Córdoba Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://odisur.es Mon, 25 Jun 2018 02:14:00 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es Dos nuevos sacerdotes para Córdoba http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/45103-dos-nuevos-sacerdotes-para-córdoba.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/45103-dos-nuevos-sacerdotes-para-córdoba.html Dos nuevos sacerdotes para Córdoba

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

El sábado 23 de junio es una fecha señalada en el calendario de la diócesis de Córdoba. Dos nuevos sacerdotes van a ser ordenados presbíteros en la Santa Iglesia Catedral. Es día de fiesta grande para todos. El presbiterio diocesano con su obispo acoge a estos dos jóvenes sacerdotes en una cadena ininterrumpida desde los apóstoles hasta nuestros días. Las palabras del Señor: “Haced esto en memoria mía” resuenan especialmente en este acontecimiento. La Iglesia puede seguir cumpliendo su misión evangelizadora gracias a este hilo rojo, que nunca se ha roto y que proviene de Jesús a través de los apóstoles y sus sucesores hasta nosotros.

Jesucristo sostiene a su Iglesia, manteniéndola fiel al Evangelio. Él ha tocado el corazón de estos jóvenes y los ha llamado a seguirle. Él los consagra ministros suyos, para que actúen en su nombre y con su autoridad, in persona Christi capitis. Él los envía a la misión, como un día envió a los apóstoles “Id y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos… y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Yo estoy con vosotros” (Mt 28, 19-20). Junto a estos jóvenes, Jesucristo sigue llamando a otros muchos jóvenes por todos los lugares de la tierra para que prolonguen esta sagrada misión hasta el final de los tiempos. “Quien a vosotros escucha, a mí me escucha; quien a vosotros rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza a quien me ha enviado” (Lc 10,16). Es asombroso constatar que Jesús sigue llamando y cómo muchos jóvenes le responden positivamente. Gocemos de este gran acontecimiento eclesial y social.

El Seminario es el lugar, el tiempo, la comunidad, todo un conjunto de medios, que los ha preparado y los ha hecho “dignos” de ser presentados a las sagradas Órdenes. Seminario diocesano Mayor y Menor de “San Pelagio”. Además, Seminario “Redemptoris Mater” del Camino Neocatecumenal. La diócesis mira al Seminario como el corazón de la diócesis, como el seno materno en el que son gestados los nuevos presbíteros. Y todo periodo de gestación es especialmente delicado y requiere especiales atenciones. Damos gracias a Dios porque nos concede una Comunidad viva en el Seminario. Siguen llegando jóvenes, que son atendidos con esmero y delicadeza, para acompañar todo su proceso de discernimiento, maduración, crecimiento y preparación para ser ministros del Señor y servidores de los hombres. Agradecemos a todos los que colaboran en el Seminario: formadores, profesores, personal de servicio. Esta fiesta es para todos y estimula a todos a seguir trabajando en esta dirección, la de hacer sacerdotes santos, según el Corazón de Cristo.

Para las familias es también una fiesta. Los nuevos sacerdotes y los que se preparan a serlo no han caído del cielo, sino que han nacido en el seno de una familia. Bendita familia en la que Dios llama a alguno de sus miembros para el sacerdocio o para la vida consagrada. Supone un gran regalo de Dios y supone un sacrificio para la familia, una generosa donación a fondo perdido. Dios recompensará como sabe hacerlo esta generosidad de los padres, dando su hijo para el Seminario, para el sacerdocio. Encontrar apoyo en la propia familia es una gran ayuda para el que da este paso, y es una gran ayuda para mantenerse fiel en esta vocación. Gracias, padres y madres. Dios llama a vuestros hijos, vosotros los ofrecéis para que sirvan a Dios y a los hombres.

En las parroquias el gozo es desbordante. Qué alegría para un sacerdote haber ayudado, acompañado, orientado a una vocación sacerdotal; y ver que llega a su madurez. Creo que es una de las mayores alegrías del corazón de un sacerdote. Por eso, los párrocos y todos los sacerdotes que entran en contacto con estos jóvenes se sienten recompensados con creces cuando llega el día de la ordenación sacerdotal.

Felicitamos a la diócesis de Córdoba, Iglesia santa, esposa del Señor, por el regalo que recibe de su esposo en estos dos nuevos presbíteros. “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres” (salmo 125).

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 21 Jun 2018 14:01:11 +0000
Yo me apunto a Religión http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/44994-yo-me-apunto-a-religión.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/44994-yo-me-apunto-a-religión.html Yo me apunto a Religión

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

La clase de religión católica en la escuela pública sigue estando vigente, a pesar de todo. Llevo toda mi vida escuchando este cuestionamiento acerca de la clase de religión, y ahí sobrevive esta dimensión importante del anuncio del Evangelio a niños, adolescente y jóvenes de enseñanza infantil, primaria, secundaria y bachillerato. No faltan quienes desearían que esta asignatura desapareciera, y hacen todo lo posible por eliminarla. A pesar de todo, en nuestra diócesis de Córdoba, el porcentaje de alumnos inscritos en religión católica es muy elevado. En primaria, en torno al 90 %. En secundaria, en torno al 70 %.

La inmensa mayoría de los padres y de los mismos alumnos eligen esta asignatura libremente cada año. Eso se debe, en primer lugar a los padres, que tienen en alta estima que sus hijos cursen esta asignatura. Pero se debe también a los mismos profesores, que se han ganado el prestigio de sus alumnos y se han hecho un lugar en el claustro entre sus compañeros. La legislación vigente ampara este derecho de los alumnos y de los padres. Se han cometido diversas tropelías, omisiones, discriminaciones, pero desde distintas instancias se han planteado recursos judiciales, que van ganándose uno tras otro. Y la clase de religión ahí está. Tanto la Constitución Española, como los Acuerdos Iglesia-Estado amparan este derecho, y no será tan fácil suprimirlo como algunos pretenden.

Los horarios a veces son los menos deseables; si un alumno se descuida, se da por no apuntado a clase de religión; los profesores, en muchas ocasiones son menospreciados o despreciados; las actividades complementarias no son tan fácilmente permitidas como las de las demás asignaturas. En fin, toda una carrera de obstáculos, porque se trata de la asignatura de religión católica. He de decir, en honor a la verdad, que la Visita pastoral del obispo a toda la diócesis incluye la visita a cada uno de los centros escolares. He visitado todos y cada uno de los Centros, con el fin de satisfacer el derecho que tienen los alumnos a recibir la visita de su Pastor, y que para mí supone una correspondiente obligación. No visito los Centros en virtud de ningún privilegio del pasado, sino en virtud de un derecho de los alumnos presentes. Y en todos los Centros he sido recibido con respeto, amabilidad e incluso cordialidad. Aprovecho para agradecer a todos los directores y profesores esta deferencia con el obispo.

El lema de este año reza así: “Si te lo cuestionas todo, por qué no ir a religión”. Se centra este año en el protagonismo de los jóvenes, que el Papa Francisco ha querido subrayar con motivo del Sínodo sobre los jóvenes. A medida que un chico va creciendo, se lo cuestiona todo. En esa perspectiva se le invita a cuestionarse los motivos de ir a clase de religión, de manera que quede fidelizada la asistencia de los inscritos y se acreciente en los todavía no apuntados.

La clase de religión católica no es catequesis. Eso se da en la parroquia y se prolonga en la familia. La catequesis tiene una preciosa función de suscitar la experiencia de fe, la oración, la pertenencia a la Iglesia. La clase de religión, sin embargo, es una ocasión permanente para el diálogo fe-razón, tanto en las razones que hay para creer como en el razonamiento consiguiente al acto de fe. La fe católica no es algo impuesto a la razón humana, sin más explicaciones. La fe católica busca entender sus propias razones. Además, en el contexto cultural en el que vivimos, somos herederos de una larga tradición cristiana, todavía viva en muchos corazones y que ha generado una sobreabundancia de arte en todas sus variantes: escultura, pintura, arquitectura, orfebrería, etc e incluso en el cine. Es una fe que se ha hecho cultura en múltiples expresiones. Un niño, adolescente o joven debe conocer esa tradición en la que se inserta, si no quiere permanecer analfabeto para interpretar la cultura de su entorno. Para eso sirve también la clase de religión.

Padres, apuntad a vuestros hijos a religión. Maestros, seguid adelante en vuestra insigne tarea. Defendamos entre todos los derechos de los niños y jóvenes a recibir religión católica en la escuela. Vale la pena trabajarlo para que nunca falte esta propuesta en todo Centro público o privado.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 14 Jun 2018 13:40:40 +0000
Corazón de Jesús, corazón de María, dos corazones sincronizados http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/44825-corazón-de-jesús-corazón-de-maría-dos-corazones-sincronizados.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/44825-corazón-de-jesús-corazón-de-maría-dos-corazones-sincronizados.html Corazón de Jesús, corazón de María, dos corazones sincronizados

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

El mes de junio está dedicado especialmente al Sagrado Corazón de Jesús, pues dentro del mismo celebramos la fiesta solemne del Corazón de Cristo. Y junto a él siempre está su Madre, María.

La fiesta del Sagrado Corazón de Jesús viene a resumir el motor de toda la redención: Dios no actúa por otro motivo que por amor, porque Dios es amor, porque su salida al mundo creado ha sido por amor, porque al producirse el pecado en la historia, su reacción ha sido la del amor, porque no hay otra revolución posible que la del amor.

A lo largo de la historia han sido varios los intentos de desviar esta intención, buscando otros motivos en el corazón de Dios o en el devenir de la historia. Que Dios actúa con venganza justiciera, con ira implacable vienen a decirnos algunos reformadores protestantes, y de esa ira justiciera Jesucristo sería la víctima expiatoria. Que Dios exige de nosotros una pureza inalcanzable, como enseñaban los jansenistas. Que el progreso de la historia consistiría en la supervaloración de la razón humana, desligada de Dios hasta convertirla en diosa razón, enseñaba la Revolución francesa. Que la subversión del orden constituido a través del odio y la lucha de clases nos llevarían al paraíso terrenal, nos enseñan los marxistas, en un mundo sin Dios. Que el hedonismo, el consumismo, el poder sería la meta de todo corazón humano, nos enseñan las últimas doctrinas nihilistas, tan influyentes en nuestra generación.

Pero no. Es el amor, sólo el amor el que vencerá todas las dificultades, es el amor el único horizonte que hace posible la esperanza en cualquier situación humana. Es lo que viene a recordarnos esta fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Dios tiene corazón, un corazón sensible a nuestra realidad limitada y pecadora. Dios se siente especialmente atraído por nuestra debilidad, y se ha compadecido de nosotros por su amor inmenso, enviando a su Hijo único para hacerse hermano nuestro. Y este Hijo nos lleva sobre sus hombros a la casa del Padre. La historia de Jesús es una historia de amor en correspondencia a ese amor primero del Padre. Jesús se ha sentido querido inmensamente por su Padre, que le envía el Espíritu Santo (amor divino) y le conduce a la misión redentora.

En el corazón de Cristo no cabe otra cosa que amor. Amor a su Padre Dios y amor a nosotros los hombres. En un exceso de amor se ha entregado hasta el extremo, mostrando que nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los hermanos. El Corazón de Cristo es un corazón sensible a nuestra correspondencia de amor, es un corazón que sufre cuando le damos la espalda y que goza cuando correspondemos a su amor. Es un corazón siempre dispuesto al perdón, es amigo que nunca falla. Celebrar la fiesta del Corazón de Cristo es celebrar todo esto, para sentirnos amados, profundamente amados, tiernamente amados hasta el extremo. Y de esa manera, “amor saca amor”, como nos recuerda la santa abulense. Es decir, celebramos el amor del Corazón de Cristo para que de nosotros brote amor de correspondencia, amor de reparación por tantas ofensas que este Corazón recibe de los humanos de nuestro tiempo, amor que estimula a la construcción de una nueva civilización del amor.

Y junto a este Corazón, está el de su Madre María. Junto a la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, celebramos la memoria del Inmaculado Corazón de María. Este viernes y sábado vienen a recordarnos una vez más que tales corazones viven y laten sincronizados. En el Corazón de Cristo no hay más que amor, que se traduce en obediencia al Padre y en servicio a los hombres: “Aquí estoy para hacer tu voluntad”. Y en el Inmaculado Corazón de María no hay otra cosa que un eco de ese mismo amor, traducido en docilidad al Padre y en servicio maternal a todos los hombres: “He aquí la esclava del Señor”. Dos corazones sincronizados en el mismo amor, para que nosotros aprendamos a vivir en esa sintonía.

“Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará”, dijo María a los pastorcitos de Fátima. La certeza de esta victoria es un profundo acicate y estímulo para nuestro mundo, que parece ir a la deriva. Entremos en el Corazón de Cristo, desde el corazón de su Madre y nuestra madre, María. Ella nos enseñará a vivir sincronizados con los sentimientos del Corazón de Jesús, su Hijo y nuestro hermano.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 07 Jun 2018 13:41:25 +0000
¡Oh, sagrado banquete! Tu compromiso mejora el mundo http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/44686-¡oh-sagrado-banquete-tu-compromiso-mejora-el-mundo.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/44686-¡oh-sagrado-banquete-tu-compromiso-mejora-el-mundo.html ¡Oh, sagrado banquete! Tu compromiso mejora el mundo

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

La fiesta solemne del Corpus vuelve nuestra mirada a Cristo en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía. Bajo los velos del pan y del vino se esconde Cristo vivo y glorioso, que perpetúa su ofrenda de amor en la Cruz para el perdón de los pecados, y vive glorioso en una existencia nueva, estrenada por él al vencer la muerte y ofrecida a nosotros como una realidad incipiente en nuestra alma. Cristo Eucaristía centra las atenciones de todos los fieles de múltiples maneras.

Nuestro encuentro con Jesús en la Eucaristía, cuando hicimos la primera comunión, fue un momento sublime y feliz para cada uno de nosotros. Él y yo, cada uno de nosotros, entablamos una amistad honda y duradera, que va configurando nuestra vida cristiana a lo largo de nuestra historia, hasta que lo veamos cara a cara y podamos fundirnos en un abrazo de amor para toda la eternidad. Volver nuestra mirada a Cristo Eucaristía renueva en nosotros ese encuentro, en el que él ha venido a buscarnos encelado de amor por cada uno de nosotros. No nos cansemos de darle gracias por este feliz invento, el sacramento del altar, que nos hace vivir momentos de profunda intimidad.

¡Qué sería de nuestra vida sin la Eucaristía! La fiesta del Corpus es ocasión de festejar con cantos de júbilo este sacramento que ocupa un lugar central en nuestras iglesias y en la vida de la Iglesia. Limpiemos nuestra alma para recibir este sacramento, acerquémonos con las mejores disposiciones del corazón, vivamos nuestras jornadas sobre todo el domingo con este sentido eucarístico de ofrecer nuestra vida unida a la suya por la redención del mundo, acudamos a adorarlo en el silencio y el coloquio de la amistad sincera. Adoración eucarística en todas sus formas: adoración nocturna, adoración perpetua, hora santa, adoremus, etc. Iniciemos a los niños y jóvenes en la adoración eucarística, en el trato con el Señor vivo en este sacramento.

Y si vivimos de verdad la Eucaristía, viene nuestro compromiso por transformar el mundo en el que vivimos. En la fiesta del Corpus celebramos el día de la caridad fraterna, el día de Cáritas. Cáritas es la organización de la caridad en la Iglesia diocesana y goza entre los fieles católicos del prestigio del buen hacer desde hace mucho tiempo. Este año nos lo recuerdan con el lema: “Tu compromiso mejora el mundo”. No se trata de una campaña anónima, de un programa sin rostro. Se trata del compromiso personal, que brota de la relación personal con Jesús y nos lleva a descubrirle presente en el rostro de los más desfavorecidos, en los pobres afectados por todo tipo de pobrezas, materiales y espirituales.

Los obispos españoles nos recordaban hace poco: “nuestra caridad no puede ser meramente paliativa, debe ser preventiva, curativa y propositiva. La voz del Señor nos llama a orientar toda nuestra vida y nuestra acción desde la realidad transformadora del reino de Dios”. No estamos solo para socorrer al necesitado, debemos salir al encuentro de tales necesidades, antes de que se agraven y, sobre todo, hemos de luchar para eliminar las causas que producen tales situaciones, denunciando incluso la injusticia. Como dice el papa Francisco, “la pobreza nos desafía todos los días con sus muchas caras marcadas por el dolor, la marginación, la opresión, el tráfico de personas y la esclavitud, el exilio, la miseria y la migración forzosa”. Este desafío resulta “cruel”, cuando constatamos que estas situaciones no son el fruto de la casualidad, sino la consecuencia de la injusticia social, de la miseria moral, de la codicia de unos pocos y de la indiferencia generalizada de muchos.

Adorar a Cristo nos lleva a transformar el mundo, pues en la Eucaristía se produce como una fisión nuclear de amor con un potencial tan grande que es capaz de hacer un mundo nuevo. Los santos han tenido en la Eucaristía su referencia principal, su alimento, su estímulo permanente. “El mismo Jesús que adoramos en la Eucaristía es el que atendemos en los pobres… No podeos prescindir ni del uno ni del otro” repetía Madre Teresa de Calcuta. La fiesta del Corpus nos ayude a revivir todos estos sentimientos.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Fri, 01 Jun 2018 14:43:11 +0000
Padre, Hijo, Espíritu Santo misterio para contemplar, para disfrutar http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/44535-padre-hijo-espíritu-santo-misterio-para-contemplar-para-disfrutar.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/44535-padre-hijo-espíritu-santo-misterio-para-contemplar-para-disfrutar.html Padre, Hijo, Espíritu Santo misterio para contemplar, para disfrutar

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

Hoy es la solemnidad de la Santísima Trinidad. El Dios que Jesús nos ha revelado es un Dios comunidad en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo, que viven en la gloria, en la felicidad eterna, antes que el mundo existiera. Libremente, estas Personas divinas han querido compartir su felicidad, manifestando su gloria en el universo creado. Una creación que ha quedado “prendada de su hermosura”. Y ante el pecado de nuestros primeros padres, Dios no se ha desentendido de nosotros, sino que nos ha enviado a su Hijo, como centro y culmen de la creación y de la historia, como redentor del hombre apartado de Dios por el pecado. Dios se ha empeñado en hacernos felices con él para siempre.

El drama de la redención pone en juego a las tres Personas divinas, que se han compadecido de nuestra desgracia. El Padre ha enviado a su Hijo, que nacido de María virgen, se ha hecho semejante en todo a nosotros excepto en el pecado, ha sufrido, ha muerto y ha resucitado. Elevado al cielo, nos ha enviado al Espíritu Santo. Nosotros hemos conocido ese amor de Dios sin medida porque Jesús nos lo ha enseñado y nos lo ha demostrado en su vida. Derramando el Espíritu Santo en nuestros corazones, los Tres vienen a vivir en nuestra alma como en un templo, inyectando la vida divina en nuestra vida, que ya ha empezado a ser eterna y llegará a su plenitud en el cielo.

Este misterio tan sublime se nos ha revelado no para hacer cábalas en nuestra mente de una persona a otra, sino para contemplarlo como una realidad misteriosa que ha puesto su morada en nuestro corazón. No estamos solos, en nuestra alma ha puesto Dios su morada. La oración consiste precisamente en caer en la cuenta de esa presencia actuante de Dios en nuestra vida. Las tres divinas Personas se aman entre sí en nuestro propio corazón y de ahí brota una corriente de agua viva, que sacia nuestra sed de Dios.

Las personas que han recibido una vocación contemplativa y viven en el claustro nos están recordando continuamente este misterio. En España hay 801 monasterios de vida contemplativa (35 masculinos y 766 femeninos) y 9.195 religiosos y religiosas (340 masculinos y 8.855 femeninas). Son un caudal impresionante en la vida de la Iglesia. Actualmente el número va decreciendo, faltan vocaciones para mantener ese nivel actual, pero siguen siendo muchas almas contemplativas, que desgastan su vida ante el Señor en oración continua, en la alabanza divina, en la intercesión por la Iglesia y por toda la humanidad.

Coincidiendo con la solemnidad de la Santísima Trinidad, la Iglesia celebra la Jornada pro Orantibus y nos recuerda el valor de esta vocación contemplativa, nos invita a valorarla, apoyarla, orar por todos ellos, los monjes y las monjas contemplativos. El lema en este año teresiano dice: “Solo quiero que le miréis a él”. Cuando sus monjas le preguntan a Santa Teresa algunos consejos para tener contemplación, ella entre otras muchas recomendaciones les repite: “No os pido que penséis mucho… tan sólo os pido que le miréis” (Sta. Teresa, Camino de perfección [V] 26,3). La vida contemplativa tiene como motor principal la acción del Espíritu santo que provoca en el alma la fascinación por Cristo en cada uno de sus misterios. Mirarle a él no es una actitud paralizante, sino dinamizante del seguimiento de Cristo y de la entrega de la vida en ofrenda por la Iglesia.

Los monasterios contemplativos son lugares de oración para todos los cristianos. Nos hacen este gran favor, sea cual sea nuestra vocación: propiciar un clima de silencio y oración, particularmente en la oración litúrgica, en la que ellos y ellas viven continuamente. Valoremos este gran servicio al pueblo de Dios, y sostengamos nuestros monasterios con nuestro apoyo, nuestra oración, e incluso con nuestra ayuda material.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 24 May 2018 13:03:58 +0000
Discípulos misioneros de Cristo, Iglesia en el mundo http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/44412-discípulos-misioneros-de-cristo-iglesia-en-el-mundo.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/44412-discípulos-misioneros-de-cristo-iglesia-en-el-mundo.html Discípulos misioneros de Cristo, Iglesia en el mundo

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

La fiesta de Pentecostés es la fiesta de la Iglesia, que celebra con gozo su ser comunidad reunida en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La Iglesia que tiene como alma al Espíritu Santo y que se siente enviada por Cristo al mundo: “Id al mundo entero y predicad el Evangelio”, nos ha dicho Jesús.

Cuando llegó el día 50º de la resurrección del Señor, a los 10 días de su ascensión a los cielos, fue enviado desde el seno del Padre por el Hijo, el Espíritu Santo consolador para renovar todo lo que toca, con la renovación de la nueva vida del Resucitado. La Iglesia invoca: “Oh Señor, envía tu Espíritu, que renueve la faz de la tierra”.

El gozo, la alegría es uno de los primeros frutos del Espíritu Santo en el corazón de quien le acoge. Y esa alegría es el principal impulso misionero, que mantiene viva a la Iglesia a lo largo de los siglos. “La Iglesia está viva, la Iglesia es joven, la Iglesia lleva en su seno el futuro de la humanidad”, gustaba repetir Benedicto XVI. Hoy es el Papa Francisco el que nos habla continuamente del gozo y la alegría de ser discípulos del Señor resucitado y nos invita a ser discípulos misioneros. Discípulos de Cristo y misioneros de su Evangelio. Eso es la Iglesia en el mundo de hoy y de siempre.

Nuestra diócesis de Córdoba ha vivido recientemente la gozosa experiencia del Encuentro diocesano de laicos el pasado 7 de octubre de 2017, en la que se congregaron cerca de diez mil fieles laicos, acompañados por sus sacerdotes y por religiosos, presididos por el obispo. Fue una experiencia muy gozosa, porque era el Espíritu Santo el que nos reunía, haciendo que las peculiaridades de cada grupo y de cada persona enriquecieran la belleza de la Iglesia. Cuando he recorrido distintas parroquias en la Visita pastoral, todos me subrayan el buen sabor de esta gran experiencia, que nos impulsa a dar testimonio de las maravillas que Dios ha hecho en nuestras vidas. Detrás están miles y miles de fieles laicos que unidos a sus pastores hacen presente a la Iglesia en el mundo.

Llegados a esta fiesta de Pentecostés, celebramos el día de la Acción Católica y del Apostolado seglar con este lema: “Discípulos misioneros de Cristo, Iglesia en el mundo”, para hacernos caer en la cuenta a todos de la importancia hoy de un laicado organizado y bien formado, que impregne de Evangelio todas las realidades del mundo, donde viven los seglares. La Iglesia se ha expandido a lo largo de los siglos por el testimonio de sus hijos, no por el proselitismo ni el marketing. El lema de este año pone el acento en el discipulado de Cristo. Si no le seguimos a él, no podemos hacer nada. Es la unión con Cristo la que nos hace testigos ante el mundo de hoy. Y la misión viene como ese impulso interior a llevar a los demás lo que hemos visto y oído, lo que hemos experimentado al encontrarnos con el Señor, que ha cambiado nuestra vida.

Hace pocos días participaba en el Encuentro del Camino Neocatecumenal con el Papa en Roma. Eran muchos miles, en su mayoría jóvenes provenientes de todas las naciones, que testimonian en el mundo, en la familia, en el trabajo otro estila de vida, que brota del seguimiento de Cristo en una comunidad alimentada por la Palabra de Dios y la Eucaristía. El domingo pasado asistía a la clausura del 1089 Cursillo de Cristiandad en nuestra diócesis, toda una explosión de alegría por haberse encontrado con Jesucristo y con grandes deseos de llevarlo a la propia vida. Dios ha bendecido especialmente la diócesis de Córdoba con el Movimiento de Cursillos de Cristiandad. Por otra parte, el mundo cofrade ha vivido en nuestra diócesis acontecimientos muy importantes y se dispone a preparar otros similares en el futuro. En cada parroquia, un buen número de fieles laicos colaboran de múltiples maneras en la vida de la Iglesia. Discípulos de Cristo y misioneros de su Evangelio en el mundo, esa es la tarea de la Iglesia en este momento histórico.

Miro el horizonte de nuestra diócesis y contemplo un laicado creciente que sigue a Cristo y lo testimonia en su vida. Es la hora de los laicos en la nueva evangelización. Ven Espíritu Santo, y renueva la faz de la tierra.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 17 May 2018 15:46:39 +0000
No sois siervos, sino amigos http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/44158-no-sois-siervos-sino-amigos.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/44158-no-sois-siervos-sino-amigos.html No sois siervos, sino amigos

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

La relación que Jesús quiere establecer con nosotros, con cada uno de nosotros, es una relación de amistad, no una relación de esclavitud. “Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer” (Jn 15,15). La amistad hace a dos personas iguales, sin dependencias ni prepotencias. Jesús nos quiere amigos, no siervos. Jesús nos ofrece su amistad, se iguala con nosotros, para igualarnos a nosotros con él.

Se trata, además, de una amistad en la que el mismo Jesús tiene la iniciativa: “No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os ha elegido y os he destinado para que deis fruto”. Cuántas veces nos parece que esta amistad la hemos empezado nosotros, y no es así. A nosotros nos toca secundarla, alimentarla, corresponderla. Pero la amistad con Jesús la ha empezado él, por eso es duradera. Por eso, aunque se rompa o se debilite, puede volver a reanudarse o fortalecerse, porque él es fiel y no se arrepiente de llamarnos amigos, e incluso está dispuesto a devolvernos la amistad perdida perdonándonos.

Ya desde antiguo se preguntaban: “Pero, ¿qué nación grande hay que tenga un dios tan cerca de ella como está el Señor nuestro Dios, siempre que le invocamos?” (Dt 4,7). La venida de Jesús en carne ha desbordado toda expectativa en este sentido. Pues no es sólo que Dios está cerca de nosotros, como afirmaban nuestros padres en el Antiguo Testamento, sino que Dios se ha acercado en su Hijo Jesucristo, hecho hombre como nosotros, para entablar con nosotros una relación de amistad de igual a igual, dándonos su Espíritu Santo. Más aún, “al que me ama…, mi Padre le amará y vendremos a él y haremos nuestra morada en él” (Jn 14,23). No cabe mayor cercanía, pues la amistad pone en común los bienes de uno y de otro, y Dios nos da su misma vida, nos da su Espíritu Santo, poniendo su morada en nuestro mismo corazón.

Estamos llamados al amor, nuestra vocación es amar: “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo… permaneced en mi amor” (Jn 15,9). Pero en el origen de este amor está el sentirnos amados previamente. “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados” (1Jn 4,10). El amor de Dios nos “primerea”, gusta decir el papa Francisco, es decir, se nos adelanta, es anterior a nosotros.

La consecuencia inmediata es la de corresponder a esa amistad. “Amor saca amor” (Sta. Teresa), es decir, sentirse amado suscita en nosotros amor. Amor, en primer lugar, a quien tanto nos ama. “La oración es tratar de amistad estando a solas muchas veces con quien sabemos que nos ama” (Sta. Teresa, V 8,5). La oración no es una obligación que brota de mí, una práctica de piedad que yo me impongo. La oración ante todo es caer en la cuenta de que soy amado, de que las Personas divinas viven en mi alma y complacerse en ello muchas veces. Eso es lo que alimenta el amor en nuestro corazón.

Y junto a este caer en la cuenta y corresponder al amor de Dios, “si Dios nos amó de esta manera, también nosotros hemos de amarnos unos a otros” (1Jn 4,11). El amor al prójimo no brota de una decisión voluntarista, sino de un desbordamiento que se traduce en servicio a los demás para corresponder de alguna manera al amor que Dios nos tiene. El amor de solidaridad con los demás, el amor del buen samaritano que se acerca al descartado en la cuneta de la vida brota en nuestro corazón como una prueba irrefutable de que nos sentimos amados y agradecidos al amor de Dios, y queremos servirle en aquellos que le representan, los indigentes.

“Si alguno dice «amo a Dios» y no ama a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (1Jn 4,20). Amor a Dios y amor al prójimo van unidos siempre, más aún dependen mutuamente. No puede darse el uno sin el otro. La Pascua de Cristo muerto y resucitado ha renovado las relaciones humanas en el amor gratuito, que procede de Dios y se desborda en el amor a los demás.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba.

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 03 May 2018 11:27:40 +0000
“Sin mí no podéis hacer nada” http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/44078-“sin-mí-no-podéis-hacer-nada”.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/44078-“sin-mí-no-podéis-hacer-nada”.html “Sin mí no podéis hacer nada”

Carta del obispo de C´rodoba, Mons. Demetrio Fernández

¿Quién es éste que se presenta ante nosotros con una afirmación tan absoluta? Jesús viene como maestro para enseñarnos el camino de la vida, Jesús viene como profeta para hablarnos de parte de Dios. Pero presentarse con caracteres tan absolutos, -“sin mí no podéis hacer nada”- sólo puede hacerlo Dios. Jesús reivindica para sí la categoría de Dios cuando nos invita a seguirle. No es un líder entre tantos, ni siquiera es el mejor de los líderes. Sencillamente, es el Hijo de Dios, es Dios como su Padre, que se ha acercado hasta nosotros haciéndose verdaderamente hombre. Sólo en él podemos encontrar la felicidad que Dios tiene preparada para quienes le buscan. Sólo en él hay salvación.

Jesucristo nos presenta esta realidad mediante una parábola, la parábola de la vid y los sarmientos, que cualquiera que conozca la cultura del vino, la entiende sólo con escucharla. El tronco de la cepa genera los pámpanos, por los cuales circula la linfa que revienta en frutos abundantes, en racimos de uvas de distintas calidades. La uva pisada en el lagar, dará mosto, que fermentado se convierte en vino sabroso. Pero la raíz de todo se encuentra en la cepa, de la que brotan frutos abundantes.

Pues bien, Jesús nos dice que él es la cepa, la vid fundamental. Quien está unido a él, como lo están los sarmientos vivos, recibe linfa de la cepa y produce frutos abundantes. En esta imagen, el Padre es el viñador, es decir el que va cultivando el corazón de cada uno de nosotros. Cuando llega el tiempo de la poda, se cortan los sarmientos que no dan fruto para que no chupen linfa inútilmente. E incluso se cortan algunos sarmientos que dan fruto para que no se desparrame la linfa, sino se concentre en aquellos sarmientos escogidos para producir racimos bien cargados de fruto. Se podan los secos y se podan también los superfluos, para que la linfa se concentre pujante en aquellos que se dejan para dar más fruto.

Un documento reciente de doctrina de la Iglesia, “Placuit Deo”, denunciaba que uno de los desvíos de nuestro tiempo es pensar que si quieres puedes, que el hombre puede alcanzar todo lo que se propone. Todo es cuestión de proponérselo. Nada más falso. Hay cosas que no podemos aunque queramos. Y sobre todo en estas realidades profundas, necesitamos continuamente la gracia de Dios para la salvación. Es un mal generalizado en nuestra época, la época de tantos progresos técnicos y científicos, que el hombre piense que todo lo puede. Y se hace la ilusión de que todo depende de su esfuerzo, de manera que cuantas más metas alcanza más se apoya en sí mismo, más se enorgullece ante Dios, más se aparta de Dios y de su gracia. Luego sucede que, cuando esa persona se topa con una dificultad insuperable, se desespera y se hunde. Dios quiere nuestro progreso, nuestra felicidad, pero esa felicidad es un regalo suyo para nosotros cada día, es un don de su gracia.

El secreto de nuestra vida está en permanecer unidos a la vid, como el sarmiento, para chupar continuamente la linfa que nos aporta la cepa. Es decir, el secreto de nuestra vida está en vivir muy unidos a Jesucristo –cuanto más, mejor-, para que él pueda producir en nosotros frutos abundantes, frutos de vida eterna, incluida la poda que sea necesaria. Porque “sin mí no podéis hacer nada”. La unión con Jesucristo se llama gracia. Vivir en gracia de Dios es vivir recibiendo continuamente la vida de Dios, que el Padre nos da por su Hijo Jesús. Consiste en recibir continuamente el Espíritu Santo, que nos va haciendo parecidos a Jesús, nos va haciendo hijos de Dios.

El tiempo de Pascua es tiempo de gozo desbordante, porque durante estos cincuenta días celebramos la victoria de Cristo que ha vencido la muerte, el pecado, a Satanás y todo lo que conduce a la muerte eterna. Agarrados a Jesucristo somos sacados de la muerte y podemos gozar de su gozo, que ya nada ni nadie podrá arrebatarnos. “El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante”, nos dice Jesús.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Fri, 27 Apr 2018 11:55:00 +0000
Jesús, el buen Pastor http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/43924-jesús-el-buen-pastor.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/43924-jesús-el-buen-pastor.html Jesús, el buen Pastor

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

El cuarto domingo de Pascua nos presenta la imagen atractiva de Jesús buen Pastor. Una imagen que ha suscitado a lo largo de la historia expresiones artísticas en todas las artes, y que recoge toda una tradición bíblica a la que Jesús se incorpora, presentándose él mismo como el buen Pastor.

Dios había prometido dar pastores a su pueblo según su corazón, porque muchos de esos pastores se aprovechaban del oficio en lugar de servir como Dios manda. “Os daré pastores según mi corazón” (Jr 3,15). Y en el contexto de una cultura rural, bien se sabía lo que es un buen pastor y lo que es un mal pastor. En ese contexto, Jesús se presenta diciendo: “Yo soy el buen pastor” (Jn 10,11). Más aún, se presenta como el pastor bueno y bello, atractivo para el corazón humano, capaz de enamorar y encantar a quien le conoce. Son preciosos los versos de Lope de Vega, referidos a Jesús buen pastor:

Pastor que con tus silbos amorosos / me despertaste del profundo sueño /
tú que hiciste cayado de ese leño / en que tiendes los brazos poderosos,
Vuelve tus ojos a mi fe piadosos / pues te confieso por mi amor y dueño /
y la palabra de seguir empeño / tus dulces silbos y tus pies hermosos.
Oye, Pastor, que por amores mueres / no te espante el rigor de mis pecados /
pues tan amigos de rendidos eres,
Espera pues y escucha mis cuidados / pero, cómo te digo que me esperes /
si estás para esperar los pies clavados.

Este buen pastor da la vida por las ovejas, en contraste con el asalariado, que cuando ve venir el lobo, huye. Jesús no ha huido, se ha puesto de parte nuestra, ha entrado a fondo en nuestra situación de alejamiento de Dios por el pecado y nos ha rescatado con su sangre preciosa. A un asalariado no le importan las ovejas; a Jesús, sí. El asalariado huye, y el lobo hace estragos; Jesús ha dado su vida en la Cruz por cada una de las ovejas, y nos ha librado de las garras del Maligno.

El buen pastor conoce a sus ovejas, y las conoce por su nombre. Recíprocamente, las ovejas conocen al buen pastor. Se establece así una circularidad en el amor recíproco, un círculo virtuoso. En nuestra relación con Jesús, es precioso sentirse amado por él y de qué manera, hasta dar la vida por mí, “me amó y se entregó por mí” (Gal 2,20). Y ahí se apoya la respuesta de amor por nuestra parte. Aunque imperfecto, nuestro amor a Jesús quiere ser una respuesta al amor perfecto con que él nos ha amado. Él os ha amado primero y nos amado más, hasta dar la vida. Nosotros vamos aprendiendo a amarle en la medida en que nos dejamos amar por él.

“Los míos me conocen y me aman”, dice Jesús, “como el Padre me conoce y yo conozco al Padre”. El círculo de amor no empieza ni termina en Jesús, empieza en el Padre y termina en el Padre. Y ese flujo de amor entre ellos es el Espíritu Santo. Por tanto, el círculo de amor está movido por la turbina del Espíritu Santo, fuerza impulsora del amor divino, derramado en nuestros corazones. El Espíritu Santo es el que nos enseña a amar al estilo de Dios, el Espíritu Santo es el que mueve continuamente el corazón de Cristo para amar hasta el extremo, el Espíritu Santo es el que mueve nuestro corazón para responder con amor al amor con que Dios nos ama.

“Tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a esas las tengo que traer y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo pastor” (Jn 10,16). Es el horizonte misionero que Jesús vislumbra a lo largo de la historia, el deseo de llegar a todos, para que todos conozcan ese amor y vivan de él.

En este domingo celebramos la Jornada mundial de oración por las vocaciones. Pedimos al buen Pastor que envíe trabajadores a su mies en todas las vocaciones de especial consagración. Que no nos falten corazones y brazos que prologuen el amor del buen Pastor que sane tantas heridas en nuestra generación.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 19 Apr 2018 12:54:18 +0000
Pascua es la fiesta de la vida, de la vida eterna http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/43818-pascua-es-la-fiesta-de-la-vida-de-la-vida-eterna.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/43818-pascua-es-la-fiesta-de-la-vida-de-la-vida-eterna.html Pascua es la fiesta de la vida, de la vida eterna

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

La victoria de Jesucristo sobre la muerte abre un horizonte inmenso a la existencia de toda persona. No vivimos encerrados en este mundo, que, por muy larga que sea su duración, termina en la muerte. Nuestro destino no es la muerte, sino la vida y una vida eterna, que no acaba, una vida en plenitud. Por eso, la resurrección de Cristo es fuente de alegría en el mundo entero. Nada ni nadie podrá arrebatarnos esta alegría, porque es irreversible en Jesús y en todos los que creen en su nombre.

La fiesta de la Pascua coincide con la Jornada por la Vida, cuyo lema este año dice: “Educar para acoger el don de la vida”. La vida en todas sus fases es un don de Dios para nosotros. La vida es un don de Dios desde su concepción en el seno materno. Sea como sea, una nueva vida merece todo el respeto del mundo, porque es sagrada. No podemos ni debemos acostumbrarnos al aborto, que se realiza a escalas kilométricas en nuestro entorno. El derecho a decidir choca frontalmente con el derecho a la vida, y debe prevalecer éste sobre el otro. Nunca se puede suprimir la vida de un ser inocente en el seno materno, que siempre debe ser el lugar más cálido y seguro de acogida de la vida naciente.

La Escuela de Magisterio de la Iglesia en Córdoba ha promovido el premio “Madre y Maestra de vida”, que ha suscitado su correspondiente polvareda. Se trata de premiar a aquellas mujeres jóvenes, que en el uso de su libertad deciden acoger la vida que ha brotado en un embarazo imprevisto. Toda la sociedad se les echa encima, casi todos la incitan a abortar para quitarse el problema de en medio: profesionales de la salud, familiares, amigos, etc. Dada la cultura de la muerte que se ha extendido como pólvora entre nosotros, es muy difícil asumir la viabilidad de ese embarazo, que traerá al mundo una nueva criatura. Pues bien, alguna mujeres jóvenes universitarias, contra viento y marea, han adoptado la postura contracultural de aceptar al hijo de sus entrañas, no han cedido a la presión homicida y ahora gozan de su criatura, que no cambiarían por nadie ni por nada en el mundo. Al premiar esto, que no deja de ser un gesto heroico en nuestros días, no faltan quienes se rasgan las vestiduras por contradecir el pensamiento único y lo políticamente correcto.

Pequeñas acciones como ésta van educando para acoger el don de la vida. Ahí tenemos la Congregación Religiosa de las Adoratrices, que por carisma fundacional se dedican –también en nuestra diócesis de Córdoba- a acoger la vida y a las madres gestantes, víctimas de la trata, provenientes de la prostitución y de las redes que esclavizan a la mujer. Merecen un monumento estas religiosas y los voluntarios que las ayudan por poner en riesgo sus vidas en favor de la dignidad de la mujer y de la vida naciente. La Congregación lleva haciéndolo más de siglo y medio, pero es un carisma verdaderamente actual en nuestro siglo XXI. De la adoración a Cristo sacramentado en la Eucaristías a la liberación de las mujeres más vulnerables, en un bucle lleno de bienes para la sociedad.

“Educar para acoger el don de la vida” es también toda la tarea en favor de los discapacitados, que tantas instituciones llevan a cabo. Nos espanta recibir la noticia de la violencia doméstica, donde la mujer es casi siempre la víctima. Y hemos de reconocer la inmensa labor que desde distintas instancias se realiza en favor de los mayores, cuando los pilotos van apagándose y los remos ya no funcionan. Pensemos en tantos afectados de alzhéimer, en tantos enfermos terminales, en tantas enfermedades raras que polarizan la atención de toda una familia. Acoger el don de la vida es una de las principales tareas de nuestro tiempo para la que hemos de educarnos todos. Celebramos en esta semana la XXIII Semana de la Familia en nuestra diócesis con temas acerca de la encíclica “Humanae vitae” (1968) en su 50 aniversario, la encíclica defensora de la vida desde su concepción. Oremos por la Vida, dejemos a Cristo resucitado que inunde nuestro mundo con su nueva vida, no permita que nos hagamos aliados de la muerte y participemos plenamente de su resurrección. ¡Aleluya!

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 12 Apr 2018 15:51:02 +0000