Jaén Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://odisur.es Mon, 25 Mar 2019 16:33:52 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es Decreto para la fiesta de San José http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/49244-decreto-para-la-fiesta-de-san-josé.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/49244-decreto-para-la-fiesta-de-san-josé.html Decreto para la fiesta de San José

El Obispo de Jaén ha firmado el Decreto para la fiesta de San José para este año 2019. En el que, entre otros puntos, recuerda el precepto, con obligación de participar en la Eucaristía en el día del esposo de la Santísima Virgen María, el próximo martes, 19 de marzo.


DECRETO
La vocación de San José le hizo participar íntimamente en el misterio de Cristo. Fue llamado por Dios para “tomar consigo a María su esposa”que estaba encinta “del que fue engendrado en ella por el Espíritu Santo” (Mt. 1, 20). De este modo, Jesús “llamado Cristo” nace de la esposa de José en la descendencia mesiánica de David (Mt. 1, 16) (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 437).
A partir de ahí, la persona y la vida de San José tienen en la historia de nuestra salvación una importancia que ha sido reconocida siempre por la sagrada liturgia y las leyes canónicas al proponer su fiesta como día de precepto (cf. canon 1246). Tradicionalmente el pueblo cristiano ha secundado esta norma dando un significativo realce familiar y social a la fiesta del 19 de marzo.
En el presente año 2019 este día ha sido declarado laborable por la autoridad civil de Andalucía.
Ante la necesidad de fijar claramente el tratamiento que dicha fiesta debe tener por parte de la comunidad católica, los Obispos de la Provincia Eclesiástica de Granada hemos acordado mantener en las Diócesis respectivas el carácter festivo de este día.
En conformidad con lo cual, en lo que se refiere a la Diócesis de Jaén, por el presente

DISPONGO:
1. Mantener el día de San José como fiesta de precepto con la obligación de participar en la Santa Misa.
2. Dispensar del obligado descanso laboral a los fieles que se vean precisados a desarrollar su trabajo habitual en ese día.
3. Pedir a los párrocos y otros rectores de iglesias que ordenen los horarios de los servicios religiosos de modo que los fieles encuentren la mayor facilidad para participar en la Santa Misa.
3. Pedir igualmente a los párrocos y otros rectores de iglesias que comuniquen a los fieles el contenido de este decreto y los horarios de misas con la debida antelación.
5. EL DÍA DEL SEMINARIO se celebrará en nuestra diócesis el domingo diecisiete de marzo, II Domingo de Cuaresma.
Dado en Jaén, a once de marzo de dos mil diecinueve

+Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Fri, 15 Mar 2019 14:13:17 +0000
En el camino de Cristo: del desierto a un rebrote de vida nueva http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/49125-en-el-camino-de-cristo-del-desierto-a-un-rebrote-de-vida-nueva.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/49125-en-el-camino-de-cristo-del-desierto-a-un-rebrote-de-vida-nueva.html En el camino de Cristo:  del desierto a un rebrote de vida nueva

Carta del obispo de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez con motivo de la Cuaresma Misionera de 2019


Queridos diocesanos:

1. Entramos en la Cuaresma y, como nos sucede cada año, de una vida ordinaria agitada y de tantas cosas preocupantes y alegres a la vez, los cristianos pasamos, de pronto, a un tiempo de profunda reflexión sobre nosotros mismos, pero sin que cambien nuestras circunstancias. El Papa Francisco nos acaba de recordar que la Cuaresma es un itinerario de preparación a la Pascua que hemos de ser conscientes de que nuestra vida tiene que ser conforme a Jesucristo en su misterio de pasión, muerte y resurrección.
2. Esto, que es una bella y certera definición del itinerario cuaresmal, tiene que suceder, sobre todo, con un cambio interior, conscientes de que la Cuaresma es un tiempo de gracia. No es un tiempo de miedo sino de encuentro de cada uno de nosotros con el amor salvador de Dios que, en Jesucristo, a través de la misión de la Iglesia, nos quiere llevar a la plenitud de vida, a vivir como hijo de Dios, como persona redimida, con una vida nueva inscrita en nuestro corazón para provecho también de la creación.
3. Nuestros corazones transfigurados por el amor de Dios desde nuestro Bautismo, fuente de todo lo que somos y vivimos por la fe, han de avanzar en la Cuaresma por el camino de lo bueno, de lo noble, de lo bello, de lo digno; siempre naturalmente guiados por el Espíritu Santo y atraídos por el amor entrañable de nuestro Dios. En el camino de la vida cristiana avanzamos por atracción en el amor. Ese es el impulso que nos mueve a caminar hacia el corazón y la fuente del amor: el de Jesucristo muerto y resucitado. Su camino es nuestro camino, su vida es nuestra vida.
4. La actitud clave de este tiempo es la conversión; lo que significa no sólo llorar nuestro pecado, algo imprescindible. Pero no hay conversión sin construir un futuro nuevo para nuestra vida. Lo nuestro, en estos días cuaresmales es abandonar lo que estorba, lo que interrumpió nuestra comunión con Dios, para poner en su lugar una nueva relación armoniosa con Dios y con nuestros hermanos, y con la creación que hoy tanto necesita en su desarrollo la armonía del ser humano. Es necesario, por tanto, que “los cristianos y todos los hombres emprendamos con decisión el 'trabajo' que supone la conversión, que es salir de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios”.
“La Cuaresma es signo sacramental de esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna”. Por ahí es por donde ha de ir el camino de nuestra conversión, y esto hemos de hacerlo con creatividad espiritual, esa que surgen de la pasión por Cristo y de la entrega generosa a nuestros hermanos. Por eso nosotros hemos de saber hacer una cuaresma misionera.
5. El recorrido cuaresmal lo hacemos siguiendo el camino de Jesús, con Él entraremos en el desierto y con Él volveremos al jardín de la comunión con Dios. Así ha de ser la Cuaresma misionera, la que recorren y viven los discípulos misioneros, que han emergido con tanta fuerza en nuestra Diócesis de Jaén, en un despertar alegre de su Bautismo. Será por eso una Cuaresma que nos reafirme en nuestra identidad, en lo que somos y en lo que estamos llamados a ser y a hacer para llevar a Jesucristo al corazón de nuestro mundo.
6. La Cuaresma es tiempo propicio para hacer pasar la vida por el amor de Dios y al prójimo, cultivando todo lo que le dé a nuestra existencia cristiana color misionero; lo que nos lleve al fervor y a la pasión por Jesús. “Aferrados a él pongamos nuestra vida al servicio de los demás. Ojalá nos sintamos apremiados por su amor" (cf 2 Co 5,14) y podamos decir con San Pablo: “¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!” (1 Co 9,16).
7. Nuestro camino será el de la santidad, pero una santidad muy peculiar, nuestra santidad tendrá una tonalidad apostólica. “Cada santo es una misión”. El Cristo del que participamos en esta Cuaresma es un Cristo en misión. Recordadlo bien, dejad que en esta Cuaresma misionera toda vuestra vida de discípulos produzca 'cristificación' y por eso santificación; ese es el fruto de una Cuaresma bien seguida. Para eso hay que contemplar el rostro de Jesucristo.
8. Nosotros, jienenses, caminamos en la fe contemplando, desde nuestra mas tierna infancia, el Santo Rostro de Jesucristo, que se encuentra como una preciosa reliquia en la Santa Iglesia Catedral de Jaén. A todos los diocesanos os invito a visitar el Santo Rostro, buscando en Él el amor y el fervor que necesitamos para el desarrollo de nuestra vocación de discípulos misioneros. Los diocesanos tenemos una ocasión única para poner nuestro corazón ante el rostro de Jesucristo y abrirnos a él. No la desperdiciemos, contemplemos y veneremos este bendito rostro que Jesús nos regaló por el amor compasivo de la Verónica.
9. Cultivad en estos días todo lo que fortalezca la conversión en Cristo como discípulos que sienten la urgencia del anuncio del Evangelio. Lo haremos desde la sencillez de nuestra vida de laicos, consagrados y sacerdotes. Nos vendrá muy bien para el cultivo de nuestra vida cristiana, la lectura orante de la Palabra de Dios, el cultivo de la oración, la presencia constante de Dios en nosotros y, evidentemente, la oración en soledad, en silencio, “tratando de amor con quien nos ama”.
10. No me olvido, por supuesto, de recomendaros en esta Cuaresma la participación en los actos de piedad popular. Los hay que nos unen especialmente a Cristo en el misterio de su muerte y resurrección (Vía Crucis, Vía Lucis). Todo lo que hagamos lo hemos de enriquecer especialmente con el tono y el sentido de la misión. En todos los actos de piedad y religiosidad popular podremos contemplar a Cristo; pero hay algunos especialmente ricos por su arraigo popular y su antigüedad, así como por la riqueza de sus textos y de sus cantos. Os pido encarecidamente que los valoréis, sobre todo aquellos que mejor recojan y concentren la espiritualidad de los sencillos, de los que saben captar la ternura y cercanía de Dios.
11. De un modo especial recomiendo la adoración eucarística en los días de Cuaresma y en una Cuaresma misionera, sin la Eucaristía no hay misión; recomiendo las 24 Horas con el Señor. Es una iniciativa del Papa, acojámosla con la sencillez, aunque para eso tengamos que prescindir de nuestra iniciativa. Nuestra oración será así más universal. Tampoco me olvido que en tiempo de conversión de los discípulos, reconocer nuestra condición pecadora, es sabernos invitados a poner en valor el Sacramento de la Reconciliación. La conversión misionera que buscamos ha de pasar necesariamente por el Sacramento del Perdón, que nos renueva en la gracia y en la vida nueva en Cristo Jesús.
12. También pertenece a la contemplación de un corazón cristiano el ver a Jesucristo en los pobres. La limosna, además, entendida como vivir en el amor a nuestros hermanos, para encontrar en ese amor la felicidad, es imprescindible. Por la limosna nuestro corazón encuentra a Jesucristo en las necesidades de los más desfavorecidos. Cultivad estos días todo lo que produzca la conversión en Cristo, todo lo que nos ayude a encontrarnos con el que vive en nosotros. Todo esto hemos de buscarlo en la sencillez de nuestra vida, en el bien hacer y oler de nuestras cosas pequeñas, de esas que quizás sin ruido hacemos por el amor de Cristo que llevamos en nosotros. En estos días de Cuaresma hemos de hacer pasar nuestra vida por el amor a Dios y al prójimo, cultivando sobre todo lo que le dé a nuestra vida calor misionero.
13. Todo lo que recibamos de Cristo en estos días de Cuaresma hemos de compartirlo en la misión. Cada sacerdote cada consagrado, cada visitador, anfitrión, misionero, cada grupo que se constituya, los visitadores de enfermos, los catequistas, animadores juveniles, acompañantes, etc. Y para que esto sea así, “pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación.”
14. Haremos mejor la Cuaresma misionera, si la compartimos con María, Madre de la Iglesia, Estrella de la Nueva Evangelización, la que presta atención contemplativa a la misión de su Hijo y nos invita a colaborar con Él en el bien espiritual y material de nuestros hermanos.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Mon, 11 Mar 2019 10:51:54 +0000
Las imágenes son una provocación amorosa de Dios http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/49052-las-imágenes-son-una-provocación-amorosa-de-dios.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/49052-las-imágenes-son-una-provocación-amorosa-de-dios.html Las imágenes son una provocación amorosa de Dios

Carta del obispo de Jaén, Mons. Amadro Rodríguez para reflexionar en una Semana Santa misionera

1. Hace un año escribí una larga carta pastoral, con motivo de las procesiones de Semana Santa, que llevaba por título: Las imágenes que contemplarán vuestros ojos. Con lo que en ella os decía -espero que la hayáis leído- intentaba ayudaros a un encuentro personal con Jesucristo y, por tanto, a fortalecer la fe desde la mirada a las queridas imágenes con las que, de un modo u otro, os encontraréis en los días santos en los que ellas desfilarán por nuestras calles. Como sabéis, muy bien, en nuestra Diócesis de Jaén afortunadamente las imágenes siempre procesionan, como se suele decir, “en olor de multitud”; siempre se encuentran con niños, jóvenes, adultos y ancianos que las miran con ojos de respeto y estoy seguro de que muchos también con ojos de fe. Cada procesión reúne, en torno a sus imágenes, muchos que rezan. En realidad, rezar es nuestra forma de relación con Jesús y, como sabéis muy bien, las imágenes son vehículo para la oración y la imitación.

2. Si hay oración, hay una relación entre quien habla y quien escucha y, sobre todo, hay una provocación de quien tiene mucho que decir y ofrecer a todos los seres humanos. Si no fuera por ese más que posible encuentro entre el misterio y las almas que sienten que Alguien les toca con su gracia, no merecería la pena nada de lo que hacemos, por muy bello y estético que fuera. Si no llevamos en el corazón la profunda convicción de que las procesiones están al servicio de la fe, perdonadme que os diga, pero serían solamente un puro teatro, aunque fuera bello y digno.
3.Toda manifestación pública de lo religioso expone, representa y embellece por la fe la vida del hombre. Las imágenes, como decía Pablo VI recogen lo que los artistas que las concibieron y esculpieron o pintaron “recibieron del cielo como un tesoro y lo revistieron de palabras, de colores, de formas para hacerlo accesibles a todos”. Como escribió el Cardenal Joseph Ratzinger: “Los artistas de cada tiempo han ofrecido a la contemplación y el asombro de los fieles los hechos salientes del misterio de la salvación, presentándoles en el esplendor del color y en la perfección de la belleza”.

4. Por eso, las imágenes salen a evangelizar, salen a acercarnos, a decirnos la buena noticia del cielo, salen a provocar la alegría del encuentro con Jesucristo. Y eso, antes de salir a la calle, tiene que suceder en la vida cotidiana de la Iglesia, en la que celebran y viven las comunidades cristianas, a las que pertenecen aquellos que fomentan en ellas la devoción a esas veneradísimas imágenes.
5. Las imágenes son transparencia del Evangelio y, sobre todo, de un Evangelio vivido. Como yo mismo os decía en la carta pastoral a la que he comenzado aludiendo: “Las imágenes están, por tanto, al servicio de la Palabra revelada de Dios, que siempre es cercana y familiar, como también lo es por las imágenes que la muestran. Palabra de Dios e imagen se iluminan mutuamente”. Por eso, puede decirse que en la piedad popular «el pueblo se evangeliza continuamente a sí mismo». La piedad popular es una verdadera expresión de la acción misionera espontánea del Pueblo de Dios. Por eso, no dudemos nunca de que en esas multitudes que se mueven en torno a nuestras imágenes cuando salen en procesión “aparece el alma de los pueblos”. Ese es su verdadero valor y tesoro. Las imágenes son, por tanto, una forma de predicación evangélica.

6. En este año, hemos de saber situar nuestra Semana Santa en la Misión Diocesana, en la que todos estamos implicados. Nada de lo que hagamos, ni el más mínimo detalle, ha de estar al margen de cuando queremos hacer y decir para anunciar a todos la alegría del encuentro con Jesucristo. Por eso, en cada una de las parroquias, tanto en los ritos celebrativos como en los desfiles procesionales, se ha de saber recoger y manifestar, con algún signo, que estamos en Misión. Yo recomendaría que cada procesión llevara alguna reproducción de la Cruz de la Misión o algún otro detalle que manifieste que Jaén está en Misión. La piedad popular, tal y como se vive en Jaén, representa muy bien, como dice el Papa Francisco, el proyecto de una Iglesia en salida. La piedad popular conlleva “la gracia de ser misioneros, de salir de sí y de peregrinar” (EG 124).

7. Las Hermandades y Cofradías tenéis, por tanto, en este año un precioso reto en la Iglesia Diocesana, en la que nacéis y vivís: el de expresar de corazón que sois discípulos misioneros. De ahí que sea necesario que os recuerde que las imágenes evangelizan, sobre todo por el testimonio explícito de quienes tienen la misión eclesial de cuidarlas y exponerlas. No se evangeliza sólo por cuidar imágenes, hay que evangelizar por “atracción”. Sólo nuestra fe y nuestra vida cristiana le pueden dar fuerza y verdad a las imágenes que acompañamos por nuestras calles y plazas. En este Año Misionero, el Obispo recomienda a todos los cofrades hacer el cumplimiento pascual, ese será nuestro mejor modo de caminar hacia la Pascua. Preparados así, os animo también a todos a que participéis en la bella y rica liturgia de Semana Santa y, en especial, en la Vigilia Pascual. Os invito, por tanto, a participar sacramentalmente en la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Como recuerda el Santo Padre: “cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios «concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que […] por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios» (Prefacio I de Cuaresma).

8. Para hacer explícito en cada cofrade que se siente en misión, recomiendo a las Juntas de Gobierno de nuestras Hermandades, Cofradías y Grupos parroquiales que al comenzar los desfiles procesionales en todas las parroquias de la Diócesis se rece la oración por la misión. Como seguramente no habrá ejemplares para todos, animo a que hagáis una estampa con vuestra imagen más representativa y, por detrás, pongáis la oración por la misión. Me gustaría tenerlas todas, así que os pido el detalle de enviármelas.

9. No quiero dejar de incluir en esta reflexión la conclusión del mensaje que el Santo Padre nos ha dirigido para esta Cuaresma de 2019: “No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así́, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación”.
10. Sería también una grave omisión si no os recordara que la Diócesis del Santo Reino, en su Catedral de Jaén, que fue diseñada y construida como su bello relicario, guarda un precioso tesoro de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, el Santo Rostro, que se plasmó en el gesto de amor y misericordia que la Verónica hizo en nombre de todos cuantos le amamos y le damos gracias por su Redención, para aliviarle, con una paño suave y solidario, el sudor del sufrimiento. Por eso, como un gesto misionero también os animo a acercaros al Santo Rostro de Cristo para hacer una oración de conversión, fe y compromiso misionero. Cuando miramos el Santo Rostro de Cristo reconocemos que Dios tiene rostro, que se vuelve hacia nosotros como persona. Por eso, desde lo más hondo de nuestro corazón, digámosle a Jesús, ante su Bendito Rostro, precioso legado para nuestra fe, con el Salmo 26: “Déjame ver tu rostro”.
Queridos todos: “Que el Señor os bendiga y os guarde. El Señor haga brillar su rostro sobre vosotros y os conceda su favor. El Señor os muestre su rostro y os dé la paz” (Nm 6, 23-26).

Con mi afecto y bendición.
Jaén, Año de la Misión, 2019

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Wed, 06 Mar 2019 14:14:19 +0000
Para una igualdad real de oportunidades entre hombres y mujeres http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/48456-para-una-igualdad-real-de-oportunidades-entre-hombres-y-mujeres.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/48456-para-una-igualdad-real-de-oportunidades-entre-hombres-y-mujeres.html Para una igualdad real de oportunidades entre hombres y mujeres

Carta pastoral del obispo de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez con motivo de la campaña de Manos Unidas 2019.

Leo con enorme satisfacción una declaración de principios de MANOS UNIDAS. La reproduzco porque considero que refleja patentemente lo que hace 60 años movió a las pioneras a comenzar esta aventura. Lo que aquellas mujeres de Acción Católica se propusieron hacer, es la verdadera razón por la que han sido capaces de vincular a tantos en esa labor encomiable que hace esta organización. Lo que más convence siempre es la identidad y la coherencia. MANOS UNIDAS dice de sí misma: Es la asociación de la Iglesia Católica en España para la ayuda, promoción y desarrollo en los países en vías de desarrollo. Es a su vez una Organización No Gubernamental para el desarrollo (ONG), de voluntarios, católica y seglar.
Considero que esto es suficiente para que creamos en lo que son y en cuanto hacen y, sobre todo para que nos fiemos de la gestión de esa asociación siempre fiel a los fines para los que fue creada. En primer lugar, declaran sin complejos que son una Asociación de la Iglesia Católica. No siempre le es fácil a algunos hoy decir con naturalidad, convicción y sin rubor que su vida está claramente enmarcada en la Iglesia Católica. Pero, Manos Unidas lo hace cada año y cada año adquiere mayor credibilidad, como se desprende de la ayuda que recibe y, por tanto, de la aceptación que tienen sus mensajes. Nos muestran, además, que trabajar por la promoción y el desarrollo pertenece a la misma identidad católica. De un modo especial, nos invitan a mirar al mundo en los países en vías de desarrollo, lo que significa que desde un marco de bienestar y de riqueza relativa, como es la nuestra, miramos a los que aún están sólo empezando a caminar.
Como Asociación de la Iglesia se mueven en medio de la sociedad civil con sus preocupaciones solidarias a favor de los más pobres, compartida con otros muchos; por eso declaran su condición de No Gubernamental. Son una muestra de cómo la Iglesia se mueve en medio del mundo con sensibilidad y valores específicos para buscar el desarrollo de la persona y de los pueblos. Y termina afirmando algo también esencial e importante en una Iglesia sinodal y corresponsable: es seglar. Esta labor la hace la inmensa mayoría del pueblo de Dios, con su propia estructura laical. En definitiva, es una opción de fe, una opción que nace de un encuentro con Jesucristo al que no pueden dejar de ver en los más pobres y débiles del mundo.
Todo lo dicho hasta aquí se puede comprobar en la Delegación de Jaén de Manos Unidas. Un grupo, sobre todo de señoras, perfectamente organizadas, que durante todo el año mueven nuestras conciencias y nos ponen de relieve hacia donde tienen que girar nuestras preocupaciones sociales. De un modo especial, cada año promueven esta campaña en todos los espacios que se abren a colaborar: nuestras parroquias, comunidades, centros educativos, católicos o no, asociaciones y particulares que les ayudan con sus donativos.
En esta ocasión, justamente en el 60 aniversario de su misión, hacen una profunda confesión y nos piden a todos que nos adhiramos: CREEMOS EN LA IGUALDAD Y DIGNIDAD DE LAS PERSONAS. Lo hacen con un tono femenino, como corresponde a la necesidad y a la novedad del momento. En su cartel, aparece una mujer india, por algo será, pero que muy bien podría representar a la mujer en cualquier lugar del mundo, que ilustra un gran lema: LA MUJER DEL SIGLO XXI ni independiente, ni segura ni con voz. Son tres negaciones que provocan. Las cosas van cambiando, pero este siglo que pretende ser el definitivo para tantas lacras sociales, también las está poniendo de relieve con más claridad que nunca. Es un lema para pensar, es un lema para cambiar, es un lema para respetar el plan de Dios sobre los humanos, a los que creó hombre y mujer, iguales en derecho y dignidad. La Biblia presenta al hombre y a la mujer como compañeros iguales ante Dios (cf. Gn 5,2).
Para que estos objetivos que se nos proponen sean posibles y, sobre todo para que los proyectos con los que se pretende cambiar el mundo con un desarrollo integral, tengan eficacia, os animo a todos a ser muy generosos en esta Campaña de MANOS UNIDAS DEL 2019. Esperamos mucho de todos en este Año de la Misión Diocesana, en el que para ser creíbles hemos de mostrar el respeto por la dignidad de todos los seres humanos, y especialmente por los más frágiles y maltratados; en esta ocasión por la mujer. QUE ESTA CAMPAÑA DE MANOS UNIDAS SEA UNA APORTACIÓN AL SUEÑO MISIONERO DE LLEGAR A TODOS.

Con mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Tue, 05 Feb 2019 12:45:33 +0000
Carta Pastoral en la Jornada Mundial del Enfermo 2019 http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/48358-carta-pastoral-en-la-jornada-mundial-del-enfermo-2019.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/48358-carta-pastoral-en-la-jornada-mundial-del-enfermo-2019.html Carta Pastoral en la Jornada Mundial del Enfermo 2019

Carta del obispo de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez

Queridos amigos:

1. Soy consciente de que me dirijo a un colectivo muy querido. Lo hago con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra el día 11 de febrero, memoria litúrgica de la Santísima Virgen de Lourdes. Con esta carta quiero llevar mi afecto a todos los sanitarios, en todas sus especialidades de servicio al enfermo; también, a todos los voluntarios que siempre representan la mejor sensibilidad de la sociedad y de la Iglesia en favor de los enfermos. Y naturalmente, mis palabras van dirigidas con un especial afecto a todos los enfermos, niños, adultos y mayores, que son el centro de esta celebración de la Iglesia católica, que este año tiene su punto de referencia en Calcuta (India), por ser la ciudad de servicio de Santa Teresa de Calcuta, modelo de la caridad, que hace visible el amor de Dios a los pobres y enfermos.
2. Todos los que os movéis en los ambientes sanitarios no tenéis otro interés que no sea sanar y acompañar a los que cada día atendéis, uno a uno, en su concreta situación de enfermedad y dolor. Cuando nos acercamos a vosotros, enseguida descubrimos que os veis como alguien que sirve a sus pacientes. Siempre es muy explícito en la vida de una persona, que tiene la vocación de sanar y acompañar al enfermo, que lo fundamental para vosotros es servirle; incluso cuando reivindicáis mejoras para vuestra profesión. Todos los sanitarios sabéis mejor que nadie que la vida es un don, y al servicio de este don os veis y os situáis en todo cuanto hacéis. Servís a lo que cada ser humano recibe al ser concebido.
3. Esta convicción de que la vida es un don la recoge de un modo precioso el Papa Francisco en el mensaje que ha dirigido para esta Jornada Mundial del Enfermo: “La vida es un don de Dios”. Pues bien, teniendo en cuenta esa óptica, la mirada al enfermo en su fragilidad y sufrimiento ha de ser siempre para dignificar el don de la vida; por eso, practicar el descarte o incluso la muerte es no entender nada del valor de la vida humana. Suele suceder, sin embargo, que en este mundo moderno, individualista y fragmentado hay personas que al margen de Dios, pretenden ser ellos los que han de decidir a quién aún merece la pena cuidar y quién ya no sirve para vivir.
4. Si los seres humanos fuésemos capaces de aceptar con naturalidad y sencillez que somos criaturas, es decir, que somos lo que hemos recibido, esto necesariamente nos haría generosos y solidarios. Por eso, me dirijo ahora a cuantos voluntarios os movéis en torno al enfermo, ya seáis familiares o lo hagáis en virtud de vuestra fe y pertenencia a la Iglesia, o también por una especial sensibilidad humanizadora en favor de los más débiles; a todos animo a desplegar vuestra vida con el testimonio del amor gratuito. ¡Cuántas acciones heroicas hay en este campo pastoral y de servicio social!
Como dice el Papa Francisco: “El voluntario comunica valores, comportamientos y estilos de vida que tienen en su centro el fermento de la donación. Daos con ilusión y alegría”. Dad por seguro que lo que recibiréis siempre será mucha gratitud, especialmente de los más solos, de los descartados de la sociedad y a veces, incluso, de sus familias. Por eso deseo, en nuestra Diócesis de Jaén, el fomento de instituciones que tengan como fin cuidar la fragilidad de las personas enfermas. No olvidéis nunca, y en especial en este año de la Misión Diocesana, que los gestos gratuitos de donación, como el del Buen Samaritano, son la vía más creíble para la evangelización. Tanto a profesionales como a voluntarios, habría que recordarles que el cuidado del enfermo requiere mucha profesionalidad, pero también ternura y acciones sencillas y, sobre todo, siempre una actitud en gestos y palabras que hagan posible que el enfermo se sienta querido. Por eso, una política sanitaria no puede olvidarse de esas necesidades tan humanas de un enfermo; por el contrario, debe facilitar a los profesionales de la medicina tiempo y recursos que incluyan la humanización de la sanidad y no exigirles medidas y condicionamientos que con tanta frecuencia desconciertan a los enfermos, en especial a los mayores.
5. Por último, quiero dirigirme a vosotros los enfermos, los destinatarios de este servicio al don de vuestra vida, a los que ahora la tenéis débil y necesitada de cuidados. También de vosotros espera mucho la sociedad y la Iglesia. Se suele decir que no hay enfermedades sino enfermos, aunque no siempre los refranes tengan razón. Por eso, los valores que podemos encontrar en vuestras actitudes ante la enfermedad siempre serán de una gran ayuda, incluso para los profesionales de la medicina, que en vosotros suelen encontrar el estímulo que necesitan en su trabajo. Además, quiero deciros que sois muy importantes para la Iglesia, por lo mucho que aportáis, precisamente, como enfermos cristianos. En este año de la Misión Diocesana quiero deciros que vosotros sois discípulos misioneros. Vosotros sois lo que el Papa Francisco dice de cada cristiano: “Yo soy una misión en el mundo”. Los enfermos sois la viva imagen de unos valores muy especiales, que nadie como vosotros podrá nunca encarnar. Sois testigos de que la vida es un don cuando vivís con gratitud a Dios y a cuantos os cuidan y sanan. Los enfermos ponéis de relieve ante los demás que sois la viva imagen de Jesucristo; sobre todo cuando vuestra actitud es un reflejo claro de que Jesús está en vosotros. Eso os hace dignos de un profundo respeto y de una gran veneración. No hay mejor identificación con Cristo que la de poner al servicio de los demás el dolor y la enfermedad. Quizás, si lo hacéis así, podréis llegar a decir como San Pablo: “Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros” (Col 1,24).
6. En fin, queridos diocesanos, cada enfermo es nuestro enfermo, por la pertenencia mutua que hay entre nosotros, los que compartimos la misma fe y vida. En el Cuerpo de la Iglesia “si un miembro sufre en algo, con él sufren todos los demás“. Como nos recordaba San Pablo: “alegraos con los que están alegres, llorad con los que lloran” (Rm 12,15).


Con mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Thu, 31 Jan 2019 13:00:36 +0000
Padre nuestro. La vida consagrada, presencia del amor de Dios http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/48255-padre-nuestro-la-vida-consagrada-presencia-del-amor-de-dios.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/48255-padre-nuestro-la-vida-consagrada-presencia-del-amor-de-dios.html Padre nuestro. La vida consagrada, presencia del amor de Dios

Carta pastoral de Mons. Amadeo Rodríguez, obispo de Jaén, en la Jornada Mundial de la Vida Consagrada

A todos los consagrados y consagradas, miembros de CONFER diocesana

Queridos hermanos y hermanas:

Estoy seguro que todos los consagrados de la Diócesis de Jaén sois conscientes de que estamos en Misión; no me cabe ninguna duda de que cada uno de vosotros os estáis preguntando cómo vais a participar activamente en esta iniciativa diocesana con la que queremos hacer una experiencia concreta de Iglesia en salida. Soy consciente de que algunas comunidades lo tienen más fácil, porque vuestra labor está muy relacionada con la vida de las parroquias, en las que colaboráis asidua y activamente. Para otras, sin embargo, la relación con la parroquia no es tan directa, porque quizás vosotros estáis dedicados a sectores pastorales como la educación, la sanidad, la acción social, etc, que os exige una dedicación más exclusiva.
Me dirijo a todos y a todas para invitaros a participar en la Misión, cada uno según vuestras posibilidades. Entiendo que, por mi parte, sería una falta no solo de delicadeza sino también de coherencia eclesial no contar con quienes son una parte tan importante de la Iglesia Diocesana. Entiendo también que, para vosotros, pertenecer a la Diócesis no es sólo un asunto de buenas formas, sino de convicción eclesial, ya que es en esta Iglesia del Santo Reino donde está inserta vuestra misión y donde cada uno de vosotros vivís vuestra fe en plena comunión con el Obispo y con la comunidad diocesana.
Todo esto me da pie a pediros que acojáis de corazón la llamada a la misión que hago a todos los diocesanos y también que motivéis la Misión Diocesana en vuestros ámbitos de servicio con una invitación explícita a cuantos, de un modo u otro, se relacionan con vosotros. Espero que en vuestras comunidades, en vuestras instituciones y obras la participación en la misión se haga realidad.
Con sencillez, os invito a leer la Carta Pastoral que os he dirigido a todos con el título “ANUNCIAR LA ALEGRÍA DEL ENCUENTRO CON JESUCRISTO”. También podréis encontrar todos los materiales para la misión en la pagina web de nuestra Diócesis. De cualquier modo, os pido que recéis por la Misión Diocesana.
Por otra parte, sabéis que valoro especialmente a la CONFER diocesana; pues es la institución que le da unidad y visibilidad a la vida religiosa en la Diócesis de Jaén. Por eso, invito de un modo especial a todos los religiosos y religiosas, y a los consagrados en general, a participar en la JORNADA MUNDIAL DE LA VIDA CONSAGRADA, que tendrá lugar en la fiesta de La Presentación del Señor, el día 2 de febrero a las 12 de la mañana en la Capilla del Sagrario. Cumplo así lo que prometí el año pasado ante una presencia bastante escasa en la Capilla del Sagrario de la Catedral. Lo hago con gusto y os invito especialmente porque haremos un gesto de envío a la Misión Diocesana a toda la Vida Consagrada.
Puesto al habla con la nueva presidenta, me sumo a su invitación y os animo a todos y todas a que os hagáis presentes en este acto tan eclesial y tan específico de quienes sois presencia del amor de Dios, a lo largo y a lo ancho de la Diócesis de Jaén, como dice el lema de este año.
Con especial afecto en el Señor.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Mon, 28 Jan 2019 12:15:09 +0000
Carta Pastoral en el Año Jubilar Tuccitano http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/48044-carta-pastoral-en-el-año-jubilar-tuccitano.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/48044-carta-pastoral-en-el-año-jubilar-tuccitano.html Carta Pastoral en el Año Jubilar Tuccitano

Carta pastoral del obispo de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez


Queridos diocesanos, queridos marteños:

En esta carta dirigida a todos los cristianos de la Diócesis de Jaén, de un modo muy especial a los de la ciudad de Martos, os anuncio que la Santa Sede ha concedido la celebración de un Año Jubilar al templo parroquial de Santa Marta, con motivo de la celebración del VIII Centenario del patronazgo de esta entrañable amiga del Señor.
Cuando el Santo Rey, Fernando III de Castilla, conquistó la ciudad de Martos, que tuvo lugar el día 29 de Julio de 1219, convirtió la mezquita mayor en un lugar de culto cristiano, que dedicó a la Santa de Betania, hermana de Lázaro y María, amigos entrañables de Jesús, al que acogían en su hogar familiar. Desde entonces, los marteños reconocen con especial devoción a Santa Marta como abogada e intercesora.
Al cumplirse 800 años de aquel acontecimiento, la sociedad de la industriosa y trabajadora ciudad de Martos, no ha querido dejar pasar tal ocasión para recordar esa parte importante de su historia y ha preparado con un especial esmero múltiples actividades, con las que recordar y celebrar esta fecha tan singular. Naturalmente, la parroquia, con sus instituciones, desde hace tiempo tomó la iniciativa de aunar a todos y de preparar un extenso y rico programa.
Habiendo llegado a mis oídos, por parte de los sacerdotes, la celebración de tan significativa fecha, y dado el interés pastoral que desde mi llegada a la Diócesis de Jaén siento por Martos, pensé que sería una gran ocasión solicitar a la Santa Sede la concesión de un Año Jubilar con tal motivo. Tras consultar con el párroco, acompañado por la Comisión Organizadora, así como con todos los párrocos de la ciudad, hice la gestión necesaria y, puedo decir con gratitud que, de inmediato nos fue concedida y se nos autorizó para que pudiéramos comunicarlo a los fieles
Un Año Jubilar es, sobre todo, una gracia extraordinaria del Señor, que hay que vivirla con profunda fe y con deseo de vivir en santidad. Un Jubileo se vive con alegría en el corazón en torno al mensaje y al testimonio que nos transmite el hecho celebrado. Pero, sobre todo, un Jubileo se celebra de un modo especial con la PEREGRINACIÓN al lugar santo que tiene el privilegio concedido, el templo parroquial de Santa Marta. Ese será el lugar al que hemos de ir como peregrinos de la fe para encontrar en él las gracias que el Señor nos concede, con las condiciones que la Iglesia nos propone para ganar el Jubileo.
El templo parroquial de Santa Marta, en Martos, será una cita espiritual y eclesial para marteños, para todos los cristianos de la Diócesis de Jaén, para los emigrantes marteños repartidos por la geografía española y por el mundo, y para cuantos de cualquier lugar quieran encontrar gracia y paz de Dios en esta buena tierra del Santo Reino, que está en el mar de olivos. De un modo especial es una invitación amiga para todos los andaluces y, entre ellos, para los granadinos, malagueños y cordobeses.
Es evidente que el objetivo de todos, al peregrinar a Martos, no será otro que el encuentro con Nuestro Señor Jesucristo de la mano atenta y servidora de Marta, de la amistad entrañable con el Maestro de Lázaro y con la actitud de escucha contemplativa de María. ¡No podemos estar mejor acompañados que por estos tres amigos, tan especialmente cercanos en la amistad a Jesús! Con los tres, y especialmente con Marta, confesaremos en cada paso jubilar lo que ella le confesó a Jesús: “Tú eres el Cristo, el que tenía que venir al mundo” (Jn 11,27). Esta confesión nos fortalecerá en el encuentro con Cristo cada vez que individualmente o en grupo vivamos la experiencia jubilar como peregrinos; nos sentiremos más discípulos del Señor. Pero también saldremos, de lo que será el corazón espiritual de Martos, más misioneros. Considero, en efecto, una gracia del Señor que este acontecimiento coincida con la Misión Diocesana. Estoy convencido de que este Año Jubilar tuccitano será una oportunidad de volver a descubrir a la Iglesia, de la mano de Santa Marta, como un hogar en el que su mayor gracia y tesoro es sentir la amistad con el Señor.
Peregrinar supone, además, un gran favor, que agradeceremos especialmente al recordar nuestra condición de pecadores. Al peregrinar hay que llevar en el corazón un fuerte sentido de que no hay nada mejor para nosotros que la amistad con el Señor, esa de la que el pecado nos priva. Por eso, un Jubileo concede a cuantos peregrinan la indulgencia del Señor, que afecta muy directamente al perdón de nuestros pecados y a la liberación de las penas que nos acarrea el cometerlos. A través del sacrificio salvador de Jesucristo, al pedir la intercesión de Santa Marta, la Santa Madre Iglesia nos ofrece las indulgencias jubilares. Esto supone para nosotros varias cosas fundamentales: que aspiramos a la salvación, que nos arrepentimos de nuestros pecados por el Sacramento de la Reconciliación y que buscamos la indulgencia divina para la pena temporal que merecen nuestros pecados. A quienes peregrinan a un santuario jubilar se les concede la gracia de borrar las consecuencias del mal, en su vida o en la de otros; es decir, las penas que merecen los pecados.
Y algo muy especial en un Año de Gracia será nuestra mirada con especial predilección a los pobres. Con Santa Marta todos diremos lo que ella aprendió de Jesús: “Los pobres son evangelizados”. Por eso no va a faltar en el Año Jubilar Tuccitano un proyecto social que sintonice con la casa de Betania, en la que Cristo, en los pobres se sienta acogido siempre.
Os invito a todos a peregrinar al templo parroquial de Santa Marta en Martos, que siempre estará abierto espiritual y materialmente como lugar de encuentro con la gracia del Señor. Santa Marta nos acogerá y le dará a nuestra fe un estilo confesante que nos animará a participar activamente en la Misión Diocesana. Os invito a todos cuantos podáis a participar en el acto de apertura del Año Jubilar Tuccitano y de la Puerta Santa, que tendrá lugar el día 20 de enero, a las siete de la tarde (19,00 horas). Será una oportunidad preciosa para encontrarnos con Jesús y decirle: “Tú eres el Cristo, el que tenía que venir al mundo” (Jn 11,27).
Por cierto, cuando estéis en Martos, además de otros muchos atractivos, no os olvidéis de San Amador y, sobre todo, no dejéis de visitar el precioso Santuario de la Virgen de la Villa, Madre de todos los marteños. Con Ella conoceremos mejor a Marta y a sus hermanos.

Con mi afecto y bendición.

Jaén, 10 de enero de 2019
+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Mon, 14 Jan 2019 13:59:13 +0000
“Tres respuestas ante la aventura misionera” http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/48042-“tres-respuestas-ante-la-aventura-misionera”.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/48042-“tres-respuestas-ante-la-aventura-misionera”.html “Tres respuestas ante la aventura misionera”

Homilía del obispo de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez, en la Eucaristía del inicio de Misión

Queridos misioneros y misioneras:

1. Para comenzar esta homilía, que necesariamente tiene carácter de programa y de envío, quiero recordar, con la Palabra proclamada y escuchada en esta fiesta del Bautismo del Señor, de dónde viene “la fuente que mana y corre” en nuestro corazón misionero y, sobre todo, cómo es el fluir del anuncio del Evangelio. “Mientras Jesús oraba, se abrió el cielo y bajo el Espíritu Santo sobre él, y desde el cielo, su Padre le dijo: “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”. La fuente de la misión es la voz de Dios Padre que a todos nos dice: “tú eres mi hijo amado”. Dios nos ama como ha amado a Jesús, con la misma intensidad y totalidad. Es ese amor el que siente y manifiesta el discípulo misionero.
2. Por eso, si os fijáis en la lectura del Profeta Isaías, hemos escuchado cómo ha de ser el tono del anuncio del Evangelio. ¡Qué maravillosa descripción de cómo evangelizará Jesús; y que estímulo hoy para nosotros!
“No gritará, no clamará, no voceará por las calles”. Habla de un Dios que no hace huir de él, que no aleja a quien le escuche, que, al contrario, merece ser escuchado. Es un Dios servidor de toda vida frágil, pobre y necesitada. Si la voz de Dios sonara áspera y dura nos daría miedo. La verdad de Dios sólo necesita un susurro, Dios habla y sugiere al corazón. “La caña cascada no la quebrará”. La dulce locura de Dios está en esperar en el hombre; su pasión es curar. Para Dios el hombre no está jamás perdido, siempre hay esperanza para él. Ningún ser humano se identifica con su pecado… somos más que nuestro pecado. Dios nos ama como somos, pero nos sueña mejores. “El pábilo vacilante no lo apagará”. En toda persona hay siempre un fuego posible, y a Dios le basta para encenderlo ese poco de humo que queda en el pabilo. Él lo trabaja hasta que vuelva a ser llama. Dios no condena y, si le dejamos, enciende nuestro fuego y nos hace de nuevo luminosos.
3. Este sencillo y breve comentario de la Palabra de Dios me ha servido de inspiración para preparar las palabras que en este día tan especial y programático os dirijo desde esta Santa Iglesia Catedral de Baeza, símbolo de nuestras raíces cristianas y de los primeros pasos misioneros y martiriales en estas tierras de Jaén. Con ellas quiero haceros una invitación a que os sintáis enviados a una nueva evangelización entre nosotros, la que hoy estamos necesitando en el Santo Reino. Lo haré con tres citas que inspirarán las respuestas a las peguntas que quizás os estéis haciendo ente la aventura misionera.
4. La primera cita la recojo de San Pablo, testigo fiel de cómo encaraba la evangelización la Iglesia de los orígenes. Nos marca claramente el tono que ha de tener nuestra fe para dar los pasos misioneros. “El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio” (1 Cor 9, 16). Esta convicción de Pablo responde a una pregunta que es posible que ende rondando entre nosotros: “Esta movida apostólica a la que se nos invita, ¿qué tiene que ver conmigo? ¿es que yo no hago ya lo básico que tiene que hacer un cristiano? Esta es, permitidme que os lo diga, una pregunta que, por desgracia, se considera lógica y habitual entre nosotros. Responde a un modelo de vida cristiana en el que muchos están instalados, y piensan que para ser un buen cristiano basta con cumplir algunas normas y deberes recomendados. Pero ya veis que no; Pablo considera un deber ineludible anunciar el Evangelio: “no tengo más remedio” dice él. Pues bien, tampoco nosotros tenemos más remedio, y justamente por eso la Iglesia es evangelizadora y en salida y no una Iglesia tranquila y a veces casi ociosa, a la que le sobra tiempo y no sabe o no quiere saber qué más podría hacer.
5. La fe es un vínculo con Jesús que involucra a toda la persona; y sobre todo la fe abre a la misión que Cristo confía. Decía San Juan Pablo II: “La misión refuerza la fe” (RM 2). Ser atraídos por Jesús, encontrarse con él, vivir en él con alegría, necesariamente nos convierte en misioneros. Como dice el Papa Francisco: “ser atraídos y ser enviado” son los dos movimientos de nuestro corazón. De ahí que cada cristiano puede decir: “soy una misión en el mundo”, soy una misión en esta tierra del mar de olivos. Ser misionero no es un adorno ni una condecoración; ser misionero está en el corazón mismo de la fe de cada bautizado. Pero, para sentirnos así, cada uno de nosotros tenemos que entrar en el camino del Evangelio que lo renueva todo, lo recalifica todo, lo reestructura todo.
Los discípulos misioneros somos aquellos a quienes se les nota en su modo de ser y de vivir, que no es lo mismo haber conocido a Jesús que no haberlo conocido (EG 266). Es siempre un conocimiento que pone asombro en la vida y la saca de su tristeza, de su rutina y de su color gris y sin brillo. Porque el conocimiento de Jesús, el encuentro con él, como acontecimiento que nos cambia, es lo que contagia; por eso la evangelización sólo se realiza por contagio. Nuestras comunidades cristianas han de cultivar el encuentro con Cristo vivo; sólo así la evangelización encontrará la verdad, la fuerza y la convicción que necesita. Invito encarecidamente a todas las parroquias a que se conviertan cuanto antes en lugares privilegiados en los que la llamada de Dios pueda moverse a sus anchas en el corazón de cuantos en ellas comparten fe y vida. Que todas las parroquias pasen a ser espacios de santificación y no sólo de actividades religiosas.
6. La segunda cita que os propongo es la parábola del sembrador, con la que Jesús preparó a sus apóstoles para que fueran realistas en la siembra del Evangelio: “Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero, e cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. El que tenga oídos que oiga” (Mt 13, 3-8).
Estoy convencido de que enseguida deducís a que pregunta se refiere esta siembra de resultados tan desiguales, e incluso poco garantizados. Algunos dicen: ¿Pero sabe la Iglesia a dónde y a quién nos envía? ¿Ha sido buena la decisión de salir, de ser “Iglesia en salida”? ¿Es razonable el sueño misionero de llegar a todos? Y, naturalmente, os preguntaréis: ¿Podré yo soportar las dificultades que me voy a encontrar en la Misión, sobre todo cuando tenga que ir de puerta en puerta de persona a persona?
Con palabras claras os respondo: “no hay vuelta de hoja en esto de salir a evangelizar”. Todo discípulo misionero siente en su corazón una voz divina que le motiva y le invita a estar entre la gente como Jesús, “curando y haciendo el bien a todos (cf. Hch 10,38). Como ha dicho bellamente el Papa Francisco: “El cristiano en virtud del Bautismo es un “cristóforo”, es decir, un portador de Cristo para sus hermanos (cf. Catequesis, 3 de enero de 20187). Si aún te queda algún argumento para intentar no comprometerte, te digo: nunca pienses que no tenemos nada que aportar y que no le hacemos falta a nadie; cada uno ha de pensar en su corazón: yo le hago falta a mucha gente. Nadie es tan pobre que no pueda dar lo que tiene.
7. Tenemos derecho a dudar de si podremos hacer lo que se nos confía, de si seremos dignos, de si tenemos las capacidades suficientes, de si nuestra ilusión es la que se necesita para contagiar; pero nunca esas dudas y dificultades son lo suficientemente fuertes como para que os dejéis llevar por la impresión de incapacidad o para echarnos atrás. Ninguno se puede convertir en un espectador pasivo o a distancia de este lío evangelizador en el que nos vamos a meter.
8. Si alguien tiene temor, y me han dicho que hay bastantes entre nosotros, no olvidéis de que es el Señor quien nos hace idóneos para la misión: “Ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado. Entonces escuché la voz del Señor que decía: “¿A quien enviaré? ¿Quién irá de parte mía? (Is 6,7-8). Así se siente Isaías y así acepta la misión que se le confía. Es el envío del Señor lo que nos da arrojo y coraje evangélico para salir sin miedo; por eso, siempre hemos de preguntarnos: ¿Qué haría Jesús en mi lugar? Y sabed, esto es muy importante, que la fecundidad del anuncio del Evangelio no procede ni del éxito ni del fracaso, sino de conformarnos con la lógica del corazón de Cristo. Aunque encontraremos dificultades en forma de rechazo, desprecio, indiferencia o quizás incluso insulto, hay algo que no nos permite echarnos atrás: “son muchos los que tienen hambre de Dios”. Nuestro miedo no puede impedirles un encuentro con Él.
Por eso, a los que no os acepten no los consideréis enemigos ni les descartéis nunca para la misión; el mal es siempre un estímulo para amar cada vez más. De cualquier modo, si tenemos dificultades, que no faltarán, ya sabéis lo que nos dice Francisco: “Prefiero una Iglesia accidentada por salir, que enferma por encerarse” (Francisco, Vigilia de Pentecostés, 2013). Por eso, no descartéis nunca a nadie, ni siquiera a aquellos de los que estemos convencidos de que nunca volverán a la Iglesia; pero, ¿y si vuelven en su corazón a Cristo? Eso es lo que importa, para eso evangelizamos, para llevar a Cristo al corazón del hombre. Y, sobre todo, nunca descartéis a los pobres, ellos son los preferidos de la evangelización: “Los pobres son evangelizados”.
9. La tercera cita es esencial para la evangelización: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos” (Mt 28,19-20). La pregunta que aquí os propongo y, por favor, no dejéis de hacérosla es esta: ¿Quién estará a nuestro lado en esta ruta misionera a la que se nos envía? Ya de entrada os respondo que yo mismo estaré muy atento a todo y a todos; también que hay personas y equipos que han preparado la Misión con sumo esmero y que estarán a vuestra disposición para ayudaros y acompañaros. Os aseguro también que vuestros pastores no os dejarán nunca solos, al contrario, siempre estarán a vuestro lado y caminando con vosotros.
Sin embargo, no es esta la respuesta más adecuada, aunque sea válida. La verdadera respuesta es la que habéis escuchado a Jesús: “Yo estoy con vosotros todos los días”. Recordad que ya, recién resucitado, acompañó a dos discípulos llenos de miedo y de dudas que iban a Emaús. Él está con nosotros porque en todo momento nuestra misión es su misión.
10. Por eso, al iniciar cualquier tarea de la misión, habréis de saber que Jesús Resucitado, con su Espíritu, camina con nosotros, enciende nuestra ilusión, fortalece nuestra valentía, y nos da esperanza. Siempre estará a nuestro lado para levantarnos de nuestro desánimo, y para que arda nuestro corazón. Lo hará con la Palabra que nos alimenta y con el Pan que a mitad de camino parte para nosotros. El misionero siempre experimenta que “Jesús camina con él, habla con él, respira con el, trabaja con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera” (EG 266). Él es en verdad el protagonista de la misión. Nosotros sembramos, pero será el Señor quien haga germinar en los corazones nuestras semillas misioneras. “Ni el que planta es nada, ni tampoco el que riega; sino Dios que hace crecer” (1 Cor 3,7-8). Mientras tanto, a nosotros nos toca esperar con oración asidua y con actitud contemplativa. La evangelización se hace de rodillas, suele decir el Papa Francisco.
11. Termino evocando a María, Virgen de la Cabeza, para que ella nos lleve al sueño misionero de llegar a todos. La Virgen pone en la Iglesia la atmósfera de una casa habitada por el Dios de la Novedad, dice el Papa Francisco. El presente de nuestra Iglesia va por la búsqueda de esa atmósfera de novedad misionera que necesitamos y por ahí ha de ir también su futuro. Pero, como también ha recordado el Papa recientemente, “sin la mirada materna nuestra mirada al presente y al futuro será muy miope. Si miramos la Misión Diocesana con María, se aclararán nuestros ojos y también nuestros corazones, y soñaremos que podemos ser una Iglesia en estado permanente de misión que llegue a todos. Que así sea.
+ Amadeo Rodríguez Magro,
Obispo de Jaén
Catedral de Baeza, 13 de enero de 2019
Fiesta del Bautismo del Señor

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Mon, 14 Jan 2019 13:56:10 +0000
En el funeral de Mons. Santiago García Aracil http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/47972-en-el-funeral-de-mons-santiago-garcía-aracil.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/47972-en-el-funeral-de-mons-santiago-garcía-aracil.html En el funeral de Mons. Santiago García Aracil

Homilía de Mons. Amadeo Rodríguez en el funeral de Mons. Santiago García Aracil

Homilía en el funeral de Mons. Santiago García Aracil,
Obispo que fue durante 16 años de Jaén (1988-2004)

San Juan Pablo II en NOVO MILLENNIO INEUNTE acuño una preciosa y justa manera de mirar en la Iglesia.
Llamó a mirar siempre con MEMORIA AGRADECIDA.
Justamente lo que hoy evocamos, el ministerio de Don Santiago, sólo lo podemos evocar como miran la historia de cualquier vida los hombres y mujeres de fe, con gratitud al Señor y a lo que el Señor hizo por el ministerio de este obispo entre nosotros.
Don Santiago, con independencia de sus capacidades, de sus cualidades, incluso de sus aciertos, fue un don de Dios a esta Iglesia: fue aquí enviado por El que llama, elige y consagra para una misión como la que el vivió entre nosotros. Eso nunca es iniciativa nuestra, siempre viene de lo Alto, por envío del Santo Padre el Papa.
Don Santiago es una parte importante y significativa de nuestra historia: 16 años de ministerio, en los que la misión de Jesucristo, la encomendada a sus apóstoles se hizo presente entre nosotros. Él fue uno de sus sucesores.
Nos dice San Juan Pablo II que el quehacer de Dios, en Cristo y en su Iglesia hay que mirarlo con:
GRATITUD AL PASADO,
PASIÓN EN EL PRESENTE
Y CONFIANZA EN EL FUTURO.
Así hemos de hacer nuestra mirada al ministerio de Don Santiago, pero advierto de que esté bien inserta en este recorrido hemos de recordar su ministerio CON UNA MIRADA COMUNITARIA.
NUESTRA MIRADA al MINISTERIO EPISCOPAL ES EN COMUNIÓN, EN UNIDAD; la misión del obispo o es comunitaria o no está bien inserta en la vida de la Iglesia. Nosotros le recordamos desde lo que compartisteis con él los sacerdotes, los consagrados y los laicos, en un servicio pastoral común, el del caminar sinodalmente, es decir unidos. Hemos de recordar este largo ministerio desde una memoria sincrónica. Pero también hemos de mirarlo desde lo que vamos construyendo juntos, y luego lo dejamos como huella y tesoro para los que vienen detrás de nosotros en la vida de la Iglesia. Miramos también desde una mirada diacrónica, la de la SUCESIÓN APOSTÓLICA NO MUY LEJANA, CASI RECIENTE, LA DEL SEGUNDO OBISPO ANTES DEL ACTUAL. Los dos sucesores de Don Santiago podemos decir que él nos dejo una Iglesia bien armada a la que pudimos incorporarnos por lo que el dejó, pero también por lo que él recibió de Don Miguel Peinado y antecesores. Por la labor de todos, con tantos santos y santas de cielo, y de la puerta de al lado, el camino de esta Iglesia de Jaén ha estado muy bien orientado y trazado.
La mirada que hoy estamos haciendo al ministerio de Don Santiago no podemos hacerla, por tanto, sólo en sus pasos individuales; lo vemos a él con todos nosotros: vemos el pasado que con él se hizo, el presente que queremos construir día a día y vemos el futuro evangelizador que esperamos.
La historia del ministerio episcopal es siempre comunitaria; sólo se puede realizar en la comunión del pueblo santo de Dios, engarzado siempre en la fraternidad y situada en la misión de servicio a esta tierra de gente con tantos valores, pero también con tantas dificultades y necesidades. “El Obispo es siempre principio visible de unidad y de comunión”. Es uno con muchos, para muchos, que a veces, lo sabéis muy bien, somos muy diversos.
Sintiéndonos hoy con él ante el juicio siempre benévolo, misericordioso y justo de Dios, hacemos memoria agradecida de sus 16 años de pastor, 16 años como imagen y representación de Cristo, 16 años de acción de Dios derramando gracia a través de su ministerio.
El ministerio del Obispo, reflejo del de Cristo, no es nada si no es hacedor de una Iglesia que sea continuación de la misión de los 12, fundamento de la misma Iglesia.
Como MESTRO DE DOCTRINA (Munus docendi)
Como SACERDOTE DEL CULTO (Munus celebrandi).
Como MINISTRO DEL GOBIERNO (Munus regendi)
Estos conceptos teológicos ricos, densos y profundamente esenciales siempre han de hacer referencia a Cristo Buen Pastor y Salvador. Porque Jesucristo es la fuente de vida y espiritualidad del Obispo, es el impylso y la esencia de su caridad pastoral.
Justamente, desde estas tres facetas del ministerio, que acabo de señalar, os invito a que podáis recordar el deambular pastoral de Don Santiago entre nosotros. Hacedlo con filiación, hacedlo con fraternidad, hacedlo con una mirada amiga. Eso es el obispo para todos, especialmente para sus sacerdotes: padre, hermano y amigo. Por eso desde esa relación hemos de darle tono a la oración por el Obispo.
Por vuelvo a la Memoria, ahora con el Papa Francisco (EG 13), para recordar que es una dimensión fundamental de nuestra fe, a la que él le llama “deuteronómica” en analogía con la memoria de Israel.
Echando mano de nuestra fe, lo mejor que tenemos, lo que nos define y nos identifica, os invito a que nuestra MEMORIA por el paso de Don Santiago entre nosotros sea hoy AGRADECIDA, RECONCILIADA Y GENEROSA.
Una memoria así siempre nos hace presente el mucho bien que se sembró bajo el envío de este fie y trabajador servidor a lo largo de 16 años de servicio ministerial en Jaén, y también de lo mucho que se cosechó en su tiempo y ahora estamos aún cosechando; pongo sólo el ejemplo de tantas ordenaciones sacerdotales, de las que muchos de vosotros sois testigos, y hoy seguramente estáis aquí porque las recibisteis de sus manos.
Haced memoria porque, como dice Francisco, el cristiano, el sacerdote es siempre “memorioso”; os encomiendo que lo seáis, sobre todo, en la celebración de la Eucaristía, MEMORIA COTIDIANA DE LA IGLESIA. Que ningún sacerdote se quede sin celebrar al menos una Misa por el que fue nuestro Obispo y Pastor.
Encomendad a Don Santiago a María, la de la Cabeza, a la que amó mucho y a la de Los Desamparados, a la que, como buen valenciano, siempre veneró con un amor especial. QUE ASÍ SEA.
Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Jaén Tue, 08 Jan 2019 13:17:03 +0000
En la clausura del IV centenario del Juramento Inmaculista de Baeza http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/47548-en-la-clausura-del-iv-centenario-del-juramento-inmaculista-de-baeza.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/47548-en-la-clausura-del-iv-centenario-del-juramento-inmaculista-de-baeza.html En la clausura del IV centenario del Juramento Inmaculista de Baeza

LA UNIVERSIDAD DEL MAESTRO JUAN DE ÁVILA CON LA INMACULADA CONCEPCIÓN


1. Estamos en clima de fiesta agradecida a Dios Nuestro Señor, por habernos concedido conocer, creer y celebrar el dogma de fe en la Inmaculada Concepción de la Virgen María (Pio IX, bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854). Guiados por los textos de la Sagrada Escritura que cada año alimentan la liturgia de la Palabra, recordamos con gratitud a Dios Nuestro Señor, que el pecado original no es una puerta cerrada ni una carga que nos aplaste sin solución y sin salida. El Creador mismo, en su infinita misericordia, ya en los orígenes, nos dio las pistas para resolver las dudas y preguntas que con profundo sentido de responsabilidad a partir de entonces nos pudiéramos hacer los seres humanos. Y sobre todo nos proporcionó la solución de la carga pesada con la que nacemos los hijos de Eva. Como dice el precioso himno mariano Akáthistos: el amor generoso de Dios enseguida elaboró “la revancha del género humano”. De hecho, Dios mismo, en su Hijo Jesucristo, por su infinito amor, nos ha hecho recuperar nuestra vocación original, la de la vida divina con la que fuimos creados y ahora somos recreados en Cristo.

2. La de la Inmaculada Concepción es una fiesta de plenitud de gracia para María y de confianza para todos nosotros. La veneración contemplativa de la Inmaculada Concepción nos permite reconocer agradecidos que el plan original de Dios, y la solución que Él buscó para el roto que se produce con el pecado original, se ha realizado en la encarnación redentora de Cristo. En definitiva, desde María renovamos la confianza en nosotros mismos, nos reconocemos, por gracia de Dios, en nuestra verdad y dignidad.

3. Desde los orígenes, nos dice el libro del Génesis, Dios mismo busca en su providencia amorosa una solución para lo que se rompió entre Él y el ser creado a su imagen y semejanza, que había salido bueno de las manos de Dios. “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón” (Gé 3,15). Durante todo el Antiguo Testamento, la historia transcurre con una preparación minuciosa y cuidada de Dios, se alienta en la humanidad la espera de lo prometido. Y con la salvación de Cristo la situación ya cambia completamente.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.
(Efesios 1, 3-6. 11-12).

4. Es evidente que en esta exultante acción de gracias, en la que las comunidades paulinas asumían gozosas su vocación, reconocían que por la novedad profunda y radical de la vida en Cristo, había renacido una humanidad nueva. Aunque pueda dar la impresión por la falta ambiental de fe, de sentido de Dios y de debilitamiento en la búsqueda de la salvación, sin embargo, también nosotros aspiramos en este complejo siglo a esa nueva vida inaugurada en Cristo. Hay brotes evidentes de que nuestra vida cristiana se abre a esa búsqueda de la salvación de Dios en Cristo, por el descubrimiento de nuestra llamada a la santidad. Así lo expone, con claridad y sencillez, el magisterio del Papa Francisco en Gaudete et Exultate

5. En efecto, también nosotros, aunque en modos de vida y con criterios a veces muy marcados por las consecuencias del pecado original, queremos saber quienes somos en Cristo y buscamos recuperar el sentido de nuestra verdadera dignidad como criaturas salvadas por aquella promesa que para el género humano hizo Dios en los orígenes del mundo. Hoy, más que nunca, queremos ser conscientes y también testigos evangelizadores de que “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”. Queremos vivir y proclamar que Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación” (GS 22).

6. Pues bien, un humano consciente de su dignidad en Cristo, no puede en modo alguno vivir su fe y su experiencia cristiana sin contemplarse también en el misterio de María, la que fue señalada en el Génesis como activa colaboradora en la obra redentora de su Hijo. Estoy convencido de que esta fue la razón por la que, en el calor de la piedad mariana del pueblo cristiano, latía una pregunta: ¿qué alcance habría de tener para la Madre engendrar al Redentor, al Hijo amado de Dios? El pueblo cristiano quería saber qué había significado para la Madre el servicio salvador de su Hijo.

7. Durante siglos se barajaron todos los datos que se pudieran encontrar en la revelación; y en especial el precioso texto del Evangelio, en el que el mensajero de Dios le llama la “llena de gracia”. “ALÉGRATE, LLENA DE GRACIA, EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO” (Lc 1,27). En el deseo de responder a esta pregunta se puso todo el sentimiento y toda la capacidad intelectual y espiritual, al servicio de una verdad en la que aquellos cristianos sabían que nos jugábamos mucho. Todos, los que estaban a favor, y eran inmaculista, pero también los que no lo tenían claro, los maculistas, sabían que en situar bien a la Virgen en el misterio de Cristo nos situaba también a nosotros en el misterio del amor salvador de Dios. En lo que se movió durante siglos en la conciencia cristiana, con amor y pasión, se buscaba conocer los privilegios de María, pero también queríamos conocernos mejor a nosotros mismos. Quizás esa sea la razón por la que se suscitó un debate profundo, seriamente teológico, y siempre apasionado y popular, por saber qué pasó con el pecado original y con la salvación de Cristo en la Mujer que le dio a luz y, por tanto, la que introdujo en el mundo a la extirpe vencedora del mal.

8. Aunque tenga unos nombres señeros, que formulan el debate con sabiduría teológica, es sobre todo el sensus fidei del pueblo cristiano durante siglos con pertinaz insistencia hacia delante. Todos querían conocer lo que podía haber sentido el corazón de Dios ante la mujer elegida para ser Madre del Redentor. Todos se preguntaban qué era lo que más le “convenía” a la Santísima Virgen en el plan salvador de Dios. Este deseo del pueblo cristiano y de los teólogos se situaba, como no podía ser de otro modo, en la más alta generosidad de Dios Padre, para concederle a María también la más alta perfección posible. Fue así como se impuso el POTUIT, DECUIT, ERGO FECIT (PUDO, COVENÍA, LUEGO LO HIZO), que fue tomando fuerza en el fervor popular y también en la reflexión teológica.

9. La convicción de que el amor de Dios miró con una predilección única a la Virgen María era tan fuerte que se convirtió en voto o juramento en muchos lugares e instituciones del pueblo español. Así sucedió en la universidad de Baeza hace cuatro siglos. Es sabido que el Doctor de la Iglesia, Maestro Juan de Ávila, que en esta gran escuela sacerdotal se mostró en su plenitud espiritual y teológica, tuvo mucho que ver en este hecho singular. Para el Maestro Ávila “María es el miembro singular de la Iglesia que mejor traduce y visibiliza la santidad, es la primera santa en Cristo”. No se puede traducir mejor, incluso con un lenguaje moderno, lo que luego proclamaría el dogma que nos presenta para nuestra fe y piedad el privilegio de María, concebida sin pecado original por una acción preventiva de Dios, que con este privilegio la embellece como Purísima en previsión de los méritos de Cristo (post previsa merita).

10. Se puede decir que como fruto del magisterio del Maestro Ávila y de su escuela sacerdotal hay en Baeza una corriente inmaculista sostenida y fervorosa que lleva a convertirla en el pensamiento universitario y en el fervor religioso de su pueblo, en una ciudad pionera en esta reclamación ante Dios y ante su Iglesia de una verdad que no sólo ilumina a María, sino que también le da luz al ser humano. Se decía de la universidad de Baeza con razón: “En cuanto al sentimiento de la pureza de la Concepción, nunca a estado menos que muy determinada, ni en ella a avido quien sienta lo contrario. Con esta leche crió a esta Universidad el padre Maestro Juan de Ávila, Apóstol de Andaluzía, piedra fundamental de esta Escuela; el qual muchas vezes predicó, y enseñó esta verdad” (citado por Francisco Juan Martínez Rojas, en Defensa teológica del Dogma de la Inmaculada Concepción en el IV centenario del juramento inmaculista de la Universidad de Baeza).

11. Cuatrocientos años después celebramos, ya cumplido el añorado deseo que con tanto fervor se defendía, ahora nos toca renovar nuestra veneración a la Santísima Virgen con una comprensión atenta al misterio que la enriquece. En bellas y claras palabras de uno de los grandes teólogos del siglo XX, Karl Rahner, nos sirven de síntesis para una una clara presentación de este misterio: “La Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María consiste simplemente en la posesión de la vida divina de la gracia desde el comienzo de su existencia; vida de gracia que le es concedida sin mérito por su parte, por la gracia proveniente de Dios, para que con este comienzo de su existencia llena de gracia pudiera llegar a ser la madre del Redentor tal como Dios la había querido para su propio Hijo. Por esta razón, desde el comienzo de su vida, fue rodeada del amor redentor y santificante de Dios” (K. Rahner, María, Madre del Señor, Herder, Barcelona 1967, p. 53).

12. La mirada contemplativa y embellecedora que hoy en esta fiesta le dirigimos a la Inmaculada Concepción necesariamente ha de repercutir en nuestra vida. Por eso, quiero terminar esta reflexión con una útil recomendación para nuestra vida cristiana; sobre todo ahora que ya vemos este misterio sin la tensión con que se miraba hace cuatro siglos: recordar lo que nos vino encima por el pecado original y, por contraposición, poder ya celebrar la concepción inmaculada de María, que nos hace mirar hacia el proyecto original de Dios para la humanidad, es siempre un estímulo para que busquemos y encontremos en nosotros mismos la verdad del misterio del hombre a la luz del que lo ilumina, Cristo el Señor. QUE ASÍ SEA.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Tue, 11 Dec 2018 13:46:44 +0000