Oremos por la Iglesia, con el Papa Francisco

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

La vida en la tierra es un combate permanente y “nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso, sino… contra los espíritus del mal” (Ef 6,12), nos recuerda san Pablo. El demonio se ocupa de atacar a los discípulos de Jesús, “a los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús” (Ap 12,17). Y “este tipo de demonios sólo se combaten con la oración y el ayuno” (Mt 17,21).

La nave de la Iglesia tiene que atravesar a veces tempestades que parece que la harán naufragar. Pero Jesús va dentro de esta barca, y estando él no tememos. Al timón de esta barca ha colocado a Pedro, pecador arrepentido, que confesó su amor a Cristo después de haberlo negado: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará” (Mt 16,18). La fuerza no viene de Pedro, sino de Jesús; pero esa fuerza para salir victoriosos de la tormenta va unida a Pedro y a sus sucesores, hoy el Papa Francisco.

El Papa Francisco nos ha convocado a todos los fieles cristianos a orar por la Iglesia, especialmente a lo largo del mes de octubre, con la oración del Rosario, a la que añadamos la invocación a la Stma. Virgen: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desoigas la oración de tus hijos necesitados, antes bien, líbranos de todo peligro, ¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!”, y la oración al arcángel san Miguel: “San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la milicia celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén”.

No es para asustarse. Vivir de la fe y en tono sobrenatural es lo propio del creyente. Pero sí nos preocupa la arremetida constante contra la Iglesia desde fuera y desde dentro. Como si se hubieran desatado todos los demonios a la vez. “A los que aman a Dios todo les sirve para el bien” (Rm 8,28). Cuando Dios permite esta prueba, es para nuestro bien. Para purificarnos, para espolearnos en el camino del bien, para hacernos más humildes y más necesitados de la gracia divina. Pues, acudamos a la oración y a la penitencia por nuestros pecados y por los pecados del mundo entero.

El mes de octubre es una ocasión propicia para la oración del Rosario, es el mes del Rosario. Con esta oración sencilla, vamos recorriendo los misterios de la vida de Jesús desde el balcón del corazón de su Madre bendita. Es una oración que invita a la alegría, que da paz al corazón, que sintoniza nuestro corazón con los sentimientos de Cristo y de su Madre. Invito especialmente a los jóvenes a que se aficionen al rezo del Rosario. Si no completo, al menos una parte, alguna decena. Es muy educativo en todas las etapas de la vida. Cuando a uno no le sale otra cosa en la oración, queda siempre el Rosario, como la espera paciente hasta la venida del Señor.

Y oremos especialmente por el Papa, nos lo pide él continuamente. Y más en estas circunstancias. Los escándalos, las declaraciones, los ataques de todo tipo sólo benefician a los enemigos de la Iglesia. En el Corazón de Cristo, donde se reciclan todas nuestras maldades, pidamos al Señor que proteja al Papa, que lo libre de sus enemigos, que son los enemigos de la Iglesia, que le aliente en su ministerio, en el que tiene que llevar sobre sus hombros una pesada cruz. Nosotros siempre con el Papa. Sin él, dejamos de ser católicos. Así lo hemos aprendido, y así queremos vivir y morir. En la barca de Pedro, vamos todos. Si en estos momentos hay tempestad, reforcemos nuestra comunión con el Papa Francisco, y en la oración y la penitencia pasará esta turbulencia y saldremos renovados, porque hemos confiado más plenamente en el Señor y en su Madre, que van con nosotros en esta barca.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba