Córdoba Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://odisur.es Mon, 17 Dec 2018 05:34:40 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es La alegría cristiana http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/47594-la-alegría-cristiana.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/47594-la-alegría-cristiana.html La alegría cristiana

“Estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca” (Flp 4,4). Con estas palabras se dirige el apóstol Pablo a los cristianos de Filipos (Grecia), dándoles la razón de su alegría: el Señor está cerca. Es decir, llevamos en nuestro corazón al Señor, está viniendo continuamente a nuestra vida de múltiples maneras y esperamos su venida al final.

Nada hay más bonito en la vida que la esperanza, y nada más triste que la falta de esperanza. La esperanza es lo último que se pierde, mientras hay vida hay esperanza, solemos decir. Pues, la medida de nuestra esperanza marca la medida de nuestra alegría y de la paz de nuestro corazón. Por eso, el tiempo de adviento es tiempo de alegría, porque es tiempo de esperanza. Esperanza no sólo de unos días de fiesta o de una paga extraordinaria. Esperanza no sólo por el reencuentro de familia. Todo ello muy bueno. La esperanza del adviento tiene a Jesucristo como protagonista, y por eso la alegría es inmensa.

La vida humana, nuestra vida no acaba en el sepulcro, sino que continúa en mayor plenitud con Dios en el cielo. La espera serena de ese momento nos produce alegría. El hombre no es un ser para la muerte, como afirman los existencialistas ateos. No, el hombre es un ser para la vida que no acaba, para la vida eterna con Dios y con todas las personas que amamos. Dios no nos ha traído al mundo para gozar un poco y sufrir mucho, eso sería desesperante. Dios nos ha traído al mundo para gozar eternamente con él y ya empezamos a saborearlo desde esta etapa de la tierra, en la que no faltan sufrimientos. Esta es la gran esperanza de nuestra vida: vivir con Dios, ya desde ahora y por toda la eternidad.

Y a ello hemos de prepararnos, “renunciando a la vida sin Dios y a los deseos mundanos, y llevando ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos y la manifestación gloriosa del gran Dios y salvador nuestro Jesucristo” (Tit. 2,12). El cristiano vive, por tanto, con el corazón puesto en Dios. Esa es su alegría, esa es su esperanza.

Y en el camino de la vida, salen a nuestro encuentro las celebraciones litúrgicas, que nos traen hasta nosotros el misterio que celebramos. En este sentido, nos estamos preparando para las fiestas de Navidad –fiesta de gozo y de salvación-. En estas fiestas celebramos el nacimiento en la carne del Hijo eterno de Dios, del vientre virginal de María, que viene para hacernos hijos de Dios y herederos del cielo. Cómo no hacer fiesta ante este acontecimiento. Lástima que la fiesta se ha comido al acontecimiento, es decir, el ruido, las luces, las comidas, los regalos hacen sombra al misterio de Dios que se acerca y nos abraza en su Hijo divino hecho hombre. ¡Nos hemos dejado robar la Navidad!

Y esta Navidad que nos proponen del consumo, del gasto, de la borrachera, del desenfreno no tiene nada que ver con Jesucristo y la salvación que él viene a traernos. Más bien es todo lo contrario. Hasta dónde somos capaces los humanos de extorsionar el misterio de Dios, hacerlo a nuestra medida y manipularlo a nuestro antojo.

Por eso, la liturgia de la Iglesia nos invita insistentemente a la alegría verdadera, la que brota de Dios y acogemos en nuestro corazón, la que tiene a Dios como horizonte y la que lo espera todo de Dios. Esta alegría ha de vivirse en la sobriedad, en la templanza, en la adoración, en el silencio de Belén.

Si estamos atentos a la verdadera Navidad, nos brotará espontáneo salir al encuentro de nuestros hermanos necesitados, hacia los pobres. Ellos fueron los destinatarios de aquella primera Navidad, ellos son los destinatarios de esta Navidad. El Hijo de Dios ha venido para compartir nuestra pobreza y para enseñarnos a compartir nuestra vida y nuestra alegría con nuestros hermanos los pobres.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 13 Dec 2018 14:18:52 +0000
Vuelco en Andalucía http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/47443-vuelco-en-andalucía.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/47443-vuelco-en-andalucía.html Vuelco en Andalucía

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

El vuelco electoral en Andalucía producido el pasado 2 de diciembre en las elecciones autonómicas ha sido espectacular. Creo que ha superado con creces las expectativas y los temores de unos y de otros. El cristiano no es ajeno a lo que sucede en este mundo; por el contrario, intenta con los medios a su alcance transformar la sociedad para hacer un mundo nuevo, más justo, más humano, más fraterno, más con Dios y más para el hombre. El cristiano recurre sobre todo a los medios sobrenaturales de la oración, de la confianza en Dios, del amor fraterno que Jesús nos ha enseñado. Y al mismo tiempo, trabaja y se compromete en la transformación de este mundo, mediante el compromiso político concreto que cada uno estima en conciencia.

Me alegro de que esta sociedad andaluza, que muchos de dentro y de fuera desprecian o minusvaloran, haya sido capaz de dar un vuelco de este calibre, rompiendo una inercia casi imposible de superar. De esta manera Andalucía se sitúa como pionera de un cambio social que esperamos en la sociedad española. Andalucía tiene una sensibilidad propia, Andalucía sabe lo que quiere y a donde va. Harta de promesas incumplidas, que la tienen a la cola en tantos aspectos, pide a gritos ser protagonista de su propia historia, y que no contradigan sus sentimientos más nobles.

No se puede estar contradiciendo la sensibilidad de un pueblo religioso y cristiano, un pueblo que pide respeto para sus tradiciones religiosas y está dispuesto a respetar a los demás. No se puede estar atacando la libertad religiosa impunemente, reclamando la propiedad pública de la Mezquita-Catedral de Córdoba con argucias que no se sostienen ni por parte de los que las montan. No se puede ir contracorriente queriendo construir un mundo sin Dios, en el que caben todos menos el Dios que ha configurado nuestra historia. No se puede trocear España, sin que eso tenga un precio político. No se puede pretender eliminar el derecho de los padres a elegir la educación que quieren para sus hijos, introduciendo leyes de ingeniería social que descomponen la persona y destrozan las conciencias. No se puede eliminar la vida inocente al inicio o al final de la vida, y esperar que encima los voten. Los andaluces son sensibles a todo esto, y han querido decir en las urnas cuál es el futuro que quieren para ellos y para sus hijos.

Ahora viene la responsabilidad de los que han obtenido la confianza de los electores. Le pedimos a Dios y a su Madre bendita que sepan gestionar bien el encargo de quienes los han votado y de toda la sociedad a la que sirven. No se trata de ninguna revancha, se trata de una renovación y regeneración de la noble tarea política, librándola de toda corrupción. No se trata de ningún protagonismo personal o de partido, sino de la cultura del encuentro, del pacto y del consenso para buscar lo mejor en favor de la sociedad a la que sirven. Los electores de Andalucía han demostrado que saben a quien votan, y lo mismo que hoy han dado un vuelco electoral, pueden darlo dentro de un tiempo, si los actuales votados no saben gestionar bien el encargo recibido. Los andaluces han dado un paso histórico para decirles a los políticos por donde quieren construir su propio futuro, y que no se lo den ya construido o deconstruido.

Sea cual sea la alianza a la que lleguen los políticos, encargados por el pueblo de gobernar, seguiremos recordándoles la necesidad de atender a los más pobres. En nuestra provincia y en nuestra región están los barrios más pobres de España; entre nosotros tenemos la tasa más alta de paro, especialmente entre los jóvenes, que tienen que emigrar para buscarse un futuro digno. Entre nosotros continúa eliminándose la vida en el seno materno y se proyecta eliminarla en la etapa final de la vida. A las costas de Andalucía continúan llegando pateras cargadas de inmigrantes, que reclaman un planteamiento nuevo a nivel europeo y mundial. Los padres piden ser tenidos en cuenta en la educación de sus hijos, y eso no es posible con una escuela “única, pública y laica” para todos, como pretendían nuestros gobernantes.

Son muchas las cosas que tiene que cambiar, y todo no puede hacerse en un día. Cuenten nuestros gobernantes -sean los que sean- que la comunidad cristiana reza por ellos (como lo ha hecho y seguirá haciendo siempre), para que podamos vivir en paz, para que reine la justicia social entre nosotros, para que sean atendidos los más pobres de nuestro entorno, para que podamos vivir nuestra fe cristiana respetando a los que no la comparten, para que sea la persona siempre la que prevalezca sobre cualquier proyecto. Que el vuelco en Andalucía sirva para una conversión a Dios y hacia los hermanos, en este precioso tiempo de adviento.


Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Wed, 05 Dec 2018 14:22:26 +0000
El Señor viene, tiempo de adviento http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/47304-el-señor-viene-tiempo-de-adviento.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/47304-el-señor-viene-tiempo-de-adviento.html El Señor viene, tiempo de adviento

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

El comienzo de un nuevo año litúrgico nos abre a la esperanza de una nueva etapa repleta de gracias, que nos ayudará a crecer en nuestra vida cristiana, en el encuentro con el Señor y en el servicio a los hermanos. Año nuevo, vida nueva. El Año litúrgico comienza con la alerta acerca de la venida del Señor al final de la historia. Hemos de estar preparados, porque no sabemos cuándo será, y ese momento coincide con el final de nuestra historia personal.

El primer domingo de adviento nos sitúa ante la venida del Señor y ante el final de la historia humana. Todo se acabará, aquí no quedará nadie, la historia tiene un final. Jesucristo ha venido a nuestro encuentro y nos ha dicho que después de esta vida hay otra, que después de esta etapa nos espera él mismo con los brazos abiertos para presentarnos ante el Padre y vivir felices con Dios para siempre. El primer domingo de adviento nos habla del más allá, que debe estar continuamente presente en el más acá y guiar nuestros pasos. El lazo de unión de esta etapa con la otra es el amor. Sólo quedará el amor.

Los primeros cristianos vivían en esta espera ardiente de la venida del Señor: Maranatha, era el grito y oración frecuente en los labios de un creyente: “Ven, Señor Jesús”. Revisemos si hoy los cristianos tienen y alimentan este deseo. Ciertamente el deseo de morirse por aburrimiento de esta vida o por desesperación no viene de Dios, y debe ser rechazado. Pero hay un deseo sereno, que se fundamenta en la esperanza y que deja en las manos de Dios y en la agenda de Dios esa fecha feliz del encuentro con él. Alimentar este deseo es lo propio del adviento. Desear ver a Dios, salir al encuentro de Cristo que viene, mirar a María nuestra madre que nos quiere junto a su Hijo Jesús, eso es el adviento. Santa Teresa de Jesús, buena amiga, repetía: “Cuán triste Dios mío / la vida sin Ti, ansiosa de verte / deseo morir”. San Juan de la Cruz expresa el mismo deseo: “…rompe la tela de este dulce encuentro” (Llama de amor viva, 1). Y tantos otros santos.

Coincide el comienzo del adviento con la novena de la Inmaculada y con su fiesta solemne. Es muy bonito ver a María, la llena de gracia, la sinpecado, el resultado perfecto de la redención que Cristo ha venido a traernos. En ella podemos mirarnos para ver y desear lo que Dios quiere hacer en nosotros: limpiarnos de todo pecado y llevarnos a la santidad plena.

Y en la fiesta de la Inmaculada, nuevos diáconos para nuestra diócesis y la Iglesia universal. Es como un regalo de María en este tiempo de adviento para la diócesis. Muchos de nuestros sacerdotes recuerdan gozosamente este día feliz de su ordenación diaconal. Le ofrecieron a Dios lo mejor de su corazón y pusieron este secreto en el corazón inmaculado de María. Pedimos especialmente por todos los sacerdotes, para que María los mantenga puros en su corazón.

El adviento nos prepara también a la Navidad de este año. El fruto bendito del vientre virginal de María nace en Belén para salvarnos de la muerte eterna y hacernos hijos de Dios. Fiesta de gozo y salvación. Que no nos distraiga el consumismo, el deseo de placer, la bulla externa. Mantengamos la espera del Señor en actitud penitencial, de despojamiento. El Señor viene a nosotros de múltiples maneras, en cada hombre, en cada acontecimiento. Que nos encuentre con las lámparas encendidas.

Tiempo de adviento, tiempo de espera, tiempo de purificar la esperanza, tiempo de preparar el encuentro con el Señor al final de nuestra vida. El Señor viene, preparemos su llegada.


Recibid mi afecto y mi bendición:


+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 29 Nov 2018 13:41:36 +0000
Jesucristo Rey del Universo http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/47199-jesucristo-rey-del-universo.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/47199-jesucristo-rey-del-universo.html Jesucristo Rey del Universo

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

En el último domingo del Año litúrgico celebramos la fiesta de Jesucristo Rey del Universo. Una fiesta que viene a coronar el año y como a rematar el ciclo litúrgico. Es una fiesta de futuro, porque nos adelanta el final de la historia, donde Cristo aparecerá en gloria, como Rey de todo lo creado, como centro y culmen de la historia, com el sí Dios a la humanidad y el amén de los hombres a Dios, como alfa y omega de la historia humana.

-Entonces, ¿tú eres rey?, le pregunta Pilato. -Tu lo has dicho, yo soy rey, responde Jesús. Quizá antes de este momento final y definitivo, Jesús no se hubiera atrevido a confesarlo tan abiertamente, para no inducir a equivocación a quienes esperaban un rey temporal, que resolviera los problemas materiales, políticos y sociales del pueblo. Algo parecido sucede en la entrada de Jesús en Jerusalén a lomos de una borriquita. Entonces se deja aclamar por los niños que gritan: Hosanna al Hijo de David, es decir, viene a reinar como el descendiente de David, y Jesus no rechaza tales aclamaciones.

Pero Jesús añade en esta ocasión: “mi reino no es de este mundo”, es decir, el poderío de Cristo, no es comparable con los reinos de este mundo ni brota del poder humano, sino que brota del amor de Dios a la humanidad. Un amor que no anula la libertad humana, sino que la potencia. Un amor que no elimina la colaboración humana, sino que la provoca y la hace posible.

No se trata de una teocracia, el reinado de Dios consiste en el desbordamiento del amor de Dios sobre los hombres, en el amor a toda la humanidad sin excluir a nadie. Un amor que brota del corazón de Dios y se ha hecho carne en el corazón de Cristo. Un amor que no busca el dominio despótico, ni ejerce la violencia, ni tiene a su servicio los ejércitos y las armas de guerra, sino un amor que se propone para que el hombre libremente corresponda por su parte con un amor del mismo calibre. El amor de Dios es un amor provocativo de nuestro amor, al que libremente se responde, dejando que Dios reine en nuestro corazón, y desde el corazón humano empapar de amor toda la realidad social, la civilización del amor. Es, por tanto, un “reino de verdad y de vida, un reino de santidad y de gracia, un reino de justicia, de amor y de paz” (prefacio).

“Yo para esto he venido al mundo, para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz”. En el Reino de Cristo no cabe la mentira, porque sólo la verdad es capaz de hacernos libres, mientras que la mentira nos hace esclavos. En un mundo en el que aparentemente triunfa el que miente y el que engaña, Jesucristo nos sitúa en la verdad de nuestra vida: seguirle a él debe hacerse en la verdad y en el testimonio de esa verdad, pues para eso ha venido al mundo Jesús. Y esta es la tarea de su Iglesia y de sus discípulos a lo largo de la historia, ser testigos de la verdad.

La fiesta de Cristo Rey en este Año jubilar del Sagrado Corazón de Jesús nos invita a seguir a Cristo no tanto en el triunfalismo de un reinado que se impone por la fuerza a todas las naciones, como hacen los grandes de la tierra, sino en la certeza de un amor que quiere empapar de amor todo lo que toca, de un amor que es más fuerte que nuestras debilidades, un amor que conseguirá implantar la civilización del amor en todos los corazones. A ese amor estamos llamados.


Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 22 Nov 2018 17:59:50 +0000
Jornada Mundial de los Pobres http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/47057-jornada-mundial-de-los-pobres.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/47057-jornada-mundial-de-los-pobres.html Jornada Mundial de los Pobres

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

El domingo 18 de noviembre celebramos la II Jornada Mundial de los Pobres, Jornada instituida por el Papa Francisco para alcanzar uno de los objetivos principales de su pontificado: poner a los pobres en el centro de vida de la Iglesia (EG 198). Este año bajo el lema “Este pobre gritó y el Señor lo escuchó” (Salmo 34,7). Os invito a leer el Mensaje que el Papa ha escrito para la ocasión.

Situaciones humanas por las que a veces hemos pasado, situaciones humanas en las que viven tantas personas excluidas, marginadas, descartadas. Personas concretas que nos gritan con su vida para despertarnos de cierto letargo en el que muchas veces nos encontramos. Nos viene bien esta Jornada para reflexionar sobre la pobreza, sus condiciones, sus causas y orígenes, sus consecuencias. Hay pobrezas de todo tipo: falta de recursos materiales, falta de salud, falta de oportunidades para el trabajo y la inserción social. A ello se añade la marginación, la exclusión, el trabajo esclavo, la esclavitud sexual, etc. Y la mayor de las carencias, la falta de Dios con culpa o sin culpa propia. La Jornada Mundial de los Pobres nos haga caer en la cuenta de los grandes problemas y de las personas concretas que viven cerca de nosotros.

La pobreza, cuando viene impuesta por la vida y por las condiciones sociales, humilla, margina, degrada, roba la esperanza. Pero cuando Dios ha querido arreglar este mundo tan injusto, lleno de desigualdades, lo ha hecho por el camino de la pobreza voluntaria del Hijo de Dios, que siendo rico se ha hecho pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza (2Co 8,9). Seguir a Jesucristo pobre y humilde es el mejor camino para salir al encuentro de los pobres de este mundo. Algo tendrá la pobreza voluntaria cuando Dios la ha elegido para la salvación del mundo. Salgamos al encuentro de nuestros hermanos los pobres con humildad, sin aparato, compartiendo algo de sus carencias y haciéndoles partícipes de nuestra solidaridad, que pretende dignificarlos.

Esta Jornada mundial de los Pobres es una ocasión propicia para invitar a algún pobre a nuestra mesa, no sólo darle una limosna o atender alguna de sus necesidades. Y es también ocasión para reconocer las múltiples colaboraciones, que pueden venir de personas con nuestra misma identidad religiosa o sin ella, porque tienen otra o porque no tienen ninguna, “siempre y cuando no descuidemos lo que nos es propio, llevar a todos a Dios y a la santidad” (Mensaje del Papa para esta Jornada).

Invito a todas las parroquias a tener actos significativos, siguiendo las orientaciones del Papa. En la ciudad de Córdoba, Cáritas Diocesana organiza en la parroquia de Santa Luisa de Marillac (Sector Sur) actos con los mismos pobres, invitándolos a la oración, a compartir una merienda y otras actividades. En la S.I. Catedral, a la Misa de 12 de este domingo están invitados especialmente los pobres. Normalmente a los pobres los tenemos a las puertas de las Iglesias, pero no entran. Que en esta Jornada podamos hacer algo para que “entren”. Y que vayamos rompiendo las barreras que nos separan de ellos. Jornada Mundial de los Pobres para caer en la cuenta de nuestras propias pobrezas, para tender una mano y abrir el corazón a quienes lo necesitan, para compartir con los necesitados de manera que ellos lleguen a ocupar el centro de la Iglesia.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

No podremos resolver el problema mundial de la pobreza, que es enormemente complicado, pero sí podemos poner una gota en el océano de la pobreza, una gota de amor, de comprensión, de acogida. Y esta jornada nos ayude a despojarnos libremente en favor de aquellos que están despojados contra su voluntad.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 15 Nov 2018 13:02:48 +0000
Darlo todo http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/46926-darlo-todo.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/46926-darlo-todo.html Darlo todo

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

Aparece en la Palabra de Dios de este domingo el ejemplo de dos personas pobres, que lo dan todo cuando llega la ocasión, enseñándonos así que Dios no mira la cantidad, sino la calidad. La primera es una viuda pobre, a la que le queda sólo un puñado de harina y un poquito de aceite, cuando se presenta el profeta Elías y le pide un bocadillo en nombre de Dios. Esta mujer pobre no anda con miramientos, y le da todo lo que tiene. Dios por su parte hace el milagro de que a ella y a su hijo no les falte nunca nada para sobrevivir. Jesús mismo alabó la actitud de esta mujer pobre (Lc 4,26), que era conocida por los relatos bíblicos.

Algo parecido sucede en el relato evangélico de este domingo. La gente pasaba por el cepillo del Templo y echaba sus limosnas. Jesús observaba, viendo que algunos echaban grandes cantidades porque eran pudientes. Una mujercita viuda echó dos monedas, y de ahí Jesús sacó una enseñanza para nosotros: “Esta mujer ha echado más que nadie” (Mc 12,44). Los demás echaban de lo que les sobraba, porque nadaban en la abundancia, pero esta viuda ha echado lo que tenía para vivir, lo ha echado todo, lo ha dado todo.

Tantas veces en nuestra relación con Dios nos proponemos cosas inalcanzables, y nos venimos abajo cuando no llegamos, cuando no somos capaces. Dios, sin embargo, no nos exige eso. Dios lo da todo y nos va capacitando para darlo todo, hasta darnos a nosotros mismos. Dios no quiere de nosotros algo externo, algo que nos sobra. No. Dios quiere nuestro corazón, nuestra entrega generosa, aunque sea pequeña, como la de aquella viuda del Evangelio o como la viuda de Sarepta, que atendió al profeta Elías.

La vida cristiana está hecha de pequeñas donaciones de sí mismo, que preparan las grandes donaciones de la misma vida. La vida cristiana es una ofrenda permanente al estilo de Jesús. Y sólo somos capaces de dar en la medida en que hemos recibido y reconocemos tales dones de Dios. Cuando aquello que tenemos lo consideramos muy nuestro, al margen incluso de Dios, acallamos nuestra conciencia dando algo –lo que nos sobra-, pero eso no complace a Dios, porque Dios quiere que le demos todo, aunque seamos pobres. A Dios le gusta la calidad de lo que damos, no la cantidad.

Cuando a Dios le damos algo, mejor dicho, le devolvemos algo de lo mucho que él nos ha dado, Dios no se deja ganar en generosidad. Él nos devuelve el ciento por uno. En una ocasión, Pedro le preguntó a Jesús: “Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué nos va a tocar?” (Mt 19,27). Y Jesús estableció la medida de la generosidad de Dios con todo aquel que deja algo, que entrega algo por Jesús y por el Evangelio. “Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna” (Mt 19,29).

La vida cristiana es un negocio. A poco que des, recibirás el ciento por uno y la vida eterna. Por eso, somos invitados continuamente a darlo todo, aunque sea poco para poder dar mucho cuando llegue la ocasión. Curiosamente son los pobres y los humildes los que mejor entienden este lenguaje. Cuando uno tiene de todo, le cuesta más dar algo. Cuando uno anda escaso, suele ser más generoso con Dios y con los demás. Es el lenguaje de Dios, que tantas veces nos cuesta entender. Cuanto más tengamos, más seguros nos sentimos. Por el contrario, colgados de Dios, cuanto más despojados, más capaces seremos de compartir con quienes lo necesiten, y recibiremos de Dios una recompensa inimaginable. Porque Dios no se deja ganar en generosidad.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 08 Nov 2018 14:32:20 +0000
D. Francisco Orozco, nuevo obispo de Guadix http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/46790-d-francisco-orozco-nuevo-obispo-de-guadix.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/46790-d-francisco-orozco-nuevo-obispo-de-guadix.html D. Francisco Orozco, nuevo obispo de Guadix

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

El Papa Francisco ha nombrado el pasado 30 de octubre obispo de Guadix a D. Francisco-Jesús Orozco Mengíbar, vicario general de la diócesis de Córdoba y párroco de san Miguel en la ciudad. La elección al episcopado y el nombramiento para una Sede episcopal corresponde exclusivamente al Papa, como Sucesor del Apóstol san Pedro y Vicario de Cristo en la tierra. El Papa es el que preside el Colegio Episcopal y tiene jurisdicción plena, directa, personal e inmediata sobre todos y cada uno de los pastores y los fieles de la Iglesia católica. Es por tanto un acto personal de la autoridad del Papa, que cuenta para ello con distintos colaboradores a distinto nivel.

Para la diócesis de Córdoba es una inmensa alegría que el Papa se haya fijado en un sacerdote nuestro para encomendarle esta tarea tan importante en la Iglesia. Al ser elegido obispo y nombrado para una diócesis concreta, como es la diócesis hermana de Guadix en Andalucía, debe recibir la consagración episcopal por medio del sacramento del Orden, que ya ha recibido en el grado del diaconado y presbiterado. Ahora, al recibirlo en el grado del episcopado, recibirá la plenitud del sacerdocio de Cristo para ser pastor de su pueblo, esposo de su Iglesia, padre de los fieles, siervo de todos.

La ordenación episcopal le incorpora al Colegio Episcopal que preside el Papa, para gobernar con él y bajo el cayado de Cristo, la Santa Iglesia de Dios. Los obispos somos sucesores de los Apóstoles, a los que Jesús envió al mundo entero para predicar el evangelio y hacer discípulos de Cristo. Y aceptamos esta preciosa tarea entregando nuestra vida a Jesucristo y a su Evangelio.

Antes de confiarle el ministerio de apacentar su rebaño, Jesús preguntó a Pedro: “¿Me amas más que estos?” Y Pedro le respondió con toda humildad: “-Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Hoy se lo pregunta de nuevo a D. Francisco y con la respuesta afirmativa de D. Francisco, Jesús le dice: “Apacienta mis ovejas”. Inspirados en esta escena de Jesús y Pedro, la tradición de la Iglesia considera que el oficio de pastorear al pueblo de Dios es oficio de amor. Jesucristo le pide a D. Francisco a partir de hoy un amor más grande. Pero si se lo pide es porque también a partir de hoy Jesús le ha mostrado a D. Francisco un amor más grande todavía. Toda elección supone un amor de predilección del Corazón de Cristo.

Todos los que estamos aquí, junto a la alegría experimentamos como un despojamiento, como si nos quitaran algo que es nuestro. Sí y no. También a nosotros, Jesús nos pregunta: -¿Estáis dispuestos a darme a D. Francisco para que me represente como obispo en otro lugar? ¿Estáis dispuestos a prescindir de él para bien de la Iglesia? ¿Qué le respondemos al Señor? Sólo nos cabe decirle, y lo decimos con generosidad: “Señor, tú lo sabes todo, te ofrecemos con gozo y con lágrimas este don, que nos das y nos pides al mismo tiempo. Hágase tu voluntad”.

Enhorabuena D. Francisco, querido Sr. Obispo de Guadix, cuenta con nuestra oración y nuestro apoyo. Nos duele prescindir de ti, pero es más grande la alegría de poder darle a la Iglesia un buen pastor, que represente a Cristo y gaste su vida todavía más por la Iglesia, donde Dios te ponga.

Enhorabuena a sus padres y demás familiares, a sus paisanos de Villafranca de Córdoba, a todos los amigos y conocidos, que hoy nos acompañan. Enhorabuena al presbiterio de Córdoba, que ha disfrutado durante 23 años del servicio pastoral de D. Francisco y lo da generosamente como obispo a la Iglesia. Enhorabuena a la parroquia de San Miguel, que se queda sin párroco temporalmente. Enhorabuena al Cabildo de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba, donde D. Francisco es canónigo magistral. Enhorabuena a todos. Enhorabuena a la diócesis de Guadix, vacante desde hace ocho meses, que tendrá en D. Francisco un buen pastor.


Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Wed, 31 Oct 2018 13:04:46 +0000
Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/46688-jesús-hijo-de-david-ten-compasión-de-mí.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/46688-jesús-hijo-de-david-ten-compasión-de-mí.html Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

La “oración de Jesús” está muy extendida por Oriente. Consiste en repetir una y mil veces la invocación a Jesús: “Jesús, Hijo del Dios vivo, ten misericordia de mí que soy un pecador”. El “Peregrino ruso” es un relato anónimo de mediados del siglo XIX, que cuenta el camino de un peregrino en el deseo de identificarse plenamente con Jesús. Es uno de los libros más leídos en el mundo ortodoxo, válido plenamente para un católico. Y la oración de este peregrino es la “oración de Jesús”, a la que aludimos.

Esa oración está fundada en el Evangelio, precisamente en el Evangelio de este domingo, en el que el ciego de Jericó, al oír tumulto por el camino, pregunta por Jesús y se dirige a él gritando: “Hijo de David, ten compasión de mí”. Es una oración centrada en Jesús, es una invocación a Jesús, invocado como Hijo de Dios, como Hijo de David, como Señor (Kyrie). Y al mismo tiempo es un reconocimiento humilde de las propias necesidades, de nuestra condición pecadora: soy un pecador. La relación entre ese Jesús y yo se resuelve en su misericordia: ten misericordia de mí (eleison).

Es lo que hizo el ciego de Jericó. Se dirige a Jesús con plena confianza, con absoluta confianza. Él me puede curar, sólo él puede curarme, no puedo dejar pasar esta oportunidad en mi vida. El pasa por el camino de mi vida y le grito: ten compasión de mí, que soy un pecador. Cuando Jesús se acerca a aquel ciego, le pregunta: Qué puedo hacer por ti. Y el ciego le responde: Señor, que pueda ver. Y Jesús le devuelve la vista, diciéndole: Tu fe te ha curado. El poder de la curación es de Dios, la fe es el clima en el que Dios realiza el milagro.

A veces no sabemos cómo orar. He aquí una lección preciosa de oración por parte del ciego de Jericó. Muchas veces acudimos a la oración llenos de preocupaciones, de ruidos, alterados por tantas actividades. Muchas veces acudimos a la oración como quienes andan sobrados en todo, como el que acude a por una ayudita, que nunca viene mal. Sin embargo, a la oración hemos de ir como el ciego de Jericó, conscientes de nuestras carencias y necesidades. Nadie nos puede curar, sólo Dios, sólo Jesús tiene en sus manos poder para curar nuestros males, para alcanzarnos lo que necesitamos. A la oración hemos de acudir como un verdadero indigente, que busca la salvación en quien puede dársela.

Dios está deseando darnos lo que le pedimos, si es para nuestro bien. Dios no es tacaño, sino que es generoso en darnos gracia abundante para llevarnos a la santidad plena. Sin embargo, Dios a veces se hace rogar. Comenta san Agustín que cuando Dios tarda en concedernos aquello que es bueno para nosotros, su tardanza es para nuestro bien, porque es una tardanza para ensanchar nuestro deseo y nuestra capacidad de recibir aquello que nos va a conceder. La tardanza juega a nuestro favor, pues la gracia concedida colmará el deseo, que va agrandándose a medida que se difiere.

La mayor dificultad para alcanzar las gracias que Dios quiere concedernos está en nuestra soberbia. Tantas veces creemos que no necesitamos, otras tantas cuando acudimos a pedirlo pensamos que se nos ha de conceder al instante. Si así fuera, nos atribuiríamos a nosotros mismos aquello que es gracia y regalo del Señor. Por eso, a la oración hemos de acudir con plena confianza, sabiendo que Dios nos va a dar lo que más nos conviene, y si tarda, es porque quiere dárnoslo más abundantemente. A la oración hemos de acudir como verdaderos mendigos, que se sienten carentes de todo y piden lo que necesitan a quien puede dárselo.

El ciego de Jericó es un ejemplo elocuente de oración: Hijo de David, ten compasión de mí. “Señor Jesús, Hijo del Dios vivo, ten compasión de mí, que soy un pecador”, dice el peregrino ruso, repitiéndolo miles y miles de veces como una jaculatoria. En la Misa ha quedado resumida esta plegaria: Kyrie eleison (Señor, ten piedad). Acudamos a quien quiere darnos sus dones con la humildad de quien se siente mendigo.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 25 Oct 2018 12:49:30 +0000
Junto a los jóvenes, llevemos el Evangelio a todos http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/46538-junto-a-los-jóvenes-llevemos-el-evangelio-a-todos.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/46538-junto-a-los-jóvenes-llevemos-el-evangelio-a-todos.html Junto a los jóvenes, llevemos el Evangelio a todos

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

Se celebra estos días en el Vaticano el Sínodo de los Obispos acerca de “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, durante el mes de octubre, mes misionero. Y el Papa en su mensaje para este año se dirige a los jóvenes para recordarnos a todos que si hemos venido al mundo es porque alguien nos ha enviado, nos ha encargado una misión. Es decir, somos misioneros.

Ser misionero es vivir con la conciencia de que uno ha sido enviado por alguien para algo. Nos ha traído al mundo Dios Padre por amor. Nos ha redimido del pecado y de la muerte eterna por medio de su Hijo Jesucristo, dándonos el Espíritu Santo, haciéndonos herederos del cielo y hermanos de todos los hombres. Y nos ha encomendado la misión de darlo a conocer al mundo entero. «Esta transmisión de la fe, corazón de la misión de la Iglesia, se realiza por el “contagio” del amor, en el que la alegría y el entusiasmo expresan el descubrimiento del sentido y la plenitud de la vida. La propagación de la fe por atracción exige corazones abiertos, dilatados por el amor. No se puede poner límites al amor: el amor es fuerte como la muerte (cf. Ct 8,6)», nos dice el Papa en su Mensaje para este año.

El centro de la fe cristiana es una persona, Jesucristo. Y el centro de esta persona es el amor, su corazón. La tarea evangelizadora tiene como finalidad contagiar con alegría el amor que nos viene de Cristo y expandir cada vez más la civilización del amor. «Muchos jóvenes encuentran en el voluntariado misionero una forma para servir a los “más pequeños” (cf. Mt 25,40), promoviendo la dignidad humana y testimoniando la alegría de amar y de ser cristianos. Estas experiencias eclesiales hacen que la formación de cada uno no sea solo una preparación para el propio éxito profesional, sino el desarrollo y el cuidado de un don del Señor para servir mejor a los demás. Estas formas loables de servicio misionero temporal son un comienzo fecundo y, en el discernimiento vocacional, pueden ayudaros a decidir el don total de vosotros mismos como misioneros».

Nuestra diócesis conoce distintas experiencias juveniles de voluntariado misionero, sobre todo durante el verano. Los distintos carismas religiosos ofrecen el suyo y la diócesis de Córdoba propone la misión diocesana de Picota/Perú. También este verano ha sido una experiencia gozosa de Evangelio para todos estos jóvenes. Y para los que no se lanzan a largos viajes, está la experiencia misionera en la propia parroquia o con los jóvenes compañeros de clase o de trabajo. Si todos somos misioneros, especialmente los jóvenes están llamados a descubrir esta dimensión esencial de su vida cristiana, porque la fe se fortalece dándola.

Dice el Papa Francisco a los jóvenes, y podemos ampliarlo a todos: «Nunca pienses que no tienes nada que aportar o que no le haces falta a nadie: Le haces falta a mucha gente y esto piénsalo. Cada uno de vosotros piénselo en su corazón: Yo le hago falta a mucha gente». Muchos se salvarán por mi mediación, es un estímulo permanente para la entrega pensar que otros se benefician de mi sacrificio. Como una madre lo hace por sus hijos, así un misionero por aquellos a quienes es enviado. El mandato misionero de Jesús “Id y predicad el Evangelio a todas las gentes” (Mc 16,15) sigue siendo una urgencia hoy para todos, especialmente para los jóvenes. Aportando cada uno lo que pueda de sí mismo, puede cambiar el entorno donde vive, puede cambiar el mundo, pues nuestros actos buenos tienen una transcendencia enorme.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 18 Oct 2018 13:05:33 +0000
Oremos por la Iglesia, con el Papa Francisco http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/46301-oremos-por-la-iglesia-con-el-papa-francisco.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/46301-oremos-por-la-iglesia-con-el-papa-francisco.html Oremos por la Iglesia, con el Papa Francisco

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

La vida en la tierra es un combate permanente y “nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso, sino… contra los espíritus del mal” (Ef 6,12), nos recuerda san Pablo. El demonio se ocupa de atacar a los discípulos de Jesús, “a los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús” (Ap 12,17). Y “este tipo de demonios sólo se combaten con la oración y el ayuno” (Mt 17,21).

La nave de la Iglesia tiene que atravesar a veces tempestades que parece que la harán naufragar. Pero Jesús va dentro de esta barca, y estando él no tememos. Al timón de esta barca ha colocado a Pedro, pecador arrepentido, que confesó su amor a Cristo después de haberlo negado: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará” (Mt 16,18). La fuerza no viene de Pedro, sino de Jesús; pero esa fuerza para salir victoriosos de la tormenta va unida a Pedro y a sus sucesores, hoy el Papa Francisco.

El Papa Francisco nos ha convocado a todos los fieles cristianos a orar por la Iglesia, especialmente a lo largo del mes de octubre, con la oración del Rosario, a la que añadamos la invocación a la Stma. Virgen: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desoigas la oración de tus hijos necesitados, antes bien, líbranos de todo peligro, ¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!”, y la oración al arcángel san Miguel: “San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la milicia celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén”.

No es para asustarse. Vivir de la fe y en tono sobrenatural es lo propio del creyente. Pero sí nos preocupa la arremetida constante contra la Iglesia desde fuera y desde dentro. Como si se hubieran desatado todos los demonios a la vez. “A los que aman a Dios todo les sirve para el bien” (Rm 8,28). Cuando Dios permite esta prueba, es para nuestro bien. Para purificarnos, para espolearnos en el camino del bien, para hacernos más humildes y más necesitados de la gracia divina. Pues, acudamos a la oración y a la penitencia por nuestros pecados y por los pecados del mundo entero.

El mes de octubre es una ocasión propicia para la oración del Rosario, es el mes del Rosario. Con esta oración sencilla, vamos recorriendo los misterios de la vida de Jesús desde el balcón del corazón de su Madre bendita. Es una oración que invita a la alegría, que da paz al corazón, que sintoniza nuestro corazón con los sentimientos de Cristo y de su Madre. Invito especialmente a los jóvenes a que se aficionen al rezo del Rosario. Si no completo, al menos una parte, alguna decena. Es muy educativo en todas las etapas de la vida. Cuando a uno no le sale otra cosa en la oración, queda siempre el Rosario, como la espera paciente hasta la venida del Señor.

Y oremos especialmente por el Papa, nos lo pide él continuamente. Y más en estas circunstancias. Los escándalos, las declaraciones, los ataques de todo tipo sólo benefician a los enemigos de la Iglesia. En el Corazón de Cristo, donde se reciclan todas nuestras maldades, pidamos al Señor que proteja al Papa, que lo libre de sus enemigos, que son los enemigos de la Iglesia, que le aliente en su ministerio, en el que tiene que llevar sobre sus hombros una pesada cruz. Nosotros siempre con el Papa. Sin él, dejamos de ser católicos. Así lo hemos aprendido, y así queremos vivir y morir. En la barca de Pedro, vamos todos. Si en estos momentos hay tempestad, reforcemos nuestra comunión con el Papa Francisco, y en la oración y la penitencia pasará esta turbulencia y saldremos renovados, porque hemos confiado más plenamente en el Señor y en su Madre, que van con nosotros en esta barca.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 04 Oct 2018 13:56:30 +0000