Domingo de Ramos, en la Pasión del Señor

Carta Pastoral del Obispo de Córdoba, Mos. Demetrio Fernández, para el Domingo de Ramos.

Con el Domingo de Ramos entramos de lleno en la Semana Santa. Una semana intensa en la que celebramos los misterios centrales de nuestra fe cristiana: la muerte y la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Celebrar significa hacer presente el misterio, participar intensamente en el mismo, sintonizar con los sentimientos de Cristo que en su corazón desbordante de amor se entrega al Padre por nosotros.

La vida cristiana consiste en el encuentro personal con Cristo. Él ha entrado en nuestra vida y nos ha fascinado, nos ha enganchado. Dejemos que nos arrastre con su amor, dejémonos amar por él más intensamente en estos días santos. Entremos con él en Jerusalén, donde es aclamado por la multitud, y particularmente por los niños, como el Rey que viene a salvarnos.

Bien sabe Jesús a donde va y a qué va a Jerusalén. Lo viene anunciando a lo largo de su camino hacia la ciudad santa. La muerte no es para él un accidente inesperado. Es la “hora” del Padre en la que tendrá ocasión de manifestarle su amor de Hijo en un corazón humano que ama y obedece. Es el momento de dar la vida por los amigos, para mostrarles el amor más grande. Jesús ha vivido su muerte con plena conciencia a lo largo de toda su vida terrena. El ha venido para esta hora.

Se trata de una muerte libre y soberana, movida solamente por el amor. Jesús no es un ser para la muerte, porque él no ha conocido el pecado. Su muerte es una muerte redentora para la multitud. Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Jesucristo es el más grande bienhechor de la humanidad, que nos libra del pecado y nos abre de par en par las puertas del cielo. Y todo ello a través de esta muerte en la cruz que desemboca en la resurrección gloriosa.

Antes de padecer, Jesús quiso comer la Pascua con sus apóstoles. Y en ese contexto de la última cena instituyó la Eucaristía y el sacerdocio ministerial, dejándonos en este sacramento el testamento de su amor. Lo celebraremos especialmente el jueves santo, en la misa de la cena del Señor. Para sentarnos a la mesa del Señor, hemos de acudir limpios de todo pecado, mediante una buena confesión. Nunca sabremos agradecer el gran regalo de la Eucaristía, que en el jueves santo adoramos palpando la presencia del Señor, preñada de sentimientos.

Acudamos en estos días a participar en la Semana Santa. En las celebraciones litúrgicas y en las expresiones devocionales de las procesiones, que prolongan por las calles lo que celebramos en nuestras iglesias.

Queridos cordobeses. Acabo de llegar como Obispo a Córdoba. Es mi primera Semana Santa con vosotros. Es una bonita manera de empezar mi servicio ministerial a esta querida diócesis. Entremos en el misterio santo de estos días, que traen frutos de redención para todos.

Con mi afecto y bendición:

+ Demetrio Fernández
Obispo de Córdoba