Jaén Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://odisur.es Mon, 19 Aug 2019 15:00:06 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es El Obispo de Jaén en recuerdo del "Cardenal de la Catequesis" http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/51623-el-obispo-de-jaén-en-recuerdo-del-cardenal-de-la-catequesis.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/51623-el-obispo-de-jaén-en-recuerdo-del-cardenal-de-la-catequesis.html El Obispo de Jaén en recuerdo del

Palabras del obispo de Jaén. Mons. Amadeo Rodríguez en recuerdo del Cardenal José Manuel Estepa

La muerte de Su Eminencia, el Cardenal Estepa, además de sentir que nos haya dejado para irse a la vida que como cristiano siempre esperamos. En mi caso, he de decir que me deja en una cierta orfandad. Es verdad que entre los dos hay 20 años de diferencia de edad; lo que significa que somos en el episcopado dos generaciones distintas; sin embargo, mis vínculos con él, en algunos momentos, fueron muy profundos. En mi juventud, Estepa, era ya el sacerdote de la catequesis, un gran amigo de uno de mis profesores, en especial del que fue mi Rector en el seminario. Por él tuve referencias y, por él pude conocerlo, aunque ocasionalmente, pero lo suficiente para que, desde el primer momento,le admirara en algo que más tarde nos iba a hacer coincidir: nuestra dedicación común al servicio de la Catequesis en la Iglesia española. De considerarme un discípulo, pasé a colaborar con él, hasta convertirme, como sucede en este momento, en uno de sus sucesores. Hoy presido, en la Conferencia Episcopal Española, la Comisión que anima la pastoral catequética, a la que él dedicó, como primer presidente, tantos años de su vida. Ya en sus primeros pasos como obispo, le conocí por el Arzobispo Antonio Montero, con el que siempre tuvo una gran amistad y con el que colaboró muy intensamente en los años especialmente fecundos y creativos del episcopado español, tanto en el posconcilio como en la transición democrática española. Él fue uno de los artífices singulares del buen hacer de la Iglesia.

Es verdad que la vida de Don José Manuel Estepa tiene muchos matices y ha estado enriquecida por las muchas responsabilidades que le han encomendado, una vez que fue nombrado obispo, primero como auxiliar de Madrid y después el primer arzobispo Castrense. En todo lo que hacía puso trabajo, dedicación y, sobre todo, siempre un alto grado de pasión. Eso ha significado que haya sido, en la Iglesia un obispo altamente significativo en cuantos servicios ha prestado, tanto en las diócesis a las que ha servido como en sus responsabilidades en el colectivo de la Conferencia Episcopal de los obispos de España.

Pero, volviendo a la que ha sido su vocación prioritaria, desde muy joven, y en la que se proyectó como sacerdote, la pastoral catequética, Don José Manuel se puede decir que es “El Cardenal de la Catequesis”. Es en este servicio específico, Estepa, como le llamaban a secas sus amigos, adquirió un prestigio excepcional, que le llevó a reconocimiento, por parte del Papa Emérito Benedicto XVI, de ser creado Cardenal de la Santa Iglesia. Sin afán de concretar, lo que sería imposible en una vida tan fecunda, Don José Manuel participó en el grupo selecto de redactores que elaboraron el Catecismo de la Iglesia Católica y el Directorio General de la Catequesis, los dos documentos más emblemáticos de la Santa Sede en el pontificado de San Juan Pablo II. Es, por tanto, un maestro que ha dejado obra y discípulos en todo el mundo católico.

Por último, no quiero dejar de reseñar mi vinculación con él en estos últimos años. Si bien desde hacía ya algunos éramos amigos y colegas en el servicio a la catequesis, y compañeros en el episcopado, mi nombramiento para la Diócesis de Jaén nos ha unido en una profunda amistad, que, por su parte, tenía rasgos de paternidad, dada nuestra diferencia de edad. Esto me ha dado la oportunidad de conocerle en una aspecto humano y social que seguramente muchos no conocen; me refiero a su condición de jiennense, que puedo decir, y seguro que no hay quien me contradiga, que se ha agudizado mucho en su ancianidad. Me consta que se ha sentido muy de esta tierra, y de un modo especial, de Andújar, ciudad a la que ha amado y respetado, por haber nacido en ella y, sobre todo, por lazos familiares. De todos es conocida la vinculación de la familia Estepa con esta preciosa ciudad del valle del Guadalquivir, en la que le han prestado grandes servicios. Sería un olvido imperdonable no decir que amó filialmente a la Virgen de la Cabeza, a la que él llevó por el mundo y, estoy seguro, de que también Ella le llevará a él ante el corazón misericordioso del Padre Dios. Descanse en paz el buen hijo de esta tierra, el sacerdote y obispo que tanto amó y sirvió a la Iglesia y el Cardenal de la Catequesis, que tanto hizo por la transmisión de la fe en estos nuevos tiempos de evangelización.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Tue, 23 Jul 2019 10:07:09 +0000
“Al practicar la hospitalidad se entra en contacto con Dios” http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/51622-“al-practicar-la-hospitalidad-se-entra-en-contacto-con-dios”.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/51622-“al-practicar-la-hospitalidad-se-entra-en-contacto-con-dios”.html “Al practicar la hospitalidad se entra en contacto con Dios”

Homilía del obispo de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez, en la Misa de la 2 de TVE desde Martos

1. Cuando hace 800 años Fernando III reconquista Tucci o Martos para la corona de Castilla, se crea esta primera parroquia de la ciudad en memoria de la santa cuya festividad se celebraba ese día, Santa Marta, la hermana de Lázaro y de María de Betania. Desde entonces, la devoción a esta mujer hospitalaria y servidora, que acogía con amor y servicio a Jesús cuando subía a Jerusalén desde Jericó, se convirtió en una referencia obligada para la vida cristiana de esta ciudad. Este año estamos haciendo memoria agradecida de esta historia, con la celebración de un Año Jubilar concedido por la Santa Sede, en el que la protección y el ejemplo de Santa Marta está convocando a muchos para que, peregrinando a este templo parroquial, encuentren a Jesucristo en su abundancia de amor y de gracia.

2. Situados en esta memoria de nuestro pasado, celebramos hoy la Eucaristía, que siempre ilumina el presente de nuestras vidas. En la liturgia de la Palabra, en la que precisamente Santa Marta ha tenido un especial protagonismo, se nos acaba de hacer una invitación a la acogida y a la hospitalidad al Señor y a aquellos con los que Él se identifica, la misma que se hace también en la primera lectura.

3. En el libro del Génesis, Dios mismo se presenta como huésped de Abraham, que le acoge bajo la encina de Mambré, en aquellos tres personajes que van de camino, en los que la Iglesia ha visto el signo de la Trinidad: tres personas, que son un solo Señor. Así lo ve el famoso icono de Rublev que, al reproducir esta escena, le da una interpretación trinitaria. De hecho, Abraham se dirige a los tres como si fuera uno sólo: “Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo”. La actitud de Abraham en este relato nos sugiere que al practicar la hospitalidad se entra en contacto con Dios.

4. En el Evangelio, Jesús es acogido, una vez más, en la casa de Marta y de María. También, en Él se nos invita a ser acogedores y hospitalarios; pero, además, en toda la escena y, en especial, en el diálogo de Jesús con Marta, se dice cómo ha de ser nuestra hospitalidad con Él y con todos los que acojamos en su nombre. San Lucas nos narra un episodio que pone de relieve las dos actitudes con las que Marta y María reciben a Jesús. Las dos le acogen y las dos ponen lo mejor de sí mismas con aquel huésped tan especial que las visita. Marta trabaja y María, sentada a sus pies, escucha su palabra como una más entre sus discípulos.

5. Marta, sin embargo, agobiada por el trabajo, que siempre requiere una buena acogida, le pide a Jesús que medie ante su hermana para que abandone su aparente inactividad y le ayude en las tareas domésticas. Con esta petición, en la que también hay algo de reproche, Marta está obligando a Jesús a que opte por su modo de acoger. La respuesta del Maestro, sin embargo, no es la que Marta esperaba. Ella le sirve, ella le imita como el que vino a servir y no a ser servido, sin embargo, para Jesús ha sido María la que “ha escogido la parte mejor y no se la quitarán”: la de escuchar su palabra, ser su discípula y aprender de su persona en el encuentro y la cercanía, porque sólo de ese modo se “llega a la madurez en la vida cristiana”, como nos ha dicho San Pablo en la carta a los Colosenses.

6. Jesús no le reprocha a Marta su opción de trabajar y servir, que era realmente la que le correspondía como hermana mayor de la familia que le acoge en su casa; pero le hace ver que su situación interior no es la adecuada, que está alterada y dispersa, que se dedica a hacer las cosas con demasiada agitación y se olvida de algo fundamental: que lo primero ha de ser siempre la atención a la persona que se acoge. Marta se ha olvidado de ser contemplativa en la acción. Por eso Jesús se inclina, al menos en esta ocasión, por la opción de su hermana María, que ha sabido estar centrada en la palabra y en el corazón de Jesucristo. Jesús, en realidad, no rechaza el servicio de Marta, simplemente lo reorienta, le invita a ponerlo en su centro de gravedad, que es saber hacer las cosas con amor y pasión por él.

7. En este episodio, que sucede en un clima de espontánea familiaridad, en casa de sus amigos, Jesús tiene la ocasión de decirle a Marta, y también de decirnos a nosotros, que hay dos modos de acogerle: el activo que ella encarna y el contemplativo de María. Para Jesús, los dos son necesarios, pero se le atiende mejor escuchando su Palabra, estando atentos a su voluntad y procurando conocer lo que nos sugiere. El episodio del Evangelio de hoy, por tanto, no es una anécdota, es un modo de ser cristianos, de vivir la fe que hay que tener siempre muy bien asentados en nuestra vida interior y en cuanto hacemos en nuestra vida ordinaria. Todos somos María y Marta, todos somos contemplativos y activos, por eso hemos de tener siempre muy bien equilibrado en nuestros sentimientos, actitudes y acciones esta doble manifestación de la vida cristiana. De hecho, todo se desequilibra cuando anulamos e ignoramos la una o la otra. Jesús nos dice que es necesario tener el corazón de María y las manos de Marta.

8. En este tiempo nuestro, en el que la evangelización se abre a nuevos rumbos y la misión de la Iglesia se hace activa y en salida, es imprescindible que se equilibren la vida de oración, la escucha de la Palabra y la experiencia celebrativa con el compromiso cristiano en la misión y en el servicio de la caridad. Todo ha de estar muy unido, y siempre alimentándose mutuamente en cuanto somos y hacemos. La vida espiritual alimenta el apostolado, el servicio y la caridad y la caridad es el alma de toda la vida espiritual, como decía San Agustín. Se puede muy bien afirmar que la fe inspira la caridad y la caridad custodia la fe.

9. Con esta riqueza, diversa y complementaria de la vida cristiana, está caminando nuestra Diócesis de Jaén, bajo la guía de nuestro Plan Diocesano de Pastoral: cultivamos la comunión fraterna para que fragüen en nuestra vida comunitaria lazos espirituales, eclesiales y sociales; estamos inmersos en una Misión diocesana en la que compartimos el sueño misionero de llegar a todos, para “anunciar que Cristo es la esperanza de la gloria”. Y justamente para afianzarnos en la comunión y en la misión, en el próximo año pastoral nos adentraremos en la dimensión contemplativa de la fe y de la vida cristiana y cultivaremos todo lo que fortalezca nuestra condición de discípulos, estando siempre dispuestos a poner nuestras manos en el arado y a alimentar nuestro corazón sentados a los pies de Jesús, nuestro Maestro. Estando así, escucharemos e interiorizaremos las preferencias del Señor e iremos con Él a las periferias, a las que nos envía el Papa Francisco, en las que están los pobres esperando un servicio que tenga la calidad que sólo da el reconocer en ellos a Jesucristo. Así aprenderemos que acoger al huésped, al forastero, al refugiado, al migrante es un mandamiento nuevo de Jesucristo. “fui forastero y me has hospedado” (Mt 25,35).

10. Queridos hermanos y hermanas, con esta preciosa enseñanza de la Palabra, que hoy hemos escuchado, se fraguó la santidad hospitalaria y servidora de Santa Marta. Ella le escuchó decir al Maestro que, antes de cualquier servicio, hay que alimentar lo que se hace en la escucha y el encuentro íntimo con él. Es sentados a sus pies como se aprende a escuchar el clamor de los necesitados. De Santa Marta, su patrona, está aprendiendo esta ciudad a ser acogedora con los demás; de hecho, lo está siendo con los muchos inmigrantes que viven, justamente, en el entorno de esta parroquia.

11. Lo aprende, también, de la que encarna el modelo perfecto de todo discípulo del Señor, que no es otra que la Santísima Virgen, aquí amada con el nombre de La Villa. Ella ha realizado a la perfección el equilibrio entre las dos vocaciones. Era “María” cuando guardaba todo en su corazón o cuando estaba en silencio dolorido junto a la cruz; era “Marta” cuando sale presurosa a atender a su prima Isabel o cuando se ocupa de los que no tienen vino en las bodas de Caná. Como nos dice el mismo Jesús, su madre es la que escucha la Palabra de Dios y la pone por obra. ¿No significa eso que María es la mujer de la unidad de vida? De ahí que San Juan Pablo II nos dijera: María es quien “nos ha dado perfecto ejemplo de cómo se puede unir la comunión con Dios y una vida intensamente activa”.

Martos, domingo 21 de julio de 2019, XVI del tiempo ordinario

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Tue, 23 Jul 2019 10:03:22 +0000
Festividad del “Día de los abuelos” http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/51586-festividad-del-“día-de-los-abuelos”.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/51586-festividad-del-“día-de-los-abuelos”.html Festividad del “Día de los abuelos”

Carta del obispo de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez

Queridos Diocesanos:


Os dirijo esta carta con motivo de la próxima festividad de San Joaquín y Santa Ana, abuelos del Niño Jesús y patronos de todos los abuelos. Comparto unas breves líneas con una reflexión en la que resalto el importantísimo papel que juegan nuestros abuelos.

Como bien sabemos todos, cada 26 de julio la iglesia católica celebra la fiesta de los padres de la Santísima Virgen María y abuelos de Jesús, San Joaquín y Santa Ana. Ambos eran personas de profunda fe y confianza en Dios, y fueron los encargados de educar a su hija, María.

El Papa Francisco ha puesto de relieve que “los santos Joaquín y Ana forman parte de esa larga cadena que ha transmitido la fe y el amor de Dios, en el calor de la familia, hasta María que acogió en su seno al Hijo de Dios y lo dio al mundo. ¡Qué precioso es el valor de la familia, como lugar privilegiado para transmitir la fe!”.

Es, por tanto, digno de ser resaltado el papel educativo de los abuelos en la familia, ya que son depositarios y, con frecuencia, testigos de los valores fundamentales de la vida. En una sociedad que tiende a descartar a los ancianos, es importante tener presente que el Señor no los descarta, es más, los llama a seguirlo con una vocación muy particular: la de la vida ascendente; es decir, la vida que se enriquece cada día.

Por eso, es tan importante tener en cuenta la identidad y la misión de los abuelos dentro del seno de la Iglesia. Son muchos los testimonios con los que nos encontramos de ancianos creyentes, conscientes de su vocación en la vida; una vocación que continúan madurando y enriqueciendo para, con el paso del tiempo, poder ponerla como un tesoro para un mundo que, si no fuera por ellos, perdería la memoria de sus mejores valores.

El Señor, en esta etapa de sus vidas, llama a los mayores a custodiar y transmitir la fe de nuestros niños y jóvenes. ¡Con cuánta gratitud los mira la Iglesia en España por la excepcional labor que hacen en las actuales circunstancias de secularización, en la educación cristiana de nuestros niños y niñas!

De un modo especial, nuestros ancianos nos ofrecen, en la fe y en la vida, el precioso testimonio de fidelidad en el amor, que es la mejor garantía de todo su legado a las futuras generaciones. Los ancianos, a pesar de las pruebas, que en su edad suelen ser duras y difíciles, son como árboles que dan y seguirán dando fruto.

Es digna también de destacar, con una especial gratitud, la vida de oración intercesora de nuestros ancianos. Muchos de ellos son una perfecta intercesión por las diferentes situaciones de este mundo herido. Me vienen a la mente todas esas personas que, rosario en mano, rezan por el bien de sus familias, de los matrimonios, de la paz en el mundo, de la prosperidad de los pueblos, de la conversión de los pecadores, del bienestar de los jóvenes que se abren camino.

Nuestra sociedad siempre debería de mirar con respeto el legado de nuestros mayores. De un modo especial, lo debería de hacer esta sociedad moderna, que vive de los grandes logros sociales, que han sido posibles por el sacrificio de las generaciones que nos han precedido, la de nuestros abuelos y abuelas. Nunca deberíamos de subestimar la experiencia y vida de nuestros mayores, sería un error silenciarla, olvidando que esa experiencia es siempre una riqueza para el futuro de todos.

Me uno con especial afecto y cariño a todos los mayores de esta bendita tierra del Santo Reino de Jaén. De forma muy especial, os encomiendo en la Eucaristía del próximo 26 de julio. Os hago llegar, con cariño, mi bendición, que hago extensible a vuestros familiares y allegados.


Con especial afecto.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Fri, 19 Jul 2019 12:02:39 +0000
"Un verano con pasado y futuro" http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/51432-un-verano-con-pasado-y-futuro.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/51432-un-verano-con-pasado-y-futuro.html

Carta pastoral del obispo de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez

Queridos diocesanos:


Aunque pudiera parecer que al llegar el mes de julio la actividad diocesana, en su pastoral ordinaria, se reduce, en espera de que pasen los calores veraniegos, en realidad no es así. Muchos cristianos seguimos trabajando, aunque ahora nuestra actividad tenga que adaptarse a lo que el clima nos permite. Pero el trabajo sigue, como sigue para tanta gente entre nosotros que nunca supo, y morirá sin saber, lo que es cogerse unos días vacaciones. De cualquier modo, es legítimo el descanso, sobre todo para recapitular la actividad pasada, que ha sido tan abundante y, por supuesto, para darle vueltas a lo que va a venir en cuanto se recupere la actividad ordinaria de nuestras comunidades parroquiales.

Es por eso que quiero compartir con vosotros en qué estoy pensando para la vida diocesana a partir del mes de septiembre. Sé que a ninguno nos gusta que nos saquen de lo habitual. Yo mismo me pregunto si debo alentar y promover desde mi responsabilidad como pastor diocesano, iniciativas de cualquier género que, si bien enriquecen la vida de nuestra Diócesis, pueden también perturbar en su ritmo normal. Pero siempre llego a la conclusión de que no sería fiel a lo que el Espíritu nos pide en este momento de la Iglesia, si no lo hiciera. Por eso, os animo a estar preparados y dispuestos a lo que os vamos a proponer para octubre, que es rico, y estoy seguro de que también será fecundo, para vuestra vida cristiana.

LA FERIA DE LA FE EN EL MES MISIONERO

En el año litúrgico que aún ahora celebramos, nos hemos probado como discípulos misioneros y miles de entre nosotros hemos comprobado con gozo que merece la pena anunciar a Jesucristo y mostrar a los demás la alegría de haberle conocido y amado. Casa por casa hemos sido misioneros y con los llamados que aceptaron nuestra propuesta, hemos compartido la fe, la vida y las ilusiones que nos mueven a los cristianos, sobre todo la de ser una Iglesia en salida. Nos espera, como sabéis, ante todo rematar bien el Año de la Misión. Como ya hemos anunciado, esto lo haremos en el mes de octubre. Así lo teníamos previsto y así también el Papa nos lo ha pedido. Octubre será el mes misionero. La oferta más llamativa, que será también festiva, la hemos llamado LA FERIA DE LA FE. Expondremos todo lo que somos y hacemos como Iglesia del Señor, en un clima de comunión, de alegría y, por supuesto de misión. Aunque habrá una orientación para cada día del mes de octubre (iniciativa de Roma) el gran acontecimiento que os anuncio, será, D.m. el sábado 26 de octubre en el recinto ferial de la ciudad de Jaén.

CELEBRAMOS EL MISTERIO DE LA FE (Año litúrgico-pastoral 2019-2020)
Una vez finalizado octubre, enseguida, pondremos en marcha las iniciativas que, emanadas del Plan Diocesano de Pastoral, hemos descubierto que necesitamos para afianzarnos en nuestra vocación cristiana a la santidad y para fortalecer todo aquello que nos sea imprescindible para que se cumplan el deseo de Jesús para cada uno de nosotros: “Permaneced en mi amor”. Los consejos de pastoral parroquial y arciprestales han dicho por donde hemos de ir en el año en el que queremos fortalecer la vocación a la que hemos sido llamados los discípulos de Jesús. Será un periodo de nuestra vida diocesana imprescindible para poner de relieve la conexión que la identidad cristiana tiene con la misión.

Poco a poco iremos desplegando todo lo que sea necesario – es mucho lo que habéis propuesto – para que sea verdad en nuestra experiencia de fe y de vida cristiana que “celebramos el misterio de Cristo. Procuraremos que no se quede nada fuera en nuestras acciones de lo que nos hemos planteado como objetivo para el año litúrgico-pastoral 2019-2020: “Celebrar la liturgia como lugar privilegiado de la comunión con Dios y con los hermanos y alimentar el gusto de los creyentes por su participación en ella. Y potenciar la espiritualidad y la oración personal y comunitaria. Como los primeros discípulos, le diremos al Maestro: Señor, enséñanos a orar (Lc 11,l1).”

CONGRESO SACERDOTAL (Año Jubilar Avilista)
Por supuesto, ya en septiembre, nos pondremos con toda diligencia a hacer lo que esté en nuestras manos para que tenga fuerza y le de impulso a nuestra vida diocesana el testimonio del que fue un testigo especial del amor de Dios entre nosotros, San Juan de Ávila. Le recomendaré a cada comunidad que entre con especial empeño en la vida y misión del maestro Ávila, “pregonero de la gloria de Dios” y las invitaré a que hagan la experiencia peregrina de ir al encuentro del Doctor y Maestro que nuestra historia cristiana nos ha regalado, para que sea guía de vida de fe y de la misión en este tiempo de esta Iglesia.

De un modo especial, empezaremos a preparar con todo esmero y cuidado el CONGRESO SACERDOTAL, iniciativa del clero diocesano de Jaén como presbiterio unido a su obispo, en el que queremos ofrecer a cuantos sacerdotes, especialmente de Andalucía, pero también de otras diócesis de España y de nuestros hermanos de Portugal, una semblanza actualizada del sacerdote en el siglo XXI a la luz del magisterio de San Juan de Ávila. A todo el clero jiennense os pido ilusión activa ante este acontecimiento, que conoceréis a fondo en la primera sesión de formación permanente, y que queremos que sea una muestra de lo que San Juan de Ávila hizo y sigue haciendo en favor del clero diocesano de Jaén.


Feliz y santo verano


+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Tue, 09 Jul 2019 11:15:38 +0000
“Todo apóstol es un enamorado de Jesucristo” http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/51293-“todo-apóstol-es-un-enamorado-de-jesucristo”.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/51293-“todo-apóstol-es-un-enamorado-de-jesucristo”.html “Todo apóstol es un enamorado de Jesucristo”

Homilía de Mons. Amadeo Rodríguez, obispo de Jaén

Celebramos hoy, en la solemnidad de San Pedro y San Pablo, la ordenación sacerdotal de estos dos jóvenes, Miguel y Andrés. Dos de nuestros seminaristas, que en su día fueron llamados y elegidos por el Señor, van a ser consagrados para el servicio del pueblo santo de Dios. Desde que intuyeron la llamada hasta hoy, la Iglesia les ha ayudado a discernir, a crecer y a formarse en todo lo que se le pide a un candidato al sacerdocio. De ellos dos puedo decir que todo ha ido bien, porque, como habéis escuchado, han sido considerados dignos de entrar en el Orden de los presbíteros y de hacer las veces de Cristo.
El camino que han seguido nos recuerda bien a las claras que toda vocación es un tesoro que el Señor le ofrece a su Iglesia, que es llevado por los elegidos en vasijas de barro. Es Él quien llama y elige; y es Él también quien, por la formación integral del seminario, los ha ido puliendo con tiempo, paciencia, misericordia y con mucho esmero espiritual, intelectual y pastoral, para una perfecta identificación con Jesucristo. De un modo especial, se ha ido cuidando su calidad humana. Se ha hecho lo que sabiamente decía el Maestro Ávila: “Resta decir de la elección de los que han de ser tomados para esta crianza, pues acertar en eso es mucho provecho. Porque, cuando sobre buen vaso cae buena educación, hácese una cosa perfecta. Y cuando el sujeto no es capaz… ciérrese esta tan mala entrada y cesarán los malos efectos” (Primer memorial al Concilio de Trento 16).
Hecho ese camino, aquí los tenéis, son para vosotros, pueblo de Dios que camina en Jaén. Confiad en ellos, porque han superado, en su camino de formación, evaluaciones continuas - las suyas y las de la Iglesia -. Querido pueblo de Dios, cuidad mucho a vuestros sacerdotes, amadlos, respetadlos y, si fuera preciso, no dejéis de defenderlos. Os lo pido como Padre y Pastor que soy de todos vosotros. Por mi parte procuraré hacer lo que recomendaba el santo y sabio Doctor de la Iglesia, cuyo año jubilar celebramos: “Prevéanse los obispos en criar a los clérigos como hijos, con aquel cuidado que pide una dignidad tan alta como han de recibir; y entonces tendrán mucha gloria en tener hijos sábios y mucho gozo y descanso en tener hijos buenos, y gozarse a toda la Iglesia en buenos ministros” (Primer memorial al Concilio de Toledo, 5).
Un buen modelo del camino seguido por todo candidato al sacerdocio lo tenemos en los dos apóstoles en cuya Solemnidad Litúrgica celebramos esta ordenación. Cada uno de ellos tiene el suyo. Pablo, desde que fue “alcanzado por Cristo” (Flp 3, 12 s) en el amor, al que antes perseguía, abrió su vida a la acción del Espíritu, y se dejó guiar por Él, en la Iglesia, hasta que al final podía decir: “He combatido bien mi combate… he mantenido la fe” (2 Tim 4,1-8).
El camino de Pedro, sin embargo, es distinto, se parece más al de cualquiera de nosotros. Pedro necesitó mucha pedagogía divina. Nunca dudó de seguir al Señor, pero siempre lo quiso hacer a su manera; no acababa de reconocer que su vocación era un regalo del que le llamó. Pedro quería ser apóstol por si mismo, a su manera y no entendía que todo había de suceder al estilo de Jesús. Ese cambio de perspectiva sobre el origen de toda vocación no fue nunca fácil para él. Siempre reaccionaba como si sus pasos en el seguimiento de Cristo dependieran exclusivamente de sí mismo. Quizás, en su ingenuidad, estaba convencido de que él era el primero en el amor. Pedro tuvo que aprender a dejarse amar, a dejarse llevar por el amor. Sólo el diálogo final con Cristo sobre el amor necesario para la misión le tumbó definitivamente en su orgullo. Pues bien, Pablo por un camino y Pedro por otro, nos muestran que todo apóstol es un enamorado de Cristo.
Queridos Miguel y Andrés: la verdad de vuestra vocación y misión pasa por el amor de Cristo y a Cristo. Sólo ese amor nos capacita, sólo por ese amor nace y crece la caridad pastoral. Dejad, pues, que ese amor divino viva en vosotros. Cuanto más seáis otros cristos, más fino y auténtico será vuestro ministerio. Por tanto, hacedlo todo en nombre de Cristo Maestro, Sacerdote y Pastor. Al ser configurados con Cristo os convertís en sacerdotes para, en su nombre, anunciar el Evangelio, celebrar el culto divino y apacentar al Pueblo de Dios, principalmente en el sacrificio del Señor.
Cuidad la misión de enseñar en nombre de Cristo, el Maestro. En vuestro ministerio, recordad siempre cómo la Palabra del Señor os ha ido forjando, cómo os ha conformado en Él, cómo os ha ayudado a crecer como cristianos y sacerdotes, como discípulos misioneros. Esa fidelidad a la Palabra escuchada, vivida y transmitida, actualizadla en la formación permanente, que ha de ser continuidad de la enseñanza sabía de vuestros formadores y profesores, que nunca olvidaréis.
No olvidéis tampoco el magisterio sencillo de cuantos desde niños os han acompañado en la fe; y estad atentos a la Palabra que se escucha poniendo amorosa atención al latido cristiano del corazón de los sencillos. Toda esta atención de los oídos del alma a la Palabra, que nunca dejará de iluminaros, la vais a necesitar en esta Iglesia en salida, Iglesia en misión en la que vais a estrenar el ministerio. “Que vuestra enseñanza sea alimento para el Pueblo de Dios; que vuestra vida sea un estímulo para los discípulos de Cristo, a fin de que, con palabra y ejemplo – van juntos: palabra y ejemplo - se vaya edificando la casa de Dios, que es la Iglesia.” (Papa Francisco, homilía ordenación sacerdotal en Blangladesh). Evangelizad dejándoos evangelizar por la Palabra que pronunciáis en nombre de Cristo.
En el próximo año pastoral de nuestra Iglesia diocesana, en el que presentaremos una especial atención a la celebración de los misterios de la fe, cuidad muy especialmente la función de santificar en nombre de Cristo. ¡Qué buen estreno del ministerio! Nunca olvidéis que, por vuestro sacerdocio ministerial, alcanzará su plenitud el sacrificio espiritual de los fieles, que, por vuestras manos, junto con ellos, será ofrecido sobre el altar, unido al sacrificio de Cristo, en celebración incruenta.
Al celebrar la Eucaristía, imitad lo que conmemoráis y dejad pasar el misterio pascual por vuestra vida: morid con Cristo a todo el mal que os aceche, especialmente el que pretenda arruinar vuestra ilusión y vuestra esperanza, desde hoy consagradas. Dejad que Cristo Resucitado os renueve en cada Eucaristía en el amor, la unidad y el servicio.
Y con la misma actitud mística que oráis y celebráis, servid a vuestros hermanos en los sacramentos, especialmente en los de iniciación cristiana. La situación en la que los celebraréis, a veces os cegará y no os dejará comprender que son fuente de vida y santificación. Permitidme un consejo: no rebajéis nunca la calidad espiritual y pastoral de cuanto hacéis. Cuidad especialmente el sacramento de la penitencia, recibido y ofrecido, por él pasa la eficacia de la evangelización. Dejad que la gracia que ofreceréis en nombre de Cristo en vuestra vida ministerial os santifique y renueve.
Ejerced el ministerio en comunión filial conmigo y con mis sucesores, como vais a prometer, y siempre en comunión con el presbiterio diocesano en el que os sentiréis vinculados más allá de amistades, simpatías u otros intereses. Vivir en comunión pertenece a la identidad sacerdotal. Sentid, por eso, como propia en vuestro corazón sacerdotal una Iglesia en sinodalidad y en corresponsabilidad. El sacerdocio crece cuando nos comprometemos a unir a los fieles en una sola familia.
Tened siempre un corazón misionero, tal como se ha ido formando en vuestro seguimiento de Jesucristo Buen Pastor. Que se os vea siempre como sacerdotes que salen, que arriesgan, que inventan, que abren camino para poder ofrecer a todos el amor de Dios. Como Jesucristo, sed pobres y servid a los pobres Que todas las pobrezas tengan un lugar privilegiado en vuestro corazón sacerdotal compasivo y misericordioso. El amor a la pobreza y a los pobres sea un rasgo esencial de vuestra identidad y es también expresión de vuestra santidad. En definitiva, sed pastores dejándoos impregnar del olor de la gente; en ese olor siempre encontraréis el perfume de Cristo.
Invoco sobre vosotros la protección maternal de María, Madre sacerdotal, a la que os invito a sentir cercana y entrañable y con la que compartiréis las alegrías y las fatigas, las ilusiones y los desencantos que quizás os encontréis en la grandeza y belleza de un sacerdocio en el que veréis, escuchareis y haréis cosas que guardaréis en vuestro corazón, donde la Virgen guardaba lo que escuchaba de su Hijo Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote.

+ Amadeo Rodríguez Magro

Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Tue, 02 Jul 2019 12:34:55 +0000
“La mirada de la vida contemplativa” http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/50885-“la-mirada-de-la-vida-contemplativa”.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/50885-“la-mirada-de-la-vida-contemplativa”.html “La mirada de la vida contemplativa”

Carta del obispo de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez

Los monasterios son, por su misma naturaleza, lugares de mirada amplia. La de las contemplativas es la misma mirada de Jesús, esa que no se centra en sus cosas, sino que, iluminando sus ojos con el amor del Padre, siempre está fija en la humanidad para ofrecerle salvación. Así es como contemplan el mundo las santas mujeres que viven en nuestros monasterios, dirigiendo su mirada hacia el ser humano en cualquier situación de su vida y buscando para él lo mismo que quiere Dios, su bien y su felicidad.
En realidad, los muros, los claustros, los portones cerrados, que tanto impresionan e interrogan a esta sociedad nuestra tan aparentemente abierta, tienen más luz, más horizonte, más apertura que la vida loca de tanta gente que no ve más allá de sí mismo. Es por eso que confiamos tanto en nuestras comunidades contemplativas en la Misión Diocesana. Lo dijimos desde el comienzo, la Misión necesita de la oración y, de un modo especial, necesita la oración de quienes son Iglesia del Señor en los 19 monasterios de contemplativas que viven en la Diócesis del Santo Reino de Jaén.
Queridas contemplativas: últimamente, la Iglesia os anima a asociaros y también a situaros mejor en el cobijo de vuestras congregaciones; todo lo hace para vuestra protección. Sin embargo, nunca perdáis la cercanía y la carne de la tierra en la que vivís y morís, a la que habéis de servir con la calidad de vuestro corazón en sus alegrías y sus penas cotidianas, en sus trabajos, en sus esfuerzos, en sus luchas y en sus éxitos o fracasos. Por eso, estad atentas, muy atentas al latido de la Iglesia diocesana, abriendo para ello los muros y las puertas de vuestra clausura.
No olvidéis nunca que vivís en una sociedad que está herida por múltiples problemas humanos y sociales, y que también lo está por su olvido de Dios y por la escasez y la pobreza de su fe en Jesucristo, el Señor. Pero también os digo: gozad con lo que gozan vuestros hermanos en la fe y, en especial, gozad por el despertar misionero que están experimentando muchos de ellos en sus parroquias. “Cada parroquia una misión. Cada cristiano un misionero”.
Este año, en la Jornada PRO ORANTIBUS, en la que la Iglesia ha propuesto el lema: “LA VIDA CONTEMPLATIVA. CORAZÓN ORANTE Y MISIONERO”, os invito a que dejéis que penetre en el sentir, el vivir y en el orar de vuestras comunidades la ilusión misionera de nuestra Diócesis. Me consta que, en vuestra oración personal y comunitaria, habéis llevado hasta el corazón de Dios los caminos que tantos hombres y mujeres, niños, jóvenes y adultos han recorrido en cada una de nuestras parroquias, para acercar a tantos el anuncio del amor de Dios y de Jesucristo, su Hijo y nuestro Salvador. Los que al comenzar tenían tanto miedo, ahora están felices por lo que han hecho. Espero que os den las gracias, porque estoy seguro de que si el Espíritu Santo ha hecho tantas cosas hermosas entre nosotros a lo largo de este año, en parte es porque vuestra insistencia le ha movido con una fuerza especial.
Vosotras sois Cor Orans y vuestra Iglesia Diocesana es para vosotras Corazón Agradecido. Por eso, nuestra gratitud no tiene una forma de manifestarse distinta de la vuestra. También, nosotros oramos por vuestra santidad, por vuestra libertad de espíritu, por vuestra generosidad. Al hacerlo queremos acercarle a nuestro Dios un deseo que nos beneficia, porque de vuestra felicidad depende, en mucho, la nuestra. Le pedimos al Espíritu Santo que despierte en la fe de nuestros jóvenes sensibilidad espiritual, para que sepan valorar mejor donde encontrar las fuentes del bien y de la felicidad cuando buscan encontrar la vocación a la que Dios les llama.
Seguid orando por la Misión Diocesana: no ha acabado ni acabará nunca, aunque la convocatoria de ese año finalice en el mes de octubre. Nosotros nos sumaremos al mes misionero con interés, entusiasmo y creatividad, como siempre sucede en Jaén y, entonces sí, daremos por finalizado todo lo que hemos hecho para despertarnos en el sueño misionero de llegar a todos. Haremos una gran fiesta misionera en la que estaréis todas vosotras en nuestro corazón, y vosotras estaréis cercanas al gozo de una Iglesia que festeja con alegría misionera.

Con mi afecto y bendición muy especial para todas las consagradas de nuestros Monasterios de Contemplativas.

+Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Mon, 10 Jun 2019 12:35:59 +0000
“Huir de la dignidad para merecer dignidad” http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/50343-“huir-de-la-dignidad-para-merecer-dignidad”.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/50343-“huir-de-la-dignidad-para-merecer-dignidad”.html “Huir de la dignidad para merecer dignidad”

Homilía del obispo dee Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez

Queridos hermanos obispos y sacerdotes:

1. En este año de 2019, tenemos la gracia de reunirnos el presbiterio diocesano de Jaén para celebrar los veinticinco, cincuenta y sesenta años de sacerdocio de algunos de nuestros hermanos coincidiendo con la recientísima apertura del Año Jubilar Avilista. Nosotros lo celebramos donde más se le evoca como patrón del clero español, en Baeza; en su Catedral y en la que fue sede de la Universidad, que San Juan de Ávila puso en marcha para la formación y santificación de los clérigos. Es todo un privilegio para nosotros que, por concesión de la Santa Sede, hayamos puesto a disposición de toda la Iglesia, y en especial de la Iglesia en España, este acontecimiento de gracia.

2. Todo el pueblo cristiano que camina en Jaén, pueblo misionero que lleva en sus entrañas el sueño de llegar a todos, vendrá a pedir gracias por la intercesión del pregonero de la gloria de Dios. Pero, de un modo especial, seremos los sacerdotes los que en este Año Jubilar nos aproximemos a la semblanza sacerdotal del Maestro Ávila, para renovar lo que somos por elección y consagración. La Palabra de Dios nos ha señalado el camino a seguir como peregrinos: de un modo aún más explícito que ayer, domingo del Buen Pastor, Jesús nos ha marcado hoy la ruta para la renovación de nuestra identidad sacerdotal: ser pastores en el amor y el cuidado amoroso de Cristo (no abandonar nunca a las ovejas, conocerlas una a una por su nombre y dar la vida por ellas). Y por si se nos había olvidado, también nos dice Jesús que hemos de ser pastores que entregan la vida para traer a las ovejas que no están en el redil, pero tienen un lugar en el corazón salvador del Padre. Si hoy transitamos por estos sentimientos de Jesucristo, el Buen pastor, no nos equivocaremos en lo que la Iglesia propone a los sacerdotes en este año de gracia; acertaremos a andar como pide la vocación a la que hemos sido convocados, como le hemos escuchado al Apóstol misionero.
3. Como un exacto testimonio para andar este camino jubilar, para que nos sirva como guía en la renovación de nuestra vida ministerial, he buscado en sus biógrafos una breve y sencilla semblanza del sacerdocio que vivió y propuso a sus discípulos el que nos ha traído hasta aquí, el Santo Doctor Maestro Ávila.
Fue viviendo así su sacerdocio como hizo escuela, como promovió un estilo de vida sacerdotal muy característico, que le ha llevado a ser, de generación en generación, punto de referencia para los presbíteros jiennenses y en los de toda España.
4. Empiezo por algo que nos marque el camino a seguir en el sacerdocio del sacerdocio del Maestro Ávila. Lo primero que hay que decir es que San Juan de Ávila fue solamente sacerdote y al sacerdocio dedicó sus mejores energías. Alguien ha dicho que “no fue párroco ni coadjutor ni aceptó dignidades en ninguna diócesis”. Y así fue. En efecto, el sacerdocio fue el eje alrededor del cual giró su vida. Esta conciencia de un sacerdocio sin añadidos ni exclusiones marcó toda su vida. Por eso decía que “EL PRESBÍTERO HA DE HACER VIDA QUE MEREZCA DIGNIDAD Y HUIR DE BUSCAR LA DIGNIDAD”. ¡QUÉ CERTERO, VERDAD! Si por alguna razón confundimos la verdadera dignidad sacerdotal, esto puede servir de una gran ayuda. San Juan de Ávila invitaba a huir de la dignidad para merecer la dignidad. Y para eso decía que nuestra dignidad sólo estará basada en la humildad y en la santidad.
5. A partir de ese enfoque esencial, el estilo sacerdotal que señala San Juan de Ávila tendrá otros rasgos imprescindibles. Será un sacerdocio apostólico. Para vosotros y para mí dice muy claramente: Su vida, la de los obispos y sacerdotes, debe de “ser un dibujo de los apóstoles a quien suceden, tal que por la vida obispal todos saquen por rastro cuáles fueron los antiguos apóstoles y no tales que no haya cosa que más los haga desconocer que mirar a sus sucesores”. Y para eso nos hace una invitación clara a salir de la tibieza: “La Iglesia cristiana, para ser la que debe, no ha de ser congregación de gente relajada ni tibia… el Señor quiere que seamos diligentes en el servir y no se paga de gente tibia”.
6. A partir de ahí, nos señala valores y virtudes de una vida sacerdotal. Juan de Ávila, como es evidente en su modo de vivir, pondera la pobreza: Nos dice que “la dignidad sacerdotal se demuestra en la humildad aún exterior. Como siempre suele suceder la falta de pobreza es uno de los mayores motivos de escándalo entre los fieles”.
Del mismo modo, recomienda la obediencia, siempre a imitación de Cristo. Esto lo hace además con insistencia. Tan importante considera recomendar la pobreza que hasta pide disculpas por ello. “No os espantéis de que tanto os recomiende la obediencia… porque vuestra seguridad está en no querer libertad”.
7. Y como no podía ser de otro modo, Juan de Ávila tercia en el debate de su tiempo sobre la castidad sacerdotal, sobre el celibato. Propone una lógica que sigue siendo válida y práctica, aunque no le falten al Santo Maestro otras motivaciones más espirituales y profundas. “El remedio de estos no entiendo que es casarlos, porque si ahora, sin serlo, no pueden ser atraídos a que tengan cuidado a las cosas pertinentes al bien de la Iglesia y de su propio oficio, ¿qué harían si cargases con los cuidados de mantener mujer e hijos, y casarlos y dejarles herencia? Mal podrían militar a Dios y a negocios seculares”. Por eso Juan de Ávila exhorta a promover la formación de un sacerdote evangélico al estilo de Jesús, en quien la castidad sea “su virtud propia, muy propia y propísima”.
8. Por supuesto, también propone el camino a seguir para ir creciendo en eso que quiere para los sacerdotes. Recomienda estar enamorados de la Iglesia, de una Iglesia que necesita reforma y que trabaja por ella y en ella pacientemente. Estoy convencido de que todo esto que acabo de decir nos suena como necesario y muy actual; sólo así, con el amor a la Iglesia, evitaremos, dice el Maestro Ávila, el criticar mucho y el hacer poco.
Estamos en misión queridos hermanos sacerdotes y según el santo Doctor de la Iglesia, sin nosotros es imposible la renovación misionera. Para eso, dice él, hemos de tener un espíritu semejante al de los profetas; que en todo pongamos calidad espiritual y docilidad el Espíritu Santo. Sólo así el ministerio del presbítero tendrá apertura al futuro y nos hará capaces, si fuera preciso, de deshacer lo que nos paralice y de aceptar con docilidad lo que nos empuje a saltar las tapias que poco a poco nos han ido acorralando, por nuestras inercias y miedos.
Para nuestro Santo Patrono, la caridad pastoral ha de ser la síntesis de la vida y la espiritualidad de un presbítero diocesano. Con un lenguaje, menos sintético, pero si muy expresivo, recuerda que la caridad pastoral tiene su fuente y su forma en un ferviente celo que haga arder el corazón del sacerdote en el fuego de amor de Dios y en el servicio a las almas, especialmente a las más débiles, a imitación de Jesucristo el Buen Pastor.
9. Todo esto ha de ser enriquecido con una profunda vida de oración: “Si tuviésedes callos en las rodillas de rezar y orar, si importunásedes mucho a nuestro Señor y esperásedes de él que dijese la verdad, otro gallo cantaría, ¿Quieres que te dé su luz y te enseñe? Ten oración, pide, que dar te ha. Todos los engaños vienen de no orar”. Pero no se olvida de recordarnos algo que es tan importante para los presbíteros de nuestro tiempo, la santificación en el ejercicio del ministerio: “No esperareis horas ni lugares ni obras para recogeros a amar a Dios; más todos los acontecimientos serán despertadores de amor. Todas las cosas que antes os distraían, agora os recogerán”.
10. Hasta aquí, queridos hermanos en el presbiterio, este, quizás torpe, retrato diseñado con algunos ecos de los escritos sacerdotales del Maestro Ávila y os he ofrecido para que nos miremos en él. Una síntesis de lo dicho la expresó con preciosa precisión San Pablo VI en su canonización: “San Juan de Ávila enseña al menos esto, y sobre todo esto, al clero de nuestro tiempo: a no dudar de su ser sacerdote de Cristo, ministro de la Iglesia, guía de sus hermanos”
11. Estoy convencido de que con matices semejantes ha ido creciendo la vida sacerdotal de aquellos con los que hoy le damos gracias al Señor y a los que hoy felicitamos con grandísimo afecto en estas tres etapas que algunos hermanos del presbiterio diocesano celebráis. Seguro que en vuestra vida ha habido de todo, porque nuestra condición humana siempre acumula sentimientos, situaciones, logros y hasta errores. Pero lo que sí es cierto es que la vida de un presbítero está siempre empapada de gracia. Estoy convencido de que esa ha sido la razón de vuestra fortaleza el saber que era Jesús el que tiraba de vosotros. Su presencia en vuestra vida os he hecho caminar en fidelidad en estos 25, 50 y 60 años de sacerdocio. De vuestros obispos, de vuestro presbiterio recibid nuestra felicitación con un abrazo fraterno y una súplica al amor de Dios, que siempre nos acompaña y sostiene.
12. Que Santa María, la Madre de los sacerdotes os acompañe siempre. No olvidemos que el Santo Maestro compara la acción del sacerdote a la de María por ser sacramental, ya que el sacerdote “da a Dios humanado” no sólo una vez sino frecuentemente. En este sentido María considera a los sacerdotes como parte de su mismo ser, son para ella “los racimos de mi corazón”, los pedazos de mis entrañas”. No lo olvidéis, siempre está con nosotros la ternura de la Madre Sacerdotal.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Tue, 14 May 2019 12:17:07 +0000
“San Juan de Ávila, pregonero de la gloria de Dios” http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/50050-“san-juan-de-ávila-pregonero-de-la-gloria-de-dios”.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/50050-“san-juan-de-ávila-pregonero-de-la-gloria-de-dios”.html “San Juan de Ávila, pregonero de la gloria de Dios”

Carta pastoral del obispo de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez

Queridos diocesanos:

Como un gran regalo de nuestra historia, que de vez en cuando nos ofrece la gracia de encontrarnos con fechas que nos obligan a recordar acontecimientos y personas que han ido dejando una huella indeleble en esta nuestra muy querida Diócesis del Santo Reino de Jaén, nos hemos encontrado con el 450 aniversario de la muerte de San Juan de Ávila, 125 de su beatificación y 50 de su canonización. Por eso, a partir del día 10 de mayo recordaremos a quien anduvo sembrando fe y vida cristiana entre nosotros, al santo doctor de la Iglesia, amigo de santos y pregonero de la gloria de Dios.
Fue en la ciudad de Baeza donde hizo la obra más destacada y significativa de su vida y misión, la que mejor expresa todas sus virtudes y capacidades. El Maestro y Teólogo Juan de Ávila pone en marcha en esa ciudad una Universidad (1538-1824), desde la que desarrolla su santidad y su ciencia. Al servicio de este singular y emblemático centro académico emplea sus mejores energías y sus mejores discípulos.
La historia afirma que la Universidad de Baeza fue el centro más logrado de formación sacerdotal pretridentino, anticipándose así a la labor educativa del clero diocesano que el Concilio de Trento (1545-1563) señalaría algunos años después con el decreto Cum adolescentium aetas. Baeza fue, en opinión de grandes historiadores, la primera universidad fundada únicamente para aspirantes al sacerdocio.
Se dice, con razón, que el Maestro Ávila creó, a través de la Universidad de Baeza, una preciosa tipología sacerdotal, la del clérigo reformado, austero en sus costumbres, predicador enardecido por el estudio de la Escritura, hombre de recia oración y reconocible a simple vista por su porte externo. Así eran los presbíteros que se inspiraban en el Maestro Ávila, que son conocidos como escuela sacerdotal avilista.
Esta memoria, por tanto, nos obliga a celebrar con gratitud y con especial relieve estas fechas tan importantes en el recuerdo del Maestro Ávila. Lo hacemos, además, en el contexto de nuestro Plan Diocesano de Pastoral, y en plena Misión Diocesana, en la que nos estimulará el celo apostólico del “vocero de Dios”, que sembró entre tantos clérigos de su tiempo, al servicio de la evangelización del pueblo fiel, una formación integral de los aspirantes al sacerdocio. Lo hecho por el Maestro Ávila lo consideramos como un lúcido precedente de lo que se nos pide para los se preparan en nuestro seminario para ser sacerdotes del siglo XXI.
Para celebrar como merece el emblemático paso de la San Juan de Ávila por la Diócesis de Jaén, hemos solicitado al Santo Padre, y nos ha sido concedido, la celebración de un Año Jubilar Avilista, que se abrirá en la Puerta Santa de la Catedral de Baeza el día de 10 de mayo próximo y se cerrará, D.m., el 31 de mayo de 2010. Hemos invitado, para que nos presida y acompañe el día de su apertura, a Su Eminencia el Cardenal Ricardo Blázquez, Presidente de la Conferencia Episcopal Española, que ha aceptado, muy amablemente.
Os recuerdo que un año Jubilar se celebra haciéndonos peregrinos que pasan por la Puerta Santa y piden, por intercesión de San Juan de Ávila, la gracia de la conversión, que en este año queremos que sea especialmente misionera. Es evidente que también se pasa por la Puerta Santa con el deseo y la oración; esto se lo digo a los enfermos, impedidos y ancianos que no puedan peregrinar. Por mi parte, os recomiendo que pidáis ser discípulos misioneros en este año de fervor e ilusión que todos estamos viviendo en nuestra Misión Diocesana. Busquemos, sobre todo, que el celoso predicador y apóstol de Andalucía nos aliente a sacerdotes, consagrados y laicos a sentir con toda intensidad el sueño misionero de llegar a todos.
Los primeros peregrinos que pasaremos en grupo por la Puerta Santa para ganar la gracia jubilar seremos los sacerdotes del presbiterio diocesanos, que el día 13 nos reuniremos para recordar al Patrón del clero secular español y al Apóstol de Andalucía. En ese día la Iglesia diocesana felicita a un grupo de sacerdotes, que en este año celebran sus 50 y 25 años de su ordenación.
Termino esta carta invitación animando a todas las comunidades parroquiales a que participen, con sus pastores a la cabeza, en la Solemne Apertura del Año Jubilar Avilista que tendrá lugar el día 10 de mayo, viernes, a las 8:30 de la tarde.

Con mi afecto y bendición.
Jaén, 3 de abril de 2019

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Tue, 30 Apr 2019 09:47:54 +0000
“La Virgen de la Cabeza, la mejor influencer de Dios” http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/50024-“la-virgen-de-la-cabeza-la-mejor-influencer-de-dios”.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/50024-“la-virgen-de-la-cabeza-la-mejor-influencer-de-dios”.html “La Virgen de la Cabeza, la mejor influencer de Dios”

Homilía del obispo de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez, en la Romeria a la Virgen de la Cabeza

Queridos peregrinos y peregrinas:

1. Desde este bendito cerro de Sierra Morena, presididos por la querida y venerada imagen de la Santísima Virgen de la Cabeza, nos encontramos todos reunidos y unidos para celebrar la Eucaristía, corazón de la vida de la Iglesia.
Incorporo con un especial saludo a quienes a través de Canal Sur TV y otros medios de comunicación se unen a esta celebración religiosa, con una dedicatoria cariñosa para los enfermos, impedidos y ancianos.

2. Sin faltar a la cita con la Madre, cada año nos presentamos ante Ella como peregrinos. La Virgen de la Cabeza nos espera con los mismos sentimientos de Dios, los del Padre bueno que aguarda el retorno de sus hijos, y nos acoge como Jesucristo, el Resucitado, que, ante la negativa de Tomás a dar crédito al testimonio de los demás apóstoles, da el primer paso hacia él, le muestra el corazón abierto y las llagas de sus manos, y le señala el camino para un encuentro especialmente emotivo que terminará, en una preciosa confesión de fe:“¡Señor mío y Dios mío”!
En ese encuentro del Resucitado con Tomás, la Iglesia ha visto a la Divina Misericordia, a la bendita imagen que vio Faustina Kovalska del costado abierto de Cristo, del que brotan radiantes agua y sangre para la vida del mundo. ¡Si la Santísima Virgen tiene tanto tirón para nosotros es porque la consideramos una activa mediadora entre la misericordia divina y las necesidades humanas!

3. Los cristianos conocemos esa misión de la Virgen y, por eso, nunca dejamos de acudir a este bendito Santuario y de acercarnos a su rostro misericordioso. Si estamos hoy aquí es porque entendemos que nuestra Madre del cielo continúa ocupándose de sus hijos de la tierra. Desde hace cientos de años, sin faltar a esta cita anual, hemos venido, sucesivamente, generaciones tras generaciones, a la romería más antigua de España a ofrecerle a la Santísima Virgen de la Cabeza el bien que sembramos y, también, a pedirle el bien que necesitamos. Los devotos de la Virgen sabemos, y así lo sentimos, que Ella no está en su Santuario como la que vive en una isla al margen de la vida de sus hijos e hijas de Andújar, de Jaén, de toda España y de cuantos la veneran en el mundo entero. Ella está aquí, en este bello lugar de Sierra Morena, al que vino del cielo a encontrarse con Juan Alonso Rivas, pastor de Colomera, en 1227, con una misión que ejerce desde este bendito Cabezo: me refiero a la que aceptó junto a la cruz, cuando su Hijo le encomendó ser nuestra Madre. Por su maternidad, para todos, es mediadora nuestra ante Dios y ante su Hijo Jesucristo. Y también es mediadora de Dios ante nosotros.

4. Por esta mediación de la Virgen María recordamos cada año que Dios entiende de humanidad. A nosotros nos recuerda que Dios quiere que seamos buscadores de un mundo de amor, de paz, de justicia, de solidaridad, de verdad y de dignidad. Es natural que los que contemplemos con fe y devoción la belleza del rostro maternal de la María, rechacemos todo lo que sea injusticia, insolidaridad, mentira, odio, venganza, abuso o violación de la dignidad humana y que nunca queramos saber nada de violencia o muerte. Con María queremos lo mejor para nuestro mundo y rechazamos todo lo que lo empeore o lo ensucie; con Ella sentimos que nada de lo humano le es ajeno a Dios, autor, a su imagen y semejanza, del hombre y de la belleza de la creación.
Para los hombres y mujeres de fe no hay dos mundos separados, funcionando el uno al margen del otro; la fe mueve y motiva nuestra vida ordinaria. En lo que hacemos y vivimos cada día, en las grandes responsabilidades y en las pequeñas cosas que nos suceden en la familia, en el trabajo, en el ocio, en la convivencia, en la fiesta o en la tragedia, Dios está presente inspirándonos los valores de su Reino y enseñándonos a juzgar y a rechazar todo lo que sea pecado y vaya contra el proyecto creador y salvador de Dios.

5. Para lograr ese proyecto de Dios, los cristianos participamos en la construcción democrática del bien común; queremos estar donde se trabaje y cultive el bien del ser humano y la pacífica convivencia de todos en la diversidad. Sabemos que, en nuestros proyectos sociales, como el que hoy estamos encauzando, Dios siembra salvación para el mundo. Como ha dicho el Papa Francisco: «La salvación que Dios nos regala es una invitación a formar parte de una historia de amor que se entreteje con nuestras historias; que vive y quiere nacer entre nosotros para que demos fruto allí donde estemos, como estemos y con quien estemos. Allí viene el Señor a plantar y a plantarse» (Chistus vivit 252).
Por eso, continúa el Papa, utilizando términos y conceptos de hoy: «La salvación no está colgada en la “nube”, esperando ser descargada; la salvación hay que jugársela en el compromiso de la vida». Eso significa que la fe no nos estorba, no es un obstáculo para el progreso, las libertades y el bien del hombre; al contrario, la fe esclarece la verdad y la dignidad de la vida humana y del desarrollo social; la fe en Jesucristo, camino verdad y vida, ofrece la felicidad temporal y eterna que el hombre busca sin descanso.

6. Los que subimos a este Santuario de la Santísima Virgen de la Cabeza, al encontrarnos con María, notamos enseguida que Dios, por su mediación, sigue infundiendo bien en el mundo. Tened esto siempre en cuenta, queridos peregrinos, y poned ante Ella todo lo que traigáis en vuestro corazón; comprobaréis que esta Madre buena sabe lo que nos pasa, tiene una respuesta para nuestras oraciones filiales y siempre nos encomienda también un compromiso. El Papa Francisco nos acaba de recordar que la Santísima Virgen, cuando aceptó la responsabilidad de ser la Madre del Redentor, aceptó también su oficio de ser influencer, es la influencer de Dios (Mediadora ante Dios, para entendernos).
Cuando queráis conocer el por qué de los dolores y sufrimientos del mundo y los de tantas injusticias, especialmente las que está generando esta sociedad moderna, acudid a la Virgen, que Ella os llevará al que nos señala el camino de la verdad y nos dice qué hacer ante todo lo que nos duele; Jesús, desde la cruz, nos da las respuestas. Cuando deseéis el bien para quien lo necesite, entendeos con la Virgen, Ella es cómplice del bien del mundo con su Hijo. Cuando os encontréis con la cruz, que nunca falta a lo largo de la vida, venid ante esta Madre, que supo guardar en su corazón sus cruces y la cruz redentora de Señor y Salvador.
Cuando necesitéis encontrar en el camino de vuestra vida la luz, la verdad y las fuerzas que os puedan faltar, venid ante la Santísima Virgen, que enseguida os dirá que en Jesucristo nace y renace la alegría y la esperanza. Cuando oigáis decir que no hay fe sin pasión e ilusión misionera por haberse encontrado con Jesucristo, venid ante la Madre que a todos nos dice: id y anunciad a Jesucristo Resucitado, su Hijo, porque no es lo mismo haberle conocido que andar por la vida sin haber podido encontrarle.
Queridos peregrinos y peregrinas: que la Virgen de la Cabeza nos enseñe a ser discípulos misioneros en medio de esta sociedad jiennense en la que vivimos y que tanto necesita de Jesucristo. Si dejáis que la Virgen os hable al corazón, este habrá sido un gran día de nuestra Misión Diocesana. Y la misionera habrá sido para nosotros la Virgen de la Cabeza, la Madre de Nuestra Diócesis. Y cuando volváis a vuestras casas, en nuestras ciudades y pueblos, manifestad a los cuatro vientos que habéis estado con la Madre del Señor del Camino, de la Verdad y de la Vida. Así sea.

28 de abril de 2019
+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Mon, 29 Apr 2019 09:05:30 +0000
Carta de Pascua: "Dios te salve María..." http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/49936-carta-de-pascua-dios-te-salve-maría.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/49936-carta-de-pascua-dios-te-salve-maría.html Carta de Pascua:

Carta del obispo de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez

Este saludo de Dios llenó de vida, definitivamente, el corazón de María. Una vez que escuchó estas palabras de Arcángel Gabriel, ya todo lo que después de llegar a los oídos de la Santísima Virgen tuvo el mismo sonido y le puso el mismo tono a su alma. Todo lo que la Madre vivió al lado del Hijo de sus entrañas purísimas, siempre tuvo la misma sensación espiritual que le dejó ese saludo, que era una invitación a vivir en la confianza de que Dios estaba con Ella y en Ella.
Al escuchar “Dios te salve, María”, le llegue de quien le llegue, la estremece y la enternece, porque fue así como empezó a ser Madre, como inició su itinerario vital como Madre de Jesús y Madre nuestra. Por eso, desde entonces, María tuvo la conciencia clara de que la gracia de Dios estaba con Ella y de que todo lo que le sucedía era salvador, porque su vida estaba santificada y enriquecida de gracia, en previsión de los méritos de su Hijo. Por eso, desde el saludo de Isabel, no sólo los cristianos, sino también la Virgen, unen el saludo del Arcángel: “Bendito el fruto de tu vientre, Jesús”.
Se puede decir, que las palabras que le dirigimos a la Virgen, repitiendo el saludo del Ángel Gabriel y el de su prima Isabel, con el kerigma, son las mismas que escuchó la Virgen María. Fue así como a Ella le llegó la buena noticia, como conoció el amor entrañable de Dios para Ella y para toda la humanidad. Fue así como se inició el misterio de la encarnación redentora de su Hijo Jesucristo. El misterio pascual del grano de trigo que cae en tierra, muere y da fruto de vida y resurrección, estaba anunciado en este saludo, dirigido a quien sería el seno y el corazón de este maravilloso misterio de amor.
Por eso, el Ave María es fundamentalmente la oración de la Pascua, que es el tiempo de la maternidad de la Virgen en Cristo Resucitado, para todos nosotros. Lo que escuchó en la Cruz María Dolorosa, de labios de su Hijo, María consolada lo ejerció con los apóstoles y la Iglesia naciente. Renovar este saludo desde nuestro corazón feliz por la resurrección del Hijo de María nos alentará a todos nosotros a confesar a Cristo Resucitado, corazón de la fe.
Así lo vamos a hacer, de tantas maneras, en cada una de las fiestas en las que nos encontraremos con la Virgen, en este tiempo de Pascua. Cada una de las advocaciones será una ocasión para apuntalar en nosotros la alegría de la fe. Cada una de ellas, me gustaría recordarlas a todas, será una ocasión para que se fortalezca nuestro amor a María y el seguimiento a Jesucristo, su Hijo. Si no os molesta a las demás – estoy seguro de que no – recuerdo, como es natural, la celebración de la Madre de toda la Diócesis, la Santísima Virgen de la Cabeza, a la que celebraremos el día 28 de abril.
En este año de la Misión Diocesana algunas parroquias han situado en la Pascua su actividad misionera, otras, sin embargo, ya habrán finalizado todo el recorrido de este sueño en el que está inmersa nuestra Iglesia de Jaén. A unas y a otras les pido, en un caso que refuercen y, en otro, que renueven el encuentro con el Señor ante la Santísima Virgen, Madre de todos: de los que habéis sido misioneros y de aquellos a los que la misión permanente de la Iglesia nos envía y nos sigue enviando siempre.
Para esta Pascua Misionera, me vais a permitir un consejo mariano especial: REZAD EL SANTO ROSARIO. No hay una oración que nos acerque más a Cristo, que nos lleve a un encuentro con Él y, por tanto, que sea más misionera. Poco a poco, ave maría, a ave maría, irá cayendo, cada día, en nuestro corazón el precioso rocío de la vida en Cristo, contemplada desde la Santísima Virgen. San Juan Pablo II nos escribió una preciosa carta apostólica, en la que nos dice que el Santo Rosario, “en su sencillez y profundidad, sigue siendo también en este tercer Milenio una oración de gran significado, destinada a producir frutos de santidad”. Y continúa el Santo Papa: “Se encuadra bien en el camino espiritual de un cristianismo que, después de dos mil años, no ha perdido nada de la novedad de los orígenes, y se siente empujado por el Espíritu de Dios a «remar mar adentro» (duc in altum!), para anunciar, más aún, ‘proclamar’ a Cristo al mundo como Señor y Salvador, «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn14, 6)”.
El Santo Rosario es misionero, es un precioso acto de piedad para crecer, desde el corazón materno de la Virgen, en la alegría de evangelizar, de anunciar a Jesucristo. Por eso, D.m., voy a encabezar una peregrinación diocesana al Santuario de Fátima, para pedirle, a la que invitó a los tres pastorcitos a rezar el Rosario, que nos aliente a todos los diocesanos en el ardor misionero.
Si os aplicáis en la práctica del rezo del Santo Rosario, enseguida descubriréis que se va afianzando en nosotros la relación con Cristo y crece nuestra condición de discípulos misioneros, eso que estamos aprendiendo a ser, ya para siempre, en este año de la Misión Diocesana de Jaén. Todo se hará, eso sí, con la mirada contemplativa de María. El Santo Rosario se reza con María y se dirige a Jesucristo.
Este itinerario catequético del Rosario, el que nos lleva a ser discípulos misioneros, nos lo recuerda con una preciosa hondura, que os invito a leer y meditar, la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, que os he citado. Lo describe así:

El Rosario es RECORDAR; María nos enseña a traer al hoy de nuestra vida los acontecimientos de la de su Hijo Jesucristo. Cada uno de los misterios de evocan, bien sean los gozosos, los gloriosos, los dolorosos y los luminosos. El rosario es una meditación sobre Cristo con María.

El Rosario es COMPRENDER; con María nos acercamos al conocimiento de Cristo para entrar en lo profundo del misterio de su vida. La Virgen, que conoce mejor que nadie en Jesús, nos va llevando en cada misterio al conocimiento pleno de la verdad a lo largo de todo el recorrido de su vida.

El Rosario es CONFIGURARSE A CRISTO; con María nos abrimos a un camino de adhesión creciente a Él, y nos vamos orientando cada día más en los comportamientos de discípulo, según la “lógica” de Cristo. “Tened entre vosotros los mismos sentimientos de Cristo” (Flp 2,5).
El Rosario es ROGAR A CRISTO; con María, que apoya la oración que Cristo y el Espíritu hacen brotar en nuestros corazones, tenemos al orar todo el apoyo que necesitamos. Así quiso Jesús que fuera, al permitir la intercesión de su Madre en las bodas de Caná de Galilea. “No tienen vino”. María se hace desde entonces ante Jesús de las necesidades humanas.

El Rosario es ANUNCIAR A CRISTO; con María los cristianos acogemos el envío misionero de Jesús a sus apóstoles y lo anunciamos en su misterio pascual, en su muerte y resurrección. El rosario tiene una gran fuerza y es un precioso recurso en la acción de todo evangelizador y en la vida pastoral de una Iglesia evangelizada.
Esta es mi propuesta, querido devotos y cofrades: que en la Pascua celebréis, con María, la Gloria Resucitada de Cristo. Si queréis vivir con hondura los misterios de Cristo, en especial el de la Pascua de Resurrección, entrad con la tradición de la Iglesia en este precioso acto de piedad, que con toda seguridad os llevará a la contemplación del rostro de Jesucristo resucitado y, por supuesto, nos dará la fuerza para ser misioneros suyos entre nuestros hermanos.
En cada romería, en cada peregrinación, en cada familia, en cada cristiano, sólo o en comunidad, el Rosario será una invitación a crecer en el fervor apostólico y misionero. Hacedlo siempre con la alegría de la Pascua.
Termino dirigiéndome a cada una de las advocaciones marianas de la Diócesis de Jaén con esta oración con la que los católicos del mundo le rezamos en este tiempo Pascual.
G: Reina del cielo, alégrate, aleluya.
T: Porque el Señor, a quien has llevado en tu vientre, aleluya.
G: Ha resucitado según su palabra, aleluya.
T: Ruega al Señor por nosotros, aleluya.
G: Goza y alégrate Virgen María, aleluya.
T: Porque en verdad ha resucitado el Señor, aleluya.
Oremos:

Oh Dios, que, por la resurrección de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a los gozos eternos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Tue, 23 Apr 2019 09:40:33 +0000