Huelva Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://odisur.es Thu, 18 Jan 2018 23:38:45 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es “Buscar a Dios en lo pequeño” http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/42068-“buscar-a-dios-en-lo-pequeño”.html http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/42068-“buscar-a-dios-en-lo-pequeño”.html “Buscar a Dios en lo pequeño”

Mensaje de Navidad del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana

Queridos hermanos y hermanas:

 

Los pastores, en Belén, encontraron la alegría al ver al Salvador, envuelto en pañales y recostado en un pesebre1. Con el deseo de que experimentéis y compartáis esta alegría, recibid un fraternal abrazo en esta Navidad y siempre.

 

Los pastores

Con estas palabras quiero felicitar a todos en esta Navidad. Os invito a fijaros en los pastores. Ellos recibieron la Buena Noticia del nacimiento del Señor, alegría para todo el pueblo. Al escuchar este mensaje no se quedaron inmóviles o indiferentes, sino que fueron corriendo y encontraron al Mesías, tan esperado, recostado en el pobre pesebre donde lo había colocado su santa Madre. Experimentaron la verdad del mensaje que habían recibido, y contaron y compartieron con otros lo que habían visto y oído y regresaron dando gloria y alabanza a Dios2. Así se celebró la primera Navidad. Esta es la esencia de toda auténtica Navidad.

Dios en lo pequeño

Esta es la Navidad que os deseo. Que sepamos buscar a Dios en lo pequeño, en lo sencillo, donde Él ha querido manifestarse. Que encontréis la alegría de contemplar al Dios hecho hombre, escondido en el humilde y blanco pan de la Eucaristía. Que “veáis” a Dios en el pobre y en el desvalido en los que Él ha querido esconderse. Que gustéis la presencia del Dios con nosotros, en el calor de la fraternidad y la unidad. Pedid la mirada de la fe para descubrir, adorar y servir esta sorprendente presencia. Así encontraremos la alegría que anhelamos.

La vida sencilla

La Navidad cristiana es una llamada a la vida sencilla y austera. Sólo así encontraremos tiempo para Dios, disponibilidad para los hermanos y cuidaremos de la “casa común”, la creación. La seducción del consumo compulsivo y caprichoso no nos permite gustar las cosas, bloquea el compartir y nos aboca al derroche. Aprendamos a disfrutar de lo sencillo, a saborear la compañía de las personas, y reconozcamos agradecidos “tanto bien recibido”3. Así nos lo ha recordado el Papa Francisco: “La espiritualidad cristiana propone un crecimiento con sobriedad y una capacidad de gozar con poco. Es un retorno a la simplicidad que nos permite detenernos a valorar lo pequeño, agradecer las posibilidades que ofrece la vida sin apegarnos a lo que tenemos ni entristecernos por lo que no poseemos. Esto supone evitar la dinámica del dominio y de la mera acumulación de placeres”4. Hagamos un esfuerzo en nuestras familias para construir este sano estilo de vida. También el beato Pablo VI nos invitaba a mirar a la familia de Nazaret, "su sencilla y austera belleza”5.

Los abuelos

En este mensaje navideño quiero tener un recuerdo especial para las personas mayores. Nuestros abuelos son para nosotros testimonio de vida austera y sacrificada; hombres y mujeres que han trabajado mucho por nosotros y nos han dejado la herencia preciosa de la fe cristiana, con toda la riqueza de tradiciones entrañables que vivimos en estos días. Deseo expresar mi sincera gratitud a todos ellos, mostrando especialmente mi afecto a todos los que se encuentran solos o enfermos y a todos los que los cuidan y atienden con dedicación y entrega. Seamos agradecidos y generosos para acompañarles en estos días y todos los días. Con el Papa Francisco quiero decir: “¡Cuánto quisiera una Iglesia que desafía la cultura del descarte con la alegría desbordante de un nuevo abrazo entre los jóvenes y los ancianos!”.

Que el Niño-Dios nos llene a todos de su luz y de su paz.

¡Feliz Navidad!

✠ José Vilaplana Blasco

Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Thu, 21 Dec 2017 13:24:33 +0000
“Somos una gran familia contigo” http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/41415-“somos-una-gran-familia-contigo”.html http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/41415-“somos-una-gran-familia-contigo”.html “Somos una gran familia contigo”

Carta del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana

Mis queridos hermanos y hermanas:

Un nuevo año celebramos el Día de la Iglesia Diocesana, ocasión para vigorizar aún más nuestro sentimiento de pertenencia al Pueblo de Dios que, como parte de la Iglesia universal, camina en este trozo de tierra y en este momento de la historia. Nacidos a la Vida de Cristo por el bautismo, hemos sido insertados como miembros de su Cuerpo en esta Iglesia concreta, en cuyo seno crecemos y compartimos el reto de anunciar, en medio de nuestro mundo y nuestro tiempo, la alegría del Evangelio. Esa alegría de ser y vivir como cristianos hoy en Huelva, como titulamos el presente Plan Diocesano de Evangelización, ha de ser la expresión de la experiencia discipular de quienes, viviendo con gozo esta pertenencia, se comprometen al servicio de esta tarea evangelizadora.

La Iglesia de Huelva, a través de las distintas parroquias y servicios diocesanos, ha de ser el hogar donde la fe es experimentada y transmitida, no como un mero trasvase de contenidos doctrinales, sino como fuerza verdaderamente atractiva capaz de provocar la adhesión y el seguimiento a Jesucristo, su mayor tesoro, tanto en quienes nacen dentro de familias cristianas como en aquellos a quienes la búsqueda sincera de Dios les acerca hasta sus puertas. Una Iglesia que, en medio de sus debilidades, acoge a unos y otros, es signo visible de la entrañable misericordia de Dios que no hace acepción de personas.

Como una buena madre, la Iglesia no sólo nos gesta como nuevos hijos, además, nos cuida y alimenta a través de los sacramentos y de la Palabra de Dios, pedagoga del camino, para llegar a ser verdaderos hermanos y auténticos discípulos. En su comunidad celebramos la vida, atravesada por el acontecimiento de Cristo, invitándonos a salir a las “nuevas periferias existenciales” para acercar a todos la luz de la esperanza que ilumina las oscuridades de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Nuestra Iglesia de Huelva ha de ser la “servidora de los últimos” en ese permanente ejercicio de la caridad con nuestros hermanos, especialmente aquellos que más sufren los grandes dramas de esta sociedad del descarte; generando una nueva conciencia social capaz de vencer la globalización de la indiferencia; y luchando por una sociedad más justa y equitativa, que no excluya a nadie. Es así como, a través de su testimonio, la Iglesia hace creíble la Buena Noticia que anuncia.

Esta alegre respuesta de la comunidad eclesial es una realidad gracias al compromiso personal, consciente y animado por el Espíritu Santo, en cada uno de sus miembros. Con esa fuerza se explica la contribución de todos los miembros de la diócesis por la que se continua transmitiendo, celebrando y testimoniando la fe. Somos una gran familia que se construye con el «sí» de cada uno. Contigo acompañamos en el aprendizaje del amor de Dios a nuestros hermanos, en la iniciación cristiana de los más pequeños y en la formación permanente de los adultos. Contigo, celebramos la presencia de Cristo en nuestras vidas y la esperanza a la que nos llama. Contigo, servimos a las personas, especialmente a los más pobres, para lograr prosperidad en educación, salud y trabajo, de acuerdo con la dignidad de toda persona. Por eso no puedo más que dar gracias a Dios por ti y cada uno de los miembros de esta Gran Familia que somos la Iglesia Diocesana, y porque, a través de vuestra colaboración y, con la gracia del Señor, hacéis presente a Cristo, vida nuestra, en la Huelva de hoy.

Con afecto os bendigo.


+ José Vilaplana

Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Fri, 17 Nov 2017 13:12:14 +0000
“Iglesia misionera” http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/40853-“iglesia-misionera”.html http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/40853-“iglesia-misionera”.html

Carta del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana

Queridos hermanos y hermanas:

La próxima celebración del domund, en el penúltimo domingo de octubre, vuelve a ser una llamada a la Iglesia que, en el camino del seguimiento de Cristo, celebra sus misterios a lo largo del Año litúrgico. La Jornada Mundial de las Misiones quiere ayudar a la comunidad cristiana a espolear su conciencia misionera, porque, no lo olvidemos, una Iglesia que no es misionera, que no anuncia a Jesucristo con sus palabras y con sus obras, estaría haciendo dejación de su misión, desoyendo el envío del Señor (cf. Mc 16, 15).

El domund, como nos recuerda el Santo Padre, “es una ocasión favorable para que el corazón misionero de las comunidades cristianas participe, a través de la oración, del testimonio de vida y de la comunión de bienes, en la respuesta a las graves y vastas necesidades de la evangelización” (Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2017, nº 9).

Es el momento, pues, que nuestra Iglesia diocesana de Huelva reflexione sobre estas tres peticiones del Papa:

1. La oración.

Con razón ha dicho el Papa Francisco que la oración: “Es la fuerza más grande de la Iglesia, que nunca debemos dejar, porque la Iglesia da frutos si hace como la Virgen y los Apóstoles, que «perseveraban unidos en la oración» (Hch 1,14), cuando esperaban el Espíritu Santo. Perseverantes y firmes en la oración. De lo contrario, se corre el riesgo de apoyarse donde sea: en los medios, el dinero, el poder; y luego la evangelización desvanece y la alegría se apaga y el corazón se hace aburrido” (Audiencia General 6-II-2016).

Por eso la misión está tan unida a la oración. Así lo entendieron muchos miembros de la Iglesia, como por ejemplo Santa Teresa del Niño Jesús, carmelita contemplativa que, sin salir de su convento, convirtió su preciosa vida en ofrenda por las misiones, de las que hoy es Patrona.

2. El testimonio de vida.

Aquí estriba uno de los elementos esenciales de la misión, por el poder de cambiarnos que tiene el Evangelio. Es decir, como recuerda el Papa, que la misión está fundamentada “sobre la fuerza transformadora del Evangelio”. Así, el testimonio de vida es el que “prueba” que el encuentro del seguidor de Jesús es con una Persona: el Señor, y que ese encuentro cambia la vida. El testimonio de los cristianos ha hecho siempre avanzar a la Iglesia. El testimonio de los cristianos ha hecho nacer muchas vocaciones misioneras, el testimonio de la vida siempre es misionero: “el Evangelio ayuda a superar la cerrazón, los conflictos, el racismo, el tribalismo, promoviendo en todas partes y entre todos la reconciliación, la fraternidad y el saber compartir” (Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2017, nº 5). Porque, a través del Evangelio vivido, Jesucristo “se hace continuamente carne en cada situación humana” (Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2017, nº 2).

3. La comunión de bienes.

Quizá uno de los testimonios de vida más acuciantes en nuestra sociedad sea la comunión cristiana de bienes, que se fundamenta en la primacía de Dios sobre los “dioses” que nos esclavizan, entre ellos el dinero. Es también la concreción en obras, las obras de Cristo que sigue actuando, de la comunión de los santos expresada en la oración.

Tantos proyectos, tantas iniciativas misioneras: desde la construcción de una iglesia, a la de una escuela o un dispensario, la apertura de un pozo, el mantenimiento de un seminario en un país de misión, los medios para la catequesis de adultos y de niños, los proyectos de evangelización, caridad y liturgia de las iglesias jóvenes, etc...pueden y deben ser sostenidos por nuestras comunidades, como la mejor expresión de la universalidad y catolicidad de la Iglesia, de nuestra preocupación por los miembros de Cristo que están recibiendo en muchos casos el primer anuncio de la fe. Es decir, abriendo nuestro horizonte, ampliando nuestra mirada a la Iglesia presente en todos los rincones del mundo, sintiéndonos copartícipes de la misión de anunciar el nombre de Cristo a todos los pueblos.

Que María, Reina de las Misiones, nos ayude a todos a ser misioneros con la oración, el testimonio de vida y la comunión de bienes.

Con mi afecto y bendición.

José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Fri, 20 Oct 2017 11:19:18 +0000
Misa Pontifical de Pentecostés http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/38945-misa-pontifical-de-pentecostés.html http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/38945-misa-pontifical-de-pentecostés.html

Homilía del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana en la Misa Pontifical de Pentecostés (El Rocío, 4 de junio de 2017)

Después del largo camino nos reunimos como gran familia junto a nuestra Madre, la Virgen del Rocío, para celebrar la fiesta de Pentecostés. Junto a Ella, en oración, como los Apóstoles, esperamos el don del Espíritu Santo, que nos llena de consuelo y alienta y dirige nuestras vidas por el camino del Evangelio.

Hemos llegado hasta aquí llevando en nuestros corazones súplicas y promesas, acción de gracias y esperanzas que deseamos poner en las manos de nuestra Madre, que, en medio del bullicio de la fiesta, no deja de estar atenta, como en Caná (1), a nuestras necesidades (recuerdo a las víctimas del atentado de Londres, ocurrido en la noche de ayer, y del hombre fallecido en la madrugada de ayer cuando participaba en Terrassa en la romería del Rocío de Cataluña):

Virgen de las marismas,

Madre y Señora

de tantísimos pobres

como te lloran.

¡Vida y dulzura

de todo el que te cuenta

sus amarguras! (2)

En este encuentro con la Virgen María, a la que le decimos tantas cosas, también debemos preguntarnos qué nos dice Ella. De una madre se aprende siempre.

1. En la escuela de María.
El papa Francisco, en su reciente peregrinación a Fátima, nos invitaba a mirar a María como maestra de vida espiritual (3), la primera que siguió a Cristo por el camino estrecho de la cruz, dándonos ejemplo; como la Bienaventurada porque ha creído siempre y en todo momento en la Palabra divina, como la Virgen María del Evangelio. El Santo Padre nos advertía también sobre el peligro de retratar a María con una visión subjetiva que no permite descubrirla en toda la belleza y profundidad que tiene su persona y su colaboración en los planes de Dios. San Juan Pablo II ya dijo en este lugar que el Rocío debe ser una verdadera escuela de vida cristiana (4).

 

Queridos hermanos y hermanas rocieros, vengamos a las plantas de la Blanca Paloma no sólo como suplicantes, sino también como aprendices, con la humildad del que quiere conocer mejor a María y acoger de sus labios su invitación siempre actual: “Haced lo que mi Hijo os diga” (5). Tomemos conciencia de que necesitamos urgentemente aprender de María a ser cristianos auténticos para ser buenos rocieros.

Esta imitación de María, nuestra Madre, nos llevará a conocer mejor la Palabra de Dios, acogiéndola en nuestro corazón; a poner la Eucaristía, especialmente la del domingo, en el centro de nuestra vida para robustecer nuestra comunión con Cristo; y a vivir trabajando por la justicia una sociedad que necesita ser regenerada. Como cristianos no podemos ceder a la tentación de lo que corrompe nuestra vida y desdice del nombre de cristianos; a la explotación del débil o del inmigrante; al odio o al maltrato, hiriendo la dignidad de la persona.

Vengamos al Rocío como a una escuela de vida cristiana a aprender de María, maestra de vida espiritual.

2.- Conscientes de nuestra debilidad.

Somos conscientes de nuestra debilidad. Nadie puede decir Jesús es Señor, si no es bajo la acción del Espíritu Santo (6), como hemos escuchado en la segunda lectura. La fiesta de Pentecostés nos recuerda que nuestra fuerza es el Señor que nos concede su Espíritu Santo como Rocío que nos fortalece y fecunda. La Iglesia, nosotros, no se sostiene por sí misma, es el Espíritu de Dios el que la rejuvenece y revitaliza con su soplo divino. “El Espíritu que, desde el comienzo de la Iglesia naciente, infundió el conocimiento de Dios en todos los pueblos” (7).

Por esto, Pentecostés es una fiesta de esperanza, pues, a pesar de nuestra fragilidad, Jesús cumple la promesa hecha a sus Apóstoles: “Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad” (8).

María, nuestra Madre, nos acompaña en este camino de esperanza enseñándonos que quien pone en Dios su confianza nunca queda defraudado (9).

No nos dejemos atrapar por nuestras fragilidades ni por nuestros pecados, Dios es más fuerte y tiene poder para transformarnos en hombres y mujeres nuevos. El Espíritu Santo abre caminos de esperanza donde nosotros sólo vemos callejones sin salida. La Virgen del Rocío, la Virgen de Pentecostés, nos recuerda que el Poderoso hace maravillas en los humildes. Hizo maravillas en la pequeñez de su Sierva (10) y puede hacer maravillas en nosotros, si nos dejamos conducir por el Espíritu Santo. Los Apóstoles, temerosos y débiles, quedaron transformados por el viento impetuoso del Espíritu de Dios.

3. En el lenguaje de los jóvenes.

El relato de Pentecostés, que hemos escuchado en la primera lectura, ha terminado así: “Los oímos hablar de las grandezas de Dios en nuestra propia lengua” (11). Los Apóstoles hablaron con libertad, con entusiasmo, de las grandezas de Dios, y lo hacían con un lenguaje que entendían todos los que escuchaban, pertenecientes a diversos pueblos y culturas. Esa es la misión de la Iglesia de todos los tiempos, también de nuestra Iglesia, ahora, en este inicio de siglo: hablar de Dios, de la grandeza de su amor, manifestado en Cristo Jesús. Cristo nos mostró la bondad y la misericordia de Dios con toda su vida, especialmente en su muerte (amor hasta el extremo) y en su resurrección (amor que no muere nunca). Y así nos lo encargó a nosotros: “como el Padre me ha enviado, así también os envío yo” (12). Acojamos esta misión. Dice el Papa Francisco: “En Pentecostés, el Espíritu Santo hace salir de sí mismos a los apóstoles y los transforma en anunciadores de las grandezas de Dios, que cada uno empieza a entender en su propia lengua. El Espíritu Santo, además, infunde la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia (…) en voz alta y en todo tiempo y lugar, incluso a contracorriente…” (13).

La Iglesia quiere anunciar a todos esta Buena Noticia, pero, en este momento, quiere acercarla a los jóvenes. Por eso el Papa ha convocado un Sínodo para reflexionar sobre la fe y la vocación en la juventud. Todos compartimos esta preocupación y esta esperanza. ¡Queridos jóvenes rocieros, de la mano de María acoged el Evangelio, dejaos transformar por el amor de Jesucristo, camino, verdad y vida, y con Él y con Ella, sed mensajeros, testigos y apóstoles entre vuestros compañeros jóvenes! Traducid con fidelidad el Evangelio a vuestras formas de comunicación, a los nuevos lenguajes. Oramos con vosotros y por vosotros para que la Iglesia experimente un nuevo Pentecostés. El Evangelio os hará salir de vosotros mismos para ser servidores de todos, comprometidos especialmente en la atención a los pobres y a los más frágiles. Tened confianza y con la Virgen María, decidle a Dios: “Sí”, “aquí estoy”.

Quiero hacer mías estas palabras del Papa: “¡Cómo quisiera encontrar las palabras para alentar una etapa evangelizadora más fervorosa, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin y de vida contagiosa! Pero sé que ninguna motivación será suficiente si no arde en los corazones el fuego del Espíritu” (14).

Todos unidos, con María, Madre del Rocío, pedimos llenos de confianza: ¡Ven Espíritu Santo llena los corazones de tus fieles y enciende en nosotros el fuego de tu amor!

+ José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva


NOTAS.

1. Cfr. Jn 2, 1-12.

2. MUÑOZ Y PABÓN, Juan Francisco, La Blanca Paloma. Sevilla, 2017, página 32.

3. FRANCISCO, Discurso en la Bendición de las Velas. Santuario de Ntra. Sra. de Fátima, 13-V-2017.

4. SAN JUAN PABLO II, Discurso al final de la celebración mariana en el Santuario de Ntra. Sra. del Rocío, 14-VI-1993, nº 3.

5. Cfr. Jn 2, 5.

6. Cfr. I Cor 12, 3.

7. Misal Romano, Prefacio de la solemnidad de Pentecostés.

8. Jn 14, 16.

9. Cfr. Rom 10, 11.

10. Cfr. Lc 1, 48.

11. Hch 2, 11.

12. Jn 20, 21.

13. FRANCISCO, Evangelii Gaudium, nº 259.

14. Ibidem, nº 261.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Mon, 05 Jun 2017 13:14:11 +0000
Carta de Cuaresma a los jóvenes http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/37099-carta-de-cuaresma-a-los-jóvenes.html http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/37099-carta-de-cuaresma-a-los-jóvenes.html

Carta del obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana Blasco

Queridos jóvenes:

Me dirijo a vosotros cuando va a comenzar el tiempo de Cuaresma. Es el tiempo para renovar nuestra amistad con Jesús y prepararnos a celebrar la Pascua: su muerte y resurrección que nos dieron nueva vida.

Este año os dedico este mensaje, animado por la iniciativa de nuestro Papa Francisco que ha convocado un Sínodo sobre vosotros y, con este motivo, os ha escrito una carta en la que os dice: También a vosotros Jesús dirige su mirada y os invita a ir hacia Él. ¿Habéis encontrado esta mirada, queridos jóvenes? ¿Habéis escuchado esta voz? ¿Habéis sentido este impulso a ponerse en camino? Estoy seguro que, si bien el ruido y el aturdimiento parecen reinar en el mundo, esta llamada continúa resonando en el corazón da cada uno para abrirlo a la alegría plena.

Yo también quiero acercarme, una vez más, a todos vosotros para poder ayudaros a encontrar lo que toda persona humana desea aún sin saberlo: “la amistad con Jesús y el amor fraterno” (EG, 265).
Me dirijo a todos los jóvenes -a los que estáis en grupos parroquiales, a los jóvenes cofrades, a los que pertenecéis a otros grupos, movimientos y asociaciones y también a los que os sentís lejos de la Iglesia- para proponeros una reflexión sobre algunos textos del Evangelio en los que Jesús se encuentra con algún joven:

“No mires a otro lado”. Con esta expresión me refiero al encuentro de Jesús con el joven rico. Un encuentro que acabó en desencuentro. El joven tenía buena voluntad, era formal, cumplía los mandamientos. Jesús le propuso ir más allá, ser más libre, ser más generoso. Vende lo que tienes, dáselo a los pobres y sígueme. Una propuesta que le abría un gran horizonte. Jesús le miró con cariño pero él miró a otro lado, miró a sus riquezas y marchó entristecido (Mc 10, 17-22).

Querido joven, no pierdas la oportunidad de caminar con Jesús. Él te enseña a ser verdaderamente libre y a compartir con generosidad tu vida. Como decía el Papa Benedicto XVI: “Él no quita nada, y lo da todo” (Homilía 24-IV-2005). Arriésgate, pues, a avanzar con Él. Te librará de la tristeza y te sentirás siempre acompañado por su mirada llena de ternura.

“Despierta”. Con esta palabra quiero acercarte al pasaje del Evangelio en el que Jesús resucita a la hija de Jairo. El alboroto y la tristeza por la muerte de esta muchacha era grande. Pero Jesús dice una palabra esperanzadora: “La muchacha no ha muerto; está dormida”. La tomó de la mano y ella se levantó (Mt 9, 18-26).

Sucede, a veces, que algunas personas refiriéndose a los jóvenes hablan sin esperanza. Y quizá también algunos jóvenes, mirándose a sí mismos, caen en la desesperanza, como si estuvieran “agotados” antes de tiempo.

Querido joven, deja que Jesús te tome de la mano y despierta todo lo bueno que hay en ti. Él te ayuda a descubrir y alentar todas tus cualidades, que son regalo de Dios. Te enseña a cultivarlas con responsabilidad y a ofrecerlas con generosidad a tus hermanos. No te duermas, ni te acurruques en el “sofá” de la comodidad, como recordó el Papa Francisco (Vigilia de Oración en la JMJ, 30-VII-2016).

“Sígueme”. Esta es la invitación que aparece tantas veces en el Evangelio. Hoy también la dirige a cada uno de nosotros como a los hermanos Pedro y Andrés, Juan y Santiago. Estos dejaron las redes y a sus padres y siguieron a Jesús. No eran perfectos. Jesús los tuvo que educar a lo largo de un camino en el que aprendieron del Maestro a servir y no a ser servidos y a dar la vida por amor como Él (Mt 4, 18-22).

Querido joven. Jesús también te dirige a ti esta llamada. Que tu respuesta sea “voy contigo”. Te queda mucho camino que recorrer pero es importante fiarte de Jesús y avanzar con Él. Quizás te llama a formar una familia cristiana en el matrimonio. Prepárate bien para esta vocación. Quizás te llama a la vida consagrada o a ser sacerdote. No tengas miedo. Dar la vida por los demás con Jesús te llenará de una gran alegría.

Que tu vida sea un “sí”. Así fue la vida de una joven de Nazaret, la Virgen María. Ella no tenía una historia importante, vivió en un pequeño pueblo. ¿Quién se iba a fijar en ella? Dios. La llamó para que fuera madre de su Hijo. Ella con humildad y sencillez, con total confianza, dijo sí. Pronunció unas palabras que comprometían toda su vida: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 26-38).

Querido joven, pregúntale al Señor: ¿qué quieres de mí? ¿qué quieres que haga? No tengas miedo a entregar toda tu vida a Dios. Fíate de Él. Construye tu vida sobre roca firme. Tu roca es Cristo. Con Él todo lo puedes, sin Él no puedes nada. No des vueltas sobre ti mismo, no te dejes hundir por tus miedos. El Señor puede hacer maravillas en tu pequeñez. San Pablo decía: Tu fuerza, Señor, se realiza en mi debilidad.

“Levántate”. La palabra de Jesús sonó así, con fuerza y autoridad, dirigida a un joven que iban a enterrar en Naím. Su madre era viuda, el joven era su hijo único. Él se levantó y Jesús se lo dio a su madre. La gente exclamaba: “Dios ha visitado a su pueblo” (Lc 7, 11-17).

Querido joven, la presencia y el amor de Jesús transforman e iluminan las situaciones oscuras y llenas de dolor. Me refiero ahora a esa muerte que llamamos pecado porque nos aparta de Dios y de los hermanos. Sufrimos mucho, nos sentimos atrapados por los lazos del egoísmo, del odio, de la venganza. Sin embargo, Cristo es capaz de hacernos pasar de la muerte a la vida, del pecado a la gracia, del egoísmo al amor. Cristo es nuestra Vida. Acudamos a Él. Convirtámonos y creamos en el Evangelio. Quien encuentra a Jesús encuentra la alegría.

Recapacita y di: “Volveré”: El hijo menor de aquel padre bueno había despilfarrado toda la herencia recibida. Ahora sentía hambre, estaba solo, lejos de casa y recapacitó. “Volveré” fue su decisión. En casa, al menos, sería aceptado como jornalero. Su sorpresa fue que el padre lo esperaba y lo llenó de besos. Volvía el hijo, hubo fiesta (Lc 15, 11-24).

Querido amigo, aunque tu vida es joven, quizá has experimentado altibajos. Momentos en que has vivido con intensidad tu vida cristiana y momentos bajos de alejamiento de Dios y de la comunidad cristiana. ¿Dónde estás ahora? Recapacita, reflexiona. Recuerda que eres hijo de Dios. Él, que es Padre, te espera lleno de misericordia. Cristo, tu mejor amigo ha dado la vida por ti. La Iglesia es tu casa, en ella está la mesa de la Palabra y de la Eucaristía. En ella encontrarás hermanos –algunos quizá no te entiendan– pero muchos han tenido tu misma experiencia y estarán contentos de acogerte y compartir la mesa contigo. Vuelve.

Queridos jóvenes, os propongo que podáis meditar estas palabras del Evangelio, quizás una por semana. El Señor os habla al corazón con amor. Escuchadlo.

En la Catedral, cada jueves de Cuaresma, de 8 a 9 de la tarde, nos reuniremos para orar con estos textos. Estás invitado a compartir esta oración con los hermanos.

Con todo afecto os bendigo.

+José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Wed, 01 Mar 2017 12:02:37 +0000
Muéstranos a Jesús http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/36008-muéstranos-a-jesús.html http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/36008-muéstranos-a-jesús.html

Mensaje de Navidad de Mons. José Vilaplana, Obispo de Huelva.


“Muéstranos a Jesús”
Mensaje de Navidad 2016

Queridos hermanos y hermanas:

Cuando en nuestras familias nace una nueva criatura vivimos momentos muy entrañables en torno a ese pequeño, que centran la atención de todos. Uno de esos momentos llenos de ternura sucede cuando nos acercamos a la madre para pedirle que nos muestre a su hijo, que está arrullado en su regazo. ¡Enséñamelo! Le decimos, y, ella, descubriéndolo suavemente nos deja contemplarlo, plácidamente dormido o mirándonos por primera vez con esos ojillos nuevos que nos llenan de alegría.
Al dirigiros este mensaje navideño quisiera, queridos hermanos y hermanas, que en estas fiestas tuviéramos esta preciosa experiencia: acercarnos a la Virgen María para pedirle, – como hacemos en el rezo de la Salve–: “muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre”. Os lo deseo de corazón porque necesitamos redescubrir a Jesús, conocerlo mejor, amarlo más y servirlo más fielmente.
Nuestra Diócesis de Huelva es muy mariana, gracias a Dios, pero necesitamos que la devoción a María nos lleve a acoger al Hijo de sus entrañas. Decía el Beato Pablo VI que: “Si queremos (...) ser cristianos, debemos también ser marianos”1. Es verdad. Pero no se puede ser auténticamente mariano sin ser verdaderamente cristiano. María nos lleva siempre a Jesús. En los Evangelios Ella siempre aparece referida a su Hijo, en todo lo que dice y en todo lo que hace.
San Manuel González, el Arcipreste de Huelva, decía: “Jesús se da a nosotros por medio de su madre y juntamente con Ella. María, Madre de Jesús, no se queda con Él para gozar a solas con su presencia, de sus miradas y del gusto de alimentarlo y servirlo y derretirse en éxtasis de amor sin fin ante Él, no. Ella lo guarda para que lo vean y lo agasajen y se lo regalen los pastores y para que lo adoren y obsequien los Reyes. Y, después, en Caná, Ella estará con Él para hacerle anticipar su primer milagro en favor de los hombres”2.
Por eso, os deseo una Navidad sinceramente cristiana, en la que mirando a María, le supliquemos de todo corazón:
Muéstranos a Jesús, Luz del mundo, para que nos guíe en nuestros momentos de desorientación, cuando no sabemos qué hacer ni a dónde ir. Cuando experimentamos tanta inseguridad. Que Él nos guíe por las sendas del bien.

Muéstranos a Jesús, Príncipe de la Paz, para que nos enseñe a construir la paz en todas nuestras relaciones familiares y en todos los pueblos y naciones del mundo, heridas por la discordia y la guerra.
Muéstranos a Jesús, Hijo de Dios hecho hombre, para que nos mantenga firmes en la fe, alegres en la esperanza y más diligentes en el amor3.
Muéstranos a Jesús, envuelto en pañales y recostado en el pesebre, para que lo reconozcamos y sirvamos en los más pobres, pequeños y desvalidos, que están cerca de nosotros y reclaman nuestra atención.
Quiera Dios que tengamos la sencillez y la prontitud de los pastores de Belén, para encontrarnos con Jesús, junto a María y José; los pastores llenos de alegría, volvieron “dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto” 4.
Quiera Dios que tengamos la actitud de búsqueda e inquietud de los Magos para entrar en la casa y ver al niño con María su madre y adorarlo5.
Necesitamos, queridos hermanos y hermanas, adentrarnos en el misterio gozoso de la Navidad para recibir la alegría y la fuerza necesaria para afrontar con esperanza los desafíos de nuestro mundo.
Este año deseo recordar especialmente a dos grupos de personas: a los jóvenes que no encuentran trabajo. Pido a Dios por ellos y les animo a que no pierdan la esperanza, ni busquen engañosos refugios, que sigan desarrollando lo mejor de ellos mismos, sin dejar de formarse. Gracias a las familias que los sostienen con esfuerzo. Que todas las instituciones hagamos lo posible para darles la mano hasta que encuentren el lugar que merecen.
Pienso también, conmovido, en todas las personas afectadas por la violencia: las mujeres asesinadas, los muertos y heridos por atentados, y en esas filas interminables de personas que huyen de la guerra, saliendo de ciudades destruidas buscando refugio, especialmente niños y ancianos, cuyos rostros nos interpelan. Que el Niño de Belén abra corazones y puertas, para que estos hermanos puedan encontrar también el lugar que merecen.
Recordando lo que el Papa Francisco nos dice al terminar el Año de la Misericordia, deseo subrayar que: “Termina el Jubileo y se cierra la Puerta Santa. Pero la puerta de la misericordia de nuestro corazón permanece siempre abierta, de par en par. Hemos aprendido que Dios se inclina hacia nosotros (cf. Os 11,4) para que también nosotros podamos imitarlo inclinándonos hacia los hermanos”6.

Concluyo mi mensaje repitiendo esta súplica: María, Madre de misericordia, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
¡Feliz Navidad a todos!
✠ José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva

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1.1. Homilía en Santuario de Bonaria, Cerdeña, 24-04-1970.
2.2. San Manuel González. Rosario Sacerdotal. Obras Completas nº 2445,pp. 591-592.
3.3. Cfr. Misal Romano. Bendición del tiempo litúrgico de Adviento.
4.4. Lc 2, 20.
5.5. Cfr. Mt 2, 11.
6.6. Misericordia et misera, 16

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Huelva Fri, 23 Dec 2016 11:10:03 +0000
“Contigo somos una gran familia” http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/35234-“contigo-somos-una-gran-familia”.html http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/35234-“contigo-somos-una-gran-familia”.html “Contigo somos una gran familia”

Carta del Obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana Blasco por el Día de la Iglesia Diocesana 2016

Mis queridos hermanos y hermanas:

El Día de la Iglesia Diocesana pretende ser una contribución más a vigorizar nuestro sentimiento de pertenencia a la misma. Todos formamos parte de la Iglesia universal, pero pertenecemos concretamente al Pueblo de Dios en el seno de una comunidad diocesana, de una iglesia particular, en este caso la de Huelva, que es en la que habéis nacido a una nueva vida por el bautismo, que os ha insertado en Cristo en esta Iglesia diocesana que peregrina en nuestra tierra. Esa comunidad es en la que se nos anuncia el Evangelio, para que todos participemos de aquella riqueza que aporta a la Iglesia el seguimiento de Jesucristo, a quien, contando con nuestra pobreza, testimoniamos en esta sociedad onubense.

No nacemos ya cristianos por el hecho de pertenecer a una familia cristiana o por vivir en una sociedad de cultura cristiana. Nos hacemos cristianos cuando, por la gracia de Dios, nos incorporamos a Cristo y a su Iglesia. Llegamos a ser cristianos porque Dios nos otorga la posibilidad de recibir los sacramentos y ser iluminados por su Palabra, que es luz en nuestro camino. La Iglesia como madre nos gesta en su seno y nos cuida y alimenta para que lleguemos a ser auténticos discípulos de Cristo. Por eso la respuesta de los miembros de la Iglesia, aunque ha de hacerse en comunidad, ha de partir de una respuesta personal, consciente y animada por el Espíritu Santo que se nos ha dado. Con esa fuerza se explica la contribución de todos los miembros de la diócesis, a través de nuestras parroquias, nuestras asociaciones y movimientos diocesanos, a través de tantas realidades pastorales de la Iglesia onubense, que quieren dar respuesta a la transmisión, celebración y testimonio de la fe. Somos una gran familia que se construye con el «Sí» de cada uno.
Contigo acompañamos en el aprendizaje del amor de Dios a nuestros hermanos, en la iniciación cristiana de los más pequeños y en la formación permanente de los adultos. Contigo, celebramos la presencia de Cristo en nuestras vidas. Contigo, servimos a las personas, especialmente a los más pobres, para lograr prosperidad en educación, salud y trabajo, de acuerdo con la dignidad de toda persona humana. Por eso quiero dar gracias a Dios por ti, por cada miembro de esta Gran Familia que es nuestra Iglesia Diocesana, porque, a través de vuestra colaboración y, con la gracia del Señor, hacéis presente a Cristo, vida nuestra, en la Huelva de hoy.

Con afecto os bendigo.

+José Vilaplana Blasco

Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Fri, 11 Nov 2016 12:00:13 +0000
Manuel González, el Santo de los sagrarios abandonados y de los pobres http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/33235-manuel-gonzález-el-santo-de-los-sagrarios-abandonados-y-de-los-pobres.html http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/33235-manuel-gonzález-el-santo-de-los-sagrarios-abandonados-y-de-los-pobres.html

Carta con ocasión del anuncio de la fecha de canonización del Beato Manuel González.

Queridos hermanos y hermanas:

Con gran alegría acogemos la noticia, dada a conocer esta mañana por el Santo Padre en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico Vaticano, donde ha presidido la Hora de Tercia y el Consistorio Ordinario Público para la Canonización de cinco Beatos, entre los cuales se encuentra el Beato Manuel González García.

La noticia afecta y conmueve gozosamente a nuestra diócesis porque el nuevo santo fue párroco de la Mayor de San Pedro y arcipreste de la ciudad. Vivió aquí, como un onubense más, en la casa número 12 del Paseo de Santa Fe, desde 1905 hasta el 16 de enero de 1916, día de su consagración, en la catedral de Sevilla, como Obispo Auxiliar de Málaga.

Fue ingente su tarea evangelizadora entre nosotros. De ella deseo destacar dos aspectos especialmente necesarios para la Iglesia en el tiempo presente: la dimensión social y la centralidad de la Eucaristía. Sobresalieron en su actividad durante los años de párroco en Huelva y se los propuso también como objetivos de su ministerio episcopal: “Para mis pasos yo no quiero más que un camino, el que lleva al Sagrario y yo sé que andando por ese camino encontraré hambrientos de muchas clases y los hartaré de todo pan, descubriré niños pobres y pobres niños y me sobrará el dinero y los auxilios para levantarles escuelas y refugios para remediarles sus pobrezas, tropezaré con tristes sin consuelo, con ciegos, con sordos, con tullidos y hasta con muertos del alma o del cuerpo y haré descender sobre ellos la alegría de la vida y de la salud”.

Junto con el anuncio de Jesucristo, alegría del mundo y Salvador de los hombres, la dimensión social corresponde al sentido auténtico e integral de la misión evangelizadora. El Papa Francisco dice en la Exhortación Apostólica La alegría del Evangelio: “Ahora quisiera compartir mis inquietudes acerca de la dimensión social de la evangelización precisamente porque, si esta dimensión no está debidamente explicitada, siempre se corre el riesgo de desfigurar el sentido auténtico e integral que tiene la misión evangelizadora (n. 176).”

El Beato Manuel, cuando llegó a Huelva, se dio cuenta enseguida de que había un gran número de niños sin escolarizar. La escuela era “una necesidad muy grande y muy triste”. Y dedicó sus primeros esfuerzos a involucrar a todos en la creación de escuelas. Surgió, primero, la del Sagrado Corazón, confiada a la dirección de D. Manuel Siurot, en la antigua iglesia del barrio San Francisco. Gracias a Dios, esta obra que inició el beato sigue hoy viva en el edificio del Seminario, con el Colegio Diocesano, en el que estudian alrededor de mil quinientos niños en la actualidad. Luego acondicionó los locales anejos al Santuario de la Cinta para escolarizar a los chiquillos de los asentamientos de los Chorritos alto y bajo, en las laderas del Conquero. Al mismo tiempo, en el otro extremo de la ciudad, “teniendo en cuenta también el lamentable abandono de esos barrios del campo, ninguna escuela oficial ni particular, los párrocos decidimos dotar a aquella extensa porción de nuestra feligresía rural de Iglesia y escuelas... y alquilamos unos grandes almacenes existentes frente al Matadero, que forman esquina con la calle Polvorín, por bajo de la Huerta de los Perales y a la calle que conduce al sitio del Pozo Dulce”. Estas instalaciones provisionales fueron sustituidas por otras definitivas, origen del actual Colegio de las Teresianas, en la Avenida de Guatemala.

La promoción cultural de la niñez reclamada un suplemento para la integración social y laboral de los jóvenes. En el curso siguiente al de la inauguración de las Escuelas del Sagrado Corazón, es decir en el año 1909, el Beato Manuel tendió puentes entre la enseñanza escolar y el mundo del trabajo. Creó un Patronato de Aprendices, obra que él llamaba “su ojito derecho”, y una granja para los jóvenes que se orientaban al trabajo agrícola y ganadero.

“En el corazón mismo del Evangelio está la vida comunitaria y el compromiso con los otros” (EG 177), afirma el Papa Francisco. Es evidente, a la luz de todas sus iniciativas y del conjunto de su enseñanza, que incluye, de modo especial, del compromiso con los pobres. Así lo practicó ya el Beato Manuel: “Pobrecillos los pobres, ¡despiertan tan poco interés a su paso por el mundo!” Él se hizo presente entre los que habitaban todavía en las cuevas de los cabezos de la Cuesta del Carnicero y del barrio de San Sebastián, con el fin de conocer de cerca sus problemas y sufrimientos, sintonizar con sus angustias y ayudarles haciéndolos protagonistas de su propia liberación.

Tuvo que participar en el horror que produjo el hambre entre miles de onubenses. En el invierno de 1913 se inundaron las marismas del Tinto y del Odiel, desbordados por intensas lluvias. Simultáneamente hubo huelgas en el sector de la minería de Riotinto, a las que se añadió el forzado amarre de la flota pesquera a causa de un conflicto con los pescadores portugueses. La miseria se desbordó en la ciudad: más de diecinueve mil trabajadores dejaron de llevar el jornal a sus casas durante cuatro meses. El Arcipreste lanzó un manifiesto al corazón generoso y caritativo de los onubenses titulado “El hambre en Huelva”, que puede sintetizarse en estas frases textuales: “Ante situación tan precaria que está llevando la desolación a tantos hogares, y sin prejuzgar cuestiones sumamente delicadas y que exigen serenidad y prudencia exquisitas, creo mi deber excitar, aunque creo que no lo necesitan, la caridad y el celo de los reverendos sacerdotes y buenos católicos de Huelva en favor de tanto hogar triste y desvalido”.

El hecho de la canonización pone también de relieve otra dimensión, ésta bien conocida, de la actividad del Beato Manuel. Yo no quiero, decía, “que en mi vida de Obispo, como antes en mi vida de Sacerdote, se acongoje mi alma más que por una sola pena que es la mayor de todas, el abandono del Sagrario, y se regocije más que con una sola alegría, el Sagrario acompañado”. La Eucaristía es fuente y cumbre de la evangelización y de toda la vida de la Iglesia.

Como escribí en la carta de presentación del presente Plan Diocesano de Evangelización, es especialmente importante descubrir el valor de la Eucaristía del domingo y la celebración del Día del Señor, como expresión de nuestra fe en el Resucitado, siempre presente entre nosotros, fuente de nuestra alegría, en torno al experimentamos el gozo de ser hermanos y la pertenencia a una comunidad de fe.

El día 16 de octubre del presente año 2016 será canonizado como obispo de Palencia, fundador de la Unión Eucarística Reparadora y de las Hermanas Misioneras Eucarísticas de Nazaret. Las dos asociaciones tienen como finalidad específica promover la participación de todos los cristianos en la Eucaristía. La primera de ellas, que está extendida por muchos países de Europa y América, nació en el sagrario de la Parroquia de San Pedro, de Huelva, el 4 de marzo de 1910.

La diócesis ha creado una comisión para organizar las diferentes iniciativas que, con motivo de este feliz acontecimiento, serán llevadas a cabo. Os animo a participar en ellas compartiendo la alegría de la Iglesia de Huelva.

Con afecto os bendigo.

✠ José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva
Huelva, 20 de junio de 2016

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Mon, 20 Jun 2016 11:18:00 +0000
Homilía en la Misa Pontifical de Pentecostés http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/32686-homilía-en-la-misa-pontifical-de-pentecostés.html http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/32686-homilía-en-la-misa-pontifical-de-pentecostés.html

Mons. José Vilaplana Blasco, Obispo de Huelva.

Después de unas jornadas marcadas por las intensas lluvias, nos reunimos hoy, en este día espléndido, para celebrar la fiesta de Pentecostés junto a nuestra Madre, la Virgen del Rocío. Las dificultades del camino han puesto de relieve dos aspectos importantes por los que debemos dar gracias a Dios: vuestro amor y devoción a la Virgen María, que no ha encontrado freno por las adversidades meteorológicas, y la coordinación y el esfuerzo de las instituciones que han buscado rutas alternativas para garantizar vuestra seguridad como peregrinos. Gracias a Dios y a vosotros por esta devoción mariana y por la admirable y eficaz coordinación.

Ahora nos encontramos ya reunidos para celebrar esta solemne Eucaristía, en la que escuchamos la Palabra de Dios y nos acercamos a María, que fue perfecta oyente de la Palabra y, por eso, se convierte en maestra que nos ayuda a comprenderla y a llevarla a nuestra vida.

1. Paz a vosotros.

Ella, como Madre, además de acoger hoy las súplicas, los deseos y la gratitud con que venimos a su presencia, nos señala el camino por el que podemos crecer en su imitación. Ella lo expresó con claridad cuando dijo a los criados de Caná, –y en ellos a nosotros–: haced lo que mi Hijo os diga. ¿Y qué nos ha dicho hoy el Señor en el Evangelio? “Paz a vosotros”. Y repite: “Paz a vosotros”.

¿No estamos necesitados de paz en lo más profundo de nuestro corazón? La vivencia de Pentecostés en El Rocío debe ser para nosotros un oasis de paz. Esa paz brotará de la experiencia de la misericordia divina acogida en nuestro corazón. Dios quiere para nosotros paz y, por eso, nos ofrece también su perdón: “Recibid el Espíritu Santo, a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados”. En este Año de la Misericordia, al que nos ha convocado el papa Francisco, debemos descubrir una dimensión importante de la experiencia del auténtico Rocío. Muchos de los hijos de la Virgen María, impulsados por tan buena Madre, se acercan al manantial de la misericordia en el sacramento de la Penitencia, tanto en el transcurso de la peregrinación, como en los días vividos aquí junto a Ella.

En este punto, deseo subrayar tres afirmaciones del papa Francisco.

La primera, que el sacramento de la Reconciliación nos permite experimentar en carne propia la grandeza de la misericordia. Es para cada penitente fuente de verdadera paz interior.

La segunda, que “siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz”.

Y la tercera, que al pie de la Cruz, “María junto con Juan, el discípulo del amor, es testigo de las palabras de perdón que salen de la boca de Jesús. El perdón supremo ofrecido a quien lo ha crucificado nos muestra hasta dónde puede llegar la misericordia de Dios. María atestigua que la misericordia del Hijo de Dios no conoce límites y alcanza a todos sin excluir a ninguno”.

La experiencia del Perdón se convierte entonces en la paz que inunda toda nuestra persona. El sacerdote, en nombre de Jesús, nos concede el perdón y la paz. La serenidad que entonces vive nuestro corazón se expande también en el seno de nuestras familias y de quienes nos rodean. El santuario de la Virgen del Rocío, Madre de Misericordia, se convierte así en oasis de paz y en “hospital de campaña” –expresión del papa Francisco–, en el que las heridas quedan curadas, los errores superados y los pecados perdonados.

2. Como el Padre me ha enviado.

Contemplando la venerada imagen de la Santísima Virgen, de nuevo escuchamos de sus labios: “Haced lo que Él os diga”. ¿Y qué más nos ha dicho Jesús en el Evangelio?: “Como el Padre me ha enviado, así os envío yo”. El Padre envió a Jesucristo al mundo para que fuera el rostro de su misericordia, manifestado en su humanidad. Para ello necesitó a una madre que le diera nuestra carne, y la encontró en la Virgen María, que acogió la propuesta de Dios, con esas palabras que siempre nos sobrecogen: “hágase en mí según tu palabra”. Desde ese momento el Hijo de Dios, a quien no pueden abarcar los cielos, se encerró en las entrañas purísimas de María, por obra del Espíritu Santo, y se hizo hombre. En el misterio de su Encarnación, en su predicación, en sus gestos, en su Muerte y Resurrección, todo ha sido expresión de misericordia. Jesucristo es la misericordia encarnada.

María, como colaboradora del plan de salvación, compartió siempre la enseñanza del Hijo, realizando en su vida esa revolución de la ternura. En Ella se refleja la bondad de un Dios que se inclina ante nuestras miserias y nos acoge en su Corazón. Con razón se puede afirmar con el Papa que: “ninguno como María ha conocido la profundidad del misterio de Dios hecho hombre. Todo en su vida fue plasmado por la presencia de la misericordia hecha carne. La Madre del Crucificado Resucitado entró en el santuario de la misericordia divina porque participó íntimamente en el misterio de su amor”.

La Iglesia, nosotros, somos enviados a continuar esta gran obra de misericordia. Ante la grandeza de esta tarea nos sentimos pobres como los apóstoles pero, como ellos, nos reunimos en oración con María, esperando que el Señor cumpla en nosotros sus promesas, regalándonos el don del Espíritu Santo, el soplo que nos empuja y la llama que hace arder nuestro corazón de amor y de servicio hacia nuestros hermanos más necesitados. Estamos llamados a ser, en medio de nuestro mundo, testigos y portadores de la misericordia, siguiendo los pasos de Jesús con la ternura de María.

Ser misericordiosos como el Padre “es un programa de vida tan comprometedor como rico de alegría y de paz”. La misericordia nos permite mirar a todas las personas reconociendo su dignidad y tomándonos en serio todas las situaciones de debilidad y vulnerabilidad. El reconocimiento de la dignidad de toda persona y el trabajo por buscar el bien de todos, nos impedirá caer en la tentación y superar los lastres que enturbian nuestra sociedad: la corrupción, la explotación de los débiles y la violencia en cualquiera de sus formas, física o verbal. “Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio. Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad”. Son palabras del papa Francisco.

Nuestra Madre, la Virgen del Rocío, refleja siempre para nosotros esa llamada o vocación a la santidad que debemos vivir todos sus hijos, bajo el impulso del Espíritu Santo, en el ejercicio de las obras de misericordia corporales y espirituales.

3. La alegría del Señor.

Hemos escuchado también en el Evangelio de hoy, que los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. La solemnidad de Pentecostés culmina las fiestas de la Pascua, en las que hemos celebrado y vivido la alegría de la presencia de Cristo resucitado en medio de nosotros, que ahora se actualiza en la celebración de esta Eucaristía. Junto a Cristo siempre encontramos a su Madre, que compartió con Él los sufrimientos de la Cruz y que comparte también la gloria y la alegría de su Resurrección. A Ella le pedimos poder experimentar la alegría de ser y de vivir hoy como cristianos. Quien se encuentra con Cristo encuentra la alegría. Así nos lo recuerda el papa Francisco en sus principales mensajes: “La alegría del Evangelio” y “La alegría del amor”, que últimamente nos ha dirigido, especialmente a las familias.

El Rocío es también una experiencia de alegría vivida en el ámbito familiar, en el que, generación tras generación, se transmite la fe cristiana y el amor y devoción a nuestra Madre, la Virgen del Rocío. Que Ella proteja nuestras familias, para que reciban el rocío del Espíritu Santo, el Espíritu del amor, del consuelo y de la alegría. Para terminar, queridos hermanos y hermanas, suscribo un deseo del papa Francisco: “El pensamiento se dirige ahora a la Madre de la Misericordia. La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios”.

Virgen del Rocío, Reina y Madre de Misericordia, ruega por nosotros. Amén.

✠ José Vilaplana Blasco
Obispo de Huelva

Versión PDF (anotaciones incluidas)

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Tue, 17 May 2016 11:42:55 +0000
Plántale cara al hambre: siembra http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/31159-plántale-cara-al-hambre-siembra.html http://odisur.es/diocesis/huelva/documentos/item/31159-plántale-cara-al-hambre-siembra.html Plántale cara al hambre: siembra

Carta del Obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana Blázquez.

Queridos hermanos y hermanas:

La Campaña contra el hambre de Manos Unidas vuelve a realizar una llamada a nuestras conciencias, para que lo que es un fruto de la injusticia y de la insolidaridad: el hambre en el mundo, no deje de plantearnos un reto a los seguidores de Cristo, y una ocasión más de suscitar la generosidad, una generosidad que ha de surgir de las entrañas de misericordia que hemos de mostrar los que nos hemos encontrado con el Señor y queremos tener sus mismos sentimientos. Si Jesús tuvo compasión de la multitud que le seguía y no tenía qué comer (cfr. Mt 15, 32), ¿cómo nosotros no vamos a sentir compasión de esa multitud que sufre la injusticia de unos bienes mal repartidos?

El papa Francisco, en este sentido, ante la sensibilidad atrofiada de nuestra sociedad, hace una denuncia profética: "Molesta que se hable de ética, molesta que se hable de solidaridad mundial, molesta que se hable de distribución de los bienes, molesta que se hable de preservar las fuentes de trabajo, molesta que se hable de la dignidad de los débiles, molesta que se hable de un Dios que exige un compromiso por la justicia" (Evangelii Gaudium, 203). Ese compromiso, en este Año de la Misericordia, adquiere para nosotros una urgencia mayor, porque "lo que movía a Jesús en todas las circunstancias no era sino la misericordia, con la cual leía el corazón de los interlocutores y respondía a sus necesidades más reales" (Misericordiae Vultus, 8).

Muchas veces podemos caer en el derrotismo de pensar y creer que de poco o nada sirve nuestra cooperación al desarrollo de los pueblos, que, en definitiva no deja de ser una exigencia de la evangelización, pero hemos de mirar con otros ojos, mejor, con otra perspectiva, recordando aquello de que lo que hagamos a los hermanos más pequeños a Cristo lo hacemos (Cfr. Mt 25, 40). Pues tengamos en cuenta que la – grande o pequeña– aportación que podamos hacer a Manos Unidas va a posibilitar la realización de algunas de las obras de misericordia: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, enseñar al que no sabe, etc... Lo que ofrezcamos a nuestros hermanos hambrientos, a través de la Campaña de 2016, va a hacer que se siembren recursos, que se siembren capacidades, que se siembren responsabilidades y cooperación entre los Estados y que se siembre solidaridad. Ya sabemos que lo importante es sembrar, aunque a otros toque recoger.

También la Jornada del Ayuno voluntario, que se celebrará el próximo día 12 de febrero, es una ocasión para que nos unamos de forma muy especial con todos los excluídos de la mesa del mundo. El tiempo cuaresmal en que se desarrollará esta jornada y el contexto del Jubileo de la Misericordia en que se celebra esta Campaña contra el Hambre, nos apremian a una mayor toma de conciencia de los problemas de los otros, incluso de aquellos que no conocemos y están tan lejanos de nosotros. También a una mayor generosidad económica para sostener los proyectos de Manos Unidas. Si todos tenemos parte, de una manera u otra, en la responsabilidad de las causas que generan el hambre en el mundo, tenemos ahora la oportunidad de poner un granito para sembrar y plantarle cara al hambre.

Con mi afecto y bendición.

✠ José Vilaplana Blasco, Obispo de Huelva

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Huelva Thu, 11 Feb 2016 13:06:53 +0000