Guadix Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://odisur.es Wed, 24 Jan 2018 03:29:35 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es En la entrega de los premios ¡Bravo! de comunicación http://odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/42453-en-la-entrega-de-los-premios-¡bravo-de-comunicación.html http://odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/42453-en-la-entrega-de-los-premios-¡bravo-de-comunicación.html En la entrega de los premios ¡Bravo! de comunicación

Discurso del obispo de Guadix, Mons. Ginés García Beltrán, en la ceremonia de entrrega de los Premios Bravo 2017

Queridos Hermanos Obispos,
Querido Secretario General de la Conferencia Episcopal,
Queridos Premiados de esta edición (ya la número 47 de los premios ¡Bravo!), familiares y amigos de los galardonados, amigos todos.

Esta casa, sede de la Conferencia Episcopal Española, como cada año, abre hoy sus puertas a un acontecimiento festivo, celebrativo. El salón de la Plenaria, donde se reúnen todos los obispos de España, os acoge hoy a vosotros para celebrar la entrega de los Premios ¡Bravo! otorgados por la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social. Tiene lugar, como hacemos habitualmente, en torno a la fiesta de S. Francisco de Sales, patrono de los periodistas. Es un acontecimiento alegre porque premiar es reconocer y significar un trabajo bien hecho. En el mundo de la comunicación, las instituciones no siempre sabemos situarnos. Además, en los últimos años, una nueva comunicación ha irrumpido en nuestras vidas de manera creciente a través de nuevos medios y nuevas tecnologías, y por todos los cauces posibles e imposibles.

En la Iglesia, sin embargo, os queremos sentir como compañeros de viaje; compartimos con vosotros un deseo de conocer la verdad y de darla a conocer y, en la medida en que compartimos esos objetivos, estamos con vosotros en el mismo camino.

Además de un reconocimiento, en este día queremos hacer un agradecimiento, porque nuestra sociedad no debe sólo reconocer lo que hacéis sino también agradecerlo. Pocas instituciones como nosotros aprecian lo difícil que es comunicar bien. Por eso, nuestro agradecimiento se dirige al servicio que prestáis a la sociedad y a vuestra aspiración de construir una sociedad más amable y, por tanto, más humana. Ese servicio que se concentra en la responsabilidad de acercar la verdad. Los profesionales soléis decir que sin periodismo no hay democracia. Esta afirmación es consecuencia de otra anterior: sin verdad no hay democracia. Por tanto son necesarios servidores de la verdad, comunicadores, periodistas que hagan posible la democracia con su trabajo.

Agradecimiento y reconocimiento por tanto a todos los premiados.

Algunos como Julián del Olmo, nuestro ¡Bravo! especial este año, acumuláis ya experiencia en estas lides y no por la edad, como pensarán algunos, sino por la calidad. Una calidad profesional que está, en tu caso, al nivel de la calidad personal y humana de la que tantos de los que estamos por aquí somos testigos y beneficiarios. La Iglesia en España, y esta Comisión Episcopal en particular, te agradece y te reconoce hoy por este premio tu trabajo en RTVE, en el programa Pueblo de Dios. Tu buen hacer que nos ha acercado al mundo real, a los que no tienen voz, pero también tu trabajo sacerdotal que te acredita delante de tus compañeros, creyentes o no, como un pastor cercano y acogedor. Gracias, querido Julián.

David Arratibel, Sergio Martín o Pepe Domingo Castaño, también tenéis larga experiencia en recoger premios. No sé si alguno de los que tenéis ya en radio, televisión, o los que han venido este año en cine, os han llegado de la Iglesia. Si es el primero, os deseo que no sea el último, porque sería un signo manifiesto de que vosotros y nosotros estamos en un camino apropiado.

Antonio Pampliega e Íñigo Pírfano utilizáis la comunicación para acercarnos a los que están al otro lado: al otro lado del Mediterráneo, al otro lado de la valla, al otro lado de la paz, y a los que tristemente se han quedado en el medio de su viaje. Muchas gracias y os pedimos, no os canséis de hacerlo.

Hirukide con 2más2Comunicación y 2:59 Films también han puesto nuestra mirada en quienes no están lejos pero a veces están olvidados, y Aleteia ha puesto su portal entre quienes construyen digitalmente una imagen del ser y de la misión de la Iglesia más real, alejada de tópicos, intereses o imágenes prefabricadas.

Al final, pero no las últimas, las diócesis de Cartagena y Santander, que siempre con medios limitados han realizado un trabajo ilimitado para dar a conocer los Años Santos de Caravaca y Liébana.

¡Enhorabuena!

En la función de enseñar del Obispo no está la función de enseñar comunicación, pero el contacto con vosotros me lleva a algunas reflexiones como un destinatario más de vuestro trabajo. En vosotros y en vuestros compañeros del imprescindible mundo de la comunicación pongo mi confianza para informarme de aquello a lo que yo no alcanzo.

La comunicación es una función social muy importante en este tiempo porque el relativismo de hace unos años está dejando paso a un nuevo panorama en el que surgen nuevas y serias dificultades nada pequeñas. Citaría tres.

En primer lugar la aparición de una nueva verdad, definitiva, absoluta, indiscutible: la posverdad. Esa verdad que no tiene vínculos con la realidad sino con los sentimientos, los deseos, los consensos, las preferencias o las apetencias. El mundo sigue necesitado de la verdad para crecer, y por tanto necesita servidores de la verdad en la comunicación.

La segunda dificultad, ocasionada por la expansión de la comunicación a través de las redes sociales, ha sido llamada filtros burbuja. Como denunció Eli Pariser hace algunos años, internet iba a ser la clave para ofrecer una sociedad transparente que permitiera a la democracia extenderse y consolidarse en todos los países. Sin embargo, la red y las redes aprenden nuestra forma de pensar y empiezan a ofrecer contenidos adecuados a lo que somos y lo que creemos, recortando notablemente la realidad. Internet está actuando como un filtro más que limita mi conocimiento del mundo. Por otra parte, el conocimiento tan profundo de las personas que genera internet y la consecuente capacidad de segmentar las audiencias con una precisión inimaginable le ha convertido en una herramienta indispensable para la difusión de ideas, productos y servicios. Hoy, el control de la sociedad, de lo que pensamos y de aquello sobre lo que pensamos, es más posible con internet.

Una tercera dificultad es la proliferación de noticias al servicio de ideologías. El riesgo permanente de comunicar nuevos escenarios que no responden ni a la realidad de lo que ocurre, ni al interés de las personas, ni al servicio público. Es comunicación al servicio de intereses particulares que fácilmente desembocan en división, separación y enfrentamiento. Es verdad que la tensión, el quebranto y la polémica dan más réditos de audiencia, pero también dejan una sociedad más deshilachada y menos cohesionada. Es imprescindible superar el discurso del enfrentamiento en nuestros medios, el de la confrontación, la tensión o el odio que estira y visibiliza los extremos y acaba por romper la sociedad.

El periodismo no puede contribuir al quebranto de la sociedad sino a la cohesión de sus miembros; al conocimiento de las razones de los demás y de las propias para facilitar la comprensión de que todos buscamos lo mejor. El servicio al bien común es un servicio a los proyectos comunes que no dividen ni fracturan sino que suman y acaban multiplicando.

Los medios de comunicación, los profesionales y las empresas tienen que estar al servicio de las personas y apartarse de las servidumbres a las que obligan las ideologías, las cifras de audiencias y las cuentas de resultados.

Dentro de unos días celebraremos S. Francisco de Sales, patrono de los periodistas, al que nosotros queremos pedir hoy la vuelta, a un periodismo de prestigio. Un periodismo que contrasta las fuentes, que es riguroso con el género periodístico, que ofrece datos y argumentos, que es capaz de rectificar, que incluye su fe de erratas. Un periodismo con periodistas, con profesionales, conscientes de su trabajo y amantes de la verdad y de la dignidad de una profesión que humaniza. Sin periodistas de vocación y oficio la comunicación acaba inundada de mediocridad, de medias verdades, acaba ahogado en intereses extraños.

A esa comunicación verdadera contribuís vosotros y por eso estamos aquí. No sólo por vuestro pasado, que hemos querido premiar con estos premios ¡Bravo! sino, también por el futuro más luminoso en el mundo de la comunicación que vosotros podéis alumbrar.

Muchas gracias.

† Ginés García Beltrán
Obispo electo de Getafe

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Guadix Tue, 23 Jan 2018 10:45:39 +0000
En la comunicación de su nombramiento como Obispo de Getafe http://odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/42210-en-la-comunicación-de-su-nombramiento-como-obispo-de-getafe.html http://odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/42210-en-la-comunicación-de-su-nombramiento-como-obispo-de-getafe.html En la comunicación de su nombramiento como Obispo de Getafe

Intervención de D. Ginés García en la rueda de prensa en la que comunicó su nombramiento como Obispo de Getafe (trascripción de su alocución)

Yo les he convocado esta mañana porque, a las 12, la Secretaría de Estado hace público mi nombramiento como Obispo de Getafe. El Santo Padre ha tenido a bien nombrarme Obispo de Getafe. Es alguna noticia que sé hace unos días, como ustedes pueden imaginar, cuando el Nuncio me comunicó este traslado. Y, como podrán comprender, también en este momento, en el corazón ronda de todo: por una parte, el agradecimiento porque el Papa se ha fijado en mí para una diócesis como la de Getafe. Voy de la diócesis más antigua de España a una de las diócesis más recientes, que apenas tiene 26 años. Pero también tengo que confesarlo con un gran dolor por dejar Guadix: han sido 8 años muy intensos. En Guadix he aprendido a ser Obispo y, como tenemos corazón, pues me cuesta trabajo. Pero aquí fui enviado y enviado voy a la diócesis de Getafe.

No conozco Getafe. Yo lo saludo también desde aquí, con gran cordialidad y con gran afecto. Tienen una carta que ahora la delegación de medios de comunicación social les dará la carta que he dirigido al clero de Getafe.

A partir de ahora, según el Código de Derecho Canónico, tengo 2 meses para tomar posesión. Aunque no hemos cerrado del todo las fechas con la Diócesis de Getafe, la toma de posesión probablemente será la mañana del sábado 24 de febrero, en el Cerro de los Ángeles, que es donde suelen ser los grandes acontecimientos de la Diócesis de Getafe.

Quiero aprovechar que están aquí los medios de comunicación de esta zona de Guadix para dar las gracias muy sinceramente a la diócesis de Guadix; agradecer a los sacerdotes, que en todo momento me han acompañado y han colaborado conmigo, dónde me he sentido uno más; y agradecer también a todo el mundo, a todo el pueblo de Dios, porque me he sentido realmente querido. En ningún momento me he sentido extraño, ni fuera de casa, sino que desde que llegué me he sentido en casa, en cualquier rincón de la diócesis, en cualquier pueblo.

Quiero agradecer también a los que colaboran con el Obispo más estrechamente, a los que a lo largo de este tiempo han sido mis vicarios, también agradecer a todos los que trabajan en la Curia, a los delegados, a los directores de secretariado, a todo el personal de la Curia, que a lo largo de estos años han sido mi familia. Y agradeceros también a vosotros. Sabéis que yo soy un profano en los medios de comunicación pero, por la Providencia, desde que soy Obispo me he visto muy vinculado a los medios de comunicación, primero como delegado de los Obispos del Sur para los medios, después en la Comisión y como Presidente de la Comisión de Medios de Comunicación de la Conferencia Episcopal, y ahora también como miembro de la Secretaria para la Comunicación de la Santa Sede. Tengo que reconocer que en todos los medios de la comarca siempre me habéis dado entrada, me habéis dado cabida, para que pudiera expresarme, para que pudiera estar. Yo lo agradezco de corazón.

Ahora toca comenzar una nueva etapa de la vida. Lo haré como vine aquí, en el nombre del Señor. También me voy en el nombre del Señor. me quedan dos meses intensos que estar en Guadix porque no voy a quitar nada de lo que tengo programado en la agenda, sino que seguiré haciendo todo lo que estaba previsto en la agenda.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Guadix Thu, 04 Jan 2018 11:59:15 +0000
Mensaje de Navidad http://odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/42059-mensaje-de-navidad.html http://odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/42059-mensaje-de-navidad.html Mensaje de Navidad

Al llegar la Navidad pienso en cada uno de vosotros, queridos hermanos y hermanas, los que formáis esta comunidad diocesana de Guadix, y, junto a vosotros, en cada uno de los hombres y mujeres de buena voluntad que sin compartir nuestra fe sois compañeros en el camino de la vida. Para todos, mi saludo en el Señor.

La Navidad como memoria nos traslada al comienzo de nuestra era, hace más de dos mil años, a una pequeña ciudad de Judá, Belén, para contemplar la escena siempre entrañable del nacimiento de un niño. Un niño envuelto en pañales y reclinado en un pobre pesebre porque no había sitio en la ciudad. Lo cuidan, con la mirada y con el asombro, su madre María y su esposo José. Pero en la historia de este nacimiento en Belén hay más personajes, los ángeles, los pastores, y hasta unos magos de oriente; es decir, que en torno a aquel niño se unen el cielo y la tierra, y esa tierra en la que habitamos se hace más hogar para congregar a los pueblos que estaban dispersos.

Pero, ¿quién es este niño que concita el interés de los humildes y de los de corazón sincero? Es Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre. En aquella pobreza de la periferia de Belén se ilumina la oscuridad del mundo con la luz de la divinidad y brilla la esperanza que la humanidad ha ido dejando por el camino. Dios se hace uno de nosotros, asume nuestra carne de pecado para liberarnos de su aguijón eterno. Al asumir nuestra pobreza nos regala su riqueza y nos otorga la herencia de vivir con Dios para siempre.

Belén es siempre memoria de amor, del amor agradecido, del amor que espera la respuesta del amado. Él nos amó primero, nos amó hasta el extremo, para que nosotros podamos amar también como Él nos amó. La Navidad nos recuerda cada año que es necesario hacerse niño, mirar con ojos de niño, y tener los sentimientos de un niño. Desde arriba no se entiende la Navidad, desde el egoísmo y la soberbia no se puede entrar en el misterio de esta fiesta. Muchas veces, ante la parafernalia que montamos en estas fechas habría que preguntarse, pero ¿qué celebramos en Navidad?

Hacer memoria de Belén es la posibilidad de recuperar el verdadero sentido de la Navidad, tantas y tantas veces ocultado bajo las propuestas festivas de una sociedad que vende más que da. Una Navidad sin Jesús es sólo la apariencia de la auténtica Navidad. Os invito a recuperar el verdadero sentido de la Navidad, a poner al Niño Dios en medio de nuestra vida y de la vida de la familia, también en lo público, ¿por qué no?. El pueblo cristiano a lo largo de la historia se ha valido de signos sencillos pero hermosos y evangelizadores: el belén, los villancicos, la fiesta familiar, las obras de caridad especialmente en estos días, y tantas otras, que no debemos perder.

La Navidad es presencia siempre actual del Dios con nosotros. Lo que aconteció un día en Belén de Judea sigue aconteciendo cada día en la fe. Dios viene a nosotros en su Palabra, en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía, y en los hermanos. La Navidad es la clave para aprender a descubrir a Dios en medio del mundo, en la vida de los hombres.

Dios está en la vida corriente; no está en lo grande sino en los pequeños; no lo encontraremos en el ruido bullicioso, sino en el silencio contemplativo; no se mezclará con la arrogancia del poder y el dinero, sino que se mostrará en la humildad y el desprendimiento; no lo encontrarán los que lo quieren comprender en su ciencia, sino los que lo reciben en la gratuidad. Sólo desde un corazón limpio se puede ver a Dios, y todos podemos tener ese corazón limpio con tal que lo deseemos y lo pidamos.

El mensaje de la Navidad es un mensaje para todos los hombres y mujeres sin excepción. Dios es de todos y envió a su Hijo al mundo para que todos los hombres se salven. Por eso, hemos de procurar que la Navidad, esta Navidad, sea para todos sin excepción. La caridad cristiana se debe hacer más operante en estos días para que a nadie le falte lo que Dios pone en el corazón: la alegría y la paz.

Pienso especialmente en tantos a los que se ha privado de la dignidad propia de todo hombre; en los que no tienen libertad o viven en la injusticia; en los que carecen de lo necesario para vivir: paz, vestido, casa, medicinas, trabajo, educación; en las familias rotas y en los niños que son sus principales víctimas; en los jóvenes perdidos en el sin sentido y en los que miran con temor el futuro; en los ancianos solos y sin el cariño de los suyos; en las mujeres víctimas de la violencia; en los esclavizados por cualquier tipo de adicción; en los que viven lejos de sus hogares y en los que sufren el azote de la violencia y de la guerra. En la Navidad el corazón se ensancha para acoger a todos y pedir que se ablande si lo hemos endurecido.

“Entremos en la verdadera Navidad con los pastores, llevemos a Jesús lo que somos, nuestras marginaciones, nuestras heridas no curadas, nuestros pecados. Así, en Jesús, saborearemos el verdadero espíritu de Navidad: la belleza de ser amados por Dios. Con María y José quedémonos ante el pesebre, ante Jesús que nace como pan para mi vida. Contemplando su amor humilde e infinito, digámosle sencillamente gracias: gracias, porque has hecho todo esto por mí” (Francisco. Homilía en la Natividad del Señor, 24 de diciembre de 2016).

A todos os deseo una feliz y santa Navidad. Que el Niño que nace en Belén sea nuestra luz y nuestra esperanza. Que su amor inunde la tierra y su Palabra fecunde todas las cosas. Que todos los hombres y mujeres de la tierra descubran la presencia salvadora de Dios en sus vidas.

¡Feliz Navidad!


+ Ginés García

Obispo de Guadix

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Guadix Thu, 21 Dec 2017 12:56:49 +0000
Mensaje de Navidad http://odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/42000-mensaje-de-navidad.html http://odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/42000-mensaje-de-navidad.html Mensaje de Navidad

Mensaje de Navidad del obispo de Guadix, Mons. Ginés García

Al llegar la Navidad pienso en cada uno de vosotros, queridos hermanos y hermanas, los que formáis esta comunidad diocesana de Guadix, y, junto a vosotros, en cada uno de los hombres y mujeres de buena voluntad que sin compartir nuestra fe sois compañeros en el camino de la vida. Para todos, mi saludo en el Señor.

La Navidad como memoria nos traslada al comienzo de nuestra era, hace más de dos mil años, a una pequeña ciudad de Judá, Belén, para contemplar la escena siempre entrañable del nacimiento de un niño. Un niño envuelto en pañales y reclinado en un pobre pesebre porque no había sitio en la ciudad. Lo cuidan, con la mirada y con el asombro, su madre María y su esposo José. Pero en la historia de este nacimiento en Belén hay más personajes, los ángeles, los pastores, y hasta unos magos de oriente; es decir, que en torno a aquel niño se unen el cielo y la tierra, y esa tierra en la que habitamos se hace más hogar para congregar a los pueblos que estaban dispersos.

Pero, ¿quién es este niño que concita el interés de los humildes y de los de corazón sincero? Es Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre. En aquella pobreza de la periferia de Belén se ilumina la oscuridad del mundo con la luz de la divinidad y brilla la esperanza que la humanidad ha ido dejando por el camino. Dios se hace uno de nosotros, asume nuestra carne de pecado para liberarnos de su aguijón eterno. Al asumir nuestra pobreza nos regala su riqueza y nos otorga la herencia de vivir con Dios para siempre.

Belén es siempre memoria de amor, del amor agradecido, del amor que espera la respuesta del amado. Él nos amó primero, nos amó hasta el extremo, para que nosotros podamos amar también como Él nos amó. La Navidad nos recuerda cada año que es necesario hacerse niño, mirar con ojos de niño, y tener los sentimientos de un niño. Desde arriba no se entiende la Navidad, desde el egoísmo y la soberbia no se puede entrar en el misterio de esta fiesta. Muchas veces, ante la parafernalia que montamos en estas fechas habría que preguntarse, pero ¿qué celebramos en Navidad?

Hacer memoria de Belén es la posibilidad de recuperar el verdadero sentido de la Navidad, tantas y tantas veces ocultado bajo las propuestas festivas de una sociedad que vende más que da. Una Navidad sin Jesús es sólo la apariencia de la auténtica Navidad. Os invito a recuperar el verdadero sentido de la Navidad, a poner al Niño Dios en medio de nuestra vida y de la vida de la familia, también en lo público, ¿por qué no?. El pueblo cristiano a lo largo de la historia se ha valido de signos sencillos pero hermosos y evangelizadores: el belén, los villancicos, la fiesta familiar, las obras de caridad especialmente en estos días, y tantas otras, que no debemos perder.

La Navidad es presencia siempre actual del Dios con nosotros. Lo que aconteció un día en Belén de Judea sigue aconteciendo cada día en la fe. Dios viene a nosotros en su Palabra, en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía, y en los hermanos. La Navidad es la clave para aprender a descubrir a Dios en medio del mundo, en la vida de los hombres.

Dios está en la vida corriente; no está en lo grande sino en los pequeños; no lo encontraremos en el ruido bullicioso, sino en el silencio contemplativo; no se mezclará con la arrogancia del poder y el dinero, sino que se mostrará en la humildad y el desprendimiento; no lo encontrarán los que lo quieren comprender en su ciencia, sino los que lo reciben en la gratuidad. Sólo desde un corazón limpio se puede ver a Dios, y todos podemos tener ese corazón limpio con tal que lo deseemos y lo pidamos.

El mensaje de la Navidad es un mensaje para todos los hombres y mujeres sin excepción. Dios es de todos y envió a su Hijo al mundo para que todos los hombres se salven. Por eso, hemos de procurar que la Navidad, esta Navidad, sea para todos sin excepción. La caridad cristiana se debe hacer más operante en estos días para que a nadie le falte lo que Dios pone en el corazón: la alegría y la paz.

 

Pienso especialmente en tantos a los que se ha privado de la dignidad propia de todo hombre; en los que no tienen libertad o viven en la injusticia; en los que carecen de lo necesario para vivir: paz, vestido, casa, medicinas, trabajo, educación; en las familias rotas y en los niños que son sus principales víctimas; en los jóvenes perdidos en el sin sentido y en los que miran con temor el futuro; en los ancianos solos y sin el cariño de los suyos; en las mujeres víctimas de la violencia; en los esclavizados por cualquier tipo de adicción; en los que viven lejos de sus hogares y en los que sufren el azote de la violencia y de la guerra. En la Navidad el corazón se ensancha para acoger a todos y pedir que se ablande si lo hemos endurecido.

“Entremos en la verdadera Navidad con los pastores, llevemos a Jesús lo que somos, nuestras marginaciones, nuestras heridas no curadas, nuestros pecados. Así, en Jesús, saborearemos el verdadero espíritu de Navidad: la belleza de ser amados por Dios. Con María y José quedémonos ante el pesebre, ante Jesús que nace como pan para mi vida. Contemplando su amor humilde e infinito, digámosle sencillamente gracias: gracias, porque has hecho todo esto por mí” (Francisco. Homilía en la Natividad del Señor, 24 de diciembre de 2016).

A todos os deseo una feliz y santa Navidad. Que el Niño que nace en Belén sea nuestra luz y nuestra esperanza. Que su amor inunde la tierra y su Palabra fecunde todas las cosas. Que todos los hombres y mujeres de la tierra descubran la presencia salvadora de Dios en sus vidas.

¡Feliz Navidad!

+ Ginés García

Obispo de Guadix

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Guadix Tue, 19 Dec 2017 14:34:34 +0000
Los pobres en el corazón del Evangelio. Don y tarea para la Iglesia http://odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/41346-los-pobres-en-el-corazón-del-evangelio-don-y-tarea-para-la-iglesia.html http://odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/41346-los-pobres-en-el-corazón-del-evangelio-don-y-tarea-para-la-iglesia.html Los pobres en el corazón del Evangelio. Don y tarea para la Iglesia

Carta del obispo de Guadix, Mons. Ginés García, con motivo de la celebración de la I Jornada Mundial de los Pobres

Queridos hermanos y hermanas en el Señor:

Este año, por invitación del Papa Francisco, y como fruto del Año de la Misericordia, vamos a celebrar por primera vez en la Iglesia la Jornada Mundial de los Pobres, “para que en todo el mundo las comunidades cristianas se conviertan cada vez más y mejor en signo concreto del amor de Cristo por los últimos y más necesitados” (Mensaje del Santo Padre Francisco).

Esta nueva Jornada para la Iglesia universal, que a partir de ahora celebraremos cada año, quiere ser un estímulo que nos haga reaccionar a los creyentes, y también a los que no lo son, frente a la cultura del rechazo y la exclusión, esa cultura que descarta a aquellos que no pueden subirse al carro que ella misma impone por la exigencia del tener, del disfrute, del derroche, para hacer nuestra la cultura del encuentro, de la acogida, de la aceptación del otro. Por otra parte, esta iniciativa que brota de la solicitud pastoral del Papa, es una invitación a acercarnos a los últimos, a los más pobres, para compartir con ellos no sólo lo que nos sobra, sino la vida misma, reconociéndolos y haciéndolos nuestros, para esto sería bueno y oportuno poner gestos concretos.

1. Los pobres en el corazón de Dios, opción fundamental de la Iglesia.

En el Mensaje con motivo de esta Jornada de los Pobres, el Papa Francisco cita unas palabras del Beato Pablo VI que quiero traer ahora: “Todos los pobres pertenecen a la Iglesia por derecho evangélico”. Y es que los pobres están en el corazón mismo del Evangelio, porque Dios los lleva muy dentro de sus entrañas. Dios no es, no puede ser, sordo al clamor de aquellos que lo invocan. Dios siempre escucha el grito de los afligidos y sale a ayudarlos. La petición del pobre se hace oración; no es una palabra que caiga en el vacío del corazón del que tiene muchas cosas que hacer, del que pone una petición-ocupación más en su mucha tarea; la petición del pobre es oración porque Dios escucha y habla, porque sale en ayuda del que lo necesita.

Al hablar del amor de Dios, que se vuelca de modo especial con los pobres, pienso en una madre o en un padre. Sin duda a todos los hijos quieren por igual; sin embargo, la verdad de ese amor hace que la justicia que se contiene en la igualdad de su entrega se convierta en misericordia que da a cada uno lo que necesita. Dios nos ama con misericordia, dando a cada uno lo que necesita. Así se convierte una vez más en testimonio y ejemplo para la Iglesia y para cada uno de los que la formamos.

El amor de Dios se manifiesta en sus obras, en las que realiza en favor nuestro. Por eso, el amor del cristiano se tiene que manifestar de igual modo en nuestro obrar. Este es, nos dice el Papa, “un imperativo que ningún cristiano puede ignorar”. La caridad no es opcional en la vida cristiana, forma parte de su esencia. El amor a Dios, pilar fundamental de la fe cristiana, se manifiesta del modo más claro en el amor al prójimo. No amo a los demás porque soy muy bueno, sino que los amo con el amor que Dios me da, invierto el amor de Dios en amar a aquellos que son su rostro, su carne, los pobres.

2. El rostro de la pobreza.

La pobreza no tiene un rostro, tiene muchos, porque para nosotros la pobreza son los pobres. Los pobres no son sólo aquellos a los que hay que ayudar, sino también los hombres y mujeres, los hermanos y hermanas, a los que hemos de acompañar, con los que hemos de solidarizarnos y hasta con los que hemos de convivir. La vida con los pobres nos enseñará la hermosa lección que contiene la pobreza. El objetivo de este camino es la identificación con Cristo pobre. En los rostros de los pobres vemos a Cristo, al que queremos amarlo en ellos como nos pide el mandamiento principal.

El camino de la Iglesia con los últimos de la sociedad ha de ser un camino de identificación. Quiero insistir que no basta con ayudar, con dejar tranquila la conciencia en la ayuda puntual y, en el fondo descomprometida, tenemos que emprender un camino de acercamiento a los pobres para escucharlos, para mirarlos a la cara, para tender la mano, para que sientan la ternura del “tú me importas”. La verdadera compasión es compartir la pasión, la situación de postración, y esto no se hace mediando la pantalla del televisor o el papel de la publicación. Sé que no es fácil, que no siempre es posible, pero el objetivo último de la vida cristiana es estar con los pobres, caminar con ellos, vivir con ellos. Desde aquí agradezco de todo corazón el testimonio de todos los que vivís con los pobres, en la Diócesis y fuera de ella. Sois la alerta constante para no dormirnos en una fe acomodada, para no escondernos detrás de una religiosidad de cumplimiento; sois la llamada a vivir comprometidamente la fe, porque esta es la respuesta auténtica al don de Dios.

No quisiera quedarme en sólo palabras, por eso, os invito a mirar a la realidad de nuestra diócesis para descubrir las pobrezas que nos envuelven, y que más que suponer un motivo de abatimiento o de rendición, deben convertirse en una oportunidad para la esperanza. Aprendamos a ver en las situaciones de pobreza oportunidades para que todos, sin excepción, podamos vivir con dignidad.

La realidad social de nuestra Diócesis nos permite ver una pobreza, en muchos casos, enquistada y de difícil salida. La despoblación y el envejecimiento de la misma no es, precisamente, un signo de esperanza. Tenemos núcleos de pobreza extrema, casi siempre motivada por la falta de empleo y de horizonte para encontrarlos.

Estoy convencido que nuestra gran pobreza en este momento es el paro laboral, especialmente el que afecta a los jóvenes, marcándolos en su modo de ser y de actuar. Muchas veces tenemos jóvenes titulados pero no cualificados para ejercer un oficio concreto. Esta realidad conlleva una gran falta de ilusión y la tentación constante de “engancharse” al pasotismo, al vivir sin ver y sin comprometerse, o a algo que les motive, incluida la drogodependencia en la multitud de formas que tiene hoy.

Otra cara de la pobreza son los ancianos, muchos de ellos solos y casi abandonados. Hay que agradecer a las personas e instituciones que se cuidan de ellos, merecen nuestro reconocimiento y apoyo; pero, desgraciadamente, esta ayuda no llega a todos ni a todo lo que necesitan. Tendremos que seguir trabajando para que estas personas mayores vivan este tramo de la vida con dignidad, y en un verdadero ambiente hogareño, aunque sea en la soledad de su propia casa.

No olvidemos tampoco la pobreza que supone la mentalidad de los que se sienten cómodos en su indigencia y hacen de la mendicidad o de la ayuda externa su medio de vida. Hemos de romper la cronicidad de muchas situaciones de pobreza que humillan y rompen la puerta del futuro mejor.

No trato en esta carta de describir toda la pobreza ni todas las pobrezas que tocan nuestra realidad, son muchas. Sólo reivindico, porque es mi derecho y mi deber, ilusión y fortaleza para luchar contra las situaciones de injusta pobreza y marginación, al tiempo que pediría trabajar juntos por un liderazgo moral que nos haga protagonistas de nuestra propia historia y del progreso de los hombres y mujeres de nuestra tierra.

3. La Iglesia tiene que sentirse interpelada.

La imagen de la primera Iglesia que transmite el libro de los Hechos de los Apóstoles muestra cómo los cristianos “Vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno” (Hch 2,45). Es la preocupación de aquellas comunidades por los hermanos más necesitados que les lleva a compartir los bienes en un gesto de verdadera comunión.

Este testimonio lo es también para ejemplo nuestro, los cristianos de hoy. La comunicación cristiana de bienes ha de ser no sólo algo que realizamos en momentos puntuales a lo largo del año, cuando se hace una colecta especial, sino un estilo de vida en las comunidades cristianas. Compartir lo que somos y lo que tenemos es parte del ADN del cristianismo.

La Iglesia, es decir, cada uno de los cristianos, tenemos que sentirnos interpelados por los pobres. Es esta una tarea en la que hemos de avanzar en nuestra Diócesis. Los cristianos que más tienen han de compartir con los que menos tienen, y las comunidades parroquiales más ricas han de compartir con las más pobres. Este principio vale también para las Cáritas.

Queridos hermanos y hermanas, no nos quedemos en los diagnósticos o en las estrategias para acabar con la pobreza, vayamos a los pobres y mostrémosles el don de la fraternidad con nuestra entrega personal y con nuestra ayuda desinteresada y generosa.

4. Invito a los Párrocos y responsables de comunidades cristianas a vivir esta Jornada Mundial de los Pobres y a transmitirla a todos los fieles. Para ello, y según las indicaciones que dará oportunamente el Vicario episcopal para la Acción Social, os propongo:

· Celebrar el domingo, día 19, la Misa “Por el progreso de los pueblos”, tal como se contiene en el Misal Romano, haciendo referencia a esta Jornada en las homilías.

· Organizar vigilias u otros momentos de oración por los pobres en las parroquias y demás comunidades. Recemos por lo más necesitados.

· Invitar a los fieles a acercarse a los pobres mediante una visita o una ayuda.

· Concienciar a los fieles de la importancia del voluntariado en Cáritas, en Manos Unidas, o cualquier otra institución que trabaja en favor de los pobres.

· Consolidar y animar la Cáritas parroquial para que sea expresión de la caridad de toda la comunidad parroquial.

· Invito también a los colegios católicos y a los profesores de religión a llevar esta Jornada a sus centros educativos, ya sea en el aula o en algunas acciones que organicen a este fin.

Quiero terminar haciendo mías las palabras del Papa Francisco en el ya mencionado Mensaje con motivo de esta Jornada de los Pobres: “Que esta nueva Jornada Mundial se convierta para nuestra conciencia creyente en un fuerte llamamiento, de modo que estemos cada vez más convencidos de que compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda. Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio”.

Que María, la Madre de los pobres, venga siempre con nosotros en este servicio a los más necesitados.

Con mi afecto y bendición.

+ Ginés García

Obispo de Guadix

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Guadix Wed, 15 Nov 2017 14:39:34 +0000
En la solemnidad de la Virgen de las Angustias, Patrona de Guadix http://odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/41343-en-la-solemnidad-de-la-virgen-de-las-angustias-patrona-de-guadix.html http://odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/41343-en-la-solemnidad-de-la-virgen-de-las-angustias-patrona-de-guadix.html En la solemnidad de la Virgen de las Angustias, Patrona de Guadix

Homilía del obispo de Guadix, Mons. Ginés García Beltrán

Queridos Hermanos sacerdotes;

Ilmos. Sres. Vicarios General y episcopales.

Ilmo. Sr. Deán y Cabildo de la SAI Catedral;

Ilmo. Sr. Vicario General de la diócesis de Jaén y Deán de su Catedral, y este año predicador de nuestra Patrona, la Virgen de las Angustias, querido D. Francisco Juan. El beato Pablo VI fue siempre gran amigo del que sería su antecesor en la Sede de Pedro, san Juan XXIII; es sabido que Montini sentía una gran admiración por la libertad y la paz interior de Roncalli, veía en él al historiador capaz de distinguir entre el núcleo central de la fe y las adherencias que muchas veces lo ocultan. En estos días, con tu predicación, querido Francisco Juan, has realizado la hermosa misión de ayudarnos a esclarecer lo esencial de la figura de María y el porqué de nuestra relación y amor hacia ella, y lo has hecho trayendo con oportunidad el precioso tesoro que la Iglesia guarda en su doctrina, así como la encarnación de ésta, la experiencia de los santos. Muchas gracias, que Dios te lo pague.

Queridos diácono y seminaristas;

Miembros de los Institutos de Vida Consagrada;

Hermano Mayor y Archicofradía de la Stma. Virgen de las Angustias, Patrona de Guadix.

Hermandades y Cofradías.

Saludo con sincero afecto a las dignas autoridades que nos acompañan y nos honran con su presencia; al Sr. Alcalde en funciones y a los demás miembros de la Corporación municipal, así como a las demás autoridades presentes.

Hermanos y hermana en el Señor.

1. Te saludamos a ti María, Virgen de las Angustias, Señora y Madre nuestra, en esta mañana en que Guadix vuelve a elevar al cielo su canto de alabanza por tu constante presencia y protección sobre esta Ciudad y sobre nosotros, tus hijos, que te reconocemos como Patrona.

Hoy es un día grande, un día de fiesta para Guadix y los accitanos, porque celebramos a la Madre, porque en esta gran familia que es la Iglesia, María es la Madre que da unidad, cobijo y calor al hogar de los que formamos el Cuerpo de Cristo.

Como hicieron nuestros padres, y deseamos de corazón que hagan nuestros hijos, queremos honrar a María, la mujer, la oyente fiel de la Palabra, que por la fe concibió en su seno al Salvador del mundo. Ella es el lugar de nuestro encuentro con el Señor. A lo largo de todo el año, y especialmente en estos días, los accitanos nos volvemos a la Virgen para expresarle nuestro amor y veneración filial, al tiempo que depositamos en su regazo nuestras inquietudes y sufrimientos, nuestros anhelos y esperanzas hechas oración.

Os invito ahora, mis queridos hermanos y hermanas, a contemplar a María a luz de la Palabra de Dios que hemos escuchado, y a dejarnos empapar por su mensaje como la tierra que recibe el agua que la hace fecunda.

2. En la primera lectura hemos escuchado una página de libro de Judit, en el Antiguo Testamento. Israel es instigado por los enemigos que buscan su destrucción; el pueblo ya conoce lo que es el destierro y la usencia de Dios, y, por eso, sabe que nada le vale su fuerza militar, ni el prestigio, ni un pasado glorioso. Será una mujer la elegida por Dios para librar al pueblo de la mano de sus enemigos; una mujer de entre el pueblo, una mujer judía –que eso significa Judit-, que se convierte en modelo para Israel. Judit es digna de toda alabanza por lo que ha hecho; sin embargo, Israel sabe bien que el verdadero protagonista es Dios que es quien salva a su pueblo por la mano de la mujer.

Los cristianos hemos leído siempre este texto del Antiguo Testamento pensando en María, porque ella es la mujer libre y generosa que ha hecho posible la salvación de Dios por su Sí, por el hágase de su libertad puesta al servicio del plan de Dios; porque en ella vemos la mano misericordiosa de Dios que nos cuida y guía la historia de los hombres. María misma, en su cántico de alabanza, proclamará la grandeza del Señor que se ha fijada en su humildad, y por ella ha hecho obras grandes; por la disponibilidad de María, Dios ha cambiado el destino de la humanidad condenada a la muerte y la he hecho heredera de la gloria eterna.

La Virgen María, como Judit, nos muestra que el poder de Dios no está en lo que el hombre ha logrado con su fuerza a lo largo de la historia, ni se demuestra en el éxito, sino que es en la confianza y la fidelidad donde se manifiesta de modo admirable. María, y esta es su gran lección para nosotros, nos enseña con su vida que el camino del discípulo es el de la escucha, la confianza, el abandono y la humildad. Dios se resiste a lo soberbios y ensalza a los humildes como la ha hecho con la Virgen.

“Los que recuerden esta hazaña de Dios jamás perderán la confianza que tú inspiras”, le decía Ozías a Judit. Recordar la hazaña de Dios, hacer memoria constante y cotidiana de su amor para con nosotros, es la fuente de donde se alimenta la experiencia cristiana. Sin hacernos conscientes del amor de Dios, sin aceptarlo en nuestra vida, será difícil que podamos vivir una existencia verdaderamente cristiana. Como nos dice el Papa Francisco, el cristianismo es memorioso, vivimos de la memoria agradecida del don de Dios. Una memoria que no es nostalgia del pasado sino actualización constante del amor que nos abre al horizonte de un futuro en esperanza.

Estoy convencido, mis queridos hermanos y hermanas, que el gran déficit de la humanidad hoy está en la falta de amor. Tenemos muchos problemas, pasamos por muchas pruebas, pero sin duda, lo más grave es la falta de amor, lo más doloroso tantas y tantas personas que no son amadas, o que se han hecho incapaces de amar; cada vez son más los que desconocen lo que es el verdadero amor, sustituido por sucedáneos de este, y, en muchos casos, confundido por verdaderas degradaciones del amor aunque lo nombren así. Por eso, el gran servicio de la Iglesia al hombre de hoy será dar a conocer y a gustar el amor de Dios; que cada hombre o mujer tenga la oportunidad de experimentar que es amado, que Dios lo ama. Es este también el servicio de la Virgen Santísima, mostrarnos cada día el amor de Dios.

No es posible la confianza en la Virgen sin la fe en Cristo, porque María nada es sin su Hijo, sin Dios. Aunque pueda parecer innecesario, y hasta pueril repetir esto, hemos de hacerlo con renovado celo misionero. El apartamiento de Dios de nuestra vida y la expulsión de Dios de nuestro mundo provocan desconfianza y condenan al alma al frio que siempre acompaña a la orfandad. Nuestra confianza en la Virgen será mayor en la medida que nuestra fe en Dios lo sea también. La devoción y el amor a María son la expresión de nuestra fe.

3. El Evangelio que acabamos de proclamar nos habla de la unión de María con Jesús, del Hijo con la Madre. El mismo camino histórico de Cristo es también el de su Madre, con razón algunos autores han definido la vida de la Virgen como el quinto Evangelio. El viejo Simeón profetiza el destino de cruz de Jesús simbolizado en la espada que traspasará el alma de María.

María hace de su vida un acompañamiento interior, profundo, de la vida de Jesús. El Hijo es la alegría de su corazón y la razón de su existencia, la identificación es total. Bernardo de Claraval instruía así al Dante en la Divina Comedia: “Mira al rostro que más se parece a Cristo, pues sólo a través de su resplandor te puedes preparar para verlo a Él”. Por eso, al mirar a la imagen bendita de nuestra Madre, la Virgen de las Angustias, contemplamos en ella la hermosura de lo divino en la esperanza de verlo un día sin misterio. La Virgen nos muestra a Jesús, lo pone también en nuestros brazos y en nuestras vidas. Nos está diciendo: este es mi Hijo, el que os amó hasta el extremo, el que ha ofrecido su vida, la causa de mi angustia y de mi esperanza. Como primera discípula y estrella de la evangelización no se cansa nunca de darnos a Jesús, a pesar de las contradicciones, las dificultades, el cansancio y hasta el rechazo.

Cristo será bandera discutida, signo de contradicción. Su Evangelio por sencillo y provocador pone al descubierto la actitud de los corazones. El Evangelio no puede dejarnos nunca indiferentes, es una llamada que pide respuesta, una respuesta que ha de ser siempre audaz y comprometida, desprendida y alegre.

En la evocación teológica de la oración en Getsemaní que hace el autor de la carta a los Hebreos, y que hemos escuchado en la segunda lectura, se manifiesta la humanísima humanidad de Cristo, que compartió en todo nuestra condición menos en el pecado. Jesús se ve arrojado al abismo del sin sentido del sufrimiento y de la inminencia de la muerte. Pero el sufrimiento, y hasta la muerte, pueden tener sentido cuando se viven en la obediencia al plan de Dios. Aprendió sufriendo a obedecer. La obediencia de la fe es causa y camino de salvación. No entiendo nada, no veo con claridad, pero confío, me fío, me pongo en tus manos en actitud de libre obediencia. Este es el signo cristiano de contradicción para un mundo poseído de sí, seguro de sus logros, colmado de sus posibilidades, pero indefenso y frágil ante el sufrimiento y la muerte; incapaz de dar una respuesta, y menos una solución, a los grandes interrogantes de la humanidad, rendido ante la última palabra, ante la muerte. Cristo se ha convertido para los que creen en Él en causa de salvación eterna por su obediencia, y así nos ha abierto las puertas de la vida, el horizonte de la felicidad eterna.

Queridos hermanos y hermanas, os invito una vez más a vivir una fe misionera; a no conformarnos con lo que hemos sido o lo que ya tenemos; no domestiquemos el Evangelio que es fuerza que ama y sabiduría que ilumina. Anunciemos a todos el amor de Dios que se ha manifestado en Cristo Jesús. Que nuestra Iglesia diocesana siga siendo signo, sacramento de salvación para todos; hagamos de nuestras comunidades hogares acogedores para que puedan volver los que se fueron, y puedan venir los que nunca estuvieron. Cristo es el mensaje de María y nuestro mensaje, no tenemos otro.

4. En estos días nos recordaba el predicador de la Septena una hermosa oración de san Francisco de Asís que dice: “Santa Madre de Dios, María, que eres Virgen hecha Iglesia”. Sí, María es la Virgen fecunda, la imagen de la Iglesia. Ella es el tipo de la Iglesia Virgen y Madre que engendra nuevos hijos por la fe y el bautismo; es la Madre de familia grande que sienta a todos sus hijos en torno a la mesa de la Palabra y la Eucaristía; la que prepara a su prole para el Cielo, la patria de los redimidos. Caminando con ella, y acogiéndonos a su protección, también nuestra Iglesia será fecunda. La fecundidad apostólica no nos vendrá de nuestros éxitos ni de nuestras estrategias pastorales, sino de la fidelidad al Evangelio.

Queridos hermanos y hermanas, siempre me ha conmovido vuestra devoción a la Virgen de las Angustias; desde el comienzo de mi ministerio entre vosotros me transmitisteis el amor a nuestra Patrona que ha hecho nido en mi alma; por eso, ahora os pido, que sigáis transmitiendo el amor a la Virgen porque ella será siempre la mejor garantía de nuestra fidelidad a Cristo. Queridos accitanos querer mucho a la Virgen porque ella nos lleva a Cristo Salvador. Mientras Guadix sea mariana será cristiana. María Santísima nos evangeliza.

Os pido que os unáis a vuestro Obispo que con vosotros y por vosotros eleva la oración de la Iglesia a la Virgen para que la lleve a la presencia de Dios.

Viren y Madre nuestra te pido por la Iglesia y por nuestra Iglesia diocesana; por los sacerdotes y diáconos, por los consagrados y por el pueblo santo de Dios, por los niños y por los jóvenes, por las familias y por los pobres. Y bien sabes; Señora, que con especial afecto te presento nuestro Seminario, a los seminaristas y a sus formadores; haz, Madre, que los jóvenes vean en ti el gran ejemplo de consagración al Señor, y lo sigan con toda su vida, hasta el final.

Este año, quiero dejar en tu corazón de Madre dos intenciones muy especiales: nuestra Patria, España, para que viva en la unidad y en la concordia de los hombres y los pueblos que la constituimos. Y por la lluvia; pidamos para que el Señor, por intercesión de María, nos envíe el agua tan necesaria a nuestros campos y a nuestra vida.

Santa María de las Angustias, Madre y Señora nuestra, que reinas en el corazón de los accitanos, conserva siempre a este pueblo en tu amor y no dejes nunca de mostrarnos el rostro de tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor. Hoy, nosotros, tus hijos, queremos volver a hacerte la ofrenda de nuestro amor filial; queremos adornar tu corona con nuestra entrega y el servicio a los demás. “Y después que guíes amorosa la senda azarosa de nuestro vivir para unirnos a Ti, Madre mía, nosotros un día sabremos morir” (Del Himno oficial de la Coronación).

+ Ginés García

Obispo de Guadix

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Guadix Wed, 15 Nov 2017 14:33:10 +0000
En el Día de la Iglesia Diocesana http://odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/41266-en-el-día-de-la-iglesia-diocesana.html http://odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/41266-en-el-día-de-la-iglesia-diocesana.html En el Día de la Iglesia Diocesana

Carta del obispo de Guadix, Mons. Ginés García Beltrán

Queridos diocesanos:

Todos tenemos sueños, y los sueños pueden ser buenos y hasta necesarios si no nos alejan de la realidad. Si los sueños, además, son la expresión de algo real, de la vida misma, entonces soñar es el signo de esperanza que nos lanza a una realidad mejor y posible.

Digo todo esto porque sueño cada día con una Iglesia, también con una iglesia diocesana, que sea trasparencia de lo que Dios quiere y espera de ella. Una Iglesia que sea más familia que oficina, más hogar que lugar de reuniones.

Que la Iglesia es una gran familia lo atestigua el hecho de que Dios es nuestro Padre, el Padre de todos, por lo que, en consecuencia, nosotros somos hermanos. La Iglesia es la familia de los hijos de Dios, de aquellos que hemos nacido a una nueva vida por el bautismo y cada día vivimos esta experiencia, que es reto al mismo tiempo, de ser hijos y hermanos.

Por eso, no sería bueno ni justo mirar a la Iglesia desde fuera, sintiéndola en tercera persona –la Iglesia dice, la Iglesia hace, piensa…-; esta mirada lejana y falta de compromiso es una tentación que nos lleva a distorsionar la verdadera naturaleza e imagen de la Iglesia. La Iglesia también eres tú, somos un nosotros. Hemos de hablar y sentir, por tanto, la Iglesia como algo propio, en primera persona, como una realidad de la que yo formo parte.

Así como en una familia todos somos necesarios, y cada uno aporta sus dones por pequeños que sean, para una convivencia sana y rica, también en la Iglesia todos somos necesarios y estamos llamados a aportar los talentos que el Señor nos ha regalado para servicio de los demás y enriquecimiento de la comunidad.

Si la Iglesia es una gran familia, este hecho se ve con más claridad en cada una de las comunidades parroquiales, y en la misma Diócesis. No somos comunidades aisladas que puedan vivir sin la riqueza del encuentro con los demás.

Por eso os decía al comienzo de esta carta que sueño con una Iglesia que sabe abrirse y compartir lo que es y lo que tiene con los demás. Esta apertura debe realizarse entre nosotros, pero también con los que se acercan tocando a nuestras puertas, e incluso, saliendo nosotros para llegar a los que nunca han venido ni tienen intención de venir.

Como veis la tarea es grande, pero también apasionante, y nuestro testimonio ha de ser el de una fe firme asentada en el Señor, una esperanza alegre y un caridad imaginativa y diligente, vivida en comunión, con la convicción de que todos somos necesarios, también tú. Somos una gran familia contigo.

Formamos parte de una Diócesis, Guadix, que ha recorrido un largo camino en la historia, por el que damos gracias, que vive un presente apasionante que no queremos que se nos escape sin anunciar el Evangelio, y miramos al futuro, que esperamos mejor para nuestra tierra y nuestra gente, con la esperanza puesta en Dios. Por eso, los retos pastorales que tenemos, y son muchos, los acogemos como una gracia.

Encomiendo a esta Iglesia que camina en Guadix a la protección maternal de la Virgen Madre, que ella no deje nunca de mostrarnos el fruto bendito de su vientre, Jesús.

Con mi afecto y bendición.

+ Ginés García

Obispo de Guadix

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Guadix Fri, 10 Nov 2017 13:26:19 +0000
Sé valiente, la misión te espera http://odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/40833-sé-valiente-la-misión-te-espera.html http://odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/40833-sé-valiente-la-misión-te-espera.html

Carta pastoral del obispo de Guadix, Mons. Ginés García Beltrán, con motivo de la celebración del DOMUND 2017

Queridos hermanos y hermanas en el Señor:

Hay llamadas que son una verdadera provocación, llamadas que no nos pueden dejar sentados en la comodidad del sofá, ni nos permiten sin más mirar para otro lado. Es la llamada que cada año nos hace el DOMUND, el día de las misiones. Un momento oportuno para pararnos a pensar, y para mirar más allá de nosotros mismos, para descubrir que el mundo es más grande que nuestro mundo.

La Jornada misionera de este año es otra invitación que provoca: SÉ VALIENTE. Pero, ¿acaso no somos valientes?; no es una acusación de falta de valentía; es, sencillamente, una invitación a ser valiente.

Ser valiente es dejar los miedos a perder lo que tenemos, aquello sobre lo que creemos segura nuestra vida para lanzarnos a lo desconocido, a la novedad, a la grandeza de un mundo que es obra admirable del Creador, a acercarnos a los demás y poder mirarlos a la cara sin prejuicios, aceptando su historia y acogiendo sus dificultades. ¿Cómo se puede hacer esto? Sólo cuando se confía, cuando se sabe que no estamos solos, cuando te sientes enviado porque antes has escuchado una llamada.

Los misioneros son enviados. No salen de sí mismos y de aquello que es suyo por un simple impulso del corazón, ni buscando experiencias fuertes, mucho menos huyendo de un mundo que no les gusta; los misioneros antes han escuchado una llamada a la misión, se han encontrado con el rostro misericordioso de un Dios que un día salió de sí y se hizo uno de nosotros compartiendo nuestra vida y nuestro destino. Un misionero es un hombre o una mujer fascinados por Dios que lo buscan y lo encuentran en el rostro de tantos que no lo conocen, y de otros que son su mismo rostro sufriente.

La misión, los misioneros, no son algo del pasado, ni una figura romántica de lo que a todos nos gustaría hacer aunque pensamos que nunca lo haremos. Hay muchos que dicen que quieren ser misioneros, pues ¿quién te lo impide? Empieza ya; haz de tu vida una verdadera misión aquí, y si Dios te lo pide, en cualquier lugar de la tierra. Ser misionero es un estilo de vida que responde a una identidad: ser de Cristo. Los misioneros son como cualquiera de nosotros, también ellos han vencido sus miedos y han puesto mucha fe y coraje para dar el paso y para mantenerse en la palabra dada. Además, todos somos misioneros por el bautismo. No hay cristiano que no sea misionero.

La valentía que nos pide el lema del DOMUND de este año no es sólo personal, creo que debe ser también comunitaria, eclesial. Valientes los cristianos, cada uno de nosotros, pero valiente también la comunidad eclesial. Me gustaría que nuestra diócesis fuera valiente en la misión, que se revistiera de audacia evangélica para salir del siempre se ha hecho así y explorar nuevos caminos de evangelización. Estoy convencido que cuando seamos capaces de hacer esto, volverá a haber entre nosotros vocaciones para la misión en otras iglesias, en otros países, como ha ocurrido a lo largo de nuestra historia.

Permitidme que os cuente una historia, es sencilla y hermosa. Este verano, a iniciativa del Secretariado diocesano de pastoral de la juventud, un grupo de tres jóvenes junto al Vicario general, ha realizado una experiencia misionera en Honduras. Han sido testigos durante un mes del trabajo de nuestros misioneros y han colaborado con ellos en su misión. Estos jóvenes han querido emprender un camino, que espero que con la gracia de Dios, continuará en los próximos años. La experiencia de este tiempo entre los pobres de la tierra les ha hecho experimentar que los pobres nos evangelizan; nosotros creemos que vamos a darles, y, al final, son ellos los que nos dan a nosotros. Cuánto bien puede hacer a un joven descubrir otros mundos, otras personas, otra iglesia para salir de la modorra en la que nos instala esta sociedad en la que vivimos.

Invito desde aquí a los jóvenes a ponerse en estado de misión; a preguntarse, ¿Cómo puedo yo ser misionero?; a plantearse dedicar algún tiempo de su vida a compartirla con los demás en un experiencia en otro país.

No puedo dejar, también en esta ocasión, de agradecer a nuestros misioneros presentes en todo el mundo su entrega generosa, su trabajo desinteresado por Cristo y favor de los demás. Que Dios os lo pague. Siempre estáis presentes en nuestra oración y en nuestro afecto.

Termino invocando la protección de la Virgen María con las palabras del Papa Francisco en su mensaje para el DOMUND de este año:

“Queridos hermanos y hermanas hagamos misión inspirándonos en María, Madre de la evangelización. Ella, movida por el Espíritu, recibió la Palabra de vida en lo más profundo de su fe humilde. Que la Virgen nos ayude a decir nuestro «sí» en la urgencia de hacer resonar la Buena Nueva de Jesús en nuestro tiempo; que nos obtenga un nuevo celo de resucitados para llevar a todos el Evangelio de la vida que vence a la muerte; que interceda por nosotros para que podamos adquirir la santa audacia de buscar nuevos caminos para que llegue a todos el don de la salvación”.

A todos, os bendigo de corazón.

+ Ginés,

Obispo de Guadix

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Guadix Fri, 20 Oct 2017 10:48:22 +0000
Fiesta de Nuestra Señora del Pilar Patrona de la Guardia Civil http://odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/40715-fiesta-de-nuestra-señora-del-pilar-patrona-de-la-guardia-civil.html http://odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/40715-fiesta-de-nuestra-señora-del-pilar-patrona-de-la-guardia-civil.html

Homilía del obispo de Guadix, Mons. Ginés García, en la Misa en honor a la Virgen del Pilar celebrada con la Guardia Civil

Queridos hermanos sacerdotes.
Sr. Capitán de la Guardia Civil.
Oficiales; Guardias civiles y familiares
Sra. Alcaldesa y miembros de la Corporación Municipal.
Dignas autoridades.
Hermanos y hermanas en el Señor

Cada 12 de octubre este templo catedralicio acoge al querido cuerpo de la Guardia Civil que celebra a su Patrona, la Virgen del Pilar. Es siempre una fiesta familiar, la vuestra, pero también la de todos los que nos unimos a vosotros para dar gracias por la protección de la Virgen Santísima, y para mostrar nuestro respeto y aprecio a vuestra labor en favor de la sociedad y de los ciudadanos.

A nadie se le oculta que este no es un año más. Vivimos en España un momento difícil, complejo, delicado; un momento que a todos, sin excepción, nos ha sobrecogido, inundando nuestras almas de oscura preocupación y desasosiego. No son hechos sin más que vemos y vivimos, incluso podemos juzgar con mayor o menor objetividad; se trata de personas y familias que sufren, sufrimos, ante actitudes y decisiones unilaterales e incomprensibles que afectan a lo más profundo de nuestra vida e identidad, al tiempo que fracturan la convivencia pacífica en sus diversos ámbitos.

Esta mañana, fiesta del Pilar y de la Hispanidad, queremos poner todo lo que hay en nuestro corazón en el regazo de la Virgen Madre, porque ella escucha, acoge, comprende y protege. Nos fiamos de María como un hijo se fía de su madre. Ella es la Madre del cielo que nos acompaña en este nuestro caminar terreno.

En el evangelio Jesús responde a aquella mujer que le gritaba alabando la grandeza de la maternidad, que la mayor bienaventuranza está en la escucha y el cumplimiento de la Palabra de Dios. Escuchar la Palabra y ponerla por obra es el camino evangélico que todo seguidor de Cristo tiene que estar dispuesto a seguir, aun sabiendo de nuestras debilidades, y de las no menores dificultades con las que nos encontramos en el camino de la vida.

Escuchar la Palabra de Dios y ponerla por obra es lo mejor, dice el Señor. De aquí que no niega el valor de la maternidad, todo lo contrario; ni es un desprecio a su Madre. Es una invitación a mirar en la buena dirección, a aspirar a lo mejor. El bien no es conformista, siempre aspira a lo mejor, a la perfección, a lo que los cristianos llamamos santidad. María ha buscado lo mejor y ha obtenido lo mejor. Ella es la madre discípula, la madre que sigue el camino mesiánico de su Hijo hasta el final.

El camino evangélico, queridos hermanos, no está trazado para una vida religiosa que se vive cuando estoy en el ámbito de lo estrictamente sagrado; el Evangelio llega y afecta a todos los ámbitos de la vida del creyente, a los más íntimos y personales, y también a los sociales. El Evangelio debe iluminar todos los ámbitos de la vida humana. Un cristiano interpreta la realidad desde el Evangelio. Por ello, aunque sea costoso, aunque no recoja el aplauso, hemos de mirar, interpretar y vivir este momento histórico desde principios evangélicos, desde el corazón de Dios.

Estamos llamados a vivir en la verdad, porque como nos lo ha dicho el Señor: “La verdad os hará libres”. Sólo en la verdad está la auténtica libertad, la que hace crecer a los hombres y progresar a los pueblos. La mentira, por el contrario, sólo produce oscuridad que confunde y esclaviza.

Y para dar fuerza y credibilidad a la verdad, la caridad. Sin caridad, la verdad se debilita, se confunde, y hasta se convierte en mentira; como la caridad sin verdad cae en un mero sentimentalismo. No podemos caer en la tentación de pensar que la caridad sería una concesión a la arbitrariedad o una suerte de debilidad frente a la firmeza que exige la defensa de la verdad. En este momento necesitamos verdad y caridad, las dos íntimamente unidas, porque las dos se necesitan.

Por eso la búsqueda y la adhesión a la verdad hemos de hacerla juntos, en un marco que garantice la igualdad y el bien común; para ello, como seres en sociedad que somos, nos dotamos de leyes que nos ayuden a conseguir el bien, al tiempo que una convivencia pacífica. El rechazo del orden legal y la arbitrariedad de las acciones de unos pocos, por más que se crean revestidos de autoridad, hiere a la sociedad e hiere a los ciudadanos. No es honesto ser mi propia ley e imponerla a los demás.

La Constitución española es el marco legal de referencia que nos hemos dado para nuestra convivencia, y es en ella por donde hemos de caminar aunque sea para modificarla. Por ello, los obispos, reunidos en Comisión Permanente, hemos recordado que: “es de todo punto necesario recuperar la conciencia ciudadana y la confianza en las instituciones, todo ello en el respeto de los cauces y principios que el pueblo ha sancionado en la Constitución”.

Es expresión teresiana aquella de que “la verdad padece pero no perece”. Y es cierto. La verdad puede verse instigada, amenazada, acallada, pero siempre triunfa. La condición para que así sea es la caridad. Muchas veces defendemos la verdad pero si lo hacemos sin amor no conseguiremos nada.

El camino de las actitudes duras, de los juicios desmesurados, de reacciones violentas no es nunca el camino de la paz que engendra la verdadera convivencia. Hemos de detenernos y mirar con sosiego, así nuestra actuación será en justicia y seremos verdaderos constructores de paz, una paz firme y duradera. Como cristianos estamos llamados a evitar, y, si ya fuera tarde, a reconstruir las fracturas familiares, sociales y eclesiales que se han generado. Hay mucha gente, muchas familias sufriendo. Pienso en tantos hombres y mujeres de esta tierra que emigraron un día a Cataluña buscando un medio de vida y hoy ven a sus hijos en bandos distintos, divididos por una ideología que ha enterrado el gran don de la fraternidad; a tantos que tiene allí su casa y aquí su corazón. Estar cerca de los que sufren es una exigencia para los cristianos, y aquí hay mucha gente que sufre.

Vuestra misión en la sociedad, queridos hermanos de la Guardia Civil, siempre de frontera, os ha colocado en estos días en la primera línea de la escena social y de los medios de comunicación. Con vosotros hemos sufrido, pero al mismo tiempo, se ha reafirmado nuestra convicción de la generosidad de vuestra entrega al bien y a los derechos de los ciudadanos, siendo servidores del orden constitucional. Quiero recoger el sentir de la mayoría de nuestros conciudadanos al deciros que no estáis solos, y al animaros a seguir haciendo de vuestra vida una ofrenda a los demás, y es que la vida no sirve sino es para darla.

La Virgen María es la imagen de la mujer que escucha la Palabra de Dios y la cumple. Su maternidad nace de la fe en la Palabra. Ella supo que para Dios nada hay imposible, por eso se fio, se abandonó, eligió ser la esclava del Señor. De su fe nosotros hemos recibido y seguimos recibiendo muchas gracias. María ha de ser para todos los creyentes modelo de fe y de seguimiento de Cristo.

Ella cumple la Palabra que ha recibido saliendo de sí misma, y yendo a los demás. También nosotros como discípulos misioneros hemos de salir de nosotros mismos, de nuestra comodidad, para llegar a todos los hombres y hablarles del Señor. Convencidos por experiencia que la fe en Cristo engendra vida, hemos de ser testigos que contribuyan al nacimiento del hombre nuevo, del hombre de las Bienaventuranzas.

Como nos decía la primera lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles, los discípulos después de la Ascensión, en un momento también difícil por la orfandad que suponía la subida al cielo del Señor, se mantenían unidos y unánimes en la oración. La oración nos mantiene unidos y abre en el corazón el horizonte de la esperanza; por ello, hemos de mantenerlos unidos en la oración; hemos de permanecer unánimes en la plegaria con toda la Iglesia, y con María, Madre del Señor.

Oremos con fe a Dios por nuestra nación, España, por su unidad y por la concordia entre los hombres y mujeres que en ella vivimos, y por la convivencia gozosa entre los pueblos que la formamos. Que por intercesión de la Virgen del Pilar, Dios nos conceda el don de la paz y la alegría.

Permitidme que mis últimas palabras sean una llamada a la esperanza. Como nos ha dicho muchas veces el Papa Francisco: no os dejéis robar la esperanza. El calor y la fuerza de los acontecimiento tristes que hemos vivido y estamos viviendo no pueden robar nuestra esperanza. Seguro que tenemos motivos para la desesperanza, que no vemos luz al final del túnel, que el futuro parece incierto, pero no podemos perder la esperanza; no podemos perder la esperanza en la bondad que hay en el corazón del hombre, y, sobre todo, la esperanza en Dios.

Con San Juan Pablo II, pedimos:

“Virgen Santa del Pilar: aumenta nuestra fe, consolida nuestra esperanza, aviva nuestra caridad. Socorre a los que padecen desgracias, a los que sufren soledad, ignorancia, hambre o falta de trabajo. Fortalece a los débiles en la fe. Fomenta en los jóvenes la disponibilidad para una entrega plena a Dios. Protege a España entera y a sus pueblos, a sus hombres y mujeres. Y asiste maternalmente, oh María a cuantos te invocan como Patrona de la Hispanidad”. Así sea.

+ Ginés García

Obispo de Guadix

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Guadix Fri, 13 Oct 2017 10:40:09 +0000
En la Solemnidad de la Virgen de la Piedad, copatrona de Baza http://odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/40169-en-la-solemnidad-de-la-virgen-de-la-piedad-copatrona-de-baza.html http://odisur.es/diocesis/guadix/documentos/item/40169-en-la-solemnidad-de-la-virgen-de-la-piedad-copatrona-de-baza.html

Homilía del Obispo de Guadix, Mons. Ginés García, en la Solemnidad de la Virgen de la Piedad, en Baza

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DE LA PIEDAD, COPATRONA DE LA CIUDAD DE BAZA

HOMILÍA

Baza, 8 de Septiembre de 2017

Queridos hermanos sacerdotes.
Ilmo. Sr. Vicario General y predicador este año de la Novena.
Rvdo. Sr. Arcipreste.
Rvdo. Sr. Rector de este templo y Consiliario de la Hermandad de Ntra. Sra. de la Piedad.

Queridos religiosos, religiosas y sociedad de vida apostólica.
Hermana mayor y Junta de Gobierno; hermanos y hermanas de la Hermandad de la Virgen de la Piedad de Baza.
Hermano mayor y Hermandad de la Virgen de la Piedad de Guadix. Saludo de un modo especial al Cascamorras, sucesor del accitano Juan Pedernal, que no te llevas la imagen de la Virgen pero te la llevas a ella misma en el corazón.
Hermandades y Cofradías
Saludo con sincero afecto al Sr. Alcalde de Baza y a los miembros de la Corporación Municipal. Mi saludo también a las dignas autoridades que nos honran con su presencia.
Hermanos y hermanas en el Señor.

Nos convoca un año más la Virgen Santísima que veneramos bajo la advocación de la Piedad. Al celebrar la fiesta de su nacimiento nos congregamos en torno a su imagen que acompaña el camino diario de la Iglesia, y el de tantos y tantos bastetanos.

Por más que dijéramos de la figura de María, no tendríamos vida suficiente para cantar su grandeza escondida en la pequeñez de la que se ha llamado a sí misma la Esclava del Señor. La grandeza de María, como la de una madre, está en su corazón, en la capacidad de acogida, de escucha, de entrega. Las puertas de la casa materna no se cierran nunca, siempre están abiertas a los hijos.

Pues aprovechemos estas puertas abiertas, queridos hermanos, para adentrarnos en el corazón de la Virgen y enriquecernos con su experiencia de fe, con su protección maternal.

1. La genealogía de Jesucristo según el evangelio de san Mateo que proclamamos cada año en esta fiesta, introduce la figura de María, la mujer, en la historia de la humanidad, una historia de gracia y salvación, pero también una historia de pecado y de ruina.

María es el arca preciosa de la alianza, que en medio de la dificultad del camino de la historia humana porta a Jesús preservado pero solidario del destino del mundo y de los hombres. En la genealogía aparecen cinco mujeres, cuatro de ellas heridas por el mal y el pecado; mujeres que viven en su propia carne la contradicción de la condición humana. María aparece y resplandece como la Inmaculada, el canal por el que Dios ha querido introducirse en el mundo. María es así mediadora de la salvación. María participa con su Hijo y por su Hijo en la salvación de los hombres.

Vivir un camino de perfección, de santidad, en medio del mundo no es buscar salir de él, ni vivir al margen. Todo lo contrario, el camino de perfección cristiana es vivir en el mundo, en medio de los hombres, siendo fermento de un mundo nuevo, colaborando con la gracia de Dios en la edificación de la civilización del amor. Hemos de huir de la tentación de una Iglesia replegada en sí misma, obsesionada por sus propios problemas, que mira al mundo desde un puritanismo que es sólo espejismo. La Iglesia tiene su lugar en el mundo, está llamada a salir a los cruces de los caminos a anunciar a Cristo a los hombres, preocupada de lo que pasa en el mundo y solidaria como el buen samaritano de tantas personas que han caído y quedado en los bordes de la sociedad. Necesitamos comunidades cristianas proféticas y hogares abiertos a los que buscan sentido. María es un precioso ejemplo de la Iglesia en salida.

2. La genealogía de Cristo nos muestra también la participación de la Virgen en la vida del Señor, como habéis ido reflexionando a lo largo de los días de la Novena. María acompaña los pasos del Hijo de Nazaret a Jerusalén, de la Encarnación a la Pascua. Algunos teólogos han escrito que la vida de María es el quinto Evangelio, porque su existencia está unida a la de su hijo. Los misterio de la vida de Cristo, como rezamos en el Rosario, son los misterio de la vida de la Virgen. Asociada indisoluble a Cristo ha recorrido un camino de fe y se ha convertido para nosotros en testimonio para el camino de toda vida en Cristo.

Caminando con María vamos por buen camino en la vida cristiana. Ella con delicada fortaleza nos acompaña en el seguimiento de Cristo. ¿Cómo seguir a Cristo?, podemos preguntarnos, como lo siguió María. El camino del seguimiento del Señor es un camino de identificación: ser con Él, estar con Él, compartir con Él hasta su propio destino. A María no le asustó el destino de cruz de su hijo; lo vivió en el sufrimiento, pero no se dejó vencer, no perdió la esperanza. ¿Por qué dejamos, hermanos míos, que nos roben la esperanza?, ¿por qué ante la cruz nos dejamos vencer?.

El éxito no es un nombre de Dios, decía el teólogo suizo Karl Barth. Es verdad, el fruto de la gracia no se mide por el éxito humano. Muchos de nuestros contemporáneos cifran su vida en los éxitos, y el resultado es, tarde o temprano, el desfonde de la existencia, la depresión que llena todo de sin sentido. Un creyente, un servidor público, un padre de familia, no puede medir su vida por los éxitos, sino por la voluntad de servicio y entrega. Ese es el verdadero éxito. La Virgen no fue un personaje exitoso en la sociedad palestina de su época; sin embargo, ¿a qué mujer de su tiempo conocemos, quién siga siendo luz que ilumina a tantas vidas?. Veneramos, querido hermanos, a la virgen humilde de Nazaret, a la mujer sencilla que hizo de su vida una entrega incondicional al plan de salvación de Dios, a la que no alardeó de sus prerrogativas sino que se puso en la manos de Dios, por eso la felicitamos todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por ella.

La devoción filial a la Virgen María ha forjado a lo largo de la historia hombres y mujeres que han vivido una vida de santidad. A los pies de la santísima Virgen de la Piedad quiero recordar hoy al beato Gabriel Olivares Roda, bastetano, de los frailes menores, que forjó su vocación aquí, bajo la mirada amorosa de la Virgen de la Piedad. Sabemos de él que era devotísimo de la Virgen, devoción que estoy seguro nació en su niñez en los muros de este templo. Seguro que la Virgen, Reina de los Mártires, fue su fortaleza en el momento de la ofrenda de la vida y del perdón de sus verdugos. Quiera Dios que el nuevo mártir bastetano sea fermento de vida cristiana.

3. El Evangelio nos ha contado también el nacimiento de Jesús de la Virgen María. La obra del Espíritu Santo en el seno purísimo de la Virgen y la figura providencial de José. “José, hijo de David, no temas acoger a María tu mujer”, son las palabras del ángel. Esta invitación divina propicia que Jesús naciera y viviera en una familia. Jesús quiso vivir en una familia como cada uno de nosotros, porque es la familia el ámbito del crecimiento humano y de la maduración. El primer y mejor lugar para crecer y madurar es la familia, el amor de los padres de los hermanos, donde conviven las generaciones.

Nuestra diócesis durante este año pastoral que ahora comenzamos quiere mirar especialmente a las familias y a los jóvenes. En los próximos días encontraréis en las puertas de nuestras iglesias un cartel que dice: “Familia, juventud, vocaciones... acompañando en la alegría del amor”. Responde a la voluntad de mostrar que la Iglesia es, y debe ser, una gran familia. Somos la familia de los hijos de Dios. La Iglesia comienza en la casa de los creyentes, la familia es la iglesia doméstica, como la definió el concilio Vaticano II. Un niño tiene que aprender a Dios de sus padres, tiene que comenzar a rezar en su casa. No habrá verdadera transmisión de la fe sino es el testimonio del hogar. De hecho, “el debilitamiento de la fe y de la práctica religiosa en algunas sociedades afecta a las familias y las deja más solas con sus dificultades” (AL, 43). Las familias, como nos ha recordado el Papa, son siempre una posibilidad, y hemos de mirarlas y acogerlas como tal.

La familia es importante cuando a su base está el amor, la palabra más utilizada, pero tantas veces la más desfigurada. Como nos dice san Pablo, “el amor no es sólo un sentimiento, sino que se debe entender en el sentido que tiene el verbo «amar» en hebreo: es «hacer el bien». Como decía san Ignacio de Loyola, «el amor se debe poner más en las obras que en las palabras». Así puede mostrar toda su fecundidad, y nos permite experimentar la felicidad de dar, la nobleza y la grandeza de donarse sobreabundantemente, sin medir, sin reclamar pagos, por el solo gusto de dar y de servir” (AL, 94). El amor es una cuestión artesanal, “quizás la misión más grande de un hombre y una mujer en el amor sea esa, la de hacerse el uno al otro más hombre o más mujer. Hacer crecer es ayudar al otro a moldearse en su propia identidad” (AL, 221).

La familia nos introduce en la sociedad e evita que seamos seres antisociales: “Una persona antisocial cree que los demás existen para satisfacer sus necesidades, y que cuando lo hacen sólo cumplen con su deber. Por lo tanto, no hay lugar para la amabilidad del amor y su lenguaje. El que ama es capaz de decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan. Veamos, por ejemplo, algunas palabras que decía Jesús a las personas: «¡Ánimo hijo!» (Mt 9,2). «¡Qué grande es tu fe!» (Mt 15,28). «¡Levántate!» (Mc 5,41). «Vete en paz» (Lc 7,50). «No tengáis miedo» (Mt 14,27). No son palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian. En la familia hay que aprender este lenguaje amable de Jesús (AL, 100).

Por eso, la misión de la Iglesia es hacer experimentar que el Evangelio de la familia es alegría que llena el corazón y la vida entera. Nuestra tarea es “acompañar a cada una y a todas las familias para que puedan descubrir la mejor manera de superar las dificultades que se encuentran en su camino” (AL, 200). Quiero subrayar la misión de acompañar, acompañar a los jóvenes en su preparación al matrimonio, a los matrimonio en su primeros pasos, a los que pasan dificultades, en fin, a los que sufren el desamor, el fracaso de la ruptura.

Este acompañamiento mira también de un modo especial a los jóvenes, porque ellos son siempre el signo de nuestra esperanza, por eso nos preocupan que tengan que mirar al futuro con más miedo que esperanza. Estamos convencidos de las capacidades y posibilidades que tienen nuestros jóvenes por eso queremos que invitarlos a vivir la vida como vocación y no como imposición. También muchas veces el Señor nos revela a través de los jóvenes lo que es mejor. Por eso, con el Papa, quiero repetir a los jóvenes de Baza y de toda la diócesis: “No tengáis miedo de escuchar al Espíritu que os sugiere opciones audaces: no perdáis tiempo cuando la conciencia os pida arriesgar para seguir al maestro”.

4. Al terminar mis palabras quiero pedir a la Virgen Santísima de la Piedad que nos conceda una sana y pacífica convivencia. Los últimos acontecimientos vividos en nuestro país marcado por la violencia terrorista que sembró el terror y derramó sangre inocente en la Rambla de Barcelona nos hace elevar nuestra oración en favor de la paz y la convivencia

Es momento de estar unidos, y de manifestar que esta unidad no niega la legítima pluralidad, sino, todo lo contrario, la enriquece. Hemos de trabajar unidos por una sociedad justa e igualitaria, que vive en paz; una sociedad en la que el otro no sea mi adversario ni mi enemigo, sino el que camina conmigo, mi hermano. Hemos de apostar, y es esta misión de los cristianos, por una sociedad fraterna, por la civilización del amor.

Por otra parte, los acontecimientos vividos nos deben cuestionar a todos: ¿Qué estamos sembrando en el corazón de los jóvenes?, ¿cómo educamos?, ¿estamos dejando en su corazón el rechazo al contrario, la división, la indiferencia ante el sufrimiento de los demás, y hasta el espíritu competitivo que no les hace crecer sino que genera odio y enfrentamiento?. Lo que sembremos en el corazón de los jóvenes será lo que germine en la sociedad mañana. Si sembramos violencia, división, mañana tendremos una sociedad dividida. Si no transmitimos una imagen del hombre abierto a la trascendencia, con horizontes amplios, tendremos una sociedad cerrada, y, desgraciadamente, seguiremos llorando por acontecimientos como los de estos días pasados.

Santa María de la Piedad, Reina de la paz, intercede por nosotros.

+ Ginés, Obispo de Guadix

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Guadix Tue, 12 Sep 2017 12:11:41 +0000