No amemos de palabra, sino con obras

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández, con motivo de la I Jornada Mundial de los Pobres

El Papa Francisco, al término del Año de la Misericordia, ha instituido la Jornada Mundial de los Pobres, que este año se celebrará por primera vez, y será el 19 de noviembre (domingo anterior a la fiesta de Cristo Rey del Universo). A otras varias Jornadas, que los Papas anteriores han instituido, quiere él dejar esta para perpetua memoria. El Papa Francisco nos ofrece en muchas ocasiones enseñanzas muy agudas y comprometidas en este tema, para que la Iglesia ponga a los pobres en el centro de su vida y de su acción apostólica. Os invito a leer la Carta del Papa al instituir esta Jornada, no tiene desperdicio.

Se trata de contemplar a Cristo pobre. “No olvidemos que para los discípulos de Cristo la pobreza es ante todo vocación para seguir a Cristo pobre”. La pobreza no es una desgracia, sino una bienaventuranza, nos hace parecidos a Jesús, que siendo rico se hizo pobre por nosotros. “La pobreza significa un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos creamos inmortales. La pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad. Es la pobreza, más bien, la que crea las condiciones para que nos hagamos cargo libremente de nuestras responsabilidades personales y sociales, a pesar de nuestras limitaciones, confiando en la cercanía de Dios y sostenidos por su gracia. La pobreza, así entendida, es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también vivir los vínculos y los afectos de modo generoso y desprendido” (CEC 25-45).

Se trata en esta Jornada de tocar la carne de Cristo, que se prolonga en tantas personas que sufren la carencia de lo necesario para vivir, y que por eso llamamos pobres: “el dolor, la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la dignidad, la ignorancia y el analfabetismo, la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la esclavitud, el exilio y la miseria, y la migración forzada”. El pecado hace estragos y lleva a tremendas injusticias que tienen que pagar siempre los más débiles. En esta Jornada se trata de acercarnos a todas estas personas para compensar con nuestro amor y hasta donde podamos esa injusticia que brota siempre del egoísmo y del desamor.

Poner a los pobres en el centro de la vida de la Iglesia, al estilo de san Francisco de Asís, que reconocía en los pobres el rostro de Cristo y buscaba parecerse a Cristo pobre. La opción cristiana por los pobres no es una opción ideológica, sino una opción de amor hacia los últimos, en los que reconocemos el rostro de Cristo. En esta actitud, la Iglesia se juega su credibilidad, se juega el fruto de la evangelización. Además, los pobres no son sólo destinatarios, sino agentes de evangelización. Al traerlos a nuestra vida, al acercarnos hasta ellos entendemos mejor el Evangelio en su verdad más profunda. “Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio”. Los pobres nos enseñan a ser humildes, a confiar en Dios, a no idolatrar el dinero, el placer, el consumo. Los pobres nos enseñan a compartir, nos hacen más humanos.

El Papa nos invita a realizar gestos concretos: sentar a nuestra mesa a algún pobre concreto que conocemos de cerca, celebrar con ellos la liturgia de este domingo, porque los pobres suelen estar a las puertas de nuestras iglesias, pero no suelen entrar en ellas. En un mundo falto de amor, los gestos concretos de amor generoso y gratuito nos abren a nuevas posibilidades en nuestra relación con los demás y nos capacitan siempre en nuestra relación con Dios.

Acojamos esta propuesta del Papa Francisco con prontitud de corazón. Estoy seguro de que nos traerá muchos beneficios a nuestra diócesis de Córdoba, a nuestras parroquias, a nuestras familias. Ya tenemos muchos gestos de caridad, ya colaboramos de múltiples maneras con Caritas a todos los niveles. Esta Jornada instituida por el Papa Francisco será para todos ocasión de renovar nuestro amor y acercamiento a los pobres con el amor de Cristo.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba