Jaén Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://odisur.es Fri, 24 May 2019 19:49:05 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es “Huir de la dignidad para merecer dignidad” http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/50343-“huir-de-la-dignidad-para-merecer-dignidad”.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/50343-“huir-de-la-dignidad-para-merecer-dignidad”.html “Huir de la dignidad para merecer dignidad”

Homilía del obispo dee Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez

Queridos hermanos obispos y sacerdotes:

1. En este año de 2019, tenemos la gracia de reunirnos el presbiterio diocesano de Jaén para celebrar los veinticinco, cincuenta y sesenta años de sacerdocio de algunos de nuestros hermanos coincidiendo con la recientísima apertura del Año Jubilar Avilista. Nosotros lo celebramos donde más se le evoca como patrón del clero español, en Baeza; en su Catedral y en la que fue sede de la Universidad, que San Juan de Ávila puso en marcha para la formación y santificación de los clérigos. Es todo un privilegio para nosotros que, por concesión de la Santa Sede, hayamos puesto a disposición de toda la Iglesia, y en especial de la Iglesia en España, este acontecimiento de gracia.

2. Todo el pueblo cristiano que camina en Jaén, pueblo misionero que lleva en sus entrañas el sueño de llegar a todos, vendrá a pedir gracias por la intercesión del pregonero de la gloria de Dios. Pero, de un modo especial, seremos los sacerdotes los que en este Año Jubilar nos aproximemos a la semblanza sacerdotal del Maestro Ávila, para renovar lo que somos por elección y consagración. La Palabra de Dios nos ha señalado el camino a seguir como peregrinos: de un modo aún más explícito que ayer, domingo del Buen Pastor, Jesús nos ha marcado hoy la ruta para la renovación de nuestra identidad sacerdotal: ser pastores en el amor y el cuidado amoroso de Cristo (no abandonar nunca a las ovejas, conocerlas una a una por su nombre y dar la vida por ellas). Y por si se nos había olvidado, también nos dice Jesús que hemos de ser pastores que entregan la vida para traer a las ovejas que no están en el redil, pero tienen un lugar en el corazón salvador del Padre. Si hoy transitamos por estos sentimientos de Jesucristo, el Buen pastor, no nos equivocaremos en lo que la Iglesia propone a los sacerdotes en este año de gracia; acertaremos a andar como pide la vocación a la que hemos sido convocados, como le hemos escuchado al Apóstol misionero.
3. Como un exacto testimonio para andar este camino jubilar, para que nos sirva como guía en la renovación de nuestra vida ministerial, he buscado en sus biógrafos una breve y sencilla semblanza del sacerdocio que vivió y propuso a sus discípulos el que nos ha traído hasta aquí, el Santo Doctor Maestro Ávila.
Fue viviendo así su sacerdocio como hizo escuela, como promovió un estilo de vida sacerdotal muy característico, que le ha llevado a ser, de generación en generación, punto de referencia para los presbíteros jiennenses y en los de toda España.
4. Empiezo por algo que nos marque el camino a seguir en el sacerdocio del sacerdocio del Maestro Ávila. Lo primero que hay que decir es que San Juan de Ávila fue solamente sacerdote y al sacerdocio dedicó sus mejores energías. Alguien ha dicho que “no fue párroco ni coadjutor ni aceptó dignidades en ninguna diócesis”. Y así fue. En efecto, el sacerdocio fue el eje alrededor del cual giró su vida. Esta conciencia de un sacerdocio sin añadidos ni exclusiones marcó toda su vida. Por eso decía que “EL PRESBÍTERO HA DE HACER VIDA QUE MEREZCA DIGNIDAD Y HUIR DE BUSCAR LA DIGNIDAD”. ¡QUÉ CERTERO, VERDAD! Si por alguna razón confundimos la verdadera dignidad sacerdotal, esto puede servir de una gran ayuda. San Juan de Ávila invitaba a huir de la dignidad para merecer la dignidad. Y para eso decía que nuestra dignidad sólo estará basada en la humildad y en la santidad.
5. A partir de ese enfoque esencial, el estilo sacerdotal que señala San Juan de Ávila tendrá otros rasgos imprescindibles. Será un sacerdocio apostólico. Para vosotros y para mí dice muy claramente: Su vida, la de los obispos y sacerdotes, debe de “ser un dibujo de los apóstoles a quien suceden, tal que por la vida obispal todos saquen por rastro cuáles fueron los antiguos apóstoles y no tales que no haya cosa que más los haga desconocer que mirar a sus sucesores”. Y para eso nos hace una invitación clara a salir de la tibieza: “La Iglesia cristiana, para ser la que debe, no ha de ser congregación de gente relajada ni tibia… el Señor quiere que seamos diligentes en el servir y no se paga de gente tibia”.
6. A partir de ahí, nos señala valores y virtudes de una vida sacerdotal. Juan de Ávila, como es evidente en su modo de vivir, pondera la pobreza: Nos dice que “la dignidad sacerdotal se demuestra en la humildad aún exterior. Como siempre suele suceder la falta de pobreza es uno de los mayores motivos de escándalo entre los fieles”.
Del mismo modo, recomienda la obediencia, siempre a imitación de Cristo. Esto lo hace además con insistencia. Tan importante considera recomendar la pobreza que hasta pide disculpas por ello. “No os espantéis de que tanto os recomiende la obediencia… porque vuestra seguridad está en no querer libertad”.
7. Y como no podía ser de otro modo, Juan de Ávila tercia en el debate de su tiempo sobre la castidad sacerdotal, sobre el celibato. Propone una lógica que sigue siendo válida y práctica, aunque no le falten al Santo Maestro otras motivaciones más espirituales y profundas. “El remedio de estos no entiendo que es casarlos, porque si ahora, sin serlo, no pueden ser atraídos a que tengan cuidado a las cosas pertinentes al bien de la Iglesia y de su propio oficio, ¿qué harían si cargases con los cuidados de mantener mujer e hijos, y casarlos y dejarles herencia? Mal podrían militar a Dios y a negocios seculares”. Por eso Juan de Ávila exhorta a promover la formación de un sacerdote evangélico al estilo de Jesús, en quien la castidad sea “su virtud propia, muy propia y propísima”.
8. Por supuesto, también propone el camino a seguir para ir creciendo en eso que quiere para los sacerdotes. Recomienda estar enamorados de la Iglesia, de una Iglesia que necesita reforma y que trabaja por ella y en ella pacientemente. Estoy convencido de que todo esto que acabo de decir nos suena como necesario y muy actual; sólo así, con el amor a la Iglesia, evitaremos, dice el Maestro Ávila, el criticar mucho y el hacer poco.
Estamos en misión queridos hermanos sacerdotes y según el santo Doctor de la Iglesia, sin nosotros es imposible la renovación misionera. Para eso, dice él, hemos de tener un espíritu semejante al de los profetas; que en todo pongamos calidad espiritual y docilidad el Espíritu Santo. Sólo así el ministerio del presbítero tendrá apertura al futuro y nos hará capaces, si fuera preciso, de deshacer lo que nos paralice y de aceptar con docilidad lo que nos empuje a saltar las tapias que poco a poco nos han ido acorralando, por nuestras inercias y miedos.
Para nuestro Santo Patrono, la caridad pastoral ha de ser la síntesis de la vida y la espiritualidad de un presbítero diocesano. Con un lenguaje, menos sintético, pero si muy expresivo, recuerda que la caridad pastoral tiene su fuente y su forma en un ferviente celo que haga arder el corazón del sacerdote en el fuego de amor de Dios y en el servicio a las almas, especialmente a las más débiles, a imitación de Jesucristo el Buen Pastor.
9. Todo esto ha de ser enriquecido con una profunda vida de oración: “Si tuviésedes callos en las rodillas de rezar y orar, si importunásedes mucho a nuestro Señor y esperásedes de él que dijese la verdad, otro gallo cantaría, ¿Quieres que te dé su luz y te enseñe? Ten oración, pide, que dar te ha. Todos los engaños vienen de no orar”. Pero no se olvida de recordarnos algo que es tan importante para los presbíteros de nuestro tiempo, la santificación en el ejercicio del ministerio: “No esperareis horas ni lugares ni obras para recogeros a amar a Dios; más todos los acontecimientos serán despertadores de amor. Todas las cosas que antes os distraían, agora os recogerán”.
10. Hasta aquí, queridos hermanos en el presbiterio, este, quizás torpe, retrato diseñado con algunos ecos de los escritos sacerdotales del Maestro Ávila y os he ofrecido para que nos miremos en él. Una síntesis de lo dicho la expresó con preciosa precisión San Pablo VI en su canonización: “San Juan de Ávila enseña al menos esto, y sobre todo esto, al clero de nuestro tiempo: a no dudar de su ser sacerdote de Cristo, ministro de la Iglesia, guía de sus hermanos”
11. Estoy convencido de que con matices semejantes ha ido creciendo la vida sacerdotal de aquellos con los que hoy le damos gracias al Señor y a los que hoy felicitamos con grandísimo afecto en estas tres etapas que algunos hermanos del presbiterio diocesano celebráis. Seguro que en vuestra vida ha habido de todo, porque nuestra condición humana siempre acumula sentimientos, situaciones, logros y hasta errores. Pero lo que sí es cierto es que la vida de un presbítero está siempre empapada de gracia. Estoy convencido de que esa ha sido la razón de vuestra fortaleza el saber que era Jesús el que tiraba de vosotros. Su presencia en vuestra vida os he hecho caminar en fidelidad en estos 25, 50 y 60 años de sacerdocio. De vuestros obispos, de vuestro presbiterio recibid nuestra felicitación con un abrazo fraterno y una súplica al amor de Dios, que siempre nos acompaña y sostiene.
12. Que Santa María, la Madre de los sacerdotes os acompañe siempre. No olvidemos que el Santo Maestro compara la acción del sacerdote a la de María por ser sacramental, ya que el sacerdote “da a Dios humanado” no sólo una vez sino frecuentemente. En este sentido María considera a los sacerdotes como parte de su mismo ser, son para ella “los racimos de mi corazón”, los pedazos de mis entrañas”. No lo olvidéis, siempre está con nosotros la ternura de la Madre Sacerdotal.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Tue, 14 May 2019 12:17:07 +0000
“San Juan de Ávila, pregonero de la gloria de Dios” http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/50050-“san-juan-de-ávila-pregonero-de-la-gloria-de-dios”.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/50050-“san-juan-de-ávila-pregonero-de-la-gloria-de-dios”.html “San Juan de Ávila, pregonero de la gloria de Dios”

Carta pastoral del obispo de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez

Queridos diocesanos:

Como un gran regalo de nuestra historia, que de vez en cuando nos ofrece la gracia de encontrarnos con fechas que nos obligan a recordar acontecimientos y personas que han ido dejando una huella indeleble en esta nuestra muy querida Diócesis del Santo Reino de Jaén, nos hemos encontrado con el 450 aniversario de la muerte de San Juan de Ávila, 125 de su beatificación y 50 de su canonización. Por eso, a partir del día 10 de mayo recordaremos a quien anduvo sembrando fe y vida cristiana entre nosotros, al santo doctor de la Iglesia, amigo de santos y pregonero de la gloria de Dios.
Fue en la ciudad de Baeza donde hizo la obra más destacada y significativa de su vida y misión, la que mejor expresa todas sus virtudes y capacidades. El Maestro y Teólogo Juan de Ávila pone en marcha en esa ciudad una Universidad (1538-1824), desde la que desarrolla su santidad y su ciencia. Al servicio de este singular y emblemático centro académico emplea sus mejores energías y sus mejores discípulos.
La historia afirma que la Universidad de Baeza fue el centro más logrado de formación sacerdotal pretridentino, anticipándose así a la labor educativa del clero diocesano que el Concilio de Trento (1545-1563) señalaría algunos años después con el decreto Cum adolescentium aetas. Baeza fue, en opinión de grandes historiadores, la primera universidad fundada únicamente para aspirantes al sacerdocio.
Se dice, con razón, que el Maestro Ávila creó, a través de la Universidad de Baeza, una preciosa tipología sacerdotal, la del clérigo reformado, austero en sus costumbres, predicador enardecido por el estudio de la Escritura, hombre de recia oración y reconocible a simple vista por su porte externo. Así eran los presbíteros que se inspiraban en el Maestro Ávila, que son conocidos como escuela sacerdotal avilista.
Esta memoria, por tanto, nos obliga a celebrar con gratitud y con especial relieve estas fechas tan importantes en el recuerdo del Maestro Ávila. Lo hacemos, además, en el contexto de nuestro Plan Diocesano de Pastoral, y en plena Misión Diocesana, en la que nos estimulará el celo apostólico del “vocero de Dios”, que sembró entre tantos clérigos de su tiempo, al servicio de la evangelización del pueblo fiel, una formación integral de los aspirantes al sacerdocio. Lo hecho por el Maestro Ávila lo consideramos como un lúcido precedente de lo que se nos pide para los se preparan en nuestro seminario para ser sacerdotes del siglo XXI.
Para celebrar como merece el emblemático paso de la San Juan de Ávila por la Diócesis de Jaén, hemos solicitado al Santo Padre, y nos ha sido concedido, la celebración de un Año Jubilar Avilista, que se abrirá en la Puerta Santa de la Catedral de Baeza el día de 10 de mayo próximo y se cerrará, D.m., el 31 de mayo de 2010. Hemos invitado, para que nos presida y acompañe el día de su apertura, a Su Eminencia el Cardenal Ricardo Blázquez, Presidente de la Conferencia Episcopal Española, que ha aceptado, muy amablemente.
Os recuerdo que un año Jubilar se celebra haciéndonos peregrinos que pasan por la Puerta Santa y piden, por intercesión de San Juan de Ávila, la gracia de la conversión, que en este año queremos que sea especialmente misionera. Es evidente que también se pasa por la Puerta Santa con el deseo y la oración; esto se lo digo a los enfermos, impedidos y ancianos que no puedan peregrinar. Por mi parte, os recomiendo que pidáis ser discípulos misioneros en este año de fervor e ilusión que todos estamos viviendo en nuestra Misión Diocesana. Busquemos, sobre todo, que el celoso predicador y apóstol de Andalucía nos aliente a sacerdotes, consagrados y laicos a sentir con toda intensidad el sueño misionero de llegar a todos.
Los primeros peregrinos que pasaremos en grupo por la Puerta Santa para ganar la gracia jubilar seremos los sacerdotes del presbiterio diocesanos, que el día 13 nos reuniremos para recordar al Patrón del clero secular español y al Apóstol de Andalucía. En ese día la Iglesia diocesana felicita a un grupo de sacerdotes, que en este año celebran sus 50 y 25 años de su ordenación.
Termino esta carta invitación animando a todas las comunidades parroquiales a que participen, con sus pastores a la cabeza, en la Solemne Apertura del Año Jubilar Avilista que tendrá lugar el día 10 de mayo, viernes, a las 8:30 de la tarde.

Con mi afecto y bendición.
Jaén, 3 de abril de 2019

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Tue, 30 Apr 2019 09:47:54 +0000
“La Virgen de la Cabeza, la mejor influencer de Dios” http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/50024-“la-virgen-de-la-cabeza-la-mejor-influencer-de-dios”.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/50024-“la-virgen-de-la-cabeza-la-mejor-influencer-de-dios”.html “La Virgen de la Cabeza, la mejor influencer de Dios”

Homilía del obispo de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez, en la Romeria a la Virgen de la Cabeza

Queridos peregrinos y peregrinas:

1. Desde este bendito cerro de Sierra Morena, presididos por la querida y venerada imagen de la Santísima Virgen de la Cabeza, nos encontramos todos reunidos y unidos para celebrar la Eucaristía, corazón de la vida de la Iglesia.
Incorporo con un especial saludo a quienes a través de Canal Sur TV y otros medios de comunicación se unen a esta celebración religiosa, con una dedicatoria cariñosa para los enfermos, impedidos y ancianos.

2. Sin faltar a la cita con la Madre, cada año nos presentamos ante Ella como peregrinos. La Virgen de la Cabeza nos espera con los mismos sentimientos de Dios, los del Padre bueno que aguarda el retorno de sus hijos, y nos acoge como Jesucristo, el Resucitado, que, ante la negativa de Tomás a dar crédito al testimonio de los demás apóstoles, da el primer paso hacia él, le muestra el corazón abierto y las llagas de sus manos, y le señala el camino para un encuentro especialmente emotivo que terminará, en una preciosa confesión de fe:“¡Señor mío y Dios mío”!
En ese encuentro del Resucitado con Tomás, la Iglesia ha visto a la Divina Misericordia, a la bendita imagen que vio Faustina Kovalska del costado abierto de Cristo, del que brotan radiantes agua y sangre para la vida del mundo. ¡Si la Santísima Virgen tiene tanto tirón para nosotros es porque la consideramos una activa mediadora entre la misericordia divina y las necesidades humanas!

3. Los cristianos conocemos esa misión de la Virgen y, por eso, nunca dejamos de acudir a este bendito Santuario y de acercarnos a su rostro misericordioso. Si estamos hoy aquí es porque entendemos que nuestra Madre del cielo continúa ocupándose de sus hijos de la tierra. Desde hace cientos de años, sin faltar a esta cita anual, hemos venido, sucesivamente, generaciones tras generaciones, a la romería más antigua de España a ofrecerle a la Santísima Virgen de la Cabeza el bien que sembramos y, también, a pedirle el bien que necesitamos. Los devotos de la Virgen sabemos, y así lo sentimos, que Ella no está en su Santuario como la que vive en una isla al margen de la vida de sus hijos e hijas de Andújar, de Jaén, de toda España y de cuantos la veneran en el mundo entero. Ella está aquí, en este bello lugar de Sierra Morena, al que vino del cielo a encontrarse con Juan Alonso Rivas, pastor de Colomera, en 1227, con una misión que ejerce desde este bendito Cabezo: me refiero a la que aceptó junto a la cruz, cuando su Hijo le encomendó ser nuestra Madre. Por su maternidad, para todos, es mediadora nuestra ante Dios y ante su Hijo Jesucristo. Y también es mediadora de Dios ante nosotros.

4. Por esta mediación de la Virgen María recordamos cada año que Dios entiende de humanidad. A nosotros nos recuerda que Dios quiere que seamos buscadores de un mundo de amor, de paz, de justicia, de solidaridad, de verdad y de dignidad. Es natural que los que contemplemos con fe y devoción la belleza del rostro maternal de la María, rechacemos todo lo que sea injusticia, insolidaridad, mentira, odio, venganza, abuso o violación de la dignidad humana y que nunca queramos saber nada de violencia o muerte. Con María queremos lo mejor para nuestro mundo y rechazamos todo lo que lo empeore o lo ensucie; con Ella sentimos que nada de lo humano le es ajeno a Dios, autor, a su imagen y semejanza, del hombre y de la belleza de la creación.
Para los hombres y mujeres de fe no hay dos mundos separados, funcionando el uno al margen del otro; la fe mueve y motiva nuestra vida ordinaria. En lo que hacemos y vivimos cada día, en las grandes responsabilidades y en las pequeñas cosas que nos suceden en la familia, en el trabajo, en el ocio, en la convivencia, en la fiesta o en la tragedia, Dios está presente inspirándonos los valores de su Reino y enseñándonos a juzgar y a rechazar todo lo que sea pecado y vaya contra el proyecto creador y salvador de Dios.

5. Para lograr ese proyecto de Dios, los cristianos participamos en la construcción democrática del bien común; queremos estar donde se trabaje y cultive el bien del ser humano y la pacífica convivencia de todos en la diversidad. Sabemos que, en nuestros proyectos sociales, como el que hoy estamos encauzando, Dios siembra salvación para el mundo. Como ha dicho el Papa Francisco: «La salvación que Dios nos regala es una invitación a formar parte de una historia de amor que se entreteje con nuestras historias; que vive y quiere nacer entre nosotros para que demos fruto allí donde estemos, como estemos y con quien estemos. Allí viene el Señor a plantar y a plantarse» (Chistus vivit 252).
Por eso, continúa el Papa, utilizando términos y conceptos de hoy: «La salvación no está colgada en la “nube”, esperando ser descargada; la salvación hay que jugársela en el compromiso de la vida». Eso significa que la fe no nos estorba, no es un obstáculo para el progreso, las libertades y el bien del hombre; al contrario, la fe esclarece la verdad y la dignidad de la vida humana y del desarrollo social; la fe en Jesucristo, camino verdad y vida, ofrece la felicidad temporal y eterna que el hombre busca sin descanso.

6. Los que subimos a este Santuario de la Santísima Virgen de la Cabeza, al encontrarnos con María, notamos enseguida que Dios, por su mediación, sigue infundiendo bien en el mundo. Tened esto siempre en cuenta, queridos peregrinos, y poned ante Ella todo lo que traigáis en vuestro corazón; comprobaréis que esta Madre buena sabe lo que nos pasa, tiene una respuesta para nuestras oraciones filiales y siempre nos encomienda también un compromiso. El Papa Francisco nos acaba de recordar que la Santísima Virgen, cuando aceptó la responsabilidad de ser la Madre del Redentor, aceptó también su oficio de ser influencer, es la influencer de Dios (Mediadora ante Dios, para entendernos).
Cuando queráis conocer el por qué de los dolores y sufrimientos del mundo y los de tantas injusticias, especialmente las que está generando esta sociedad moderna, acudid a la Virgen, que Ella os llevará al que nos señala el camino de la verdad y nos dice qué hacer ante todo lo que nos duele; Jesús, desde la cruz, nos da las respuestas. Cuando deseéis el bien para quien lo necesite, entendeos con la Virgen, Ella es cómplice del bien del mundo con su Hijo. Cuando os encontréis con la cruz, que nunca falta a lo largo de la vida, venid ante esta Madre, que supo guardar en su corazón sus cruces y la cruz redentora de Señor y Salvador.
Cuando necesitéis encontrar en el camino de vuestra vida la luz, la verdad y las fuerzas que os puedan faltar, venid ante la Santísima Virgen, que enseguida os dirá que en Jesucristo nace y renace la alegría y la esperanza. Cuando oigáis decir que no hay fe sin pasión e ilusión misionera por haberse encontrado con Jesucristo, venid ante la Madre que a todos nos dice: id y anunciad a Jesucristo Resucitado, su Hijo, porque no es lo mismo haberle conocido que andar por la vida sin haber podido encontrarle.
Queridos peregrinos y peregrinas: que la Virgen de la Cabeza nos enseñe a ser discípulos misioneros en medio de esta sociedad jiennense en la que vivimos y que tanto necesita de Jesucristo. Si dejáis que la Virgen os hable al corazón, este habrá sido un gran día de nuestra Misión Diocesana. Y la misionera habrá sido para nosotros la Virgen de la Cabeza, la Madre de Nuestra Diócesis. Y cuando volváis a vuestras casas, en nuestras ciudades y pueblos, manifestad a los cuatro vientos que habéis estado con la Madre del Señor del Camino, de la Verdad y de la Vida. Así sea.

28 de abril de 2019
+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Mon, 29 Apr 2019 09:05:30 +0000
Carta de Pascua: "Dios te salve María..." http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/49936-carta-de-pascua-dios-te-salve-maría.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/49936-carta-de-pascua-dios-te-salve-maría.html Carta de Pascua:

Carta del obispo de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez

Este saludo de Dios llenó de vida, definitivamente, el corazón de María. Una vez que escuchó estas palabras de Arcángel Gabriel, ya todo lo que después de llegar a los oídos de la Santísima Virgen tuvo el mismo sonido y le puso el mismo tono a su alma. Todo lo que la Madre vivió al lado del Hijo de sus entrañas purísimas, siempre tuvo la misma sensación espiritual que le dejó ese saludo, que era una invitación a vivir en la confianza de que Dios estaba con Ella y en Ella.
Al escuchar “Dios te salve, María”, le llegue de quien le llegue, la estremece y la enternece, porque fue así como empezó a ser Madre, como inició su itinerario vital como Madre de Jesús y Madre nuestra. Por eso, desde entonces, María tuvo la conciencia clara de que la gracia de Dios estaba con Ella y de que todo lo que le sucedía era salvador, porque su vida estaba santificada y enriquecida de gracia, en previsión de los méritos de su Hijo. Por eso, desde el saludo de Isabel, no sólo los cristianos, sino también la Virgen, unen el saludo del Arcángel: “Bendito el fruto de tu vientre, Jesús”.
Se puede decir, que las palabras que le dirigimos a la Virgen, repitiendo el saludo del Ángel Gabriel y el de su prima Isabel, con el kerigma, son las mismas que escuchó la Virgen María. Fue así como a Ella le llegó la buena noticia, como conoció el amor entrañable de Dios para Ella y para toda la humanidad. Fue así como se inició el misterio de la encarnación redentora de su Hijo Jesucristo. El misterio pascual del grano de trigo que cae en tierra, muere y da fruto de vida y resurrección, estaba anunciado en este saludo, dirigido a quien sería el seno y el corazón de este maravilloso misterio de amor.
Por eso, el Ave María es fundamentalmente la oración de la Pascua, que es el tiempo de la maternidad de la Virgen en Cristo Resucitado, para todos nosotros. Lo que escuchó en la Cruz María Dolorosa, de labios de su Hijo, María consolada lo ejerció con los apóstoles y la Iglesia naciente. Renovar este saludo desde nuestro corazón feliz por la resurrección del Hijo de María nos alentará a todos nosotros a confesar a Cristo Resucitado, corazón de la fe.
Así lo vamos a hacer, de tantas maneras, en cada una de las fiestas en las que nos encontraremos con la Virgen, en este tiempo de Pascua. Cada una de las advocaciones será una ocasión para apuntalar en nosotros la alegría de la fe. Cada una de ellas, me gustaría recordarlas a todas, será una ocasión para que se fortalezca nuestro amor a María y el seguimiento a Jesucristo, su Hijo. Si no os molesta a las demás – estoy seguro de que no – recuerdo, como es natural, la celebración de la Madre de toda la Diócesis, la Santísima Virgen de la Cabeza, a la que celebraremos el día 28 de abril.
En este año de la Misión Diocesana algunas parroquias han situado en la Pascua su actividad misionera, otras, sin embargo, ya habrán finalizado todo el recorrido de este sueño en el que está inmersa nuestra Iglesia de Jaén. A unas y a otras les pido, en un caso que refuercen y, en otro, que renueven el encuentro con el Señor ante la Santísima Virgen, Madre de todos: de los que habéis sido misioneros y de aquellos a los que la misión permanente de la Iglesia nos envía y nos sigue enviando siempre.
Para esta Pascua Misionera, me vais a permitir un consejo mariano especial: REZAD EL SANTO ROSARIO. No hay una oración que nos acerque más a Cristo, que nos lleve a un encuentro con Él y, por tanto, que sea más misionera. Poco a poco, ave maría, a ave maría, irá cayendo, cada día, en nuestro corazón el precioso rocío de la vida en Cristo, contemplada desde la Santísima Virgen. San Juan Pablo II nos escribió una preciosa carta apostólica, en la que nos dice que el Santo Rosario, “en su sencillez y profundidad, sigue siendo también en este tercer Milenio una oración de gran significado, destinada a producir frutos de santidad”. Y continúa el Santo Papa: “Se encuadra bien en el camino espiritual de un cristianismo que, después de dos mil años, no ha perdido nada de la novedad de los orígenes, y se siente empujado por el Espíritu de Dios a «remar mar adentro» (duc in altum!), para anunciar, más aún, ‘proclamar’ a Cristo al mundo como Señor y Salvador, «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn14, 6)”.
El Santo Rosario es misionero, es un precioso acto de piedad para crecer, desde el corazón materno de la Virgen, en la alegría de evangelizar, de anunciar a Jesucristo. Por eso, D.m., voy a encabezar una peregrinación diocesana al Santuario de Fátima, para pedirle, a la que invitó a los tres pastorcitos a rezar el Rosario, que nos aliente a todos los diocesanos en el ardor misionero.
Si os aplicáis en la práctica del rezo del Santo Rosario, enseguida descubriréis que se va afianzando en nosotros la relación con Cristo y crece nuestra condición de discípulos misioneros, eso que estamos aprendiendo a ser, ya para siempre, en este año de la Misión Diocesana de Jaén. Todo se hará, eso sí, con la mirada contemplativa de María. El Santo Rosario se reza con María y se dirige a Jesucristo.
Este itinerario catequético del Rosario, el que nos lleva a ser discípulos misioneros, nos lo recuerda con una preciosa hondura, que os invito a leer y meditar, la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, que os he citado. Lo describe así:

El Rosario es RECORDAR; María nos enseña a traer al hoy de nuestra vida los acontecimientos de la de su Hijo Jesucristo. Cada uno de los misterios de evocan, bien sean los gozosos, los gloriosos, los dolorosos y los luminosos. El rosario es una meditación sobre Cristo con María.

El Rosario es COMPRENDER; con María nos acercamos al conocimiento de Cristo para entrar en lo profundo del misterio de su vida. La Virgen, que conoce mejor que nadie en Jesús, nos va llevando en cada misterio al conocimiento pleno de la verdad a lo largo de todo el recorrido de su vida.

El Rosario es CONFIGURARSE A CRISTO; con María nos abrimos a un camino de adhesión creciente a Él, y nos vamos orientando cada día más en los comportamientos de discípulo, según la “lógica” de Cristo. “Tened entre vosotros los mismos sentimientos de Cristo” (Flp 2,5).
El Rosario es ROGAR A CRISTO; con María, que apoya la oración que Cristo y el Espíritu hacen brotar en nuestros corazones, tenemos al orar todo el apoyo que necesitamos. Así quiso Jesús que fuera, al permitir la intercesión de su Madre en las bodas de Caná de Galilea. “No tienen vino”. María se hace desde entonces ante Jesús de las necesidades humanas.

El Rosario es ANUNCIAR A CRISTO; con María los cristianos acogemos el envío misionero de Jesús a sus apóstoles y lo anunciamos en su misterio pascual, en su muerte y resurrección. El rosario tiene una gran fuerza y es un precioso recurso en la acción de todo evangelizador y en la vida pastoral de una Iglesia evangelizada.
Esta es mi propuesta, querido devotos y cofrades: que en la Pascua celebréis, con María, la Gloria Resucitada de Cristo. Si queréis vivir con hondura los misterios de Cristo, en especial el de la Pascua de Resurrección, entrad con la tradición de la Iglesia en este precioso acto de piedad, que con toda seguridad os llevará a la contemplación del rostro de Jesucristo resucitado y, por supuesto, nos dará la fuerza para ser misioneros suyos entre nuestros hermanos.
En cada romería, en cada peregrinación, en cada familia, en cada cristiano, sólo o en comunidad, el Rosario será una invitación a crecer en el fervor apostólico y misionero. Hacedlo siempre con la alegría de la Pascua.
Termino dirigiéndome a cada una de las advocaciones marianas de la Diócesis de Jaén con esta oración con la que los católicos del mundo le rezamos en este tiempo Pascual.
G: Reina del cielo, alégrate, aleluya.
T: Porque el Señor, a quien has llevado en tu vientre, aleluya.
G: Ha resucitado según su palabra, aleluya.
T: Ruega al Señor por nosotros, aleluya.
G: Goza y alégrate Virgen María, aleluya.
T: Porque en verdad ha resucitado el Señor, aleluya.
Oremos:

Oh Dios, que, por la resurrección de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a los gozos eternos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Tue, 23 Apr 2019 09:40:33 +0000
“Sacerdotes con la frente alta y el corazón firme” http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/49861-“sacerdotes-con-la-frente-alta-y-el-corazón-firme”.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/49861-“sacerdotes-con-la-frente-alta-y-el-corazón-firme”.html  “Sacerdotes con la frente alta y el corazón firme”

homilía del obispo de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez en la Misa Crismal 2019 en la Catedral

Queridos hermanos sacerdotes:

La celebración que hoy compartimos incluye, como todos sabemos, el rito de bendición y consagración de los oleos santos y del Crisma, que se van a convertir en materia sacramental de santificación y de sanación que, a favor del pueblo de Dios, utilizaremos en el ministerio sacerdotal. Acto seguido, se nos va a situar ante nosotros mismos, invitándonos a reconocernos, una vez más, en nuestra identidad. Lo hace con nuestras respuestas al interrogatorio en el que renovaremos las promesas sacerdotales que hicimos, para toda la vida, en nuestra ordenación.
Volveremos a identificarnos con aquel primer “Sí” que dimos a Dios, que nos eligió y llamó, y a Jesucristo, que nos invitó a su seguimiento y, por supuesto, con el “Sí” a la Iglesia, que desde el primer día nos pedía fidelidad a los compromisos sacerdotales. Conocedora de la condición humana, la Santa Madre Iglesia nos pide, una vez más, que le digamos a nuestros hermanos del pueblo santo, al que servimos, cómo nos vemos cada día en nuestro servicio ministerial. Se nos invita a repetir, alto y claro, quiénes somos, para que no se nos olvide nuestra propia historia de salvación, sobre todo la del “primer amor” (Ap 2,4).

Hacemos lo mismo que Jesús que, como hemos escuchado, se vio en la Palabra que le anunciaba en el profeta Isaías, y en ella identificó su vida y su ministerio. “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”. Lo que se cumple es que “el Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos, a proclamar el año de gracia del Señor” (Lc 4, 18-19).
Para eso mismo estamos ungidos nosotros, para identificarnos en la misión de Jesús. A este propósito, nos recuerda el Papa Francisco que la unción no es para perfumarnos a nosotros mismos, y mucho menos para que la conservemos en una rica ampolla… porque, si hacemos así, el aceite se volvería rancio y el corazón amargo (Homilía 28 de marzo de 2013). Como Jesucristo, nosotros somos don de Dios para los hombres, hemos sido elegidos para dispensar la vida sobrenatural, esa que dignifica y enriquece a toda vida humana. Nuestra vida es, por tanto, para el ministerio, que consiste en cuidar a los fieles que nos han sido confiados, pero sin dejar nunca de salir en búsqueda de otras ovejas, esas que, por diversas razones, se han alejado y necesitan que vayamos hasta sus refugios o hasta aquellas situaciones en las que están perdidos.
La experiencia más fundante en nuestra vida sacerdotal es, por tanto, la discipular, es la que nos va conformando, cada vez más, en Cristo. El seguimiento de Jesucristo, el Maestro, ha de ser siempre un desafío para nosotros los presbíteros: vivir nuestra existencia en Él, en el mundo de hoy, con sus dificultades y contradicciones y renovando en cada encuentro con Él y en cada acto ministerial, su llamada. En definitiva, nuestra vocación es ser siempre presbíteros íntimamente unidos a Cristo. Por eso, ser discípulos misioneros es lo que mejor nos identifica al servicio de nuestros hermanos y hermanas. Nos define muy bien ser discípulos misioneros que acompañamos a los discípulos misioneros.
Si me permitís un desahogo afectivo y sincero, os digo que lo que más abunda en nuestro presbiterio es este sacerdocio de identificación con Cristo y de entrega generosa, a veces incluso heroica, al ministerio en favor de nuestros hermanos. “Vuestra obra es un gran bosque que crece sin hacer ruido” (Francisco, Christus Vivit, 99). Por eso, es justo que recuerde lo que también dijo el Papa Francisco en el discurso conclusivo de su reciente encuentro con los presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo entero, referido a los sacerdotes.
«Permitidme ahora un agradecimiento de corazón a todos los sacerdotes y a los consagrados que sirven al Señor con fidelidad y totalmente, y que se sienten deshonrados y desacreditados por la conducta vergonzosa de algunos de sus hermanos… Agradezco en nombre de toda la Iglesia, a la gran mayoría de sacerdotes que son fieles y se gastan en un ministerio que hoy es cada día más difícil. Y gracias también a los laicos que conocen bien a sus buenos pastores y siguen rezando por ellos y sosteniéndolos».
Con estas palabras hace el Papa un acto de justicia, que en realidad sé que lo deseabais y necesitabais en estos momentos en los que obispos y presbíteros estamos sufriendo un acoso mediático por los pecados y, a veces, delitos cometido por algunos de nuestros hermanos. Ojalá que estas palabras del Sucesor de Pedro nos ayuden a vivir con la frente alta y el corazón firme en esta situación martirial que nos está tocando padecer.
A mi entender, hay dos remedios para que este acoso que padecemos no nos haga daños ni a nosotros, ni a la Iglesia, ni a quienes necesitan confiar en sus sacerdotes: uno es la fraternidad y otro la fidelidad. La fraternidad, que es sostén de la vida de los presbiterios diocesanos, será el mejor antídoto contra el daño moral que nos puedan hacer los ataques que tanto nos desconciertan y duelen. Si estamos divididos, si estamos unos contra otros, si desconfiamos los unos de los otros o si algunos se convierten en acusadores de sus hermanos, nos exponemos a presentar una imagen distorsionada y ajena a la verdad de lo que la mayoría es y hace y estamos ofreciéndole una coartada fácil a quienes nos atacan, con intención clara de hacer daño a la Iglesia y a su misión en el mundo.
Hace unos días, el Papa emérito Benedicto XVI, rompiendo su silencio, publicaba algo que, a mi entender, es un lúcido análisis de la situación en la que hoy estamos metidos. El demonio y sus seguidores quieren hacernos ver que el pecado en la Iglesia es el gran fracaso de Dios, que la Iglesia pecadora es algo malo en su totalidad. Por eso, su ataque a la Iglesia va dirigido directamente al mismo Dios. Y eso lo hace desde fuera, pero también desde dentro. Su lema podría ser: cuanto menos Iglesia, menos Dios. Por eso, nos recuerda Benedicto: “La Iglesia de Dios sigue existiendo hoy, y sigue siendo instrumento a través del cual Dios nos salva. Es muy importante oponer a todas las mentiras y medias verdades del demonio toda la verdad: sí, hay pecado y mal en la Iglesia. Pero existe también hoy la Iglesia santa que es indestructible. Sigue habiendo muchos que creen con humildad, sufren y aman, en quienes el Dios real, el Dios que ama se nos manifiesta. Dios sigue teniendo hoy sus testigos (mártires) en el mundo. Tenemos que estar atentos para verlos y oírlos” “Recordemos – acaba de decir el Papa Francisco – que no se abandona a la Madre cuando está herida, sino que se la acompaña para que saque de ella toda su fortaleza y su capacidad para comenzar siempre de nuevo” (Chistus vivit, 101).
La Iglesia tiene, como remedio de estos males, la fidelidad de muchos sacerdotes. La Fidelidad le da su verdadero rostro a nuestra identidad y es garantía de nuestra credibilidad. Nuestro compromiso está en no abandonar nunca la esencia de nuestro ser sacerdotal; pero ha de ser una fidelidad que se adapte a la creatividad, sin traicionar lo esencial. Esa fidelidad renovada y creativa, a mi modo de ver, requiere mantener dos líneas de atención: una imprescindible: la que nos mantenga siempre situados en la voluntad de Dios y en la identificación y el seguimiento de Cristo. La otra línea de atención será mantenernos muy atentos, con un cuidadoso discernimiento, a los signos de los tiempos. Un presbítero no ejerce del mismo modo su ministerio a lo largo de toda su existencia sacerdotal: poco a poco, y a veces demasiado rápidamente, cambian las exigencias de la acción pastoral que se nos reclama en los diversos momentos de la vida ministerial.
Para los que ya llevamos muchos años en el ministerio, no es lo mismo ejercerlo hoy que cuando nos ordenamos. Por eso, quien tiene que cambiar, al ritmo del Espíritu, somos nosotros. A veces, para justificarnos por habernos estancado en estilos y en formas ministeriales escasas y sin dinamismo, nos quejamos de un cierto agobio pastoral, que supuestamente nos arrolla con nuevos planteamientos e iniciativas misioneras. Otras veces, sin embargo, hay que reconocer que no siempre todos podemos seguir el paso que se pide. Os lo digo con todo cariño, si actuáis en conciencia, haced lo que podáis. Lo que sí pediría, porque eso sí está en manos de todos, es que confiarais y animarais a los laicos. Cada vez hay más que quieren, saben y pueden y se siente enviados a evangelizar cuando descubren el significado de su Bautismo.
Lo que sí es irrenunciable es que en el mundo de hoy hay que coger un ritmo alto e incisivo en el anuncio del Evangelio. “La Iglesia existe para evangelizar”, nos recordaba Evangelii Nuntiandi, 14. Hermoso “eslogan” millones de veces repetido, de tal manera que, si no se verbaliza, quedamos en mal lugar. Sin embargo, hay que reconocer que, ha tenido bastantes dificultades para abrirse camino en la práctica y está necesitando mas tiempo de la cuenta para mover y configurar nuestros corazones de enviados. Dejemos que este mandato de Cristo, que siempre está en el trasfondo de una Iglesia misionera, nos impregne de caridad pastoral y haga de nosotros animadores creativos de comunidades misioneras que tomen conciencia de su vocación de ser portadoras de la alegría del Evangelio, con el sueño misionero de llegar a todos. En esta sociedad nuestra, que inequívocamente necesita ser evangelizada, los presbíteros hemos de saber actualizar la mentalidad, el corazón y la mirada, poniendo toda nuestra atención en la compasión y la misericordia con que Dios mira la vida de las personas y la realidad sufriente del mundo.
Esto lo digo a propósito de un mayor compromiso misionero en esta experiencia concreta de misión diocesana que estamos haciendo. Son preciosas las experiencias que la gran mayoría de vosotros estáis disfrutando junto a vuestras comunidades. Pero, me consta que todavía se necesita algún empuje. Por eso, si alguno aun tiene dudas de sí vamos o no por el buen camino, os pregunto:
¿No os parece que no podemos seguir como si nada estuviera sucediendo? ¿No os parece que estamos obligados a reaccionar ante los grandes retos que tenemos por delante con actitudes e iniciativas misioneras?
Pidámosle a la Santísima Virgen de la Cabeza que, con su limpia y maternal mirada, la que nos dirige desde el balcón de su corazón abierto en su Santuario de Sierra Morena, que alargue nuestra mirada, la haga amorosa, la anime a una clara conversión pastoral, y que convierta a nuestra Diócesis de Jaén en una Iglesia en salida.

Jaén, 16 de abril de 2019
+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Tue, 16 Apr 2019 11:53:11 +0000
Decreto para la fiesta de San José http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/49244-decreto-para-la-fiesta-de-san-josé.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/49244-decreto-para-la-fiesta-de-san-josé.html Decreto para la fiesta de San José

El Obispo de Jaén ha firmado el Decreto para la fiesta de San José para este año 2019. En el que, entre otros puntos, recuerda el precepto, con obligación de participar en la Eucaristía en el día del esposo de la Santísima Virgen María, el próximo martes, 19 de marzo.


DECRETO
La vocación de San José le hizo participar íntimamente en el misterio de Cristo. Fue llamado por Dios para “tomar consigo a María su esposa”que estaba encinta “del que fue engendrado en ella por el Espíritu Santo” (Mt. 1, 20). De este modo, Jesús “llamado Cristo” nace de la esposa de José en la descendencia mesiánica de David (Mt. 1, 16) (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 437).
A partir de ahí, la persona y la vida de San José tienen en la historia de nuestra salvación una importancia que ha sido reconocida siempre por la sagrada liturgia y las leyes canónicas al proponer su fiesta como día de precepto (cf. canon 1246). Tradicionalmente el pueblo cristiano ha secundado esta norma dando un significativo realce familiar y social a la fiesta del 19 de marzo.
En el presente año 2019 este día ha sido declarado laborable por la autoridad civil de Andalucía.
Ante la necesidad de fijar claramente el tratamiento que dicha fiesta debe tener por parte de la comunidad católica, los Obispos de la Provincia Eclesiástica de Granada hemos acordado mantener en las Diócesis respectivas el carácter festivo de este día.
En conformidad con lo cual, en lo que se refiere a la Diócesis de Jaén, por el presente

DISPONGO:
1. Mantener el día de San José como fiesta de precepto con la obligación de participar en la Santa Misa.
2. Dispensar del obligado descanso laboral a los fieles que se vean precisados a desarrollar su trabajo habitual en ese día.
3. Pedir a los párrocos y otros rectores de iglesias que ordenen los horarios de los servicios religiosos de modo que los fieles encuentren la mayor facilidad para participar en la Santa Misa.
3. Pedir igualmente a los párrocos y otros rectores de iglesias que comuniquen a los fieles el contenido de este decreto y los horarios de misas con la debida antelación.
5. EL DÍA DEL SEMINARIO se celebrará en nuestra diócesis el domingo diecisiete de marzo, II Domingo de Cuaresma.
Dado en Jaén, a once de marzo de dos mil diecinueve

+Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Fri, 15 Mar 2019 14:13:17 +0000
En el camino de Cristo: del desierto a un rebrote de vida nueva http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/49125-en-el-camino-de-cristo-del-desierto-a-un-rebrote-de-vida-nueva.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/49125-en-el-camino-de-cristo-del-desierto-a-un-rebrote-de-vida-nueva.html En el camino de Cristo:  del desierto a un rebrote de vida nueva

Carta del obispo de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez con motivo de la Cuaresma Misionera de 2019


Queridos diocesanos:

1. Entramos en la Cuaresma y, como nos sucede cada año, de una vida ordinaria agitada y de tantas cosas preocupantes y alegres a la vez, los cristianos pasamos, de pronto, a un tiempo de profunda reflexión sobre nosotros mismos, pero sin que cambien nuestras circunstancias. El Papa Francisco nos acaba de recordar que la Cuaresma es un itinerario de preparación a la Pascua que hemos de ser conscientes de que nuestra vida tiene que ser conforme a Jesucristo en su misterio de pasión, muerte y resurrección.
2. Esto, que es una bella y certera definición del itinerario cuaresmal, tiene que suceder, sobre todo, con un cambio interior, conscientes de que la Cuaresma es un tiempo de gracia. No es un tiempo de miedo sino de encuentro de cada uno de nosotros con el amor salvador de Dios que, en Jesucristo, a través de la misión de la Iglesia, nos quiere llevar a la plenitud de vida, a vivir como hijo de Dios, como persona redimida, con una vida nueva inscrita en nuestro corazón para provecho también de la creación.
3. Nuestros corazones transfigurados por el amor de Dios desde nuestro Bautismo, fuente de todo lo que somos y vivimos por la fe, han de avanzar en la Cuaresma por el camino de lo bueno, de lo noble, de lo bello, de lo digno; siempre naturalmente guiados por el Espíritu Santo y atraídos por el amor entrañable de nuestro Dios. En el camino de la vida cristiana avanzamos por atracción en el amor. Ese es el impulso que nos mueve a caminar hacia el corazón y la fuente del amor: el de Jesucristo muerto y resucitado. Su camino es nuestro camino, su vida es nuestra vida.
4. La actitud clave de este tiempo es la conversión; lo que significa no sólo llorar nuestro pecado, algo imprescindible. Pero no hay conversión sin construir un futuro nuevo para nuestra vida. Lo nuestro, en estos días cuaresmales es abandonar lo que estorba, lo que interrumpió nuestra comunión con Dios, para poner en su lugar una nueva relación armoniosa con Dios y con nuestros hermanos, y con la creación que hoy tanto necesita en su desarrollo la armonía del ser humano. Es necesario, por tanto, que “los cristianos y todos los hombres emprendamos con decisión el 'trabajo' que supone la conversión, que es salir de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios”.
“La Cuaresma es signo sacramental de esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna”. Por ahí es por donde ha de ir el camino de nuestra conversión, y esto hemos de hacerlo con creatividad espiritual, esa que surgen de la pasión por Cristo y de la entrega generosa a nuestros hermanos. Por eso nosotros hemos de saber hacer una cuaresma misionera.
5. El recorrido cuaresmal lo hacemos siguiendo el camino de Jesús, con Él entraremos en el desierto y con Él volveremos al jardín de la comunión con Dios. Así ha de ser la Cuaresma misionera, la que recorren y viven los discípulos misioneros, que han emergido con tanta fuerza en nuestra Diócesis de Jaén, en un despertar alegre de su Bautismo. Será por eso una Cuaresma que nos reafirme en nuestra identidad, en lo que somos y en lo que estamos llamados a ser y a hacer para llevar a Jesucristo al corazón de nuestro mundo.
6. La Cuaresma es tiempo propicio para hacer pasar la vida por el amor de Dios y al prójimo, cultivando todo lo que le dé a nuestra existencia cristiana color misionero; lo que nos lleve al fervor y a la pasión por Jesús. “Aferrados a él pongamos nuestra vida al servicio de los demás. Ojalá nos sintamos apremiados por su amor" (cf 2 Co 5,14) y podamos decir con San Pablo: “¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!” (1 Co 9,16).
7. Nuestro camino será el de la santidad, pero una santidad muy peculiar, nuestra santidad tendrá una tonalidad apostólica. “Cada santo es una misión”. El Cristo del que participamos en esta Cuaresma es un Cristo en misión. Recordadlo bien, dejad que en esta Cuaresma misionera toda vuestra vida de discípulos produzca 'cristificación' y por eso santificación; ese es el fruto de una Cuaresma bien seguida. Para eso hay que contemplar el rostro de Jesucristo.
8. Nosotros, jienenses, caminamos en la fe contemplando, desde nuestra mas tierna infancia, el Santo Rostro de Jesucristo, que se encuentra como una preciosa reliquia en la Santa Iglesia Catedral de Jaén. A todos los diocesanos os invito a visitar el Santo Rostro, buscando en Él el amor y el fervor que necesitamos para el desarrollo de nuestra vocación de discípulos misioneros. Los diocesanos tenemos una ocasión única para poner nuestro corazón ante el rostro de Jesucristo y abrirnos a él. No la desperdiciemos, contemplemos y veneremos este bendito rostro que Jesús nos regaló por el amor compasivo de la Verónica.
9. Cultivad en estos días todo lo que fortalezca la conversión en Cristo como discípulos que sienten la urgencia del anuncio del Evangelio. Lo haremos desde la sencillez de nuestra vida de laicos, consagrados y sacerdotes. Nos vendrá muy bien para el cultivo de nuestra vida cristiana, la lectura orante de la Palabra de Dios, el cultivo de la oración, la presencia constante de Dios en nosotros y, evidentemente, la oración en soledad, en silencio, “tratando de amor con quien nos ama”.
10. No me olvido, por supuesto, de recomendaros en esta Cuaresma la participación en los actos de piedad popular. Los hay que nos unen especialmente a Cristo en el misterio de su muerte y resurrección (Vía Crucis, Vía Lucis). Todo lo que hagamos lo hemos de enriquecer especialmente con el tono y el sentido de la misión. En todos los actos de piedad y religiosidad popular podremos contemplar a Cristo; pero hay algunos especialmente ricos por su arraigo popular y su antigüedad, así como por la riqueza de sus textos y de sus cantos. Os pido encarecidamente que los valoréis, sobre todo aquellos que mejor recojan y concentren la espiritualidad de los sencillos, de los que saben captar la ternura y cercanía de Dios.
11. De un modo especial recomiendo la adoración eucarística en los días de Cuaresma y en una Cuaresma misionera, sin la Eucaristía no hay misión; recomiendo las 24 Horas con el Señor. Es una iniciativa del Papa, acojámosla con la sencillez, aunque para eso tengamos que prescindir de nuestra iniciativa. Nuestra oración será así más universal. Tampoco me olvido que en tiempo de conversión de los discípulos, reconocer nuestra condición pecadora, es sabernos invitados a poner en valor el Sacramento de la Reconciliación. La conversión misionera que buscamos ha de pasar necesariamente por el Sacramento del Perdón, que nos renueva en la gracia y en la vida nueva en Cristo Jesús.
12. También pertenece a la contemplación de un corazón cristiano el ver a Jesucristo en los pobres. La limosna, además, entendida como vivir en el amor a nuestros hermanos, para encontrar en ese amor la felicidad, es imprescindible. Por la limosna nuestro corazón encuentra a Jesucristo en las necesidades de los más desfavorecidos. Cultivad estos días todo lo que produzca la conversión en Cristo, todo lo que nos ayude a encontrarnos con el que vive en nosotros. Todo esto hemos de buscarlo en la sencillez de nuestra vida, en el bien hacer y oler de nuestras cosas pequeñas, de esas que quizás sin ruido hacemos por el amor de Cristo que llevamos en nosotros. En estos días de Cuaresma hemos de hacer pasar nuestra vida por el amor a Dios y al prójimo, cultivando sobre todo lo que le dé a nuestra vida calor misionero.
13. Todo lo que recibamos de Cristo en estos días de Cuaresma hemos de compartirlo en la misión. Cada sacerdote cada consagrado, cada visitador, anfitrión, misionero, cada grupo que se constituya, los visitadores de enfermos, los catequistas, animadores juveniles, acompañantes, etc. Y para que esto sea así, “pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación.”
14. Haremos mejor la Cuaresma misionera, si la compartimos con María, Madre de la Iglesia, Estrella de la Nueva Evangelización, la que presta atención contemplativa a la misión de su Hijo y nos invita a colaborar con Él en el bien espiritual y material de nuestros hermanos.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Mon, 11 Mar 2019 10:51:54 +0000
Las imágenes son una provocación amorosa de Dios http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/49052-las-imágenes-son-una-provocación-amorosa-de-dios.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/49052-las-imágenes-son-una-provocación-amorosa-de-dios.html Las imágenes son una provocación amorosa de Dios

Carta del obispo de Jaén, Mons. Amadro Rodríguez para reflexionar en una Semana Santa misionera

1. Hace un año escribí una larga carta pastoral, con motivo de las procesiones de Semana Santa, que llevaba por título: Las imágenes que contemplarán vuestros ojos. Con lo que en ella os decía -espero que la hayáis leído- intentaba ayudaros a un encuentro personal con Jesucristo y, por tanto, a fortalecer la fe desde la mirada a las queridas imágenes con las que, de un modo u otro, os encontraréis en los días santos en los que ellas desfilarán por nuestras calles. Como sabéis, muy bien, en nuestra Diócesis de Jaén afortunadamente las imágenes siempre procesionan, como se suele decir, “en olor de multitud”; siempre se encuentran con niños, jóvenes, adultos y ancianos que las miran con ojos de respeto y estoy seguro de que muchos también con ojos de fe. Cada procesión reúne, en torno a sus imágenes, muchos que rezan. En realidad, rezar es nuestra forma de relación con Jesús y, como sabéis muy bien, las imágenes son vehículo para la oración y la imitación.

2. Si hay oración, hay una relación entre quien habla y quien escucha y, sobre todo, hay una provocación de quien tiene mucho que decir y ofrecer a todos los seres humanos. Si no fuera por ese más que posible encuentro entre el misterio y las almas que sienten que Alguien les toca con su gracia, no merecería la pena nada de lo que hacemos, por muy bello y estético que fuera. Si no llevamos en el corazón la profunda convicción de que las procesiones están al servicio de la fe, perdonadme que os diga, pero serían solamente un puro teatro, aunque fuera bello y digno.
3.Toda manifestación pública de lo religioso expone, representa y embellece por la fe la vida del hombre. Las imágenes, como decía Pablo VI recogen lo que los artistas que las concibieron y esculpieron o pintaron “recibieron del cielo como un tesoro y lo revistieron de palabras, de colores, de formas para hacerlo accesibles a todos”. Como escribió el Cardenal Joseph Ratzinger: “Los artistas de cada tiempo han ofrecido a la contemplación y el asombro de los fieles los hechos salientes del misterio de la salvación, presentándoles en el esplendor del color y en la perfección de la belleza”.

4. Por eso, las imágenes salen a evangelizar, salen a acercarnos, a decirnos la buena noticia del cielo, salen a provocar la alegría del encuentro con Jesucristo. Y eso, antes de salir a la calle, tiene que suceder en la vida cotidiana de la Iglesia, en la que celebran y viven las comunidades cristianas, a las que pertenecen aquellos que fomentan en ellas la devoción a esas veneradísimas imágenes.
5. Las imágenes son transparencia del Evangelio y, sobre todo, de un Evangelio vivido. Como yo mismo os decía en la carta pastoral a la que he comenzado aludiendo: “Las imágenes están, por tanto, al servicio de la Palabra revelada de Dios, que siempre es cercana y familiar, como también lo es por las imágenes que la muestran. Palabra de Dios e imagen se iluminan mutuamente”. Por eso, puede decirse que en la piedad popular «el pueblo se evangeliza continuamente a sí mismo». La piedad popular es una verdadera expresión de la acción misionera espontánea del Pueblo de Dios. Por eso, no dudemos nunca de que en esas multitudes que se mueven en torno a nuestras imágenes cuando salen en procesión “aparece el alma de los pueblos”. Ese es su verdadero valor y tesoro. Las imágenes son, por tanto, una forma de predicación evangélica.

6. En este año, hemos de saber situar nuestra Semana Santa en la Misión Diocesana, en la que todos estamos implicados. Nada de lo que hagamos, ni el más mínimo detalle, ha de estar al margen de cuando queremos hacer y decir para anunciar a todos la alegría del encuentro con Jesucristo. Por eso, en cada una de las parroquias, tanto en los ritos celebrativos como en los desfiles procesionales, se ha de saber recoger y manifestar, con algún signo, que estamos en Misión. Yo recomendaría que cada procesión llevara alguna reproducción de la Cruz de la Misión o algún otro detalle que manifieste que Jaén está en Misión. La piedad popular, tal y como se vive en Jaén, representa muy bien, como dice el Papa Francisco, el proyecto de una Iglesia en salida. La piedad popular conlleva “la gracia de ser misioneros, de salir de sí y de peregrinar” (EG 124).

7. Las Hermandades y Cofradías tenéis, por tanto, en este año un precioso reto en la Iglesia Diocesana, en la que nacéis y vivís: el de expresar de corazón que sois discípulos misioneros. De ahí que sea necesario que os recuerde que las imágenes evangelizan, sobre todo por el testimonio explícito de quienes tienen la misión eclesial de cuidarlas y exponerlas. No se evangeliza sólo por cuidar imágenes, hay que evangelizar por “atracción”. Sólo nuestra fe y nuestra vida cristiana le pueden dar fuerza y verdad a las imágenes que acompañamos por nuestras calles y plazas. En este Año Misionero, el Obispo recomienda a todos los cofrades hacer el cumplimiento pascual, ese será nuestro mejor modo de caminar hacia la Pascua. Preparados así, os animo también a todos a que participéis en la bella y rica liturgia de Semana Santa y, en especial, en la Vigilia Pascual. Os invito, por tanto, a participar sacramentalmente en la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Como recuerda el Santo Padre: “cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios «concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que […] por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios» (Prefacio I de Cuaresma).

8. Para hacer explícito en cada cofrade que se siente en misión, recomiendo a las Juntas de Gobierno de nuestras Hermandades, Cofradías y Grupos parroquiales que al comenzar los desfiles procesionales en todas las parroquias de la Diócesis se rece la oración por la misión. Como seguramente no habrá ejemplares para todos, animo a que hagáis una estampa con vuestra imagen más representativa y, por detrás, pongáis la oración por la misión. Me gustaría tenerlas todas, así que os pido el detalle de enviármelas.

9. No quiero dejar de incluir en esta reflexión la conclusión del mensaje que el Santo Padre nos ha dirigido para esta Cuaresma de 2019: “No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así́, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación”.
10. Sería también una grave omisión si no os recordara que la Diócesis del Santo Reino, en su Catedral de Jaén, que fue diseñada y construida como su bello relicario, guarda un precioso tesoro de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, el Santo Rostro, que se plasmó en el gesto de amor y misericordia que la Verónica hizo en nombre de todos cuantos le amamos y le damos gracias por su Redención, para aliviarle, con una paño suave y solidario, el sudor del sufrimiento. Por eso, como un gesto misionero también os animo a acercaros al Santo Rostro de Cristo para hacer una oración de conversión, fe y compromiso misionero. Cuando miramos el Santo Rostro de Cristo reconocemos que Dios tiene rostro, que se vuelve hacia nosotros como persona. Por eso, desde lo más hondo de nuestro corazón, digámosle a Jesús, ante su Bendito Rostro, precioso legado para nuestra fe, con el Salmo 26: “Déjame ver tu rostro”.
Queridos todos: “Que el Señor os bendiga y os guarde. El Señor haga brillar su rostro sobre vosotros y os conceda su favor. El Señor os muestre su rostro y os dé la paz” (Nm 6, 23-26).

Con mi afecto y bendición.
Jaén, Año de la Misión, 2019

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Wed, 06 Mar 2019 14:14:19 +0000
Para una igualdad real de oportunidades entre hombres y mujeres http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/48456-para-una-igualdad-real-de-oportunidades-entre-hombres-y-mujeres.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/48456-para-una-igualdad-real-de-oportunidades-entre-hombres-y-mujeres.html Para una igualdad real de oportunidades entre hombres y mujeres

Carta pastoral del obispo de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez con motivo de la campaña de Manos Unidas 2019.

Leo con enorme satisfacción una declaración de principios de MANOS UNIDAS. La reproduzco porque considero que refleja patentemente lo que hace 60 años movió a las pioneras a comenzar esta aventura. Lo que aquellas mujeres de Acción Católica se propusieron hacer, es la verdadera razón por la que han sido capaces de vincular a tantos en esa labor encomiable que hace esta organización. Lo que más convence siempre es la identidad y la coherencia. MANOS UNIDAS dice de sí misma: Es la asociación de la Iglesia Católica en España para la ayuda, promoción y desarrollo en los países en vías de desarrollo. Es a su vez una Organización No Gubernamental para el desarrollo (ONG), de voluntarios, católica y seglar.
Considero que esto es suficiente para que creamos en lo que son y en cuanto hacen y, sobre todo para que nos fiemos de la gestión de esa asociación siempre fiel a los fines para los que fue creada. En primer lugar, declaran sin complejos que son una Asociación de la Iglesia Católica. No siempre le es fácil a algunos hoy decir con naturalidad, convicción y sin rubor que su vida está claramente enmarcada en la Iglesia Católica. Pero, Manos Unidas lo hace cada año y cada año adquiere mayor credibilidad, como se desprende de la ayuda que recibe y, por tanto, de la aceptación que tienen sus mensajes. Nos muestran, además, que trabajar por la promoción y el desarrollo pertenece a la misma identidad católica. De un modo especial, nos invitan a mirar al mundo en los países en vías de desarrollo, lo que significa que desde un marco de bienestar y de riqueza relativa, como es la nuestra, miramos a los que aún están sólo empezando a caminar.
Como Asociación de la Iglesia se mueven en medio de la sociedad civil con sus preocupaciones solidarias a favor de los más pobres, compartida con otros muchos; por eso declaran su condición de No Gubernamental. Son una muestra de cómo la Iglesia se mueve en medio del mundo con sensibilidad y valores específicos para buscar el desarrollo de la persona y de los pueblos. Y termina afirmando algo también esencial e importante en una Iglesia sinodal y corresponsable: es seglar. Esta labor la hace la inmensa mayoría del pueblo de Dios, con su propia estructura laical. En definitiva, es una opción de fe, una opción que nace de un encuentro con Jesucristo al que no pueden dejar de ver en los más pobres y débiles del mundo.
Todo lo dicho hasta aquí se puede comprobar en la Delegación de Jaén de Manos Unidas. Un grupo, sobre todo de señoras, perfectamente organizadas, que durante todo el año mueven nuestras conciencias y nos ponen de relieve hacia donde tienen que girar nuestras preocupaciones sociales. De un modo especial, cada año promueven esta campaña en todos los espacios que se abren a colaborar: nuestras parroquias, comunidades, centros educativos, católicos o no, asociaciones y particulares que les ayudan con sus donativos.
En esta ocasión, justamente en el 60 aniversario de su misión, hacen una profunda confesión y nos piden a todos que nos adhiramos: CREEMOS EN LA IGUALDAD Y DIGNIDAD DE LAS PERSONAS. Lo hacen con un tono femenino, como corresponde a la necesidad y a la novedad del momento. En su cartel, aparece una mujer india, por algo será, pero que muy bien podría representar a la mujer en cualquier lugar del mundo, que ilustra un gran lema: LA MUJER DEL SIGLO XXI ni independiente, ni segura ni con voz. Son tres negaciones que provocan. Las cosas van cambiando, pero este siglo que pretende ser el definitivo para tantas lacras sociales, también las está poniendo de relieve con más claridad que nunca. Es un lema para pensar, es un lema para cambiar, es un lema para respetar el plan de Dios sobre los humanos, a los que creó hombre y mujer, iguales en derecho y dignidad. La Biblia presenta al hombre y a la mujer como compañeros iguales ante Dios (cf. Gn 5,2).
Para que estos objetivos que se nos proponen sean posibles y, sobre todo para que los proyectos con los que se pretende cambiar el mundo con un desarrollo integral, tengan eficacia, os animo a todos a ser muy generosos en esta Campaña de MANOS UNIDAS DEL 2019. Esperamos mucho de todos en este Año de la Misión Diocesana, en el que para ser creíbles hemos de mostrar el respeto por la dignidad de todos los seres humanos, y especialmente por los más frágiles y maltratados; en esta ocasión por la mujer. QUE ESTA CAMPAÑA DE MANOS UNIDAS SEA UNA APORTACIÓN AL SUEÑO MISIONERO DE LLEGAR A TODOS.

Con mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Tue, 05 Feb 2019 12:45:33 +0000
Carta Pastoral en la Jornada Mundial del Enfermo 2019 http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/48358-carta-pastoral-en-la-jornada-mundial-del-enfermo-2019.html http://odisur.es/diocesis/jaen/documentos/item/48358-carta-pastoral-en-la-jornada-mundial-del-enfermo-2019.html Carta Pastoral en la Jornada Mundial del Enfermo 2019

Carta del obispo de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez

Queridos amigos:

1. Soy consciente de que me dirijo a un colectivo muy querido. Lo hago con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra el día 11 de febrero, memoria litúrgica de la Santísima Virgen de Lourdes. Con esta carta quiero llevar mi afecto a todos los sanitarios, en todas sus especialidades de servicio al enfermo; también, a todos los voluntarios que siempre representan la mejor sensibilidad de la sociedad y de la Iglesia en favor de los enfermos. Y naturalmente, mis palabras van dirigidas con un especial afecto a todos los enfermos, niños, adultos y mayores, que son el centro de esta celebración de la Iglesia católica, que este año tiene su punto de referencia en Calcuta (India), por ser la ciudad de servicio de Santa Teresa de Calcuta, modelo de la caridad, que hace visible el amor de Dios a los pobres y enfermos.
2. Todos los que os movéis en los ambientes sanitarios no tenéis otro interés que no sea sanar y acompañar a los que cada día atendéis, uno a uno, en su concreta situación de enfermedad y dolor. Cuando nos acercamos a vosotros, enseguida descubrimos que os veis como alguien que sirve a sus pacientes. Siempre es muy explícito en la vida de una persona, que tiene la vocación de sanar y acompañar al enfermo, que lo fundamental para vosotros es servirle; incluso cuando reivindicáis mejoras para vuestra profesión. Todos los sanitarios sabéis mejor que nadie que la vida es un don, y al servicio de este don os veis y os situáis en todo cuanto hacéis. Servís a lo que cada ser humano recibe al ser concebido.
3. Esta convicción de que la vida es un don la recoge de un modo precioso el Papa Francisco en el mensaje que ha dirigido para esta Jornada Mundial del Enfermo: “La vida es un don de Dios”. Pues bien, teniendo en cuenta esa óptica, la mirada al enfermo en su fragilidad y sufrimiento ha de ser siempre para dignificar el don de la vida; por eso, practicar el descarte o incluso la muerte es no entender nada del valor de la vida humana. Suele suceder, sin embargo, que en este mundo moderno, individualista y fragmentado hay personas que al margen de Dios, pretenden ser ellos los que han de decidir a quién aún merece la pena cuidar y quién ya no sirve para vivir.
4. Si los seres humanos fuésemos capaces de aceptar con naturalidad y sencillez que somos criaturas, es decir, que somos lo que hemos recibido, esto necesariamente nos haría generosos y solidarios. Por eso, me dirijo ahora a cuantos voluntarios os movéis en torno al enfermo, ya seáis familiares o lo hagáis en virtud de vuestra fe y pertenencia a la Iglesia, o también por una especial sensibilidad humanizadora en favor de los más débiles; a todos animo a desplegar vuestra vida con el testimonio del amor gratuito. ¡Cuántas acciones heroicas hay en este campo pastoral y de servicio social!
Como dice el Papa Francisco: “El voluntario comunica valores, comportamientos y estilos de vida que tienen en su centro el fermento de la donación. Daos con ilusión y alegría”. Dad por seguro que lo que recibiréis siempre será mucha gratitud, especialmente de los más solos, de los descartados de la sociedad y a veces, incluso, de sus familias. Por eso deseo, en nuestra Diócesis de Jaén, el fomento de instituciones que tengan como fin cuidar la fragilidad de las personas enfermas. No olvidéis nunca, y en especial en este año de la Misión Diocesana, que los gestos gratuitos de donación, como el del Buen Samaritano, son la vía más creíble para la evangelización. Tanto a profesionales como a voluntarios, habría que recordarles que el cuidado del enfermo requiere mucha profesionalidad, pero también ternura y acciones sencillas y, sobre todo, siempre una actitud en gestos y palabras que hagan posible que el enfermo se sienta querido. Por eso, una política sanitaria no puede olvidarse de esas necesidades tan humanas de un enfermo; por el contrario, debe facilitar a los profesionales de la medicina tiempo y recursos que incluyan la humanización de la sanidad y no exigirles medidas y condicionamientos que con tanta frecuencia desconciertan a los enfermos, en especial a los mayores.
5. Por último, quiero dirigirme a vosotros los enfermos, los destinatarios de este servicio al don de vuestra vida, a los que ahora la tenéis débil y necesitada de cuidados. También de vosotros espera mucho la sociedad y la Iglesia. Se suele decir que no hay enfermedades sino enfermos, aunque no siempre los refranes tengan razón. Por eso, los valores que podemos encontrar en vuestras actitudes ante la enfermedad siempre serán de una gran ayuda, incluso para los profesionales de la medicina, que en vosotros suelen encontrar el estímulo que necesitan en su trabajo. Además, quiero deciros que sois muy importantes para la Iglesia, por lo mucho que aportáis, precisamente, como enfermos cristianos. En este año de la Misión Diocesana quiero deciros que vosotros sois discípulos misioneros. Vosotros sois lo que el Papa Francisco dice de cada cristiano: “Yo soy una misión en el mundo”. Los enfermos sois la viva imagen de unos valores muy especiales, que nadie como vosotros podrá nunca encarnar. Sois testigos de que la vida es un don cuando vivís con gratitud a Dios y a cuantos os cuidan y sanan. Los enfermos ponéis de relieve ante los demás que sois la viva imagen de Jesucristo; sobre todo cuando vuestra actitud es un reflejo claro de que Jesús está en vosotros. Eso os hace dignos de un profundo respeto y de una gran veneración. No hay mejor identificación con Cristo que la de poner al servicio de los demás el dolor y la enfermedad. Quizás, si lo hacéis así, podréis llegar a decir como San Pablo: “Ahora me alegro de mis padecimientos por vosotros” (Col 1,24).
6. En fin, queridos diocesanos, cada enfermo es nuestro enfermo, por la pertenencia mutua que hay entre nosotros, los que compartimos la misma fe y vida. En el Cuerpo de la Iglesia “si un miembro sufre en algo, con él sufren todos los demás“. Como nos recordaba San Pablo: “alegraos con los que están alegres, llorad con los que lloran” (Rm 12,15).


Con mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Jaén Thu, 31 Jan 2019 13:00:36 +0000