Córdoba Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://odisur.es Mon, 24 Sep 2018 06:01:39 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es Quién es el más importante http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/46083-quién-es-el-más-importante.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/46083-quién-es-el-más-importante.html Quién es el más importante

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

En el seguimiento de Jesús, él nos da lecciones muy bellas acerca de esta pretensión del corazón humano: No busques el primer puesto, porque puede estar reservado para otro y cuando llegue te lo quitarán (Lc 14,7-11), tú busca el último puesto. No busquéis los primeros puestos, porque ya están reservados por mi Padre celestial (Mc 10,40), el que quiera ser grande entre vosotros, sea vuestro servidor. En el evangelio de este domingo, los discípulos de Jesús habían ido comentando por el camino quién era el más importante. Y Jesús les enseña: “Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos” (Mc 9,35).

Es lo que ha hecho Jesús. Su vida en la tierra no ha sido deslumbrante, y eso que era Dios. Ha preferido ocultar su gloria con el velo de la humildad, en una naturaleza semejante a la nuestra y sometida a toda clase de limitaciones, pasando como un hombre cualquiera, “el hijo del carpintero”. Nace pobre en un establo, vive una vida de familia normal, pasando desapercibido. Ejerce su ministerio, con signos milagrosos y con palabras de vida eterna, que le llevan a la Cruz. En la resurrección será ensalzado y colocado a la derecha del Padre. Su gloria brilla más cuánto más humillada ha sido su condición terrena. San Pablo nos invita a tener estos sentimientos de Cristo: “Tened entre vosotros los sentimientos de Cristo… que siendo Dios, se ha hecho hombre, se ha despojado de todo, obediente hasta la muerte de Cruz” (cf Flp 2,5ss). “Conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza” (2Co 8,9).

Se busca este perfil en el discípulo de Cristo. La tendencia del corazón humano, herido por el pecado, es la ganar prestigio, ocupar primeros puestos, como si eso diera al hombre la felicidad. En el fondo, se trata de una inseguridad, que busca asegurarse agarrándose a lo que puede. Jesús, por el contrario, pone el acento en el servicio. No nos enseña a ser tontos o a parecerlo, no. Nos enseña a servir, poniendo el acento en esta actitud, como una meta permanente del corazón que quiere parecerse a él. En nuestro corazón y en nuestro alrededor, se finge hasta la mentira la apariencia de lo que uno no es. Jesús nos llama a conversión y a vivir en la verdad: los dones que adornan tu vida son dados por Dios para el servicio a los demás. Somos lo que somos a los ojos de Dios, no lo que parecemos o aparentamos a los ojos de los hombres.

La competitividad que debe incitar al cristiano es la de parecerse a Jesús y la de servir a los demás, a los de cerca y a los de lejos. Nos pone como ejemplo a los niños. Ellos no tienen picardía, no son maliciosos, tienen un corazón limpio. Jesús nos invita a parecernos a ellos. Es lo que llamamos “infancia espiritual”, que está tejida de humildad, de sencillez, de servicio, de amor. Es todo un programa de vida, porque en relación con nuestros padres de la tierra, cada vez somos menos hijos, menos dependientes de ellos (incluso, cuando llegan a mayores, dependen ellos de nosotros). Pero en relación con nuestro Padre del cielo, cada vez somos más hijos, más dependientes de él, más “niños”, hasta que nos hundamos plenamente en su seno paternal para siempre. “Si no os convertís y os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los cielos” (Mt 18,3).

En el momento supremo de su vida, Jesús nos dio esta gran lección. Al sentarse a la mesa para la cena pascual, se puso a lavar los pies a sus apóstoles: “Si yo el Maestro y el Señor os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros” (Jn 13,14). Con el gesto de lavar los pies, arrodillado a los pies de sus apóstoles, Jesús deja a su Iglesia el testamento de su amor y nos marca la pauta de su seguimiento: servir hasta el extremo.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 20 Sep 2018 12:56:49 +0000
La Santa Cruz http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/45950-la-santa-cruz.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/45950-la-santa-cruz.html La Santa Cruz

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández.

La señal del cristiano es la santa Cruz. Para los musulmanes, su señal y símbolo es la media luna. Para los judíos, la estrella de David (de seis puntas). La señal del cristiano es la santa Cruz, porque en ella murió nuestro Señor Jesucristo para redimir a todos los hombres. En principio, la cruz era la pena capital según la ley romana; entre los judíos de aquel tiempo, la pena capital era la lapidación. Jesús fue condenado a la pena capital de la cruz por parte de Pilato, gobernador romano en la provincia romana de Palestina. La crucifixión era una pena capital horrible y de muerte lenta, por agotamiento o por desangramiento y asfixia.

Jesús se sometió libremente a la muerte de Cruz, nos recuerdan los textos bíblicos, como momento supremo de su ofrenda. Él es el Cordero de Dios, que sustituye a los corderos de los antiguos sacrificios, ofrecido como expiación por los pecados del pueblo, ofrecido como sacrificio de comunión, ofrecido en sacrificio de holocausto (destrucción total de la víctima). Él es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, cargándolo sobre sus espaldas. La imagen que ha quedado impresa en la retina de los discípulos de Cristo es la de la Cruz, a la que fue clavado nuestro Señor y Redentor.

 

Llegados al 14 de septiembre, celebramos la fiesta litúrgica de la Santa Cruz, completada el 15 con los dolores de María su madre junto a la Cruz. Una vez más, él y ella van siempre juntos, porque junto a la Cruz de Jesús estaba su madre María, en actitud de sintonía y colaboración. Y en ese momento supremo Jesús nos da como madre a su misma Madre, María. Fiesta, por tanto, de la Santa Cruz y de la Virgen de los Dolores, con un tono festivo y victorioso. Ya no es la Cruz del viernes santo que a todos nos aplasta, es la Cruz victoriosa en la que Jesús ha vivido la muerte con libertad, ha amado hasta el extremo de dar la vida, ha vencido por su resurrección al pecado, a la muerte y a Satanás. En Córdoba y en muchos pueblos, esta fiesta es la de las cruces de mayo, que hace unas décadas ha sido fijada el 14 de septiembre, aunque entre nosotros se siga celebrando en los primeros días de mayo. Repetirlo no es ningún obstáculo, así lo entendemos mejor.

La cruz es el sufrimiento vivido con amor. La Cruz se ha convertido en el símbolo del amor, desde el patíbulo más horrible. No basta el sufrimiento, que a tanta gente le aparta de Dios, como si Dios tuviera la culpa de nuestros dolores (porque no fuera capaz de remediarlos). No basta el amor, que en tantas ocasiones tiene tintes poéticos e idealistas, y a veces queda en simples palabras bonitas. La Cruz es el sufrimiento vivido con amor, vivido en libertad. Es un amor que se expresa dando la vida, perdiendo la propia vida. Es un sufrimiento que se vive en el amor, en el don de sí mismo, alcanzando una fecundidad ilimitada. Eso es lo que celebramos el 14 de septiembre.

En este domingo, además, Jesús nos invita a seguirle por este camino: “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga” (Mc 8,34). No hay otro camino, y cuanto más tardemos en asumir esta realidad, peor para nosotros. Nuestra carne y nuestra manera mundana de entender la vida nos hace pensar en el placer, en el éxito, en el tener y en el poder. Jesús entra de lleno en nuestra vida para proponernos otra forma de vivir, la que ha vivido él. Supuesto que el pecado ha trastornado todo lo que ha salido bien de las manos de Dios, no hay otro camino de redención que asumir la cruz de cada día, como ha hecho Jesús, e ir tras de él. Si no tomas tu cruz con decisión, tendrás que llevarla arrastrándola; y así pesa más.

En definitiva, se trata de seguirle a él, de vivir con él, de vivir como él; y eso incluye la cruz de cada día. Pero si le seguimos, es porque ha vencido la muerte, el egoísmo, el pecado; y nosotros queremos vivir de esa libertad que él nos ha alcanzado y que nadie más nos puede dar. Si morimos con él, reinaremos con él.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 13 Sep 2018 12:36:59 +0000
La Visita pastoral, encuentro eclesial renovador http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/45864-la-visita-pastoral-encuentro-eclesial-renovador.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/45864-la-visita-pastoral-encuentro-eclesial-renovador.html La Visita pastoral, encuentro eclesial renovador

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

Algunos preguntan: ¿Cuándo se termina la Visita pastoral? Para el obispo no termina nunca, es su trabajo cotidiano. Para cada una de las parroquias, hay una cadencia de cinco o seis años (o a veces se prolonga algo más). La Visita pastoral forma parte de la vida de la diócesis, y consiste principalmente en el encuentro gozoso de la comunidad cristiana con su pastor y del pastor con la comunidad cristiana, de cada parroquia, de cada grupo, de cada institución, etc. Para mí, os lo he dicho muchas veces, es la tarea más gratificante de todas las que el obispo tiene encomendadas.

Si nos fijamos en las primeras comunidades cristianas, vemos que los apóstoles visitaban de tanto en tanto tales comunidades, y eso que las comunicaciones de entonces no eran las de hoy. Y la primera reacción era la alegría. “La ciudad se llenó de alegría” (Hech 8,8), la alegría del encuentro en la fe y en la comunión eclesial, al comunicarse mutuamente los dones que Dios va realizando en su pueblo, en un intercambio que llena de esperanza. La Visita pastoral que el obispo realiza como ministro de Cristo es la visita del Señor a su pueblo: “Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo” (Lc 1,68).

Se trata de una celebración eclesial. Es el Señor quien viene y pasa por nuestra vida, llamándonos de nuevo a conversión, a seguirle más de cerca para que seamos misioneros de esa alegría recibida. Es momento para revisar la marcha de todas las instituciones parroquiales, de poner a punto el trabajo de cada día. Y sobre todo es un momento de gracia para reaminar las energías de los agentes evangelizadores, felicitarlos, animarlos y consolarlos. No ha de entenderse la Visita pastoral como una inspección fiscalizadora del jefe de una empresa, sino como un momento de gracia, para reconocer lo mucho que Dios está haciendo, agradecer y felicitar a los colaboradores por su dedicación y tarea permanente en la catequesis, en la caridad, en el culto, en tantas tareas parroquiales, darles una palabra de aliento que alimente la fe, porque toda esa tarea se realiza en la fe y a veces sufre la erosión de la vida, y consolar a los que sufren por cualquier causa, dándoles la perspectiva de la cruz del Señor, que lo renueva todo.

La preparación, por tanto, hay que realizarla con oración y catequesis: explicar el misterio de la Iglesia santa compuesta de pecadores, que nos va santificando por medio de la Palabra, de los sacramentos y del testimonio de vida de unos para otros; explicar el ministerio del obispo y del presbítero colaborador del orden episcopal, el papel de los religiosos y de los laicos en la vida de la Iglesia. Revisar los contenidos de la acción evangelizadora (kerigma, catequesis y homilías), actualizar la preparación y celebración de la Santa Misa y el culto eucarístico, del sacramento de la penitencia y de todos los demás sacramentos; cuidar mucho estos momentos de especial encuentro con Dios, cuidar con esmero la liturgia y cuidar especialmente la participación activa y fructuosa de los fieles en todas estas celebraciones, de manera que no se conviertan en ritos mágicos, sino que propicien un verdadero encuentro con Dios. Prestar especial atención a la piedad popular, no porque incrementemos los aspectos externos (ya lo hacen los encargados de ello), sino porque son siempre oportunidades por las que Dios entra en el corazón humano. Hacer que la comunidad cristiana viva la comunión de bienes y el ejercicio de la caridad fraterna, cumpliendo el mandato del Señor; no se trata sólo de repartir alimentos, sino de hacer que circule la caridad entre los miembros de la comunidad eclesial., privándose unos para ayudar a los otros.

Este curso que iniciamos el obispo visitará la Vicaría del Valle, que incluye los arciprestazgos de Alto y Bajo Guadalquivir, desde Villa del Río a Palma del Río. Se trata de una zona regada por las aguas del Guadalquivir, zona fértil en frutos de la tierra, en la que la Palabra de Dios quiere dar frutos de salvación para todos. Desde toda la diócesis, acompañemos esta Visita del Señor a su pueblo, para que estas comunidades se renueven profundamente.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 06 Sep 2018 12:45:30 +0000
Comienza el nuevo curso, de la mano de María, en el Corazón de Cristo http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/45794-comienza-el-nuevo-curso-de-la-mano-de-maría-en-el-corazón-de-cristo.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/45794-comienza-el-nuevo-curso-de-la-mano-de-maría-en-el-corazón-de-cristo.html Comienza el nuevo curso, de la mano de María, en el Corazón de Cristo

Carta semanal del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández.

Comienza el nuevo curso, de la mano de María, en el Corazón de Cristo

El mes de septiembre marca el momento de la “vuelta al cole”. Y con esta expresión entendemos la vuelta a las tareas de la nueva etapa que se abre, cargados de esperanzas y proyectos. Probablemente hemos tenido algunos días de descanso, donde el ritmo ha sido menor, y ahora volvemos al ritmo ordinario de nuestras ocupaciones habituales.

Un curso que va a estar marcado especialmente por la espiritualidad del Corazón de Cristo, para conmemorar el centenario de la consagración de España al Corazón de Jesús (1919-2019) y el noventa aniversario del monumento al Corazón de Cristo en Las Ermitas de Córdoba. Entrar en el Corazón de Cristo es aprender a amar como él nos ama, en un amor permanente de entrega que nos llena y nos satisface. La espiritualidad del Corazón de Cristo es una espiritualidad del amor de Dios en nosotros, del amor nuestro a Dios y del amor nuestro al prójimo al estilo de Jesús.

El próximo 15 de septiembre tenemos el Encuentro Diocesano del Apostolado de la Oración en San Hipólito. El 5 de octubre (primer viernes) nos visita Mons. Munilla, obispo de San Sebastián, para prepararnos al Año jubilar del Corazón de Jesús que viviremos en nuestra diócesis del 24 de octubre del 2018 a la misma fecha del 2019. Cómo me gustaría que en todas las parroquias se introdujera y se acrecentara la espiritualidad del Corazón de Jesús. Es compatible con toda otra pertenencia eclesial, en toda parroquia, en todo grupo o comunidad. Más que un grupo aparte, es un tono de vida, que resume las actitudes fundamentales de la vida cristiana.

La espiritualidad del Corazón de Jesús hace de nuestra vida una ofrenda permanente con todas sus obras y proyectos; nos invita permanentemente a la adoración de Cristo en la Eucaristía, participando en la comunión eucarística y cuidando la frecuencia del sacramento de la penitencia. Puesto que el pecado ha roto la armonía del hombre con su Creador y su Redentor, nos introduce continuamente en una actitud reparadora: toda nuestra vida se convierte en un culto de alabanza a Dios y en actos permanentes de reparación por nuestros pecados y los del mundo entero. Es una espiritualidad del amor, único motor que ha movido a Dios y que hoy puede mover la historia de la humanidad, hasta instaurar la civilización del amor, convirtiendo los corazones y las estructuras del egoísmo al amor. En la Carta pastoral de inicio de curso (que va encartada en “Iglesia en Córdoba” de esta semana), os amplio esta reflexión, además de otros temas preferentes para el nuevo curso.

Y en estos días de comienzo de curso, nos encontramos con el abrazo cariñoso de la Madre. En la Iglesia universal, el 8 de septiembre se celebra la natividad de María; y en muchos de nuestros pueblos se celebra de manera especial la fiesta principal de la Virgen, bajo innumerables títulos. En la ciudad de Córdoba, la Virgen de la Fuensanta. Es una sorpresa agradable volver a las ocupaciones habituales de la mano de María. Ella nos espera, para que la “vuelta al cole” la hagamos de la mano de la Madre, que nos da seguridad, serenidad, alegría y esperanza.

Desde hace unos años, son los jóvenes los que están dando impulso a esta fiesta de María, que es venerada en Córdoba desde hace siglos. En la antevíspera es trasladada a hombros de los mismos jóvenes hasta la Santa Iglesia Catedral, donde la víspera celebramos solemne pontifical en honor de nuestra patrona, para ser llevada después hasta su Santuario. Allí acudimos en la mañana de su fiesta, con el Cabildo Catedral en pleno y las autoridades que quieran acompañarnos, y el pueblo de Dios que venera con cariño a su Madre del cielo. Le pedimos este año especialmente por los jóvenes, a los que la Iglesia dedica el próximo Sínodo de los Obispos sobre “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional” (3-28 octubre 2018).

Entremos con buen pie en el curso que comienza, llenos de proyectos y esperanzas, de la mano de María nuestra madre y puestos los ojos en el Corazón de Cristo, que nos ha amado hasta el extremo y sigue siendo el amor de nuestras vidas.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

]]>
no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Córdoba Thu, 30 Aug 2018 14:29:32 +0000
50 años de la Humanae vitae http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/45589-50-años-de-la-humanae-vitae.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/45589-50-años-de-la-humanae-vitae.html 50 años de la Humanae vitae

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

El 25 de julio de 1968 publicaba el Papa Pablo VI (que será declarado santo el próximo 14 de octubre) la encíclica Humanae vitae sobre el sentido del amor humano en su expresión corporal matrimonial y la regulación de la natalidad. Se cumplen, por tanto, 50 años de esta “encíclica profética”, que viene a iluminar el sentido del amor humano en el seno del matrimonio cristiano. El misterio del hombre sólo se ilumina a la luz del misterio del Verbo encarnado, nos recuerda el Vaticano II (GS 22). También en este punto tan profundo y delicado del amor, y del amor en su máxima expresión corporal, como es la unión sexual de los esposos, bendecida por Dios desde el principio y elevada a la categoría de sacramento por el mismo Jesucristo.

La sexualidad, lugar en el que se expresa ese amor corporal de los esposos, no es mala. Más aún, vio Dios todo lo que había hecho y, cuando llegó al hombre (varón y mujer), “vio que era muy bueno” (Gn 1,31). Es algo salido de las manos de Dios, por tanto es algo bueno en su origen. Ciertamente, el pecado ha trastornado todo lo que ha salido bien de las manos de Dios, pero no lo ha destruido ni lo ha corrompido plenamente. Esta realidad del principio, herida por el pecado, ha sido sanada por el mismo Cristo. Por eso, mirándole a él, el Verbo que ha tomado nuestra alma y nuestro cuerpo humano, e influidos por su gracia, entendemos el misterio del hombre también en esta dimensión del amor humano, de la sexualidad humana. El trato con Jesucristo hace entender y ayuda a vivir este aspecto tan neurálgico de la vida de los esposos.

El Papa Pablo VI hace un canto al amor de los esposos, diciendo que ha de ser un amor humano y humanizador. Es decir, sensible y espiritual al mismo tiempo. No es una simple efusión del instinto o del sentimiento, sino que es también y principalmente un acto de la voluntad humana. Es un amor que va convirtiendo a los esposos en un solo corazón y los va conduciendo a la perfección de cada uno. Es un amor total, es una forma singular de amistad personal, que se goza no sólo en recibir, sino en darse sin reservarse nada. Es un amor fiel y exclusivo hasta la muerte. Así lo entiende el esposo y la esposa el día que lo asumen libremente. Puede conocer momentos de prueba, pero esa fidelidad es posible, noble y meritoria. Así lo demuestran tantos matrimonios de hoy y de siempre. Es un amor fecundo, porque normalmente se prolonga en el don de los hijos, que son el don más excelente del matrimonio y contribuyen al bien de los padres.

En el contexto en el que se publica este documento pontificio, está en plena efervescencia la revolución sexual de 1968, el amor libre y sin ataduras, la expansión y universalización de la píldora anticonceptiva, la propuesta del aborto libre y una serie de retos que plantean a los cristianos una respuesta. Esta encíclica de Pablo VI ilumina con una luz duradera que el ejercicio de la sexualidad humana tiene su lugar dentro del matrimonio, en el cual cada uno de los actos de unión sexual propios de los esposos deben estar abiertos a la vida, pues tales actos para ser humanos llevan incluido el sentido unitivo y el sentido procreativo de la unión sexual. Es decir, no pueden servir sólo para la unión y crecimiento en el amor de los esposos entre sí, sino que cada uno de ellos debe estar abierto a la vida. Dado el carácter cíclico de la fecundidad, no se deriva de cada acto conyugal la concepción de un nuevo hijo, pero todos y cada uno de los actos ha de estar abierto a la vida, los esposos no deben poner ningún impedimento. De ahí la importancia también del conocimiento del ciclo fértil para un uso responsable.

Esta encíclica no fue bien recibida por todos. Produjo satisfacción y también turbación. Es como la primera vez que el Papa en su magisterio supremo se ve contestado por unos y por otros, de fuera y de dentro. Las intervenciones posteriores de Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco han reafirmado el valor de esta encíclica y la actualidad cada vez mayor de esta doctrina de la Iglesia. Por eso, es llamada “encíclica profética”. Se trata de un punto crucial, muchos cristianos se han alejado de la Iglesia sólo por este punto, otros han encontrado verificado en sus propias vidas la felicidad que este mensaje contiene, y las propuestas que el mundo ofrece hoy son mucho más disparatadas que entonces. Por eso, la encíclica Humanae vitae ha sido un faro de luz en estos 50 años y al celebrar este aniversario es una ocasión para profundizar en su contenido y llevarlo a la práctica, como una luz que ilumina el misterio del amor humano en nuestros días. Y una pauta en la que han de educarse los jóvenes especialmente.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 26 Jul 2018 12:44:10 +0000
El Señor es mi pastor… venid a descansar http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/45520-el-señor-es-mi-pastor-venid-a-descansar.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/45520-el-señor-es-mi-pastor-venid-a-descansar.html El Señor es mi pastor… venid a descansar

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

Después de la misión apostólica, en la que fueron enviados de dos en dos, Jesús se reúne con sus apóstoles para revisar el apostolado que han realizado. Me imagino al grupo de los doce contando con euforia al Maestro cómo les había ido, qué dificultades habían encontrado, qué experiencias nuevas habían tenido, incluso la alegría de constatar que hasta los demonios se les sometían al invocar el nombre de Jesús, como les sucedió al otro grupo de los setenta y dos (cf Lc 10,17). En toda experiencia apostólica nueva, el gozo consiste en constatar que Dios ha actuado por medio de nosotros, y nos llena de asombro ver que Dios se fíe de nosotros, que Dios cuente con nosotros y que nuestras pobres colaboraciones humanas produzcan un fruto divino.

Por eso, Jesús los invita a retirarse con él a un lugar apartado, solitario, donde nadie pudiera distraerlos. El verano es tiempo propicio para el descanso, para retirarse a lugares apropiados para esa revisión personal, para mayor y más intensa oración, para planear el futuro. Los monasterios son lugares apropiados y hacen este gran servicio a la Iglesia y a todos los que quieran acudir. Son lugares de paz, de encuentro con el Señor, de quietud en medio del ajetreo. El hecho de interrumpir el trabajo cotidiano ya sirve de descanso, y debemos aprovecharlo para descansar con el Señor, para renovar fuerzas cara al futuro.

Uno no se retira para huir de nadie, y menos aún de los problemas en los que se debate la gente. El profeta Jonás huyó de la misión que Dios le encomendaba y las circunstancias adversas le devolvieron a la realidad de la encomienda. Esa tentación la llevamos todos, nos recuerda el Papa Francisco (Gaudete et exultate, 134). Hay veces que a uno le dan ganas de salir corriendo no sé a dónde para olvidarse de todo. No es ese el retiro al que nos invita Jesús. El retiro al que nos invita Jesús es a estar con él, llevando en nuestras manos y en nuestra conversación la misión que él mismo nos ha encomendado, y revisando con él cómo van las cosas, para volver a la vida cotidiana con renovadas energías.

Y resulta que cuando planeaban ese retiro, la gente salió a su encuentro en una muchedumbre inmensa que buscaba a Jesús. Aunque muchos no lo sepan, esas idas y venidas son para buscarle a él, porque sólo él puede compadecerse de todos. “Jesús vio esa multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas” (Mc 6,34). Es impresionante esa mirada compasiva de Jesús. Su corazón se conmovió al ver a tanta gente desamparada y se entretuvo para enseñarles.

Dios nos ha dado a Jesús como buen pastor, en contraste con tantos malos pastores, que buscan sólo su interés o, peor aún, son lobos en lugar de pastores. Cómo necesitamos en nuestros días buenos pastores. Pastores según el corazón de Cristo. Pidamos al Señor que no nos falten pastores como él.

Cuál es la diferencia entre un pastor bueno y un pastor malo. Un pastor bueno, al estilo de Jesús, conoce a sus ovejas y está dispuesto a dar su vida por ellas, incluso cuando vienen las dificultades. Un pastor malo se toma la tarea como un oficio cualquiera, y si vienen especiales dificultades, deja las ovejas y huye; y es que a un asalariado no le importan las ovejas (cf Jn 10).

Pero incluso, hay pastores que, vestidos con túnica de pastor, son auténticos lobos. Estos nunca buscarán el bien de las ovejas, sino que al acercarse a ellas será para devorarlas y destrozarlas.

Recordando el estribillo que este domingo cantamos: “El Señor es mi pastor, nada me puede faltar…” pidamos insistentemente por la santidad de los pastores. Que tengan los mismos sentimientos de Cristo, que sientan verdadera compasión por el rebaño, que sean capaces de dar la vida por esas ovejas encomendadas, que nunca se aprovechen de ellas y -por el amor de Dios- que nunca sean lobos que destrocen las ovejas.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

“Dios nos ha dado a Jesús como buen pastor, en contraste con tantos malos pastores, que buscan sólo su interés o, peor aún, son lobos en lugar de pastores. Cómo necesitamos en nuestros días buenos pastores”.

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 19 Jul 2018 12:05:53 +0000
De dos en dos, discípulos misioneros http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/45435-de-dos-en-dos-discípulos-misioneros.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/45435-de-dos-en-dos-discípulos-misioneros.html De dos en dos, discípulos misioneros

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

En el Evangelio de este domingo, Jesús envía a sus apóstoles de dos en dos para entrenarlos en la tarea de la evangelización. La pedagogía de Jesús es impresionante. Habla con palabras de vida eterna, pero al mismo tiempo convive, tiene gestos, comparte con sus discípulos y les va enseñando. Y en este envío de dos en dos, los envía de “prácticas”. Cuando regresen, revisará con ellos cómo les ha ido y compartirán de nuevo el gozo del Evangelio. Cuando Jesús ya haya sido elevado al cielo, ellos sabrán cómo actuar y recordarán los consejos del Maestro, incluso en la manera de actuar. Ellos irán con la autoridad de Jesús, con poder incluso de someter a los espíritus inmundos.

En el envío, destaca la pobreza de medios, “un bastón y nada más; ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja… ni siquiera túnica de repuesto”. Es llamativa esta insistencia de Jesús en la austeridad y en la pobreza para la evangelización. El Evangelio va destinado a los pobres y ha de realizarse en pobreza. Los poderosos, los ricos, los que tienen medios no suelen estar disponibles para la salvación que viene de Dios. Uno tiene que pasar por situaciones de privación para sentirse necesitado, y ahí necesitará a Dios. Cuando se emplean muchos medios, la evangelización echa para atrás por sí misma, se convierte en un contrasigno. La Iglesia tiene la preciosa tarea de la evangelización, es decir, de anunciar a todos el amor de Dios, la redención de Cristo, el don del Espíritu Santo. No prosperará en esta tarea si lo hace con prepotencia, con muchos medios, sin austeridad ni pobreza. He aquí una clave del fruto apostólico.

“De dos en dos”, es como la expresión mínima de una comunidad. La evangelización no puede hacerse como francotiradores, cada uno por su cuenta, cada uno en su “cortijo” sin interesarle lo demás. La evangelización ha de hacerse en equipo, en comunidad, de dos en dos. Dios no ha querido salvarnos aisladamente, sino formando un pueblo, el Pueblo de Dios.

Salieron a predicar la conversión, pues la evangelización que anuncia el amor de Dios lo primero que provoca es una conversión del corazón, un acercamiento a ese Dios que nos ama tanto, un reconocimiento de nuestros propios pecados y un deseo de cambiar a mejor, ajustando nuestra vida a ese amor de Dios. Ahora bien, esta buena noticia no siempre encuentra acogida. Hay muchos momentos que suscita rechazo, incluso persecución al mensajero. La historia de la Iglesia está llena de mártires. Jesús lo predice y nos invita a sacudir el polvo de las sandalias para probar su culpa.

Pero el evangelizador no se rinde. Sigue predicando la conversión, expulsando demonios, ungiendo con el bálsamo del aceite, signo de la suavidad de Dios y curando enfermedades. Eso es un misionero, el que va en nombre de otro, el que se siente enviado para dar una buena noticia, el que hace como Jesús, que se acerca a los pobres y los enfermos y los unge con el bálsamo del amor de Dios.

El misionero será buen misionero, si es buen discípulo. Si se ha puesto en la escuela de Jesús para aprender de él su disciplina y su discipulado. Y un ben discípulo no acaba de serlo hasta que no es misionero, porque ha de comunicar a los demás lo que ha visto y oído, lo que ha experimentado. Hay, por tanto, una circularidad, una correlación entre el discípulo y el misionero. A medida que uno es misionero, aprende mejor las enseñanzas de Jesús y su manera de vivir. A medida que uno es discípulo, aprende más a ser misionero, porque Jesús los envió de dos en dos a predicar.

El verano es ocasión para muchos jóvenes y adultos de tener una experiencia misionera. En vez de tomar vacaciones en la playa o en la montaña, toman su tiempo de descanso para compartir con otros en zonas de pobreza extrema en todos los sentidos, material y espiritual. Cuando uno vuelve de esa experiencia, se da cuenta de que ha recibido mucho más de lo que ha dado, porque ha aprendido a ser discípulo misionero.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 12 Jul 2018 11:53:44 +0000
“Cuando soy débil, entonces soy fuerte”, dice san Pablo http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/45360-“cuando-soy-débil-entonces-soy-fuerte”-dice-san-pablo.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/45360-“cuando-soy-débil-entonces-soy-fuerte”-dice-san-pablo.html “Cuando soy débil, entonces soy fuerte”, dice san Pablo

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

“Cuando soy débil, entonces soy fuerte”, dice san Pablo

El apóstol Pablo se llevó varios desencantos a lo largo de su vida. Se ve que era un hombre fogoso, enérgico, apasionado. Tenía ganas de comerse el mundo, primero persiguiendo a los cristianos, luego predicando a Cristo, cuando éste le derribó del caballo. Ya en este revés –la caída del caballo en el camino de Damasco- aprendió mucho, porque se dio cuenta de que la vida no es lo que uno se propone, por muchas energías que tenga o muchos propósitos que haga. Es Dios el que lleva los hilos de la historia, y cuanto antes aprendamos a vivir sincronizados con su voluntad, mejor para nosotros y para los demás.

Pero cuando se puso a predicar a Jesucristo al llegar al Areópago de Atenas, puso en juego todas sus habilidades oratorias, todos sus argumentos de diálogo, todo su poder persuasivo para transmitir algo de lo que él estaba decididamente convencido. “Al hablar de resurrección de los muertos, le dijeron: De eso te oiremos hablar otro día. Y le dejaron solo”. Este revés fue decisivo en su vida apostólica, ya siendo cristiano. Se dio cuenta que en la evangelización no se convence al otro a base de argumentos ni de presiones, sino que ha de ser la gracia de Dios la que entre en el corazón del otro y lo cambie. Nuestra colaboración consiste en ser testigos con nuestra vida y con nuestras palabras de lo que hemos vivido y recibido. Llegar al corazón del otro y mucho más cambiar su corazón, es cosa propia de Dios. No se trata de un marketing ni de una publicidad, se trata de confiar en la gracia de Dios y dejarle a Dios que actúe.

En la lectura de este domingo, nos habla de una experiencia más honda y de un revés continuado a lo largo de su vida: “Me han metido una espina en la carne, un ángel de Satanás que me apalea para que no sea soberbio. Tres veces he pedido al Señor verme libre de él; y me ha respondido: Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad” (2Co 12,8). No sabemos del todo a qué se refiere cuando habla de una “espina en la carne”. Podía ser alguna enfermedad, algún complejo, algún vicio difícil de erradicar. No sabemos. En todo caso, era algo que le molestaba, le humillaba, le tenía como derrotado. Y por eso, acude a la gracia de Dios, a la petición humilde de la gracia para superar esa espina.

La respuesta por parte del Señor es clara. No le da su gracia para eliminar el obstáculo, sino para soportarlo con humildad. Dios no nos quiere superhombres, quiere que confiemos en su gracia y nos fiemos de su amor. Y aquí el apóstol nos da una gran lección: “Vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”.

San Pablo resume de esta manera la paradoja más profunda de la vida cristiana. Lo que parece una contrariedad, se convierte en una oportunidad de crecimiento, una oportunidad para la humildad, una oportunidad para confiar en el amor de Dios. Hasta la situación más cerrada, tiene apertura cuando uno confía humildemente en la gracia de Dios. Oí muchas veces a un gran maestro de vida espiritual que las situaciones más desesperadas de nuestra vida no tienen “salida”, tienen “sacada”. Es decir, cuando vivimos situaciones en las que nuestras fuerzas llegan al límite y ya no podemos más, es entonces cuando sólo Dios puede actuar y acontece un vuelco inesperado, que orienta nuestra vida en otra dirección. La situación extrema en este sentido es la muerte. De la muerte no hay salida, es decir, no salimos por nosotros mismos, sino que somos sacados por Cristo resucitado.

Y parecidas situaciones, sin ser tan extremas, se producen continuamente en nuestra vida. Ante ellas, san Pablo nos dice: “cuando soy débil, entonces soy fuerte”. Es decir, en la providencia de Dios, que conduce para nuestro bien los hilos de la historia, situaciones límite son ocasión de renovada confianza, situaciones desesperadas son ocasión de mayor confianza, situaciones de debilidad son ocasión de una fortaleza que no es nuestra, sino que viene de Dios.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

]]>
no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Córdoba Thu, 05 Jul 2018 19:07:14 +0000
Día del Papa, en la fiesta de san Pedro http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/45245-día-del-papa-en-la-fiesta-de-san-pedro.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/45245-día-del-papa-en-la-fiesta-de-san-pedro.html Día del Papa, en la fiesta de san Pedro

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

¡Viva el Papa! Es un grito frecuente cuando asistimos a las celebraciones o audiencias que él preside. Es un grito que brotó espontáneo y desgarrado del corazón de los católicos cuando el Papa Pío IX fue perseguido y expoliado en el siglo XIX. Hoy no tiene esas connotaciones políticas, sino que viene a ser el grito espontáneo de la fe y del gozo del encuentro. La adhesión al Papa constituye un elemento esencial de la fe católica, que en algunos momentos y en algunos ambientes se nos quiere arrebatar. Llegados a la fiesta de los santos apóstoles Pedro y Pablo, en la que celebramos también el Día del Papa, volvemos a esta consideración que afecta a la médula de la fe católica.

La Iglesia comenzó su andadura en la historia apoyada en la memoria permanente de su Fundador, Jesucristo el Señor. Y fue el mismo Jesucristo el que eligió a los doce Apóstoles, llamándolos por su nombre a cada uno después de una noche de oración, y los constituyó columnas de esa nueva comunidad, fundada por él. Al frente de esa comunidad incipiente puso a Simón Pedro, como roca firme y fundamento de la unidad de su Iglesia: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no podrá contra ella” (Mt 16,18).

Un hombre frágil y pecador como Pedro, es puesto como roca firme al servicio de aquella comunidad, que fue abriéndose camino en medio de dificultades y persecuciones desde el principio. La fuerza le viene de la encomienda del mismo Cristo, del Espíritu Santo que le asiste en su servicio y de la oración constante de la comunidad cristiana que vive unida en la oración, mientras Pedro está prisionero: «Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él» (Hch 12, 5). La persecución ha fortalecido a la Iglesia y a sus miembros en todos los momentos de la historia. Una de las pruebas de la naturaleza divina de la Iglesia, compuesta por hombres frágiles y pecadores, es precisamente esa: nadie, ni los de fuera ni los de dentro, han sido capaces de hundir o destruir esta Iglesia fundada por Jesucristo, porque es Dios quien la sostiene, y el mismo Jesucristo ha garantizado su existencia hasta el final de la historia.

El sucesor de Pedro es el Papa. El Papa Francisco hace el número es el 266 en la lista de sucesores del apóstol Pedro. El Papa Francisco fue elegido el 13 de marzo de 2013 (lleva más de cinco años) y eligió el nombre de Francisco para acentuar su referencia a san Francisco de Asís, cuyos rasgos principales son la pobreza evangélica al estilo de Cristo, el amor por la creación como obra del Creador y la promoción de la paz en el diálogo con todos los pueblos. El Papa Francisco se caracteriza por un estilo sencillo y cercano, accesible a todos, por su amor preferencial por los pobres (“Sueño con una Iglesia pobre para los pobres”), por la insistencia en poner a la Iglesia en actitud misionera (“Iglesia en salida”), que ha de llevar el Evangelio a todos. Y ha empeñado muchos esfuerzos en la reforma de la Curia romana para purificarla de lastres que van acumulándose y hacerla más ágil en el servicio al ministerio del sucesor de Pedro y a la Iglesia universal.

Llegados al Día del Papa, demos gracias a Dios por el Papa Francisco, a quien Dios ha elegido para presidir la Iglesia santa de Dios. Oremos por el Papa, reconociendo en la fe el papel que Cristo le ha confiado para nuestra salvación y la del mundo entero. Estemos atentos a su magisterio, para secundar sus enseñanzas. Superemos los peligros a los que el Papa se enfrenta hoy especialmente. Por una parte, el halago interesado tomando de él lo que a uno le conviene, y dejando lo que no interesa. Este es una de las peores amenazas al ministerio del sucesor de Pedro.

Y por otra parte, la crítica amarga de lo que no nos guste de él, como si el seguimiento de Cristo y la adhesión al Papa fuera un capricho selectivo de nuestros gustos o tendencias.

La adhesión al Papa es un principio incuestionable de un corazón verdaderamente católico. Oremos por el Papa, oremos por cada uno de nosotros, oremos por la acogida en la fe de sus enseñanzas y orientaciones. El Papa es un regalo de Cristo a su Iglesia, el Papa Francisco es un regalo de Dios a la Iglesia de nuestros días.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 28 Jun 2018 13:42:20 +0000
En la Ordenación de dos nuevos presbíteros http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/45186-en-la-ordenación-de-dos-nuevos-presbíteros.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/45186-en-la-ordenación-de-dos-nuevos-presbíteros.html En la Ordenación de dos nuevos presbíteros

Homilía de Mons. Demetrio Fernández, obispo de Córdoba en la Ordenación de dos nuevos presbíteros.


Santa Iglesia Catedral de Córdoba
23 de junio de 2018

Saludos: Cabildo Catedral, Consejo Episcopal, sacerdotes, seminaristas, familiares, amigos, jóvenes.

Hoy es un día de grande fiesta para la diócesis de Córdoba. El día de la ordenación sacerdotal es el final de un itinerario y es el comienzo de una nueva vida para los ordenados.

1. Ungidos por el Espíritu Santo

Ya en la Misa Crismal de este año nos deteníamos en este aspecto de la unción del Espíritu Santo, que la lectura del profeta nos ha recordado y que Jesús tomó cuando llego a la sinagoga de su pueblo Nazaret. Jesucristo vivió este momento de la unción del Espíritu Santo con especial intensidad: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado para anunciar la salvación a los pobres” (Lc 4,18). San Ireneo, al comentar este pasaje evangélico, subraya que la carne de Cristo quedó por la unción del Espíritu Santo capacitada para la gloria. Esta nuestra carne mortal será glorificada, cuando llegue el día de la resurrección para cada uno de nosotros.

Pero ya desde ahora, la unción de ese Espíritu Santo hace capaz a nuestra carne y a nuestro espíritu de acciones que nos desbordan y que viniendo de Dios nos elevan a su nivel, a un nivel divino. Es lo que sucede con el bautismo, y con los demás sacramentos. El pan de la Eucaristía es transfigurado, transubstanciado en el cuerpo de Cristo por la acción del Espíritu Santo. Es lo que sucede hoy en la ordenación sacerdotal. Cada uno de vosotros, queridos ordenandos, soy transmutados, transformados por la acción de Espíritu Santo que os hace otros Cristo, os configura con Cristo cabeza de su Iglesia, siervo de su Pueblo, esposo de la Iglesia. Y esto para siempre, nada ni nadie –ni siquiera vosotros mismos- os podrá quitar lo que hoy realiza en vuestra vida el Espíritu Santo. Quedáis sellados, sois marcados para siempre como sacerdotes de Cristo. Asistimos a esta acción maravillosa de Dios en vuestro corazón. Y le pedimos a Dios con la oración de la Iglesia que seáis siempre sacerdotes según el Corazón de Cristo. Sacerdotes in aeternum, sacerdotes para siempre.

2. Expropiados para la misión

A partir de hoy ya no os pertenecéis, habéis dado vuestra vida al Señor, sois propiedad suya para el servicio del Pueblo de Dios. Este despojamiento será progresivo en vuestra vida. “Cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías, pero cuando seas presbítero, otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras” (Jn 21,18). En este campo, no vale la reconquista, es decir, quitarle a Dios lo que un día le diste. Por su parte, él te lo dio todo; por la tuya, no te arrepientas nunca de haberle dado todo y para siempre.

Eso te llevará a la obediencia a tu obispo, el que tengas. Tu vida no se entiende sin esa referencia esencial en tu vida de presbítero. Vas a poner tus manos en las manos del obispo. Tú le prometes obediencia, él toma tus manos para hacerse cargo de tu vida. En este gesto simbólico hay una entrega y hay una acogida paternal. El carrierismo consiste en buscar un buen puesto, que el mundo valore; sin embargo, el dinamismo de la ordenación que hoy recibís os impulsa a despojaros y a vivir en humildad, en obediencia, no buscando otra cosa que los intereses de Cristo y de su Iglesia.

3. ¿Me amas, me amas más que estos?

Todo esto sólo se entiende en clave de amor. Si la ordenación sacerdotal fuera simplemente encontrar un puesto de trabajo, ¿para qué el sacramento del Orden, para qué tanta parafernalia? Trabajo no os faltará ciertamente, pero la ordenación no es una oficina de empleo. Por eso, qué importante será alimentar ese amor primero que os ha llevado a decirle a Jesús: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero”.

Se trata de un pacto de amor, de corazón a corazón, del Corazón de Cristo a tu corazón, en camino de ida y vuelta. Jesucristo te ha llamado por tu nombre, y tú le has respondido a lo largo de tu vida: “Aquí estoy”. Hoy hemos vuelto a escuchar de vuestros labios esa disponibilidad con decisión. Por eso, hoy selláis un pacto de amor con él para siempre, procurad alimentar ese fuego de amor para poder decirle al Señor cada día: “Sí, Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero”. A pesar de nuestras debilidades y miserias, a pesar de nuestros pecados y nuestra negaciones, como Pedro, podamos repetirle: “Señor tú sabes que te quiero”, porque confiamos en su misericordia.

Eso supondrá cultivar un amor exclusivo y esponsal a Cristo esposo, en la observancia del celibato por el Reino de los cielos para toda la vida. Cuando uno está enamorado, no le es fácil explicar a otro lo que siente su corazón. Se nota en su vida. Para ser sacerdote, es preciso enamorarse de Jesucristo, sí. Si no, tu corazón buscará agarrarse a lo que pueda, y no siempre bueno. La obediencia y el celibato se viven en la pobreza y el desprendimiento, en la austeridad de vida. Ya no puedes plantear tu vida, tu tiempo, tus vacaciones, tu casa, tu coche, etc. como lo plantea el mundo. Tu vida es diferente, porque estás enamorado del Señor y expropiado para el servicio de su Iglesia.

4. Necesitamos sacerdotes

Queridos jóvenes, que hoy asistid a esta ordenación. Bastantes de vosotros sois seminaristas, es decir, habéis sentido en vuestro corazón la llamada del Señor y os habéis puesto en camino. No miréis atrás, mirad a Cristo que os ha llamado y que también a vosotros os pregunta: ¿Me amas, me amas más que estos? Y responded con generosidad: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Os felicito en este día tan feliz para el Seminario, y en el que veis con emoción cómo vuestros compañeros son consagrados presbíteros. En fecha cada vez más cercana llegará vuestra ordenación, aprovechad el tiempo de vuestra formación.

Quizá otros jóvenes como vosotros han sentido la misma llamada, y están dudosos en la respuesta. A esos los animamos a venir con nosotros, y les decimos como les dijo Jesús a aquellos jóvenes, sus primeros discípulos: “Venid y lo veréis”. Y ellos fueron y vieron y se quedaron con él aquel día. No tengáis miedo, Jesucristo no os quitará nada de lo bueno que tiene la vida, sino que os lo dará todo. Y si tenéis que hacer alguna renuncia, seréis capaces de hacerla con este amor por el que Jesús os pregunta. Acompañemos a todos estos jóvenes con nuestra oración.
La Iglesia necesita sacerdotes para la evangelización, sacerdotes para la Eucaristía, sacerdotes para repartir el perdón y la misericordia de Dios a todos, sacerdotes amigos de los pobres y necesitados a los que llevar una palabra de aliento y de esperanza, a los que presentar a Jesucristo como el mejor tesoro de nuestra vida. La diócesis de Córdoba necesita sacerdotes. Los jóvenes de vuestra generación necesitan de vosotros, jóvenes entregados y decididos, para ser los sacerdotes de sus vidas y las de sus hijos. Os animo a dar este paso, como el que dan hoy los que se ordenan, y no os arrepentiréis nunca de ello, porque es el Señor quien os llama.

Mi felicitación a vuestras respectivas familias. Bendita la familia que tiene un hijo sacerdote, aunque eso suponga un gran sacrificio. Dios os pagará con creces el don que hacéis. Mi felicitación especial a los rectores y formadores del Seminario San Pelagio y Redemptoris Mater, a los profesores que han colaborado en vuestra formación. Sigamos adelante con la gracia del Señor.

A Maria nuestra madre santísima os encomendamos especialmente en este día. Acudid a ella con toda confianza, que ella os libre de todo peligro, Virgen gloriosa y bendita.

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Mon, 25 Jun 2018 13:14:28 +0000