Málaga Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://odisur.es Tue, 20 Feb 2018 01:40:11 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es Rito de elección de los catecúmenos http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/42928-rito-de-elección-de-los-catecúmenos.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/42928-rito-de-elección-de-los-catecúmenos.html Rito de elección de los catecúmenos

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, Jesús Catalá, en el rito de elección de los catecúmenos que tuvo lugar en la Catedral de Málaga, el 18 de febrero de 2018.

RITO DE ELECCIÓN DE LOS CATECÚMENOS
(Catedral-Málaga, 18 febrero 2018)

Lecturas: Gn 9, 8-15; Sal 24, 4-9; 1 Pe 3, 18-22; Mc 1, 12-15.
(Domingo Cuaresma I - Ciclo B)

1.- En este primer domingo de Cuaresma tiene lugar la «Elección» de los catecúmenos, que serán bautizados en la Vigilia pascual, o durante los domingos de Pascua.

Al inicio de esta celebración os hemos acogido, queridos catecúmenos. El Señor Jesús os ha llamado a participar de su vida; quiere regalaros la salvación y dar sentido pleno a vuestra vida; quiere liberaros de las cadenas del propio egoísmo y del pecado, que os esclavizan como a todo ser humano; quiere que viváis con alegría la maravilla de ser hijos adoptivos de Dios-Padre; quiere que viváis en plenitud la vida humana, tal como Él la creó, sin rebajarla ni manipularla.

Para celebrar la elección es necesario que los catecúmenos hayáis dado muestras de conversión a Dios, de suficiente conocimiento de la doctrina cristiana y de actitud de fe y de caridad.

Jesús os invita a seguirle a Él, que es modelo de todo hombre. Padeciendo por nosotros nos dio ejemplo para seguir sus pasos; y con su seguimiento la vida y la muerte se santifican y adquieren nuevo sentido.

2.- Jesucristo es el Hombre nuevo, como enseñó el Concilio Vaticano II, que esclarece el misterio del hombre y manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación.

Él es imagen de Dios invisible (cf. Col 1,15), “el hombre perfecto, que ha devuelto a la descendencia de Adán la semejanza divina, deformada por el primer pecado. En él, la naturaleza humana asumida, no absorbida, ha sido elevada también en nosotros a dignidad sin igual. El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre (…). Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejantes en todo a nosotros, excepto en el pecado” (Gaudium et spes, 22).

3.- El cristiano, conformado en el bautismo con la imagen del Hijo, recibe las primicias del Espíritu (cf. Rm 8,23), que le capacitan para cumplir la ley nueva del amor. A partir del bautismo seréis criaturas nuevas, hombres nuevos. Aunque externamente no se va a notar, habrá un cambio y una renovación en vuestras personas.

Las lecturas nos han recordado el diluvio universal en los días de Noé, del que se salvaron unas pocas personas (cf. 1 Pe 3, 20). Las aguas del diluvio eran símbolo de las aguas bautismales (cf. 1 Pe 3, 21) y el arca de Noé es símbolo de la Iglesia. Vais a recibir las aguas bautismales y vais a subir a la barca de la Iglesia de Cristo.

Desde hace tiempo, por desgracia, vemos imágenes de migrantes que se lanzan al mar en busca de una tierra prometida que muchos no alcanzan, porque las aguas marinas se los tragan. Vosotros, queridos catecúmenos, seréis rescatados y formaréis parte de la comunidad de salvados; entraréis en la Iglesia y subiréis a la barca de salvación, para encontrar la vida nueva en Cristo, la vida eterna. Podemos decir que vais a ser unos “agraciados” y debéis estar contentos de que el Señor os haya encontrado en vuestro camino.

En el bautismo se os regalará el Espíritu, que es prenda de la herencia eterna (cf. Ef 1,14); y seréis restaurados y renovados internamente hasta llegar a la redención del cuerpo (cf. Rm 8,23).

4.- En el evangelio hemos escuchado que Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto para ser tentado por el demonio: «Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás» (Mc 1, 13). Estos cuarenta días de desierto de Jesús son el origen de nuestra Cuaresma: cuarenta días de penitencia y conversión.

El cristiano está llamado a luchar contra el demonio con muchas tribulaciones e incluso padecer la muerte. Pero, asociado al misterio pascual y configurado con la muerte de Cristo, llegará por la esperanza a la resurrección.

Cristo murió por todos los hombres; y la vocación suprema del hombre es gozar de la vida divina. Este misterio del hombre no se entiende por razonamiento humano alguno, sino por revelación divina.

5.- Jesucristo ilumina el enigma del dolor y de la muerte. Con su muerte destruyó la muerte y nos dio la vida eterna, para vivir como hijos en el Hijo; por eso podemos clamar en el Espíritu: «Cuantos se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino que habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: ¡Abba, Padre!» (Rm 8,14-15).

Queridos catecúmenos, estáis llamados a vivir estas cosas maravillosas. Agradecidos a Dios, que nos llama a compartir su vida, podemos recitar con el Salmo: «Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad» (Sal 24, 4). La Palabra de Dios ilumina el corazón del cristiano y le concede una sabiduría superior a la razón humana. Probablemente algunos amigos vuestros e incluso familiares no entiendan lo que hacéis al prepararos al bautismo; porque esto no se entiende con la sola razón; es necesaria la fe en el Señor.

En este rito habéis manifestado vuestra voluntad de seguir a Cristo, nuestro Salvador y Redentor; de ser sus discípulos, de conocerle cada día más, de amarle mejor. Y este período de preparación intensa para la recepción de los tres sacramentos de la iniciación cristiana tiene como objetivo la formación espiritual y se dirige a los corazones y a las mentes, para purificarlas por el examen de la conciencia y por la penitencia; y para iluminarlas por un conocimiento más profundo de Jesucristo (cf. Sacrosanctum Concilium, 110).

Los padrinos tenéis una tarea muy importante y hermosa, que habéis comenzado a ejercitarla públicamente hoy. Se os ha llamado al principio del rito y habéis pronunciado vuestro testimonio ante la comunidad. A partir del bautismo de vuestros candidatos tendréis una gran misión: seguir ayudando a los ya bautizados a vivir como cristianos, procurar que profundicen en su formación religiosa, acompañarles en el camino del seguimiento del Señor y ayudarles a que respondan a la voluntad de Dios con fidelidad y con generosidad.

Pedimos a Dios en este tiempo cuaresmal que nos muestre su ternura y su misericordia, que son eternas (cf. Sal 24, 6); y que nos conceda a todos convertirnos a Él para compartir su vida. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Mon, 19 Feb 2018 12:12:32 +0000
Miércoles de Ceniza http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/42866-miércoles-de-ceniza.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/42866-miércoles-de-ceniza.html Miércoles de Ceniza

Homilía pronunciada por Don Jesús Catalá en la celebración del Miércoles de Ceniza de 2018 en la Catedral de Málaga.

(Catedral-Málaga, 14 febrero 2018)

Lecturas: Jl 2,12-18; Sal 50,3-6.12-14.17; 2 Co 5,20 − 6,2; Mt 6,1-6.16-18.

La Cuaresma, tiempo de gracia para renovar el amor

1.- La Iglesia nos ofrece un año más el tiempo de Cuaresma para prepararnos mejor a la celebración de la Pascua. El tiempo cuaresmal es propicio para una escucha más asidua de la Palabra de Dios; os invito a leer y meditar uno de los Evangelios durante este tiempo cuaresmal. Es tiempo propicio la Cuaresma para pedir perdón al Señor de nuestros pecados y reconciliarnos con Él; tiempo para volver nuestro corazón hacia Él; para renovar nuestro amor a Dios y a los hermanos; para hacer memoria agradecida de nuestro bautismo. La Cuaresma nos conduce a la gran Noche de la Vigilia pascual, en la que renovamos nuestro bautismo.

La liturgia del Miércoles de Ceniza, que da inicio a la Cuaresma, se caracteriza por el austero símbolo de la imposición de la ceniza, gesto que nos ayuda a reconocer la propia debilidad y la mortalidad, fruto del pecado, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Nuestra flaqueza la fortalece el Señor con su gracia y misericordia.

Más que un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente, que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal y que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual.

2.- El papa Francisco, en su Mensaje para la Cuaresma de este año, desea ayudar a la Iglesia a vivir con gozo y con verdad este tiempo de gracia, inspirándose en una expresión de Jesús en el evangelio de Mateo: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (24,12).

Jesús, respondiendo a una pregunta de sus discípulos, anuncia una gran tribulación y describe la situación en la que podría encontrarse la comunidad de los fieles: frente a acontecimientos dolorosos, algunos falsos profetas engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones (cf. Francisco, Mensaje para la Cuaresma de 2018).

Existen estafadores y falsos profetas en nuestra sociedad, que ofrecen cosas sin valor y quitan lo más valioso: la dignidad humana, la libertad, la capacidad de amar. Son colaboradores del demonio, que es «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44), que presenta el mal como bien y lo falso como verdadero.

3.- La Cuaresma es un tiempo de gracia para discernir si buscamos la Verdad o seguimos las mentiras de esos falsos profetas; pero eso solo lo podemos hacer con la luz del Evangelio. La Cuaresma nos ayuda a examinar el propio corazón, para verificar si sigue encendido nuestro amor a Dios y a los demás.

Porque la caridad se apaga con el rechazo de Dios y la búsqueda de otros dioses como el dinero, «raíz de todos los males» (1 Tm 6,10); se enfría también con la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar guerras fratricidas, la mentalidad mundana (cf. Papa Francisco, Evangelii gaudium, 76-109).

Acojamos la invitación del profeta Joel: «Convertíos a mí de todo corazón, con ayuno, con llanto, con luto» (Jl 2, 12). Hemos de limpiar el corazón de las cosas que nos apartan de Dios y de su amor. «Convertíos al Señor Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad» (Jl 2, 13). Nuestro corazón debe volverse hacia Dios para gozar de su misericordia y ser capaz de compadecerse de los hermanos.

El apóstol Pablo nos exhorta a la reconciliación: «Nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5, 20).

4.- La Iglesia, madre y maestra, nos ofrece en el tiempo cuaresmal la triple medicina de la oración, la limosna y el ayuno para que nuestro corazón vuelva al Señor (cf. Mt 6,1-6.16-18).

La oración ayuda a nuestro corazón a descubrir las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos (cf. Benedicto XVI, Spe salvi, 33); a buscar el consuelo en Dios, porque Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida y la felicidad. Jesús nos dice que cuando recemos, lo hagamos sin dar publicidad: «Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará» (Mt 6, 6).

La limosna nos libera de la avidez de poseer y nos ayuda a acercarnos al hermano necesitado. El Señor Jesús nos recomienda que la limosna debe ser hecha en secreto: «Cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga» (Mt 6, 2).

Y el ayuno nos ayuda a dominarnos y a vencer nuestra violencia. La práctica del ayuno hemos de hacerla ante el Señor y no para que nos vea la gente: «Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan» (Mt 6, 16).

5.- La Iglesia recomienda a los fieles una participación más intensa y fructuosa en las celebraciones penitenciales, sobre todo en la confesión sacramental individual. Todas las parroquias suelen ofrecer en este tiempo cuaresmal las celebraciones penitenciales comunitarias, en las que hay que hacer confesión individual de los pecados.

La lectura y meditación más asidua de la Palabra de Dios fomenta la vida espiritual y hacer crecer un amor más intenso al Señor, porque en esa lectura estamos atentos a lo que nos dice en su palabra revelada. Y la celebración de la Eucaristía es fuente inagotable de perdón y alimento indispensable para el camino de la vida.

Recomendamos también los ejercicios de piedad, que responden mejor al carácter del tiempo cuaresmal, como el “Vía Crucis”, que nos preparan para la celebración del misterio pascual de Jesucristo. Las parroquias también suelen ofrecer este acto de piedad popular.

Queridos fieles, deseándoos una fructuosa Cuaresma, pedimos a la Santísima Virgen María que nos acompañe en este camino cuaresmal, que hoy iniciamos, y que nos ayude a ser dóciles a las inspiraciones del Espíritu Santo. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Thu, 15 Feb 2018 14:09:16 +0000
75 aniversario de la Coronación Canónica de Santa María de la Victoria http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/42776-75-aniversario-de-la-coronación-canónica-de-santa-maría-de-la-victoria.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/42776-75-aniversario-de-la-coronación-canónica-de-santa-maría-de-la-victoria.html 75 aniversario de la Coronación Canónica de Santa María de la Victoria

Homilía pronunciada por el obispo de Málaga, Mons. Jesús Catalá, en la celebración del 75 aniversario de la Coronación Canónica de la Imagen de Santa María de la Victoria (Santuario de la Virgen de la Victoria - Málaga)

75 ANIVERSARIO DE LA CORONACIÓN CANÓNICA DE LA IMAGEN DE SANTA MARÍA DE LA VICTORIA
(Málaga, 11 de febrero de 2018)

Lecturas: Is 9,1-3.5-6; Sal 112,1-9; Ap 11,19a; 12,1-6a; Lc 1,26-38.

1.- Nos hemos reunido en el Santuario de Santa María de la Victoria, nuestra Patrona, para dar gracias a Dios por el 75 Aniversario de la Coronación canónica de la imagen, que se venera en este sagrado lugar.

En el año 1939, terminada la Guerra Civil española, se celebró el día 8 de septiembre la procesión de la Virgen, a cuyo término se comprometió el entonces obispo Mons. Balbino Santos Olivera comenzar los trámites ante la Santa Sede, para coronar canónicamente la sagrada Imagen.

Habiendo acreditado los requisitos establecidos por la Iglesia para la coronación de la imágenes: devoción extensa, antigüedad, raigambre, culto, arraigo popular, en el año 1940 expedía el Vaticano el documento "Breve", que se ha leído anteriormente, por el cual se concedía la coronación canónica a la Patrona de la Diócesis de Málaga, siendo papa Pío XII.

Hubo una larga preparación de varios años en la que participaron las instituciones religiosas y civiles. Es importante preparar bien las celebraciones, para que sean fructuosas. El Obispo solicitó la colaboración del pueblo para sufragar los gastos de las coronas, para que se viera que el pueblo de Málaga quería la coronación de su venerada imagen; y que no era la petición de unos pocos. Sería el orfebre Félix Granda quien realizará las coronas.

Finalmente, el día 8 de febrero de 1943, tras una solemne novena a la Virgen, el nuncio apostólico en España, Mons. Cicognani, acompañado de varios obispos españoles, coronó las imágenes de la Virgen y del Niño Jesús. Trasladada la imagen desde la Catedral al Santuario, hubo una novena de acción de gracias.

2.- Queremos dar gracias a Dios por la coronación de esta imagen de Santa María de la Victoria, que, según las fuentes, data del siglo XV, realizada probablemente por un escultor alemán. Era la imagen que se encontraba en el oratorio que el rey Fernando el Católico tenía durante el asedio a la ciudad de Málaga en 1487. Según la tradición, esta imagen le fue entregada al rey aragonés por el emperador Maximiliano I de Habsburgo.

Esta imagen, tan querida, venerada y amada por nosotros, al contemplarla debemos percibir que recoge más de cinco siglos de devoción a la Virgen María; y recuerda la firmeza y la constancia de la fe cristiana mantenida durante todo este tiempo.

Pedimos a Santa María de la Victoria que siga protegiendo la Diócesis de Málaga, para que se mantenga fiel a la fe cristiana, a la fe católica; y la libre de ideologías contrarias a la misma.

Hace cinco siglos había actitudes, religiones, formas de pensar contrarios a la fe cristiana. Y hubo una "victoria". En el momento actual nos encontramos en nuestra sociedad con formas de pensar, modas, actitudes e ideologías contrarias a la fe cristiana. Hay unas antropologías que no aceptan la antropología cristiana revelada; y la fe debe ser firmemente mantenida sin asimilar elementos extraños a la fe cristiana. No se puede decir que se es católico aceptando simultáneamente otras maneras de pensar y concebir al hombre y a la vida.

La imagen coronada expresa la dulzura, la delicadeza y la solicitud de la Virgen-Madre, en posición sedente con el Niño Jesús en sus rodillas y entre sus brazos. Es una imagen entrañable y preciosa de la Virgen, que manifiesta su maternidad, título más importante de la Virgen y que más le honra: ser Madre el Hijo de Dios.

3.- Las lecturas proclamadas hoy tienen el denominador común de la maternidad de María. El profeta Isaías nos presenta a un infante, que se nos ha regalado y al que llama "Dios fuerte" y "Príncipe de la Paz" (cf. Is 9,5). Santa María de la Victoria es la Madre de ese Hijo de Dios, que viene a traer el reino de la paz al mundo y que ilumina con su Luz a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte (cf. Is 9,1). Este texto es propio del tiempo de Navidad.

El libro del Apocalipsis describe un espectáculo impresionante: "Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; y está encinta y grita con dolores de parto y con el tormento de dar a luz" (Ap 12,1-2). Ante ella aparece un gran dragón de siete cabezas y diez cuernos, que quiere devorar a su hijo cuando lo dé a luz (cf. Ap 12,3-4). Pero el dragón es vencido. Y el Hijo de la Mujer que nace de sus entrañas se convierte en Salvador de la humanidad.

Y el evangelio de Lucas presenta a la Virgen María, desposada con José, que recibe el anuncio del ángel: "Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo" (Lc 1,31-32). María respondió con humildad, con sencillez y con fe: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38). ¡Qué hermoso ejemplo para nosotros: de fe, de humildad, de amor a Dios y de confianza en Él! ¡Qué gran ejemplo es para nosotros nuestra Madre y Patrona, Santa María de la Victoria!

4.- Los orígenes de la fe cristiana comienzan, pues, con esta excepcional Mujer; no ha habido otra igual entre todas las mujeres, ni la habrá en toda la historia de la humanidad. Su aceptación de la voluntad de Dios y su maternidad ha cambiado el rumbo de la historia humana.

Hoy venimos ante la imagen coronada de Santa María de la Victoria a dar gracias a Dios por habernos regalado una Madre tan buena, tan hermosa, tan limpia de pecado y tan luminosa, tan llena de luz porque lleva el Sol en sus entrañas. Sus hijos malagueños queremos venerarla, amarla y manifestarle nuestro amor filial.

La glorificación de María está asociada a la glorificación de Jesucristo resucitado; y su coronación como Reina es la culminación de su maternidad divina, que va desde el anuncio del ángel (cf. Lc 1,31) hasta la cruz del calvario, donde el mismo Jesús nos la entregó como madre (cf. Jn 19,26-27). Una maternidad vivida en obediencia plena al designio de Dios y a su voluntad. Por eso, la realeza de esta "madre del Rey" se comprende a la luz del misterio del Verbo encarnado, verdadero Hijo de Dios y al mismo tiempo verdadero hijo de María. La coronación se hace solo a los reyes y reinas; por tanto, la coronación va unida de modo natural a su título de "Reina".

5.- Hoy la invocamos nosotros con fe y la aclamamos como Reina y Señora nuestra, agradeciendo su maternal solicitud. Le confiamos nuestra vida, para que nos acompañe en todo momento; le pedimos que nos ayude siempre, en las dificultades y en los momentos gozosos; le rogamos que nos mantenga en el amor a su Hijo Jesucristo, Rey y Señor del universo.

Le confiamos nuestra diócesis de Málaga, para que la proteja siempre y sea su custodia y guía maternal; le presentamos los súplicas de los cofrades, de los devotos, de los que se acercan a este Santuario, para que encuentren fuerza y gozo en su peregrinar cristiano.

Le pedimos que bendiga a los esposos, a los padres, a los hijos y a todas las familias; que ilumine a nuestros gobernantes en su misión de velar por el bien común, por el bien de todos los ciudadanos y no solo por intereses partidistas; y que todos la aclamemos como Madre y Señora nuestra.

Terminamos con la oración que le dirigimos en la novena: ¡Oh, Virgen de la Victoria, Madre y abogada nuestra, rogad por nosotros! Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Mon, 12 Feb 2018 14:03:28 +0000
Bautismo del Señor http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/42334-bautismo-del-señor.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/42334-bautismo-del-señor.html Bautismo del Señor

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, Jesús Catalá, en la Eucaristía celebrada en la Catedral de Málaga, el 7 de enero de 2018, con motivo de la Fiesta del Bautismo del Señor.

BAUTISMO DEL SEÑOR
(Catedral-Málaga, 7 enero 2018)

Lecturas: Is 55, 1-11; Sal (Is 12, 2-6); 1 Jn 5, 1-9; Mc 1, 7-11.

Regenerados por el agua y Espíritu Santo

1.- Celebramos hoy la fiesta del bautismo de Jesús, que fue bautizado por Juan Bautista en el río Jordán, donde se manifestó su divinidad: «Apenas salió del agua, vio rasgarse los cielos y al Espíritu que bajaba hacia él como una paloma. Se oyó una voz desde los cielos: Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco» (Mc 1, 10-11). Su bautismo es el fundamento y el origen de nuestro bautismo.

El Señor, al instituir los sacramentos, tomó signos de la naturaleza para expresar una realidad divina, transcendente: el agua y el aceite usados para el bautismo; el pan y el vino para la eucaristía. Con estos elementos se dicen unas palabras y se realizan unos signos formando en su conjunto la acción sacramental.

En el bautismo el elemento principal es el agua. El profeta Isaías nos ofrece la imagen de la lluvia para significar la fecundidad de la presencia de Dios entre los hombres: «Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come» (Is 55, 10).

El agua, en forma de lluvia o de nieve, al empapar la tierra la fecundan, la renuevan, la regeneran. En estos últimos tiempos estamos experimentando una falta de agua, tan necesaria para vivir. Si escasea o falta el agua, la naturaleza, las plantas, los animales y los hombres sufren las consecuencias: hambrunas, epidemias y muerte. El agua es muy necesaria para vivir, porque nuestro cuerpo está compuesto de una gran parte de agua y, sin ella, no podemos subsistir.

2.- El ser humano también tiene una dimensión trascendente; es decir, está creado por Dios a su imagen y semejanza (cf. Gn 1,26), para poder gozar de la vida divina, que de modo gratuito y libre Dios ha querido regalarle.

El agua divina de la gracia es un regalo de Dios, que nos concede de modo gratuito: «Oíd, sedientos todos, acudid por agua; venid, también los que no tenéis dinero» (Is 55, 1).

La dimensión religiosa es connatural al hombre; está inscrita en su corazón; diríamos que está escrita en el código humano. Y si le viene a faltar, corre el riesgo de no desarrollarse adecuadamente, de perder el sentido más hondo de su vida o de no encontrar el destino al que está llamado.

El Señor Dios, por medio del profeta Isaías, dice que la Palabra divina es como el agua para la vida humana: «Así será la palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo» (Is 55, 11).

3.- En estos días de Navidad estamos celebrando el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, Jesús de Nazaret, que nació en Belén. Este Jesús es la Palabra (el Verbo), que se hace hombre; y, al igual que la lluvia cae del cielo, él desciende a la tierra para regenerar al ser humano. Esta Palabra empapa por dentro al hombre y lo transforma, concediéndole una vida nueva. Si nos faltara Cristo estaríamos espiritualmente vacíos y sin sentido en nuestra vida.

La necesidad del agua en la vida del hombre es ejemplo de la necesidad de la presencia de Dios en él. El evangelista Marcos, en boca de Juan Bautista, nos recuerda el bautismo del Espíritu: «Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo» (Mc 1, 8).

Deseo felicitar a los padres, porque habéis pedido el bautismo a la Iglesia para que vuestros hijos, de manera espiritual y profunda, sean hoy “regenerados”. Primero habéis engendrado a vuestros hijos; hoy serán regenerados, iniciando una nueva vida; hoy renacerán por el agua y el Espíritu Santo.

4.- Queridos padres de los niños que van a ser bautizados hoy. Habéis pedido a la Iglesia que bautice a vuestros hijos. Ella, a través de los ministros, lo hará en nombre de la Trinidad Santa: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

De este modo vuestros hijos se convertirán a partir de hoy en hijos adoptivos de Dios-Padre, en hermanos de Jesucristo y hermanos entre sí; y en templos del Espíritu Santo; santuarios que acojan a Cristo en su corazón.

El amor de Dios es infinito; y él «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2,3). Con el sacramento del bautismo les ofrecéis a vuestros hijos el mejor regalo de su vida, incomparable con todo lo que podáis ofrecerles a lo largo de su proceso vital. ¡Enhorabuena! ¡Jamás les daréis a vuestros hijos un regalo mejor que el bautismo!

Hoy se les regala, a través del bautismo, la adopción filial, el don del Espíritu, la vida nueva en Cristo, la regeneración vital. Saldrán de aquí transformados en creaturas nuevas y fortalecidos con la gracia divina.

5.- En el bautismo se les regalan también a vuestros hijos las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. La fe ilumina la vida del hombre con la luz de Jesucristo, que es la Luz del mundo (cf. Jn 19,5); la esperanza proporciona el anhelo de una vida más allá de la muerte temporal y el deseo de eternidad; porque nuestra vida, hermanos, no termina en este mundo, sino que estamos llamados a seguir viviendo; y en el bautismo se nos regala la semilla de inmortalidad.

Y el amor, o la caridad, permite vivir en sintonía con el Amor verdadero y eterno que es Dios. En la primera carta de san Juan, que hemos escuchado, se nos dice: «Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama al que da el ser ama también al que ha nacido de él» (1 Jn 5, 1).

A partir de ahora vuestros hijos podrán vivir una relación especial con el Señor, que no tendrían si no estuvieran bautizados. El cristiano vive una relación de amor con Dios y con los hombres: «En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos» (1 Jn 5, 2).

6.- Queridos padres, padrinos y familiares: ¡Felicidades y enhorabuena por ofrecer a vuestros hijos este gran regalo del bautismo cristiano!

Los buenos padres ofrecen a sus hijos lo mejor que tienen, saben y viven respecto de las necesidades materiales y culturales: alimento, vestido, afecto y relación personal, lenguaje. Vosotros debéis ofrecerles también la dimensión religiosa, propia del ser humano, para que crezcan armónicamente y de modo integral.

No importa que vuestros hijos no entiendan lo que hoy se les regala. Tampoco son conscientes del alimento que toman y del lenguaje que les habláis; pero les dais de comer y les habláis en vuestro idioma. En la medida en que vayan creciendo, irán conociendo lo que hoy celebramos. No tiene sentido privarles del bautismo cristiano para que luego elijan la religión que deseen; como tampoco renuncian sus padres a hablarles en su idioma propio, para que aprendan el idioma que deseen de mayores.

Os corresponde a los padres y padrinos educar en la fe a vuestros hijos bautizados; enseñarles el amor de Dios; iniciarles en la oración y en el seguimiento de Cristo.

Pedimos a la Santísima Virgen María que proteja con su maternal intercesión a estos niños en la nueva vida, que ahora inician. Y os animo a presentar a vuestros hijos ante la imagen de la Virgen de la Victoria, Patrona de la Diócesis. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Mon, 15 Jan 2018 11:55:41 +0000
Nochebuena http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/42185-nochebuena.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/42185-nochebuena.html Nochebuena

Homilía pronunciada en la Misa de Nochebuena por el obispo de Málaga, Mons. Jesús Catalá, el 24 de diciembre de 2017

Lecturas: Is 9, 1-3.5-6; Sal 95, 1-3.11-13; Tt 2, 11-14; Lc 2, 1-14.

Silencio, contemplación y adoración ante el nacimiento de Jesús en Belén

1.- Silencio ante el Misterio

Un fraternal saludo a los sacerdotes y ministros del altar, a todos los feligreses de las parroquias del centro histórico de Málaga, y a los fieles cristianos venidos de otras diócesis y lugares de España y de otros países, que nos hemos reunido para celebrar la Nochebuena de Navidad.

En esta Noche santa la Iglesia celebra el Nacimiento de Jesús, el Salvador. El evangelista Lucas nos ofrece los detalles: José, de la familia de David, y su esposa María subieron desde Nazaret a Belén, la ciudad de David, para empadronarse (Lc 2,4-5). A María le llegó el tiempo del parto «y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada» (Lc 2,7).

Este realismo, concreto, indica un hecho real, histórico, como hemos escuchado en el anuncio inicial de la Misa, que nos indicaba las fechas y los años de los acontecimientos de la historia de salvación. Estamos celebrando un hecho que aconteció en la historia.

El Hijo de Dios se hizo hombre; entró en la historia el que es eterno. Nace pobre, en una familia pobre y en un lugar humilde y sencillo. La contemplación del misterio del Nacimiento de Jesús nos invita a adoptar algunas actitudes, que vienen determinadas por la importancia y la profundidad de este acontecimiento histórico que celebramos.

En primer lugar, ante este misterio divino el ser humano siente el deseo de hacer “silencio” y de quedar extasiado para admirar e interiorizar. Los relatos del Nacimiento del Señor están imbuidos de silencio. Nos dice el libro de la Sabiduría: «Cuando un silencio apacible lo envolvía todo y la noche llegaba a la mitad de su carrera, tu palabra omnipotente se lanzó desde el cielo, desde el trono real» (Sab 18,14-15).

El profeta Isaías nos habla también de una luz que brilla en las tinieblas: «El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló» (Is 9,1). El ser humano queda deslumbrado ante la cegadora luz divina, que irrumpe en medio de la tiniebla e ilumina con gran resplandor la realidad humana. ¡Qué diferentes se ven las cosas con buena luz!

Ante la presencia del Niño de Belén el hombre se llena de gozo interior. Isaías dice: «Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia» (Is 9,2).

Los pastores, que guardaban sus rebaños en las inmediaciones de Belén, quedan sorprendidos y temerosos ante la luz que les envuelve: «La gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor» (Lc 2,9). Y ante la noticia que el ángel les comunica, quedan atónitos: «No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor» (Lc 2,10-11).

La Nochebuena, hermanos, nos invita a imitar a los pastores, que acogen con sencillez la noticia llenos de alegría, de temor y de sorpresa; y van a ver al recién nacido «envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,12).

2.- Contemplación ante la Divinidad

La Navidad nos invita también a tener una actitud de contemplación ante Dios. El Niño que nace en la gruta de Belén es el Hijo de Dios; no es un niño cualquiera, aunque sea pobre y aunque haya nacido lejos de las riquezas, de los palacios y de las comodidades. Esta es la gran revolución que hace Dios en la tierra.

Su madre, la Virgen María, lo contempla con gran amor, lo abraza y lo besa. Ante la presencia divina ella contempla, calla e interioriza en su corazón. Es lo que hará toda su vida ante el misterio divino. Una semana después del Nacimiento de su Hijo no entenderá las palabras del anciano Simeón, que le hablaban de una espada de dolor que le traspasaría el alma (cf. Lc 2,35).

Años más tarde, cuando el Niño Jesús se pierde en el Templo de Jerusalén, María le hace una pregunta, pero no entendió la respuesta; por eso ella: «conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2,19).

Ante la presencia de Dios, hermanos, hay que contemplar e interiorizar. El misterio no es para ser comprendido, ni razonado, ni entendido; sino para ser aceptado y vivido, para contemplarlo. Cuando os ha nacido un niño en vuestro hogar, ¿habéis intentado racionalizarlo? ¿Habéis intentado explicar la presencia de un recién nacido o, simplemente, contemplándolo, lo habéis acogido? Porque la vida del ser humano es un regalo de Dios, que nos ayuda a entender el misterio de Dios con respeto, con acogida y en silencio.

El evangelista Juan nos dice en su Prólogo que «el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Jn 1,14). La gloria de la divinidad nos envuelve y nos deja llenos de la presencia de Dios. ¡Dejémonos envolver en esta Noche sana; dejémonos abrazar por el misterio de la Navidad!

3.- Adoración ante el Omnipotente

Y otra actitud que nos pide la Navidad es la adoración. Los pastores fueron a adorar al Niño en Belén; los Magos también lo adoraron y le ofrecieron sus dones: oro, incienso y mirra (cf. Mt 2,11).

La liturgia de estos días invita a todos los pueblos de la tierra a adorar al Señor: “Nos ha amanecido un día sagrado; venid, naciones, adorad al Señor, porque hoy una gran luz ha bajado a la tierra” (Versículo del Aleluya del día de Navidad).

Solo adoramos a Dios y a nadie más. Nuestra sociedad nos presenta muchos dioses falsos, para que los adoremos y les rindamos nuestra voluntad. La Navidad nos ayuda a volver de nuevo al verdadero Dios, que ilumina la existencia humana y le ofrece la salvación.

El profeta Isaías nos ha dicho esta noche: «Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre: Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre de eternidad, Príncipe de la paz» (Is 9, 5). Ese es el motivo por el que hemos de adorarlo: porque es señor de la historia, Dios fuerte, Príncipe de la paz. Los demás reinos y principados de la tierra no traen la verdadera paz al mundo; más bien dejan el mundo lleno de guerras, de destrucción y de odios. Solo Jesús, el Niño de Belén, el Príncipe de la paz, trae la paz verdadera y eterna.

Nuestro Príncipe de la paz es fuerte y poderoso, capaz de quebrantar la vara de los opresores y romper el yugo de la esclavitud (cf. Is 9, 3). El salmista nos invita esta noche a cantar al Señor del universo, a bendecir su nombre (cf. Sal 95, 1-2) y a contemplar la victoria de nuestro Dios (cf. Sal 98,3).

Queridos hermanos, en esta hermosa Noche santa de Navidad contemplemos en silencio el Misterio del Nacimiento de Jesús en Belén y adorémoslo en lo profundo de nuestro corazón, acompañados de la Virgen Madre. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Wed, 03 Jan 2018 13:33:01 +0000
En el 150 aniversario del patronazgo sobre la Diócesis de la Virgen de la Victoria http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/41885-en-el-150-aniversario-del-patronazgo-sobre-la-diócesis-de-la-virgen-de-la-victoria.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/41885-en-el-150-aniversario-del-patronazgo-sobre-la-diócesis-de-la-virgen-de-la-victoria.html En el 150 aniversario del patronazgo sobre la Diócesis de la Virgen de la Victoria

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, Jesús Catalá, en la celebración del 150 aniversario del patronazgo sobre la Diócesis de la Virgen de la Victoria.

150 ANIVERSARIO DEL PATRONAZGO
SOBRE LA DIÓCESIS DE LA VIRGEN DE LA VICTORIA
(Santuario de la Virgen de la Victoria-Málaga, 10 diciembre 2017)

Lecturas: Is 40, 1-5.9-11; Sal 84; 2 P 3, 8-14; Mc 1, 1-8.
(Domingo Adviento II-B)

1.- Patronazgo de Santa María de la Victoria sobre la Diócesis de Málaga

Se cumplen ahora 150 años del Patronazgo de Santa María de la Victoria sobre la Diócesis de Málaga.

El 12 de diciembre de 1867, siendo papa Pío IX, el cardenal Patrici, Prefecto de la Congregación de los Santos Ritos y D. Bartolini, Secretario de la misma, remitieron un escrito por el que se concedía la petición del entonces Obispo de la Diócesis malacitana, Mons. Juan Nepomuceno Cascallana, para que la imagen de Santa María de la Victoria “se constituya en esa Diócesis de Málaga como principal Patrona ante Dios”. En el mismo documento se especifica que será fiesta patronal en la festividad de la Natividad de la bienaventurada Virgen María, el día 8 de septiembre. El papa Pío IX fue quien proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción.

Hoy venimos a dar gracias a Dios por este regalo concedido a nuestra Diócesis; y queremos también agradecer a Santa María de la Victoria su maternal protección y patronazgo, que viene ejerciendo en favor de los fieles de nuestra querida Diócesis.

Tener por Patrona a la Virgen de la Victoria es tener a la Madre de Dios como abogada e intercesora; no cabe patronazgo mejor. Ella se preocupa de todos sus hijos adoptivos, que su Hijo redimió y salvó con el sacrificio de su vida; ella cuida maternalmente de quienes fuimos confiados a ella por su Hijo en la cruz (cf. Jn 19, 26-27).

2.- Sentido del patronazgo

La Iglesia, madre buena y comprensiva, favorece y promueve la intercesión y el patronazgo de los santos sobre las diversas comunidades cristianas, diócesis, parroquias, asociaciones y movimientos, o grupos eclesiales.

El patronazgo de los santos viene dado por alguna afinidad especial, por el tipo de vida del santo, por la relación y vinculación con una comunidad cristiana o grupo de personas, a cuya intercesión se acogen sus miembros.

El término “patrón” o “patrono” indica la misión de defensor y protector. Los santos patronos son considerados por los creyentes como intercesores y abogados ante Dios; en la ciudad de Málaga tenemos como patronos a los santos Ciriaco y Paula.

Sus devotos se dirigen a ellos en busca de alivio en las penas, de alegría en la fiesta, de consuelo en los momentos duros y de ayuda en las dificultades; de gratitud por la intercesión, aunque nuestra piedad popular está más enraizada en pedir que en dar gracias. Somos más pedigüeños que agradecidos; pero hoy queremos ser agradecidos. A una madre se le pide; pero a una madre se le expresa el cariño y el amor que se le profesa. Hoy debe ser una celebración de acción de gracias, de amor, de cariño a nuestra Patrona, Santa María de la Victoria.

El Concilio Vaticano II expresó el sentido de la veneración hacia los santos: “Es, por tanto, sumamente conveniente que amemos a los amigos y coherederos de Cristo, hermanos también y eximios bienhechores nuestros; que rindamos a Dios las gracias que le debemos por ellos; que los invoquemos humildemente y que, para impetrar de Dios beneficios por medio de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor, que es el único Redentor y Salvador nuestro, acudamos a sus oraciones, protección y socorro. Todo genuino testimonio de amor que ofrezcamos a los bienaventurados se dirige, por su propia naturaleza, a Cristo y termina en Él, que es la corona de todos los santos, y por Él va a Dios, que es admirable en sus santos y en ellos es glorificado” (Lumen gentium, 50).

No debemos perder de vista que el destinatario último de la glorificación, de nuestra adoración, de la acción de gracias, de la petición, es Dios-Padre, por medio de Jesucristo que ora en nosotros en el Espíritu.

Los santos, incluida la Santísima Virgen María, son intercesores; no deben ser el objeto final de nuestra devoción; ellos son hermanos que nos precedieron y nos ayudan en el camino de la fe, del amor y de la esperanza cristianas. Pero el destinatario de nuestra adoración y del religioso obsequio de la fe es Dios-Trino.

3.- Estilo de patronazgo de la Virgen de la Victoria.

Santa María de la Victoria ha ejercido su Patronazgo sobre nuestra iglesia diocesana, al estilo como ejerció su maternidad desde el instante de la Encarnación del Verbo eterno hasta el final de su vida. La Virgen nazarena aceptó ser la Madre de Jesús. Vamos a intentar percibir cómo su patronazgo sobre nosotros contemplando la manera de acompañar a su Hijo durante toda la vida.

En la Anunciación (cf. Lc 1, 26-38) expresa su asentimiento a la voluntad de Dios, aceptando obediente y dócilmente el mensaje divino que el ángel le transmite.

Ella supo acompañar a su Hijo en todos los momentos y circunstancias de su vida, en los buenos y en los malos momentos: en la circuncisión y presentación en el templo, donde escuchó que su Hijo sería signo de contradicción y que una espada le atravesaría el alma (cf. Lc, 2,34-35); ante la pérdida de Jesús en el templo, donde obtuvo como respuesta que su Hijo que no entendió: «¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?» (cf. Lc, 2,49); y ella conservaba todo esto en su corazón (cf. Lc, 2,51).

Ella acompañó a su Hijo durante su ministerio público: en las bodas de Caná de Galilea, donde intercedió por los novios ante su Hijo (cf. Jn, 2,1-11). En cada uno de esos momentos podemos vernos reflejados nosotros: ¿cómo ejerce de Patrona Santa María de la Victoria en cada uno de los momentos de nuestra vida, al igual que lo hizo con su Hijo?


En los últimos momentos de la vida de Jesús se mantuvo al pie de la Cruz, asociando su corazón maternal al sacrificio de su Hijo; consintiendo con amor en la inmolación. ¡Qué duro ver a su Hijo ser tratado como un malhechor! Y ella asiente y consiente la inmolación de su Hijo, inmolándose con él. Y, además, su Hijo agonizante nos la confía como Madre; se la confía a Juan, el discípulo amado (cf. Jn 19, 25-27); y en él estamos representados todos nosotros.

Tras la resurrección del Señor perseveró en oración con la primera comunidad cristiana. ¿Habéis pensado que la Virgen reza con nosotros? Da la impresión de que somos nosotros solos los que le rezamos a ella; pero ella reza con nosotros, como rezó con los apóstoles tras la resurrección (cf. Hch 1,14), recibiendo el Espíritu Santo prometido. Y, terminado el curso de su vida terrena, fue asunta a la gloria celestial y enaltecida como Reina del Universo.

Del mismo modo, la Virgen Santa María de la Victoria ejerce su maternal Patronazgo sobre nuestra Diócesis y sobre cada uno de nosotros: acompañando, protegiendo, rezando, abogando, socorriendo, intercediendo ante el Señor, secando lágrimas y cuidando de los hermanos de su Hijo, que peregrinamos entre peligros, angustias y luchan contra el pecado. Hoy damos gracias a Dios por este especial Patronazgo.

4.- Preparar el camino al Señor que viene

En este segundo domingo de Adviento la Iglesia nos exhorta a preparar la venida del Señor, acompañados de la mano de María; ella también nos acompaña durante todo el año litúrgico, desde el Adviento hasta los misterios de la muerte y resurrección de su Hijo.

Hoy nos habla el profeta Isaías, refiriéndose a Juan Bautista: «Una voz grita: En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios» (Is 40, 3).

Se trata de una invitación a la conversión (cf. Mc 1, 2-4); no es suficiente tener fe, o tener devoción a la Virgen, sino que es necesario convertir nuestros corazones a Dios, para acogerlo en nuestra vida.

Cristo viene a nosotros; se acerca a nosotros para hacernos partícipes de su divinidad; quiere hacernos hijos de Dios con él. Los valles de nuestras indiferencias y cobardías, deben levantarse; los montes y las colinas de nuestro orgullo y pecado deben abajarse; lo torcido y escabroso de nuestros egoísmos debe enderezarse (cf. Is 40, 4). Esa es la invitación que nos hace la liturgia de hoy.

El apóstol Pedro nos recuerda que «el Señor no retrasa su promesa, como piensan algunos, sino que tiene paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie se pierda sino que todos accedan a la conversión» (2 P 3, 9).

El Señor espera de nosotros una conducta acorde a la nueva vida, que nos ha ofrecido con su salvación. Hay una vida nueva que se nos ha regalado; y hemos de responder según esa novedad, que vivimos desde el bautismo. Nosotros «según su promesa, esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia» (2 P 3, 13). Estamos ya en esos cielos nuevos y en esa tierra nueva; la Paz de Dios ya habita entre nosotros.

Pedimos a Santa María de la Victoria que siga ejerciendo su Patronazgo sobre cada uno de nosotros y sobre toda la Diócesis; que interceda por sus queridos hijos de adopción, para que podamos gozar de la vida nueva en Cristo (cf. Rm 6, 4).

¡Que Ella, desde su Santuario, dirija su mirada maternal sobre todos nosotros y nos aliente, nos proteja y nos cuide! ¡Santa María de la Victoria, Madre de Dios y madre nuestra, ruega por nosotros! Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Tue, 12 Dec 2017 13:59:14 +0000
Pastoral de conjunto y la Acción Católica General http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/41116-pastoral-de-conjunto-y-la-acción-católica-general.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/41116-pastoral-de-conjunto-y-la-acción-católica-general.html

Carta pastoral del obispo de Málaga, Jesús Catalá, sobre la pastoral de conjunto y la Acción Católica General, titulada "Remando juntos".

I. INTRODUCCIÓN

1. Testimonios de vida santa en la Iglesia malacitana

La vida y la misión de la Iglesia tienen en este bello rincón del Mediterráneo una historia llena de entrega generosa y de notables manifestaciones de fe. Aún están frescas en esta tierra bendita las huellas de personas verdaderamente santas, que han servido al Reino de Dios sembrando de esperanza y amor nuestra historia y que han adornado nuestra Iglesia diocesana con testimonios de auténtica vida cristiana. Damos gracias a Dios por la reciente canonización de mi antecesor en la sede malacitana, San Manuel González, quien supo afrontar con audacia y acierto los retos que su época planteaba a la evangelización, a la formación de sacerdotes y a las necesidades de tanta gente sin recursos. Él preparó a nuestra Iglesia para dar un testimonio de fe hasta con derramamiento de sangre. En el presente año se abrirán en nuestra Diócesis tres causas de beatificación por martirio de sacerdotes, religiosos y laicos.

Todos tenemos el deber y el gozo de recordar los testimonios de aquellos que han sido declarados beatos. Recordamos, en primer lugar, al cardenal Marcelo Spínola y Maestre, obispo de Málaga entre 1886-1895 y beatificado por el papa Juan Pablo II. Junto a los mártires reconocidos de la persecución religiosa del pasado siglo (Enrique Vidaurreta, Juan Duarte y tantos otros), son memorables los signos de la misericordia de Dios reflejados en las vidas de Juan Nepomuceno Zegrí, la Madre Petra de San José, la Madre Carmen del Niño Jesús, Fray Leopoldo de Alpandeire y las muchas virtudes de los siervos de Dios Cardenal Ángel Herrera Oria, Doctor José Gálvez Ginachero y el Padre Tiburcio Arnáiz.

Podemos también afirmar que, en los últimos decenios y bajo el impulso que el Espíritu dio a su Iglesia a través del Concilio Vaticano II, nuestra Diócesis ha estado llena de entrañables y vigorosos testimonios de vida cristiana y de ardor apostólico por parte de sacerdotes, personas consagradas y, sobre todo, por tantos laicos, cuya entrega a la Iglesia es bien conocida y recordada. Estos ejemplos de vida son patrimonio de todos los católicos malagueños. Tenemos motivos para estar sanamente orgullosos de pertenecer a una Iglesia en la que ha brillado de este modo la luz de Jesucristo.

2. Suscitar, fortalecer y transmitir la fe hoy

Una Iglesia de santos es signo de la presencia viva del Evangelio, prolongada durante siglos y tiene que ser estímulo para la misión que nos corresponde hacer en nuestro tiempo, de modo que los frutos de la fe, la esperanza y la caridad sigan multiplicándose también hoy.

Todos somos conscientes de las dificultades que la fe tiene en nuestros días para arraigar en los corazones de nuestros contemporáneos, cuando se verifica una especie de fisura en la transmisión de las creencias, en la familia, en la parroquia, en la escuela y en otros ámbitos. Esto, lejos de desanimarnos, nos mueve a hacernos más responsables de nuestra fe y a tomarnos más en serio el mandato misionero, por el cual el Señor sigue llamándonos a salir y anunciar el Evangelio (cf. Mt 28, 19); es necesario seguir suscitando la fe en los no creyentes y alejados. No es el momento para encerrarnos cómodamente en nuestras costumbres adquiridas de tanto tiempo, limitándonos a hacer lo de siempre, de la misma forma de siempre, sin hacer una conversión pastoral, a la que nos invita el papa Francisco; y sin atrevernos a salir a las periferias. Es tiempo de verter el vino nuevo en odres nuevos (cf. Mt 9,17). La llamada del Señor en nuestro tiempo resuena de nuevo con toda su fuerza, para llegar a hacer de nuestra Iglesia una verdadera comunidad evangelizadora.

Cada uno de los bautizados, cada parroquia, cada comunidad, asociación, institución religiosa, debe disponerse a acoger esta llamada, que nos congrega y nos envía a dar testimonio a todos de la alegría del Evangelio. Llega la hora de poner a nuestra Iglesia “en estado de misión permanente”. El papa Francisco, en su exhortación Evangelii gaudium −cuya recepción ha constituido una de las prioridades para nuestra Diócesis en los últimos años−, nos anima:

“Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo. [...] Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida”.

El encuentro con Cristo es la fuente permanente de la alegría que la Iglesia ha sido enviada a comunicar a todos los hombres. En esto consiste su misión, constantemente alentada por el Espíritu del Señor Resucitado. En nuestro tiempo, esta misión se ha vuelto especialmente urgente, cuando la tristeza adquiere nuevos rostros en los hombres y mujeres de hoy, llenando sus corazones de una oscuridad que solo Cristo puede disipar.

Con todo, debemos saber que la transmisión de la fe no depende única ni principalmente de las estrategias pastorales. Comunicar la fe es siempre un acontecimiento que se sustenta en la iniciativa de la gracia, ya que es Dios quien “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Tm 2,4). A nosotros como evangelizadores nos corresponde, impulsados por el amor de Cristo (cf. 2Co 5,14; 1Jn 4,9- 10), provocar que las cuestiones que verdaderamente importan se abran lugar en el corazón y en la mente de nuestros contemporáneos. Ante todo, con la cercanía a las personas en sus necesidades concretas, con el testimonio de la misericordia y de una vida según el espíritu de las bienaventuranzas. A partir de ahí, los cristianos, tanto individualmente como de forma comunitaria, debemos facilitar espacios para el encuentro, ofrecer con paciencia las mediaciones, estar disponibles para el diálogo, anunciar con palabras comprensibles el núcleo del Evangelio, orar insistentemente. De este modo, podemos esperar que las personas puedan empezar a responder a la gracia divina que solicita sus corazones y que, con una disposición colaborativa, puedan iniciar procesos que les conduzcan a conocer mejor la fe cristiana, celebrar los sacramentos, vivir la vida nueva, abrirse al misterio de la oración y descubrir paulatinamente su lugar y su responsabilidad en la comunidad cristiana, así como su compromiso en medio de la sociedad.

3. Los destinatarios de esta Carta

La presente Carta pastoral se dirige, principalmente, a todos aquellos que trabajan en la acción evangelizadora y que se dedican a la transmisión de la fe, a través de los cauces que para ello dispone la Diócesis, principalmente en el seno de las parroquias.

En primer lugar, a los sacerdotes, a quienes animamos a asumir este proyecto como un objetivo en la tarea pastoral.

Se dirige también a quienes tienen alguna responsabilidad pastoral en nuestra Diócesis, a través de cualquier institución, asociación o movimiento eclesial, en el servicio del anuncio, la catequesis y la formación cristiana de niños, adolescentes, jóvenes y adultos.

Tenemos la esperanza de dar pasos hacia una nueva etapa evangelizadora. Sintiéndonos humildes “colaboradores en el campo de Dios” (cf. 1Co 3,9), podemos converger en unos criterios y unas pautas comunes, que nos ayuden a todos a remar en la misma dirección, cuando el Señor nos está pidiendo “remar mar adentro” (cf. Lc 5,4) y “pasar a la otra orilla” (cf. Lc 8,22), donde tantos hermanos esperan una luz de verdad y de esperanza.

4. Objetivos de esta reflexión

Para abordar este reto, tan amplio y de tanta importancia para el presente y el futuro de nuestra Iglesia en Málaga, debemos fijar la atención en varios aspectos.

En primer lugar, haciendo memoria agradecida y responsable de nuestra historia reciente de evangelización en Málaga y repasando algunos hitos, que manifiestan los intentos de responder con fidelidad a la llamada que el Señor nos hace y que conforman una ya larga experiencia de búsqueda pastoral, queremos potenciar los procesos de fe.

En segundo lugar, esta búsqueda se ve impulsada en nuestra época por la insistente llamada que el Señor está haciendo a su Iglesia a una “conversión pastoral”. Ese es el marco propio de un discernimiento que nos lleva a subrayar la necesidad de avanzar hacia una unidad de misión más visible y efectiva, asunto que nos ocupa en la presente reflexión pastoral.

Esta opción por la unidad de misión se asienta en la Palabra de Dios y en orientaciones concretas del Magisterio reciente, que ofrecen un fundamento sólido para apostar por una pastoral diocesana “de conjunto” en lo que concierne a la transmisión de la fe y la formación cristiana de los fieles.

Finalmente, al servicio de este proyecto deseamos proponer y fomentar la Acción Católica General como instrumento formativo y asociativo para el laicado en nuestra Diócesis.

5. Remando juntos mar adentro

El papa Juan Pablo II nos dejó un “programa” ante el paso del segundo al tercer milenio. Nos invitó a contemplar a Cristo, Salvador único de la humanidad y a «remar mar adentro»: “Contemplar el rostro de Cristo, y contemplarlo con María, es el «programa» que he indicado a la Iglesia en el alba del tercer milenio, invitándola a remar mar adentro en las aguas de la historia con el entusiasmo de la nueva evangelización”.

Se nos invita también hoy a nosotros que contemplemos a Cristo para pescar, como los primeros discípulos del Señor (cf. Lc 5,4), que confiaron en su palabra, echaron las redes y recogieron una cantidad enorme de peces (cf. Lc 5,6).

Para remar juntos mar adentro es necesario que todos lo hagamos en la misma dirección, uniendo fuerzas de forma coordinada. No es posible avanzar si las fuerzas se contraponen y se anulan. Esta idea-clave es la que da el título a la presente Carta pastoral. No debemos remar en contra del viento; hemos de dejarnos llevar por la fuerza del Espíritu Santo que sopla en las velas de la Iglesia, conduciéndola a su destino, cruzando altos mares, en ocasiones agitados y tenebrosos. No debemos remar dando vueltas en el mismo lugar, en torno a nosotros mismos, como si fuéramos el punto de referencia. El papa Francisco nos anima a abandonar la “autorreferencialidad”9. Tampoco debemos remar sin avanzar, alejándonos del objetivo y perdiendo el rumbo. Nuestro punto de referencia es Cristo, a quien hemos de contemplar, confiar en él y aceptarlo como Señor y Maestro nuestro (cf. Mt 23,8-10).

Carta pastoral "Remando juntos" completa aquí

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Fri, 03 Nov 2017 12:34:02 +0000
Ordenación de diáconos http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/40908-ordenación-de-diáconos.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/40908-ordenación-de-diáconos.html

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, Jesús Catalá, en la ordenación de diáconos que tuvo lugar el 21 de octubre, en la Catedral de Málaga.

Lecturas: Rm 4,13.16-18; Sal 104,6-9.42-43; Lc 12,8-12

(Tiempo Ordinario XXVIII-Sábado)

1.- La fe inquebrantable de Abrahán

En su carta a los Romanos san Pablo explica que la justificación viene por la fe y no por las obras de la ley. Con su fe inquebrantable adquirió Abrahán la gracia de la justificación (cf. Rm 4,13); «apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza que llegaría a ser padre de muchos pueblos» (Rm 4,18). Y la promesa de Dios se cumplió para toda su descendencia, incluidos nosotros, porque él es nuestro padre en la fe (cf. Rm 4,16-17; cf. Gn 15,15).

Queridos candidatos al Diaconado, siendo hijos de Abrahán por la fe, sois constituidos hoy, por la ordenación sacramental, en “padres en la fe”. Debéis cimentar vuestro nuevo ministerio en la firmeza de la fe eclesial; vuestra fe debe tornarse inquebrantable para poder guiar y afianzar a los fieles en esa misma fe; la haréis con vuestra predicación, ministerio propio del diácono.

Abrahán obedeció la palabra del Señor. Ya hemos comentado en otras ocasiones que “obedecer” (ob-audire) significa someterse libremente a la palabra escuchada, aceptarla y vivirla, porque su verdad está garantizada por Dios.

La carta a Hebreos presenta la fe de Abraham: “Por la fe, Abrahán obedeció y salió para el lugar que había de recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba” (Hb 11,8; cf. Gn 12,1-4). Por la fe, vivió como extranjero y peregrino en la Tierra prometida (cf. Gn 23,4). Por la fe, a Sara se otorgó el concebir al hijo de la promesa. Por la fe, finalmente, Abrahán ofreció a su hijo único en sacrificio (cf. Hb 11,17).
El Señor os pide, como a Abrahán, que salgáis de vuestra tierra, de vuestra comodidad, de vuestros proyectos personales, de vuestro enrocamiento; y vayáis a donde Él os pida, aunque no sepáis aún dónde os envía. Pero desea vuestra disponibilidad plena para realizar sus planes. Vais a servir a la Iglesia, a la que el papa Francisco ha convocado para salir hacia las periferias existenciales (cf. Evangelii gaudium, 20).

Abrahán es el modelo que nos propone la Sagrada Escritura; y la Virgen María es la realización más perfecta de la obediencia a la fe (cf. Catecismo Iglesia Católica, 143). María escuchó el mensaje del ángel y lo aceptó en su vida (cf. Lc 1,38). Queridos diáconos, acogeos a ellos, como maestros, modelos e intercesores.

Dios pidió a Abrahán el sacrificio que más quería. Cada uno de vosotros sabrá qué le pide el Señor como oblación, entrega y sacrificio. ¡Ofrecédselo con gozo y con valentía!

2.- Acción de gracias a Dios por su Alianza

El Salmo proclamado nos ha dicho que el Señor «se acuerda de su alianza eternamente» (Sal 104,8). Dios hizo alianza con el pueblo de Israel; y Jesús es el mediador de la nueva alianza (cf. Heb 12,24), sellada con su sangre (cf. Lc 22,15). Él ha hecho alianza con cada uno de nosotros y su amor es eterno.

Los cristianos hemos sido bautizados en la nueva alianza de amor, inaugurada por Cristo. Desde el momento de la recepción de la fe, nace una historia de amor que ya no termina. Cada uno de nosotros somos protagonistas juntamente con el Señor de una historia de amor. Él nos va acompañando con una actitud esponsal, que pide correspondencia por nuestra parte. Desde hoy comienza para vosotros, queridos Gerardo, Juan, José-Manuel y José-Carlos, un nuevo capítulo de vuestra historia de amor esponsal con Jesucristo. No es una simple figura poética; se trata de una realidad. Cristo es el Esposo, a quien os unís como miembros y servidores de la Iglesia, la esposa de Cristo.

En la esponsalidad y en el servicio se requiere fidelidad plena. ¡Sed fieles a esta Alianza nueva de amor, que hoy selláis con vuestra entrega! Por su parte, el Señor os otorga su gracia y os concede un poder especial para realizar vuestra tarea. ¡Demos gracias a Dios por la Alianza de amor que hace con nosotros!

3.- Anunciadores del Evangelio

El Salmo interleccional también nos ha recordado que el Señor gobierna toda la tierra (cf. Sal 104,7). Vais, pues, a servir al dueño de toda la tierra, que se encuentra en todas partes. Ello significa que pide vuestra disponibilidad para ir a cualquier lugar que os envíe, sin poner resistencias. El anuncio del Evangelio debe realizarse hasta los confines del mundo: «Así nos lo ha mandado el Señor: Yo te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el confín de la tierra» (Hch 13,47). Y ser llamado para anunciar el Evangelio es un don inmerecido, un regalo del Señor.

En este domingo celebramos la Jornada mundial de las Misiones con el lema: “Sé valiente, la misión te espera”. El papa Francisco con motivo de esta Jornada nos dice: “La misión de la Iglesia, destinada a todas las personas de buena voluntad, está fundada sobre la fuerza transformadora del Evangelio. El Evangelio es la Buena Nueva que trae consigo una alegría contagiosa, porque contiene y ofrece una vida nueva: la de Cristo resucitado, el cual, comunicando su Espíritu dador de vida, se convierte en Camino, Verdad y Vida por nosotros (cf. Jn 14,6)” (Papa Francisco, Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2017, La misión en el corazón de la fe cristiana, 1. Vaticano, 4.06.2017).

Jesús es «el primero y el más grande evangelizador» (Pablo VI, Evangelii nuntiandi, 7), que nos llama a anunciar la Buena Nueva del amor de Dios Padre con la fuerza del Espíritu Santo. Los apóstoles pasaron de cobardes a valientes cuando recibieron en Pentecostés al Espíritu Santo; y fueron valientes testigos, como nos pide el lema de la presente jornada.

Jesús nos apremia en el Evangelio de hoy a ser testigos valientes: «Todo aquel que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios» (Lc 12,8). Nuestra sociedad necesita evangelizadores valientes con espíritu, que se abran a su acción (cf. Evangelii gaudium, 259).

No hay que tener miedo ni preocuparse: «Cuando os conduzcan a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué razones os defenderéis, o de lo que vais a decir, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir» (Lc 12,11-12). Queridos diáconos, aceptad con gozo el ministerio que la Iglesia hoy os confía con la fuerza del Espíritu, con la gracia y el acompañamiento del Señor y con la esponsalidad que os ofrece y espera a su vez de vosotros.

Pidamos a la Santísima Virgen María, Madre y estrella de la evangelización, que acogió la Palabra en su alma y en su seno, que nos ayude a recibirla con gozo y a anunciarla con valentía. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Mon, 23 Oct 2017 12:33:07 +0000
Apertura del curso académico 2017-2018 en los Centros de Teología http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/40620-apertura-del-curso-académico-2017-2018-en-los-centros-de-teología.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/40620-apertura-del-curso-académico-2017-2018-en-los-centros-de-teología.html Apertura del curso académico 2017-2018 en los Centros de Teología

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, Jesús Catalá, en la apertura del curso académico 2017-2018 de los Centros de Teología celebrada en la capilla del Seminario de Málaga.

APERTURA DEL CURSO ACADÉMICO 2017-2018
EN LOS CENTROS DE TEOLOGÍA
(Seminario-Málaga, 6 octubre 2017)
Lecturas: Ba 1,15-22; Sal 78,1-5.8-9; Lc 10,13-16.

1.- Confesión de los pecados

El pueblo de Israel confiesa su pecado, reconociendo que Dios es justo (cf. Ba 1,15); aceptando haber desobedecido al Señor al desoír sus palabras (cf. Ba 1,17) y no haber cumplido sus mandatos (cf. Ba 1,18).

Nos encontramos en los días de “Témporas de acción de gracias y petición”, en los que la Iglesia nos invita en primer lugar a pedir perdón de nuestros pecados, reconociendo nuestra fragilidad.
El pueblo de Israel reconoce: «No obedecimos al Señor cuando nos hablaba por medio de sus enviados los profetas» (Ba 1,21); y «todos seguimos nuestros malos deseos sirviendo a otros dioses» (Ba 1,22).

Tal vez también nosotros no reconocemos la voz de Dios, que nos habla a través de los profetas que Él nos envía. Y el único Profeta y Mediador es Jesucristo, Verbo eterno de Dios, a quien debemos acoger en nuestro corazón y en nuestra vida; y no solo en nuestra mente.

El estudio de la teología no es solo para conocer intelectualmente los contenidos de la fe, sino para vivir mejor la relación personal con Dios, uno y trino.

Aprovechemos el don y la oportunidad de poder dedicar un tiempo de nuestra vida al estudio teológico. Solemos decir que “no tenemos tiempo”; pero la verdad es que tenemos tiempo para lo que queremos. El tiempo nos lo regala el Señor; y dedicar parte de ese tiempo al estudio de la teología es provechoso para nosotros y, además, nos va la vida en ello. No se trata de un simple “hobby”, sino algo más vital y profundo.

2.- Persecución contra los cristianos

El Salmo 78 es una oración del creyente, que suspira y se lamenta ante Dios, porque los gentiles han profanado el templo y han reducido Jerusalén a ruinas (cf. Sal 78,1).

La Iglesia es perseguida en todas las épocas. Unas veces en forma de escarnio y burla (cf. Sal 78,4); y otras de forma sangrienta y cruel (cf. Sal 78,2-3), como lo demuestra nuestra historia reciente. Ha habido más mártires en el siglo XX, como decía el papa Juan Pablo II, que en otras épocas. Mañana abriremos el proceso de más de dos centenares de mártires de nuestra Diócesis, asesinados por odio a la fe en los años treinta del pasado siglo. Esperamos que, como dice Tertuliano, sean semilla de nuevos cristianos.

Hemos de estar preparados para dar testimonio de nuestra fe en esta sociedad secularizada, que rechaza a Dios o lo ignora. Estudiar teología es importante, para fortalecer la propia fe, para sintonizar con la Iglesia y estar en plena comunión; y para proclamar la Buena Nueva a los demás.

3.- Cristo, presente en su Iglesia

Jesús dijo a sus discípulos, como hemos oído en el evangelio de Lucas, que: «Quien a vosotros escucha, a mí me escucha; quien a vosotros rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado» (Lc 10,16).

Y en otro pasaje identifica lo hecho a los hermanos como hecho a Él mismo: «El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado» (Mt 10,40).

Cristo está presente en su Iglesia y se identifica con sus miembros; esto es algo maravilloso, pero inusual e inaudito en cualquier otra religión. No hay ninguna religión en la que la deidad se asimile al ser humano, se rebaje al mismo nivel y se encarne como un ser humano.

Injertados en Cristo por el bautismo, nos nutrimos de su vida. Como dice el Concilio Vaticano II: “Por el bautismo, los hombres son injertados en el misterio pascual de Jesucristo: mueren con Él, son sepultados con Él y resucitan con Él; reciben el espíritu de adopción de hijos “por el que clamamos: Abba, Padre” (Rm 8,15) y se convierten así en los verdaderos adoradores que busca el Padre” (Sacrosanctum Concilium, 6).

En el Acto académico de la Inauguración del presente curso el Rvdo. Prof. Dr. Salvador Gil nos disertará sobre el argumento: “Cristo renueva a su Iglesia. Una reflexión a la luz del Concilio Vaticano II y la Evangelii gaudium”. Esperamos con ilusión esta disertación, y que nos anime a renovarnos.

4.- El hombre en búsqueda de Dios

El ser humano siempre ha buscado a Dios, aunque a tientas y con dificultad. Se trata del misterio inescrutable del corazón humano. Está inquieto, como afirmó san Agustín, hasta que no encuentra a Dios.

Y este estado de inquietud, si no es guiado hacia un descubrimiento de Dios Amor, crea incluso desorden, discrepancias entre pueblos, culturas y religiones, marcadas a veces por injusticias y guerras.

Decía el papa Benedicto XVI: “Hay caminos que pueden abrir el corazón del hombre al conocimiento de Dios, hay signos que conducen hacia Dios. Ciertamente, a menudo corremos el riesgo de ser deslumbrados por los resplandores de la mundanidad, que nos hacen menos capaces de recorrer tales caminos o de leer tales signos. Dios, sin embargo, no se cansa de buscarnos, es fiel al hombre que ha creado y redimido, permanece cercano a nuestra vida, porque nos ama” (El Año de la fe. Los caminos que conducen al conocimiento de Dios. Audiencia general, Vaticano, 14 noviembre 2012).

El papa Benedicto nos animaba a proporcionar al hombre de hoy nuevas vías de acceso a Dios: “No hay prioridad más grande que esta: abrir de nuevo al hombre de hoy el acceso a Dios, al Dios que habla y nos comunica su amor para que tengamos vida abundante (cf. Jn 10,10)” (Verbum Domini, 2). Y Jesucristo es el Verbo de Dios, el único Camino que nos lleva al Padre.

Queridos profesores y estudiantes de teología, el estudio y la escucha de la Palabra de Dios es fundamental. Si no se conoce ni se escucha esta Palabra salvadora, no podrá ser obedecida, como nos recuerda san Pablo: «¿Cómo invocarán a aquel en quien no han creído?; ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar?; ¿cómo oirán hablar de él sin nadie que anuncie? y ¿cómo anunciarán si no los envían?» (Rm 10,14-15).

La Iglesia os envía a anunciar esta Palabra, que primero hay que leer, meditar, asimilar, conocer y vivir. Uno de nuestros profesores, D. Antonio Rodríguez Carmona, especialista en Sagrada Escritura, en una entrevista reciente decía: “Hay que leer Biblia y aplicarse el cuento”. Da la impresión que no nos atrevemos a leerla en profundidad, como si le tuviéramos miedo; y no hay que tenerle miedo. Os animo a que la Palabra de Dios sea “comida habitual” para nosotros.

Pedimos a la Santísima Virgen María su protección maternal y también la intercesión de san Manuel González. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Tue, 10 Oct 2017 12:44:20 +0000
Apertura de la fase diocesana de las Causas de los Mártires del Siglo XX de la Diócesis de Málaga http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/40618-apertura-de-la-fase-diocesana-de-las-causas-de-los-mártires-del-siglo-xx-de-la-diócesis-de-málaga.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/40618-apertura-de-la-fase-diocesana-de-las-causas-de-los-mártires-del-siglo-xx-de-la-diócesis-de-málaga.html Apertura de la fase diocesana de las Causas de los Mártires del Siglo XX de la Diócesis de Málaga

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, Jesús Catalá, en la Catedral de Málaga, en la apertura de la fase diocesana de las Causas de los Mártires del Siglo XX de la Diócesis de Málaga.

APERTURA DE LA FASE DIOCESANA
DE LAS CAUSAS DE LOS MÁRTIRES DEL SIGLO XX
DE LA DIÓCESIS DE MÁLAGA
(Catedral-Málaga, 7 octubre 2017)
Lecturas: Ba 4,5-12.27-29; Sal 68,33-37; Lc 10,17-24.

1.- Quien os envió las desgracias os enviará el gozo

El antiguo pueblo de Israel tuvo que sufrir deportación, aflicciones y castigo por haber abandonado al Señor y adorado falsos dioses, apartándose de la ley de Dios, como dice el profeta Baruc: «porque irritasteis a vuestro Creador, sacrificando a demonios, no a Dios» (Ba 4,7). Se olvidaron del Señor que los había alimentado y cuidado (cf. Ba 4,8).

El profeta Baruc anima al pueblo a volver al Señor, a buscarlo con empeño: «Si un día os empeñasteis en alejaros de Dios, volveos a buscarlo con redoblado empeño» (Ba 4,28).

El Señor permite que pasemos por pruebas diversas, para purificar nuestra fe; así lo leemos en la carta de Santiago: «Considerad, hermanos míos, un gran gozo cuando os veáis rodeados de toda clase de pruebas, sabiendo que la autenticidad de vuestra fe produce paciencia» (Sant 1,2-3).

Pero la prueba, una vez superada fructifica en gozo: «El mismo que os mandó las desgracias os mandará el gozo eterno de vuestra salvación» (Ba 4,29). Dios, aunque castigue aparentemente, nunca se olvida de sus hijos (cf. Ba 4,27).

A veces pensamos que las cosas desagradables o dolorosas, que nos suceden son castigo de Dios por nuestros pecados; incluso algunos se atreven a protestar contra Dios y a pedirle cuentas cuando viven situaciones de enfermedad o de dolor por la muerte de algún ser querido. Sin embargo, esas cosas son normales que forman parte de la vida humana. Hemos de recordar que la vida humana no tiene su fin último en este mundo; está más bien destinada a la patria celeste.

2.- Los mártires pasaron por duras pruebas, y no precisamente por sus pecados, sino por el odio de quienes los martirizaban y asesinaban. Esta prueba los acrisoló como el oro y los aceptó en holocausto (cf. Sab 3,5); por eso recibieron la corona de gloria (cf. Eclo 47,6), que no se marchita.

Hoy damos gracias a Dios por la Apertura de la fase diocesana de tres causas de martirio con más de doscientos mártires, que dieron testimonio de su fe en nuestra Diócesis malacitana en la década de los años treinta del pasado siglo XX. Este proceso fue iniciado hace más de siete años, durante los cuales se han tomado declaraciones de muchos testigos y se han realizado cuidadosos estudios históricos por parte de gente especializada.

Tenemos un gran motivo de fiesta y alegría al celebrar el triunfo de los mártires, que por amor a Cristo ofrecieron sus vidas en holocausto. A ellos también les cambió el Señor el vestido de luto en traje de fiesta y les ciñó la diadema de gloria. Pasaron desde la muerte violenta a la vida eterna; desde las penalidades de esta vida al banquete del reino de los cielos. Tuvieron en menos los sufrimientos padecidos con tal de gozar de la presencia de Dios eternamente. Nuestro destino, queridos hermanos, es la felicidad eterna.

3.- La persecución religiosa no empezó con la Guerra Civil española (1936), como algunos falsamente piensan. Nos retrotraemos al año 1931 en la España de la Segunda República, que vivió una década convulsa en todos los órdenes. Según las crónicas se debatía en la política española la cuestión autonómica y territorial, la cuestión religiosa, la polarización ideológica entre la izquierda y la derecha; no es necesario recordar que también se debaten hoy estos temas. Fue disuelta la Compañía de Jesús, se nacionalizaron los bienes de las órdenes religiosas, se prohibió a las congregaciones religiosas que se dedicaran al ejercicio de la enseñanza. Fueron asesinados de manera arbitraria muchos fieles cristianos por el solo motivo de profesar la fe católica. Se han hecho ya muchas beatificaciones de mártires en distintas diócesis de España. Muchos de vosotros sois familiares de aquellos testigos valientes, que ofrecieron su vida como testimonio de la fe.

Como ya se ha explicado en el Acto de Apertura, se han hecho tres causas: 1) La de Moisés Díaz-Caneja Piñán y compañeros mártires; 2) La de Leopoldo González García y compañeros mártires; 3) y la de Manuel de Hoyo Migens y compañeros mártires. Esperamos que un día no muy lejano podamos celebrar con alegría su beatificación.

4.- Vuestros nombres están inscritos en el cielo

En el evangelio de hoy hemos escuchado que Jesús animaba a sus discípulos a llevar a cabo la misión de anunciar el reino y realizar obras maravillosas. Los discípulos regresaron llenos de alegría por los milagros que hacían con el poder de Jesús, curando enfermos y echando demonios (cf. Lc 10,17).

Sin embargo, Jesús les advierte que no estén alegres porque se les someten los espíritus, sino «porque vuestros nombres están inscritos en el cielo» (Lc 10,20). Pedimos al Señor que inscriba nuestros nombres en el libro de la vida. Ya hemos sido inscritos en el momento de nuestro bautismo, ahora importa que queramos seguir siendo discípulos del único y gran Maestro Jesús.

Las cosas de Dios las entienden los pequeños, los que confían en Él, los humildes que lo esperan todo de la providencia divina, los sencillos de corazón.

Jesús eleva su oración al Padre para darle gracias por este motivo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños» (Lc 10,21). Porque los orgullosos, los prepotentes, los llenos de sí, los soberbios, los que solo confían en sus propias fuerzas, no heredarán el reino de los cielos (cf. Mt 19,23-24). Los humildes y sencillos, como la Virgen María, que confían en Dios y lo esperan todo de Él son los herederos del reino de los cielos (cf. Mt 5,3; 18,1-4).

Dando gracias a Dios por esta celebración de la Apertura de las Causas de nuestros queridos mártires, pidamos al Señor que podamos verles beatificados y que nosotros seamos contados entre los pequeños para entender las cosas de Dios y ser iluminados por su Palabra.

¡Que la Santísima Virgen María, en su advocación del Rosario, cuya fiesta celebramos hoy, interceda por nosotros con su maternal intercesión para que vivamos con alegría las cosas de cada día, dando testimonio de la fe! Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Tue, 10 Oct 2017 12:40:47 +0000