Jesucristo nos trae la paz

La primera lectura nos anuncia tiempos de paz, el cumplimiento de todo lo que anunciaban los profetas y así el pueblo de Israel podrá descansar y disfrutar de este regalo. Existe una particularidad, que esta paz la traerá un rey justo y victorioso, modesto y montado en un asno. Así, de esta manera tan sencilla y pobre se anuncia la figura del que instaurará la paz en todas las naciones. En el Evangelio veremos cómo esta profecía se cumple y cómo Jesús mismo se aplica esta profecía, dando cumplimiento a toda la verdad revelada. En Cristo se cumplen las Escrituras. Debemos estar atentos a esta Palabra, porque se añaden cosas, que parecen nimias, pero son de una importancia capital, me refiero al estilo que exige la fe: sencillez de corazón, puesto que sólo a los sencillos se manifiesta Dios.

El clima donde se desarrollan los hechos es de oración, dice que Jesús exclamó, para mostrarnos cómo le habla al Padre y lo que le dice. Se trataba de un momento de gran solemnidad con una fuerza misteriosa, pero que contagiaba a todos los que le rodeaban hasta tal punto que guardaron un profundo silencio. El Maestro dirige al Padre una oración de acción de gracias y le abre su corazón, se trata de un adelanto de lo que más tarde enseñará a los discípulos: cómo se reza y cómo se le habla a Dios. Ahora nos hace un adelanto, que el Padre se manifiesta con naturalidad a la gente sencilla y les abre lo más íntimo de su corazón y los humildes y sencillos de corazón le entienden, entran en sintonía con Él. No es poco saber que para entender las cosas del Señor se necesita tener un corazón humilde y sencillo, así que vayan tomando nota los soberbios de corazón. Explícitamente nos está diciendo el Señor que tienen dificultad para entenderle los grandes de este mundo, los sabios, doctores y los inteligentes… Puede parecer extraño todo esto, pero es la lógica de Dios, ¿aún no lo hemos aprendido? Nuestro Señor Jesús no se ha cansado de repetirnos una y mil veces que lo más íntimo del corazón de Dios no se comprende por medio de una gran sabiduría humana, sino por revelación de Dios y ésta la concede a la gente sencilla y se la niega a los sabios autosuficientes.

Una de las cosas que sobresalen en los sabios de este mundo es que están tan cargados de razones, tan llenos de sí mismos, que se incapacitan para comprender el misterio de lo sencillo. Está claro que si de lo que se trata es de saber ideas, verdades universales o reflexiones filosóficas, los sabios de este mundo estarían los primeros, pero es que lo que nos enseña el Señor es otra cosa, nos dice que lo que nos salva no son las palabras, sino Alguien y ese Alguien es Dios; y para esta aventura hay que fiarse, entregarse, creer en Él, tener fe, y eso es patrimonio de los sencillos. Los sencillos son los que se fían de quien dice: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”, porque se creen de verdad que esto es así y se ponen en camino tras Jesús. Creer es fiarse.

Este domingo nos da el Señor una oportunidad para que abramos los oídos y limpiemos nuestro ser de todo lo inútil, para llenarnos de fe y confianza en el que nos puede salvar. Feliz domingo.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena