Huelva Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://odisur.es Mon, 22 Oct 2018 15:19:27 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es La parroquia, familia de familias http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/46184-la-parroquia-familia-de-familias.html http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/46184-la-parroquia-familia-de-familias.html La parroquia, familia de familias

Carta del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana

Queridos hermanos y hermanas:

Os saludo cordialmente en el Señor al comenzar este nuevo curso pastoral. Iniciamos el cuarto año del Plan Diocesano de Evangelización animados por las palabras del Papa Francisco en su última exhortación Gaudete et exsultate. En ella, el Santo Padre nos invita a descubrir nuestra vocación a la santidad “viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra” (GE, 14).

Acogiendo con alegría y esperanza este mensaje del Santo Padre, nos disponemos a poner en marcha la cotidianidad de nuestra vida con ánimo renovado y atendiendo a los retos que el momento actual nos plantea. En este sentido, y después de escuchar a los Consejos de Pastoral y Presbiteral, vemos la necesidad de una verdadera renovación de las parroquias y de una comprometida dinamización de sus miembros. Ambos retos vienen de la mano, pues sin esa “savia nueva” que rejuvenezca el rostro de las parroquias tampoco aflorarán nuevas iniciativas y nuevas maneras de afrontar la tarea pastoral y evangelizadora, siempre necesaria.

Por otro lado, venimos hablando en los últimos años de la oportunidad que, en este sentido, ofrece el acercamiento de muchas familias a las parroquias con ocasión de la Iniciación Cristiana de sus hijos y la posibilidad de ofrecerles una buena acogida y un camino que les ayude a valorar su identidad cristiana, su pertenencia a la Familia de familias que es la Iglesia y su participación activa en Ella, para así “consolidar la reciprocidad entre familia e Iglesia: la Iglesia es un bien para la familia, la familia es un bien para la Iglesia” (Amoris Laetitia, 87). Estoy convencido de que la presencia de estas familias nutre la propia vida de la Iglesia y de que, en contrapartida, deben encontrar en ella un ámbito donde compartir el don que son para la Iglesia. De este modo, la Iglesia les entrega el alimento y la compañía adecuados para seguir creciendo en medio de una sociedad en la que con frecuencia se sienten solas y amenazadas.

Por todo ello, quisiera que este curso pastoral pongamos la mirada en las familias que se acercan a nuestras parroquias, especialmente en las que lo hacen por primera vez, para que descubran en ellas el lugar donde “las familias nacen, se encuentran y se confrontan juntas, caminando en la fe y compartiendo caminos de crecimiento y de intercambio mutuo” (Instrumentum Laboris de la XIV Asamblea General Ordinaria, 53).

1. La familia, un don para la parroquia.

Es encomiable la generosidad que, durante años, vienen mostrando a través de una presencia las más de las veces desapercibida o silenciosa quienes han sostenido la actividad en nuestras parroquias desde la catequesis, en los grupos de Cáritas, con los enfermos u otras tareas pastorales. Nunca será suficiente el agradecimiento por el bien que han hecho.Sin embargo, a menudo nos encontramos con la dificultad de poder “pasar el testigo” a nuevas generaciones de cristianos adultos que continúen esta necesaria labor. Incluso, en algunos casos, comienza a experimentarse un vacío, una falta de obreros, mientras que no disminuye la demanda de estos servicios pastorales. Esta exigencia no siempre viene acompañada de un sentimiento de familia y disponibilidad que mueva a integrarse y a participar de un modo más activo. Todo ello implica una respuesta generosa y de confianza: generosidad por parte de estos nuevos adultos, padres y madres de familias, capaces de asumir un papel más protagonista en la vida de la comunidad y a los que hay que saber acoger e invitar explícitamente a esta incorporación; por otro lado, la necesaria confianza por parte de quienes han venido desarrollando esta labor para que estos nuevos agentes puedan continuar la tarea aportando también su propio estilo, creatividad y experiencia.

Es verdad que muchos de estos adultos no tienen el bagaje o la experiencia propias de personas con un itinerario de fe que les haya llevado a madurar las propias opciones. Muchos necesitan una adecuada formación no sólo para asumir estas tareas sino, fundamentalmente, “para dar razón de nuestra esperanza a todos los que nos la pidan” (1Pe 3,15-16). En un mundo tan plural como el nuestro es especialmente urgente la formación no sólo para desarrollar algunas actividades dentro de la parroquia, sino principalmente para ser discípulos y testigos en medio de la sociedad. En este sentido, el Centro Diocesano de Teología, Pastoral y Espiritualidad pone en marcha este curso un trienio de formación para capacitar a estos nuevos agentes con una adecuada preparación teológica y pastoral. Además, la puesta en marcha de la nueva Acción Católica General en nuestra diócesis ofrece un itinerario de maduración de la vida creyente. Son medios que se ponen a nuestro alcance y que debemos aprovechar.

No podemos caer en el error de pensar que, porque encontremos en estos posibles agentes algunas carencias, no puedan aportar su conocimiento del mundo actual y su experiencia vital en medio del contexto social en el que se desenvuelven. Debemos convencernos de que necesitamos esta mirada y este diálogo para encontrar nuevos lenguajes y formas de seguir anunciando hoy el mensaje del Evangelio.

2. La parroquia, un bien para la familia.

Dice el Papa que “la Iglesia desempeña un rol precioso de apoyo a las familias, partiendo de la iniciación cristiana, a través de comunidades acogedoras” (AL, 85). Y es precisamente en este campo donde deseo ofrecer una propuesta concreta: crear pequeños grupos de familias que se comprometan a crecer juntas y apoyarse en la educación cristiana de sus hijos.

La familia se siente sola muchas veces sin saber cómo afrontar algunos desafíos actuales en la educación de sus hijos o cómo sobrevivir en un mundo de prisas, exigencias y competición. El testimonio de la familia cristiana en las obras del día a día ofrece una luz, y es un revulsivo para esta sociedad de lo efímero. Por eso, es bueno que algunas familias se reúnan habitualmente para compartir preocupaciones y soluciones, para encontrar en el Evangelio el alimento que perdura, reconforta y les hace vivir y crecer en comunidad.

Los padres que se acercan a la parroquia con ocasión de la Iniciación Cristiana de sus hijos a menudo equiparan la catequesis a la formación que los niños reciben en la escuela, como un tiempo necesario que les habilita para un objetivo final, que en este caso no es aprobar el curso sino recibir el Sacramento. De este modo, una vez celebrado no encuentran razones para continuar vinculados a la comunidad parroquial. Incluso la participación en la Misa Dominical es percibida por estos padres como un requisito más que como una celebración de toda la familia. Hay que ayudarles a ver que la parroquia es un espacio en el que la familia inculca, testimonia y celebra su fe y en el que cada miembro encuentra respuesta a su proceso creyente.

Es por eso que propongo que en las parroquias se creen grupos de familias que, a modo de “escuela de padres”, se ayuden en la educación de los hijos; se comprometan a participar en la misa dominical y desarrollen juntos alguna actividad sencilla para celebrar el domingo como Día del Señor (objetivo de la Conferencia Episcopal Española para el próximo año), algún día especial de la familia en la parroquia u otra actividad para fomentar la relación entre los padres, pero también entre hijos en los que encuentren iguales con los que compartir y disfrutar. Además, en algunos lugares se pueden trazar puentes también con la escuela, proponiendo experiencias de colaboración y crecimiento conjunto.

Os invito a dar un primer paso en aquellas parroquias donde aún no hemos estrenado ninguna iniciativa de este tipo aunque, en general, sé que no partimos de cero. Algunas parroquias ya tienen experiencias positivas en el campo de la mayor participación de los padres en la iniciación cristiana de sus hijos, por lo que también os animo a consolidarlas y a compartirlas con otras parroquias vecinas.

Finalmente, no quiero dejar pasar de largo la celebración del próximo Sínodo que pondrá su mirada en la juventud, pues dentro de la familia hay que atender especialmente a los jóvenes. Este acontecimiento eclesial nos estimula a escucharlos y a acompañarlos en su fe y en su vocación. En este sentido, un grupo animoso de jóvenes de nuestra Diócesis está participando en una experiencia que llamamos “Iglesia a la escucha”, de la que esperamos propuestas concretas. Estemos atentos y apoyemos sus iniciativas.

Que la Sagrada Familia de Nazaret –Jesús, María y José– sea nuestro ejemplo, nos estimule en nuestra vida cristiana y nos proteja.

Con afecto os bendigo.

+ José Vilaplana Blasco

Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Wed, 26 Sep 2018 13:37:20 +0000
Memoria viva de la visita de un Papa santo http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/44873-memoria-viva-de-la-visita-de-un-papa-santo.html http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/44873-memoria-viva-de-la-visita-de-un-papa-santo.html Memoria viva de la visita de un Papa santo

Carta pastoral del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana con motivo del XXV Aniversario de la Visita Apostólica de San Juan Pablo II a la Diócesis de Huelva)

Queridos hermanos y hermanas:

Hace veinticinco años San Juan Pablo II visitó la Diócesis de Huelva. El Papa celebró la Eucaristía en la ciudad y visitó los lugares colombinos de Moguer, Palos de la Frontera y La Rábida, donde coronó a la Virgen de los Milagros. Culminó su visita en El Rocío, donde tuvo un encuentro con las hermandades rocieras y devotos de la Virgen. Todo ello, constituye, sin duda, uno de los hitos históricos de nuestra Iglesia particular.

El 14 de junio de 1993 ya ha quedado marcado con letras de oro en la historia de Huelva. Ahora, pasados estos veinticinco años, es el momento del recuerdo agradecido y de la memoria de sus enseñanzas en aquel día inolvidable para nuestra diócesis, porque su mensaje sigue tan vivo como entonces. Esta carta quiere resaltar la importancia que tuvo aquella Visita Apostólica, por cuanto el Sucesor de Pedro en aquel momento confirmó en la fe a esta joven Iglesia diocesana y le mostró unas pautas que sirvieron en su día para programar el trabajo pastoral y su implantación en adelante. El recuerdo de aquellas palabras se nos ofrece como un eco lleno de actualidad y estímulo para nuestra Iglesia de hoy:

1. Huelva, sé tú misma. Identidad y misión.

En la importante homilía de la celebración eucarística en la Avenida de Andalucía, -en la que tuve la dicha de participar junto a vuestros pastores de entonces, D. Rafael y D. Ignacio-, el Papa hizo un llamamiento al mantenimiento de la identidad cristiana de Huelva y a ser coherentes con ella. Con mucha actualidad resuenan sus palabras: “El alejamiento de Dios, el eclipse de los valores morales ha favorecido también el deterioro de la vida familiar…” (Homilía en Huelva, 6). Así como aquellas otras en la que decía a la comunidad cristiana de Huelva: “Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces” (Ibídem, 7).

Nuestra sociedad sigue sufriendo la misma preocupación descrita por San Juan Pablo II, quien nos llamaba a la coherencia de vida frente a los signos de descristianización que no pueden llevarnos “a una resignación conformista o a un desaliento paralizador” (Ibídem, 8), sino a una nueva evangelización necesitada de un laicado adulto y responsable.

En este sentido, conocéis los esfuerzos pastorales que se han venido haciendo en la diócesis. Los sucesivos pastores no nos hemos cansado de hacer una constante llamada a la formación y a la profundización en los fundamentos de nuestra fe para poder dar razón de nuestra esperanza. No hay, pues, motivo para el desánimo, como decía el Papa santo: “por muchas que sean las sombras que oscurecen el panorama, son más los motivos de esperanza”, citando las raíces cristianas de Huelva, la fe en Jesucristo y la devoción mariana de nuestro pueblo (Cfr. Ibídem, 7).

2. La aportación de Huelva a la evangelización de América y nuestros retos.

El motivo final de la Visita de San Juan Pablo II a nuestra diócesis vino marcado por la celebración del V Centenario de la Evangelización de América, gesta que convirtió “en realidad geográfica y humana la vocación universal -católica- del cristianismo” (Ibídem, 2). Ese recuerdo del pasado, decía el Papa, ha de ser “estímulo y acicate para afrontar con decisión y coraje apostólico los desafíos del presente” (Ibídem, 3).

El Señor nos sigue llamando a evangelizar porque, como nos recuerda el Papa Francisco, “la alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús” (Evangelii Gaudium, 1). ¿Cómo no darlo, pues, a conocer? Si los onubenses del siglo XV fueron capaces de cumplir una misión histórica, también los del siglo XXI han de tener esa audacia, conscientes además de que la evangelización, como decía San Juan Pablo, no se limita al anuncio de un mensaje, sino que pretende “alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad que están en contraste con la Palabra de Dios y con su designio de salvación” (Evangelii nuntinadi, 19).

3. La valoración de la piedad popular.

Según el Papa Francisco, la piedad popular es “verdadera expresión de la acción misionera espontánea del Pueblo de Dios. Se trata de una realidad en permanente desarrollo, donde el Espíritu Santo es el agente principal” (Evangelii Gaudium, 122). El Pueblo de Dios que camina en Huelva exultó de gozo con el Papa polaco ante las imágenes sagradas que identifican su piedad. San Juan Pablo II resaltó sus valores y avisó sobre los riesgos de su banalización: “desligar la manifestación de religiosidad popular de las raíces evangélicas de la fe, reduciéndola a mera expresión folklórica o costumbrista sería traicionar su verdadera esencia”. (Discurso en El Rocío, 3). Aún hoy tenemos que cuidarla, purificarla y convertirla en verdadera escuela de vida cristiana (Ibídem).

Después de mucho trabajo, vemos con humildad y gratitud cómo las instituciones que encauzan la piedad popular de nuestra tierra van creciendo en su eclesialidad, en la valoración de la liturgia, de la evangelización y de la caridad. Sigamos así y mantengamos estos esfuerzos para que nuestras hermandades y cofradías, como pide el Papa Francisco, sean más evangélicas, eclesiales y misioneras (Cfr. Homilía Jornada de las Cofradías y de la piedad popular, 5-V-2013).

4. La sensibilidad del Papa ante los problemas sociales.

San Juan Pablo II vino también a animar la fe de nuestro pueblo, una fe que ha de ser traducida en obras. Por eso, nos dejó el legado de sus palabras sobre la situación social del momento, describiéndola y buscando en la exclusión de Dios una explicación a esta realidad. El Sucesor de Pedro decía que esta omisión “tiene gravísimas consecuencias” (Homilía en Huelva, 5), como “la ausencia de los valores morales”, que está en “la raíz de sistemas económicos que olvidan la dignidad de la persona y de la norma moral, poniendo el lucro como objetivo prioritario y único criterio inspirador de programas” (Ibídem), refiriéndose al paro laboral y a las consecuentes lacras de la marginación social.

En la actualidad, la exclusión de Dios ha llevado a la “sociedad del descarte” de la que habla el Papa Francisco. Nuestros jóvenes buscan un mejor futuro fuera de nuestras tierras, mientras que éstas son pisadas por inmigrantes que malviven en los asentamientos de nuestra provincia, entre otras situaciones de injusticia. Tenemos que seguir denunciando las causas de estas realidades, apelando a la responsabilidad compartida y a la creatividad de todos para erradicarlas y para evitar sus nefastas consecuencias, tal y como se viene realizando desde Cáritas Diocesana, junto a otras organizaciones.

5. Bajo la mirada de María.

La impronta mariana caracterizó la Visita Apostólica de San Juan Pablo II a nuestra diócesis. En todos los lugares visitados veneró las benditas imágenes de María a las que el pueblo invoca desde hace siglos.

Ante la nombrada como “Santa María, Estrella de la Evangelización, Madre de España y de América”, rezó y pidió renovar “la memoria, cinco veces centenaria, del anuncio de Cristo a los pueblos del Nuevo Mundo” (Oración a la Virgen de los Milagros en La Rábida, 4). También yo, como Obispo vuestro, presento a la Madre Inmaculada, Estrella de la Evangelización, los actos conmemorativos del XXV Aniversario de la Visita Apostólica de San Juan Pablo II a nuestra diócesis, que celebraremos con un triduo los días 13, 14 y 15 de junio, así como una solemne misa el 16 de junio, en la Parroquia de San Sebastián de Huelva, donde están su imagen y su reliquia, y donde se proclamó como Patrón de la Juventud de la Diócesis.

Que al recordar sus palabras, nos estimule el ejemplo de su vida y que la intercesión de aquel Papa santo que nos confirmó en la fe y nos alentó a seguir a Jesús, el Hijo de María, nos ayude a avivar las raíces cristianas de Huelva, con coherencia de vida, con renovado ímpetu evangelizador y con verdadero espíritu de servicio a todos los hermanos, especialmente a los más desfavorecidos y vulnerables.

Con afecto os saludo y bendigo.

✠ José Vilaplana Blasco

Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Fri, 08 Jun 2018 11:27:31 +0000
Amarás a Dios y amarás al prójimo http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/42844-amarás-a-dios-y-amarás-al-prójimo.html http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/42844-amarás-a-dios-y-amarás-al-prójimo.html Amarás a Dios y amarás al prójimo

Carta del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana

Queridos hermanos y hermanas:

Dios es amor y amarle a Él y amar al hermano, inseparablemente, es el signo de una vida cristiana auténtica. Cada Cuaresma, la Iglesia nos invita a renovar y revitalizar este amor que está permanentemente expuesto a enfriarse. Así nos lo ha recordado el Papa Francisco, en su mensaje para esta Cuaresma, al ponernos en guardia frente a los falsos profetas que nos invitan a una vida fácil y nos seducen con falsas promesas de una vida egoísta que “enfrían nuestro amor”.

En esta sencilla carta, al inicio de este tiempo de conversión, os exhorto a preguntaros en serio cómo está nuestro amor a Dios, a volver a Él y, alimentados por su Palabra y la celebración de los sacramentos, reavivar vuestro corazón. Así se encenderá de nuevo, como experimentaron los discípulos de Emaús (Cf. Lc 24, 13-25).

El amor a Dios y al prójimo ha de actualizarse y vivirse en cada momento de la historia para traducirlo en acciones concretas y adecuadas, de manera que no amemos de palabra sino con obras y verdad (Cf. I Jn 3, 18). Amar es tomarse en serio al otro en este doble sentido: tomarse en serio las cosas de Dios y tomarse en serio la situación del hermano. Amar significa preguntarse qué espera el otro de mí. Deseo centrarme en esta breve carta en el amor y servicio a los más necesitados que se encuentran entre nosotros.

Cada uno personalmente, de hecho, ayudamos y acompañamos a muchas personas. Esto no puede faltar en la vida cristiana. Pero hay otro modo, complementario y necesario, de ayudar de forma comunitaria y organizada. Porque hay situaciones y necesidades que sólo podremos afrontar debidamente uniendo nuestros esfuerzos. Esta forma de acercarnos a los demás expresa la solicitud de la madre Iglesia por sus hijos más débiles. Este servicio de la Iglesia a los últimos, organizado y comunitario, lo llevamos a cabo por medio de Cáritas.

¿Qué es Cáritas? Es la mano generosa de la Iglesia que sirve a los últimos de la sociedad. En su nivel parroquial, diocesano, nacional e internacional, desea acercarse a los más vulnerables; reconociendo la dignidad de toda persona humana y procurando su promoción y desarrollo integral.

Nuestra Diócesis de Huelva está atenta a las situaciones que demandan de todos nosotros una mayor atención. Además de las personas sin hogar, hay entre nosotros un gran número de inmigrantes que vive en situaciones indignas de cualquier ser humano. Pero, además, dentro de ellos, hay un grupo que sufre a causa de la enfermedad o el accidente. Se convierten así en los últimos de los últimos.
Los cristianos no podemos ser indiferentes ante estas situaciones. El Papa Francisco, en su mensaje cuaresmal de este año, recuerda unas palabras del Papa Pío XII, y nos dice que: “cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios hacia sus hijos. Y si él hoy se sirve de mí para ayudar a un hermano, ¿no va a proveer también mañana a mis necesidades, él, que no se deja ganar por nadie en generosidad?”.

El tiempo de cuaresma es tiempo de oración, ayuno y limosna: tiempo de saber renunciar a nuestros caprichos, para poder compartir con más generosidad.

Nuestras Cáritas están necesitadas de recursos para prestar mejor ayuda. Algunas instituciones están retirando su ayuda a Cáritas y esto requiere que nosotros aumentemos nuestros recursos propios para seguir acompañando a los más necesitados. ¿Qué podemos hacer? Tomemos en serio lo que venimos haciendo: la colecta del primer domingo de mes; el Gesto de Cuaresma; la renovación de nuestros equipos de Cáritas, con más voluntarios; la información de lo que la Diócesis está haciendo y la formación para realizar una Caridad más promocional; la reflexión sobre lo que cada uno, o cada familia, puede compartir.

Queridos hermanos y hermanas, no olvidemos que el Señor nos preguntará al final de nuestros días: ¿Qué has hecho por mí en el hermano? Quiera Dios que nuestra respuesta sea: ten piedad de mí, he intentado amarte con todo mi corazón, sirviendo y ayudando a mis hermanos.

Con todo afecto os bendigo.

+ José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Wed, 14 Feb 2018 13:52:55 +0000
Poner en común nuestra vida y nuestros bienes http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/42721-poner-en-común-nuestra-vida-y-nuestros-bienes.html http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/42721-poner-en-común-nuestra-vida-y-nuestros-bienes.html Poner en común nuestra vida y nuestros bienes

Carta del obispo de huelva, Mons. José Vilaplana

Queridos hermanos y hermanas:

Cuando estamos a las puertas de la Cuaresma, como en otros años, celebramos la Campaña contra el Hambre, la número 59 que organiza Manos Unidas, una organización nacida de la Acción Católica y que busca el desarrollo de los pueblos como una concreción de la siembra de las semillas del Reino. A veces puede parecernos estéril lo que podemos hacer ante un problema de características tan complejas como es el del hambre en el mundo, pero debemos recordar que lo nuestro es sembrar, y quien siembra recoge. Mejor dicho, nuestra siembra la recogerán otros, y, por lo tanto no debemos desfallecer en la tarea que nos propone con su campaña anual Manos Unidas.

Nuestra vida transcurre en un espacio concreto, y está llena de preocupaciones concretas, que a veces pueden distraernos de la universalidad que exige nuestra vocación cristiana. La Campaña contra el Hambre es una oportunidad para ensanchar nuestro corazón, para abrirnos a los problemas del prójimo, también de los prójimos que no conocemos pero son protagonistas, como nosotros, del cuidado de nuestra casa común, que“clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra”(Laudato Sí, 2).

El lema de este año es“Comparte lo que importa”. Y lo que importa es esta casa común que hemos recibido de Dios, que la creó y vio lo bueno de su creación (Cf. Gen 1, 31). Como nos recuerda el papa Francisco, los peores impactos del cambio climático“probablemente recaerán en las próximas décadas sobre los países en desarrollo. Muchos pobres viven en lugares particularmente afectados por fenómenos relacionados con el calentamiento, y sus medios de subsistencia dependen fuertemente de las reservas naturales y de los servicios ecosistémicos, como la agricultura, la pesca y los recursos forestales”(Laudato Sí, 25). Por eso, en esta ocasión, Manos Unidas de Huelva es responsable de un proyecto en Padek (Camboya), en un lugar marcado por la sequía, en gran parte provocada por el cambio climático. Es una zona arrocera, de pequeños agricultores, en la que hay elevadas tasas de pobreza. Este proyecto concreto de Manos Unidas onubense pretende potenciar la productividad agrícola. Su ejecución hará frente a los gastos de reparación y construcción de infraestructuras de riego y saneamiento, así como a la adquisición de equipos y materiales, etc. De este citado proyecto 2.167 personas serán las beneficiadas directamente y 19.000 personas de forma indirecta.

¿Nos importa la Creación? ¿Nos importan los habitantes de esta casa común? ¿Nos importan nuestros hermanos? La Campaña de Manos Unidas nos da la posibilidad de poner en común nuestra vida y nuestros bienes. Contribuyamos con nuestra preocupación por los hermanos lejanos, puesto que, como nos recuerda el Papa:“necesitamos fortalecer la conciencia de que somos una sola familia humana. No hay fronteras ni barreras políticas o sociales que nos permitan aislarnos, y por eso mismo tampoco hay espacio para la globalización de la indiferencia”(Laudato Sí,52). Y contribuyamos, en la medida de nuestras posibilidades, con nuestros bienes, que harán posible concretar nuestro amor a Dios en nuestros hermanos.

Con mi afecto y bendición.

✠ José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Fri, 09 Feb 2018 13:08:18 +0000
Contagia la alegría de Jesús http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/42515-contagia-la-alegría-de-jesús.html http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/42515-contagia-la-alegría-de-jesús.html Contagia la alegría de Jesús

Carta del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana, con motivo de la próxima celebración del Encuentro Diocesano de Catequistas

Queridos hermanos y hermanas:

El Encuentro Diocesano de Catequistas, que se celebra en Huelva el 27 de enero de 2018, es
una ocasión, un momento de gracia, al servicio de la comunión, pues sin duda estrechará los lazos
eclesiales, y será expresión de una Iglesia en salida, de una comunidad diocesana que intenta dar
respuesta a una pregunta del Señor que se ha convertido en vocación: “¿A quién enviaré?” (Is 6, 8).
Y la respuesta es sencilla: mujeres y hombres de todas nuestras parroquias que un día recibieron
la invitación a ser catequistas para contagiar la alegría de Jesús. La catequesis es ese conjunto de
esfuerzos, como decía San Juan Pablo II “realizados por la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar
a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios, a fin de que, mediante la fe, ellos tengan la vida en
su nombre, para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo” (Catechesi
tradendae, 1).

Es grande y esencial esta tarea, tal como recuerda el Santo Padre Francisco: “Cuando la Iglesia
convoca a la tarea evangelizadora, no hace más que indicar a los cristianos el verdadero dinamismo de
la realización personal: «Aquí descubrimos otra ley profunda de la realidad: que la vida se alcanza y
madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión». Por
consiguiente, un evangelizador no debería tener permanentemente cara de funeral. Recobremos y
acrecentemos el fervor, «la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar
entre lágrimas […] Y ojalá el mundo actual —que busca a veces con angustia, a veces con esperanza—
pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o
ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido,
ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo»” (Evangelii gaudium, 10). De la alegría del encuentro con
Jesús nace la necesidad de pregonarlo, de anunciar el amor de Dios. Esta es la misión de todas las
personas que se dedican a la catequesis.

Por tanto, quiero felicitaros por vuestra misión. Es más, quiero agradeceros en nombre de la
Iglesia este servicio sencillo, hermoso, esperanzador, a veces lleno de dificultades pero también de
satisfacciones.

También deseo recordaros la importancia de la formación permanente, como hacía en mi carta
La alegría de ser y vivir como cristianos hoy en Huelva, en la que presentaba el Plan Diocesano de
Evangelización 2015-2019, porque la formación “nos ayuda a afrontar y responder a los desafíos de
nuestra sociedad cambiante a la luz del Evangelio (...); formarse como cristianos es siempre conformarse,
hacerse semejante a Cristo en nuestro modo de pensar y de vivir”.

Esa es la misión de la Iglesia, esa es la misión de los catequistas, que de todos nosotros se pueda
decir, como del Señor Jesús: “pasó haciendo el bien” (Hch 10. 38). A ello nos ayude la intercesión de
María, la Estrella de la Evangelización, para que podamos imitar a Jesucristo.

Con afecto os bendigo.

+ José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Fri, 26 Jan 2018 10:49:42 +0000
“Buscar a Dios en lo pequeño” http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/42068-“buscar-a-dios-en-lo-pequeño”.html http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/42068-“buscar-a-dios-en-lo-pequeño”.html “Buscar a Dios en lo pequeño”

Mensaje de Navidad del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana

Queridos hermanos y hermanas:

 

Los pastores, en Belén, encontraron la alegría al ver al Salvador, envuelto en pañales y recostado en un pesebre1. Con el deseo de que experimentéis y compartáis esta alegría, recibid un fraternal abrazo en esta Navidad y siempre.

 

Los pastores

Con estas palabras quiero felicitar a todos en esta Navidad. Os invito a fijaros en los pastores. Ellos recibieron la Buena Noticia del nacimiento del Señor, alegría para todo el pueblo. Al escuchar este mensaje no se quedaron inmóviles o indiferentes, sino que fueron corriendo y encontraron al Mesías, tan esperado, recostado en el pobre pesebre donde lo había colocado su santa Madre. Experimentaron la verdad del mensaje que habían recibido, y contaron y compartieron con otros lo que habían visto y oído y regresaron dando gloria y alabanza a Dios2. Así se celebró la primera Navidad. Esta es la esencia de toda auténtica Navidad.

Dios en lo pequeño

Esta es la Navidad que os deseo. Que sepamos buscar a Dios en lo pequeño, en lo sencillo, donde Él ha querido manifestarse. Que encontréis la alegría de contemplar al Dios hecho hombre, escondido en el humilde y blanco pan de la Eucaristía. Que “veáis” a Dios en el pobre y en el desvalido en los que Él ha querido esconderse. Que gustéis la presencia del Dios con nosotros, en el calor de la fraternidad y la unidad. Pedid la mirada de la fe para descubrir, adorar y servir esta sorprendente presencia. Así encontraremos la alegría que anhelamos.

La vida sencilla

La Navidad cristiana es una llamada a la vida sencilla y austera. Sólo así encontraremos tiempo para Dios, disponibilidad para los hermanos y cuidaremos de la “casa común”, la creación. La seducción del consumo compulsivo y caprichoso no nos permite gustar las cosas, bloquea el compartir y nos aboca al derroche. Aprendamos a disfrutar de lo sencillo, a saborear la compañía de las personas, y reconozcamos agradecidos “tanto bien recibido”3. Así nos lo ha recordado el Papa Francisco: “La espiritualidad cristiana propone un crecimiento con sobriedad y una capacidad de gozar con poco. Es un retorno a la simplicidad que nos permite detenernos a valorar lo pequeño, agradecer las posibilidades que ofrece la vida sin apegarnos a lo que tenemos ni entristecernos por lo que no poseemos. Esto supone evitar la dinámica del dominio y de la mera acumulación de placeres”4. Hagamos un esfuerzo en nuestras familias para construir este sano estilo de vida. También el beato Pablo VI nos invitaba a mirar a la familia de Nazaret, "su sencilla y austera belleza”5.

Los abuelos

En este mensaje navideño quiero tener un recuerdo especial para las personas mayores. Nuestros abuelos son para nosotros testimonio de vida austera y sacrificada; hombres y mujeres que han trabajado mucho por nosotros y nos han dejado la herencia preciosa de la fe cristiana, con toda la riqueza de tradiciones entrañables que vivimos en estos días. Deseo expresar mi sincera gratitud a todos ellos, mostrando especialmente mi afecto a todos los que se encuentran solos o enfermos y a todos los que los cuidan y atienden con dedicación y entrega. Seamos agradecidos y generosos para acompañarles en estos días y todos los días. Con el Papa Francisco quiero decir: “¡Cuánto quisiera una Iglesia que desafía la cultura del descarte con la alegría desbordante de un nuevo abrazo entre los jóvenes y los ancianos!”.

Que el Niño-Dios nos llene a todos de su luz y de su paz.

¡Feliz Navidad!

✠ José Vilaplana Blasco

Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Thu, 21 Dec 2017 13:24:33 +0000
“Somos una gran familia contigo” http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/41415-“somos-una-gran-familia-contigo”.html http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/41415-“somos-una-gran-familia-contigo”.html “Somos una gran familia contigo”

Carta del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana

Mis queridos hermanos y hermanas:

Un nuevo año celebramos el Día de la Iglesia Diocesana, ocasión para vigorizar aún más nuestro sentimiento de pertenencia al Pueblo de Dios que, como parte de la Iglesia universal, camina en este trozo de tierra y en este momento de la historia. Nacidos a la Vida de Cristo por el bautismo, hemos sido insertados como miembros de su Cuerpo en esta Iglesia concreta, en cuyo seno crecemos y compartimos el reto de anunciar, en medio de nuestro mundo y nuestro tiempo, la alegría del Evangelio. Esa alegría de ser y vivir como cristianos hoy en Huelva, como titulamos el presente Plan Diocesano de Evangelización, ha de ser la expresión de la experiencia discipular de quienes, viviendo con gozo esta pertenencia, se comprometen al servicio de esta tarea evangelizadora.

La Iglesia de Huelva, a través de las distintas parroquias y servicios diocesanos, ha de ser el hogar donde la fe es experimentada y transmitida, no como un mero trasvase de contenidos doctrinales, sino como fuerza verdaderamente atractiva capaz de provocar la adhesión y el seguimiento a Jesucristo, su mayor tesoro, tanto en quienes nacen dentro de familias cristianas como en aquellos a quienes la búsqueda sincera de Dios les acerca hasta sus puertas. Una Iglesia que, en medio de sus debilidades, acoge a unos y otros, es signo visible de la entrañable misericordia de Dios que no hace acepción de personas.

Como una buena madre, la Iglesia no sólo nos gesta como nuevos hijos, además, nos cuida y alimenta a través de los sacramentos y de la Palabra de Dios, pedagoga del camino, para llegar a ser verdaderos hermanos y auténticos discípulos. En su comunidad celebramos la vida, atravesada por el acontecimiento de Cristo, invitándonos a salir a las “nuevas periferias existenciales” para acercar a todos la luz de la esperanza que ilumina las oscuridades de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Nuestra Iglesia de Huelva ha de ser la “servidora de los últimos” en ese permanente ejercicio de la caridad con nuestros hermanos, especialmente aquellos que más sufren los grandes dramas de esta sociedad del descarte; generando una nueva conciencia social capaz de vencer la globalización de la indiferencia; y luchando por una sociedad más justa y equitativa, que no excluya a nadie. Es así como, a través de su testimonio, la Iglesia hace creíble la Buena Noticia que anuncia.

Esta alegre respuesta de la comunidad eclesial es una realidad gracias al compromiso personal, consciente y animado por el Espíritu Santo, en cada uno de sus miembros. Con esa fuerza se explica la contribución de todos los miembros de la diócesis por la que se continua transmitiendo, celebrando y testimoniando la fe. Somos una gran familia que se construye con el «sí» de cada uno. Contigo acompañamos en el aprendizaje del amor de Dios a nuestros hermanos, en la iniciación cristiana de los más pequeños y en la formación permanente de los adultos. Contigo, celebramos la presencia de Cristo en nuestras vidas y la esperanza a la que nos llama. Contigo, servimos a las personas, especialmente a los más pobres, para lograr prosperidad en educación, salud y trabajo, de acuerdo con la dignidad de toda persona. Por eso no puedo más que dar gracias a Dios por ti y cada uno de los miembros de esta Gran Familia que somos la Iglesia Diocesana, y porque, a través de vuestra colaboración y, con la gracia del Señor, hacéis presente a Cristo, vida nuestra, en la Huelva de hoy.

Con afecto os bendigo.


+ José Vilaplana

Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Fri, 17 Nov 2017 13:12:14 +0000
“Iglesia misionera” http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/40853-“iglesia-misionera”.html http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/40853-“iglesia-misionera”.html

Carta del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana

Queridos hermanos y hermanas:

La próxima celebración del domund, en el penúltimo domingo de octubre, vuelve a ser una llamada a la Iglesia que, en el camino del seguimiento de Cristo, celebra sus misterios a lo largo del Año litúrgico. La Jornada Mundial de las Misiones quiere ayudar a la comunidad cristiana a espolear su conciencia misionera, porque, no lo olvidemos, una Iglesia que no es misionera, que no anuncia a Jesucristo con sus palabras y con sus obras, estaría haciendo dejación de su misión, desoyendo el envío del Señor (cf. Mc 16, 15).

El domund, como nos recuerda el Santo Padre, “es una ocasión favorable para que el corazón misionero de las comunidades cristianas participe, a través de la oración, del testimonio de vida y de la comunión de bienes, en la respuesta a las graves y vastas necesidades de la evangelización” (Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2017, nº 9).

Es el momento, pues, que nuestra Iglesia diocesana de Huelva reflexione sobre estas tres peticiones del Papa:

1. La oración.

Con razón ha dicho el Papa Francisco que la oración: “Es la fuerza más grande de la Iglesia, que nunca debemos dejar, porque la Iglesia da frutos si hace como la Virgen y los Apóstoles, que «perseveraban unidos en la oración» (Hch 1,14), cuando esperaban el Espíritu Santo. Perseverantes y firmes en la oración. De lo contrario, se corre el riesgo de apoyarse donde sea: en los medios, el dinero, el poder; y luego la evangelización desvanece y la alegría se apaga y el corazón se hace aburrido” (Audiencia General 6-II-2016).

Por eso la misión está tan unida a la oración. Así lo entendieron muchos miembros de la Iglesia, como por ejemplo Santa Teresa del Niño Jesús, carmelita contemplativa que, sin salir de su convento, convirtió su preciosa vida en ofrenda por las misiones, de las que hoy es Patrona.

2. El testimonio de vida.

Aquí estriba uno de los elementos esenciales de la misión, por el poder de cambiarnos que tiene el Evangelio. Es decir, como recuerda el Papa, que la misión está fundamentada “sobre la fuerza transformadora del Evangelio”. Así, el testimonio de vida es el que “prueba” que el encuentro del seguidor de Jesús es con una Persona: el Señor, y que ese encuentro cambia la vida. El testimonio de los cristianos ha hecho siempre avanzar a la Iglesia. El testimonio de los cristianos ha hecho nacer muchas vocaciones misioneras, el testimonio de la vida siempre es misionero: “el Evangelio ayuda a superar la cerrazón, los conflictos, el racismo, el tribalismo, promoviendo en todas partes y entre todos la reconciliación, la fraternidad y el saber compartir” (Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2017, nº 5). Porque, a través del Evangelio vivido, Jesucristo “se hace continuamente carne en cada situación humana” (Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2017, nº 2).

3. La comunión de bienes.

Quizá uno de los testimonios de vida más acuciantes en nuestra sociedad sea la comunión cristiana de bienes, que se fundamenta en la primacía de Dios sobre los “dioses” que nos esclavizan, entre ellos el dinero. Es también la concreción en obras, las obras de Cristo que sigue actuando, de la comunión de los santos expresada en la oración.

Tantos proyectos, tantas iniciativas misioneras: desde la construcción de una iglesia, a la de una escuela o un dispensario, la apertura de un pozo, el mantenimiento de un seminario en un país de misión, los medios para la catequesis de adultos y de niños, los proyectos de evangelización, caridad y liturgia de las iglesias jóvenes, etc...pueden y deben ser sostenidos por nuestras comunidades, como la mejor expresión de la universalidad y catolicidad de la Iglesia, de nuestra preocupación por los miembros de Cristo que están recibiendo en muchos casos el primer anuncio de la fe. Es decir, abriendo nuestro horizonte, ampliando nuestra mirada a la Iglesia presente en todos los rincones del mundo, sintiéndonos copartícipes de la misión de anunciar el nombre de Cristo a todos los pueblos.

Que María, Reina de las Misiones, nos ayude a todos a ser misioneros con la oración, el testimonio de vida y la comunión de bienes.

Con mi afecto y bendición.

José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Fri, 20 Oct 2017 11:19:18 +0000
Misa Pontifical de Pentecostés http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/38945-misa-pontifical-de-pentecostés.html http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/38945-misa-pontifical-de-pentecostés.html

Homilía del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana en la Misa Pontifical de Pentecostés (El Rocío, 4 de junio de 2017)

Después del largo camino nos reunimos como gran familia junto a nuestra Madre, la Virgen del Rocío, para celebrar la fiesta de Pentecostés. Junto a Ella, en oración, como los Apóstoles, esperamos el don del Espíritu Santo, que nos llena de consuelo y alienta y dirige nuestras vidas por el camino del Evangelio.

Hemos llegado hasta aquí llevando en nuestros corazones súplicas y promesas, acción de gracias y esperanzas que deseamos poner en las manos de nuestra Madre, que, en medio del bullicio de la fiesta, no deja de estar atenta, como en Caná (1), a nuestras necesidades (recuerdo a las víctimas del atentado de Londres, ocurrido en la noche de ayer, y del hombre fallecido en la madrugada de ayer cuando participaba en Terrassa en la romería del Rocío de Cataluña):

Virgen de las marismas,

Madre y Señora

de tantísimos pobres

como te lloran.

¡Vida y dulzura

de todo el que te cuenta

sus amarguras! (2)

En este encuentro con la Virgen María, a la que le decimos tantas cosas, también debemos preguntarnos qué nos dice Ella. De una madre se aprende siempre.

1. En la escuela de María.
El papa Francisco, en su reciente peregrinación a Fátima, nos invitaba a mirar a María como maestra de vida espiritual (3), la primera que siguió a Cristo por el camino estrecho de la cruz, dándonos ejemplo; como la Bienaventurada porque ha creído siempre y en todo momento en la Palabra divina, como la Virgen María del Evangelio. El Santo Padre nos advertía también sobre el peligro de retratar a María con una visión subjetiva que no permite descubrirla en toda la belleza y profundidad que tiene su persona y su colaboración en los planes de Dios. San Juan Pablo II ya dijo en este lugar que el Rocío debe ser una verdadera escuela de vida cristiana (4).

 

Queridos hermanos y hermanas rocieros, vengamos a las plantas de la Blanca Paloma no sólo como suplicantes, sino también como aprendices, con la humildad del que quiere conocer mejor a María y acoger de sus labios su invitación siempre actual: “Haced lo que mi Hijo os diga” (5). Tomemos conciencia de que necesitamos urgentemente aprender de María a ser cristianos auténticos para ser buenos rocieros.

Esta imitación de María, nuestra Madre, nos llevará a conocer mejor la Palabra de Dios, acogiéndola en nuestro corazón; a poner la Eucaristía, especialmente la del domingo, en el centro de nuestra vida para robustecer nuestra comunión con Cristo; y a vivir trabajando por la justicia una sociedad que necesita ser regenerada. Como cristianos no podemos ceder a la tentación de lo que corrompe nuestra vida y desdice del nombre de cristianos; a la explotación del débil o del inmigrante; al odio o al maltrato, hiriendo la dignidad de la persona.

Vengamos al Rocío como a una escuela de vida cristiana a aprender de María, maestra de vida espiritual.

2.- Conscientes de nuestra debilidad.

Somos conscientes de nuestra debilidad. Nadie puede decir Jesús es Señor, si no es bajo la acción del Espíritu Santo (6), como hemos escuchado en la segunda lectura. La fiesta de Pentecostés nos recuerda que nuestra fuerza es el Señor que nos concede su Espíritu Santo como Rocío que nos fortalece y fecunda. La Iglesia, nosotros, no se sostiene por sí misma, es el Espíritu de Dios el que la rejuvenece y revitaliza con su soplo divino. “El Espíritu que, desde el comienzo de la Iglesia naciente, infundió el conocimiento de Dios en todos los pueblos” (7).

Por esto, Pentecostés es una fiesta de esperanza, pues, a pesar de nuestra fragilidad, Jesús cumple la promesa hecha a sus Apóstoles: “Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad” (8).

María, nuestra Madre, nos acompaña en este camino de esperanza enseñándonos que quien pone en Dios su confianza nunca queda defraudado (9).

No nos dejemos atrapar por nuestras fragilidades ni por nuestros pecados, Dios es más fuerte y tiene poder para transformarnos en hombres y mujeres nuevos. El Espíritu Santo abre caminos de esperanza donde nosotros sólo vemos callejones sin salida. La Virgen del Rocío, la Virgen de Pentecostés, nos recuerda que el Poderoso hace maravillas en los humildes. Hizo maravillas en la pequeñez de su Sierva (10) y puede hacer maravillas en nosotros, si nos dejamos conducir por el Espíritu Santo. Los Apóstoles, temerosos y débiles, quedaron transformados por el viento impetuoso del Espíritu de Dios.

3. En el lenguaje de los jóvenes.

El relato de Pentecostés, que hemos escuchado en la primera lectura, ha terminado así: “Los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua” (11). Los Apóstoles hablaron con libertad, con entusiasmo, de las grandezas de Dios, y lo hacían con un lenguaje que entendían todos los que escuchaban, pertenecientes a diversos pueblos y culturas. Esa es la misión de la Iglesia de todos los tiempos, también de nuestra Iglesia, ahora, en este inicio de siglo: hablar de Dios, de la grandeza de su amor, manifestado en Cristo Jesús. Cristo nos mostró la bondad y la misericordia de Dios con toda su vida, especialmente en su muerte (amor hasta el extremo) y en su resurrección (amor que no muere nunca). Y así nos lo encargó a nosotros: “como el Padre me ha enviado, así también os envío yo” (12). Acojamos esta misión. Dice el Papa Francisco: “En Pentecostés, el Espíritu Santo hace salir de sí mismos a los apóstoles y los transforma en anunciadores de las grandezas de Dios, que cada uno empieza a entender en su propia lengua. El Espíritu Santo, además, infunde la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia (…) en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente…” (13).

La Iglesia quiere anunciar a todos esta Buena Noticia, pero, en este momento, quiere acercarla a los jóvenes. Por eso el Papa ha convocado un Sínodo para reflexionar sobre la fe y la vocación en la juventud. Todos compartimos esta preocupación y esta esperanza. ¡Queridos jóvenes rocieros, de la mano de María acoged el Evangelio, dejaos transformar por el amor de Jesucristo, camino, verdad y vida, y con Él y con Ella, sed mensajeros, testigos y apóstoles entre vuestros compañeros jóvenes! Traducid con fidelidad el Evangelio a vuestras formas de comunicación, a los nuevos lenguajes. Oramos con vosotros y por vosotros para que la Iglesia experimente un nuevo Pentecostés. El Evangelio os hará salir de vosotros mismos para ser servidores de todos, comprometidos especialmente en la atención a los pobres y a los más frágiles. Tened confianza y con la Virgen María, decidle a Dios: “Sí”, “aquí estoy”.

Quiero hacer mías estas palabras del Papa: “¡Cómo quisiera encontrar las palabras para alentar una etapa evangelizadora más fervorosa, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin y de vida contagiosa! Pero sé que ninguna motivación será suficiente si no arde en los corazones el fuego del Espíritu” (14).

Todos unidos, con María, Madre del Rocío, pedimos llenos de confianza: ¡Ven Espíritu Santo llena los corazones de tus fieles y enciende en nosotros el fuego de tu amor!

+ José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva


NOTAS.

1. Cfr. Jn 2, 1-12.

2. MUÑOZ Y PABÓN, Juan Francisco, La Blanca Paloma. Sevilla, 2017, página 32.

3. FRANCISCO, Discurso en la Bendición de las Velas. Santuario de Ntra. Sra. de Fátima, 13-V-2017.

4. SAN JUAN PABLO II, Discurso al final de la celebración mariana en el Santuario de Ntra. Sra. del Rocío, 14-VI-1993, nº 3.

5. Cfr. Jn 2, 5.

6. Cfr. I Cor 12, 3.

7. Misal Romano, Prefacio de la solemnidad de Pentecostés.

8. Jn 14, 16.

9. Cfr. Rom 10, 11.

10. Cfr. Lc 1, 48.

11. Hch 2, 11.

12. Jn 20, 21.

13. FRANCISCO, Evangelii Gaudium, nº 259.

14. Ibidem, nº 261.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Mon, 05 Jun 2017 13:14:11 +0000
Carta de Cuaresma a los jóvenes http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/37099-carta-de-cuaresma-a-los-jóvenes.html http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/37099-carta-de-cuaresma-a-los-jóvenes.html

Carta del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana Blasco

Queridos jóvenes:

Me dirijo a vosotros cuando va a comenzar el tiempo de Cuaresma. Es el tiempo para renovar nuestra amistad con Jesús y prepararnos a celebrar la Pascua: su muerte y resurrección que nos dieron nueva vida.

Este año os dedico este mensaje, animado por la iniciativa de nuestro Papa Francisco que ha convocado un Sínodo sobre vosotros y, con este motivo, os ha escrito una carta en la que os dice: También a vosotros Jesús dirige su mirada y os invita a ir hacia Él. ¿Habéis encontrado esta mirada, queridos jóvenes? ¿Habéis escuchado esta voz? ¿Habéis sentido este impulso a ponerse en camino? Estoy seguro que, si bien el ruido y el aturdimiento parecen reinar en el mundo, esta llamada continúa resonando en el corazón da cada uno para abrirlo a la alegría plena.

Yo también quiero acercarme, una vez más, a todos vosotros para poder ayudaros a encontrar lo que toda persona humana desea aún sin saberlo: “la amistad con Jesús y el amor fraterno” (EG, 265).
Me dirijo a todos los jóvenes -a los que estáis en grupos parroquiales, a los jóvenes cofrades, a los que pertenecéis a otros grupos, movimientos y asociaciones y también a los que os sentís lejos de la Iglesia- para proponeros una reflexión sobre algunos textos del Evangelio en los que Jesús se encuentra con algún joven:

“No mires a otro lado”. Con esta expresión me refiero al encuentro de Jesús con el joven rico. Un encuentro que acabó en desencuentro. El joven tenía buena voluntad, era formal, cumplía los mandamientos. Jesús le propuso ir más allá, ser más libre, ser más generoso. Vende lo que tienes, dáselo a los pobres y sígueme. Una propuesta que le abría un gran horizonte. Jesús le miró con cariño pero él miró a otro lado, miró a sus riquezas y marchó entristecido (Mc 10, 17-22).

Querido joven, no pierdas la oportunidad de caminar con Jesús. Él te enseña a ser verdaderamente libre y a compartir con generosidad tu vida. Como decía el Papa Benedicto XVI: “Él no quita nada, y lo da todo” (Homilía 24-IV-2005). Arriésgate, pues, a avanzar con Él. Te librará de la tristeza y te sentirás siempre acompañado por su mirada llena de ternura.

“Despierta”. Con esta palabra quiero acercarte al pasaje del Evangelio en el que Jesús resucita a la hija de Jairo. El alboroto y la tristeza por la muerte de esta muchacha era grande. Pero Jesús dice una palabra esperanzadora: “La muchacha no ha muerto; está dormida”. La tomó de la mano y ella se levantó (Mt 9, 18-26).

Sucede, a veces, que algunas personas refiriéndose a los jóvenes hablan sin esperanza. Y quizá también algunos jóvenes, mirándose a sí mismos, caen en la desesperanza, como si estuvieran “agotados” antes de tiempo.

Querido joven, deja que Jesús te tome de la mano y despierta todo lo bueno que hay en ti. Él te ayuda a descubrir y alentar todas tus cualidades, que son regalo de Dios. Te enseña a cultivarlas con responsabilidad y a ofrecerlas con generosidad a tus hermanos. No te duermas, ni te acurruques en el “sofá” de la comodidad, como recordó el Papa Francisco (Vigilia de Oración en la JMJ, 30-VII-2016).

“Sígueme”. Esta es la invitación que aparece tantas veces en el Evangelio. Hoy también la dirige a cada uno de nosotros como a los hermanos Pedro y Andrés, Juan y Santiago. Estos dejaron las redes y a sus padres y siguieron a Jesús. No eran perfectos. Jesús los tuvo que educar a lo largo de un camino en el que aprendieron del Maestro a servir y no a ser servidos y a dar la vida por amor como Él (Mt 4, 18-22).

Querido joven. Jesús también te dirige a ti esta llamada. Que tu respuesta sea “voy contigo”. Te queda mucho camino que recorrer pero es importante fiarte de Jesús y avanzar con Él. Quizás te llama a formar una familia cristiana en el matrimonio. Prepárate bien para esta vocación. Quizás te llama a la vida consagrada o a ser sacerdote. No tengas miedo. Dar la vida por los demás con Jesús te llenará de una gran alegría.

Que tu vida sea un “sí”. Así fue la vida de una joven de Nazaret, la Virgen María. Ella no tenía una historia importante, vivió en un pequeño pueblo. ¿Quién se iba a fijar en ella? Dios. La llamó para que fuera madre de su Hijo. Ella con humildad y sencillez, con total confianza, dijo sí. Pronunció unas palabras que comprometían toda su vida: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 26-38).

Querido joven, pregúntale al Señor: ¿qué quieres de mí? ¿qué quieres que haga? No tengas miedo a entregar toda tu vida a Dios. Fíate de Él. Construye tu vida sobre roca firme. Tu roca es Cristo. Con Él todo lo puedes, sin Él no puedes nada. No des vueltas sobre ti mismo, no te dejes hundir por tus miedos. El Señor puede hacer maravillas en tu pequeñez. San Pablo decía: Tu fuerza, Señor, se realiza en mi debilidad.

“Levántate”. La palabra de Jesús sonó así, con fuerza y autoridad, dirigida a un joven que iban a enterrar en Naím. Su madre era viuda, el joven era su hijo único. Él se levantó y Jesús se lo dio a su madre. La gente exclamaba: “Dios ha visitado a su pueblo” (Lc 7, 11-17).

Querido joven, la presencia y el amor de Jesús transforman e iluminan las situaciones oscuras y llenas de dolor. Me refiero ahora a esa muerte que llamamos pecado porque nos aparta de Dios y de los hermanos. Sufrimos mucho, nos sentimos atrapados por los lazos del egoísmo, del odio, de la venganza. Sin embargo, Cristo es capaz de hacernos pasar de la muerte a la vida, del pecado a la gracia, del egoísmo al amor. Cristo es nuestra Vida. Acudamos a Él. Convirtámonos y creamos en el Evangelio. Quien encuentra a Jesús encuentra la alegría.

Recapacita y di: “Volveré”: El hijo menor de aquel padre bueno había despilfarrado toda la herencia recibida. Ahora sentía hambre, estaba solo, lejos de casa y recapacitó. “Volveré” fue su decisión. En casa, al menos, sería aceptado como jornalero. Su sorpresa fue que el padre lo esperaba y lo llenó de besos. Volvía el hijo, hubo fiesta (Lc 15, 11-24).

Querido amigo, aunque tu vida es joven, quizá has experimentado altibajos. Momentos en que has vivido con intensidad tu vida cristiana y momentos bajos de alejamiento de Dios y de la comunidad cristiana. ¿Dónde estás ahora? Recapacita, reflexiona. Recuerda que eres hijo de Dios. Él, que es Padre, te espera lleno de misericordia. Cristo, tu mejor amigo ha dado la vida por ti. La Iglesia es tu casa, en ella está la mesa de la Palabra y de la Eucaristía. En ella encontrarás hermanos –algunos quizá no te entiendan– pero muchos han tenido tu misma experiencia y estarán contentos de acogerte y compartir la mesa contigo. Vuelve.

Queridos jóvenes, os propongo que podáis meditar estas palabras del Evangelio, quizás una por semana. El Señor os habla al corazón con amor. Escuchadlo.

En la Catedral, cada jueves de Cuaresma, de 8 a 9 de la tarde, nos reuniremos para orar con estos textos. Estás invitado a compartir esta oración con los hermanos.

Con todo afecto os bendigo.

+José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Wed, 01 Mar 2017 12:02:37 +0000