Málaga Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://odisur.es Thu, 24 May 2018 12:03:55 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es 350 aniversario del Santísimo Cristo de la Salud y de las Aguas http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/44477-350-aniversario-del-santísimo-cristo-de-la-salud-y-de-las-aguas.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/44477-350-aniversario-del-santísimo-cristo-de-la-salud-y-de-las-aguas.html 350 aniversario del Santísimo Cristo de la Salud y de las Aguas

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, Jesús Catalá, en el 350 aniversario del Santísimo Cristo de la Salud y de las Aguas, en Antequera, el 19 de mayo de 2018.

Lecturas: Jl 3,1-5; Sal 103,1.24.29-34; Rm 8,22-27; Jn 7,37-39.

1.- Celebramos hoy el 350 Aniversario del prodigio de la abundante lluvia atribuida al Santísimo Cristo de la Salud y de las Aguas en nuestra querida Antequera. La Hermandad del mismo nombre y todos los fieles cristianos os habéis esforzado en preparar con esmero esta fiesta con diversas actividades. ¡Enhorabuena! Doy gracias a Dios por vuestra fe en Cristo y por la devoción que tributáis a su venerada imagen. Os felicito por vuestro amor y adoración al Santísimo Cristo de la Salud y de las Aguas, expresado en tantos actos litúrgicos y de piedad religiosa.

Jesucristo es el único Salvador del género humano; no hay otros salvadores. Cuando el apóstol Pedro curó a un enfermo en nombre de Cristo, los jefes del pueblo le preguntaron en nombre de quién había realizado ese prodigio; y él respondió, lleno de Espíritu Santo: «Quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el Nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por este Nombre, se presenta este sano ante vosotros» (Hch 14,10). Cristo es la piedra angular y no hay salvación fuera de Él, «pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos» (Hch 14,12).

Queridos fieles cristianos, no pongáis vuestra confianza en otros diosecillos, que no salvan; no pongáis el corazón donde no hay verdadera felicidad; y donde no se encuentra el sentido de la vida.

Imagino que todo cristiano antequerano ha tenido experiencia de que su Patrón, el Santísimo Cristo de la Salud y de las Aguas le ha curado de diversas heridas, sobre todo de la herida del pecado. Si no habéis tenido experiencia de haber sido curados por el Cristo de la Salud, quiere decir que no habéis entendido al Cristo de la Salud y vuestra necesita madurar aún; pero espero que todos hayamos tenido la experiencia de haber sido sanado por él, de haber sido curados de nuestras heridas; éstas son muchas como los egoísmos, los rencores, el pecado que nos aparta de Dios y de los demás.

Cristo es salvación de todo ser humano; es salud del alma y del cuerpo. Él es salud de alma y cuerpo; y no debemos pedirle solo la salud del cuerpo. Hemos de pedirle la salud del cuerpo y del alma; y fundamentalmente del alma.

Este año recorre el decimocuarto Aniversario del Patronazgo sobre Antequera del “Cristo de la Salud, Señor de las Aguas y de Ánimas de San Juan”, en cuyo décimo Aniversario tuve el gozo de presidir la celebración eucarística en la iglesia de San Juan. Espero y deseo que seáis fieles a vuestro Patrón, el único Maestro y el único Salvador de la humanidad.

2.- Según narra el cronista de la parroquia antequerana de San Juan, Gregorio Muñoz Reina, y todos conocéis bien, la ciudad se vio afectada por una tremenda sequía en 1668, que comenzaba a causar graves perjuicios en los campos y provocaba una gran hambruna (cf. Archivo Histórico Municipal de Antequera. Fondo Parroquial. Libro de Matrícula de la parroquia de San Juan, n. 189).

En el mes de abril de ese año se acordó que las parroquias de la ciudad y las distintas órdenes de clérigos, bien representados aún hoy día por diversos religiosos y sacerdotes realizaran rogativas para pedir la lluvia, e hicieran novenarios, triduos, actos penitenciales y procesiones desde los distintos templos; pero estos actos no obtuvieron el resultado deseado.

En la iglesia de San Juan era venerada esta imagen del Cristo de la Salud, que contemplamos, talla anónima de Jesús crucificado de comienzos del siglo XVII. Tras celebrarse el novenario al Cristo de la Salud, ya entrado el mes de mayo, tuvo lugar la salida procesional de la imagen, cuyo destino era el emblemático Cerro de la Vera Cruz, paraje señalado para las estaciones de penitencia de las cofradías locales; y después estaba previsto entrar en las iglesias de los monasterios de Antequera, donde se rezaran cánticos y alabanzas al Señor. Entonces se desató una gran tormenta de rayos y granizo, cayendo agua abundante.

La ciudad de Antequera, agradecida por este hecho milagroso, añadió al nombre del Cristo de la Salud el título de “Señor de las Aguas”, en reconocimiento por su intercesión; y comenzó a celebrar anualmente una novena, predicando cada día un religioso de los distintos conventos, como habéis hecho también en estos años.

Años después, en 1694, la imagen quedaría instalada en la cofradía de la Vía Sacra de San Juan, quien adoptó al Santo Cristo como titular. Y posteriormente se unió, como bien sabéis, la cofradía de Ánimas, añadiéndole al Cristo el título de “Animas de San Juan”. Y finalmente, la especial devoción del pueblo de Antequera a esta hermosa Imagen del Cristo se vería culminada con su proclamación como patrón de la Ciudad, en el año 2004.

3.- Esta historia, que todos conocéis bien, es bueno recordarla 350 años después, para que no se olvide y para que la transmitáis a vuestros hijos y a las generaciones futuras; para que no se pierda la devoción al Cristo de la Salud y de las Aguas.

Esta hermosa fiesta antequerana se enmarca hoy en la solemnidad litúrgica de Pentecostés, en cuya Secuencia se pide al Espíritu Santo: “Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero”.

¡Qué bien se puede aplicar hoy esta oración ante la imagen del Cristo de la Salud y de las Aguas: Riega la tierra de mi alma en sequía, sana mi corazón enfermo, lava mis manchas, infunde calor en mi corazón! Rezad esta oración ante la imagen del Cristo de la Salud y de las Aguas.

Queridos antequeranos, el Espíritu Santo es como lluvia en la sequía, como rocío del cielo, como agua suave que penetra la tierra y la fecunda. Una vez, hace 350 años, recibisteis agua abundante que fecundó vuestros campos y sació el hambre. ¡Dejad ahora que la lluvia divina del Espíritu Santo penetre vuestras almas, ablande vuestro corazón, abra vuestros oídos a la Palabra de Dios, fecunde vuestro trabajo y os llene de alegría! ¡Que esta tarde venga una lluvia abundante, divina, del Espíritu Santo!

El Espíritu de Dios es amor divino más fecundo que el desierto y más fuerte que la muerte. El Espíritu de Dios es capaz de derretir el hielo, saciar el hambre, vestir la desnudez, perdonar el pecado. El Espíritu es dador de vida, aliento de vitalidad, fuerza vivificante, que renueva la faz de la tierra y nuestros corazones desgarrados por el pecado.

El Señor Jesús nos ha dicho en el evangelio: «El que tenga sed, que venga a mí y beba» (Jn 7,37). ¡Acudid, antequeranos, a Dios para recibir el agua de la verdadera vida! No bebáis en charcos de agua estancada y sucia; esos charcos son ciertas ideologías y modas que denigran al ser humano. El que crea en Cristo de la Salud «de sus entrañas manarán ríos de agua viva» (Jn 7,38).

Queridos fieles y devotos, el Santo Cristo de la Salud y de las Aguas os ofrece ahora un agua mucho más vivificante de la que os regaló hace 350 años. Es un agua que salta hasta la vida eterna, como le dijo el Señor a la samaritana (cf. Jn 4,14).

4.- La Iglesia en España celebra en esta solemnidad de Pentecostés el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar con el lema “Discípulos misioneros de Cristo, Iglesia en el mundo”.

El Concilio Vaticano II (cf. Apostolicam actuositatem, 1) y los papas posteriores (cf. Pablo VI, Evangelii nuntiandi, 70; Juan Pablo II, Christifideles laici, 15; Papa Francisco, Evangelii gaudium, 20) nos han recordado que la Iglesia existe para evangelizar y de modo especial han destacado el lugar que deben ocupar los seglares en esta misión.

Para llevar a cabo esta importante tarea se necesitan laicos bien preparados, cristianamente formados, animados por una fe sincera, cuya vida haya sido transformada por el encuentro personal con Jesucristo. Como nos recordaba el papa Francisco: “Necesitamos laicos que se arriesguen (…), laicos con visión de futuro, no cerrados en las pequeñeces de la vida (…), laicos con el sabor de la experiencia de la vida, que se atrevan a soñar” (Asamblea del Pontificio Consejo para los Laicos. Roma, 17.06.2016).

Para realizar la misión que la Iglesia nos encomienda es necesario estar abiertos a la acción del Espíritu Santo en este Pentecostés de hoy. Necesitamos pedir al Señor que nos enseñe y nos ilumine en la tarea encomendada, como nos ha recordado san Pablo: «Nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables» (Rm 8,26). El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad. ¡Dejémonos conducir por el Espíritu! ¡Dejémonos transformar por él! ¡Dejémonos inundar por sus aguas torrenciales, que nos ofrece hoy el Espíritu, para que nuestra tarea en la Iglesia y en el mundo sea fecunda!

5.- Damos gracias a Dios por la fe y la devoción en Antequera al “Santísimo Cristo de la Salud, de las Aguas y de Ánimas de San Juan”. Le pedimos que cure las heridas de nuestra alma; que nos haga valientes testigos del Evangelio; que nos conceda participar en la Eucaristía, para alimentarnos de su cuerpo; y un día podamos participar en el banquete del reino de los cielos.

Pedimos a la Santísima Virgen María, que estuvo unida en oración a los Apóstoles en el día de Pentecostés, que interceda por todos los fieles de Antequera, para que promuevan en nuestra Iglesia un nuevo y fecundo Pentecostés. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Mon, 21 May 2018 12:31:44 +0000
Pentecostés, Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar Asociado http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/44476-pentecostés-día-de-la-acción-católica-y-del-apostolado-seglar-asociado.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/44476-pentecostés-día-de-la-acción-católica-y-del-apostolado-seglar-asociado.html Pentecostés, Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar Asociado

Homilía pronunciada por el obispo de Málaga, Jesús Catalá, en la celebración de Pentecostés, Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar Asociado, en la Catedral de Málaga, el 20 de mayo de 2018.

Lecturas: Jl 3,1-5; Sal 103,1.24.29-34; Rm 8,22-27; Jn 7,37-39.

Discípulos misioneros en el mundo

1.- En esta solemnidad litúrgica de Pentecostés la Iglesia en España celebra el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar con el lema “Discípulos misioneros de Cristo, Iglesia en el mundo”.

El Concilio Vaticano II situaba como una urgencia de nuestros tiempos la participación de los fieles laicos en la misión de la Iglesia: “Las circunstancias actuales les piden un apostolado mucho más intenso y más amplio (…). Y este apostolado se hace más urgente porque ha crecido muchísimo, como es justo, la autonomía de muchos sectores de la vida humana, y a veces con cierta separación del orden ético y religioso y con gran peligro de la vida cristiana” (Apostolicam actuositatem, 1).

El papa Pablo VI nos recordaba que la Iglesia existe para evangelizar y de un modo especial destacaba el lugar que deben ocupar los seglares en esta misión, afirmando que “su vocación específica los coloca en el corazón del mundo y a la guía de las más variadas tareas temporales” (Evangelii nuntiandi, 70).

A los veinte años del Concilio Vaticano II, el papa Juan Pablo II expresó con claridad la dimensión secular como propio de los laicos: “Ciertamente, todos los miembros de la Iglesia son partícipes de su dimensión secular; pero lo son de formas diversas. En particular, la participación de los fieles laicos tiene una modalidad propia de actuación y de función, que, según el Concilio, “es propia y peculiar” de ellos.

Tal modalidad se designa con la expresión “índole secular” [Lumen gentium, 31]” (Christifideles laici, 15).

Y en la actualidad el papa Francisco ha instado a todos los miembros de la Iglesia a salir de su propia comodidad y acercarse a las periferias que necesitan la luz del Evangelio (cf. Evangelii gaudium, 20); y en esa tarea ocupan un lugar privilegiado los fieles laicos.

Como veis, el Concilio Vaticano II y los papas posteriores instan al laicado a que asuma su misión propia de transformar el mundo y la sociedad a la luz del Evangelio.

2.- Para llevar a cabo esta importante misión se necesitan laicos bien formados cristianamente, animados por una fe sincera, cuya vida haya sido transformada por el encuentro personal con Jesucristo; quien no reúna estas condiciones, no puede ser “discípulo misionero”.

Necesitamos un laicado maduro, con buena formación cristiana (cf. J.Catalá, Carta pastoral, Remando juntos, 6), capaz de dar razón de su fe (cf. 1 Pe 3,15) y vivir con coherencia su vida cristiana, dando testimonio gozoso de su encuentro con Cristo.

Os animo a una buena formación. La Diócesis dispone de instituciones formativas adecuadas para ello: escuelas de Teología, Instituto Superior de Ciencias Religiosas, Centro Agregado a la Facultad de Teología de Granada con la especialidad en Teología Fundamental, aprobado recientemente por la Santa Sede. Ahora los laicos podréis cursar los estudios de teología en Málaga hasta esos altos niveles. ¡Ojalá hubiera muchos laicos que os comprometierais a hacer unos estudios serios de teología! De ese modo, levantaríamos el nivel de nuestras comunidades, de los movimientos y asociaciones; y, naturalmente, de nuestra Diócesis. Al menos os pido que hagáis el nivel de las Escuelas de Teología.

3.- El papa Francisco nos recordaba: “Necesitamos laicos que se arriesguen (…), laicos con visión de futuro, no cerrados en las pequeñeces de la vida (…), laicos con el sabor de la experiencia de la vida, que se atrevan a soñar” (Asamblea del Pontificio Consejo para los Laicos. Roma, 17.06.2016).

El profeta Joel predijo que el Señor enviaría el Espíritu Santo: «Derramaré mi espíritu sobre toda carne, vuestros hijos e hijas profetizarán, vuestros ancianos tendrán sueños y vuestros jóvenes verán visiones» (Jl 3,1). ¡Hay que soñar y tener visiones desde el Espíritu!

El Señor envía su Espíritu para llenar el corazón de sus fieles, para animarlos a la misión, para confortarlos en el combate cristiano, para transformar la realidad temporal a la luz del Evangelio y con los sueños del Espíritu; no con sueños de vuelo bajo y raso, sino con sueños de alto vuelo que otorga el Espíritu. ¡Queridos fieles laicos, soñad con imaginación hermosos proyectos de evangelización! ¡Salid al mundo con la fuerza del Espíritu, para limpiarlo de la suciedad del pecado y configurarlo cada vez más a imagen de Jesucristo!

4.- Los obispos españoles de la Comisión episcopal de Apostolado Seglar, en su mensaje para este día titulado “Discípulos misioneros de Cristo, Iglesia en el mundo”, nos recuerdan que, en la Iglesia, nacida bajo el impulso del Espíritu Santo, “el laicado juega un papel fundamental para esta nueva etapa de la evangelización, a la que hemos sido convocados reiteradamente por los últimos pontífices”.

Los laicos estáis llamados a ser Iglesia en el mundo, porque vuestro apostolado tiene su origen en el sacramento del bautismo, en el que cada fiel laico se convierte en discípulo misionero de Cristo, en sal de la tierra y luz del mundo (cf. Evangelii gaudium, 120).

Ser discípulos misioneros significa poner a Cristo en el centro de la propia existencia; nutrirse de la oración y de la escucha de la Palabra; celebrar con gozo los sacramentos, especialmente la Eucaristía; vivir en amor y fidelidad a la Iglesia, instituida por el mismo Cristo como instrumento de comunión y de salvación en el mundo (cf. Concilio Vaticano II, Lumen gentium, 1).

Remarco la importancia de la fidelidad y el amor a la Iglesia. No es buena una crítica despiadada, ni desafección, ni alejamiento de la Iglesia. No hay ni debe haber dicotomía entre la jerarquía y los fieles laicos.

Ser discípulos misioneros de Cristo consiste en estar atentos a las necesidades de nuestros hermanos, especialmente de los pobres y excluidos, siendo para ellos oasis de misericordia y de ayuda; ser discípulos misioneros significa encarnar la vocación al Amor a la que estamos llamados; implica vivir con alegría y esperanza.

5.- Esta llamada a ser discípulos misioneros de Cristo va dirigida a todo fiel cristiano y a los miembros de Acción Católica, de Apostolado Seglar, de Asociaciones y Movimientos de fieles laicos.

Las diferentes realidades eclesiales, a las que pertenecéis, no hablan lenguajes diversos. Hay estilos, métodos, aspectos y expresiones distintas, pero fundamentalmente se hable el mismo lenguaje de la fe, la misma esperanza y el mismo amor; se trata del mismo Señor Jesucristo. Debemos hablar todos el mismo lenguaje eclesial, con las pequeñas diferencias de método o estilo. Hemos de buscar lo que nos une. El Espíritu ofrece la comunión entre los fieles de diferentes estilos; pertenecemos a la misma y única Iglesia de Cristo.

6.- En octubre de este año se celebrará una Asamblea sinodal de Obispos de todo el mundo para tratar sobre los jóvenes. Queridos fieles, estamos llamados, como nos pide el Papa, a escuchar a los jóvenes y ayudarles a que asuman su protagonismo en la tarea de la evangelización, en comunión con los adultos.

Quiero haceros una llamada. A veces, a los adultos les cuesta dejar sus cargos; da la impresión de que algunos adultos son los dueños de la agrupación eclesial, sea hermandad, comunidad, movimiento o asociación. No solamente hay que escuchar a los jóvenes; hay que incorporarles a las tareas de responsabilidad y de dirección. También los mayores fueron un día jóvenes.

A veces escucho las quejas de algunos jóvenes, a quienes no se les permite participar en las decisiones de los organismos a los que pertenecen. Me duele escuchar esto; y os invito a que les escuchéis y les incorporéis incluso en las responsabilidades de decisión; ayudadles a madurar; y podéis enriqueceros con su entusiasmo, sus sueños, sus proyectos que renovarán vuestras asociaciones.

7.- Para llevar a cabo la misión que la Iglesia nos encomienda, es necesario estar abiertos a la acción del Espíritu. Nosotros no sabemos muchas veces cómo actuar, ni cómo afrontar los grandes retos que se nos presentan y que incluso nos abruman. Necesitamos pedir al Señor que nos enseñe y nos ilumine para hacer bien la tarea encomendada. Como nos ha recordado san Pablo: «Nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables» (Rm 8,26). El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad. ¡Dejémonos conducir por el Espíritu! ¡Dejémonos transformar por él! ¡Dejémonos inundar por sus aguas torrenciales, para que nuestro trabajo sea fecundo!

Es necesario vivir en comunión con la Iglesia, dada la diversidad de carismas que el Espíritu regala a la misma. Existen muchas formas diferentes de afrontar el apasionante reto de la evangelización. Como os recordaba en mi carta pastoral “Remando juntos” hemos de apostar por una “pastoral de conjunto” (n.21), trabajando en comunión y coordinados.

8.- Esta actitud debe inspirar a las parroquias, los arciprestazgos, las delegaciones diocesanas, los institutos religiosos, las asociaciones, las cofradías, los movimientos, las instituciones educativas de inspiración católica. Todas estas realidades eclesiales deben tener como punto de referencia pastoral la Diócesis y vivir en comunión con ella; eso es vivir en comunión con la Iglesia.

Hoy damos gracias a Dios por la gran riqueza de grupos, instituciones e iniciativas evangelizadoras y pastorales de nuestra Diócesis.

Doy gracias a Dios por vuestra presencia y por la misión que el Señor os ha encomendado a cada uno.

Y pedimos a la Virgen María, bajo el título de Santa María de la Victoria, patrona de toda la Diócesis, que estuvo unida en oración a los Apóstoles en el día de Pentecostés, que interceda por nuestro laicado, para que promueva en nuestra Iglesia un nuevo y fecundo Pentecostés. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Mon, 21 May 2018 12:28:15 +0000
En el Encuentro Diocesano de Juventud http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/43862-en-el-encuentro-diocesano-de-juventud.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/43862-en-el-encuentro-diocesano-de-juventud.html En el Encuentro Diocesano de Juventud

Homilía del Obispo de Málaga, Mons. Jesús Catalá, en el Encuentro Diocesano de Juventud en Vélez-Málaga

(Vélez-Málaga, 14 abril 2018)

Lecturas: Hch 6,1-7; Sal 32,1-2.4-5.18-19; Jn 6,16-21.

Dejar las propias redes y seguir a Jesús

1.- Cambiar el mundo

Nuestro Encuentro diocesano de Jóvenes, en su edición treinta y una, se enmarca este año mirando la Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos en Roma que se celebrará en octubre próximo sobre “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. Este tema os implica en primera persona a todos los jóvenes. Esta Asamblea se presenta como una oportunidad providencial para involucrar a los jóvenes en la responsabilidad misionera, que necesita de su rica imaginación y creatividad.

Nuestro Encuentro diocesano pretende celebrar una jornada de convivencia, reflexión y oración en el tiempo de la Pascua, donde los jóvenes se sientan llamados por el Señor a seguirlo y a transformar nuestro mundo. Como dice la camiseta que lleváis: “Y tú, ¿te atreves a ser protagonista del cambio?

El Señor nos invita a seguirlo; si no vamos detrás de él no cambiaremos el mundo. Si queremos cambiarlo a nuestro modo, lo empeoraremos -como está sucediendo por desgracia-. Cuando tengáis responsabilidades en nuestra sociedad y ocupéis cargos de gobierno, de dirección de empresas, de profesorado, de padres de familia, poned entusiasmo para cambiar nuestra sociedad a mejor; no para empeorarla. Por tanto, dejad vuestros esquemas y proyectos; porque el mejor plan es el que nos propone Jesús, que nos invita a seguirle.

2.- Seguir a Cristo

Recientemente ha habido en Roma un pre-sínodo, en preparación a la asamblea sinodal. La segunda parte del lema la lleváis escrita en la espalda de la camiseta y podéis leerla (los jóvenes leen el lema): “Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron” (Mt 4,20). De este lema parte nuestra reflexión de hoy. Jesús les llamó y les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres» (Mt 4,19).

En el discurso reciente del papa Francisco a los jóvenes en Chile, a primeros de este año, les hacía esta pregunta: “¿Qué haría Cristo en mi lugar? En la escuela, en la universidad, en la calle, en casa, entre amigos, en el trabajo; frente al que le hacen bullying: ¿Qué haría Cristo en mi lugar? Cuando salen a bailar, cuando están haciendo deportes o van al estadio: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?” (Papa Francisco, Discurso a los jóvenes. Santuario de Maipu-Chile, 17.01.2018). Preguntadle a Cristo cuando tengáis que hacer esas cosas.

El Papa pedía a los jóvenes tener “ojos chispeantes”. Hay que vivir “la chispa de la vida” (que no se refiere a la Coca-Cola). Tener “ojos chispeantes porque descubrimos que Jesús es fuente de vida y alegría. Protagonistas de la historia, porque queremos contagiar esa chispa en tantos corazones apagados, opacos que se olvidaron de lo que es esperar” (Ibid.).

 

¿Cuántos jóvenes tristes, apagados, vacíos, sin alegría y sin esperanza encontráis en vuestra vida? Levantad la mano los que conozcáis a jóvenes con estas actitudes. (Los jóvenes levantan sus manos). Veo que todos habéis levantado vuestra mano. Si esos jóvenes estuvieran aquí, les preguntaría si conocen algún joven que viva con alegría, que tiene esperanza y “chispa”; y seguramente responderían que os conocen a vosotros.

El Señor, pues, nos invita a seguirle con alegría y con chispa. Vamos a expresar este deseo con un gesto: Primero damos tres chasquidos con los dedos y después decimos: “Queremos seguir al Señor”, acompañando las palabras con tres chasquidos y terminando con otros tres sin decir nada. (Los jóvenes realizan este gesto).

3.- Servir a Cristo y a los hermanos

En la primitiva comunidad cristiana, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas (cf. Hch 6,1).

Los Apóstoles dijeron: «Nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra» (Hch 6,4). Ellos explicaron que no les parecía bien descuidar la palabra de Dios para ocuparse del servicio de las mesas (cf. Hch 6,2).

Existen varios tipos de servicio a los hermanos: primero, atender a las necesidades básicas (dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, visitar al enfermo, …); después, como hemos escuchado, están el servicio de la oración y el de la palabra. Si solo hacemos el primer servicio, no hacemos nada especial, porque también otras personas incluso no creyentes lo hacen.

Pero el servicio de la oración y de la palabra no lo hace tanta gente. En la oración pedimos perdón, damos gracias, alabamos a Dios, escuchamos su palabra. Este momento de celebración eucarística es el más importante de nuestro Encuentro de hoy. ¿Cuántos de vosotros hacéis ya el primer servicio (atención al necesitado, visita al enfermo, …)? (Los jóvenes levantan las manos). ¿Cuántos de vosotros hacéis el servicio de la oración personal, además de la eucaristía y otras celebraciones? ¿Y cuántos realizáis el servicio de la Palabra, anunciándola a los demás? ¿Cuántos dais testimonio de la resurrección del Señor en vuestros ambientes: familia, universidad, amigos? (Todos los jóvenes levantan las manos). ¡Enhorabuena por realizar ese servicio! Merecéis un aplauso. (Los jóvenes aplauden largamente).

Vamos a realizar ahora otro gesto diciendo: “Queremos servir al Señor”. Lo hacemos dando tres palmas; después decimos esta frase acompañada de palmas; y finalmente, damos tres palmas sin decir nada. (Los jóvenes realizan este gesto).

4.- No tener miedo

Cuando el Señor resucitado se aparece a sus discípulos les regala un don ¿Qué les regala? Les ofrece la Paz (cf. Jn 20,19). Y les concede otro don, aunque no se lo dice expresamente. Cuando el Señor se les aparece los discípulos quedan llenos de alegría (cf. Jn 20,20). La Paz y la Alegría son dones pascuales, que tenéis que vivir. Hoy debéis estar hoy llenos de la paz y de la alegría de Cristo resucitado.

Los discípulos tenían miedo, porque habían crucificado a su Maestro y ellos podían correr la misma suerte. El Señor les dice en diversas apariciones que no tengan miedo: «Soy yo, no temáis» (Jn 6,20).

Hoy nos lo dice a nosotros: “No tengáis miedo”. Aunque no os comprendan, aunque os insulten, aunque os vituperen… no tengáis miedo. Porque tenemos la fuerza del Señor. ¡Queridos jóvenes, no tengáis miedo de seguir al Maestro!

¿Cuántas redes habéis dejado ya por el Señor? Una red puede ser un proyecto personal, una carrera, una renuncia a algo por otra persona, un tiempo dedicado a otro, una renuncia a un capricho. Levantad la mano los que hayáis renunciado al menos a una red. (Todos los jóvenes levantan la mano). ¿Cuántos estarías dispuestos a renunciar a vuestro proyecto personal, si el Señor os llama a consagraros a él? (Algunos jóvenes levantan la mano). Vais a ser más felices, si renunciáis a vuestro proyecto personal y seguís al Señor que si os guardáis vuestra red; porque de ese modo no pescaréis nada. ¿Habéis entendido? El que quiera pescar con su red, se quedará sin pesca; pero el que sea capaz de fiarse del Señor, recogerá una pesca abundantísima.

Os invito a poneros delante del Señor y a decirle: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Cuando recibáis a Cristo en la eucaristía, decídselo. Vamos a expresarlo con un gesto: Ponemos nuestras manos cruzadas en nuestro pecho y decimos: “Aquí estoy”; luego abrimos los brazos diciendo: “Señor”; y finalmente, levantamos las manos hacia arriba mientras decimos: “Para hacer tu voluntad”. (Los jóvenes realizan este gesto).

Pedimos a la Santísima Virgen María que nos ayude a vivir como desea el Señor; a seguirlo, dejando nuestras propias redes; y a servirlo como él quiere. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Mon, 16 Apr 2018 11:48:02 +0000
A los miembros de las Congregaciones y Hermandades de Gloria http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/43740-a-los-miembros-de-las-congregaciones-y-hermandades-de-gloria.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/43740-a-los-miembros-de-las-congregaciones-y-hermandades-de-gloria.html A los miembros de las Congregaciones y Hermandades de Gloria

Saludo del Obispo de Málaga, Jesús Catalá, a los miembros de las Congregaciones y Hermandades de Gloria en Málaga.

(Málaga, abril 2018)

¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!

Éste debería ser el grito y el saludo de todas las Hermandades de Gloria, celebrando la Pascua de Resurrección con alegría desbordante.

Cristo, el Señor de la Vida, venciendo la muerte ha resucitado del sepulcro y ha iluminado el mundo y lo ha transformado, dando un nuevo rumbo a la historia humana.

Los apóstoles y discípulos del Señor fueron testigos de la vida y obras que Jesús hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. Y aunque murió en la cruz, ellos confiesan que Dios lo resucitó de entre los muertos.

Los discípulos recibieron del Señor el mandato misionero de anunciar la buena noticia de la resurrección: «Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos» (Hch 10,42). También nosotros estamos llamados a anunciar con gozo la resurrección del Señor.

Creer en Cristo resucitado conlleva los buenos frutos de recibir el perdón de los pecados y la herencia eterna. San Pablo nos exhorta a vivir como “personas resucitadas”, buscando los bienes de arriba, donde está Cristo (cf. Col 3, 1-2).

¡Queridos fieles y miembros de las Hermandades de Gloria, anunciad esta buena nueva a todas las gentes, como hicieron los apóstoles y discípulos del Señor resucitado! ¡Proclamad que Jesucristo ha vencido el pecado y la muerte! ¡Vivid con alegría como “resucitados”, porque hemos sido salvados por Cristo Jesús, Señor nuestro!

Pedimos al Señor resucitado que nos conceda vivir la alegría de la Pascua; que nos otorgue la luz iluminadora de su resurrección y la fuerza para anunciar con valentía a nuestros contemporáneos que la vida terrena y temporal es solo la antesala de la vida eterna, a la que todos estamos llamados.

¡Que la Santísima Virgen María, bajo las diversas advocaciones que profesáis, nos acompañe siempre y nos ayude a vivir con la alegría y la paz del Resucitado!

Con mi bendición.

+ Jesús Catalá

Obispo de Málaga

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Mon, 09 Apr 2018 12:06:35 +0000
Celebración de la Pasión del Señor del Viernes Santo http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/43647-celebración-de-la-pasión-del-señor-del-viernes-santo.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/43647-celebración-de-la-pasión-del-señor-del-viernes-santo.html Celebración de la Pasión del Señor del Viernes Santo

Homilía del Obispo de Málaga en la celebración de la Pasión del Señor del Viernes Santo en la Catedral de Málaga.

(Catedral-Málaga, 30 marzo 2018)

Lecturas: Is 52,13 – 53,12; Sal 30,2.6.12-17.25; Hb 4,14-16; 5,7-9; Jn 18,1 – 19,42.

La misericordia entrañable de nuestro Dios

1.- La liturgia del Viernes Santo nos propone la contemplación de la Cruz, en la que murió nuestro Salvador; y nos invita a dar gracias a Dios por la redención del género humano. Todos hemos sido salvados por Cristo Jesús, quien derramó su sangre como expiación por nuestros pecados.

Jesucristo, el Cordero inocente, con la entrega de su sangre nos mereció la vida. Dios nos reconcilió consigo y con nosotros y nos libró de la esclavitud del diablo y del pecado; por eso todos podemos decir con san Pablo: «El Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gal 2,20).

La cruz es el sacrificio de Cristo «único mediador entre Dios y los hombres» (1 Tm 2,5), quien, en su Persona divina encarnada, “se ha unido en cierto modo con todo hombre” (Gaudium et spes, 22) y “ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de Dios sólo conocida se asocien a este misterio pascual” (Ibid.).

En esta tarde queremos dar gracias a Dios por este misterio inefable de amor y de entrega; queremos asociarnos a la oblación de Cristo; queremos ser lavados de nuestros pecados con su gracia.

2.- Santo Tomás de Aquino nos recuerda que “es propio de Dios usar misericordia y especialmente en esto se manifiesta su omnipotencia” (Summa Theologiae, II-II, q. 30, a. 4.). La misericordia divina no es signo de debilidad, sino más bien expresión del poder y de la omnipotencia de Dios y de su amor. Así lo rezamos en la oración colecta del domingo XXVI del tiempo ordinario: «Oh Dios que revelas tu omnipotencia sobre todo en la misericordia y el perdón». ¡Acudamos a esta fuente de misericordia y de amor!

Dios es para la humanidad Aquel que está siempre presente, cercano, providente, santo y misericordioso (cf. Papa Francisco, Misericordiae vultus, 6).

Los Salmos destacan la grandeza del proceder divino y su gran misericordia. Dios es «compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia» (Sal 102,8). Su misericordia y su paciencia se constatan en muchas acciones de la historia de la salvación, donde su bondad prevalece por encima del castigo y la destrucción.

Dios perdona y cura: «Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; Él rescata tu vida de la fosa, y te colma de gracia y de ternura» (102,3-4). El Señor «sana los corazones afligidos, venda sus heridas» (147,3).

Signos concretos de su misericordia son la liberación y el cuidado amoroso: «El Señor liberta a los cautivos, el Señor abre los ojos al ciego; el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos» (145,7-8). Nos ama a todos y cada uno de nosotros; a toda la humanidad.

3.- La misericordia de Dios, como dice el papa Francisco: “no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre, que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo. Vale decir que se trata realmente de un amor “visceral”. Proviene desde lo más íntimo como un sentimiento profundo, natural, hecho de ternura y compasión, de indulgencia y de perdón” (Misericordiae vultus, 6).

«Eterna es su misericordia» es el estribillo que acompaña cada verso del Salmo 135, mientras se narra la historia de salvación del pueblo de Israel. «Porque es eterna su misericordia». Podemos repetir este estribillo interiormente, como oración personal, por cada una de las acciones amorosas y misericordiosas que Dios realiza en nuestra vida, convirtiéndola en historia de salvación. «Porque es eterna su misericordia».

El mismo Jesús, antes su Pasión, rezó con este Salmo de la misericordia, como lo atestigua el evangelista Mateo (cf. 26,30). “En este mismo horizonte de la misericordia, Jesús vivió su pasión y muerte, consciente del gran misterio del amor de Dios que se habría de cumplir en la cruz” (Misericordiae vultus, 7).

4.- Cristo llama a sus discípulos a «tomar su cruz y a seguirle» (Mt 16,24), porque Él «sufrió por nosotros dejándonos ejemplo para que sigamos sus huellas» (1 P 2,21). Él quiere asociarnos a su sacrificio redentor para que seamos sus beneficiarios.

Tenemos el ejemplo especial de la Virgen María, quien se asoció de forma admirable y singular al misterio del sufrimiento redentor de su Hijo Jesús, tal como lo narran los evangelios.

En esta tarde el Viernes Santo, queridos fieles, adoremos a Jesús, que se entrega por toda la humanidad y por nosotros en la cruz y nos invita a seguirle, tomando cada uno su propia cruz. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Thu, 29 Mar 2018 10:30:34 +0000
Anunciar la buena noticia de la Resurrección http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/43631-anunciar-la-buena-noticia-de-la-resurrección.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/43631-anunciar-la-buena-noticia-de-la-resurrección.html Anunciar la buena noticia de la Resurrección

Mensaje del Obispo de Málaga, Mons. Jesús Catalá, con motivo de la Pascua de Resurrección.

(Málaga, 1 abril 2018)


Anunciar la buena noticia de la resurrección

Los discursos de san Pedro, uno dirigido a los judíos y vecinos de Jerusalén el día de Pentecostés (cf. Hch 2,14-36) y otro en casa del Cornelio en Cesarea (cf. Hch 10,37-43), constituyen la exposición más completa y nuclear de su predicación kerigmática.

Este anuncio refleja lo fundamental de la primera predicación cristiana: la proclamación de la actividad salvífica de Jesús de Nazaret: «ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él» (Hch 10,38).

Pedro y los demás discípulos se presentan como testigos de este gran acontecimiento, que ha transformado la historia de la humanidad: «A este lo mataron, colgándolo de un madero; pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse» (Hch 10,39-40).

¡Cristo ha resucitado! Nos toca ahora a nosotros, cristianos del siglo XXI, proclamar la buena noticia de la Resurrección del Señor Jesús. Como los primeros discípulos tenemos el mandato misionero de anunciar la alegría del Evangelio.

La liturgia de Pascua nos invita a cantar: «Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo» (Sal 117, 24).

¡Anunciemos la buena noticia de la resurrección de Cristo!

¡Y pidamos para que su Luz llegue a todos los hombres!

+ Jesús Catalá

Obispo de Málaga

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Tue, 03 Apr 2018 10:04:37 +0000
Día del Seminario http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/43423-día-del-seminario.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/43423-día-del-seminario.html Día del Seminario

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, Jesús Catalá, en la celebración eucarística que tuvo lugar en la Catedral de Málaga, el 18 de febrero de 2018, Día del Seminario.

DÍA DEL SEMINARIO
(Catedral-Málaga, 18 marzo 2018)

Lecturas: Jer 31, 31-34; Sal 50, 3-4.12-15; Hb 5, 7-9; Jn 12, 20-33.
(Domingo de Cuaresma V-B)

1.- En este domingo quinto de Cuaresma las lecturas bíblicas se centran en la alianza que Dios ha establecido con su pueblo Israel. Dios quiere llevar a la humanidad, a través de los distintos momentos históricos, hacia la realización definitiva de su alianza eterna por la muerte y resurrección de Cristo, el Hijo de Dios. El tema de fondo es el misterio pascual de Jesucristo, que celebraremos de modo especial en la gran fiesta de la Pascua.

A los cristianos se nos anima a participar en él por la celebración de los sacramentos y con nuestra propia vida. En la oración colecta de la misa se pide a Dios «que, con tu ayuda, avancemos animosamente hacia aquel mismo amor que movió a tu Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo». Las palabras clave son: amor, entrega y salvación del mundo.

El amor y la entrega no son ideas abstractas, sino que a lo largo de la historia salvífica se han hecho realidad, de modo especial en Cristo; y también en personas concretas mediante las cuales Dios ha mostrado cómo es posible avanzar animosamente por este camino. A nosotros, en este momento de la historia en pleno siglo XXI, Dios-Padre nos anima también a vivir este amor y entrega al estilo de su Hijo.

2.- El profeta Jeremías anuncia por primera vez en el Antiguo Testamento que habrá una nueva alianza (cf. Jer 31, 31), tras el fracaso de las anteriores, porque el pueblo no cumplió lo prometido (cf. Jer 31, 32). Hay distintas alianzas que Dios va haciendo con su pueblo y que van siendo “quebradas” por este pueblo. Dios expresa su amor por su pueblo de manera muy concreta. Pero el pueblo no siempre responde adecuadamente al amor recibido de Dios.

Queridos hermanos, también nos sucede a nosotros lo mismo: recibimos todo de Dios, pero no siempre correspondemos a su amor. Por eso necesitamos pedirle perdón; por eso el Señor instituyó el sacramento de la penitencia o reconciliación.

Esta nueva alianza, que lleva a cabo el Hijo de Dios con la humanidad, será profunda e interior; no será externa, ni estará escrita en tablas de piedra. Conllevará un conocimiento íntimo entre Dios y su pueblo, entre el fiel y su Dios. Como dice Jeremías: «Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo» (Jer 31, 33).

3.- La promesa de Jeremías llegará a su verdadero y definitivo cumplimiento en Jesucristo, mediador y sacerdote de la nueva alianza, que, obedeciendo hasta la muerte, se convierte en autor de salvación eterna, como nos recuerda la carta Hebreos (cf. Hb 5, 9).

Del mismo modo que la antigua alianza es anticipo de la entrega total y definitiva de Cristo en la nueva alianza, el amor y la entrega radical para la salvación del mundo se sigue realizando hoy en la vida de la Iglesia.

Todos los cristianos estamos llamados, tal como nos recuerda la oración colecta, a avanzar hacia el mismo amor que impulsó a Cristo a entregar su vida y salvar el mundo. Nadie queda excluido de esta invitación y de esta tarea, que inicia en el bautismo; el camino bautismal es camino pascual.

4.- El amor total hasta la muerte tiene un gran sentido positivo. El Evangelio de hoy nos ofrece la actitud oblativa de Jesús, consciente de que ha llegado su hora y de que va a ser glorificado el Hijo del hombre (cf. Jn 12, 23).

Las palabras del evangelio nos permiten descubrir cómo el mismo Jesús es consciente de la necesidad de morir a sí mismo, para tener nueva vida. Jesús nos ha presentado una imagen muy expresiva: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12, 24). Es una imagen muy plástica: el trigo tiene que pudrirse antes que reverdecer; nosotros necesitamos darnos en Cristo, entregarnos a Él, para poder dar fruto.

Por medio de esta imagen el Señor nos revela no solo su propio destino, sino el de todos los que se unen a él. Éste es el camino de la salvación que Cristo nos ofrece; éste es el camino de todas las cosas que valen la pena; porque lo que vale poco, exige poco. Y ésta su invitación: ofrecer nuestra vida para hacerla fructificar: «El que quiera servirme, que me siga y donde esté yo, allí también estará mi servidor» (Jn 12, 26).

Contemplamos a Cristo caminando hacia la cruz y nos disponemos a incorporarnos nosotros con Él al mismo mo¬vimiento de su Pascua, que es muerte y vida, renuncia y novedad.

5.- Hoy celebramos en España el “Día del Seminario”. El lema escogido para este año es: «Apóstoles para los jóvenes». Este tema está en consonancia con la Asamblea del Sínodo de los Obispos que el papa Francisco ha convocado para octubre de 2018 y cuyo tema es «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional».

El Papa y los pastores estamos preocupados por los jóvenes, por cómo viven su fe, por cómo ayudarles a ser mejores y a que respondan mejor a lo que el Señor les llama. Es necesario acompañar a los jóvenes, para que escuchen, reconozcan y acojan la llamada de Señor a la misión que confíe a cada uno.

Hoy de modo especial pedimos por aquellos a los que el Señor llama al ministerio sacerdotal y para entregarse con amor a esta hermosa misión. El Papa nos invita a seguir el camino que nos señaló en su exhortación Evangelii gaudium, afrontando cómo llevar a cabo la misión de anunciar la alegría del Evangelio en el mundo de hoy.

Dios quiere que la nueva Alianza siga siendo conocida y aceptada de manera concreta entre nosotros hoy. Por eso elige a sus ministros, para que continúen llevando la obra de salvación entre los hombres. No lo hacen con sus propias fuerzas, sino con la gracia divina de quien los ha elegido y confiado el ministerio.

Queridos jóvenes y amados seminaristas, es el mismo Jesús quien invita a seguirle: «El que quiera servirme, que me siga y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre le honrará» (Jn 12, 26). Ser honrado por el Padre-Dios es una hermosa recompensa.

6.- Algunos fieles cristianos son llamados a ser ministros de Jesucristo: para actuar en su nombre, para continuar su misión de salvación del mundo, para enseñar a los hombres, para seguir guiando al nuevo pueblo de Dios, que es la Iglesia. Y todo ello mediante el anuncio de la Palabra y a la celebración de los sacramentos.

Ante un mundo que a veces vive sinesperanza y donde no se valora el amor radical ni la entrega incondicional, es necesario que alguien sea testigo de que esto es posible y se encargue de anunciarlo y vivirlo. Podemos verificar esa falta de entrega incondicional en lo que nuestra sociedad llama “amor”, que no es más que simple sentimiento o gusto; falta vivir el amor definitivo.

Cuando encuentro matrimonios casados por la Iglesia, no “parejas”, que viven alegres y celebran sus Bodas de plata o de oro, o incluso más años de vida familiar, les digo a los jóvenes matrimonios que es posible vivir en amor durante toda la vida. ¡No os dejéis engañar por las modas! ¡Es posible vivir toda la vida amándose fielmente hasta el final! Pero hacen falta testigos de ello; hacen falta sacerdotes que vivan con alegría su ministerio; y hacen falta matrimonios que viváis con amor y gozo vuestra entrega esponsal.

La respuesta a la llamada del Señor implica un seguimiento radical e incondicional al Señor, como Él mismo dice: «El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna» (Jn 12, 25).

Queridos seminaristas, habéis sido llamados a ejercer el ministerio sacerdotal de manera celibataria, dejándoos atraer por la fascinación de Cristo y dispuestos a darlo todo por Él. El Señor os pide una entrega total, no solo una pequeña parte de vuestra vida o de vuestro tiempo. Estáis llamados a ser apóstoles, como dice el lema de este año: «Apóstoles para los jóvenes».

Ahora es tiempo para vosotros de preparación, de estudio, de formación. La comunidad eclesial reza por vosotros y os sostiene en vuestra tarea y misión. ¡Sed fieles a la llamada que el Señor os hace! No olvidéis nunca que no os llama el obispo, o un sacerdote; os llama el Señor; vuestra respuesta debe ser al Señor. La respuesta de los esposos es también al Señor mediante la entrega al otro: esposo, esposa, hijos, familia; pero siempre es una respuesta al Señor.

7.- En este “Día del Seminario” damos gracias a Dios por todos aquellos que han respondido con alegría y generosidad a la llamada del Señor; por los formadores que acompañan a los candidatos al sacerdocio en su etapa de preparación y formación.

¡Rezad por ellos, queridos seminaristas! Debéis agradecerles su tarea y quererles. Damos gracias a Dios por los sacerdotes que nos han acompañado a cada uno de nosotros en nuestro camino de fe, ofreciéndonos el pan de la Palabra y de la Eucaristía y la gracia de los sacramentos.

Es bueno recordar a los sacerdotes: a quien me bautizó; al que me confesó por primera vez y muchas otras veces; al que me distribuyó el pan de la Eucaristía por primera vez y otras muchas veces; al que me acompaña y me da una palabra de aliento. Es bueno que nos acordemos y que recemos por ellos.

Queridos hermanos y fieles todos, pidamos por las vocaciones sacerdotales, haciendo nuestras las últimas palabras que Jesús dijo a sus discípulos: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vo¬sotros todos los días hasta el final de los tiempos» (Mt 28, 19-20).

El Señor es quien nos acompaña, nos perdona, nos anima y nos ofrece su gracia. Él está y estará siempre con nosotros; no lo olvidemos. Nuestra tarea es una misión que Él nos encarga y nos da la fuerza para llevarla a cabo.

¡Que la Santísima Virgen María nos acompañe y nos ayude a ser fieles a la llamada que el Señor dirige a cada uno de nosotros! Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Tue, 20 Mar 2018 13:20:00 +0000
Rito de elección de los catecúmenos http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/42928-rito-de-elección-de-los-catecúmenos.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/42928-rito-de-elección-de-los-catecúmenos.html Rito de elección de los catecúmenos

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, Jesús Catalá, en el rito de elección de los catecúmenos que tuvo lugar en la Catedral de Málaga, el 18 de febrero de 2018.

RITO DE ELECCIÓN DE LOS CATECÚMENOS
(Catedral-Málaga, 18 febrero 2018)

Lecturas: Gn 9, 8-15; Sal 24, 4-9; 1 Pe 3, 18-22; Mc 1, 12-15.
(Domingo Cuaresma I - Ciclo B)

1.- En este primer domingo de Cuaresma tiene lugar la «Elección» de los catecúmenos, que serán bautizados en la Vigilia pascual, o durante los domingos de Pascua.

Al inicio de esta celebración os hemos acogido, queridos catecúmenos. El Señor Jesús os ha llamado a participar de su vida; quiere regalaros la salvación y dar sentido pleno a vuestra vida; quiere liberaros de las cadenas del propio egoísmo y del pecado, que os esclavizan como a todo ser humano; quiere que viváis con alegría la maravilla de ser hijos adoptivos de Dios-Padre; quiere que viváis en plenitud la vida humana, tal como Él la creó, sin rebajarla ni manipularla.

Para celebrar la elección es necesario que los catecúmenos hayáis dado muestras de conversión a Dios, de suficiente conocimiento de la doctrina cristiana y de actitud de fe y de caridad.

Jesús os invita a seguirle a Él, que es modelo de todo hombre. Padeciendo por nosotros nos dio ejemplo para seguir sus pasos; y con su seguimiento la vida y la muerte se santifican y adquieren nuevo sentido.

2.- Jesucristo es el Hombre nuevo, como enseñó el Concilio Vaticano II, que esclarece el misterio del hombre y manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación.

Él es imagen de Dios invisible (cf. Col 1,15), “el hombre perfecto, que ha devuelto a la descendencia de Adán la semejanza divina, deformada por el primer pecado. En él, la naturaleza humana asumida, no absorbida, ha sido elevada también en nosotros a dignidad sin igual. El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre (…). Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejantes en todo a nosotros, excepto en el pecado” (Gaudium et spes, 22).

3.- El cristiano, conformado en el bautismo con la imagen del Hijo, recibe las primicias del Espíritu (cf. Rm 8,23), que le capacitan para cumplir la ley nueva del amor. A partir del bautismo seréis criaturas nuevas, hombres nuevos. Aunque externamente no se va a notar, habrá un cambio y una renovación en vuestras personas.

Las lecturas nos han recordado el diluvio universal en los días de Noé, del que se salvaron unas pocas personas (cf. 1 Pe 3, 20). Las aguas del diluvio eran símbolo de las aguas bautismales (cf. 1 Pe 3, 21) y el arca de Noé es símbolo de la Iglesia. Vais a recibir las aguas bautismales y vais a subir a la barca de la Iglesia de Cristo.

Desde hace tiempo, por desgracia, vemos imágenes de migrantes que se lanzan al mar en busca de una tierra prometida que muchos no alcanzan, porque las aguas marinas se los tragan. Vosotros, queridos catecúmenos, seréis rescatados y formaréis parte de la comunidad de salvados; entraréis en la Iglesia y subiréis a la barca de salvación, para encontrar la vida nueva en Cristo, la vida eterna. Podemos decir que vais a ser unos “agraciados” y debéis estar contentos de que el Señor os haya encontrado en vuestro camino.

En el bautismo se os regalará el Espíritu, que es prenda de la herencia eterna (cf. Ef 1,14); y seréis restaurados y renovados internamente hasta llegar a la redención del cuerpo (cf. Rm 8,23).

4.- En el evangelio hemos escuchado que Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto para ser tentado por el demonio: «Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás» (Mc 1, 13). Estos cuarenta días de desierto de Jesús son el origen de nuestra Cuaresma: cuarenta días de penitencia y conversión.

El cristiano está llamado a luchar contra el demonio con muchas tribulaciones e incluso padecer la muerte. Pero, asociado al misterio pascual y configurado con la muerte de Cristo, llegará por la esperanza a la resurrección.

Cristo murió por todos los hombres; y la vocación suprema del hombre es gozar de la vida divina. Este misterio del hombre no se entiende por razonamiento humano alguno, sino por revelación divina.

5.- Jesucristo ilumina el enigma del dolor y de la muerte. Con su muerte destruyó la muerte y nos dio la vida eterna, para vivir como hijos en el Hijo; por eso podemos clamar en el Espíritu: «Cuantos se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino que habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: ¡Abba, Padre!» (Rm 8,14-15).

Queridos catecúmenos, estáis llamados a vivir estas cosas maravillosas. Agradecidos a Dios, que nos llama a compartir su vida, podemos recitar con el Salmo: «Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad» (Sal 24, 4). La Palabra de Dios ilumina el corazón del cristiano y le concede una sabiduría superior a la razón humana. Probablemente algunos amigos vuestros e incluso familiares no entiendan lo que hacéis al prepararos al bautismo; porque esto no se entiende con la sola razón; es necesaria la fe en el Señor.

En este rito habéis manifestado vuestra voluntad de seguir a Cristo, nuestro Salvador y Redentor; de ser sus discípulos, de conocerle cada día más, de amarle mejor. Y este período de preparación intensa para la recepción de los tres sacramentos de la iniciación cristiana tiene como objetivo la formación espiritual y se dirige a los corazones y a las mentes, para purificarlas por el examen de la conciencia y por la penitencia; y para iluminarlas por un conocimiento más profundo de Jesucristo (cf. Sacrosanctum Concilium, 110).

Los padrinos tenéis una tarea muy importante y hermosa, que habéis comenzado a ejercitarla públicamente hoy. Se os ha llamado al principio del rito y habéis pronunciado vuestro testimonio ante la comunidad. A partir del bautismo de vuestros candidatos tendréis una gran misión: seguir ayudando a los ya bautizados a vivir como cristianos, procurar que profundicen en su formación religiosa, acompañarles en el camino del seguimiento del Señor y ayudarles a que respondan a la voluntad de Dios con fidelidad y con generosidad.

Pedimos a Dios en este tiempo cuaresmal que nos muestre su ternura y su misericordia, que son eternas (cf. Sal 24, 6); y que nos conceda a todos convertirnos a Él para compartir su vida. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Mon, 19 Feb 2018 12:12:32 +0000
Miércoles de Ceniza http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/42866-miércoles-de-ceniza.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/42866-miércoles-de-ceniza.html Miércoles de Ceniza

Homilía pronunciada por Don Jesús Catalá en la celebración del Miércoles de Ceniza de 2018 en la Catedral de Málaga.

(Catedral-Málaga, 14 febrero 2018)

Lecturas: Jl 2,12-18; Sal 50,3-6.12-14.17; 2 Co 5,20 − 6,2; Mt 6,1-6.16-18.

La Cuaresma, tiempo de gracia para renovar el amor

1.- La Iglesia nos ofrece un año más el tiempo de Cuaresma para prepararnos mejor a la celebración de la Pascua. El tiempo cuaresmal es propicio para una escucha más asidua de la Palabra de Dios; os invito a leer y meditar uno de los Evangelios durante este tiempo cuaresmal. Es tiempo propicio la Cuaresma para pedir perdón al Señor de nuestros pecados y reconciliarnos con Él; tiempo para volver nuestro corazón hacia Él; para renovar nuestro amor a Dios y a los hermanos; para hacer memoria agradecida de nuestro bautismo. La Cuaresma nos conduce a la gran Noche de la Vigilia pascual, en la que renovamos nuestro bautismo.

La liturgia del Miércoles de Ceniza, que da inicio a la Cuaresma, se caracteriza por el austero símbolo de la imposición de la ceniza, gesto que nos ayuda a reconocer la propia debilidad y la mortalidad, fruto del pecado, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Nuestra flaqueza la fortalece el Señor con su gracia y misericordia.

Más que un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente, que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal y que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual.

2.- El papa Francisco, en su Mensaje para la Cuaresma de este año, desea ayudar a la Iglesia a vivir con gozo y con verdad este tiempo de gracia, inspirándose en una expresión de Jesús en el evangelio de Mateo: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (24,12).

Jesús, respondiendo a una pregunta de sus discípulos, anuncia una gran tribulación y describe la situación en la que podría encontrarse la comunidad de los fieles: frente a acontecimientos dolorosos, algunos falsos profetas engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones (cf. Francisco, Mensaje para la Cuaresma de 2018).

Existen estafadores y falsos profetas en nuestra sociedad, que ofrecen cosas sin valor y quitan lo más valioso: la dignidad humana, la libertad, la capacidad de amar. Son colaboradores del demonio, que es «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44), que presenta el mal como bien y lo falso como verdadero.

3.- La Cuaresma es un tiempo de gracia para discernir si buscamos la Verdad o seguimos las mentiras de esos falsos profetas; pero eso solo lo podemos hacer con la luz del Evangelio. La Cuaresma nos ayuda a examinar el propio corazón, para verificar si sigue encendido nuestro amor a Dios y a los demás.

Porque la caridad se apaga con el rechazo de Dios y la búsqueda de otros dioses como el dinero, «raíz de todos los males» (1 Tm 6,10); se enfría también con la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar guerras fratricidas, la mentalidad mundana (cf. Papa Francisco, Evangelii gaudium, 76-109).

Acojamos la invitación del profeta Joel: «Convertíos a mí de todo corazón, con ayuno, con llanto, con luto» (Jl 2, 12). Hemos de limpiar el corazón de las cosas que nos apartan de Dios y de su amor. «Convertíos al Señor Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad» (Jl 2, 13). Nuestro corazón debe volverse hacia Dios para gozar de su misericordia y ser capaz de compadecerse de los hermanos.

El apóstol Pablo nos exhorta a la reconciliación: «Nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5, 20).

4.- La Iglesia, madre y maestra, nos ofrece en el tiempo cuaresmal la triple medicina de la oración, la limosna y el ayuno para que nuestro corazón vuelva al Señor (cf. Mt 6,1-6.16-18).

La oración ayuda a nuestro corazón a descubrir las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos (cf. Benedicto XVI, Spe salvi, 33); a buscar el consuelo en Dios, porque Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida y la felicidad. Jesús nos dice que cuando recemos, lo hagamos sin dar publicidad: «Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará» (Mt 6, 6).

La limosna nos libera de la avidez de poseer y nos ayuda a acercarnos al hermano necesitado. El Señor Jesús nos recomienda que la limosna debe ser hecha en secreto: «Cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga» (Mt 6, 2).

Y el ayuno nos ayuda a dominarnos y a vencer nuestra violencia. La práctica del ayuno hemos de hacerla ante el Señor y no para que nos vea la gente: «Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan» (Mt 6, 16).

5.- La Iglesia recomienda a los fieles una participación más intensa y fructuosa en las celebraciones penitenciales, sobre todo en la confesión sacramental individual. Todas las parroquias suelen ofrecer en este tiempo cuaresmal las celebraciones penitenciales comunitarias, en las que hay que hacer confesión individual de los pecados.

La lectura y meditación más asidua de la Palabra de Dios fomenta la vida espiritual y hacer crecer un amor más intenso al Señor, porque en esa lectura estamos atentos a lo que nos dice en su palabra revelada. Y la celebración de la Eucaristía es fuente inagotable de perdón y alimento indispensable para el camino de la vida.

Recomendamos también los ejercicios de piedad, que responden mejor al carácter del tiempo cuaresmal, como el “Vía Crucis”, que nos preparan para la celebración del misterio pascual de Jesucristo. Las parroquias también suelen ofrecer este acto de piedad popular.

Queridos fieles, deseándoos una fructuosa Cuaresma, pedimos a la Santísima Virgen María que nos acompañe en este camino cuaresmal, que hoy iniciamos, y que nos ayude a ser dóciles a las inspiraciones del Espíritu Santo. Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Thu, 15 Feb 2018 14:09:16 +0000
75 aniversario de la Coronación Canónica de Santa María de la Victoria http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/42776-75-aniversario-de-la-coronación-canónica-de-santa-maría-de-la-victoria.html http://odisur.es/diocesis/malaga/documentos/item/42776-75-aniversario-de-la-coronación-canónica-de-santa-maría-de-la-victoria.html 75 aniversario de la Coronación Canónica de Santa María de la Victoria

Homilía pronunciada por el obispo de Málaga, Mons. Jesús Catalá, en la celebración del 75 aniversario de la Coronación Canónica de la Imagen de Santa María de la Victoria (Santuario de la Virgen de la Victoria - Málaga)

75 ANIVERSARIO DE LA CORONACIÓN CANÓNICA DE LA IMAGEN DE SANTA MARÍA DE LA VICTORIA
(Málaga, 11 de febrero de 2018)

Lecturas: Is 9,1-3.5-6; Sal 112,1-9; Ap 11,19a; 12,1-6a; Lc 1,26-38.

1.- Nos hemos reunido en el Santuario de Santa María de la Victoria, nuestra Patrona, para dar gracias a Dios por el 75 Aniversario de la Coronación canónica de la imagen, que se venera en este sagrado lugar.

En el año 1939, terminada la Guerra Civil española, se celebró el día 8 de septiembre la procesión de la Virgen, a cuyo término se comprometió el entonces obispo Mons. Balbino Santos Olivera comenzar los trámites ante la Santa Sede, para coronar canónicamente la sagrada Imagen.

Habiendo acreditado los requisitos establecidos por la Iglesia para la coronación de la imágenes: devoción extensa, antigüedad, raigambre, culto, arraigo popular, en el año 1940 expedía el Vaticano el documento "Breve", que se ha leído anteriormente, por el cual se concedía la coronación canónica a la Patrona de la Diócesis de Málaga, siendo papa Pío XII.

Hubo una larga preparación de varios años en la que participaron las instituciones religiosas y civiles. Es importante preparar bien las celebraciones, para que sean fructuosas. El Obispo solicitó la colaboración del pueblo para sufragar los gastos de las coronas, para que se viera que el pueblo de Málaga quería la coronación de su venerada imagen; y que no era la petición de unos pocos. Sería el orfebre Félix Granda quien realizará las coronas.

Finalmente, el día 8 de febrero de 1943, tras una solemne novena a la Virgen, el nuncio apostólico en España, Mons. Cicognani, acompañado de varios obispos españoles, coronó las imágenes de la Virgen y del Niño Jesús. Trasladada la imagen desde la Catedral al Santuario, hubo una novena de acción de gracias.

2.- Queremos dar gracias a Dios por la coronación de esta imagen de Santa María de la Victoria, que, según las fuentes, data del siglo XV, realizada probablemente por un escultor alemán. Era la imagen que se encontraba en el oratorio que el rey Fernando el Católico tenía durante el asedio a la ciudad de Málaga en 1487. Según la tradición, esta imagen le fue entregada al rey aragonés por el emperador Maximiliano I de Habsburgo.

Esta imagen, tan querida, venerada y amada por nosotros, al contemplarla debemos percibir que recoge más de cinco siglos de devoción a la Virgen María; y recuerda la firmeza y la constancia de la fe cristiana mantenida durante todo este tiempo.

Pedimos a Santa María de la Victoria que siga protegiendo la Diócesis de Málaga, para que se mantenga fiel a la fe cristiana, a la fe católica; y la libre de ideologías contrarias a la misma.

Hace cinco siglos había actitudes, religiones, formas de pensar contrarios a la fe cristiana. Y hubo una "victoria". En el momento actual nos encontramos en nuestra sociedad con formas de pensar, modas, actitudes e ideologías contrarias a la fe cristiana. Hay unas antropologías que no aceptan la antropología cristiana revelada; y la fe debe ser firmemente mantenida sin asimilar elementos extraños a la fe cristiana. No se puede decir que se es católico aceptando simultáneamente otras maneras de pensar y concebir al hombre y a la vida.

La imagen coronada expresa la dulzura, la delicadeza y la solicitud de la Virgen-Madre, en posición sedente con el Niño Jesús en sus rodillas y entre sus brazos. Es una imagen entrañable y preciosa de la Virgen, que manifiesta su maternidad, título más importante de la Virgen y que más le honra: ser Madre el Hijo de Dios.

3.- Las lecturas proclamadas hoy tienen el denominador común de la maternidad de María. El profeta Isaías nos presenta a un infante, que se nos ha regalado y al que llama "Dios fuerte" y "Príncipe de la Paz" (cf. Is 9,5). Santa María de la Victoria es la Madre de ese Hijo de Dios, que viene a traer el reino de la paz al mundo y que ilumina con su Luz a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte (cf. Is 9,1). Este texto es propio del tiempo de Navidad.

El libro del Apocalipsis describe un espectáculo impresionante: "Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; y está encinta y grita con dolores de parto y con el tormento de dar a luz" (Ap 12,1-2). Ante ella aparece un gran dragón de siete cabezas y diez cuernos, que quiere devorar a su hijo cuando lo dé a luz (cf. Ap 12,3-4). Pero el dragón es vencido. Y el Hijo de la Mujer que nace de sus entrañas se convierte en Salvador de la humanidad.

Y el evangelio de Lucas presenta a la Virgen María, desposada con José, que recibe el anuncio del ángel: "Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo" (Lc 1,31-32). María respondió con humildad, con sencillez y con fe: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38). ¡Qué hermoso ejemplo para nosotros: de fe, de humildad, de amor a Dios y de confianza en Él! ¡Qué gran ejemplo es para nosotros nuestra Madre y Patrona, Santa María de la Victoria!

4.- Los orígenes de la fe cristiana comienzan, pues, con esta excepcional Mujer; no ha habido otra igual entre todas las mujeres, ni la habrá en toda la historia de la humanidad. Su aceptación de la voluntad de Dios y su maternidad ha cambiado el rumbo de la historia humana.

Hoy venimos ante la imagen coronada de Santa María de la Victoria a dar gracias a Dios por habernos regalado una Madre tan buena, tan hermosa, tan limpia de pecado y tan luminosa, tan llena de luz porque lleva el Sol en sus entrañas. Sus hijos malagueños queremos venerarla, amarla y manifestarle nuestro amor filial.

La glorificación de María está asociada a la glorificación de Jesucristo resucitado; y su coronación como Reina es la culminación de su maternidad divina, que va desde el anuncio del ángel (cf. Lc 1,31) hasta la cruz del calvario, donde el mismo Jesús nos la entregó como madre (cf. Jn 19,26-27). Una maternidad vivida en obediencia plena al designio de Dios y a su voluntad. Por eso, la realeza de esta "madre del Rey" se comprende a la luz del misterio del Verbo encarnado, verdadero Hijo de Dios y al mismo tiempo verdadero hijo de María. La coronación se hace solo a los reyes y reinas; por tanto, la coronación va unida de modo natural a su título de "Reina".

5.- Hoy la invocamos nosotros con fe y la aclamamos como Reina y Señora nuestra, agradeciendo su maternal solicitud. Le confiamos nuestra vida, para que nos acompañe en todo momento; le pedimos que nos ayude siempre, en las dificultades y en los momentos gozosos; le rogamos que nos mantenga en el amor a su Hijo Jesucristo, Rey y Señor del universo.

Le confiamos nuestra diócesis de Málaga, para que la proteja siempre y sea su custodia y guía maternal; le presentamos los súplicas de los cofrades, de los devotos, de los que se acercan a este Santuario, para que encuentren fuerza y gozo en su peregrinar cristiano.

Le pedimos que bendiga a los esposos, a los padres, a los hijos y a todas las familias; que ilumine a nuestros gobernantes en su misión de velar por el bien común, por el bien de todos los ciudadanos y no solo por intereses partidistas; y que todos la aclamemos como Madre y Señora nuestra.

Terminamos con la oración que le dirigimos en la novena: ¡Oh, Virgen de la Victoria, Madre y abogada nuestra, rogad por nosotros! Amén.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Málaga Mon, 12 Feb 2018 14:03:28 +0000