Málaga Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://odisur.es Thu, 21 Feb 2019 20:04:26 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es Congreso andaluz de Cofradías de la Pollinica http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/48776-congreso-andaluz-de-cofradías-de-la-pollinica.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/48776-congreso-andaluz-de-cofradías-de-la-pollinica.html Congreso andaluz de Cofradías de la Pollinica

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la celebración del Congreso Andaluz de Cofradías de la Pollinica, en la parroquia de la Encarnación (Marbella), el 9 de febrereo de 2019.

CONGRESO ANDALUZ DE COFRADÍAS DE LA POLLINICA

(Parroquia de la Encarnación-Marbella, 9 febrero 2019)

Lecturas: Is 6,1-8; Sal 137,1-8; 1 Co 15,1-11; Lc 5,1-11.

(Domingo Ordinario V-C)

1.- Las lecturas de este domingo nos presentan la actitud de algunos personajes ante la llamada de Dios en sus vidas. Veamos cómo responden estos personajes bíblicos y pongámonos nosotros a la escucha de la llamada de Dios en nuestras vidas.

En primer lugar, el profeta Isaías, al contemplar la visión del trono de Dios teme una desgracia y exclama: «¡Ay de mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros!» (Is 6,5).

Pero el poder del Señor supera toda debilidad humana. El ángel con una brasa de fuego en la mano purifica al profeta y le asegura el perdón: «He aquí que esto ha tocado tus labios: se ha retirado tu culpa, tu pecado está expiado» (Is 6,7).

Cuando el profeta escucha la voz del Señor, que pregunta a quién enviará de su parte, responde: «Heme aquí: envíame» (Is 6,8). Una purificado el profeta es capaz de proclamar después la buena nueva de parte de Dios.

Los cristianos, y por ende los cofrades, reconocemos que somos pecadores y que no somos capaces de dar testimonio con nuestras propias fuerzas; pero el Señor, como al profeta, nos purifica y nos capacita para anunciar su Reino de amor y de paz. Si un cristiano, un cofrade o un sacerdote tuviéramos que ser primero santos para poder proclamar la Palabra de Dios, no lo haríamos nunca, porque la Palabra nos sobrepasa; y al predicar a los demás, nos lo aplicamos también a nosotros, porque todos necesitamos conversión.

2.- Queridos cofrades, celebramos el XVIII Congreso Andaluz de Cofradías de la Entrada de Jesús en Jerusalén, llamadas cariñosamente “de la Pollinica”. Vuestro titular es un Rey, aclamado por el pueblo como Mesías o Ungido de Dios. Pero es un Rey divino que se humilla y que elige un pollino para hacer su Entrada triunfal en Jerusalén como Rey (cf. Mt 21, 5); un Rey que se rebaja de su dignidad para vivir entre los más pobres. Este es un gran ejemplo.

Su actitud humilde nos invita a servir al necesitado, a estar a favor de los más pobres. ¡Cuidad siempre la dimensión socio-caritativa de vuestras cofradías! Forma parte de vuestro ser cofrade; y me consta que las cofradías potenciáis esta dimensión caritativa. Ya se ha dicho en la monición de entrada que hoy es la Jornada de “Manos Unidas” y que nuestra colecta irá destinada a esta institución eclesial, que pretende paliar el hambre en el mundo.

Los que aclamaban a Jesús en su entrada en Jerusalén extendían sus mantos por el camino y cortaban ramas de los árboles para tenderlas a su paso (cf. Mt 21, 8). Vosotros, en cambio, no habéis puesto mantos, ni habéis cortado ramas de árboles; pero vosotros habéis tendido vuestros corazones ante este Rey divino, que paseáis las calles de nuestras ciudades. Él es nuestro Rey y lo aclamamos como tal, aunque tenga la apariencia de un hombre cualquiera.

La celebración del Domingo de Ramos, que solemnizáis con vuestras procesiones, es el “Pórtico” de la Semana Santa. Es una celebración festiva y alegre, que tiene el sabor agridulce de la pasión inmediata de Nuestro Señor.

Celebrar la Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén implica estar dispuestos a acompañarlo hasta la cruz y esperar su resurrección. No podemos quedarnos en el Domingo de Ramos, ni en el Viernes Santo; hemos de llegar hasta el Domingo de Pascua.

3.- En el evangelio del presente domingo aparece Simón Pedro, quien, después de haber estado pescando toda la noche sin coger nada, se fía del Maestro y echa de nuevo las redes (cf. Lc 5,5). Su gesto de confianza trae un buen fruto, pescando «gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse» (Lc 5,6).

Ante este hecho Pedro queda sobrecogido, lleno de asombro y de estupor y cae de rodillas ante Jesús, diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador» (Lc 5,8).

Pedro confiesa su falta de fe y su debilidad, como confesará su pecado de haber renegado de Cristo, su Maestro, en la noche de la pasión, cuando el gallo cantó por segunda vez (cf. Mc 14,72).

4.- Dios construye su Iglesia, contando con la vulnerabilidad de personas débiles. La Iglesia es “santa” y “pecadora” a la vez, por estar formada por personas santas que viven ya en la eternidad y por personas pecadoras que aún vivimos en este mundo.

Los cristianos y los cofrades somos tan pecadores como cualquier otro. Si Jesús nos preguntara: “El que esté libre de pecado, que lance el primer insulto”. ¿Cuántos podríamos hacerlo? Nadie; empezando por mí.

No debemos escandalizarnos de los pecados, porque el Señor ha entregado su vida para perdonarnos y salvarnos. Los cristianos, los cofrades, los religiosos, los sacerdotes, todos somos personas pecadoras, pero redimidas y salvadas por Cristo, como dice el Papa. ¡Que nadie se rasgue las vestiduras a causa de nuestros pecados!

Desde hace tiempo aparecen en los medios de comunicación noticias sobre sacerdotes o religiosos, acusados de actos graves. Eso nos apena y condenamos enérgicamente toda conducta reprobable. Pero también hemos de ser objetivos y verificar que esas conductas impropias se dan en otros muchos ámbitos de nuestra sociedad: familia, educación, deportes, actividad

cultural. El ámbito eclesial es el menos contaminado y donde menos casos se dan, aunque no aparezca así en los medios. Según los datos publicados, los casos ya juzgados en España son más de 45 mil; y los casos de sacerdotes y religiosos unos cuarenta. Y con esto no se quiere justificar ni siquiera un solo caso. Pero los católicos, ante el ataque de los medios de comunicación, tenemos que decir al menos una palabra al respecto.

Al igual que el apóstol Pedro podemos exclamar ante Jesús: «Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador» (Lc 5,8). A pesar de nuestros pecados y traiciones al Señor, él nos llama para ser testigos de su amor y de su Evangelio; nos llama para hacernos “pescadores de hombres” (cf. Lc 5,10), evangelizadores, que compartimos la fe y la alegría de sentirse salvados y perdonados por Jesús, quien, entrando solemnemente en Jerusalén entrega su vida en la cruz el Viernes Santo por toda la humanidad y resucita el Domingo de Pascua.

Los apóstoles «llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron» (Lc 5,11). Hagamos como ellos y sigamos a Cristo. Hagamos como ellos y sigamos a Cristo.

5. Queridos cofrades, no dejéis de proclamar que Jesús es el Señor de la vida y vencedor de la muerte, dando siempre testimonio de esta fe de la Iglesia. Cantad, como los hebreos al paso de Jesús: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!» (Mt 21, 9).

Anunciad la Buena Noticia a todo el mundo, como nos enseña san Pablo: «Que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras. Que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras» (1 Co 15,3-4). No dejéis de anunciar esta noticia de salvación y apropiaros de ella. Al celebrar en el Domingo de Ramos la Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, recordad que al domingo siguiente celebramos la Pascua de Resurrección. ¡Que Cristo llene siempre vuestro corazón!

La vida y la muerte del hombre están asociadas al misterio pascual de Cristo. El vivir o el morir no debe marcar nuestro rumbo, ni nuestra preocupación; no es importante vivir o morir, sino, como dice san Pablo, vivir en Cristo y morir en Cristo; tener los mismos sentimientos de Cristo (cf. Flp 2,5). Muchos de nuestros contemporáneos están muy preocupados por vivir a toda costa en este mundo y no querer morir, porque no creen en la resurrección, ni esperan en la otra vida. Pero nosotros, queridos fieles y cofrades, debemos ser testigos de esta fe en la resurrección.

Pedimos a la Santísima Virgen María que nos acompañe, nos proteja y nos cuide, para que no desfallezcamos en la misión que Cristo nos ha confiado de ser testigos valientes de su Evangelio y de vivir como buenos cofrades el misterio pascual. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Tue, 19 Feb 2019 14:53:54 +0000
Clausura del Año Jubilar Mercedario http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/48608-clausura-del-año-jubilar-mercedario.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/48608-clausura-del-año-jubilar-mercedario.html Clausura del Año Jubilar Mercedario

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, Jesús Catalá, en la Eucaristía de Clausura del Año Jubilar Mercedario, en el Monasterio de la Merced de Málaga, el 10 de febrero de 2019.

CLAUSURA DEL AÑO JUBILAR MERCEDARIO

(Monasterio de la Merced-Málaga, 10 febrero 2019)

Lecturas: Is 6,1-8; Sal 137,1-8; 1 Co 15,1-11; Lc 5,1-11.

(Domingo Ordinario V-C)


1.- Clausuramos hoy el Año Jubilar de la Orden Mercedaria con motivo del octavo Centenario de la fundación de la misma por parte del Papa Gregorio IX.

Damos gracias a Dios por este año de misericordia y de amor, derramado sobre todas las instituciones eclesiales mercedarias y por los buenos frutos espirituales de la presencia de este carisma en la Iglesia; y de modo particular de la presencia en nuestra Diócesis de este Monasterio de la Orden. Queridas hermanas, muchas gracias por vuestra oración y por el carisma que encarnáis.

San Pedro Nolasco, fundador de la Orden, fue un regalo de Dios para la Iglesia. Él descubrió a Cristo a través de las personas esclavas y de la pérdida de la fe que muchos cristianos sufrían a causa de los musulmanes.

Hoy seguís haciendo presente su carisma, queridas hermanas, en el claustro monástico, donde ejercéis la redención de tantos cautivos de cuerpo y de alma, atrapados entre las cadenas del mal. Por vuestra oración el Señor libera a tantas personas necesitadas del perdón y de la misericordia de Dios; todos lo necesitamos.

2.- Las lecturas de este domingo nos ofrecen la actitud de algunos personajes bíblicos ante la llamada de Dios en sus vidas.

En primer lugar, el profeta Isaías, quien al contemplar la visión del trono de Dios teme una desgracia y exclama: «¡Ay de mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros!» (Is 6,5).

Pero el poder del Señor supera toda debilidad humana. El ángel purificador con una brasa en la mano asegura al profeta el perdón: «He aquí que esto ha tocado tus labios: se ha retirado tu culpa, tu pecado está expiado» (Is 6,7). El Señor también nos purifica del pecado, a través del sacramento de la penitencia y de la eucaristía.

El profeta, tocado por el Señor, descubre en la realidad la urgencia de la Palabra transformadora de Dios y se siente invitado a ser testigo de esa Palabra. Cuando el profeta escucha la voz del Señor, al preguntar a quién enviará de su parte, responde: «Heme aquí: envíame» (Is 6,8).

Los cristianos reconocemos que somos pecadores y que no somos capaces de dar testimonio con nuestras propias fuerzas; pero el Señor nos purifica y nos capacita para anunciar su Reino de amor y de paz.

3.- En el evangelio de hoy aparece Simón Pedro, quien, después de haber estado pescando toda la noche sin coger nada, se fía del Maestro y echa de nuevo las redes (cf. Lc 5,5). Su gesto de confianza trae un buen fruto, pescando «gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse» (Lc 5,6). Pedro es capaz de fiarse más del Maestro que de su pericia como pescador. Podría haberle respondido a Jesús que el pescador avezado era él; sin embargo, humildemente se fía del Maestro. ¡Cuántas veces nos fiamos más de nuestros conocimientos técnicos, de nuestros saberes, de nuestros medios!

Ante este hecho Pedro queda sorprendido, sobrecogido, lleno de asombro y de estupor y cae de rodillas ante Jesús, diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador» (Lc 5,8).

San Pedro confiesa su falta de fe y su debilidad, como confesará su pecado de haber renegado de Cristo, su Maestro, en la noche de la pasión, cuando el gallo cantó por segunda vez (cf. Mc 14,72).

4.- Todos somos pecadores, pero redimidos y salvados por Cristo. Al igual que el apóstol Pedro podemos exclamar ante Jesús: «Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador» (Lc 5,8). A pesar de nuestros pecados y traiciones al Señor, él nos llama para ser testigos de su amor y de su Evangelio; nos llama para hacernos “pescadores de hombres” (cf. Lc 5,10). Los apóstoles «llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron» (Lc 5,11).

Hagamos como ellos y sigamos a Cristo. ¡Dejemos nuestras barcas y redes y fiémonos más del Señor! Él nos llama a ser testigos y discípulos suyos, aunque sea difícil serlo en nuestra sociedad, que rechaza a Dios.

Lo característico de la vocación no es lo que se deja, sino el encuentro con el Señor que permite relativizar todo lo demás. A eso mismo estamos llamados cada uno de nosotros. Hoy podríamos escribir nuestro relato vocacional: cómo nos llama él y cómo le respondemos; recordar nuestra experiencia con el Señor resucitado y dar un nuevo empuje a nuestra misión como discípulos.

5.- Hoy recorre la Jornada de “Manos Unidas”, institución eclesial sin ánimo de lucro que trabaja desde hace sesenta años para paliar y erradicar el hambre en el mundo. Nació de la iniciativa de unas mujeres de Acción Católica. Es una llamada más a unas necesidades que tiene nuestro mundo y que los políticos no resuelven. Cada vez hay más diferencia entre ricos y pobres: los ricos son más ricos y los pobres son más pobres. Cada vez hay más gente sin cubrir sus necesidades básicas: comida, ropa, techo, salud. Esto no debe doler el alma. San Pedro Nolasco, hace ochocientos años, respondió a la necesidad concreta de la liberación de cautivos. Nosotros tenemos hoy el gran reto del hambre en el mundo. Parecería que la política y la técnica iban a resolver estos problemas, pero no los resuelven.

Pedimos a la Santísima Virgen, bajo la advocación de la Merced, que, terminado el Año Jubilar, siga protegiendo con solicitud maternal a la Orden Mercedaria y a las realidades eclesiales que se amparan bajo esta advocación. Están presentes en esta celebración las hermanas “Mercedarias de la Caridad”, que son de vida activa. Y suplicamos de modo especial por esta comunidad monástica, para que se mantenga gozosa y fiel al carisma recibido. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Wed, 13 Feb 2019 14:40:34 +0000
La vida consagrada, presencia del amor de Dios http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/48440-la-vida-consagrada-presencia-del-amor-de-dios.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/48440-la-vida-consagrada-presencia-del-amor-de-dios.html La vida consagrada, presencia del amor de Dios

Homilía pronunciada por Mons. Jesús Catalá en la Eucaristía celebrada en la Catedral de Málaga el 2 de febrero, Fiesta de la Presentación del Señor, Jornada de la Vida Consagrada.

(Catedral-Málaga, 2 febrero 2019)

Lecturas: Ml 3,1-4; Sal 23,7-10; Hb 2,14-18; Lc 2,22-40.


La vida consagrada, presencia del amor de Dios


1.- El lema de la presente Jornada de la Vida Consagrada, titulado “Padre nuestro. La vida consagrada presencia del amor de Dios”, tiene como motivo el recuerdo de hace veinte años cuando el papa Juan Pablo II propuso a la Iglesia un año dedicado a Dios Padre (1999) con el fin de preparar a la Iglesia a la acogida del tercer milenio.

Cada consagrado, con su vida y testimonio, nos anuncia que Dios es Padre; Dios ama con entrañas de misericordia. Su Hijo Jesucristo nos enseñó la oración del “Padrenuestro”, que expresa la relación que Dios tiene con cada uno de nosotros, sus hijos.

El “Padrenuestro” no es una oración más entre otras, sino que es la oración por excelencia, base y culmen de toda oración. No es una de las muchas oraciones cristianas, sino que es la oración de los hijos de Dios: es la gran oración que enseñó Jesús a sus discípulos.

Como dice el papa Francisco: “El «Padrenuestro» hace resonar en nosotros esos mismos sentimientos que estaban en Cristo Jesús. Cuando nosotros rezamos el «Padrenuestro», rezamos como rezaba Jesús (…). Formados en su divina enseñanza, osamos dirigirnos a Dios llamándolo «Padre», porque hemos renacido como sus hijos a través del agua y el Espíritu Santo (cf. Ef 1,5)” (Papa Francisco, Audiencia general, 14.03.2018). En el bautismo, por el que hemos sido hechos hijos de Dios, se nos ha regalado, el don de la fe, de la esperanza y del amor. Y todos los bautizados somos, por esa consagración, “presencia del amor de Dios”; y las personas de especial consagración son, si cabe, expresión particular de dicha presencia.

2.- La vida consagrada es presencia del amor de Dios, porque es signo y memoria viva de Jesucristo que, siendo Hijo Unigénito, “hace del Padre su único Amor –he aquí su virginidad–, que encuentra en Él su exclusiva riqueza –he aquí su pobreza– y tiene en la voluntad del Padre el “alimento” del cual se nutre (cf. Jn 4, 34) –he aquí su obediencia–” (Juan Pablo II, Mensaje para la primera Jornada de la Vida Consagrada [2 de febrero], 3. Vaticano, 6.01.1997).

Los consagrados hacen “presente continuamente en la Iglesia, por impulso del Espíritu Santo, la forma de vida que Jesús, supremo consagrado y misionero del Padre para su Reino, abrazó y propuso a los discípulos que lo seguían” (Vita consecrata, 22).

Todo bautizado está llamado a seguir a Cristo. Hemos escuchado en la lectura de Jeremías, que fue llamado a ser profeta: «Antes de formarte en el vientre te escogí, antes de que salieras del seno materno te consagré: te constituí profeta de las naciones» (Jr 1,5).

Pero las personas de especial consagración estáis al servicio de la consagración bautismal, siendo signo y recuerdo de que Dios es absoluto y fundante. En palabras de santa Teresa de Ávila: “Solo Dios basta”. Quizás vamos detrás de muchas cosas, pero solo Dios basta; solo Dios llena el corazón del hombre; solo Dios es capaz de hacer feliz al ser humano. Los consagrados dais testimonio con alegría a los hombres de nuestro tiempo, en las diversas situaciones, de que Dios es el Amor capaz de colmar el corazón de toda persona humana.

La vocación de la Iglesia es pertenecer solo a su Señor, deseosa de ser a sus ojos «sin mancha ni arruga ni cosa parecida, sino santa e inmaculada» (Ef 5, 27). Esa es la vocación de toda persona de especial consagración.

3.- Pertenecemos a una sociedad que vive con frecuencia a ritmo acelerado y agitado. Por ello necesitamos dedicar tiempo para reflexionar, rezar y ponernos delante de Dios de manera agradecida. Nuestro mundo vive distraído y alejado del Señor, perdido en su búsqueda loca de felicidad, que no encuentra; y es necesario dirigir nuestra mirada hacia Dios, para centrar nuestra vida en lo que es importante y hallar el verdadero manantial de alegría y gozo interior.

Las personas de especial consagración estáis muchas veces comprometidas en trabajos apremiantes, sometidas a ritmo frenético, casi sin tiempo para reposar el ánimo. Esta Jornada debe ayudaros a retomar el respiro sereno, a volver a sentiros amados por el Señor, a renovar vuestro amor por él, a resituar vuestra vida centrándola en Cristo, a volver a las raíces de vuestra vocación, a responder al amor primero, a hacer un balance de vuestra vida y a renovar el compromiso de vuestra consagración.

4.- Existe gran necesidad de que la vida consagrada sea presencia del amor de Dios. Hemos escuchado el himno a la caridad que san Pablo dirige a los corintios: «El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1Co 13,4-7). Este himno a la caridad debe marcar nuestra.

Es deseable que la vida consagrada se muestre cada vez más llena de alegría y de Espíritu Santo, se lance con brío por los caminos de la misión, se acredite por la fuerza del testimonio vivido, ya que, como decía el papa Pablo VI: “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio” (Evangelii nuntiandi, 41).

La vida consagrada es presencia del amor de Dios, antes de ser compromiso del hombre, porque es regalo que viene por iniciativa de Dios Padre, cuya mirada de predilección llega al fondo del corazón de la persona llamada. El carisma recibido del Espíritu Santo le impulsa a seguir como discípulo amado las huellas de Cristo, acogiendo y asumiendo los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia.

5.- La existencia de la vida consagrada en la Iglesia es necesaria y esencial, porque así lo que querido Jesucristo, su Fundador. Es manifestación y rasgo de la Esposa de Cristo, amada por Él hasta el extremo.

Demos gracias a Dios por el regalo de la vida consagrada; por los dones y carismas con que el Espíritu enriquece a la Iglesia, para seguir animándola y sosteniéndola en su misión en el mundo.

Y agradecemos a las personas de especial consagración su aceptación a la llamada del Señor y su fidelidad al carisma recibido. Gracias por vuestra presencia en la Iglesia, y de modo especial en la Diócesis de Málaga.

Como el anciano Simeón de la escena evangélica acojamos al Señor, dándole gracias por haber visto al Salvador (cf. Lc 2,30), que nos ha mostrado el rostro misericordioso del Padre y con su luz alumbra a todas las naciones (cf. Lc 2,32).

Pedimos a la Santísima Virgen María que sostenga el compromiso de todos los consagrados, para que vivan la alegría de ser presencia del amor de Dios entre los hombres. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Tue, 05 Feb 2019 12:30:30 +0000
Homilía del Obispo de Málaga en el Funeral del Cardenal Sebastián Aguilar http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/48324-homilía-del-obispo-de-málaga-en-el-funeral-del-cardenal-sebastián-aguilar.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/48324-homilía-del-obispo-de-málaga-en-el-funeral-del-cardenal-sebastián-aguilar.html Homilía del Obispo de Málaga en el Funeral del Cardenal Sebastián Aguilar

Homilía pronunciada por el obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Misa de exequias del Cardenal Fernando Sebastián celebrada en la Catedral de Málaga el 26 de enero de 2019.

También en vídeo.

FUNERAL DEL CARDENAL FERNANDO SEBASTIÁN AGUILAR

(Catedral-Málaga, 26 enero 2019)

Lecturas: 2 Tim 1,1-8; Sal 95,1-3.7-8.10; Lc 10,1-9.


1.- Celebramos las exequias de nuestro querido hermano Fernando, obispo. El Señor ha querido llevárselo en la víspera de la fiesta de la conversión de san Pablo, a quien él tenía como gran maestro y evangelizador. Y esta celebración se enmarca en la fiesta litúrgica de los santos Timoteo y Tito, obispos, discípulos e hijos queridos de san Pablo (cf. 2 Tim 1,2), como también lo fue D. Fernando. Por eso han sido proclamadas las lecturas de este día.

El Apóstol de las gentes se presenta como «apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, para anunciar la promesa de vida que hay en Cristo Jesús» (2 Tim 1,1). Ésta es la verdad que estamos celebrando: la vida recibida en Cristo, que dura toda la eternidad; y ésta ha sido la tarea que nuestro hermano Fernando ha asumido en su ministerio, llamado a evangelizar desde el carisma claretiano.

Pablo pide a sus colaboradores, y nos lo pide a todos los pastores, que reavivemos el don de Dios que hay en nosotros por la imposición de manos (cf. 2 Tim 1,6).

2.- Los últimos papas, y de modo especial el papa Francisco, nos han invitado a evangelizar, a dar testimonio de Cristo Jesús, a tomar parte en los padecimientos por el Evangelio (cf. 2 Tim 1,8). Nuestro mundo necesita testigos auténticos y valientes de la Verdad; cristianos que transformen el mundo a la luz del Evangelio; creyentes que profesen la resurrección del Señor y la vida eterna; laicos, religiosos y pastores que sean capaces de vivir lo sobrenatural, asumiendo y elevando al ser humano en su totalidad; evangelizadores que proclamen el Evangelio con audacia e incluso contracorriente, como dice el papa Francisco (cf. Evangelii gaudium, 259).

Agradecemos hoy a Dios el regalo de la persona y del ministerio de nuestro hermano Fernando, que dedicó su vida a vivir como un creyente audaz y a contracorriente, como un gran misionero.

3.- El Evangelio proclamado hoy nos ha recordado las palabras de Jesús: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Lc 10,2).

Un excelente trabajador de la viña ha sido hoy llamado a la eternidad, después de haber realizado su misión en la tierra. Animamos a los jóvenes a relevar en el puesto de trabajo el sitio vacío que ha dejado nuestro hermano Fernando. La Iglesia necesita trabajadores incansables, obreros fieles que cultiven la viña del Señor, a quien pedimos que nos regale pastores buenos y santos, como era el deseo del obispo san Manuel González.

4.- Nuestra celebración es una profesión de fe en la resurrección de Cristo, a la que somos incorporados en nuestro bautismo. Como reza el Catecismo de la Iglesia Católica: “Por el bautismo, el cristiano se asimila sacramentalmente a Jesús, que anticipa en su bautismo su muerte y su resurrección: debe entrar en este misterio de rebajamiento humilde y de arrepentimiento, descender al agua con Jesús, para subir con él, renacer del agua y del Espíritu para convertirse, en el Hijo, en hijo amado del Padre y «vivir una vida nueva» (Rm 6, 4)” (n. 537). Ésta es la realidad que estamos celebrando.

Desde nuestro bautismo iniciamos el camino hacia la eternidad; comenzamos un proceso de transformación. En Cristo transfigurado se revela la transformación que acontece en el curso de toda la vida humana. Creemos en la transformación que supone pasar de la muerte temporal a la vida eterna.

D. Fernando comentaba en una homilía: “Lo más importante de la vida es preparar con tiempo, con humildad y confianza, el encuentro definitivo con el Señor. Llegamos cuando morimos; Dios es el mar inmenso, en que se ensanchan y perduran para siempre nuestras vidas. El cuerpo resucitado de Cristo es el mundo nuevo, en el que arraigan y crecen nuestras almas con una vida perpetua y feliz. La fe nos anima a desear esta consumación, compartiendo ya desde ahora la muerte y la resurrección del Señor” (Homilía, Málaga, 21.VIII.2016).

5.- Vivir significa morir, es decir, caminar hacia la muerte; pero morir significa resucitar. El evangelista Juan define la cruz como glorificación, fundiendo la transfiguración y la cruz (cf. Jn 12,23; 13,31).

Las últimas palabras del Señor resucitado a Pedro, después de haberle constituido pastor de su rebaño, fueron: «Cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras» (Jn 21, 18); era una alusión a la cruz que esperaba a Pedro al final de su camino.

Nuestro hermano Fernando ha sido purificado por la enfermedad y el dolor, sobre todo en las últimas semanas. Pero su vida ha estado iluminada por las palabras de san Pablo: «Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor» (Rm 14, 7-8).

Hagamos nuestra la oración de san Gregorio Nacianceno: “Enterrémonos con Cristo por el Bautismo, para resucitar con él; descendamos con él para ser ascendidos con él; ascendamos con él para ser glorificados con él” (Oraciones, 40, 9).

6.- Con la partida de D. Fernando unos han perdido a un padre, otros un familiar o amigo, otros un hermano. Pero todos hemos perdido a un gran maestro, que ha sabido interiorizar las enseñanzas del único y divino Maestro, Jesucristo, y nos las ha enseñado de manera magistral.

Recuerdo el primer encuentro con el papa Francisco, acompañando a D. Fernando en la Misa matutina en Santa Marta en Roma. En el momento del saludo D. Fernando le ofreció unos libros, que había publicado, y el Papa, cogiendo los libros y mirándole a los ojos, le dijo: “Ha sido Vd. un maestro para mí”; y no en balde lo nombraba Cardenal algunos meses después.

Pocos días antes de su muerte, acompañado del Arzobispo de Pamplona lo visitamos y D. Francisco le pidió que nos bendijera; D. Fernando, sin poder hablar, pero con una gran unción nos bendijo al estilo episcopal, ejerciendo de ese modo su ministerio hasta el final. Hasta el final ha estado dando clases; hasta el final ha estado escribiendo: un libro en imprenta y otro comenzado; hasta el final ha estado acompañando a la Iglesia con su oración y fortaleciendo a los cristianos con su testimonio. ¡Demos gracias a Dios por todo ello!

Termino con unas palabras del mismo D. Fernando sobre la muerte y la resurrección: “Todos morimos, pero Dios permanece, y este Dios que permanece es un Dios de vida, un Dios que nos ama para siempre, un Dios generoso que quiere tenernos siempre en su presencia. El amor y la fidelidad de Dios son fuente y garantía de nuestra propia inmortalidad (…) la muerte está vencida” (Homilía, Málaga, 21.VIII.2016).

Pedimos a la Santísima Virgen María, de la que nuestro hermano Fernando era un gran devoto, como buen “Hijo del Corazón Inmaculado de María”, que lo acompañe ante la presencia de Dios y lo conduzca hasta las moradas eternas, concediéndole el gozo pleno y la paz perpetua, tras haber sido un fiel servidor del Evangelio, un gran maestro y un abnegado pastor. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Wed, 30 Jan 2019 14:50:48 +0000
Epifanía del Señor http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/47990-epifanía-del-señor.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/47990-epifanía-del-señor.html Epifanía del Señor

Homilía pronunciada por Mons. Jesús Catalá en la solemnidad de la Epifanía del Señor, el 6 de enero de 2019, en la Catedral de Málaga.

EPIFANÍA DEL SEÑOR

(Catedral-Málaga, 6 enero 2019)

Lecturas: Is 60, 1-6; Ef 3, 2-6; Mt 2, 1-12.


En busca de Dios

1.- Acabamos de escuchar el anuncio de las fiestas litúrgicas más importantes del nuevo año. En mis encuentros con los niños en las visitas pastorales a las parroquias suelo preguntarles qué fiesta litúrgica es la más importante; y suelen responder que la Navidad. Entonces les explico la Navidad está dirigida hacia la Pascua y que la fiesta más importante del año litúrgico es la Pascua. Otra cosa es que nos guste más la Navidad por el ambiente familiar y por los regalos de Reyes. Pero la gran fiesta del cristiano es la Pascua hacia donde nos encaminamos desde el principio del año litúrgico.

En esta solemnidad de la Epifanía el texto del profeta Isaías es un oráculo sobre el futuro escatológico de Jerusalén, que se convertirá en centro espiritual del mundo, a donde acudirán todos los gentiles buscando la salvación: «Caminarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu alborada» (Is 60,3).

La luz y la gloria del Señor amanecen en Jerusalén (cf. Is 60,1-2), una vez disipadas las tinieblas que cubren la tierra. Todos los pueblos se reúnen ante el Salvador del mundo, que ha venido a vivir entre los hombres.

Los Magos que vienen de Oriente a adorar al Niño nacido en Belén son los primeros, de una gran muchedumbre de todas las épocas, que reconocen la estrella y encuentran al Niño, que es expresión de la ternura y del amor de Dios. La luz de la estrella sigue hoy iluminando a gentes de toda raza, lengua y color, que van en busca de Dios.

El Niño de Belén, nacido de la Virgen María, ha venido al mundo no sólo para el pueblo de Israel, representado por los pastores, sino también para toda la humanidad, representada por los Magos de Oriente. El texto de la carta a Efesios explica bien que los gentiles también están llamados a conocer y participar en el misterio revelado: «Que los gentiles sois coherederos, miembros del mismo Cuerpo y partícipes de la misma promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio» (Ef 3,6). Si los gentiles no hubieran estado llamados a participar de esta promesa y salvación, tampoco nosotros, como gentiles respecto a la religión judaica, hubiéramos conocido al Señor. Hoy celebramos la manifestación del Salvador a todas las gentes, incluidos nosotros. ¡Demos gracias a Dios-Padre porque hemos podido conocerle a través de su Hijo Jesucristo!

Todo el mundo está llamado a conocer la salvación y a ser iluminado por la luz de Jesucristo; toda la humanidad está llamada a reconocer en el Niño de Belén al Hijo de Dios y Redentor de los hombres. Desde los cuatro puntos cardinales en todo el orbe terráqueo se adora Jesucristo como Rey de reyes y se le ofrece incienso como Dios.

2.- Los Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén, preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle» (Mt 2,2).

Hay un gran contraste entre los que buscan sinceramente a Dios, como los Magos y los pastores, y quienes simulan que les interesa, como el Rey Herodes, pero tienen otros planes y temen perder su poder temporal. Herodes, al oír esta noticia se sobresalta y pide mayor información sobre ese Niño, que podía hacer peligrar su buena posición (cf. Mt 2,4). Falsamente dice que también él desea adorarle (cf. Mt 2,8); en realidad el rey Herodes y sus secuaces no son verdaderos buscadores de Dios ni adoradores sinceros. ¡Que no nos suceda a nosotros como a Herodes! ¡Nuestra búsqueda de Dios debe ser sincera y verdadera! Dios trasciende todo; a Él no se le compra, ni se le adora para que me conceda lo que le pido. Dios te regala tu vida, es misericordioso contigo, es infinita bondad y hay que disfrutar sus dones.

Los Magos, en cambio, eran hombres sabios y estudiosos de los astros, que escrutaban el firmamento desde la creencia que atribuía a las estrellas un significado y un influjo sobre las vidas humanas. Ellos representan a todas las personas que van sinceramente en busca de Dios desde diversas religiones, filosofías y estilos de vida. Hay mucha gente que busca a Dios, pero no lo busca donde se le puede encontrar, sino buscándose a sí mismo; o lo buscan en caminos equivocados o entre los bienes materiales, riquezas y honores. Pero Jesús no está ahí, sino en la sencillez, en la humildad, en el servicio.

Los Magos buscaban la Luz verdadera desde una pequeña luz, una pequeña estrella. Como dice un Himno litúrgico de la Epifanía: Siguiendo una luz ellos buscan la Luz. Iban en busca de Dios. Al ver el signo de la estrella se pusieron en camino e hicieron un largo viaje (cf. Papa Francisco, Homilía en la Epifanía del Señor, Vaticano, 6.01.2015). La Luz de Dios no ciega al hombre y se puede descubrir en pequeños signos, en pequeñas luces y en pequeñas presencias de Dios.

3.- La humanidad sigue buscando a Dios; y los Magos nos indican el camino que debemos recorrer en nuestra vida.

La Iglesia nos invita hoy a reflexionar sobre la búsqueda de Dios. ¿Buscamos realmente al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo? ¿O tal vez buscamos un dios que se acomode a nuestros deseos y necesidades?

Los Magos, siguiendo la estrella, llegaron hasta donde estaba el Niño (cf. Mt 2,9); y «al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría» (Mt 2,10). El Señor nos ofrece signos, luces, estrellas, acontecimientos, testigos, que nos ayudan a descubrir su presencia. Hemos de saber apreciar estos signos y captar a través de ellos una realidad más profunda.

Hemos de saber descubrir los pequeños signos que nos pueden llevar a Dios. Como dice el Concilio Vaticano II, hemos de escrutar “los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas” (Gaudium et spes, 4).

La fe todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre. Escrutando los signos de los tiempos podremos descubrir mejor a Cristo, el Enmanuel, y acercarnos a él, que vive entre los hombres.

Una tarea más difícil y compleja es cómo ayudar a quienes no creen y rechazan los signos que Dios nos ofrece. ¿Cómo evangelizar a un pueblo, a unos paisanos nuestros, que ya no creen en Dios? ¿Cómo provocar el encuentro con Jesucristo y la adhesión a su persona? ¿Cómo ser mejores testigos de la presencia de Dios? Acerquémonos al recién Nacido y dejémonos iluminar por su luz; tal vez así podremos ayudar a otros a descubrir la gran Luz desde una pequeña luz.

La ayuda puede venir del testimonio de los santos y de manera especial de Santa María, la Madre del Mesías, que siempre nos acompaña en el camino de la fe, del amor y de la esperanza cristiana.

¡Acudamos a Ella para descubrir y aceptar en nuestra vida la presencia salvífica de Dios-Amor y para dar testimonio auténtico de nuestra fe! Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Thu, 10 Jan 2019 12:50:30 +0000
Misa de Navidad http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/47816-misa-de-navidad.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/47816-misa-de-navidad.html Misa de Navidad

Homilía pronunciada por D. Jesús Catalá en la Eucaristía de Navidad en la Catedral de Málaga el 25 de diciembre de 2018.

NAVIDAD
(Catedral-Málaga, 25 diciembre 2018)

Lecturas: Is 52, 7-10; Sal 97, 1-6; Hb 1, 1-6; Jn 1, 1-18.

El maravilloso intercambio

1.- Cantar un cántico nuevo
La liturgia de este hermoso día de Navidad nos invita a cantar un canto nuevo: «Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas» (Sal 97,1). Toda la tierra ha visto la salvación de Dios: «Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios» (Sal 97,3).
Ciertamente el Señor ha hecho maravillas en favor de la humanidad. Dios, en su Hijo Jesucristo ha querido acercarse a los hombres y tomar nuestra carne mortal, asumiendo nuestra naturaleza para sanarla de sus heridas y elevarla a dignidad más alta.
Dice el profeta: «Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, porque el Señor ha consolado a su pueblo, ha rescatado a Jerusalén» (Is 52,9). Dios ha consolado, en verdad, a su pueblo, rescatándolo del pecado y de la muerte eterna; y no solo a su pueblo Israel, sino a toda la humanidad; ahí estamos incluidos todos nosotros. El Hijo de Dios ha querido venir al mundo, sin desdeñar nuestra pobreza y nuestra miseria, para traernos la salvación (cf. Is 52,10).
¡Cantemos un cántico nuevo al conocer esta hermosa noticia! Seamos mensajeros de la Buena Nueva, como dice Isaías: «¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz, que anuncia la buena noticia, que pregona la justicia!» (Is 52,7).
Unámonos al canto de toda la tierra, como nos anima el salmo: «Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad» (Sal 97,4). ¡Queridos hermanos, vivid la alegría de la Navidad! ¡Que nada ni nadie nos la arrebate!

2.- El maravilloso intercambio
La Navidad es un intercambio maravilloso entre Dios y el hombre. Dios todopoderoso y transcendente se acerca al hombre, creatura limitada y pobre. Puede ayudarnos a entenderlo mejor el escritor ruso León Tolstoi en su breve relato de un rey que pidió a sus sacerdotes y sabios que le mostraran cómo era Dios. Los sabios no fueron capaces; y un pobre pastor se ofreció para ello y le dijo al rey que sus ojos no eran capaces de ver a Dios; porque podemos ver a Dios solo con los ojos de la fe.
Pero el rey quiso saber al menos qué es lo que hacía Dios. El pastor respondió que para ello era necesario intercambiarse sus vestidos. La curiosidad del rey pudo más que su recelo y prevención; y accedió a la petición del pastor, entregéndole sus vestiduras reales mientras él se vestía con la ropa sencilla de ese pobre hombre. En el momento en que se hubo puesto las ropas raídas y viejas del pastor encontró la respuesta, cayendo en la cuenta de que eso es lo que hace Dios con los hombres (cf. Benedicto XVI, Homilía en la Misa crismal. Vaticano, 5 abril 2007).
El evangelista Juan nos ha dicho en su Prólogo: «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios» (Jn 1,1). En la Navidad celebramos el maravilloso intercambio: el Hijo de Dios «se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos» (Flp 2,6).
Al confesar que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (cf. Jn 1,14), proclamamos su divinidad y su encarnación como hombre. Dios realizó el admirable y sagrado intercambio: asumió nuestra pobreza. Cristo se ha puesto nuestros vestidos; es decir, la fragilidad, el dolor y la alegría de ser hombre, el hambre, la sed, el cansancio, las esperanzas y las desilusiones, todas nuestras angustias incluso el miedo a la muerte. Ese es el traje que se puesto Cristo para estar con nosotros.
El Hijo de Dios ha querido rebajarse al nivel humano. Y Él nos ha regalado sus “vestidos” reales y divinos, para que nosotros pudiéramos recibir su riqueza y ser hijos adoptivos de Dios. Así lo dice el evangelista Juan en su Prólogo: «a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre» (Jn 1,12).
Eso es precisamente lo que sucede en el bautismo: somos revestidos de Cristo; él nos da sus vestidos y nos transforma. San Pablo usa la imagen del vestido hablando del bautismo: «Todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo» (Gal 3,27).
Revestirse es ponerse otro ropaje por encima del vestido propio, como los sacerdotes cuando celebramos la liturgia. Nuestro vestido es la naturaleza humana dañada por el pecado; pero Cristo nos reviste sanando nuestra naturaleza; pero no nos quita el vestido que llevamos como seres humanos; no dejamos de ser personas humanas. Sino que enriquece y diviniza (reviste) la naturaleza humana (vestido).
Significa que entramos en una comunión existencial con él, en la que su ser y el nuestro confluyen y se compenetran, hasta poder exclamar como san Pablo: «Ya no soy yo quien vivo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gal 2,20). ¡Ojalá pudiéramos decir nosotros eso mismo!
A quienes reciben en su corazón al Niño-Dios se les concede ser hijos de Dios (cf. Jn 1,12).

3.- Compartir con los más necesitados
¡Alegrémonos, hermanos, por este maravilloso intercambio entre Dios y el hombre! Esta es la mejor lotería de Navidad que nos pueda tocar. Cristo nos ha enriquecido con sus dones y con su divinidad; nos ha elevado al rango de hijos de Dios.
La Navidad nos invita a actuar como Cristo: acercarnos al necesitado, atender al pobre, cuidar al enfermo, visitar al que vive solo; y cubrirlos a todos ellos con nuestro amor, con nuestro afecto; revestirlos con el ropaje con que hemos sido revestidos nosotros por Cristo; abrazarlos y darles calor de fraternidad, de amor, del que tan necesitada está nuestra humanidad.
En este tiempo navideño no podemos olvidar a tanta gente que sufre, que pasa necesidad, a los pobres sin familia y sin techo. Jesucristo, con su ejemplo, nos invita a compartir generosamente con los más necesitados los bienes que su providencia nos regala cada día.
Agradecemos la colaboración de tantos cristianos, de instituciones y de personas de buena voluntad, de diversos credos e incluso no creyentes, que se acercan al necesitado para cambiar sus vestidos de pobreza en vestidos de alegría y de fiesta. El Niño nacido en Belén, con su ejemplo, nos invita a ello.
Pedimos la intercesión de la Santísima Virgen María, la Madre del Niño-Dios, que nos fue entregada como madre nuestra, para que nos ayude a vivir con alegría estas entrañables fiestas. ¡Feliz Navidad a todos! Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Wed, 26 Dec 2018 14:13:34 +0000
"El maravilloso intercambio" http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/47781-el-maravilloso-intercambio.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/47781-el-maravilloso-intercambio.html

Mensaje de Navidad del obispo de Málaga, Mons. Jesús Catalá

La Navidad es un intercambio maravilloso entre Dios y el hombre. Dios todopoderoso y transcendente se acerca al hombre, creatura limitada y pobre.

NAVIDAD 2018

La Navidad es un intercambio maravilloso entre Dios y el hombre. Dios todopoderoso y transcendente se acerca al hombre, creatura limitada y pobre. En un breve relato el escritor ruso León Tolstoi narra que había un rey que pidió a sus sabios que le mostraran cómo era Dios. Como los sabios no fueron capaces, un pastor se ofreció para realizar esa tarea y le dijo al rey que sus ojos no eran capaces de ver a Dios.

Pero el rey quiso saber al menos qué es lo que hacía Dios. El pastor respondió que para ello era necesario intercambiarse sus vestidos. Con recelo, pero con curiosidad el rey accedió y entregó sus vestiduras reales al pastor y él se vistió con la ropa sencilla de ese pobre hombre. Y en ese momento encontró la respuesta, cayendo en la cuenta: Esto es lo que hace Dios (cf. Benedicto XVI, Homilía en la Misa crismal. Vaticano, 5 abril 2007).

En la Navidad celebramos el maravilloso intercambio: el Hijo de Dios «se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos» (Flp 2,6). Como dicen los santos Padres, Dios realizó el admirable y sagrado intercambio: asumió nuestra pobreza. Cristo se ha puesto nuestros vestidos: la fragilidad, el dolor y la alegría de ser hombre, el hambre, la sed, el cansancio, las esperanzas y las desilusiones, todas nuestras angustias, incluso el miedo a la muerte.

Y él nos ha regalado sus “vestidos”, para que nosotros pudiéramos recibir su riqueza y ser hijos adoptivos suyos. Eso es precisamente lo que sucede en el bautismo: somos revestidos de Cristo; él nos da sus vestidos y nos transforma. San Pablo usa la imagen del vestido: «Todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo» (Gal 3,27).

La filiación divina se nos regala en el bautismo. Significa que entramos en una comunión existencial con él, en la que su ser y el nuestro confluyen y se compenetran: «Ya no soy yo quien vivo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gal 2,20).

¡Alegrémonos por este maravilloso intercambio! Esta es la mejor lotería de Navidad que nos pueda tocar.

Deseo agradecer a tantos voluntarios que se acercan a los más necesitados para cambiar sus vestidos de pobreza en vestidos de alegría y de fiesta. El Niño nacido en Belén, con su ejemplo, nos invita a ello.

¡Feliz Navidad a todos!

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Fri, 21 Dec 2018 13:22:55 +0000
En el XXV aniversario de la bendición de la imagen de María Santísima Reina de los Cielos, titular de la Agrupación de Cofradías de Málaga http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/47654-en-el-xxv-aniversario-de-la-bendición-de-la-imagen-de-maría-santísima-reina-de-los-cielos-titular-de-la-agrupación-de-cofradías-de-málaga.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/47654-en-el-xxv-aniversario-de-la-bendición-de-la-imagen-de-maría-santísima-reina-de-los-cielos-titular-de-la-agrupación-de-cofradías-de-málaga.html En el XXV aniversario de la bendición de la imagen de María Santísima Reina de los Cielos, titular de la Agrupación de Cofradías de Málaga

Homilía pronunciada por D. Jesús Catalá en la Eucaristía del XXV aniversario de la bendición de la imagen de María Santísima Reina de los Cielos, titular de la Agrupación de Cofradías de Málaga, celebrada en la iglesia de San Julián, Málaga, el 14 de diciembre de 2018.

XXV ANIVERSARIO DE LA BENDICIÓN DE LA IMAGEN

DE MARÍA SANTÍSIMA REINA DE LOS CIELOS

TITULAR DE LA AGRUPACIÓN DE COFRADÍAS DE MÁLAGA

(Iglesia San Julián - Málaga, 14 diciembre 2018)

Lecturas: Is 48,17-19; Sal 1,1-4.6; Mt 11,16-19.

1.- Origen de la fiesta de Santa María Reina

Hoy celebramos el XXV Aniversario de la Bendición de la imagen de María Santísima Reina de los cielos, titular de la Agrupación de Cofradías de Málaga. En alguna ocasión he preguntado al Presidente por qué razón elegisteis esta advocación; hoy, en la exaltación a la Virgen previa a la Eucaristía, se nos ha explicado muy bien.

En el cetro que la Agrupación de Cofradías ha regalado a la imagen con esta ocasión está escrito: “Regina coelorum laetare, quia Filius tuus resurrexit a mortuis” (Reina de los cielos, alégrate, porque tu Hijo resucitó de entre los muertos).

Veamos el fundamento teológico de este título. La devoción a la Santísima Virgen con el título de “Reina” es muy antigua en su origen, pero más reciente como fiesta litúrgica. Fue establecida por el papa Pío XII en 1954, al final del Año Mariano, fijando la fecha en el 31 de mayo (cf. Carta encíclica Ad caeli Reginam, 11.10.1954). En esa ocasión el papa dijo que María es Reina más que cualquier otra criatura por la elevación de su alma y por la excelencia de los dones recibidos. Ella nunca deja de otorgar todos los tesoros de su amor y su preocupación por la humanidad (cf. Discurso en honor a María Reina, 01.11.1954).

La reforma postconciliar del calendario litúrgico colocó cerca de la solemnidad de la Asunción de María al cielo para remarcar la estrecha relación entre la realeza de María y su glorificación en cuerpo y alma junto a su Hijo; así lo confirma el Concilio Vaticano II: “María fue asunta a la gloria celestial y fue ensalzada por el Señor como Reina universal, con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo” (Lumen gentium, 59).

El papa Pablo VI recordaba: “En la Virgen María todo es referido a Cristo y todo depende de Él: en vistas a Él Dios Padre la eligió desde toda la eternidad como Madre toda santa y la adornó con dones del Espíritu Santo que no fueron concedidos a ningún otro” (Marialis cultus, 25). Ninguna creatura humana ha recibido los dones que Dios ha concedido a la Virgen María. En un texto poético sobre la Virgen se dice que los seres mortales hemos caído en el pecado y después Dios nos ha tendido la mano; pero la Virgen no cayó, sino que fue preservada sin mancha.

2.- Significado de la advocación de María Reina de los cielos

Podemos preguntarnos qué significa esta advocación de María Reina de los cielos. No se trata de un título más, ni su corona de reina es un ornamento como otros. La realeza de la Virgen María es una consecuencia de su unión con el Señor; es una consecuencia de su maternidad. La unión entre Madre e Hijo, iniciada en la Encarnación de Jesucristo, ya no puede separarse. La comunión entre ellos se mantiene hasta la eternidad, sin que haya un tiempo de separación. La Virgen María no podía quedarse en la podredumbre del sepulcro; Ella tenía que gozar de la gloria del Señor.

El tipo de la realeza de Jesús y de María no es al modo humano con poder y fuerza. El reino de Jesús no tiene nada que ver con los reinos de los poderosos de este mundo.

La realeza de Cristo está en su humildad, servicio, amor, entrega hasta la muerte. Jesús fue proclamado rey en la cruz, como indica la inscripción de Pilato: “Rey de los Judíos” (cf. Mc. 15,26); éste fue el motivo de su condena. Cristo fue glorificado en el trono de la cruz; y su Madre participaba en la pasión de su Hijo y compadecía con Él junto a la cruz, sufriendo con Él por nosotros. El reino que nace de ese amor es un reino de justicia salvadora, de verdad y de amor; es un reino de servicio.

Lo mismo podemos decir de Santa María: es reina en el servicio a Dios y a la humanidad; es reina de amor, que se entrega totalmente a Dios; es la esclava del Señor, tal como le responde al ángel Gabriel en la Anunciación (cf. Lc. 1,38). María es reina amándonos, ayudándonos en nuestras necesidades, cuidando de nosotros como hijos adoptivos y compadeciéndose de nuestras miserias. Es el mismo Jesús quien nos la regala como Madre (cf. Jn 19,26). La realeza de Cristo va unida a la realeza de su Madre.

3.- Implicaciones para nosotros

¿Pertenecemos nosotros a ese reino de Cristo y de su Madre? ¿O acaso proclamamos nuestra pertenencia a ese reino, pero no asumimos las consecuencias? Ser ciudadanos de ese reino significa hacer como ellos hicieron: servicio, humildad, entrega, amor, perdón. Esto mismo es lo que se les pide a los cofrades; sin buscar honores, ni títulos.

¡Invoquemos a Santa María como Reina de los cielos! ¡Acudamos a Ella en nuestras necesidades y también en nuestras alegrías! Recémosle con las letanías lauretanas, que la designan como Reina de tantos santos: Reina de los ángeles, de los patriarcas, de los profetas, de los apóstoles, de los mártires, de los confesores, de las vírgenes. Podríamos añadir: “Reina de los cofrades”. Al igual que en Valencia se ha añadido en las Letanías lauretanas el título de “Madre de los Desamparados”.

El profeta Isaías, en la lectura que ha sido proclamada, nos recuerda los buenos frutos que podemos obtener en nuestra vida si obedecemos a Dios: «Si hubieras atendido a mis mandatos, tu bienestar sería como un río, tu justicia como las olas del mar, tu descendencia como la arena, como sus

granos, el fruto de tus entrañas» (Is 48,18-19). Todos estos frutos nos pueden venir de la obediencia a Dios. Santa María, Reina de los cielos, obedeció a la voluntad del Señor y nos regaló el mejor fruto en la historia de la humanidad: Jesucristo.

Termino con unas palabras del papa Benedicto XVI: “La devoción a la Virgen es un elemento importante de la vida espiritual. En nuestra oración no dejemos de acudir confiados a Ella. María no dejará de interceder por nosotros ante su Hijo. Contemplándola a Ella, imitemos la fe, la plena disponibilidad al amoroso plan de Dios, la generosa acogida a Jesús. Aprendemos a vivir de María. María es la Reina del cielo cerca de Dios, pero es también la madre cercana a cada uno de nosotros, que nos ama y escucha nuestra voz” (Audiencia general en la memoria litúrgica de Santa María “Reina”, Castel Gandolfo, 23.08.2012).

Deseo felicitaros por el anhelo de los cofrades que hace más de veinticinco años eligieron para la imagen de la Virgen de la Agrupación de Cofradías el título de Reina de los Cielos. Este anhelo se plasmado en las dos imágenes titulares de la Agrupación: Cristo Resucitado y la Reina de los Cielos. La Semana Santa debe finalizar con la Resurrección del Señor; si Él no hubiera resucitado, nuestra fe sería vana (cf. 1 Co 15,14). ¡Felicito, pues, a la Agrupación!

Jesús muere en la cruz y resucita al tercer día. La Virgen María obedeció a Dios y vive gloriosa en los cielos. Ahora nos queda una tarea: si queremos resucitar, debemos antes ir muriendo al pecado, al egoísmo, a lo que nos aparta de Dios y de su amor. No se puede resucitar sin morir antes; hemos de empezar a morir ya desde ahora. El mismo Jesús dijo: «si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24).

¡Que Santa María proteja, cuide, acompañe, la Agrupación de Cofradías de Málaga! Santa María, Reina de los cielos, ¡ruega por nosotros! Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Tue, 18 Dec 2018 12:21:50 +0000
Inmaculada Concepción de la Virgen María http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/47563-inmaculada-concepción-de-la-virgen-maría.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/47563-inmaculada-concepción-de-la-virgen-maría.html Inmaculada Concepción de la Virgen María

Homilía pronunciada por Don Jesús Catalá en la Catedral de Málaga en la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María.

INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

(Catedral-Málaga, 8 diciembre 2018)

Lecturas: Gn 3, 9-15.20; Sal 97, 1-4; Ef 1, 3-6.11-12; Lc 1, 26-38.

La Virgen Inmaculada escucha y acepta la voluntad de Dios

1.- La Inmaculada Concepción

Al comenzar el Adviento lo hacemos de la mano de la Virgen Inmaculada, cuyo dogma definió el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854 al proclamar solemnemente que la Santísima Virgen "fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano".

La Concepción Inmaculada de María es obra de la Santa Trinidad. Ante la desobediencia de nuestros primeros padres, como hemos escuchado en la primera lectura (cf. Gn 3,12-13) y las consecuencias de este pecado original, quiso Dios enviar a su Hijo Unigénito en la plenitud de los tiempos para realizar la obra de salvación de la humanidad y ofrecerle la filiación divina (cf. Gal 4,4-5).

Dios Padre prepara una Madre para su Hijo, que se encarna por obra del Espíritu Santo; ésta es la gran obra de la Trinidad. Y elige una Madre santa, pura y limpia, no manchada por el pecado original e inmune de pecados personales.

La Concepción Inmaculada de María deriva de su maternidad divina y es privilegio singular como primer fruto de la redención. Mientras todos los demás mortales somos limpiados en el bautismo del pecado original y de los pecados personales si los hubiera por el misterio pascual de Cristo muerto y resucitado, María es preservada de todo pecado, original y personal, aplicándosele anticipadamente los méritos del sacrificio redentor de su Hijo Jesucristo. Esto es lo que celebramos en la fiesta de la Inmaculada; es el gran regalo de la Madre de Jesucristo y madre nuestra, recibido de la Trinidad.

2.- La actitud de escucha de la Virgen María

En el pasaje de la anunciación, que ha sido proclamado, el ángel de Dios saluda a María como «llena de gracia» (Lc 1, 28), y le comunica el mensaje de su maternidad: «Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús» (Lc 1, 31).

María, atónita y turbada (cf. Lc 1, 29), escucha con reverencia el mensaje del ángel Gabriel sin acabar de entenderlo y le presenta su duda (cf. Lc 1, 34). Y el ángel le responde: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios» (Lc 1, 35).

La Virgen Inmaculada, aún sin comprender bien lo que significa el mensaje recibido, escucha atentamente y abre el oído como buena israelita acostumbrada a escuchar la Palabra divina. Isaías nos recuerda la actitud del buen israelita: «Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos» (Is 50,4).

La actitud de escucha de María es modelo para todos nosotros, que necesitamos escuchar lo que Dios nos dice mediante su Verbo divino, sin poner obstáculos, ni interferencias, ni interpretaciones personales. La Palabra de Dios es divina y revelada; y no se puede interpretar a capricho.

Como ya se ha dicho al inicio de la Eucaristía, nos acompaña hoy el Seminario. De entre los seminaristas han sido presentados los candidatos a los ministerios laicales. Queridos seminaristas, candidatos a los ministerios de lector y acólito, al igual que la Virgen espabilad el oído para escuchar atentos y diligentes la Palabra del Señor. Esa Palabra iluminará siempre vuestra vida. Los lectores serviréis la Palabra proclamándola a la asamblea con respeto y diligencia; con meditación y oración antes de proclamarla. Los acólitos serviréis en el altar el pan y el vino, para que sean comida y bebida de salvación.

¡Imitad a la Virgen Inmaculada para ser buenos oyentes de la Palabra!

3.- La aceptación de María de la voluntad divina (fiat).

Una vez escuchado el mensaje del ángel, la Virgen Inmaculada responde con generosidad y firmeza: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38). María responde su “fiat” (hágase).

La Virgen María es ejemplo para toda la Iglesia y maestra de vida espiritual para cada uno de los cristianos. Ella es, como dijo Pablo VI: “modelo de aquel culto que consiste en hacer de la propia vida una ofrenda a Dios: doctrina antigua, perenne, que cada uno puede volver a escuchar poniendo atención en la enseñanza de la Iglesia, pero también con el oído atento a la voz de la Virgen cuando Ella, anticipando en sí misma la estupenda petición de la oración dominical “Hágase tu voluntad” (Mt 6, 10), respondió al mensajero de Dios: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38). Y el "sí" de María es para todos los cristianos una lección y un ejemplo para convertir la obediencia a la voluntad del Padre, en camino y en medio de santificación propia” (Marialis cultus, 21). El “sí” de María debe ser nuestro “sí”; su obediencia debe ser nuestra obediencia; su prontitud debe ser también nuestra diligencia.

Queridos fieles, hagamos de nuestra vida una auténtica ofrenda al Señor, una aceptación plena de su voluntad, una manifestación gozosa de nuestro amor oblativo, una obediencia obsequiosa a su plan sobre cada uno de nosotros.

Queridos candidatos a los ministerios de lector y acólito, ofreced vuestra vida en este humilde servicio de amor a Dios y a la comunidad eclesial; hacedlo sin orgullo ni pretensiones, sino con actitud humilde, sencilla y servicial como la Virgen.

Pedimos a María Inmaculada que nos ayude a saber escuchar atenta y respetuosamente la Palabra de Dios, y a obedecer con diligencia su voluntad. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Tue, 11 Dec 2018 14:16:31 +0000
Ordenación de diáconos http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/46777-ordenación-de-diáconos.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/46777-ordenación-de-diáconos.html Ordenación de diáconos

Homilía pronunciada por el obispo de Málaga, Jesús Catalá, en la ordenación de diáconos celebrada en la Catedral de Málaga el 27 de octubre de 2018.

ORDENACIÓN DE DIÁCONOS

(Catedral-Málaga, 27 octubre 2018)

Lecturas: Ef 4,7-16; Sal 121,1-5; Lc 13,1-9.

Evangelizadores intrépidos

1.- Llamados a evangelizar

Hoy vamos a conferir los ministerios laicales de Lector y Acólito a nuestros hermanos José-Antonio, Salvador y Jesús, candidatos al Diaconado permanente. Y otorgamos a los seminaristas Ernesto, Manuel-Jesús y Quique el ministerio diaconal, en vistas a la ordenación sacerdotal.

El Señor os ha llamado, queridos candidatos al diaconado, a servir a su Iglesia. Él os constituye hoy en heraldos de su Evangelio, profetas de su Palabra, evangelizadores de su Persona, anunciadores de la Buena Nueva: «A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo» (Ef 4,7). Es voluntad suya; no nuestra. Y nadie debe exigir este ministerio, sino aquel que sea llamado por Dios.

Jesucristo os confía hoy la misión de construir la Iglesia, de manera orgánica: «Él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y doctores» (Ef 4,11),

2.- Servidores del Cuerpo de Cristo

El Señor os llama a ser servidores de su Cuerpo, que es la Iglesia. La finalidad de esta elección y misión no es la realización y el enriquecimiento personal. Hace algunas décadas se hablaba mucho de la realización personal, incluso en el ejercicio del ministerio sacerdotal; menos mal que fue una moda pasajera. Vuestro ministerio es para la edificación de la Iglesia: «Para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo» (Ef 4,12);

Jesucristo os pide que seáis servidores de su Cuerpo, que es la Iglesia. De ese modo, «todo el cuerpo, bien ajustado y unido a través de todo el complejo de junturas que lo nutren, actuando a la medida de cada parte, se procura el crecimiento del cuerpo, para construcción de sí mismo en el amor» (Ef 4,16).

Y el último objetivo de toda esta organicidad y estructura es llegar a la plenitud en Cristo: «Hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al Hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud» (Ef 4,13).

3.- Faros en la tempestad

El Señor os invita a ser faros en la tempestad. Existen hoy en día muchas doctrinas, ideologías, modas, maneras de pensar; algunas de ellas son contrarias al Evangelio de Jesucristo.

El Señor os llama para que seáis guías en medio de tanta maraña doctrinal; que seáis faros en la tempestad, para que la gente pueda llegar a puerto seguro. Debéis ayudar a vuestros contemporáneos a discernir la verdad, en medio de tantas opiniones, que se erigen como verdaderas y salvadoras; debéis ayudarles a ser críticos ante tanta confusión; debéis ayudarles a ser libres ante tanta manipulación del ser humano; debéis ofrecerles un norte seguro para que no sean «sacudidos por las olas y llevados a la deriva por todo viento de doctrina, en la falacia de los hombres, que con astucia conduce al error» (Ef 4,14).

Las opiniones, las modas, las ideologías, las falsas verdades y otras cosas por el estilo no salvan al hombre. Sólo salva Jesucristo, único Redentor y Salvador de la humanidad. Su persona y su obra debe ser el centro de vuestra predicación. Realizando la verdad en el amor, debéis hacer «crecer todas las cosas hacia él, que es la cabeza: Cristo» (Ef 4,15). Solo Él es la cabeza de toda la humanidad, el guía y pontífice que lleva a la felicidad verdadera.

4.- Dar buen fruto

Jesús explicó en la parábola de la higuera que había que dar buen fruto: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró» (Lc 13,6).

El dueño del campo se cansa de cultivar sus árboles, si no dan fruto; y plantea al viñador arrancar el árbol que no da fruto: «Ya ves, tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?» (Lc 13,7).

El Señor espera de nosotros que demos fruto abundante y bueno. Para eso nos envía. Si no damos fruto, nos cortará y eliminará.

Estáis llamados, queridos candidatos al diaconado, a ser heraldos del Evangelio y a proclamar las Sagrada Escrituras. El Concilio Vaticano II recuerda a los sacerdotes y diáconos la necesidad de sumergirse en las Sagradas Escrituras para dar buen fruto: “Es necesario, pues, que todos los clérigos, sobre todo los sacerdotes de Cristo y los demás que como los diáconos y catequistas se dedican legítimamente al ministerio de la palabra, se sumerjan en las Escrituras con asidua lectura y con estudio diligente, para que ninguno de ellos resulte "predicador vacío y superfluo de la palabra de Dios que no la escucha en su interior", puesto que debe comunicar a los fieles que se le han confiado, sobre todo en la Sagrada Liturgia, las inmensas riquezas de la palabra divina” (Dei Verbum, 25).

Leed y meditad la Sagrada Escritura para hacerla vida en vuestros corazones y poder anunciarla a los demás.

5.- Santidad de los ministros

Pedimos al Señor que os haga “evangelizadores intrépidos”, que tengan la valentía de anunciar a Jesucristo, único Salvador de la humanidad.

Es muy importante procurar la santidad. El papa Pablo VI, recientemente canonizado, recordaba: “Paradójicamente, el mundo, que a pesar de los innumerables signos de rechazo de Dios lo busca sin embargo por caminos insospechados y siente dolorosamente su necesidad; el mundo exige a los evangelizadores que le hablen de un Dios a quien ellos mismos conocen y tratan familiarmente, como si estuvieran viendo al Invisible (cf. Heb. 11,27). El mundo exige y espera de nosotros sencillez de vida, espíritu de oración, caridad para con todos, especialmente para los pequeños y los pobres, obediencia y humildad, desapego de sí mismos y renuncia. Sin esta marca de santidad, nuestra palabra difícilmente abrirá brecha en el corazón de los hombres de este tiempo. Corre el riesgo de hacerse vana e infecunda” (Evangelii nuntiandi, 76).

Como sabéis, hoy hemos celebrado el funeral de nuestro hermano sacerdote Francisco Molina Cabrillana. Ayer, estando él aún en pleno conocimiento le comunicaron que hoy iban a ser ordenados tres diáconos; y le preguntaron qué mensaje les diría; él con gran paz respondió: “Alegría”. Queridos candidatos, «estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo» (Lc 10, 20); estad alegres porque habéis sido llamados a ejercer el ministerio de Diáconos; estad alegres porque el Señor os confía una hermosa tarea.

¡Que la Virgen Santísima os proteja y acompañe en vuestro nuevo ministerio! Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Tue, 30 Oct 2018 13:26:57 +0000