios son muy distintos a los del hombre: «Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará» (Mc 8,35).

El seguimiento de Jesús es muy exigente: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga» (Mc 8,34). La Santísima Virgen María es Señora de las Angustias, de los sufrimientos, de los dolores; no lo tuvo fácil. Es ciertamente la Virgen de la alegría, de la paz, del gozo; pero no de la vida fácil. Su vida estuvo llena de “espadas de dolor”.

Queridos fieles, cofrades y devotos, celebrando con gozo la concesión de la Medalla de Oro de la ciudad de Velezmálaga a Nuestra Señora de las Angustias, le pedimos a Ella que nos proteja y guarde siempre entre sus brazos maternales, junto a nuestro Señor Jesucristo. No se puede hablar de la madre sin la referencia al Hijo. Si somos buenos hijos de la Santísima Virgen, seremos buenos hijos de Dios y hermanos de Jesucristo. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Thu, 20 Sep 2018 13:01:45 +0000
25 aniversario de la bendición de la imagen del Santísimo Cristo de la Crucifixión http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/46023-25-aniversario-de-la-bendición-de-la-imagen-del-santísimo-cristo-de-la-crucifixión.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/46023-25-aniversario-de-la-bendición-de-la-imagen-del-santísimo-cristo-de-la-crucifixión.html 25 aniversario de la bendición de la imagen del Santísimo Cristo de la Crucifixión

Homilía pronunciada por D. Jesús Catalá en el 25 aniversario de la bendición de la imagen del Santísimo Cristo de la Crucifixión, en la parroquia de El Buen Pastor, de Málaga, el 16 de septiembre de 2018.

25 ANIVERSARIO DE LA BENDICIÓN DE LA IMAGEN

DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA CRUCIFIXIÓN

(Parroquia de El Buen Pastor-Málaga, 16 septiembre 2018)

Lecturas: Is 50,5-9; Sal 114,1-6.8-9; Sant 2,14-18; Mc 8,27-35.

(Domingo Ordinario XXIV – B)

1.- Nos hemos reunido para dar gracias a Dios con motivo del 25 Aniversario de la Bendición de la imagen del Santísimo Cristo de la Crucifixión, que tiene su sede en esta parroquia de El Buen Pastor en Málaga.

La Cofradía de Crucifixión, en su denominación completa de Fervorosa Hermandad de culto y procesión del Santísimo Cristo de la Crucifixión y María Santísima del Mayor Dolor en su Soledad, tiene sus orígenes a finales de los años 70 del pasado siglo.

Nació como una agrupación religiosa de vecinos del parque Victoria Eugenia, promovido por Antonia Hernández (a la que llamaban Nona), con un sentido asistencial, creando un dispensario, donde prestaba ayuda médica y farmacéutica el doctor Antonio Vargas. La dimensión caritativo-social es propia de las cofradías y está siempre en sus orígenes. La dimensión religiosa era apoyada por el Padre Jabato, su primer director espiritual.

Primero hubo una capillita en el dispensario con una imagen de la Virgen; y en 1985 se trasladó a la parroquia.

Posteriormente realizó su primera salida procesional en 1986; y una vez aprobados sus Estatutos por el Obispado (1988), Mons. Antonio Dorado bendijo esta imagen del Cristo en 1993 y la cofradía ingresó en la Agrupación de Cofradías de Málaga, realizando su primera salida procesional por el recorrido oficial en 1995.

2.- La hermosa imagen del Santísimo Cristo de Crucifixión, que tiene mucha fuerza plástica y podemos contemplar ante nuestros ojos, es obra de José-Manuel Bonilla Cornejo (1993) y su contemplación nos lleva a la escena evangélica de la crucifixión del Señor en el monte Calvario.

Allí, ante la cruz, se encontraban el discípulo amado, la Madre de Jesús y algunas mujeres. Decidme a qué madre no se le revuelven las entrañas viendo a su hijo inocente clavado en una cruz. Juan fue testigo ocular de la crucifixión y del golpe de lanza que traspasó el costado de Cristo, haciendo que saliera sangre y agua (cf. Jn 19, 31-34). La Iglesia ha interpretado este signo como el origen de la misma: el agua significa el bautismo y la sangre la eucaristía. El evangelista evoca la profecía de Zacarías: «Mirarán al que traspasaron» (Jn 19, 37).

Deseo animaros a que contemplemos al que traspasaron. Como recordaba el papa Benedicto XVI: “Este gesto de un solado anónimo romano, destinado a perderse en el olvido, se quedó impreso en los ojos y en el corazón del apóstol, quien lo volvió a narrar en su Evangelio. A través de los siglos, ¡cuántas conversiones han tenido lugar precisamente gracias al elocuente mensaje de amor que recibe aquel que dirige la mirada a Jesús crucificado!” (Angelus. Vaticano, 24.02.2007).

Os invito a contemplar a Cristo Crucificado con los mismos ojos con los que lo contemplaba Juan el evangelista. Profundicemos en el gesto de entrega total de Jesús en la Cruz. La imagen del Cristo de Crucifixión, como tantas otras imágenes de Cristo y de la Virgen de las diversas cofradías, son momentos especiales de la vida de Jesús y de la Virgen que los cofrades deben revivir y profundizar en su espiritualidad. Aquí lo contemplamos crucificado con los ojos abiertos; no está aún muerto. En ese momento es cuando Jesús le regala a Juan como madre a María y a él como hijo. Jesús nos mira desde la cruz y nos ofrece a su Madre como madre nuestra.

3.- Los gestos de religiosidad que realizamos, si no van unidos a una verdadera fe y amor, carecen de valor. Nos lo ha recordado el apóstol Santiago en su carta: «Así es también la fe: si no tiene obras, está muerta por dentro» (Sant 2,17).

La vida cristiana tiene muchas implicaciones en la vida cotidiana, real. El amor a Dios va unido necesariamente al amor al prójimo; son inseparables, como las dos caras de una misma moneda.

El apóstol Santiago nos pregunta: «¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos del alimento diario y uno de vosotros les dice: «Id en paz, abrigaos y saciaos», pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?» (Sant 2,14-16). Jesús crucificado nos está diciendo lo mismo: si acudimos a él, no podemos desatender las necesidades de los demás.

4.- En el evangelio, que hemos escuchado hoy, Jesús pregunta a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?» (Mc 8,27). Y ellos responden refiriéndose a lo que opinan otras personas: «Unos, Juan el Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas» (Mc 8,28).

Pero Jesús insiste en lo que ellos piensan: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?». Pedro, como cabeza de los Doce apóstoles, responde: «Tú eres el Mesías» (Mc 8,29), el Hijo de Dios.

¿Qué respondemos nosotros ante la pregunta de Jesús? ¿Qué significa en nuestra vida diaria la Persona de Jesucristo y su mensaje? A veces da la impresión que la fe que profesamos no está en sintonía con la vida real, como si estuvieran en líneas paralelas. Nos confesamos cristianos, cofrades y devotos de la Virgen; pero tenemos la tentación de aceptar el mismo estilo pagano de vivir que tienen nuestros contemporáneos.

No resulta fácil en nuestros días vivir como cristiano, como he comentado muchas veces; tampoco ha sido fácil en ningún momento de la historia, sobre todo en épocas de persecución y martirio cruento. Jesús instruía a sus discípulos que él tenía que «padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días» (Mc 8,31).

Cuando Jesús les anuncia su pasión, los apóstoles estaban preguntándose “quién sería el más importante en el Reino que Jesús iba a implantar”; estaban repartiéndose el poder y los honores. Jesús pensaría que sus discípulos no habían entendido nada.

El seguimiento de Jesús es muy exigente: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga» (Mc 8,34). Seguirle es ser discípulo suyo, imitarle, vivir como él. La mirada de Dios no es como la del hombre; y los criterios de Dios son muy distintos a los del hombre: «Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará» (Mc 8,35).

5.- Queridos cofrades y fieles todos, pongamos nuestra mirada en el Crucificado y en su costado abierto. Jesús ha muerto en la cruz por nosotros como signo extremo de amor, porque «Dios es amor» (1 Jn 4, 8.16). Desde esa mirada el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar (cf. Benedicto XVI, Deus caritas est, 12).

Contemplando a Cristo crucificado nos entendemos mejor a nosotros mismos; nuestra debilidad de pecadores, nuestras tentaciones y caídas. Pero también entendemos que somos amados; mirándole encontramos sentido a nuestra vida. ¿Sabéis cuántos mueren de accidente semanalmente? Pues los suicidios en España son tres veces más que los accidentes mortales; pero eso no suele ser noticia en los medios de comunicación.

Esa gente, ¿por qué se quita la vida? ¿En qué fundamentaban su vida? ¿Qué buscaban en la vida y no han encontrado? Por muy mal que uno esté, por muy enfermo que uno se encuentre, por mucha gravedad que le lleve a la muerte, Cristo da sentido a la vida. ¡No desaprovechemos el gran regalo de ser amados por Dios y por la Virgen!

6.- Pongámonos ante el Crucificado y contemplemos su gran gesto de amor por nosotros. Sus brazos abiertos acogen a todos los pecadores; sus heridas lavan mis pecados; sus llagas cicatrizan las mías; su rostro ensangrentado renueva mi faz desfigurada y la imagen emborronada de hijo adoptivo de Dios; su dolor transforma e ilumina mi dolor; su humillación levanta mi ánimo.

¡Cristo de Crucifixión, deja que sienta tu misericordia y tu perdón!

¡Cristo de Crucifixión, concédenos vivir tu compasión!

¡Cristo de Crucifixión, deja que participemos de tu dolor!

¡Cristo de Crucifixión, déjanos sentir tu amor!

Pedimos al Cristo de Crucifixión que al venerar su imagen nos llene de alegría por haber sido perdonados y redimidos en el madero de la Cruz. Y le pedimos también que, al contemplarlo, inunde nuestro corazón de misericordia y de paz.

¡Que María Santísima del Mayor Dolor en su Soledad nos anime a compartir el dolor de su Hijo y el de nuestros hermanos sobre todo los más necesitados! Amén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Tue, 18 Sep 2018 12:01:44 +0000
Santa María de la Victoria, patrona de la Diócesis http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/45917-santa-maría-de-la-victoria-patrona-de-la-diócesis.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/45917-santa-maría-de-la-victoria-patrona-de-la-diócesis.html Santa María de la Victoria, patrona de la Diócesis

Homilía pronunciada por Don Jesús Catalá en la festividad de la Natividad de María, fiesta de la Patrona de la Diócesis de Málaga, Santa María de la Victoria, en la Catedral de Málaga.

SANTA MARÍA DE LA VICTORIA, PATRONA DE LA DIÓCESIS

(Catedral-Málaga, 8 septiembre 2018)

Lecturas: Miq 5,1-4a; Rm 8,28-30; Sal 12,6; Lc 1,39-56.


María, peregrina en la fe

1.- María, la peregrina en la fe

Os invito, queridos fieles y devotos, a contemplar a nuestra Madre y Patrona como la Virgen “Peregrina en la fe”. Hemos escuchado el pasaje bíblico de la Anunciación del ángel a María. Una vez que Ella concibe al Hijo de Dios se pone en camino para visitar a su prima Isabel. Lucas lo describe así: «En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá» (Lc 1,39).

Cualquier otra mujer en sus condiciones se hubiera quedado saboreando las palabras del ángel y acariciando la nueva creatura que llevaba en su seno; y tal vez imaginando un futuro próspero para su hijo.

Pero María no se queda en su casa, sino que sale presurosa para ayudar a otra mujer encinta, más anciana que ella: su prima Isabel. Contemplamos a la Madre del Señor “como peregrina en la fe. La hija de Sión se encamina, siguiendo las huellas de Abrahán, aquél que por la fe había obedecido «y salió para el lugar que había de recibir en herencia, partiendo sin saber a dónde iba» (Hb 1 1,8)” (Juan Pablo II, Audiencia general, 21.03.2001). La Virgen es hija de Abraham, hija de la fe.

María de Nazaret, a quien honramos bajo el título de Santa María de la Victoria, asumió el compromiso de la fe; renunció a sus propios planes, para aceptar los de Dios; salió de su tierra y emigró con su Hijo a otro país, Egipto; y presenció la muerte en cruz de su Hijo inocente. ¡Qué gran ejemplo de fe, de esperanza y de amor nos ofrece nuestra Madre y Patrona!

María es la creyente por excelencia, cuya peregrinación en la fe ilumina la historia de su vida. Como sugería el Concilio Vaticano II: «La bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente la unión con su Hijo hasta la cruz» (Lumen gentium, 58). Su respuesta a la llamada de Dios es una continua peregrinación en obediencia a la fe y en la fidelidad a la voluntad del Señor. Ella nos anima a nosotros a esa misma obediencia a la fe y a la fidelidad a la voluntad de Dios.

El papa Juan Pablo II nos recordaba que: “La anunciación «es el punto de partida del itinerario de María hacia Dios» (Redemptoris Mater, 14): un itinerario de fe que conoce el presagio de la espada que traspasa el alma (cf. Lc 2,35), pasa a través de los caminos tortuosos del exilio en Egipto y de la obscuridad interior, cuando María «no comprende la actitud de Jesús a los doce años en el templo y, sin embargo, conservaba «todas estas cosas en su corazón» (Lc 2,5 l)” (Audiencia general, 1. Vaticano, 21.III.2001).

¡Cuántas veces no comprendemos lo que nos sucede en la peregrinación de nuestra vida! Pero hay una gran diferencia entre su actitud y la nuestra: Ella acogía, callaba e interiorizaba en su corazón; nosotros, en cambio, protestamos y nos rebelamos. Hemos de aprender de Ella.


2.- María, peregrina de amor

María es presentada también como “peregrina de amor”. Ser “peregrina en la fe” exige ser “peregrina de amor”. Ella va a visitar a su prima para servir, no para verificar la concepción de Juan Bautista. San Ambrosio comenta su generosa solicitud: “María fue a la montaña alegre por entregarse, piadosa por cumplir su deber, presurosa por el gozo. Llena de Dios, ¿cómo no alcanzar con prontitud las cimas más altas? Porque la gracia del Espíritu Santo ignora el mínimo retardo” (Expositio Evangelii secundum Lucam, Lib. II: PL 15).

La exigencia y el compromiso del amor no se detiene ante la dificultad; no se mece, no se espera; pide una actitud rápida, una respuesta generosa y pronta. Pensemos en nuestras respuestas ante las necesidades de nuestros hermanos. La caridad no admite demora; y el servicio debe ser realizado con prontitud y gozo. Tenemos problemas en nuestra sociedad de hermanos necesitados; y tal vez nos hacemos los remolones, pensando que ya lo resolverán los políticos o a quienes corresponda; pero zafándonos de nuestra responsabilidad y excusándonos con que no nos toca a nosotros. Pero siguen muriendo delante de nuestras narices personas sin recursos, o inmigrantes que vienen buscando una vida mejor; o tal vez ancianos solitarios en sus casas.

La Virgen María no se preocupa de sí misma, ni de su recién estrenada maternidad, sino que corre hacia las montañas de Judea para socorrer a una mujer anciana y encinta. Va impulsada por la piedad, el amor y la alegría, que hacen que sus pies, más que caminar pesada y lentamente, corran velozmente hacia su destino.

María «entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo» (Lc 1,40-41). La Visitación de María a su prima Isabel es considerado un “misterio de gozo”, que la Iglesia ha meditado desde sus albores, encontrando un ejemplo de gran solicitud maternal de la Madre de Dios.

Isabel se sorprende ante la fe de María y pronuncia sobre ella la primera bienaventuranza de los Evangelios: «Bienaventurada la que ha creído». Esta expresión es “como una clave que nos abre a la realidad íntima de María” (Redemptoris Mater, 19). La peregrina en la fe es saludada por Isabel, que exclama: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!» (Lc 1,42). ¡Ojalá se pueda decir de nosotros: ¡Bendito tú, bendita tú, por tu actitud generosa y pronta ante las necesidades de tu hermano!


3.- María, modelo de fe y signo de esperanza

“La bienaventurada Virgen María sigue «precediendo» al Pueblo de Dios. Su excepcional peregrinación de la fe representa un punto de referencia constante para la Iglesia, para los individuos y comunidades, para los pueblos y naciones, y, en cierto modo, para toda la humanidad” (Redemptoris Mater, 6). María es modelo y Madre.

Nos dirigimos a ella para que siga guiándonos con Cristo hacia el Padre en la peregrinación de este mundo, en el que atravesamos momentos de gozo, de duda, de crisis y de sufrimiento.

“María se ha convertido en signo de esperanza para la muchedumbre de los pobres, de los últimos de la tierra, que se convierten en los primeros en el Reino de Dios. Ella vive fielmente la opción de Cristo, su Hijo, que repite a todos los afligidos de la historia: «Venid a mí todos los que estáis cansados y oprimidos, y yo os aliviaré» (Mt 11, 28). La Iglesia sigue a María y al Señor Jesús caminando en los caminos tortuosos de la historia para aliviar, promover y valorar la inmensa procesión de mujeres y hombres pobres y hambrientos, humillados y ofendidos (cf. Lc 1, 52-53)” (Juan Pablo II, Audiencia general, 5. Vaticano, 21.III.2001).

Santa María de la Victoria nos enseña el camino de la fe obediente y del amor generoso. Proclamamos con ella el cántico del Magnificat y alabamos la grandeza del Señor (cf. Lc 1,46), porque el Poderoso ha hecho obras grandes en María (cf. Lc 1,49) y en cada uno de nosotros. ¡Descubramos también las maravillas que Dios ha hecho en nosotros!

Queridos fieles y devotos de la Virgen, deseo invitaros a que realicéis gestos de amor hacia nuestra Madre y Patrona. La piedad popular ha ido creando oraciones y gestos para expresar nuestro amor filial. La Iglesia nos anima al rezo del Santo Rosario, individual y comunitariamente. Podemos también ofrecerle flores a la Virgen como signo de agradecimiento y cariño, como vemos hoy las hermosas flores que llenan el presbiterio de la Catedral. Es hermoso, asimismo, encender alguna vela que simboliza nuestra oración y nuestro deseo de quemar nuestra vida por Dios y por los demás.

Y, de modo especial, os animo a visitar el Santuario de la Patrona con motivo de algún acontecimiento personal o familiar; así como en los momentos en que la liturgia celebra alguna fiesta mariana. Decía el papa Francisco: “Ir en peregrinación a los santuarios es una de las expresiones más elocuentes de la fe del pueblo de Dios... Esta religiosidad popular es una forma auténtica de evangelización, que necesita siempre ser promovida y valorizada sin minimizar su importancia'' (Discurso a los participantes en el jubileo de los responsables de las peregrinaciones y de los rectores de santuarios. Vaticano, 21.01.2016).

Pedimos a Santa María de la Victoria, nuestra Madre y Patrona, que nos acompañe en nuestra peregrinación en la fe en este mundo y sea para nosotros signo de esperanza. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Tue, 11 Sep 2018 11:59:05 +0000
En el Octavo Centenario de la Aparición de la Virgen a San Pedro Nolasco http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/45671-en-el-octavo-centenario-de-la-aparición-de-la-virgen-a-san-pedro-nolasco.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/45671-en-el-octavo-centenario-de-la-aparición-de-la-virgen-a-san-pedro-nolasco.html En el Octavo Centenario de la Aparición de la Virgen a San Pedro Nolasco

Homilía del Obispo de Málaga, Mons. Jesús Catalá, en el Octavo Centenario de la aparición de la Virgen a san Pedro Nolasco, celebrado el 4 de agosto en el Santuario de la Virgen de la Victoria, en Málaga.

OCTAVO CENTENARIO DE LA APARICIÓN DE LA VIRGEN A SAN PEDRO NOLASCO

(Santuario Virgen de la Victoria-Málaga, 4 agosto 2018)

Lecturas: Ex 16, 2-4.12-15; Sal 77, 3-4.23-25.54; Ef 4, 17. 20-24; Jn 6, 24-35.

(Domingo Ordinario XVIII-B)

1.- Octavo Centenario de la Orden de la Merced

En el presente año 2018 la Orden de la Merced conmemora el octavo centenario de su fundación por parte de San Pedro Nolasco, con la aparición de la Virgen que le impulsó a la liberación de cautivos cristianos en manos de los musulmanes. La espiritualidad mercedaria quedó plasmada en las Constituciones de 1272, que son la verdadera carta magna de la Merced, la plasmación del espíritu de Pedro Nolasco que dio a sus inmediatos discípulos; es una legislación nacida del mismo carisma.

La comunidad mercedaria decidió celebrar tal efeméride poniendo de relieve la misión redentora de la Orden, su papel en el mundo actual y su aportación a la defensa de los derechos y libertades de los seres humanos. Hoy queremos dar gracias a Dios por la Orden Mercedaria y por su gran aportación a lo largo de la historia.

“La Antigua Hermandad y Real Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Humildad en su Presentación al Pueblo (Ecce-Homo), Nuestra Madre y Señora de la Merced y San Juan Evangelista” fue fundada en 1694 por la comunidad de religiosos de la Real y Militar Orden de la Merced, en el desaparecido convento de la Merced.

La cofradía, radicada en su sede canónica en esta Basílica de Santa María de la Victoria y la Merced en Málaga, se ha unido a la celebración mercedaria con un programa de actos en diversas áreas, desde la espiritualidad hasta la caridad, por el que el mismo Maestro General de la Orden Mercedaria ha felicitado a la Hermandad. ¡Enhorabuena!

Se unen también a esta acción de gracias otras Hermandades de nuestra ciudad, que tuvieron su origen en la Iglesia de la Merced de Málaga, desaparecida totalmente; y que recibieron el saludable influjo del carisma mercedario.

2.- Redención de nuevos modelos de esclavitud

Queridos cofrades y fieles todos, os animo a revivir y hacer presente en nuestra sociedad el espíritu y el carisma mercedario trabajando por la liberación de las personas que actualmente viven nuevos modos de esclavitud, que no son menos importantes o menos graves que antaño.

Hay muchas personas que son objeto de comercio, de trata y de abusos, que el papa Francisco tantas veces denuncia. Y existen otras esclavitudes que las asumen los propias personas buscando una felicidad que no encuentran.

En las lecturas de hoy hemos visto que los israelitas murmuraron contra Moisés y Aarón en el desierto, anhelando la olla de carne, los ajos y cebollas de Egipto (cf. Ex 16, 2-3). No les importaba seguir viviendo en esclavitud, con tal de llenar el estómago.

Sin embargo, el Señor hizo llover en el desierto pan del cielo para su pueblo (cf. Ex 16, 4; Sal 77, 24) y les envió codornices (cf. Ex 16, 13).

En nuestros días hay gente que prefiere también satisfacer sus deseos y caprichos, aceptando la esclavitud de las ofertas de mercado, de ideologías, de consumismo y de placer, de las que no resulta fácil salir.

Pero el ser humano está llamado a metas más altas y a un destino divino, glorioso, eterno, que va más allá de la temporalidad.

3.- Jesús es el Pan de la vida

En el Evangelio Jesús respondió a quienes lo buscaban: «Me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros» (Jn 6, 26). Habían llenado sus estómagos el día anterior con la multiplicación de los panes y deseaban seguir saciando su hambre física.

Pero no habían comprendido que el pan repartido para tanta gente era la expresión del amor de Jesucristo. Ellos, equivocadamente, dieron mayor valor al pan material que a la Persona que se lo daba.

Ante esta ceguera espiritual Jesús les invita a ir más allá, a descubrir y conocer al donante: Dios mismo es el don y el donante. La gente puede descubrir en aquel gesto que es Dios quien otorga el pan. Las cosas materiales que disfrutamos nos las regala Dios con su providencia amorosa, empezando por la vida.

Jesús exhorta a una nueva prospectiva, que difiere de la simple preocupación cotidiana de comer, de vestir, de tener éxito. Jesús habla de otro alimento que no es corruptible y que lleva a la vida eterna. Jesús les anima a buscar otro alimento: «Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre» (Jn 6, 27). Es decir, nos invita a buscar la salvación y a encontrarnos con Dios. Él espera que levantemos nuestra mirada de lo material y descubramos su Persona, que nos ama, nos cuida y nos mima. Esto ocurre a veces con los niños, a quienes los padres les dais todo lo que necesitan; pero ellos no se percatan de que son más importantes los padres que las cosas materiales que reciben.

Jesús nos revela que él es el verdadero pan: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás» (Jn 6, 35).

Con esta invitación nos dice que, más allá del hambre física el ser humano tiene otra hambre más importante, que no puede ser saciada con un alimento material. Se trata de hambre de vida, de hambre de eternidad, hambre de belleza, de bondad, de verdad, de libertad, que sólo Él puede apagar, porque Cristo es «el pan de vida».

Os exhorto, queridos cofrades, a no olvidar vuestro origen y vuestras raíces mercedarias. Aunque la iglesia de la Merced fue destruida por los avatares de la persecución religiosa, conviene que conservéis la memoria de que nacisteis allí, para que los malagueños no olviden que hubo una parroquia de la Merced, junto a lo que hoy es la plaza del mismo nombre. Y sobre todo que no se pierda la sintonía con el carisma mercedario de la liberación de las esclavitudes que hoy encadenan al hombre.

Elevamos hoy nuestra oración al Santísimo Cristo de la Humildad y a la Virgen de la Merced, para que nos libren de las esclavitudes que nos atan, nos sostengan en la búsqueda del verdadero pan y en el seguimiento de su Hijo Jesús, Pan verdadero y vivo que dura hasta la vida eterna. Amén.

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Málaga Tue, 07 Aug 2018 10:43:00 +0000
«La Virgen del Carmen fue la primera y mejor discípula que tuvo Jesús» http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/45547-la-virgen-del-carmen-fue-la-primera-y-mejor-discípula-que-tuvo-jesús.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/45547-la-virgen-del-carmen-fue-la-primera-y-mejor-discípula-que-tuvo-jesús.html «La Virgen del Carmen fue la primera y mejor discípula que tuvo Jesús»

Homilía pronunciada por D. Jesús Catalá en la Misa estacional de la Archicofradía de Nuestra Señora del Carmen de Málaga en la Catedral.

Virgen del Carmen

(Catedral-Málaga, 22 julio 2018)

Lecturas: Jer 23,1-6; Sal 22,1-6; Ef 2,13-18; Mc 6,30-34.

(Domingo Ordinario XVI-B)

1.- En devota peregrinación habéis venido desde la parroquia del Carmen acompañando la imagen de la Virgen con el rezo del Santo Rosario y con cánticos marianos.

Celebramos hoy su fiesta expresándole nuestro amor filial y pidiendo su protección maternal. Queremos hacer hoy una oración especial por quienes trabajan en el mar y por quienes perdieron su vida faenando en las aguas marinas; rezamos por sus familias, por los enfermos, los ancianos y los niños. Nuestro mundo está falto de amor, de solidaridad, de fraternidad y de paz; y necesita la protección de la Virgen del Carmen.

Ella ampara a sus hijos y los sostiene en su quehacer diario. Ella cuida de quienes imploran su maternal intercesión y de quienes la veneran como Patrona celebrando su fiesta. Ella es amparo en las dificultades, alivio en las penas, sostén en la flaqueza, seguridad en las tormentas, faro que ilumina la ruta, guía firme hacia el puerto y solaz en la bonanza.

2.- La devoción a la Virgen del Carmen está vinculada al monte Carmelo en Palestina. En el siglo XII un grupo de ermitaños se retiró en ese monte, naciendo así la llamada Orden de los Carmelitas, inspirados en el profeta Elías.

La nubecilla, que venía desde el mar y que el profeta Elías divisó desde el monte Carmelo (cf. 1 Re 18,43-45), trajo abundante agua a una tierra reseca en la que no había llovido en tres años.

La Virgen es como esa nubecilla que trae la lluvia a la tierra; Ella es la Madre del Salvador, que ofrece a Jesucristo a la humanidad; y Cristo es el manantial de agua viva, que fecunda la tierra, la purifica y le da vida.

Recordemos el encuentro de Jesús con la samaritana, a la que le dice: «El que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna» (Jn 4,13-14). ¡Acudamos, queridos fieles, a la Virgen del Carmen, para que nos ofrezca a su Hijo, agua viva que salta hasta la vida eterna! No nos conformemos con saciar la sed física en este mundo; tengamos sed de eternidad.

Hoy necesitamos, queridos fieles y devotos de la Virgen del Carmen, la intercesión de nuestra Madre para que el agua vivificante de nuestro Bautismo haga fecunda nuestra vida; el agua bautismal es la mejor que hemos recibido. Necesitamos también la intercesión de la Virgen para acoger la Palabra de Dios como alimento espiritual; para dinamizar nuestra vida de fe y dar testimonio del Evangelio; para regar con el agua del Espíritu esta sociedad reseca por el desamor, la ignorancia religiosa y la ausencia de Dios en los corazones. Nuestra está desierta y reseca, que necesita el agua de la Palabra de Dios.

3.- En el evangelio de hoy vemos a Jesús que reúne a sus apóstoles entorno a sí y les invita a descansar con él: «Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco», porque eran muchos los acudían a ellos y no encontraban tiempo ni para comer (cf. Mc 6,31).

Los apóstoles con Jesús «se fueron en barca a solas a un lugar desierto» (Mc 6,32). El discípulo necesita estar con su Maestro a solas, en intimidad, para ser amaestrado y enseñado, para asimilar sus enseñanzas. También a nosotros nos invita el Señor a estar con él acompañados de la Virgen, en sosiego y en paz, para recibir sus instrucciones.

La Virgen del Carmen fue la primera y mejor discípula que tuvo Jesús. No ha habido otro discípulo que se iguale a la Virgen; y siendo Ella la Madre, fue discípula de su Hijo, porque lo acogió primero en su alma y después en su seno y en su vida.

Y nosotros hemos de aprender de ella, que es Virgen del Monte Carmelo, siendo también nosotros “carmelos”; es decir, “jardines” donde cultivamos el amor a Dios, escuchamos y acogemos su Palabra, recibimos su enseñanza y hacemos la oración personal y comunitaria.

El Maestro, al ver una multitud se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor y se puso a enseñarles (cf. Mc 6,34). De la misma manera nosotros, junto a la Virgen del Carmen, nos ponemos a la escucha de Jesús para que nos ilumine con su Palabra.

Jesús es el Buen Pastor, que nos lleva hacia verdes praderas y allí nos hace recostar; Él nos conduce hacia fuentes tranquilas para reparar nuestras fuerzas (Sal 22,2-3). Nada hemos de temer si Él está y viene con nosotros (cf. Sal 22,4).

4.- En la fiesta de la Virgen del Carmen queremos tener presente a tanta gente marinera que vive en condiciones duras de trabajo. El lema de la Jornada de las gentes del mar, que la Conferencia Episcopal ha propuesto para este año, reza así: “La gente de la mar reclama nuestra atención”.

En el XXIV Congreso Mundial del Apostolado del Mar celebrado en Kaohsiung (Taiwan) en el pasado otoño se afrontó el tema de la pesca, el tráfico de los seres humanos y el trabajo forzado con especial afectación a mujeres y niños. Junto al duro trabajo del hombre del mar, existen muchas situaciones de dificultad y de dolor: la distancia con las familias, los peligros del mar, las injusticias sociales, a veces la falta de salarios dignos y otras dificultades que atentan a la dignidad de la persona (cf. Mons. Luis Quinteiro, Mensaje para la Jornada de la gente del mar de 2018).

Y no podemos olvidar tampoco, queridos fieles, a tantas personas inmigrantes que, buscando una vida mejor, han perdido sus vidas en el mar. Todos tenemos parte de responsabilidad en la pérdida de estas vidas humanas y en la acogida de estas personas que llegan en busca de una vida mejor; no podemos mirar hacia otra parte, porque son hermanos nuestros. Tenemos que pedir por los gobernantes, para que encuentren soluciones dignas y adecuadas.

5.- La devoción a la Virgen del Carmen está muy extendida entre la gente vinculada al mar. Los marineros, la Armada Española, que tiene una noble y digna representación en esta celebración, y quienes están unidos al mar la tienen como Patrona, protectora y guía. Ella les acompaña en su duro trabajo y en las ausencias de su familia; Ella les cuida, acompañándolos al deseado puerto.

En esta fiesta de la Virgen del Carmen queremos dar gracias a Dios por el cuidado maternal que Ella ofrece a todos sus hijos, a todos y cada uno de nosotros, que le rezamos con fe y devoción; que la acogemos como Madre nuestra. Ella nos acompaña y nos lleva hasta su Hijo Jesús, que es Camino Verdad y Vida (cf. Jn 14, 6).

En esta fiesta mariana de la Virgen del Carmen le pedimos que proteja a todas las personas que trabajan en el mar, que cuide de sus familias, que les ayude a superar las dificultades y las pruebas de su trabajo.

Invitamos a todos a prestar nuestra atención y a ofrecer nuestra plegaria por todas las personas que aportan su colaboración a la sociedad desde su sacrificado trabajo en la mar.

¡Que la Virgen del Carmen nos acompañe en nuestro caminar y nos guíe a puerto seguro! ¡Que Ella nos acoja en su “Carmelo”, para contemplar las cosas de Dios y que nos permita a nosotros ser “carmelos”!

¡Virgen del Carmen, estrella de los mares, divina hermosura, Madre del Divino Amor! ¡Protégenos y ampáranos a quienes acudimos a ti con devoción filial! Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Mon, 23 Jul 2018 12:20:49 +0000
Acción de gracias por la rehabilitación del templo parroquial (Campillos) http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/45479-acción-de-gracias-por-la-rehabilitación-del-templo-parroquial-campillos.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/45479-acción-de-gracias-por-la-rehabilitación-del-templo-parroquial-campillos.html Acción de gracias por la rehabilitación del templo parroquial (Campillos)

Homilía pronunciada por el obispo de Málaga, Mons. Jesús Catalá en la Misa de Acción de Gracias por la rehabilitación del templo parroquial de Santa María del Reposo, en Campillos, el 14 de julio de 2018.

ACCIÓN DE GRACIAS

POR LA REHABILITACIÓN DEL TEMPLO PARROQUIAL

(Campillos, 14 julio 2018)

Lecturas: Am 7, 12-15; Sal 84, 9-14; Ef 1, 3-14; Mc 6, 7-13.

(Domingo Ordinario XV-B)

1.- Elegidos por Dios para ser hijos adoptivos

El apóstol Pablo, en su carta a los Efesios, proclama que Dios nos ha bendecido con gracias espirituales (cf. Ef 1, 3) y «nos ha elegido en él antes de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor» (Ef 1, 4).

Es reconfortante pensar que estamos en la mente y en el querer de Dios desde toda la eternidad; y es gozoso saber que Dios nos ama aún antes de existir. Los que desean ser padres comienzan a amar a sus futuros hijos aún antes de concebirlos. Dios es quien nos llama a la existencia, para que gocemos de su paternidad; Él nos hace «sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo» (Ef 1, 5).

La grandeza del ser humano es haber sido creado a imagen y semejanza de Dios, que es Padre y Amor infinito; y que no se desdeña de adoptar como hijos a los hijos de los hombres. Pensemos que muchos “grandes hombres” no estarían de acuerdo en adoptar a gente pobre y miserable. Pero Dios-padre nos adopta como hijos, a pesar de la infinita distancia existente entre Él y nosotros. Para eso envió a su propio Hijo, Jesucristo; para hacernos partícipes de su amor, de su paternidad (cf. Ef 1, 6) y de su misericordia: «En él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos» (Ef 1, 7).

Dios no abandona nunca a sus hijos adoptivos: nos llama a la existencia, nos cuida con su providencia amorosa, nos salva de la esclavitud del pecado, nos envía a su Hijo para salvarnos, nos ofrece su gracia y su misericordia y, al final de nuestra vida temporal, después de habernos cuidado durante toda nuestra vida, comparte con nosotros la felicidad plena y eterna.

¡Qué gran diferencia entre el infinito amor de padre que Dios nos ofrece y el pobre amor que a veces tiene la paternidad-maternidad humana! Dios nos ama desde antes de nacer y nos cuida hasta después de la muerte. Sin embargo, es una monstruosidad que los padres abandonen a sus propios hijos al nacer; o mucho peor aún, los asesinen antes de nacer. Conviene que llamemos a las cosas por su nombre, con serenidad y sin miedos.

Los políticos están debatiendo ahora sobre la mal llamada ley de “eutanasia”, que pretende despenalizar la eliminación de los ancianos o de quienes se encuentran en situaciones terminales.


2.- Llamados por Dios para ser santos

El Señor nos ha elegido para ser sus hijos adoptivos y, además, nos llama para ser santos. El amor de Dios nos ofrece la posibilidad de compartir la santidad divina. Estamos llamados a ser santos, es decir, a vivir la misma vida de Dios; se nos invita a ser santos, porque Dios es santo (1 Pe 1, 15); se nos invita a ser buenos, porque Dios es bueno; se nos invita a compartir la verdad y la libertad, porque Dios es libre y es la Verdad eterna.

En su designio de salvación nos da «a conocer el misterio de su voluntad para realizarlo en la plenitud de los tiempos» (Ef 1, 9-10). Jesucristo es la Cabeza de la humanidad (cf. Ef 1, 10) y el Mediador de la nueva alianza (cf. Hb 9, 15), que nos trae la herencia eterna, a la que estamos llamados.

Los cristianos hemos sido ungidos con el Espíritu Santo en el bautismo y en la confirmación; hemos recibido el “sello” de sus dones y hemos sido marcados con la figura de Cristo en nuestros corazones. El Espíritu nos ha configurado con Cristo. Nuestra respuesta agradecida debe consistir en escuchar su Palabra, vivir en la Verdad, recibir el Evangelio y anunciarlo a los demás (cf. Ef 1, 13).


3.- Acción de gracias por la rehabilitación del templo parroquial

Todas estas maravillas que Dios nos regala se realizan en la Iglesia, instituida por Jesucristo para continuar su obra en el tiempo. La Iglesia es la gran familia de los hijos de Dios; en ella recibimos las aguas bautismales, por las que somos hechos hijos adoptivos; en ella se nos perdonan los pecados y quedamos limpios; en ella recibimos los dones del Espíritu y la gracia del perdón; en ella nos alimentamos en Palabra y en la Eucaristía. Dios nos cuida, nos alimenta, nos fortalece, nos hace crecer en santidad.

En la gran familia de la Iglesia, unos hijos ya son santos en el cielo; otros todavía peregrinamos en la tierra en espera de recibir la herencia eterna.

Para vivir como comunidad de redimidos, necesitamos “lugares sagrados”, “templos”. Hoy venimos a dar gracias a Dios por la rehabilitación de este templo parroquial de Santa María del Reposo en Campillos. El Señor nos ha permitido restaurarlo con la participación de todos: los parroquianos lugareños, sea a título individual o agrupados en asociaciones, cofradías o movimientos; el Ayuntamiento de Campillos; y también feligreses de otras parroquias de la Diócesis a través del fondo común diocesano. A todos agradezco su colaboración; en especial, gracias al párroco, D. Francisco, que ha puesto todo su empeño en animar y coordinar el esfuerzo de todos.

Para vivir como cristianos necesitamos espacios sagrados donde celebrar la fe, formarnos, reunirnos y compartir como hermanos. El templo ha quedado renovado, fortalecido y hermoseado, gracias a un trabajo en colaboración.

Ahora animo a todos los fieles a renovar la comunidad parroquial con la ilusión y la participación de todos. Al igual que se ha restaurado el templo material, debe ser restaurado el templo espiritual. Todo cristiano es un templo del Espíritu desde su bautismo y toda comunidad cristiana forma un templo espiritual. Cada uno debe asumir la tarea que el Señor le encomienda, coordinados y regentados por quien ejerce el servicio de autoridad.

El párroco me ha informado que han sido renovados recientemente los consejos parroquiales de pastoral y de asuntos económicos. Agradezco la disponibilidad de quienes formáis parte de estos consejos. Sus miembros sois, con el párroco, el equipo que anima, coordina y dirige para que funcione mejor la comunidad parroquial.


4.- Enviados a evangelizar

En este domingo la Palabra de Dios se centra en la «misión». Dios escogió al profeta Amós, sacándolo de sus tareas de pastor, y lo envió a profetizar a la casa de Israel (cf. Am 7, 15), a pesar de la oposición de los falsos profetas.

También Jesús, como hemos visto en el Evangelio, envió a los Doce a predicar la conversión, «dándoles poder sobre los espíritus inmundos» (Mc 6, 7), ordenándoles que fueran ligeros de equipaje (cf. Mc 6, 8-9). Los apóstoles predicaban la conversión, expulsaban demonios y curaban enfermos (cf. Mc 6, 12-13).

Queridos fieles, el Señor os envía también hoy a vosotros a predicar la Buena Noticia de la salvación y del perdón de Dios. Hay mucha gente que no conoce aún el amor de Dios y la maravillosa acción suya de salvación. Algunos, equivocadamente, piensan que Dios coarta su libertad y les impide vivir según sus deseos y caprichos; temen a Dios porque piensan que les hace “infelices”, pero no se dan cuenta que viven esclavos de sus propias ideas y ansias de felicidad, mal encauzada.

Los propios deseos pueden llevar a un goce efímero, pero no conducen a la verdadera felicidad; ésta la encontramos en el modo de vivir de Jesús, el Salvador de la humanidad.

Dando gracias a Dios por la rehabilitación del templo parroquial, pedimos a Santa María del Reposo que nos ayude a vivir como una comunidad fraterna de hijos de Dios; y a ser testigos del Evangelio en nuestra sociedad, que necesita escuchar la buena noticia de la felicidad y de la salvación que Dios nos trae. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Mon, 16 Jul 2018 12:44:58 +0000
En la clausura de las XXVIII Jornadas Nacionales de Pastoral del Sordo y Ciego http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/45413-en-la-clausura-de-las-xxviii-jornadas-nacionales-de-pastoral-del-sordo-y-ciego.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/45413-en-la-clausura-de-las-xxviii-jornadas-nacionales-de-pastoral-del-sordo-y-ciego.html En la clausura de las XXVIII Jornadas Nacionales de Pastoral del Sordo y Ciego

Homilía pronunciada por D. Jesús Catalá, obispo de Málaga,  en la clausura de las XXVIII Jornadas Nacionales de Pastoral del Sordo y Ciego, en la Catedral de Málaga, el 8 de julio de 2018.


CLAUSURA DE LAS XXVIII JORNADAS NACIONALES
DE PASTORAL DEL SORDO Y CIEGO
(Catedral-Málaga, 8 julio 2018)
Lecturas: Ez 2, 2-5; Sal 122, 2-4; 2 Co 12, 7b-10; Mc 6, 1-6.


1.- Ser profeta en medio de un pueblo rebelde
(La homilía ha sido simultáneamente traducida al lenguaje de los signos, para que los sordos que participaban en esta Eucaristía pudieran entenderla).
El espíritu del Señor envió al profeta Ezequiel a los israelitas para anunciarles su mensaje y asegurarles que había un profeta en Israel. El profeta describe a los israelitas como «hijos que tienen la cabeza dura y el corazón empedernido» (Ez 2, 4).
El Señor envía a su profeta para decirles: «escuchen o no escuchen, ya que son una casa de rebeldía, sabrán que hay un profeta en medio de ellos» (Ez 2, 5).
El Señor nos envía también a nosotros a la gente de nuestra generación, para decirles que su Palabra es fuente de salvación; que es una palabra viva y eficaz (cf. Heb 4, 12); que es Luz que ilumina los pasos del hombre (cf. Sal 118, 105).
El lema de las Jornadas Nacionales de Pastoral del Sordo y Sordo-ciego, que se están celebrando en Málaga tienen como lema: “Tu palabra, Señor, es luz para nuestras manos”. Su Luz ilumina nuestras manos para realizar lo que él quiere que hagamos; nuestras manos pueden ser instrumento de su amor. Si la Palabra de Dios ilumina nuestra mente, nuestro corazón y nuestras manos, podremos ser testigos de Jesucristo, que es la Luz que alumbra a todo hombre (cf. Jn 1, 9).
Aunque algunos no quieran aceptar la Luz de Cristo y rechacen la fe, no tenemos que acobardarnos ni tener miedo. El Espíritu de Dios anima al profeta a no tener miedo de la gente: «Y tú, hijo de hombre, no les tengas miedo, no tengas miedo de sus palabras si te contradicen y te desprecian y si te ves sentado sobre escorpiones» (Ez 2, 6).
2.- Esperar en la misericordia del Señor
El Salmo proclamado hoy nos anima a poner nuestros ojos en el Señor, esperando su misericordia: «Como están los ojos de los esclavos fijos en las manos de sus señores, como están los ojos de la esclava fijos en las manos de su señora, así están nuestros ojos en el Señor, Dios nuestro, esperando su misericordia» (Sal 122, 2).
Queridos fieles, aunque el mundo nos desprecie (cf. Sal 122, 3-4) por nuestra fe en Jesucristo, nosotros seguimos esperando en la misericordia de Dios, en su amor, en su providencia y en la vida eterna.
3.- Presumir solo de las propias debilidades
San Pablo cuenta que el Señor le puso un “aguijón” en su vida, para que no presumiera de la sublimidad de las revelaciones que había recibido (cf. 2 Co 12, 7). No sabemos en qué consistió dicho “aguijón” o prueba; pero no debía gustarle, porque pidió por tres veces al Señor que se lo quietase (cf. 2 Co 12, 8); pero el Señor no se lo quitó.
Muchas veces le pedimos al Señor que nos quite lo que nos estorba, lo que nos molesta, lo que nos hace sufrir; pero no siempre el Señor nos hace caso. Dios quiere que su fuerza se muestre en nuestra flaqueza; pero nos concede su gracia para superar las dificultades, como le dijo a san Pablo: «Mi gracia te basta» (2 Co 12, 9).
Por tanto, conviene que nos gloriemos de nuestras flaquezas, para que habite en nosotros la fuerza de Cristo (cf. 2 Co 12, 9).
La misión del profeta Ezequiel fue difícil por la dureza y rebeldía del pueblo escogido de Israel. También san Pablo experimentó toda clase de dificultades en su predicación. Por eso nosotros debemos quedar animados por el ejemplo de estos personajes que nos precedieron y tener la valentía de afrontar los retos que hoy nos presenta la sociedad.
El mismo Jesús fue rechazado por sus paisanos, que se negaban a recibirlo como profeta y como enviado de Dios. Por eso decía: «Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio» (Mc 6, 4) y es rechazado.
Volviendo al lema de las Jornadas Nacionales de Pastoral del Sordo, pidamos al Señor que su Palabra sea luz para nuestras manos y para nuestra vida, para ser testigos del amor de Dios.
Le pedimos a la Santísima Virgen María que nos ayude a aceptar nuestras debilidades y a ser en medio del mundo testigos de la Luz de Cristo. Amén.

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Málaga Mon, 09 Jul 2018 14:34:29 +0000
50 aniversario de la muerte del cardenal Ángel Herrera Oria http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/44934-50-aniversario-de-la-muerte-del-cardenal-ángel-herrera-oria.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/44934-50-aniversario-de-la-muerte-del-cardenal-ángel-herrera-oria.html 50 aniversario de la muerte del cardenal Ángel Herrera Oria

Homilía pronunciada por D. Jesús Catalá en la Misa del cincuentenario de la muerte de D. Ángel Herrera Oria celebrada en la Catedral de Málaga el 7 de junio de 2018

(Catedral-Málaga, 7 junio 2018)

Lecturas: Os 11,1.3-4.8-9; Sal: Is 12,2-6; Ef 3,8-12.14-19; Jn 19,31-37.

(Fiesta Sagrado Corazón)

1.- Amor entrañable de Dios por su pueblo

Como se nos ha dicho en la monición de entrada estamos en las vísperas de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, donde enmarcamos esta acción de gracias a Dios por el Cincuenta Aniversario de la muerte del Card. Herrera Oria.

Las lecturas de hoy son muy ricas. La primera, del profeta Oseas, ofrece una imagen preciosa que siempre me ha encantado. Los profetas tienen una sensibilidad especial para hablar de Dios a través imágenes. Narra la acción de un padre y una madre que tienen un hijo pequeño que está en el suelo; tal vez, incluso, alejado de sus padres. Pero el padre o la madre se agacha, se acerca al niño, lo levanta a la altura de las mejillas, lo besa, lo abraza, lo cuida y le da de comer. «Con lazos humanos los atraje, con vínculos de amor. Fui para ellos como quien alza un niño hasta sus mejillas. Me incliné hacia él para darle de comer» (Os 11,4).

Esta imagen está referida al pueblo de Israel; pero se aplica también a cada uno de nosotros, a quienes Dios cuida con amor como un buen padre, tomándonos en sus brazos, aunque a veces pensemos que Dios se olvida de nosotros: «Era yo quien había criado a Efraín, tomándolo en mis brazos; y no reconocieron que yo los cuidaba» (Os 11,3).

Estoy convencido que el Cardenal Herrera Oria vivió esta imagen en su vida y experimentó el amor entrañable de Dios, quien tiene entrañas de misericordia: «Mi corazón está perturbado, se conmueven mis entrañas» (Os 11,8). A Dios se le conmueven las entrañas por cada uno de nosotros.

Demos gracias a Dios por este amor tan grande de Dios con entrañas de misericordia. La imagen de ese niño que podemos ver en muchas familias está expresando el amor de Dios hacia cada uno de nosotros.

2.- Acción de gracias por la salvación de Dios

El canto interleccional está tomado del libro de Isaías, que habla de Dios como salvador y fuente de salvación. Nos invita a la confianza en Dios que salva: «Él es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación» (Is 12,2).

¿En quién confiamos? ¿De dónde proviene la fuerza que nos mantiene en vida y en acción? Nuestros proyectos, ¿de dónde arrancan? ¿Cuáles son nuestras fuentes? El profeta nos invita a acudir al manantial de vida y salvación: «Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación» (Is 12,3).

D. Ángel acudió a la fuente de la salvación. A pesar de ser un hombre de gran talla y categoría humana, no pudo realizar las obras que llevó a cabo con sus propias fuerzas. El Cardenal Herrera Oria es una figura grandiosa a todos los niveles: humanamente hablando, como hombre de fe, como pastor de Iglesia y como avanzado a su tiempo en varios campos, sobre todo de la educación y de la comunicación.

Toda esa gran obra de D. Ángel no puede salir solo de sus limitadas fuerzas humanas. Él ha experimentado el amor de Dios y ha acudido a las fuentes de la salvación que le han dado fuerza. Quien está junto a las fuentes de la salvación «será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin» (Sal 1, 3). Sus raíces se acercan a las aguas del manantial de Dios.

En esta celebración hay gente de la Fundación Victoria de Enseñanza, que asume un aspecto de la obra de D. Ángel, la obra educativa. También hay alumnos de la universidad que él crea para formar cristianos en la doctrina social de la Iglesia. Algunos presentes llevaron a cabo la obra educativa y evangelizadora en pueblos pequeños, con las llamadas “Escuelas-Capilla”. A los que nos toca asumir alguna de esas tareas, que inició D. Ángel, no podemos fiarnos de nosotros mismos, ni confiar en nuestras propias fuerzas. Hemos de hacerlo como lo hizo él, acudiendo a las fuentes de la salvación.

3.- Profundidad del amor cristiano

San Pablo, en la carta a los Efesios, nos ha dicho que el amor de Cristo lo transciende todo y es como un mar de fondo. Habla de la riqueza insondable de Cristo, del misterio escondido en Dios, que él tiene el honor de anunciar: «A mí, el más insignificante de los santos, se me ha dado la gracia de anunciar a los gentiles la riqueza insondable de Cristo» (Ef 3,8). Esa riqueza insondable no terminaremos nunca de apropiárnosla; lo que significa Cristo para la humanidad y para nuestra vida es una riqueza insondable y misteriosa. Cristo es la fuente de sabiduría, de salvación, de fuerza, de creatividad, de iniciativa.

Hoy damos gracias a Dios por la persona y por la figura de D. Ángel, que tanto ha aportado a la Iglesia en España y, de modo especial, a la Iglesia particular de Málaga; a nuestra diócesis, de la que él fue pastor.

Dando gracias a Dios también le pedimos que nos ayude a nosotros a coger el testigo; cada cual donde le toque: en la enseñanza, en la economía, en la política, en los medios de comunicación…, sabiendo que, antes que nosotros, otros cristianos, como D. Ángel, han sabido dar una respuesta acertada y adecuada a los retos que la sociedad planteaba en su tiempo.

Esta es la enseñanza que D. Ángel nos da hoy: que podamos y sepamos acertar en las respuestas a los retos que nuestra sociedad nos plantea. No creo que sean mayores ni menores que los de su época; puede que sean distintos; aunque, es posible que tengan el mismo calibre.

Pidamos al Señor que sea él nuestro cimiento y que habite en nosotros: «Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones; que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento» (Ef 3,17);

4.- Corazón traspasado de Cristo

El apóstol Juan fue testigo, delante de la cruz en la fue crucificado el Señor, de que el corazón de Cristo ha sido abierto por una lanza de un soldado: «El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis» (Jn 19,35).

No le quebraron las piernas a Jesús, en cumplimiento de la profecía del Antiguo Testamento: «Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: No le quebrarán un hueso» (Jn 19,36). No le quebraron ni un hueso; pero su corazón fue traspasado ofreciendo hasta la última gota de sangre y agua: «Uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua» (Jn 19,34). No se reservó nada; lo ofreció todo.

El corazón insondable de Jesús es fuente de amor y manantial de gracia, que se ofrece completamente para que bebamos de Él, para que nos fortalezcamos de Él.

Es preciosa la oración de san Ignacio: “Alma de Cristo santifícame, cuerpo de Cristo sálvame, sangre de Cristo embriágame, agua del costado de Cristo lávame”. Esa es la fuente donde bebió D. Ángel y nos invita en este cincuentenario a hacer nosotros lo mismo.

Vamos a seguir dando gracias al Señor por el regalo que fue para la Iglesia de Málaga y para nosotros la figura y la obra de D. Ángel.

Pedimos a la Santísima Virgen que sepamos recoger el testigo que nos dejó D. Ángel, tomando fuerzas del manantial de Cristo. Amén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Tue, 12 Jun 2018 10:34:01 +0000
“Corpus Christi” http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/44768-“corpus-christi”.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/44768-“corpus-christi”.html “Corpus Christi”

Homilía pronunciada por el obispo de Málaga, Jesús Catalá, en la solemnidad del Corpus Christi, en la Catedral de Málaga, el 3 de junio de 2018.

(Catedral-Málaga, 3 junio 2018)

Lecturas: Ex 24,3-8; Sal 115; Hb 9,11-15; Mc 14,12-16.22-26.

La Eucaristía, alimento de vida eterna

1.- Festividad del Corpus
Hoy celebramos con gran gozo la festividad del Cuerpo y Sangre del Señor, en la que adoramos este gran misterio de amor. La Iglesia tiene su centro en la Eucaristía, “fuente y cima de toda evangelización” (Presbyterorum ordinis, 5); y de ella nacen todas las demás actividades pastorales, porque la celebración eucarística es la acción más importante que realiza la Iglesia.

 

Como hemos escuchado en el Evangelio de Marcos, Jesús pide a sus discípulos que preparen la cena pascual (cf. Mc 14,14-16). Una vez en la mesa, «mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: Tomad, este es mi cuerpo» (Mc 14, 22). Jesús identifica el pan que parte y ofrece a sus discípulos con su cuerpo, que va a entregar en el altar de la cruz.

Jesús nos ofrece su Cuerpo como alimento y su Sangre como bebida: «Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella» (Mc 14, 23). Bajo las especies de pan y vino se encuentra, queridos fieles, la presencia real y sacramental del Cuerpo y de la Sangre de Jesucristo.

2.- Pan de eternidad

La Eucaristía es pan de eternidad, porque Cristo es el Pan vivo con sabor de vida eterna: Como él ha dicho: «El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna» (Jn 6,54). Conviene remarcar que Jesús insiste en el disfrute de la vida eterna ya aquí durante nuestra vida temporal. Cuando comemos el pan de eternidad en este mundo, ya se hace presente la vida eterna en nuestro corazón; porque el Verbo eterno, Hijo de Dios, se ha encarnada y ha entrado en la historia humana. Por tanto, en la vida temporal ya pregustamos la vida eterna en este augusto sacramento.

En la Liturgia de las Horas de la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo rezamos: “Oh sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida, se celebra el memorial de su pasión, el alma se llena de gracia y se nos da la prenda de la gloria futura” (Ant. del Magnificat de las II Vísperas).

La Eucaristía es el alimento para la vida eterna, que sacia la sed de eternidad, que nutre la semilla divina de inmortalidad recibida en el bautismo y transforma al hombre. Hoy le pedimos al Señor que nos ofrezca ese Pan, porque necesitamos el alimento que perdura más allá de esta vida temporal. Estamos llamados a vivir más allá de la muerte temporal.

El hombre, durante su peregrinar en la tierra, está hambriento de alimento corporal y espiritual; en la Eucaristía puede satisfacer esa hambre. Al participar en la Eucaristía, no sólo alimentamos nuestra alma, sino que recibimos la herencia eterna prometida (cf. Hb 9, 15).

Para llegar a la eternidad, queridos fieles, no puede faltarnos el Pan de la Eucaristía, sin el cual no tendríamos fuerza para caminar ni avanzar. Dios, conociendo nuestra hambre radical y profunda, nos prepara un banquete para nuestra alma con el Cuerpo y la Sangre de su Hijo. Este Pan es remedio de inmortalidad. Como dice san Ignacio de Antioquía: “No encuentro ya deleite en el alimento material ni en los placeres de este mundo. Lo que deseo es el pan de Dios, que es la carne de Jesucristo, de la descendencia de David, y la bebida de su sangre, que es la caridad incorruptible” (Carta a los Romanos, 6,5). ¡Ojalá tengamos siempre hambre de este pan de eternidad, de este pan de inmortalidad!

3.- Día de Caridad

En la solemnidad del “Corpus” celebramos en España el “Día de Caridad”. Participar en el banquete eucarístico exige acercarse al hermano pobre y necesitado; la Eucaristía nos hace partícipes del amor de Dios y nos anima a acercarnos más a los pobres con solicitud y afecto.

El lema de este año versa sobre el compromiso social y la caridad transformadora: “Tu compromiso transforma el mundo”. Los Obispos de la Comisión episcopal de Pastoral Social nos recuerdan en su mensaje que en la plegaria eucarística hay dos momentos en los que se manifiesta la fuerza transformadora de la Eucaristía. Son las “epíclesis” o invocaciones al Espíritu Santo; en la primera pedimos al Padre que envíe su Espíritu para que el pan y el vino se conviertan en el cuerpo y la sangre del Señor; os ruego que os fijéis en este gesto que haremos los sacerdotes antes de la consagración de los dones. Y en la segunda se pide la invocación del Espíritu sobre la comunidad eclesial. “En ambas epíclesis los cristianos expresamos el dinamismo transformador que encarna la celebración eucarística y descubrimos la necesidad de ser instrumentos de renovación del cosmos y de la humanidad, desde la comunión con Cristo. Pidamos, hoy, al Espíritu Santo que esta mística social y transformadora de la Eucaristía nos ayude a comprometernos en la transformación del mundo y en la promoción de una caridad transformadora en todas nuestras organizaciones caritativas y sociales”.

La colecta de hoy, como sabéis, irá destinada a “Caritas”, que es el organismo pastoral que concreta y expresa la caridad que emana de la Eucaristía. Desde el primer momento de la historia los cristianos han sacado de la Eucaristía la fuerza y el ánimo para vivir la caridad. El amor a Dios lleva al amor al hermano; esa es la caridad de siempre que brota de la Eucaristía, cuando la comunidad cristiana la celebra.

“Caritas” ha sido creada como organismo pastoral; que no es una asociación, ni una organización no-gubernamental (ONG). “Caritas” es la misma Iglesia católica; “Caritas” somos todos los católicos, que impulsados por el amor fraterno atendemos las necesidades de los más pobres.

En este año estamos celebrando el Cincuenta Aniversario de “Caritas Diocesana” de Málaga, instituida por el Obispo D. Emilio Benavent en 1968. Damos gracias a Dios por este acontecimiento de nuestra Iglesia particular. Desde “Caritas Diocesana” se coordinan las Caritas parroquiales y se asumen las necesidades más importantes de la Diócesis y también las de aquellas comunidades cristianas que no pueden afrontar las necesidades que tienen. Hay un programa de actividades, que ya se ha presentado, para celebrar este Cincuentenario de “Caritas Diocesana”.

4.- Servidores y adoradores

Deseo agradecer a todos los responsables y voluntarios de las diversas “Caritas” parroquiales y a los responsables y voluntarios de “Caritas Diocesana” su gran dedicación y generosidad en ayuda de nuestros hermanos más necesitados. También realizáis esta dimensión caritativa las asociaciones, los movimientos y las cofradías, que lo habéis asumido como una prioridad en vuestra actividad. Todo eso debe ser expresión de la caridad que brota de la Eucaristía.

Pido al Señor que os bendiga y que os ofrezca recompensa de eternidad por los servicios caritativos que hacéis en aquí en la tierra. Todos salimos ganando, puesto que una poca generosidad en la tierra es recompensada por el Señor con una eternidad en el cielo. ¡Vale la pena!

Adoremos y acompañemos al Señor sacramentado por las calles de nuestra querida ciudad de Málaga, dando testimonio público de nuestra fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

Pidamos al Señor que nos haga dignos de participar en su mesa eucarística, comprometiéndonos a acoger a todos nuestros hermanos, sobre todo a los más necesitados de nuestro amor.

Y pedimos a la Santísima Virgen María que interceda por nosotros, para que seamos verdaderos adoradores de Cristo sacramentado y solícitos de nuestros hermanos los pobres. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Tue, 05 Jun 2018 09:24:17 +0000
Jornada Pro Orantibus http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/44577-jornada-pro-orantibus.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/44577-jornada-pro-orantibus.html Jornada Pro Orantibus

Mensaje del Obispo de Málaga y presidente de la Comisión Episcopal de Vida Consagrada, Jesús Catalá, con motivo de la Jornada Pro Orantibus, Día de la Vida Contemplativa.

En la solemnidad litúrgica de la Santísima Trinidad, misterio central de la fe y de la vida cristiana, celebramos la Jornada Pro Orantibus, recordando a quienes Dios ha llamado a la vida contemplativa para consagrar su vida en el silencio de los monasterios. Los monjes, las monjas y las personas de vida

eremítica ofrecen su vida en alabanza continua a la Santa Trinidad e interceden por la Iglesia y por el mundo; son como velas que arden ante la presencia del Señor dándole gracias y rezando por todos.

Al coincidir con el Año Jubilar Teresiano, los obispos españoles hemos propuesto como lema de la Jornada una exhortación que santa Teresa de Ávila decía a sus monjas: «Solo quiero que le miréis
a Él». Contemplar a Cristo implica una doble peregrinación en la espiritualidad de Teresa de Jesús, expresada en uno de sus poemas que lleva el título: «Alma, buscarte has en Mí».

Esta misma invitación de la gran santa contemplativa va dirigida también a todos nosotros. Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre (cf. Misericordiae vultus, 1). En esta Jornada damos gracias en primer lugar a Dios por el inmenso don de los contemplativos; y agradecemos a todas las personas que viven su consagración en los monasterios su oración, su presencia callada entre nosotros, su dedicación

a las cosas de Dios, su trabajo y su apoyo a esta sociedad, tan necesitada de transcendencia.

Pedimos por ellos, para que permanezcan fieles a la llamada del Señor en la vida contemplativa.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Fri, 25 May 2018 14:05:28 +0000