Córdoba Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://odisur.es Thu, 18 Jan 2018 23:31:40 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es “Fue tu diestra quien lo hizo…” http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/42393-“fue-tu-diestra-quien-lo-hizo”.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/42393-“fue-tu-diestra-quien-lo-hizo”.html “Fue tu diestra quien lo hizo…”

Carta del obispo de córdoba, Mons. Demetrio Fernández, con motivo de la Semana de Oración por la Unidad de los cristianos.

La unidad de los cristianos es un asunto sangrante en la vida de la Iglesia. Por un lado, es un reto y una esperanza. Por otro, es una herida abierta que nos humilla y nos recuerda continuamente nuestra condición de pecadores, amados por Dios.

Del 18 al 25 de enero, todos los años rezamos especialmente por la unidad de los cristianos. Rezamos todo el año, porque en toda Eucaristía oramos para que el Espíritu Santo, que es autor de la unidad de la Iglesia, nos mantenga unidos. Pero llegados a estas fechas, intensificamos la conciencia de este reto y esta herida e intensificamos la oración por esta intención, una de las primeras y principales en la Iglesia.

Orar por una intención no es recordarle a Dios algo que se le puede haber olvidado. Dios es el que inspira estas intenciones en su Iglesia y en el corazón de los hombres. Al orar por una intención entramos en la órbita de la fe, entramos en el corazón de Dios y nos interesamos por los intereses de Dios. Dios quiere que todos los humanos formemos una única familia, para eso ha enviado a su Hijo, para reunir a los hijos de Dios dispersos. Y Dios quiere reunir a todos sus hijos en la Iglesia que su Hijo ha fundado.

Jesucristo ha fundado esta Iglesia sobre el fundamento de los apóstoles y sus sucesores y ha enviado sobre ella como un gran regalo al Espíritu Santo. Jesucristo ha fundado una sola Iglesia sobre la roca de Pedro. “Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia…” (Mt 16,18). Y esta unidad se ha mantenido fundamentalmente por la comunión de pastores y fieles con el primado de Pedro a lo largo de los siglos. Pero para vergüenza de todos, esa unidad se ha fracturada en distintos momentos clave. El pecado de los hombres ha entrado en la historia de la Iglesia, y se han producido fracturas y divisiones, que permanecen hasta el día de hoy. Las más grandes han sido la ruptura Oriente-Occidente con el cisma del año 1050, generando la gran separación entre ortodoxo y católicos; y la ruptura de Lutero en 1517, cuyo centenario hemos recordado recientemente, y que ha generado la gran separación entre protestantes y católico/romanos.

Sin embargo, el Espíritu Santo, alma de la Iglesia, está suscitando un fuerte movimiento de acercamiento y de unidad entre todos. El siglo XX ha sido un siglo de acercamientos hasta desembocar en el concilio Vaticano II. Y a partir del concilio, los pasos dados han sido de gigante en el camino hacia la unidad, también con algunos traspiés.

Llegamos de nuevo a estas fechas y queremos sumarnos a ese camino hacia la unidad que desde todas las confesiones cristianas va dándose: encuentros del Papa con otros líderes religiosos no católicos, o porque él mismo los visita en sus países o porque vienen a Roma para encontrarse con el Sucesor de Pedro. Al mismo tiempo, continúan los debates teológicos entre expertos que se reúnen para acercar posturas, profundizando en lo que cada comunidad ha alcanzado.

A nosotros nos corresponde unirnos en la oración común para pedirle a Dios la unidad de todos los cristianos en la única Iglesia fundada por el Señor. En Córdoba hemos tenido hace dos meses un encuentro de líderes cristianos: católicos, ortodoxos de Constantinopla, de Rusia, de Rumanía, armenios, maronitas. Ha sido con motivo del Congreso Internacional Mozárabe. Ellos han tenido sus respectivas ponencias, resaltando cómo viven la fe en un contexto parecido a los cristianos cordobeses mozárabes durante la dominación musulmana. Y nos ha ayudado mucho recibir su testimonio y compartir juntos la oración de la tarde, teniendo como horizonte el testimonio de los mártires. Hoy, como ayer, sigue habiendo mártires a los que no preguntan si son católicos u ortodoxos, armenios o rumanos. Simplemente son asesinados por ser “cristianos”. El martirio de todos esos hermanos nos une a todos en una fe y un gran amor al Señor. Es el ecumenismo de los mártires.

Oremos por la unidad de los cristianos. Ha de ser obra de Dios, secundada por la oración sincera de quienes confesamos que “ha sido tu diestra quien lo hizo…”.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 18 Jan 2018 14:13:23 +0000
El día 9 de enero hace trece años http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/42207-el-día-9-de-enero-hace-trece-años.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/42207-el-día-9-de-enero-hace-trece-años.html El día 9 de enero hace trece años

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

Queridos amigos e hijos en la diócesis de Córdoba. El 9 de enero es una fecha señalada en mi calendario personal, y es una fecha que afecta a la vida de la diócesis. Ese día, hace ya trece años (el 9 de enero de 2005) fui consagrado obispo para servir a la Iglesia en este ministerio. En ese mismo día, la Iglesia celebra la memoria litúrgica de san Eulogio (c. 800-857), mártir de Córdoba, que había sido elegido arzobispo de Toledo, pero no llegó a ocupar la sede toledana, porque días antes alcanzó el martirio en Córdoba. Feliz coincidencia, no pretendida, pero prevista por Dios en su amorosa providencia.

Las normas litúrgicas señalan que ese día recéis especialmente por el obispo, para que cumpla su ministerio como Dios manda. Os lo agradezco de antemano a todos los que lo hagáis, como lo hacéis a diario al mencionar el nombre del obispo en la Eucaristía y en otros momentos de vuestra oración. La oración nos introduce y alimenta en un clima de fe, en el que podemos apoyar todo lo bueno con nuestro deseo y colaboración.

Estoy muy contento de servir a la Iglesia como obispo, y estoy especialmente contento de servirla en esta diócesis de Córdoba. Puedo deciros que me siento muy contento de ser “cura”, sin más. Durante treinta años he sido presbítero en la diócesis de Toledo, como sabéis. Y he sido muy feliz en los distintos servicios que el arzobispo de Toledo me iba encomendando: párroco, profesor, tareas diocesanas de gobierno, formador en el Seminario, etc.

Me ha sostenido siempre el trato asiduo con el Señor. Él no me ha fallado nunca, él ha sido muy comprensivo conmigo siempre, me he sentido muy querido por el Señor y me he sentido muy a gusto con él. Doy gracias a Dios por tantas personas que ha puesto en mi camino de formación y de ayuda para perseverar en su santo servicio. No sólo superiores, formadores y director espiritual, sino tantas personas a las que he servido y me han edificado por su testimonio de fe y de vida cristiana: personas consagradas, matrimonios y familias, jóvenes, adultos, ancianos, tantos y tantos.

Un día me llamaron por teléfono de parte del Papa Juan Pablo II y acudí a la Nunciatura en Madrid. Es un momento inolvidable. “El Santo Padre le ha nombrado obispo de Tarazona”, me dijo Mons. Monteiro. “Vaya a la capilla y me da la respuesta”. Fui a la capilla de Nunciatura y le respondí: “Si me lo dice el Papa, como si me lo dijera Dios mismo”. Y acepté este nuevo servicio. Toda la gente de mi entorno lo consideraba como un honor para mí. A mí, sin embargo, me suponía salir de mi tierra y de mis gentes e ir en la fe a una tierra desconocida. Para mí, ese y los momentos sucesivos fueron un acto de fe sostenida en la voluntad de Dios que me señalaba otros caminos. Y he sido muy feliz en Tarazona, con mis aciertos y mis deficiencias. El Señor ha seguido siendo el mismo de siempre y encontré buenos colaboradores que me hicieron fácil la tarea.

Y otro día, pasados cinco años, me llamaron de parte del Papa Benedicto XVI, y acudí a Nunciatura para recibir la misión de servir a la diócesis de Córdoba, en la que cumplo ocho años dentro de pocas semanas. Sería largo contaros todo lo vivido en Córdoba, la diócesis del santo en cuya fiesta fui ordenado obispo. Deciros que me siento muy contento de poder serviros como obispo, como “cura” de tantos fieles a los que he podido visitar en sus respectivas parroquias a lo largo de seis años de Visita pastoral, que ahora estoy recorriendo en segunda vuelta.

Sobre todo he encontrado muchos y muy buenos presbíteros, próvidos cooperadores del obispo en la misión común. He encontrado muchos, muchísimos fieles laicos, -inolvidable el reciente Encuentro diocesano de laicos, 7 de octubre 2017-, cuya fe y testimonio me conmueve continuamente. He encontrado religiosos y consagrados en tantos campos, que gastan su vida en la entrega a Dios y en el servicio a los demás.

Rezad, rezad por el obispo. En esta fecha y siempre. Yo os lo agradezco de veras. Que sea santo, que sirva a la diócesis desde el Corazón de Cristo, que no busque ningún interés humano, sino solamente gastar mi vida por el Señor, que tanto me ama, y gastarla para que todos le conozcan y le amen más.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

obispo de Córdoba.

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 04 Jan 2018 11:53:30 +0000
El deseo de familia está vivo http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/42141-el-deseo-de-familia-está-vivo.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/42141-el-deseo-de-familia-está-vivo.html El deseo de familia está vivo

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

“El deseo de familia permanece vivo, especialmente entre los jóvenes, y esto motiva a la Iglesia”. Como respuesta a ese anhelo “el anuncio cristiano relativo a la familia es verdaderamente una buena noticia”. Con estas palabras comienza el Papa Francisco su exhortación apostólica Amoris laetitia (AL), dedicada al amor humano en la familia. Hay crisis, ciertamente, en este y en tantos campos en este cambio de época. Pero el amor humano es precioso y el Evangelio tiene una buena noticia para ese amor humano que se vive en familia. ¿Cuál es esa buena noticia?

En primer lugar, que Dios vive en familia, Dios es familia. Son tres personas –Padre, Hijo y Espíritu Santo- que se llevan maravillosamente, todo lo tienen en común. El Dios que nos ha revelado Jesucristo no es un Dios solitario y aburrido, lejano, inaccesible. No. Es un Dios amor, familia, comunión, cercanía, que ha abierto su círculo más íntimo para hacernos partícipes de esa felicidad a todos los humanos. Todos -sea cual sea nuestra situación, nuestra condición- tenemos un lugar en el corazón de Dios. Nadie se sienta excluido porque Dios lo ha traído a la existencia para hacerle experimentar ese amor eterno e infinito de Dios, para hacerle feliz.

Y a su imagen, Dios ha creado al hombre, “varón y mujer los creó” (Gn 1,27). “La pareja que ama y genera la vida es la verdadera “escultura” viviente capaz de manifestar al Dios creador y salvador” (AL 11). Cuando la ideología de género afirma que no hay diferencia entre el varón y la mujer y que cada uno puede elegir para sí lo que quiera en este orden de cosas, está ignorando esta realidad honda de la persona humana, que tiene arraigo bilógico, existencial e incluso religioso. Ninguna persona debe ser discriminada por su orientación. Todos tenemos un lugar en el corazón de Dios y de Dios nos sentimos amados, sean cuales sean las condiciones de nuestra vida. Pero ese Dios que nos ama ha trazado un plan para de felicidad del hombre, y nosotros los humanos no podemos enmendar la plana a Dios.

“La ideología de género –recuerda el Papa Francisco- niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Ésta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer… No caigamos en el pecado de pretender sustituir al Creador. Somos creaturas, no somos omnipotentes. Lo creado nos precede y debe ser recibido como don” (Papa Francisco, Amoris laetitia, 56). He aquí uno de los retos más importantes en el campo de la familia hoy.

Y junto a esto, el invierno demográfico, es decir, los pocos niños que nacen en España. Llevamos décadas con uno de los índices más bajos del mundo en la natalidad, y este dato está pasando factura ya a nuestra sociedad. Si una sociedad no es capaz de transmitir la vida a la generación siguiente, es una sociedad que fracasa en una de sus tareas fundamentales. Son muchos los factores que concurren en este cataclismo, no depende sólo los esposos. Están las autoridades con sus planes de gobierno y de ayuda a las familias en todos los aspectos, está la sociedad entera con su mentalidad a favor o en contra de la vida. ¿Qué programa de gobierno será capaz de estimular a los esposos a ser generosos en la transmisión de la vida? Y en la tarea educativa que le acompaña.

La Sagrada Familia de Nazaret –Jesús, María y José- se nos presentan hoy como modelo de convivencia, donde el amor es el clima de relación de todos sus miembros. Pedimos hoy al Señor por nuestras familias, agradecemos a Dios haber nacido y crecido en una familia. Apoyemos todos la familia, que sigue siendo el nido del amor y el ámbito más valorado hoy en nuestros contemporáneos. Si nos acercamos un poco más al proyecto de Dios, seremos más felices en este campo tan vital de la familia.

Dios bendiga a nuestras familias, especialmente a los jóvenes que se casan o se van a casar en este año. Y a aquellos que han sido fieles durante 25 o 50 años, y lo celebran gozosos con sus hijos y nietos. Felicidades a todos.

Con mi afecto y bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 28 Dec 2017 14:02:45 +0000
Ella permaneció virgen, incluso siendo madre http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/42044-ella-permaneció-virgen-incluso-siendo-madre.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/42044-ella-permaneció-virgen-incluso-siendo-madre.html Ella permaneció virgen, incluso siendo madre

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

Estamos a las puertas de la Navidad, y la Navidad es Jesús que nace de María virgen. No se trata de un mito ni de un cuento de niños, que queda bonito, pero que de mayor se abandona. Se trata de un hecho histórico, que fundamenta la fe de los cristianos. Está datado en la historia, cuando el emperador Augusto mandó hacer un censo de todo el imperio, y María acudió acompañada de su esposo José a la ciudad de David, a Belén, para inscribirse. Allí le llegaron los días del parto y dio a luz a su hijo Jesús, al que reclinó en un pesebre y lo rodeó con todo su amor de madre.

Los ángeles hicieron fiesta en el cielo: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”. Y se lo comunicaron a unos pobres pastores, que se encontraban cuidando sus rebaños: “Hoy os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”. Estos acudieron a ver al Niño con su madre, recostado en un pesebre. Aquella Navidad histórica se actualiza año tras año en la celebración litúrgica, y nos envuelve a todos en la luz y en la alegría del nacimiento de Jesús.

Pero este niño, ¿de dónde viene? Entre la gente lo tenían por el hijo del carpintero, pero bien sabían María y José cómo habían sido las cosas. Nos lo relata el Evangelio mismo. María y José estaban prometidos como esposos, pero no habían comenzado a vivir juntos como marido y mujer cuando resultó que María esperaba un hijo. María fue la primera sorprendida, cuando el ángel vino de parte de Dios para anunciarle que iba a ser la madre de Dios y pedirle su consentimiento. Ella tenía propósito de vivir consagrada en la virginidad, al tiempo que desposada con José, con el que todavía no había ido a convivir. El ángel le explicó con toda delicadeza de qué se trataba, y María se puso a disposición de los planes de Dios: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra”.

E igualmente la sorpresa vino para José, cuando atisbó los síntomas de que María esperaba un hijo. Lo primero que se le ocurrió fue retirarse de la escena, no por sospecha hacia María de cuya honradez tenía plena constancia. Ni tampoco por cobardía personal ante lo que pudiera venir. José decide retirarse porque percibe que Dios ha actuado de manera sorprendente y no se considera digno de entrar en ese misterio. Ante el misterio de Dios, María y José reaccionan con gran humildad. “No somos dignos”, pensaron el uno y el otro. Cuando Dios entra en nuestra vida, -unas veces de manera sencilla y cotidiana, otras veces irrumpiendo grandiosamente- provoca en nosotros esta actitud de profunda humildad: no somos dignos, no somos capaces, no nos merecemos esta gracia tan grande. Nos esconderíamos detrás de la puerta, dejándole pasar. Nos iríamos al otro extremo de la tierra para poder escapar de su mirada.

Pero no es así, no fue así. A poco que uno descubre la grandeza de Dios y su propia indignidad, ya está dejando a Dios actuar. Y cuando Dios actúa, el fruto es suyo, es desproporcionado a nuestras capacidades. Es un fruto divino que ha brotado en nuestra carne, como le sucedió a María. Es una fecundidad sobrenatural que durará para siempre.

La virginidad de María es una luz potente para todo cristiano. No se trata de un dato accidental, sino de algo central en el misterio de la fe en Jesucristo. Si María no fuera virgen, Jesús no sería Dios. Son las dos caras de la misma moneda, y de hecho a lo largo de la historia el oscurecimiento de la virginidad de María conduce a la negación de que Jesús sea Dios, y viceversa, la negación de la virginidad de María conduce a la negación de que Jesús es Dios. Qué importante que nos detengamos en esta cualidad de María: es virgen incluso siendo madre. No está hoy de moda la virginidad, no lo estuvo nunca. Y menos esta virginidad que aporta una gran novedad a la dignidad de la persona humana, a la dignidad de la mujer. Pero en el seguimiento de Cristo no han faltado nunca mujeres y varones que han vivido como María, en una virginidad llena de frutos y pletórica de vida para la sociedad y para la Iglesia. Así vivió Jesús, así vivió María, así vivió José. La navidad es fiesta de gozo y de salvación, por el camino de la virginidad. Feliz y santa Navidad para todos.

Con mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 21 Dec 2017 12:28:14 +0000
Estad siempre alegres en el Señor http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/41910-estad-siempre-alegres-en-el-señor.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/41910-estad-siempre-alegres-en-el-señor.html Estad siempre alegres en el Señor

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

El tercer domingo de adviento es el domingo de la alegría cristiana. La liturgia de este día comienza con estas palabras: “Estad siempre alegres en el Señor…” (Flp 4,4). No se trata de una alegría externa, bullanguera, que viene de fuera. Sino de una alegría que viene de dentro y sale hacia afuera, una alegría serena, llena de paz. Es una alegría que viene de Dios, no de lo que uno come y bebe.

La razón de esta alegría es porque el Señor está con nosotros, está entre nosotros, está cerca. “Quien a Dios tiene, nada le falta, sólo Dios basta”, nos dice Sta. Teresa. Cuando uno lo tiene todo, y no tiene a Dios, está hueco y vacío. Cuando tiene a Dios, aunque le falte lo demás, tiene lo principal. Hemos sido hechos para disfrutar de Dios, ya en este mundo y esperamos disfrutar de él para toda la eternidad. Esta es la fuente de la verdadera alegría.

“El Espíritu del Señor está sobre mí, me ha ungido y me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren” por cualquier causa. Recibiendo esta alegría de Dios, somos enviados a repartirla en nuestro entorno. El Evangelio es una buena noticia. Los ángeles llenarán de alegría el mundo, anunciando el nacimiento de Jesús. María proclama esta alegría, que brota de tener a Dios en su corazón y en su vientre.

Nuestro mundo necesita esta alegría, lo ha conseguido casi todo, pero le falta alegría. El hombre contemporáneo está orgulloso de sus avances y de sus logros, pero tiene que “comprar” la alegría, porque no la tiene. Esa alegría no le vendrá nunca de fuera, le viene de Dios.

El Papa Francisco transmite esa alegría en sus continuos anuncios del Evangelio. Su carta programática se titula “La alegría del Evangelio” (Evangelii gaudium): “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús”. Y el resultado de los Sínodos sobre la familia nos lo ofrece con el título “La alegría del amor” (Amoris laetitia): “La alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia”.

Nuestra sociedad está harta de palabras y promesas que no se cumplen. Está pidiendo a gritos el testimonio de una vida en la que se cumpla esta alegría que viene de Dios. Es la alegría de los santos, que con muy poco han hecho obras grandes. Y es el testimonio de tantas gentes sencillas, que viven la alegría cotidiana de confiar en Dios, en medio de las dificultades que surgen cada día.

Llegamos a la Navidad, “fiesta de gozo y salvación” y pedimos al Señor poder celebrarla “con alegría desbordante” (oración colecta). Las fiestas de Navidad están llenas de alegría para todos. A muchos no les llega la razón profunda de esa alegría, se quedan con lo exterior. Corresponde a los cristianos, que conocen el motivo de la alegría de estos días, ser testigos de una alegría que no cuesta dinero ni se compra con dinero, la alegría de Dios que viene a salvarnos. La alegría de hacer el bien a los demás gratuitamente, la alegría de gastarse para aliviar a los demás en el camino de su vida.

Quien conecta con el misterio de estos días, sale renovado de las fiestas de Navidad, porque el corazón se le llena de esperanza, de ganas de vivir. Quien, por el contrario, se queda solo con lo externo, la Navidad le generará resaca y tristeza, con la fatiga de haber ido de un sitio para otro sin saber por qué.

Tiempo de Navidad, tiempo de alegría, tiempo de conversión. Volvamos a Dios, y él llenará nuestro corazón de una alegría gratuita, por la que merece la pena celebrar la Navidad.

A todos, mi deseo de una santa y feliz Navidad:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba.

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 14 Dec 2017 15:56:17 +0000
Ave María Purísima, sin pecado concebida http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/41806-ave-maría-purísima-sin-pecado-concebida.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/41806-ave-maría-purísima-sin-pecado-concebida.html Ave María Purísima, sin pecado concebida

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

“Ave María purísima, sin pecado concebida”. Con esta jaculatoria saludamos en España en tantas ocasiones buenas, recordando el saludo del ángel a María, que hacemos nuestro como saludo cristiano. Muchas personas comienzan con estas palabras su confesión sacramental, muchos saludan así al entrar en una casa, muchos la emplean al comenzar una obra buena, etc. Pertenece a la entraña del pueblo cristiano esta devoción mariana, que evoca el saludo del ángel a María y recuerda que ella es la Purísima, llena de gracia y concebida sin pecado original.

Al comienzo del Año litúrgico celebramos la solemne fiesta de la Inmaculada, como aurora que anuncia la llegada del sol. La redención de Cristo ha comenzado por María. Ella es la primera destinataria de esa redención que viene a traer su Hijo Jesucristo, nuestro Señor y Redentor. Ella es la más redimida, la mejor redimida, la primera redimida. En ella nos miramos como en un espejo para contemplar lo que Dios quiere hacer con cada uno de nosotros. A ella en medida superlativa, a nosotros según la medida asignada por Dios. A ella, desde el comienzo; a nosotros, como final consumado. Pero todos redimidos por la sangre redentora de Cristo, derramada en la Cruz para limpiarnos de nuestros pecados.

María fue concebida por vía natural del abrazo amoroso de sus padres Joaquín y Ana. El fruto de esa unión ha resultado singular, pues Dios eligió a María para que fuera en su momento la madre del Redentor. Y por eso la libró de todo pecado, llenándola de su gracia, incluso librándola del pecado original, que todos contraemos al nacer. Lo que a todos nos viene dado como perdón, a ella le viene dado anticipadamente como prevención en virtud de los méritos de Cristo. De manera que nunca tuvo la más mínima sombra de pecado, y en ella todo fue luz de gracia desde el primer momento. Por eso, la llamamos la Purísima.

Nuestra patria España, en su larga historia de santidad, ha impulsado continuamente que esta verdad tan arraigada en la conciencia cristiana de nuestro pueblo llegara a ser definida como dogma de fe. Y así sucedió en 1854 (precisamente, el 8 de diciembre), cuando el Papa Pio IX definió que “la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Cristo-Jesús, Salvador del género humano”. A partir de esa fecha, el Papa visita todos los años la plaza de España en Roma, depositando un ramo de flores junto al monumento de la Inmaculada. María Inmaculada es patrona de España, precisamente con este título tan atractivo y tan seductor para el alma creyente. A ella nos dirigimos en esta hora crucial de la historia de España para que nos tienda su mano materna y seamos capaces de recorrer caminos de paz y de concordia entre todos los pueblos de España.

Este corazón inmaculado de María se convirtió en digna morada de su Hijo, al que recibió en la fe y concibió en su vientre, permaneciendo virgen. Se acerca la Navidad, se acerca la contemplación de este misterio de amor, que tiene corazón de madre. Preparemos nuestro corazón para acoger el misterio que nos desborda. Dios se acerca a nosotros en este Niño indefenso en los brazo de su Madre santísima. Nos acercamos a él con el deseo de acogerlo en nuestro corazón.

Que el adviento sea de verdad tiempo de acercamiento al Señor, porque él sale a nuestro encuentro en cada hombre, en cada acontecimiento. Sobre todo en aquellas personas que sufren la injusticia, en los pobres y desheredados de la tierra, que reclaman nuestra atención. El viene a establecer un reinado de justicia y de amor. Preparándonos así a recibirle este año, nos vayamos disponiendo a recibirle cuando venga a llevarnos con él definitivamente. Su Madre bendita nos acompañará en todo momento, también en ese momento supremo.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 07 Dec 2017 12:09:33 +0000
El Señor viene, tiempo de adviento http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/41676-el-señor-viene-tiempo-de-adviento.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/41676-el-señor-viene-tiempo-de-adviento.html El Señor viene, tiempo de adviento

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

Comienza el Año litúrgico, primer domingo de adviento. A ese Cristo Rey que celebrábamos el pasado domingo, lo esperamos lleno de gloria al final de los tiempos. La historia humana no está encerrada en sí misma, no es un eterno retorno sobre sí misma, como el burro de la noria, sino que está abierta a Jesucristo, centro y culmen de esa historia humana, que la lleva a plenitud. Caminamos al encuentro del Señor, que ya ha venido hace dos mil años para anticipar en su humanidad santísima ese término final en su gloriosa resurrección. Caminamos al encuentro del Señor, que a lo largo de este Año litúrgico iremos desgranando en cada uno de sus misterios.

El cristiano vive, por tanto, a la espera del Señor. Su destino no es la tumba, no vive encerrado en su vida terrena. Jesucristo ha roto las puertas del hades y ha abierto de par en par las puertas del cielo. Esta situación, la de nuestra vida presente, tiene salida. O mejor, tiene “sacada”, porque no salimos por nuestro propio impulso, sino que somos sacados por la potente fuerza aspiradora de la gracia.

Comenzamos el Año litúrgico con este horizonte abierto. No nos asfixian los problemas presentes, sino que tomamos aire a fondo sabiendo que el Señor está cerca, viene a nuestro encuentro, viene a salvarnos. Para cada uno de nosotros ese encuentro se producirá definitivamente al terminar su existencia terrena, para toda la humanidad se producirá al final de la historia. En un caso y en otro, la meta es Jesucristo que nos espera para un abrazo eterno, que nos llenará de gozo para siempre. No dejemos de pensar continuamente en el cielo, es la mejor manera de afrontar con fortaleza los problemas de la tierra. El pensamiento del cielo no nos enajena, sino que nos compromete seriamente a transformar este mundo con la presencia de Dios, el único que puede salvarnos.

El tiempo de adviento, más breve este año, nos prepara para la Navidad. El nacimiento en la carne del Hijo de Dios. Volveremos a vivir la ternura de un Niño que viene a salvarnos, que es Dios como su Padre y se ha hecho hombre como nosotros: nuestro Señor Jesucristo. Y junto a él siempre está su Madre, desde el comienzo hasta el final. Ella le ha traído a este mundo como madre, ella le acompañará en su ofrenda definitiva junto a la Cruz. Ella acompaña a la Iglesia, la comunidad de su Hijo, hasta el encuentro definitivo con él.

Una de las primeras fiestas del año es la Inmaculada, el 8 diciembre. Fiesta de pureza, de hermosura, de plenitud de gracia. Como María. Ella fue librada de toda sombra de pecado, su corazón fue un sí sostenido y permanente a Dios y a su plan redentor. Qué hermosa eres María, en ti no hay mancha de pecado original, eres la llena de gracia. La más graciosa y hermosa de todas las criaturas. María es el primer fruto de la redención, es el primer fruto del adviento. Y lo es también para nosotros, pues Dios nos quiere parecidos a esta Madre amante. Para eso, nos pone a Jesús y nos da su Espíritu Santo.

Recorramos el tiempo de adviento, tiempo de esperanza, con actitud penitencial. Como el que hace balance del año anterior y ajusta su vida reorientándola hacia Dios en el año venidero. No estamos siempre en el mismo punto, sino que Dios nos va atrayendo cada vez más hacia él, si no le ponemos obstáculo. Cesen tantas esperanzas fatuas, y se fortalezca la verdadera esperanza, la que pone en Dios su fundamento. No nos dejemos arrastrar por el consumismo “navideño”, que no tiene que ver nada con Jesús. Sino preparemos nuestro corazón para acoger al que viene a salvarnos y nos enseña a ser solidarios de quienes nos necesitan.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 30 Nov 2017 15:19:28 +0000
Cristo Rey, último domingo http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/41515-cristo-rey-último-domingo.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/41515-cristo-rey-último-domingo.html Cristo Rey, último domingo

Todo en la vida cristiana gira en torno a Jesucristo, como no podía ser de otra manera. Él es el centro del cosmos y de la historia. El Año litúrgico nos va desgranando año tras año ese misterio de Cristo, desde su nacimiento hasta su venida gloriosa al final. Y la celebración litúrgica tiene la capacidad de traernos eficazmente el misterio que celebramos. En Jesucristo la historia de la humanidad ha encontrado su plenitud, en él se nos anticipa nuestro futuro.

Celebrar esta fiesta de Cristo Rey hace alusión, por una parte, a la pretensión histórica de Jesús, por la que fue condenado a muerte: “Jesús Nazareno, rey de los judíos”. Una pretensión que quedó plenamente verificada en la resurrección de Jesús y en su victoria sobre la muerte. Verdaderamente, Jesús es Rey. Y por otra parte, hace alusión al final hacia el que caminamos. Es una fiesta de futuro, teniendo presente el pasado histórico y entrando en esa espiral ascensional, que nos va configurando con Cristo hasta transformarnos como él.

No se trata de un reinado despótico. Jesús aparece como el buen pastor que cuida de sus ovejas, manso y humilde de corazón, que está dispuesto a dar la vida por cada uno de nosotros, como ha sucedido realmente. En él encontramos la paz del corazón, pues nos sentimos queridos con un amor que sana nuestras heridas.

En el conjunto de la historia, hay un error primigenio, el pecado original, y hay una sobreabundancia de gracia en Jesucristo. “Si por un hombre vino la muerte, por un hombre vino la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida”. Nuestra vida terrena camina con esta cojera. Jesús viene en nuestra ayuda y nos llena el corazón de esperanza. El bautismo nos saca de la muerte y nos introduce en la vida para siempre. Al final, todo será sometido a Dios y Dios lo será todo para todos, si no malogramos el plan de Dios en nuestra vida.

Jesús aparece como el que viene a juzgar, cuando venga en su gloria el Hijo del hombre. Viene a premiar a los buenos y a rechazar a los malos. “El separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras”. Y seremos examinados de amor. Al atardecer de la vida te examinarán del amor, nos recuerda san Juan de la Cruz. “Tuve hambre y me diste de comer…” ¿Cuándo, cómo, dónde, a quién? Todo lo que hicimos a uno de los humildes hermanos, “a mí me lo hicisteis”, dice Jesús.

Esa personificación de Jesús en la persona de los pobres y los humildes, que asoman en nuestra vida pidiendo nuestra ayuda, es todo un principio revolucionario en la nueva civilización del amor. Nunca será el odio, sino el amor el que cambie el mundo. El amor cristiano reside en nuestro corazón por el Espíritu Santo, que se nos ha dado, nos hace salir de nosotros mismos para entregar la vida y gastarla en favor de los demás. Pero además, el amor cristiano encuentra en cada uno de los destinatarios (sean de la condición que sean) una prolongación de Jesús, “a mí me lo hicisteis…”. Esta motivación en su origen y en su término hace que Jesucristo reine en el mundo, transformando incluso el orden social.

No es por tanto, un reino de poderío humano, de prepotencia, de exclusión de nadie. El de Cristo es un reino de amor. Él nos ha ganado con las armas del amor, y con estas mismas armas quiere que luchemos, seguros de la victoria final. “Un reino eterno y universal: el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz” (prefacio de la fiesta). ¡Venga a nosotros tu Reino!

Que la fiesta de Cristo Rey del universo nos introduzca en esa espiral de amor, que va sanando todas las heridas del corazón, propias y ajenas, consecuencia del pecado, y va introduciendo en cada corazón una nueva vida que brota del Corazón de Cristo, que ama sin medida.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Wed, 22 Nov 2017 13:50:18 +0000
No amemos de palabra, sino con obras http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/41368-no-amemos-de-palabra-sino-con-obras.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/41368-no-amemos-de-palabra-sino-con-obras.html No amemos de palabra, sino con obras

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández, con motivo de la I Jornada Mundial de los Pobres

El Papa Francisco, al término del Año de la Misericordia, ha instituido la Jornada Mundial de los Pobres, que este año se celebrará por primera vez, y será el 19 de noviembre (domingo anterior a la fiesta de Cristo Rey del Universo). A otras varias Jornadas, que los Papas anteriores han instituido, quiere él dejar esta para perpetua memoria. El Papa Francisco nos ofrece en muchas ocasiones enseñanzas muy agudas y comprometidas en este tema, para que la Iglesia ponga a los pobres en el centro de su vida y de su acción apostólica. Os invito a leer la Carta del Papa al instituir esta Jornada, no tiene desperdicio.

Se trata de contemplar a Cristo pobre. “No olvidemos que para los discípulos de Cristo la pobreza es ante todo vocación para seguir a Cristo pobre”. La pobreza no es una desgracia, sino una bienaventuranza, nos hace parecidos a Jesús, que siendo rico se hizo pobre por nosotros. “La pobreza significa un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos creamos inmortales. La pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad. Es la pobreza, más bien, la que crea las condiciones para que nos hagamos cargo libremente de nuestras responsabilidades personales y sociales, a pesar de nuestras limitaciones, confiando en la cercanía de Dios y sostenidos por su gracia. La pobreza, así entendida, es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también vivir los vínculos y los afectos de modo generoso y desprendido” (CEC 25-45).

Se trata en esta Jornada de tocar la carne de Cristo, que se prolonga en tantas personas que sufren la carencia de lo necesario para vivir, y que por eso llamamos pobres: “el dolor, la marginación, la opresión, la violencia, la tortura y el encarcelamiento, la guerra, la privación de la libertad y de la dignidad, la ignorancia y el analfabetismo, la emergencia sanitaria y la falta de trabajo, el tráfico de personas y la esclavitud, el exilio y la miseria, y la migración forzada”. El pecado hace estragos y lleva a tremendas injusticias que tienen que pagar siempre los más débiles. En esta Jornada se trata de acercarnos a todas estas personas para compensar con nuestro amor y hasta donde podamos esa injusticia que brota siempre del egoísmo y del desamor.

Poner a los pobres en el centro de la vida de la Iglesia, al estilo de san Francisco de Asís, que reconocía en los pobres el rostro de Cristo y buscaba parecerse a Cristo pobre. La opción cristiana por los pobres no es una opción ideológica, sino una opción de amor hacia los últimos, en los que reconocemos el rostro de Cristo. En esta actitud, la Iglesia se juega su credibilidad, se juega el fruto de la evangelización. Además, los pobres no son sólo destinatarios, sino agentes de evangelización. Al traerlos a nuestra vida, al acercarnos hasta ellos entendemos mejor el Evangelio en su verdad más profunda. “Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio”. Los pobres nos enseñan a ser humildes, a confiar en Dios, a no idolatrar el dinero, el placer, el consumo. Los pobres nos enseñan a compartir, nos hacen más humanos.

El Papa nos invita a realizar gestos concretos: sentar a nuestra mesa a algún pobre concreto que conocemos de cerca, celebrar con ellos la liturgia de este domingo, porque los pobres suelen estar a las puertas de nuestras iglesias, pero no suelen entrar en ellas. En un mundo falto de amor, los gestos concretos de amor generoso y gratuito nos abren a nuevas posibilidades en nuestra relación con los demás y nos capacitan siempre en nuestra relación con Dios.

Acojamos esta propuesta del Papa Francisco con prontitud de corazón. Estoy seguro de que nos traerá muchos beneficios a nuestra diócesis de Córdoba, a nuestras parroquias, a nuestras familias. Ya tenemos muchos gestos de caridad, ya colaboramos de múltiples maneras con Caritas a todos los niveles. Esta Jornada instituida por el Papa Francisco será para todos ocasión de renovar nuestro amor y acercamiento a los pobres con el amor de Cristo.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Thu, 16 Nov 2017 16:13:03 +0000
Día de la Iglesia diocesana http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/41211-día-de-la-iglesia-diocesana.html http://odisur.es/diocesis/cordoba/documentos/item/41211-día-de-la-iglesia-diocesana.html Día de la Iglesia diocesana

Carta del obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández

Este domingo de noviembre celebramos en toda España el Día de la Iglesia Diocesana. Una jornada para darnos cuenta de que pertenecemos a la Iglesia universal en una Iglesia particular o diócesis, la diócesis de Córdoba. Jesucristo fundó la Iglesia sobre el fundamento de los Apóstoles y los envió por todo el mundo a anunciar el Evangelio. Aquellos Apóstoles y sus colaboradores expandieron la Iglesia por todo el mundo. En nuestro suelo patrio el Evangelio fue predicado muy pronto, en los albores del cristianismo y después de muchos avatares esta Iglesia del Señor vive y camina en la diócesis de Córdoba, llevando la salvación de Dios a todos sus habitantes.

Según los datos estadísticos, el 95,5 % de la población en Córdoba es bautizada católica. Por tanto, miembros de la Iglesia Católica. Pero no todos participan de la misma manera. Hay quienes son bautizados y reciben cristiana sepultura y otros, además, participan de distintas maneras en la vida de la Iglesia. La Visita pastoral me permite contactar con cada parroquia en cada pueblo y puedo afirmar que estamos en una diócesis muy viva, con mucha vitalidad cristiana. Demos gracias a Dios.

Con un laicado muy abundante, que actúa en las distintas áreas de la diócesis: catequesis, caritas, culto dominical, coros, lectores, portadores de la comunión a los enfermos, etc. Con una presencia en el mundo muy importante, testigos de Dios y de la vida nueva del Resucitado, transformando el mundo desde dentro a manera de fermento, como el alma en el cuerpo. Con un colectivo cofrade de miles y miles de personas, con ganas de llevar adelante la presencia del misterio cristiano en las calles y plazas de la ciudad y de nuestros pueblos. Con grupos y movimientos de apostolado de muchos colores, sobre todo en Cursillos de Cristiandad y Comunidades Neocatecumenales. Con una presencia cada vez más extendida de la Acción Católica General.

El Encuentro Diocesano de Laicos del pasado 7 de octubre ha sido una muestra de la vitalidad de nuestra diócesis de Córdoba, donde hemos afrontado con toda claridad y con mucha esperanza los distintos retos que el mundo de hoy plantea a los católicos y cómo éstos han de salir al encuentro de nuestros contemporáneos sobre todo con el testimonio de una vida nueva y distinta. “Vosotros sois la sal de la tierra, vosotros sois la luz del mundo”, nos dice el Señor.

Al llegar el día de la Iglesia Diocesana, caemos todos en la cuenta más y más de que la diócesis la hacemos entre todos. Esta Iglesia fundada por Jesucristo, que tiene como alma el Espíritu Santo y como Madre a María Santísima, está formada por todos sus miembros como parte activa, que afronta sus obras como propias y su sostenimiento como una obligación lógica. La Iglesia hemos que mantenerla entre todos, cada uno según sus posibilidades. Con nuestra aportación económica, con nuestra colaboración de voluntariado, con nuestra oración incesante, con nuestro servicio a todos los niveles.

Al servicio de esta Iglesia diocesana hay 280 sacerdotes, que tienen en los actuales 80 seminaristas su continuidad y su futuro. En el seno de esta diócesis hay 25 Comunidades de vida contemplativa, una de hombres y el resto de mujeres, que constituyen la mejor reserva de espiritualidad para vitalizar el apostolado de todos. Más de 800 religiosos y consagrados nos recuerdan la llamada a la santidad de todos.

La diócesis de Córdoba tiene como objetivos prioritarios el campo de la familia y de la vida, el campo de la educación y de la transmisión de la fe, el campo de la atención a los pobres, que son el tesoro de la iglesia.

Para cumplir todos estos objetivos, para mantener todas sus instituciones, para vitalizar cada vez más esta Iglesia diocesana contamos CONTIGO. “Somos una gran familia contigo”. Siéntete miembro activo en esta gran familia, colabora en lo que puedas, es tu diócesis, es la Iglesia del Señor.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba.

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Córdoba Fri, 10 Nov 2017 11:54:51 +0000