Cartagena Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://odisur.es Sat, 15 Dec 2018 12:03:48 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es Dios lo hace todo nuevo http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/47374-dios-lo-hace-todo-nuevo.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/47374-dios-lo-hace-todo-nuevo.html Dios lo hace todo nuevo

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Con el Adviento comenzamos otra etapa nueva en la experiencia de vida cristiana, un tiempo nuevo al alcance de nuestras manos; entendemos que se trata de construir una nueva humanidad, con valores nuevos y llenos del Espíritu Santo. Es Dios mismo el que lleva la iniciativa de nuestra salvación, el que abre las infinitas posibilidades para vivir en la esperanza de la fe, del encuentro con la persona de Jesús.

La primera novedad que nos encontramos en esta nueva etapa es que durante el año leeremos el Evangelio de San Lucas. El lenguaje que utiliza el evangelista para hacernos caer en la cuenta de la importancia de la venida de Cristo parece extraño, porque nos habla de catástrofes y de signos extraordinarios de la naturaleza, lo que se llama un “discurso apocalíptico”, pero que nadie piense que se trata de meter miedo porque el mundo se ha vuelto loco. Estas cosas que anuncia han sucedido siempre y seguirán igual, en lo que se hace hincapié es en el tema de la confianza en Dios, en que debemos estar alerta en todo momento, a la espera de Jesús. La liturgia nos invita a levantar la cabeza y abrir el corazón a la esperanza porque el Señor viene y es nuestra liberación, por eso hay que estar atentos y desear con todas las fuerzas la libertad que nos trae el Señor.

Un tema que aparecerá muchas veces en este tiempo de Adviento es el de la llamada a la vigilancia, a estar atentos y con la mente despejada para no alejarnos de Dios. Es urgente estar preparados y confiar en Dios. En pocas palabras se pueden definir las cuatro semanas que acabamos de comenzar: “El Adviento es, por excelencia, el tiempo de la esperanza en el que se invita a los creyentes en Cristo a permanecer en una espera vigilante y activa, alimentada por la oración y el compromiso concreto del amor” (Papa Benedicto XVI).

Después de tantos años vividos conviene hacer un examen de conciencia para saber cómo es el nivel de esperanza en nuestra vida. Lo cierto es que algo debemos hacer, porque observamos que nuestros valores no son los de Dios, que las ideologías de este mundo le cierran la puerta; nuestra convivencia deja mucho que desear, el mal se pasea por nuestras calles con toda impunidad; existen miedos, egoísmos, enfrentamientos, desesperanza, soledades, abandonos… Si este modelo de sociedad con sus divisiones no ha salido de las manos de Dios, ¿quién tiene la responsabilidad de estas tinieblas que aún nos envuelven? Desde luego, que no la tiene Dios, la tenemos nosotros. Los cristianos debemos caer en la cuenta de que necesitamos urgentemente fortalecer nuestra fe, tal como nos dice la Palabra de Dios; fortalecer la confianza en la fuerza que nos da el Señor para darle la cara a nuestros límites y salir al encuentro de Cristo que viene. ¡Fuera los complejos y la pobreza de ánimo! ¡Levantad la cabeza y caminad con fuerza hacia Cristo, Liberador, Señor y Salvador! ¡Romped la capa opresora de vuestros males y sed libres y valientes para decirle al mundo que sois de Cristo! ¡Fuera las tristezas y las cobardías, que un hijo de Dios es la persona más feliz del mundo, porque cree en el Señor de la paz, en el que todo lo hace nuevo!

Que Dios os bendiga.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Mon, 03 Dec 2018 14:34:20 +0000
Mi Reino no es de este mundo http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/47232-mi-reino-no-es-de-este-mundo.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/47232-mi-reino-no-es-de-este-mundo.html Mi Reino no es de este mundo

Escrito del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Con la solemnidad de Cristo Rey se cierra el año litúrgico, que hemos celebrado de la mano del evangelista San Marcos. Recordad que al comienzo este Evangelio se abría con una afirmación contundente y cargada de sentido: “Comienzo del Evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios”. San Marcos nos ha anunciado a Jesucristo, la Buena Nueva es el mismo Jesús, que ha entrado en nuestro mundo trayendo la grandeza y la novedad de Dios, su amor misericordioso. San Marcos nos ha presentado durante todo este año, en las lecturas del Evangelio semanal, el cumplimiento de la promesa de Dios hecha desde antiguo: Jesucristo es el Mesías esperado, que se ha hecho uno de nosotros, que ha vivido con humildad como estilo de vida, que ha predicado el amor de Dios y que ha aceptado la Cruz para la redención de la humanidad.

Jesucristo es Rey del Universo desde lo alto de la Cruz y caminando con nosotros día a día para enseñarnos cómo es el corazón de Dios y qué nos pide. En el Evangelio de San Marcos hemos podido ver cómo le ha llamado a Jesús abiertamente, Hijo de Dios, pero no lo presenta como una persona de la realeza humana, con poder y grandezas, no, sino que la condición real de Cristo tiene otro sentido: va en la línea de la pobreza, la humildad, el silencio, ser uno del pueblo, el sufrimiento y la cruz. Claramente se ve cómo San Marcos lo ha identificado como el Siervo de Yahveh, que se ha entregado por nosotros y por nuestra salvación, el que ha venido como Buena Noticia esperada y a la vez sorprendente, porque nuestro rescate de las garras de la muerte lo ha hecho muriendo Él y venciendo a la muerte con su Resurrección. Esta es la clave esencial para poder entenderle: su victoria sobre la muerte y el amplio campo a la esperanza que nos ha abierto. Jesús es el Mesías solidario, cercano y a la vez es nuestro Señor y Salvador.

Jesucristo es el Rey justo, que vela, promueve y defiende la justicia y la misericordia, nos pide que nos alejemos de la venganza y de las mentiras, porque Él es la Verdad; es un rey que no ha venido a ser servido, sino a servir, a acoger a los descartados de todas las periferias existenciales para que sientan el calor de su corazón y puedan recuperar la dignidad de la condición de hijos. Nuestro Señor nos ha pedido que nos fijemos en Él, que es manso, humilde de corazón y fiel obediente a la voluntad del Padre. El Señor ha reinado en nuestra vida vestido de majestad: ha salido siempre a nuestro encuentro; ha estado junto a nosotros en los momentos de peligro; nos ha invitado a su mesa, lavándonos los pies y nos ha dado la oportunidad de vivir el espíritu de Emaús, porque hemos caminado junto a Él al atardecer y nos ha explicado las Escrituras… Cristo ha estado siempre cerca señalando la puerta angosta de la santidad y de la vida. Así es la realeza de Jesucristo.

El apóstol San Pablo nos explica muy bien, en la Carta a los Filipenses, cómo es la realeza de Cristo: "el cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de Sí mismo tomando la condición de siervo y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a Sí mismo, obedeciendo hasta la muerte" (Flp 2, 6-8).

Feliz día del Señor.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 23 Nov 2018 14:03:39 +0000
Quien se refugia en el Señor se salva http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/47110-quien-se-refugia-en-el-señor-se-salva.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/47110-quien-se-refugia-en-el-señor-se-salva.html Quien se refugia en el Señor se salva

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Cerca ya del final del año litúrgico, en las lecturas de la Palabra de Dios se hace referencia a los temas de los “últimos tiempos” y, aunque todavía no han llegado de un modo total, sí que se nota que una vida sin Dios no va a ningún sitio, es más, el que ha despedido a Dios de su corazón entra irremediablemente en el desconsuelo de la soledad y del fracaso, a sentir el frío hielo de un mundo caduco, que le marca a fuego las señales de la muerte y le despiertan el miedo al futuro.

A una persona que ha encontrado al Señor y le sigue a corazón abierto con una firme decisión personal de querer permanecer en la fe, esta le lleva a tener confianza en la lucha de cada día, porque se sabe apoyado y defendido en Dios y Él es el que le mantiene vivo en la esperanza. La primera lectura de este domingo nos habla de esto y nos anima a agarrarnos siempre a Dios, acercarnos a Él con todas nuestras fuerzas para no temer a la muerte, al sinsentido y a la nada. La muerte para un creyente es como un sueño abierto a un despertar y el que está refugiado en el Señor se salva, como se lee en el salmo 15, porque Dios es la alegría del corazón y nos enseña el camino de la vida.

La esperanza es la virtud que nos mueve a permanecer en el camino de la vida, en Dios; la esperanza es la que nos mantiene en la tensión de la promesa de la vida eterna, pero al mismo tiempo nos exige estar en vigilancia, alejados del pecado. Es hora de tomar decisiones en serio, de hacer un alto en el camino y pensar en el valor de la vida con Dios. Por otra parte, hay que pisar tierra para enfrentarse a los afanes de este mundo, que prometen felicidad, pero nunca se alcanzan, porque lo que te promete el mundo no es otra cosa que de lo que nos advertía la antigua sabiduría griega en el mito de Sísifo: que cuando piensas que has llegado a la cima de tu felicidad te hundes, para tener que volver de nuevo al comienzo. San Marcos insiste en la esperanza que nos ofrece Jesucristo, que quiere hacer comprender a los discípulos que el misterio pascual, ahora presente, será el comienzo de la fase final de los tiempos e invita a sus discípulos a vigilar, a abrir bien los ojos para interpretar todos los acontecimientos para poder reconocer su venida definitiva y gloriosa. El Hijo del Hombre, al que hace referencia San Marcos, es Jesús de Nazaret, el que fue condenado a morir en la cruz y resucitó al tercer día. Un cristiano no puede olvidar que la cruz estará presente en su vida, como lo estuvo en la vida de Cristo, por eso debe aceptarla con la misma generosidad que Él y tener el coraje para tomar partido por el Señor, definirse con claridad como discípulo de Cristo para vencer toda tentación de avergonzarse de Él y de su Palabra.

Junto al tema de la esperanza, que se desarrolla continuamente como centro de nuestra contemplación, está también la llamada a estar preparados, alejados del pecado y cargados de buenas obras, es decir, lo que se nos está pidiendo es que nos mantengamos firmes en la fe y viviendo la caridad, porque el Señor está a la puerta y llama. Somos herederos de una promesa de vida eterna, de una alegría que no tiene fin, aunque tengamos que cargar todos los días con la cruz sobre los hombros, pero no tenemos miedo, porque conocemos la victoria de Cristo y Él nos lleva a la luz.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 16 Nov 2018 13:48:23 +0000
Un corazón libre de apegos para el Señor http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/46978-un-corazón-libre-de-apegos-para-el-señor.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/46978-un-corazón-libre-de-apegos-para-el-señor.html Un corazón libre de apegos para el Señor

Escrito del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Cualquiera que haya escuchado las lecturas de la Palabra de Dios en esta semana no podrá quedarse sin respuesta, porque le plantea la importancia de la rápida respuesta de la fe. En los textos del Antiguo Testamento y en el Evangelio se presenta la generosidad de no darle la espalda a Dios, porque se destaca cómo Él cuenta en la vida y cómo lo que pide el Señor tiene preferencia para los creyentes. Personalmente me maravillo de la pronta respuesta de la mujer viuda de la primera lectura, que ante su situación límite no se plantea dudar, para ella, lo primero es Dios y se fía de Él de una manera admirable. Este gesto ejemplar es un dato que se convierte en una lección para cualquiera, porque su decisión hemos visto que es obedecer. En esto coincide el caso de la mujer, viuda también, en la que repara Jesús en el templo, que ofrece en el “cepillo” toda su vida, no una limosna que le sobra, sino su vida misma.

En los dos casos, estas mujeres nos han enseñado que ante Dios no hay que tener miedo, la ofrenda es una oblación total, incomprensible para cualquiera de nosotros, hombres y mujeres de hoy que calculamos todo y medimos cualquier acción a la que nos comprometemos para ver hasta dónde no podemos llegar. El secreto de estas dos mujeres está claro: se han entregado por completo a la causa de Dios y no se han reservado nada para la vuelta. En ellas vemos la importancia de consagrar nuestra vida al Señor y cómo le dijeron, con palabras de Santa Teresa: “vuestra soy, para vos nací”, o como nos enseña el Beato Carlos de Foucauld, “Padre, me pongo en tus manos. Haz de mí lo que quieras… estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal que tu voluntad se cumpla en mí”.

La fe se hace fuerte cuando la vives como una experiencia de amor que has recibido de Alguien que es más grande que tú. No te extrañas de la grandeza de estas mujeres viudas, porque ellas han estado queriendo estar muy cerca del corazón de Dios y se han ido haciendo semejantes a Él en la caridad. Creer es entregarse incondicionalmente en las manos bondadosas del Señor, es fiarse de toda palabra que sale de su boca y caminar sin miedo.

La predicación de la Iglesia ha sido siempre la misma: Jesús exhorta a sus discípulos a preferirle a Él, a “renunciar a todos sus bienes” (Lc 14,33) por Él y por el Evangelio (Mc 8, 35). Poco antes de su Pasión les mostró el ejemplo de la pobre viuda de Jerusalén que, dio todo lo que tenía para vivir (Lc 21,4). Debemos tomar nota de que el precepto del desprendimiento de las riquezas es obligatorio para entrar en el Reino de los cielos (Catecismo de la Iglesia Católica, 2544). Todos sabemos que entre las condiciones para ser discípulos de Jesús se nos exige dejarlo todo: padre, madre, tierras, bienes… incluso olvidarte de ti mismo y la razón está en estas palabras del Señor: “Busca primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se te dará por añadidura” (Mt 6,33).

Os deseo mucho ánimo para ser valientes y para no tener miedo, que el más hermoso tesoro que tenemos es conocer de verdad a Dios y cumplir su voluntad.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 09 Nov 2018 15:06:12 +0000
Amar al Señor y al prójimo http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/46813-amar-al-señor-y-al-prójimo.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/46813-amar-al-señor-y-al-prójimo.html Amar al Señor y al prójimo

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Acaba de terminar el Sínodo de los Obispos sobre “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional” en Roma y todavía están resonando en nuestra mente los ecos de los distintos documentos que han precedido al trabajo sinodal. Una de las cosas que se ha resaltado en ellos es la palabra escuchar. La palabra escuchar aparece en el documento de trabajo del Sínodo 47 veces y en todos los casos con la clara dirección de la importancia de saber escuchar a los jóvenes y de la importancia de saber escuchar todos a Dios. En el Instrumentum Laboris leemos los dos ejemplos: En primer lugar, se destaca el saber escuchar activamente las necesidades de los jóvenes, tener abiertos los oídos a ellos para poder responderles con gentileza y ofrecerles la palabra justa en el momento justo; en segundo lugar se privilegia la escucha y el diálogo con Dios en el silencio donde podemos escuchar la voz de Dios y discernir su voluntad para nosotros: “En Jesús nos descubrimos llamados a ir más allá de nosotros mismos; de hecho, escuchar su palabra nos invita a «navegar mar adentro» (cfr. Lc 5,4) y a abrirnos a horizontes que con las propias fuerzas uno ni siquiera podría imaginar”. Abrir los oídos a Dios es importante para la vida de un creyente siempre, es lo que nos dice la Palabra de Dios de esta semana: “Escucha, Israel, el Señor es nuestro Dios”. En el Deuteronomio, escuchar a Dios es esencial, es como una profesión de fe en el único Dios verdadero, que está tan cerca y tan preocupado por nosotros, que notamos inmediatamente su amor, su bondad, su cercanía, su fidelidad… que nos sentimos unidos al salmista para cantar: “Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza, mi roca, mi alcázar, mi libertador”.

En el Evangelio se ve cómo Jesús une estrechamente el amor a Dios y el amor al prójimo, nos está pidiendo que abramos los dos oídos, uno para escuchar a los hermanos, y así poder llevarle a Dios sus necesidades, y el otro, para escuchar a Dios y poder iluminar la vida de nuestros hermanos con la voluntad de Dios.

Recordad ahora el Evangelio del domingo pasado, el del ciego que le gritaba desde la orilla del camino a Jesús: “¡Señor, que vea!”. Ya conocéis la respuesta de Jesús: “Tu fe te ha curado”, ¿lo recordáis? Lo que le dijo el Señor fue muy claro: la solución está en ti, te basta la fe. Nada es imposible para el que cree. Escuchad con atención esta semana, porque Dios nos pide una respuesta viva, la fe. La importancia de la fe la vemos frecuentemente en la predicación de Jesús y cómo Él se lo exige a sus discípulos: “Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a este monte: «Desplázate de aquí allá», y se desplazaría, y nada os sería imposible” (Mt 17,20); este es un tema capital, por eso se entiende lo que sucedió en Nazaret, según dice San Mateo, que allí no hizo milagros, por la falta de fe (Mt 13,58). Podéis prestar atención al Evangelio de este domingo y seguro que llegaréis a la misma conclusión: la importancia de escuchar a Dios, fijaos cuando el letrado le dice a Jesús que tiene en cuenta los mandamientos de Dios y prestad atención a la respuesta del Señor: No estás lejos del Reino de Dios.

Que el Señor os ayude a mantener los oídos abiertos para escuchar y dar gracias.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Wed, 31 Oct 2018 13:49:08 +0000
El Señor ha salvado a su pueblo http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/46723-el-señor-ha-salvado-a-su-pueblo.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/46723-el-señor-ha-salvado-a-su-pueblo.html El Señor ha salvado a su pueblo

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Esta semana se nos invita a descubrir que tenemos razones para la alegría y el gozo, porque en las lecturas se recoge la cercanía de Dios con su pueblo, un pueblo al que le ha hecho muchas promesas y que las ha cumplido todas. Lo que canta la Liturgia es precisamente esta grandeza del Señor resaltando el estado de ánimo de los que reconocen que la Palabra de Dios está cumplida: “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. Jeremías se encarga de hacernos ver esto con detalle, apoyado en la historia de su pueblo y no se cansa de animar con himnos de alabanza para que todo el mundo conozca la obra de la salvación que ha realizado Dios. El Altísimo ha intervenido eficazmente porque eran muchas las súplicas de su gente, ha estado cercano a los gritos de Israel que padecía la dispersión en tierra extranjera y derramaba lágrimas de dolor, hasta que el Señor les ha vuelto a reunir. Les ha rescatado por pura misericordia, les ha perdonado de todas sus culpas y los ha purificado de sus pecados.

La Palabra de Dios se vuelve a cumplir: “El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel”. El Señor lo ha vuelto a hacer y ha repetido los prodigios que hizo antiguamente, ha vuelto a liberar a los suyos de las asperezas del camino y de la fatiga y los ha rodeado de ternura y de consuelo, a pesar de sus muchas flaquezas. Es cierto que no han venido como triunfadores, no venían como victoriosos, pero han regresado como salvados, cercanos al corazón de Dios. También en esta ocasión les dispensa el Señor lo necesario para comer y beber, atiende sus necesidades primarias y les traza un camino: el de la fe, la confianza en Dios. Han aprendido de nuevo, que junto a Dios todo es gracia.

Después de estos acontecimientos que nos llenan de esperanza, conviene detenerse en el texto del Evangelio de San Marcos, centrado en la figura de Jesucristo y cómo actúa ante los gritos de un ciego en el camino. Este hombre sí que es un anawin, un pobre de solemnidad, un ciego que tiene que mendigar y arrastrarse por aquellos caminos para pedir limosna a todos los que pasaran. ¡Cuántas personas viven hoy también en los cruces de los caminos solicitando ayuda! ¡Cuántos gritos se lanzan al viento sin que los viandantes reparen en ellos! El Papa Francisco es un profeta y heraldo de la misericordia de Dios, que saca su altavoz cada semana y en muchísimas ocasiones del mes y del año, para llamar nuestra atención y hacernos tomar conciencia de los hermanos pobres y necesitados, para que imitemos el ejemplo de Jesucristo.

El ejemplo más vivo está en Cristo, que sí oyó los gritos del ciego Bartimeo, a pesar de los que pretendían callarlo. Jesús fue compasivo y misericordioso. Él se detuvo para atenderle. Pero reparemos en lo que dice el evangelista que hizo el ciego: se despojó del manto y saltó con energía para llegar a donde estaba Jesús. A esto se le llama confianza, a esto se le llama fe. Pues este hombre se encuentra delante del que tiene poder con su sola Palabra, delante del que tiene poder para curarle sus heridas y enfermedades, delante del que le va a fortalecer la fe con una adhesión incondicional. Dios les conceda oír los gritos de los que están al borde del camino.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 26 Oct 2018 13:05:53 +0000
Invitados a caminar y cambiar. DOMUND http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/46585-invitados-a-caminar-y-cambiar-domund.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/46585-invitados-a-caminar-y-cambiar-domund.html Invitados a caminar y cambiar. DOMUND

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

En este domingo celebramos la Jornada Mundial de las Misiones, el DOMUND, con un lema muy sugestivo: “Cambia el mundo”. Pero, ¿se puede cambiar el mundo? La pregunta se hace inútil si escuchamos la actitud de los jóvenes cuando nos recuerda el Papa Francisco que les hizo esta pregunta en Cracovia: “¿se pueden cambiar las cosas?”. Y los jóvenes le respondieron con fuerza: “¡Sí!”. Pues este es el punto de arranque, así que la conclusión no puede ser otra que hay que animarse a ponerse en camino sin tener miedo a nada. El Papa anima a los jóvenes a hacerse eco de la experiencia de los hombres y mujeres grandes de la Historia de la Salvación, que escucharon el mismo mensaje: “no tengas miedo”. (cf. Jer 1,8). En este día del DOMUND somos invitados a caminar y a cambiar las cosas, para que el mundo se parezca al corazón de Dios. El lema del DOMUND de este año quiere mostrar a todos que la misión y la acción de los misioneros hacen que el cambio del mundo sea posible.

Es importante comenzar por saber que el cambio radical de nuestros comportamientos en la sociedad no es de fuera hacia dentro, sino, al revés, desde dentro hacia fuera, porque lo que tiene que cambiar es nuestro corazón, nuestra manera de ver las cosas, cambiar el orden de nuestros intereses. Leamos la Palabra de Dios de este domingo y detengámonos en el Evangelio donde vemos cómo algunos discípulos se atreven a acercarse a Jesús con una pregunta inoportuna: buscan “colocarse”, asegurarse los primeros puestos, así de sencillos eran ellos. En el fondo fue un comportamiento egoísta, donde sólo miraban su interés sin reparar en nadie, buscaban su gloria, el poder, ser únicos. Me pregunto en qué ha cambiado la condición humana después de tantos años, la respuesta es evidente, si miras a nuestro alrededor y ves los negros nubarrones que tenemos encima.

Lo que nos importa es la respuesta de Jesús. Preguntadle a Nuestro Señor si es posible cambiar las cosas y escucharemos un ‘sí’ tan grande que lo sentirán hasta en el rincón más oculto del mundo. El cambio es posible, pero de una manera diferente a como nos lo imaginamos. Lo primero que nos pide el Señor es que nos fijemos en Él y lo imitemos, que seamos capaces de beber el cáliz que Él mismo va a beber, debemos cargar con la cruz y derramar hasta la última gota de sangre por amor. Aún quedan más cosas que atender: ¿quieres ser grande?, pues ya sabes, tienes que hacerte pequeño, sencillo, humilde, estar atento a las necesidades de los demás, especialmente de los más pobres y necesitados y ser una persona que sabe servir, darse, entregar la vida cada día, como Jesús. ¿Quieres ser el primero? La respuesta de Jesús la ha dejado clara, tienes que ser esclavo. Para entender esto, escucha la primera lectura del profeta Jeremías, que nos habla del Siervo de Yahvé. Así es Jesús y sus palabras no dejan lugar a duda: que el Hijo de Dios no ha venido a ser servido, sino a servir y dar la vida en rescate de todos.

Mucho ánimo a todas las comunidades cristianas que se han dejado interpelar por la causa que propone la Iglesia en este día del DOMUND, a todos los que sueñan con cambiar el mundo y trabajan llevando la luz del Evangelio y tendiendo la mano en el desarrollo de los pueblos y de la gente. Que Dios les bendiga.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 19 Oct 2018 13:04:16 +0000
Sabiduría, Palabra, Caridad http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/46413-sabiduría-palabra-caridad.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/46413-sabiduría-palabra-caridad.html Sabiduría, Palabra, Caridad

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Tres palabras que centran nuestra atención para poder escuchar a Dios en esta semana. La liturgia nos ayuda a levantar el ánimo con esperanza y a replantearnos la vida en actitud de acción de gracias. ¡Cuántos recursos nos ha dado el Señor para salir de los nubarrones que nos amenazan! La persona que ha recibido el don de la sabiduría está en condiciones de ser sensible al hermano, de parecerse a Dios, porque participa de sus criterios, de su corazón misericordioso, de la sensibilidad necesaria para que nada le pase desapercibido. A este tipo de sabiduría es a la que estamos invitados de parte de Dios, a conocer el corazón de Dios para estar muy cerca del corazón de los hermanos y ser portadores de la alegría y de la belleza de la fe. Poder decirle a la gente con la que convives que sólo Jesús capta la necesidad de tu corazón y que no pasa de largo, que siempre se detiene ante la persona en necesidad y que le habla al corazón. Situaciones como estas las vivimos a diario en cantidad de ocasiones. Son muchos los hermanos que viven junto a nosotros que nos solicitan, aunque sea un poco de nuestro tiempo, que les escuchemos. Esta sabiduría es tan necesaria que tenemos que gritarle a Dios para que nos la conceda. El valor de la misma es tanto, que el oro fino comparado con la sabiduría es con un puñado de arena y, a su lado, la plata no pasa de ser barro, dice la Escritura.

Dos cosas nos quedan para reforzar nuestra condición de creyentes: potenciar la escucha de la Palabra de Dios y practicar la caridad. Esto es también sabiduría, lo que se necesita es que seamos diligentes en abrir los oídos, porque necesitamos tener la capacidad de discernir lo que es verdad de lo falso, la movilidad que nos pierde de la serenidad en permanecer en el amor misericordioso de Dios. El Maestro que necesitamos oír es Cristo, cuya Palabra es vida y luz para nuestros pasos. En la segunda lectura de este domingo se nos dicen cosas extraordinarias de la fuerza de la Palabra, que es viva y eficaz, que penetra hasta lo más hondo de nuestro ser para ayudarnos en el discernimiento y en la toma de decisiones, porque Dios abre para nosotros un mundo nuevo, se vuelca con nosotros y nos enseña el camino recto. Estar en Dios es conocer la Verdad. Creer en Dios es estar en la Verdad. Se nos plantea un reto importante, descubrir qué quiere Dios de nosotros, tener la sabiduría para poder acertar en todo y así valorar al hermano, según los criterios de Dios. También es verdad que alguien podría decir: ¿cómo saber, descubrir, conocer... los criterios divinos? Dios se vale de muchas maneras para llevarte a ello, uno tiene que estar atento, eso sí, y centrado en su religiosidad y Dios se encarga de lo demás, Él se encarga de los detalles.

En la lectura del Evangelio aparece una escena muy conocida, la del joven rico. Este texto lo hemos leído muchas veces y seguro que nos ha impresionado la mirada de Jesús al joven, al que le propone una vida más intensa, más apasionante, como es la de entregarte al proyecto de Dios sin que nada lo impida, libre, como “los hijos de la mar”. Pero vemos que cuando nuestro corazón tiene apegos tan fuertes, te impiden ser libre del todo, el resultado es que no eres capaz de ver el verdadero tesoro, el mayor de los bienes, la fuente de agua que salta a la vida eterna, el Camino, la Verdad, la Vida; en fin, que el corazón de piedra es incapaz de la ternura.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Thu, 11 Oct 2018 14:03:41 +0000
La familia es el regalo más bello de Dios http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/46345-la-familia-es-el-regalo-más-bello-de-dios.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/46345-la-familia-es-el-regalo-más-bello-de-dios.html La familia es el regalo más bello de Dios

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

El Papa Francisco nos dice en la Exhortación Apostólica postsinodal, Amoris Laetitia, que la “alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia”, porque la importancia de este don de Dios es tan grande que la influencia de una familia unida y en armonía es un regalo grande para la sociedad y exige de esta un adecuado reconocimiento y apoyo. Esta es la doctrina que arranca del Concilio y que es sostenida en la vida de la Iglesia y en la sociedad. Las lecturas de este domingo nos hablan de la grandeza del matrimonio, cuyo autor es el mismo Dios –dice el Concilio–, al matrimonio lo ha dotado con bienes y fines varios, todo lo cual es de suma importancia para la continuación del género humano, para el provecho personal de cada miembro de la familia y su suerte eterna, para la dignidad, estabilidad, paz y prosperidad de la misma familia y de toda la sociedad humana.

Los cristianos que conocemos el maravilloso proyecto del matrimonio y de la familia, que nace del corazón misericordioso de Dios, tenemos la misión de ser visibilidad de Cristo y visibilidad incluso existencial con responsabilidad para reflejar en nuestra vida a Cristo Resucitado. En el matrimonio y en la familia se puede vivir con generosidad la dimensión del amor, del servicio, la bondad, el apostolado, la ayuda, la solidaridad y la escucha al otro... y todo esto debe hacer presente a Cristo, más en esta época donde existe un manifiesto empeño de arrinconar a Dios lejos de la vida de los hombres. La familia tiene repercusiones sociales y es para la sociedad una buena noticia, dice el Papa Francisco, porque en familia se nos hace capaces de vivir el amor hasta el final superando todas las dificultades. El sucesor de Pedro tiene unas palabras muy hermosas sobre la familia en la Exhortación Apostólica citada, y nos dice que “querer formar una familia es animarse a ser parte del sueño de Dios, es animarse a soñar con él, es animarse a construir con él, es animarse a jugarse con él esta historia de construir un mundo donde nadie se sienta solo” (AL 321). Y esto es ¡una preciosa aventura!

¡Qué bendición sería para esta sociedad si fuéramos capaces de descubrir lo positivo de este regalo de Dios! Descubrir que el matrimonio es una vocación, que como sacramento, conduce a la santificación y a la salvación de los esposos. El Papa insiste de manera fuerte y decidida sobre el hecho de que en la naturaleza misma del amor conyugal está la apertura a Dios, que sostiene nuestra vida, nos defiende en las dificultades y nos ha regalado el don de la familia: «La alegría matrimonial, que puede vivirse aun en medio del dolor, implica aceptar que el matrimonio es una necesaria combinación de gozos y de esfuerzos, de tensiones y de descanso, de sufrimientos y de liberaciones, de satisfacciones y de búsquedas, de molestias y de placeres, siempre en el camino de la amistad, que mueve a los esposos a cuidarse: ‘se prestan mutuamente ayuda y servicio’» (n. 126).

En el horizonte del amor, esencial en la vida del matrimonio y la familia, se destaca la virtud de la ternura. Que el Señor os bendiga y os salve todos los días de vuestra vida.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 05 Oct 2018 12:15:51 +0000
Los mandamientos del Señor alegran el corazón http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/46224-los-mandamientos-del-señor-alegran-el-corazón.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/46224-los-mandamientos-del-señor-alegran-el-corazón.html Los mandamientos del Señor alegran el corazón

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

El salmo que se proclama esta semana en la Palabra del Señor es un canto a la grandeza de Dios, porque nos conduce a un conocimiento más hondo y más grande de su corazón. Es una hermosa alabanza dedicada al espectáculo de la creación del cielo y de la tierra, que es como un libro abierto donde se leen con claridad los mandamientos del Señor, que alegran el corazón, que dan luz a los ojos de la mente y que son descanso del alma. Creo que escuchar esta palabra nos vendrá bien, porque en el medio ambiente donde vivimos hay demasiados nubarrones que nos impiden ver con claridad. En el fondo, somos nosotros los culpables de esto, porque le hemos dado la espalda a Dios, le hemos cerrado la puerta de nuestra posada y no le hemos permitido entrar, así que el horizonte que ven nuestros ojos está nublado y, a veces, demasiado negro. Son muchas las oscuridades que nos rodean, porque muchos son nuestros pecados a los que les hemos abierto la puerta de par en par y esto no trae ni paz, ni descanso. ¡Cuánto sufrimiento y cuánto dolor siembran nuestros pecados!

Los preceptos del Señor instruyen a los ignorantes, sigue diciendo el salmista, por esto la esperanza de salir del mundo de las sombras es posible y ver la luz de Dios será un hecho. Si escuchamos de nuevo la primera lectura de este domingo podremos comprobar hasta dónde llega el poder de Dios, que repartió el don del espíritu de Moisés sobre los setenta ancianos, cosa que alegró sinceramente a Moisés. Este acontecimiento es un anuncio profético de la efusión del Espíritu Santo sobre los discípulos de Jesús en Pentecostés. Recordad el himno de esa solemnidad: “Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre, don en tus dones espléndido, luz que penetra las almas, fuente del mayor consuelo”. La acción mesiánica y profética del Espíritu, desde el Antiguo Testamento, no es sólo realidad presente, sino que es promesa escatológica y don universal. Esta promesa se anuncia en Isaías para el Siervo de Yahveh: “Reposará sobre él el Espíritu de Yahveh, espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Dios” (Is 11,2). Se anuncia que quien tenga el Espíritu tiene asegurada la fidelidad (Ex 39,29) y que el don del Espíritu es universal, para todo hombre de cualquier raza y condición (Ac 2,23; Ef 1,2).

El texto del Evangelio es impresionante, precisamente porque tiene una gran actualidad. Quien lo escuche no podrá quedarse sin entrar en el dolor que embarga hoy a la Iglesia a causa de los pecados de abusos, que tanto nos escandalizan y tanto sufrimiento están sembrando. La Palabra es fuerte, porque habla directamente y sin rodeos, que es preferible morir antes que escandalizar a los hermanos, especialmente a los más débiles. La necesidad de la conversión es una tarea urgente. Las apariencias, las caretas, el engañar queriendo manifestar lo que no somos en realidad es un pecado y hay que pedir perdón con el firme propósito de cambiar. Que obras son amores, que obras quiere el Señor, obras de justicia, de rectitud, obras de caridad, con la verdad por delante, haciendo siempre el bien. Este es el consejo de Santa Teresa de Ávila: dos cosas nos pide el Señor: “amor de su majestad y del prójimo”; “la más cierta señal que, a mi parecer, hay de si guardamos estas dos cosas, es guardando bien la del amor del prójimo; y estad ciertas que mientras más en éste os viereis aprovechadas, más lo estáis en el amor de Dios” (5 moradas 3,7.8.).

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

]]>
no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 28 Sep 2018 12:41:08 +0000