Cartagena Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://odisur.es Sun, 24 Jun 2018 22:26:03 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es Nacimiento de San Juan Bautista http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/45137-nacimiento-de-san-juan-bautista.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/45137-nacimiento-de-san-juan-bautista.html Nacimiento de San Juan Bautista

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Celebramos en este domingo la solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista, el hombre que Dios había designado como el precursor de Jesús. Este día es muy popular, mucha gente lleva el nombre del que es el último profeta del Antiguo Testamento y precursor del Mesías. Juan, el Bautista, cumplió un papel importante preparando los corazones de todo el pueblo para que pudieran acoger al que de verdad venía con palabras de Vida, él invitaba a abrir los oídos y a escuchar a Dios con confianza, porque la Palabra es fuente de vida. “La Palabra de Dios es como un canto a varias voces, en cuanto Dios la pronuncia de muchas formas y de diversos modos (cf. Hb 1, 1), dentro de una larga historia y con diversidad de anunciadores, pero donde aparece una jerarquía de significados y de funciones”, con estas palabras definió el documento de preparación del Sínodo de Obispos a la Palabra de Dios.

San Juan Bautista fue el hombre que predicó en el desierto, el valiente que anunciaba sin complejos las grandezas y misericordias de Dios, el que abrió el camino a la esperanza más bella: Cristo. Su pedagogía fue la palabra, hablar de Dios sin cansarse. El pueblo de Israel tenía práctica en la escucha de Dios, por eso se insiste tanto a los oyentes que formaran el nuevo pueblo de Dios, que espabilaran el oído. En la espiritualidad cristiana se nos dice que la Palabra de Dios es alimento para nuestra vida cuando nos acercamos a ella, que uno se alimenta de la Palabra cuando la escucha y cuando la pone en práctica. Conviene repasar la enseñanza del autor de la Carta a los Hebreos: “La Palabra de Dios es eficaz y más cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta las fronteras entre el alma y el espíritu, hasta las junturas y médulas; y escruta los sentimientos y pensamientos del corazón” (Hb 4, 12). La Palabra acompaña al hombre desde la creación hasta el fin de su peregrinación en la tierra.

Aprovechemos que estamos celebrando esta fiesta solemne para abrir la Sagrada Escritura y entrar dentro del Misterio de Dios Amor, de Dios Entrega, de Dios Santificador y hagamos familiar este encuentro. ¿No os parece que llevan razón los maestros de espiritualidad cristiana cuando nos invitan a conocer a Dios para amarle? Pues, de qué mejor manera que de la propia Palabra que “ilumina la vida del hombre, indicándole el camino a seguir especialmente a través del Decálogo, que Jesús ha sintetizado en el mandamiento del amor a Dios y al prójimo (cf. Mt 22,37-40). Las Bienaventuranzas (cf. Lc 6, 20-26) constituyen el ideal de la vida cristiana vivida en la escucha de la Palabra de Dios, que escruta los sentimientos de los corazones, inclinándolos hacia el bien y purificándolos de aquello que es pecaminoso”.

Haced silencio interior para escuchar a Dios, buscad un lugar apropiado para sumergirnos en la lectura pausada, lejos de los ruidos habituales, fuera de las urgencias que impone la vida: ¡hay que darse tiempo y un corazón con ganas de escuchar a Dios!”. Nuestra actitud es de respuesta a Dios, de dejar que la Palabra empape todo nuestro ser, dejándola fructificar (Is. 55,10) con frutos de fe, esperanza, caridad y perseverancia.

¡Feliz domingo!

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 22 Jun 2018 13:16:43 +0000
Necesitamos escuchar a Dios http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/44878-necesitamos-escuchar-a-dios.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/44878-necesitamos-escuchar-a-dios.html Necesitamos escuchar a Dios

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Las lecturas de la Palabra de Dios de esta semana nos proponen una serie de temas de mucha fuerza, a los que tenemos que prestar atención, porque nos llevan a hacer silencio y revisar nuestra manera de proceder, a gritarle a Dios desde lo hondo, para que escuche nuestra voz. Lo que nos hace gritar a Dios es la necesidad que tenemos de Él, la gracia de haber descubierto que está presente en nuestra vida y que no se ha desentendido de nosotros. Dios está aquí, con nosotros, otra vez más, el Señor que nos perdona, que nos escucha, el Dios de la misericordia y de la redención copiosa. En definitiva, la Palabra nos propone la fortaleza de la fe, fiarte de Dios en todo momento, para lo cual, la segunda lectura de San Pablo nos está dando pistas para la confianza. Nos dice San Pablo que no nos fiemos de lo que se ve, sino de lo que no se ve; que lo que se ve es transitorio, mientras que lo que no se ve es eterno. Creo que llevaba razón Antonie de Saint-Exupéry, cuando decía que “lo esencial es invisible a los ojos”. Dios es el fundamento de nuestra vida, por eso, no debemos poner la atención en nada que muera, sino en el que da la Vida eterna…

Nuestra condición humana es transitoria, a veces muy mezquina, leemos en la primera lectura de este domingo, señalando al yo como responsable, porque pone la mirada sólo en nosotros mismos. El texto narra el proceso de un desagradecido. Veamos la secuencia de esta historia, que puede ser la tuya o la mía: Adán, después de desobedecer a Dios, oyó que el Señor le llamó, pero no contestó, no dijo nada, y huyó. Aparece con excusas: “oí tu voz, tuve miedo porque estaba desnudo y me escondí…”. En un segundo momento, le echa la culpa a Eva: “la mujer que me diste como compañera me dio a comer de la fruta prohibida”; también la mujer hace lo mismo, “fue la serpiente…”. Siempre es la misma historia, lo tienes todo, pero te alejas, cierras los oídos, desobedeces a Dios, huyes y cuando te enfrentas al Señor, comienzan las excusas… La respuesta a esta situación es clara, el problema no está en los otros, sino en uno mismo, las excusas no valen, porque tú no has sido capaz de permanecer en fidelidad a la palabra dada, en el amor de Dios, que te ha colmado de todo lo necesario y te has permitido el lujo de tirarlo, de rechazarlo, hundiéndote en la miseria y alejándote de la fuente del agua viva… Oyes a Dios, pero cuando pecas cierras los oídos y no escuchas, te escondes, te alejas. Ya ves, el problema no es Dios, sino uno mismo. Afortunadamente, Dios da muchas oportunidades para volver la mirada a Él: “Desde lo hondo a ti grito, Señor, que de ti procede el perdón”. Después de todo, aún recuerdas que Dios es misericordioso y perdona, que puedes volver, porque Dios sabe esperar.

Busca un momento de tiempo para ti y haz silencio, lo necesitas cada día. Háblale a Dios, que te escucha y pídele la valentía de saber hacer su voluntad. Este es el lazo que te une a Nuestro Señor, la confianza para hablarle, la fe para fiarte y entrar en la intimidad de su corazón misericordioso. Ten el empeño en poner siempre la voluntad de Dios en el centro de tu corazón. Esta es la lección que nos da Jesús, la que hemos visto que ha practicado Él, porque siempre ha hecho la voluntad del Padre, ese ha sido su alimento.

Escucha la voz de Dios e imita a Jesús.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 08 Jun 2018 11:33:52 +0000
Solemnidad del Corpus Christi http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/44725-solemnidad-del-corpus-christi.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/44725-solemnidad-del-corpus-christi.html Solemnidad del Corpus Christi

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Comencemos a deshojar los más bellos pétalos de los claveles y rosas para el Amor de nuestros amores, esencial ejercicio para primorosas manos enamoradas, a las que invito a elevar oraciones al Altísimo por todos los que van a contemplar a Nuestro Señor por las calles del pueblo o de la ciudad. Niños y mayores, al paso de la custodia, siembran de color la vida. La procesión del Corpus es una catequesis sin palabras, es el mismo Jesús sacramentado al que vemos. Todos debemos salir a la calle y participar en la procesión, no tengáis vergüenza, que la Eucaristía es la fuente de la vida cristiana, pues quien participa de ella recibe el impulso y la fuerza necesaria para vivir como auténtico cristiano. La ofrenda de Cristo en la cruz, hecha presente en el sacrificio eucarístico, comunica al creyente su dinamismo de amor generoso; el banquete eucarístico nutre a los fieles con el Cuerpo y la Sangre del Cordero divino, inmolado por nosotros y les da la fuerza para 'seguir sus huellas' (Cfr. 1 Pe 2, 21 ). En los Hechos de los Apóstoles se destaca cómo los que habían acogido la fe, «partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón» (Hch 2, 46). Es muy importante destacar que la Eucaristía impulsa a la comunidad de los discípulos hacia ese horizonte fraterno al que estamos llamados, a vivir como don y tarea permanente el amor samaritano.

La participación en la Eucaristía lleva a los convidados a la caridad de Cristo, que vino a buscar lo que estaba perdido, a reunir a los hijos de Dios dispersos y a dar un puesto de honor a los más vulnerables e indefensos. Jesús es el modelo perfecto de amor, por eso nos puede pedir que seamos generosos, entregados, de corazón grande… La solemnidad del Corpus actualiza nuestra identidad, la vida en caridad. Abrid los ojos y veréis que es posible esta forma de vivir, asomaos a las actividades de Cáritas y comprobaréis que la gente que trabaja por los más necesitados son tus vecinos, tus amigos, gente normal que se ha creído la fuerza que tiene la caridad y, sencillamente, se fía de Dios ofreciéndose a sí mismo en tareas de servicio.

La Iglesia no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir los Sacramentos y la Palabra. La razón de esta realidad y de este estilo de vida la encontramos en el evangelista San Juan: “Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros” (1Jn 4,11). Esto lo entendieron perfectamente las primitivas comunidades cristianas que se tomaron muy en serio la comunicación cristiana de bienes y también la necesidad de la conversión personal y comunitaria… “todo lo tenían en común”, eran un “solo corazón y una sola alma”.

Espero que cuantos celebramos este domingo el sacramento de la Eucaristía tengamos los ojos abiertos para ver la aflicción de los que sufren, oídos atentos para escuchar su clamor y un corazón sensible para compartir en el amor sus sufrimientos y esperanzas. La Iglesia debe cuidar la gran responsabilidad de ser en el mundo signo vivo del amor de Dios por medio de la caridad. Hoy es importante que apoyemos a Cáritas y que colaboremos en todo, porque así defendemos la causa del hombre y su dignidad.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 01 Jun 2018 15:15:25 +0000
Solemnidad de la Santísima Trinidad http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/44590-solemnidad-de-la-santísima-trinidad.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/44590-solemnidad-de-la-santísima-trinidad.html Solemnidad de la Santísima Trinidad

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

En este solemne día, la Iglesia conmemora en su liturgia el misterio más profundo de nuestra fe, el Misterio de Dios. “Desde el corazón de la Trinidad, desde la intimidad más profunda del misterio de Dios, brota y corre sin parar el gran río de la misericordia… la misericordia de Dios no tiene fin. Es tan insondable, es la profundidad del misterio que encierra, tan inagotable la riqueza que de ella proviene” (cf. Bula Misericordiae vultus, 25). Misericordia es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad, es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro, es la vía que une a Dios y al hombre. Desde el amor misericordioso que nos ha enseñado Jesucristo con sus palabras y obras podemos ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios. ¡Esta es la fiesta del amor supremo de Dios a los hombres!

Al contemplar la obra de la creación, que ha salido de las manos del Señor, no podemos sino bendecirle y saltar de gozo, porque ha estado grande. El Padre Dios ha montado, por pura misericordia, una Historia de Salvación en la que los beneficiarios somos nosotros. El Padre se revela en su Hijo Jesucristo y, por medio de Él, nos reconcilia consigo perdonándonos los pecados y haciéndonos hijos también (2Co 5). La belleza de la Historia de la Salvación se percibe en el amor derrochado, porque le hemos costado muy caro a Dios, que ha permitido la muerte de su Hijo Jesús, que acampó en medio de nosotros, haciéndose uno de tantos y enseñándonos a amar de verdad.

En el texto del Evangelio de este domingo, Jesucristo nos promete el Espíritu Santo a todos los que crean en Él (Jn 7,39; 20,22; Ac 2,33) con una tarea muy concreta, pero intensa y rica en matices: se trata del Espíritu que nos guiará a la Verdad plena; nos comunicará lo que pertenece al corazón de Dios; Cristo mismo envía el Espíritu para que permanezca en los discípulos y así den testimonio (Jn 14,16-17); el Espíritu glorificará a Jesús, que lo comunica para que a los evangelizadores no nos falte ni la fortaleza, ni el coraje.

En este día muchas órdenes religiosas renuevan su consagración total y definitiva a Dios, le vuelven a decir al Señor que les siga dando la fuerza necesaria para no decaer en su voluntad de ofrecerse, de entregarse para siempre. Felicidades hermanas y hermanos, felicidades por vuestra vida llamada a la santidad en la oblación y muchas gracias por vuestras oraciones y sacrificios por la Iglesia, por nuestra Iglesia. Los contemplativos habéis sabido elegir, aunque el mundo no entienda vuestro estilo de vida, porque el mundo no conoce el amor, el mundo duda si el amor es posible, más cuando tantos fracasos soporta por la cantidad de rupturas afectivas, desilusiones, sentimientos quebrados y traicionados… Pero el amor sí es posible, por eso os valoramos y os queremos, hermanas, tened por seguro que hoy seremos nosotros los que rezaremos por todas vosotras y pediremos que Dios abra los ojos a cuantas chicas mejor para que descubran la fuente del verdadero amor, que descubran a Dios y no tengan miedo de decirle un ‘sí’ muy grande que les dé sentido a sus vidas.

Feliz domingo.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 25 May 2018 14:19:43 +0000
Espíritu Santo, Padre amoroso del pobre http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/44434-espíritu-santo-padre-amoroso-del-pobre.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/44434-espíritu-santo-padre-amoroso-del-pobre.html Espíritu Santo, Padre amoroso del pobre

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes

Jesús cumple su palabra y envía el don del Espíritu Santo a sus discípulos, para que les conceda el don de la sabiduría y puedan conocer mejor a Dios y sus planes de salvación. El Espíritu alentará e infundirá vigor a los discípulos en las circunstancias difíciles para que puedan dar testimonio de Cristo en el mundo, incluso en medio de las persecuciones. El Espíritu será el guía para el camino de todo discípulo, porque nos llevará a la verdad completa (cf. Jn 16,12-13b) con una comprensión amplia y transparente de los tiempos nuevos a la luz de Cristo.

Se utilizan en el texto de la primera lectura, la de los Hechos de los Apóstoles, una serie de imágenes, “viento impetuoso y lenguas como de fuego”, que nos están hablando de una fuerza irresistible, de universalidad. Nos está hablando la Palabra de Dios como de una segunda creación, de un derramamiento grande de la presencia e intervención de Dios en el mundo, que nos abre posibilidades enormes, con capacidad de instaurar un mundo nuevo, en comunión y en paz. Nosotros estamos llamados a construir ese mundo nuevo, a colaborar con la gracia de Dios. Para esto se ha hecho presente Jesús Resucitado, el Espíritu Santo y la voz de Dios. Dios mismo nos ofrece este Plan de Salvación, este mundo nuevo y esta nueva creación. La preparación de esta historia bella ha sido larga, estaba implicado el Altísimo, Jesús Resucitado se ha manifestado siempre ofreciendo la paz, valorando la dignidad de la humanidad a quien quiere ofrecer la salvación. Dios se ha comprometido con la causa del hombre y nos hace ver la importancia de convertirnos en misioneros del Evangelio. Cuenta el Señor con criaturas débiles, pero nos asegura que la fuerza que nos acompaña es grande, es la fuerza del amor.

Hay trabajo para todos en este mundo complejo y difícil. Os animo a un serio trabajo evangelizador, como apóstoles laicos, a promover la dignidad de la persona, para devolverle la alegría de conocer a su creador; en este campo tenemos mucho trabajo que hacer, pensad en los inmigrantes que se juegan la vida en el mar, sin contar las numerosas víctimas habidas; el alcohol haciendo estragos entre los niños y jóvenes; las drogas de diseño; la violencia, que se cobra cada vez más víctimas; las personas o grupos humanos que se sienten descalificados por los nuevos ritmos de la vida y complejidades de nuestra sociedad... Otro tema que llevamos mal es la indiferencia y el pasar de los otros, especialmente de los más débiles y pobres, por eso hay que trabajar en respetar el derecho inviolable a la vida, que somos imagen y semejanza de Dios. Posiblemente la tarea más difícil que tenemos es la defensa de la libertad para invocar el nombre del Señor, porque en países de tradición católica, como el nuestro, también cuesta entender la necesidad de respeto a tu condición de creyente, como persona religiosa. En cuarto lugar, debemos cuidar de la familia, sometida a tantas presiones, especialmente se debe respetar el derecho de los padres a educar a sus hijos, sin que se vean presionados por imposiciones de tipo totalitario y que afectan al crecimiento de la personalidad de sus hijos en etapas muy tempranas.

Si Dios nos habla de amor, nos está pidiendo la solidaridad que se sostiene en la caridad… Atendamos este domingo a las lecturas de la Palabra con corazón abierto.

¡Feliz Pentecostés!

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 18 May 2018 11:52:33 +0000
El Señor ascendió a lo más alto del cielo http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/44328-el-señor-ascendió-a-lo-más-alto-del-cielo.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/44328-el-señor-ascendió-a-lo-más-alto-del-cielo.html El Señor ascendió a lo más alto del cielo

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Este domingo celebramos la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo, cuando cuarenta días después de la Resurrección fue elevado al cielo en presencia de los discípulos, sentándose a la derecha del Padre, hasta que venga en su gloria a juzgar a vivos y a muertos. Lo más grande de la fe es que nos asegura la certeza de saber que Dios permanece con nosotros, porque es fiel. A esto mismo nos urge San Agustín cuando dice: “Nuestro Señor Jesucristo ascendió al cielo tal día como hoy; que nuestro corazón ascienda también con Él (…). No se alejó del cielo, cuando descendió hasta nosotros; ni de nosotros, cuando regresó hasta el cielo”. No temáis, no estamos solos: Jesucristo nos prometió el Espíritu Santo a todos los que crean en Él (Jn 7,39; 20,22; Ac 2,33). En los santos evangelios estamos leyendo en estos días la promesa de Dios de que no nos quedaremos solos, de que el amor del Padre abarca toda nuestra realidad y nos cuida hasta en los mínimos detalles y Jesús mismo nos dice que si permanecemos con Él, Él permanecerá con nosotros. Los evangelistas nos hablan en este tono. San Juan nos dice que Cristo mismo enviará al Espíritu para que permanezca en los discípulos y así den testimonio (Jn 14,16-17); San Lucas sitúa el don del Espíritu en la perspectiva de la Historia de la Salvación (Lc 24,49); en los Hechos de los Apóstoles Jesús comunica el Espíritu Santo para el testimonio (Ac 1,8); y la promesa se hace realidad a partir de la Resurrección.

San Pablo, en la carta a los Gálatas, invita a los creyentes a seguir bajo la acción del Espíritu para verse libres de las apetencias de la carne, de la ley y vivir con los criterios de Dios (Gal 5, 16.18.25). Pablo tiene muy claro que antes de ser prisionero de sus enemigos, lo es del Espíritu, prefiriendo serle dócil aunque tenga que perder su libertad de acción. Ni la pérdida de libertad, ni el sacrificio de la propia vida es comparable con la fidelidad a los planes de Dios. En las epístolas se nos permite penetrar más hondamente en el alma del apóstol. La unidad de Pablo con Cristo es más fuerte que el aprecio a la propia vida, por eso reacciona así ante el hecho posible de la muerte y puede llegar a decir que no soy yo, sino que es Cristo quién vive en mí (Gal 2,19-20). En el pensamiento de Pablo el vivir o el morir no importa, lo que importa es la gloria de Cristo. Para esta reacción le ha preparado el Espíritu de Jesús.

Al igual que los discípulos y testigos del Señor, nosotros somos herederos de esta promesa que se cumple, por eso, nuestro ánimo tiene que estar centrado en la misión, en ser un verdadero apóstol de Jesús, confiando en el Espíritu Santo. Los creyentes debemos experimentar en nuestro ser que Cristo está vivo y operante. Sí, que su presencia viva, operante y salvífica continúa en la Iglesia siempre. La Ascensión no está marcándonos un final, las puertas cerradas a la vida, sino todo lo contrario, las ha dejado el Señor abiertas y muestran un nuevo inicio con una comunión mucho más profunda con el Señor, una comunión que será plena al final de los tiempos.

¡Venga! Mira a lo alto, eleva tu corazón y dirige tus ojos al cielo, donde está Cristo a la derecha del Padre. Nuestro corazón está más ligado que nunca al Señor. Ahora, a hacer las cosas como Jesús, hasta dar la vida por amor.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 11 May 2018 11:31:56 +0000
La vid y los sarmientos http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/44089-la-vid-y-los-sarmientos.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/44089-la-vid-y-los-sarmientos.html La vid y los sarmientos

Carta de obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

"Permanecer en mí, como yo en vosotros" (Jn 15, 4). Existen palabras que te tumban, que son para recordarlas siempre y una de ellas la escucharemos en este texto del Evangelio: permanecer. Esta palabra de la parábola de la vid y los sarmientos configura lo que, por voluntad de Cristo, debe ser la Iglesia en su estructura interna. El permanecer en Cristo significa un vínculo vital con Él, fuente de vida divina. Cristo llama a la Iglesia a la existencia y su deseo es que sea una comunidad de creyentes vivos. Le hemos oído decir a Jesús que el que permanece en Él dará mucho fruto y la clave de esta experiencia de cercanía está, pues, en saber permanecer, en quedarte con el Señor y no dejarte llevar por cualquier viento de doctrina, como diría San Pablo. Si hubiera que definir la sabiduría hoy, sin duda tendría que ser en estos términos: el que ha decidido permanecer. Esta propuesta del Señor no es una aventura fácil, porque permanecer fiel a tus semejantes, a los compromisos asumidos, a tus ideales o al mismo Dios, es imposible, si cuentas tan sólo con las propias fuerzas. Pero, como dice Von Balthasar, "la fidelidad del hombre implica la fidelidad de Dios, pues el deseo humano de fidelidad no se realizaría nunca si no contara con Él". Por eso, podemos estar seguros que Dios es fiel y que nos ayudará a saber permanecer.

El Buen Pastor sigue saliendo a los cruces de los caminos y sigue invitándonos a seguirle. Seguir a Jesús significa muchas veces no sólo dejar las ocupaciones y romper los lazos que hay con el mundo, sino también distanciarse de la agitación en la que te encuentras e incluso dar los propios bienes a los pobres. Pero es una aventura que atrae especialmente, en el fondo te sientes seducido por el Señor de tal manera que es imposible decirle que no. No todos son capaces de hacer ese desgarrón radical: no lo hizo el joven rico, a pesar de que desde niño había observado la Ley y quizá había buscado seriamente un camino de perfección, pero "al oír esto (esa invitación de Jesús), se fue triste, porque tenía muchos bienes" (Mt 19, 22; Mc 10, 22). Sin embargo, otros no sólo aceptan el "sígueme", sino que, como Felipe de Betsaida, sienten la necesidad de comunicar a los demás su convicción de haber encontrado al Mesías (Cfr. Jn 1, 43 ss.). Este fenómeno es común, sentir la necesidad de seguirle, estar preparado para ponerse en camino, aunque sabes las condiciones de una manera nítida: "El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Pues el que quiera salvar su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la salvará..." (Mt 16,24-25).

A quien llama el Señor hoy sabe perfectamente a lo que se expone, conoce lo que le pide Dios. Estamos en una época martirial, de persecuciones y de críticas, una época en la que es preciso ofrecer, al mismo tiempo que la palabra, un verdadero testimonio de vida. Recordad cómo en medio de la tormenta invitó Jesús a sus discípulos a la serenidad y a la confianza, porque Él estaba con el grupo en la misma barca ¿no creéis que nos está diciendo lo mismo hoy a nosotros?: "No tengáis miedo, hombres de poca fe…". Os pido que oréis con San Francisco de Asís: "Dios mío, concédeme serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar; valor para cambiar lo que puedo; y sabiduría para reconocer la diferencia".

Mucho ánimo y a permanecer en Dios, que nos da la fortaleza.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 27 Apr 2018 12:08:53 +0000
Jesucristo es el Buen Pastor http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/43955-jesucristo-es-el-buen-pastor.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/43955-jesucristo-es-el-buen-pastor.html Jesucristo es el Buen Pastor

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

En la liturgia de este domingo se utiliza una imagen bellísima para expresar el papel de Nuestro Señor, se le llama Buen Pastor. Lo que nos aporta esta imagen es de tal importancia y tan rico de contenido que no ha podido pasar desapercibida. En el Antiguo Testamento se esperaba al Mesías con las características del Buen Pastor, uno que conozca a sus ovejas, que las alimente, las defienda del enemigo; que busque la oveja perdida; que esté cercano a cada una de ellas; que las lleve a buenos pastos, les asegure el refugio y sea capaz de dar la vida por ellas... El Buen Pastor es Jesucristo. Los mayores todavía recordarán la bonita costumbre de saludar ese día al párroco, porque él hace de buen pastor para su pueblo, al estilo de Jesús, es una manera de reconocerle su misión, sus desvelos y trabajos por servir al pueblo de Dios que le ha sido encomendado. Quizás esta costumbre se haya perdido en muchos sitios, pero no estaría mal pedirle al Señor por vuestro párroco. Este es el mejor regalo que un sacerdote recibe, que se acuerden de orar a Dios para que nos fortalezca en la vocación recibida y seamos fieles a la tarea de evangelizar. Se trata simplemente de agradecer al hombre que, con generosidad, ha consagrado su vida por vosotros y no se cansará nunca de decirle al Señor que sí.

El Concilio Vaticano II, en el Decreto sobre los sacerdotes, dice cosas muy bonitas de la identidad sacerdotal: “Rigiendo y apacentando el Pueblo de Dios, se ven impulsados por la caridad del Buen Pastor a entregar su vida por sus ovejas, preparados también para el sacrificio supremo, siguiendo el ejemplo de los sacerdotes que, incluso en nuestros días, no rehusaron entregar su vida”. La maravilla que encierran estas palabras: el sacerdote ha sido llamado por Cristo para ser un buen pastor. Sabéis que no son tiempos fáciles y que existen peligros de todo tipo para que nos olvidemos de nuestra misión, dejándonos llevar por las corrientes de moda; pero un sacerdote está en vela, atento para que nada ni nadie rompa nuestra intimidad con Dios, cuida y vigila para que sus feligreses se alimenten de la Palabra de Dios y de los Sacramentos. La caridad pastoral lleva al presbítero a no tener tiempo para sí mismo, porque ya no se posee, le pertenece a otro: a Dios y, por Él, a sus hermanos. Pero el sacerdote es un hombre, tan frágil y débil como los demás, su fuerza le viene de estar muchas horas delante del Santísimo, las raíces de su vida están en Cristo; es un hombre de plegaria sincera y confiada, porque es plenamente consciente de que si quiere evangelizar, antes debe pasar el Evangelio por su corazón en el silencio de la plegaria. El sacerdote ha aprendido del Buen Pastor que no es el centro de la comunidad, sino su servidor.

No me resisto a ofreceros unas palabras de la homilía del Beato Papa, Pablo VI, en la celebración de la ordenación sacerdotal de unos jóvenes diáconos. Les decía: “El sacerdocio no es para quien está investido de él; no es una dignidad solamente personal; no es fin en sí mismo. El sacerdocio está destinado a la Iglesia, a la comunidad, a los hermanos; está destinado al mundo… El sacerdocio es apostólico… es misionero. El sacerdocio es ejercicio de mediación. El sacerdocio es esencialmente social… Cada uno de vosotros deberá repetirse a sí mismo: yo estoy destinado al servicio de la Iglesia, al servicio del pueblo. El sacerdocio es caridad… Sabed escuchar el gemido del pobre, la voz cándida del niño, el grito expresivo de la juventud, el lamento del trabajador fatigado, el suspiro del que sufre y la crítica del pensador. ¡No temáis!”.

Gracias. Dios os bendiga.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 20 Apr 2018 12:17:07 +0000
El Resucitado es el crucificado http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/43843-el-resucitado-es-el-crucificado.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/43843-el-resucitado-es-el-crucificado.html El Resucitado es el crucificado

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Escuchamos en la primera lectura de este domingo un relato de curación de los primeros discípulos de Jesús, poco después de la Resurrección. Ya estamos viendo cómo las palabras que les dijo el Señor, sobre la posibilidad de que ellos hagan obras prodigiosas, se están cumpliendo y con creces. Dice el texto que la gente se quedaba admirada y que San Pedro tomó la palabra para explicarles con qué autoridad hacían esto, con el poder del “nombre de Jesús”. Aprovecha San Pedro para abrirles los ojos acerca de quién era el que mataron en la cruz y que resucitó. Pedro les decía que el Resucitado era el crucificado y para que aprendieran de esta experiencia que sólo en el nombre de Jesús se pueden realizar prodigios, exhortar con autoridad al arrepentimiento y a la conversión para que les sean perdonados todos sus pecados. Es Jesucristo Resucitado el que actúa.

En aquellos momentos era importante que la gente se definiera, porque la predicación de Jesús y su misma Pasión fueron determinantes para que tuvieran criterio y dieran el paso adelante. Sin embargo, muchos seguían manteniendo un rechazo frontal, precisamente “los justos”, entre esos buenos había gente que era la legítima autoridad, los representantes de Dios. Estos "buenos" que condenaron a Jesús, han hecho de su manera de entender la religión valores absolutos y “cuando los hombres forjamos absolutos, acabamos crucificando al Absoluto”. Lo triste fue que Jesús en esos momentos dramáticos se quedó solo y abandonado. Pero Él nos dio ejemplo de fidelidad al Padre y de que en su desierto interior, mantuvo la confianza absoluta en Dios Padre. Esta es la lección práctica para nosotros, que desde el abandono aparente de Dios siempre se notan los brazos del Padre. Es el momento para pensar que en nuestra vida también tenemos muchos silencios de Dios, tinieblas en la oración, incomprensiones de la gente o situaciones en las que no nos vemos animados... Pues ahí está Jesús, nuestro modelo, el Señor fiel, que sabe permanecer.

El Señor acepta ser derrotado por la ceguera humana, el Padre deja morir a su Hijo y no envía legiones de ángeles para reparar... Es como si Dios se dejase expulsar del mundo, de nuestras vidas.

Dios, otra vez, se ha hecho presente en forma de debilidad. Jesús acepta que su entrega dolorosa sea condición para el hombre nuevo, para la nueva humanidad. Por haber sufrido puede ayudar.

De estos relatos pascuales de las apariciones de Jesús a sus discípulos, la actitud más sobresaliente es la alegría. Ya veis qué es lo que recogieron los primeros cristianos como herencia pascual.

Se trata de una alegría que afecta a toda la persona. Nos toca en el centro mismo del ser y se irradia a la totalidad, por esto nos sobrecoge y nos deja sin palabras (Lc 24, 28-32; Jn 21, 1-4).

Aquello fue tan fuerte que pudo ser transmitido. Nosotros vivimos la fe de aquella fuerte experiencia. Descubrieron quién era el Señor con el que convivieron y lo redescubrieron presente. Esa alegría fue tan grande que tendía, por su propia dinámica, a ser comunicada. Es una buena noticia destinada para todos, no se podía dejar de anunciar lo que se había visto y oído. En las comunidades pascuales no se tenía el síndrome del atardecer, sino el del amanecer, por eso salían contentos de haber merecido el ultraje, por nuestro Señor Jesucristo.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 13 Apr 2018 13:27:20 +0000
Paz y comunión http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/43718-paz-y-comunión.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/43718-paz-y-comunión.html Paz y comunión

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

La Palabra de Dios comienza con la lectura de los Hechos de los Apóstoles donde San Lucas insiste en un aspecto que es fundamental en la Iglesia naciente, el de la comunión, de la unidad. Este es uno de los signos más bellos de la Iglesia, la comunión, la unidad, de tal forma, que se considera como un pecado grave andar rompiendo la unidad o atentando contra el Santo Pueblo de Dios. Naturalmente que a cualquiera de nosotros, sacerdotes o laicos, se nos puede presentar la tentación de practicar una religiosidad que no sea auténtica, de buscar respuestas en las esperanzas más íntimas del corazón sin contar con Dios, es más, podríamos llegar a querer utilizar a Dios como si estuviera al servicio de nuestros deseos y proyectos… Cosas que nos podrían pasar. Pero el Señor nos pide con urgencia que activemos la vigilancia, cuidarnos para fortalecer nuestra fe, ya que somos frágiles, nuestra confianza es débil, nuestra religiosidad puede estar contaminada por elementos meramente terrenos… Por esto, el evangelista San Lucas, en los primeros años de camino de la Iglesia, ya invitaba a los cristianos de la segunda generación a vigilar con ahínco, porque la debilidad de la fe trae malas consecuencias.

Cada uno de nosotros debemos redescubrir la importancia y el sentido de la vida cristiana, el verdadero deseo de Dios que vive en nosotros, favoreciendo la meditación del Evangelio en el que se lee la invitación de Cristo a dejarse comprometer por su exigente propuesta, en la que está siempre el amor misericordioso de Dios. Escuchemos en estos días con mucha atención el magisterio del Papa Francisco en el documento Evangelii Gaudium, 24, nos pide que seamos misericordiosos: «La Iglesia en salida es la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan. ‘Primerear’ es tomar la iniciativa en el amor (cf. 1 Jn 4,10); saber adelantarse sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos. Vive un deseo inagotable de brindar misericordia, fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre y su fuerza difusiva. ¡Atrevámonos un poco más a primerear!». ¿Estáis dispuestos a tomaros en serio la fe? ¿Queréis ser testigos del amor misericordioso de Dios y seguir adelante con fidelidad, aunque parezca que os han dejado solos? Aprendamos de la lección que nos ha dado Cristo, ya sabéis por dónde empezar. El Papa Francisco también nos lo explica: «El Señor se involucra e involucra a los suyos, poniéndose de rodillas ante los demás para lavarles los pies. Pero luego dice a los discípulos: “Seréis felices si hacéis esto”» (Jn 13,17). La misericordia comienza por aprender a valorar al otro, saber quién es, dónde vive, qué necesidades tiene. La misericordia es conocer, un corazón que ve.

Jesús hace de la misma misericordia uno de los temas principales de su predicación. Jesús resucitado se aparece en el Cenáculo a los discípulos y les ofrece el “don pascual de la paz y de la misericordia”. Meditando en la página evangélica de este domingo, se comprende muy bien que la verdadera paz brota del corazón reconciliado que ha experimentado la alegría del perdón y, por tanto, está dispuesto a perdonar.

Que tengáis un feliz domingo.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 06 Apr 2018 12:07:11 +0000