Cartagena Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://odisur.es Sun, 17 Dec 2017 06:00:20 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es Jesucristo, Rey del Universo http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/41580-jesucristo-rey-del-universo.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/41580-jesucristo-rey-del-universo.html Jesucristo, Rey del Universo

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes

Este domingo celebramos la Solemnidad de Cristo Rey. Con esta fiesta damos por concluido un año litúrgico y la Iglesia nos invita a contemplar a Nuestro Salvador y Redentor. Jesús es Rey clavado en la Cruz, su corona es de espinas y su cetro es insignificante. Jesús es Rey y no tiene armas, ni ejércitos preparados para defenderle… no los necesita. Su fuerza es el amor, un amor entregado, un amor redentor y samaritano, así es la realeza de Jesucristo. La grandeza del Reinado de Jesús está en su amor misericordioso y, además, en cómo ha hecho las cosas, sale a nuestro encuentro y nos llama de mil maneras para que le sigamos como discípulos que han entendido su mensaje. Jesús ha emprendido un camino único con la marca del amor; un camino que le ha llevado hasta la Cruz; sus discípulos necesitan imitarle, incluso aceptando la cruz y necesitan escuchar con mucha atención sus palabras y seguir su ejemplo… Dios nos quiere en salida, con las lámparas encendidas y ofreciendo a todos los hermanos que se encuentran en el camino la posibilidad de participar en su banquete, en el Reino.

Jesucristo ha tenido siempre conciencia de su condición divina y de la tarea que estaba llevando adelante, algo tan esencial de su ser, que los mismos discípulos lo aprendieron pronto. Repasemos algunos textos del Nuevo Testamento para ver el testimonio de ello: el Evangelio de San Lucas describe cómo fue el anuncio a los pastores: “Os ha nacido un Salvador, que es el Cristo, el Señor” (Lc 2,11); en la carta a los filipenses nos presenta el apóstol a Cristo como Señor que, humillado hasta la muerte, ha sido también exaltado para que al “nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos y toda lengua confiese que Jesús es el Señor para gloria de Dios Padre” (Flp 2,10.11). Los Apóstoles tenían claro que no se habían equivocado al seguir al Señor y que no podían callarse, especialmente cuando recibieron la fuerza del Espíritu Santo, no podían guardar para ellos solos este enorme regalo, esta fuerte experiencia de vida y de salvación que les había sido regalada. Por eso, hoy más que nunca, entendemos el grito del apóstol Pablo sobre el compromiso misionero de cada bautizado: “Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio!” (1 Co 9,16).

Proclamamos a Jesús como Rey, pero si hay algo que le caracteriza es la humildad, la sencillez de vida y el testimonio de vida que nos ha regalado para que aprendamos. San Juan Pablo II decía que “el Reino de Dios ha sido preparado eficazmente por las personas que desempeñan seria y honestamente su actividad, que no aspiran a cosas demasiado elevadas, sino que se pliegan con fidelidad cotidiana en las humildes”. Piensa hoy que Cristo ha salido a tu encuentro y te quiere en su grupo de discípulos para que puedas llevar a los otros este impresionante mensaje: La alegría, la caridad, la limpieza de corazón; te quiere lejos de toda clase de corrupción del pecado; nos quiere unidos, solidarios, justos, honrados, honestos y cercanos a los más débiles. No temas, da el paso para seguir a Jesús, Rey del Universo y háblale a tus amigos de tu decisión, de seguir a Jesús, de tu felicidad y paz interior.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Mon, 27 Nov 2017 11:23:44 +0000
I Jornada Mundial de los Pobres http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/41423-i-jornada-mundial-de-los-pobres.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/41423-i-jornada-mundial-de-los-pobres.html I Jornada Mundial de los Pobres

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca, con motivo de la I Jornada Mundial de los Pobres

Junto al gozo de celebrar el Día del Señor en este domingo, se añade otro motivo para acercarlo al corazón: La primera Jornada Mundial de los Pobres establecida por el Papa Francisco para hacernos caer en la cuenta de lo que nos dice el evangelista Juan, que “no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras” (1Jn 3,18). La experiencia del encuentro con Jesús, de escuchar su Palabra y dejar que entre a lo hondo de nuestro ser, nos empuja a imitar a Cristo, a “acoger en nuestro corazón la gracia de Dios, su caridad misericordiosa, de tal manera que mueva nuestra voluntad e incluso nuestros afectos a amar a Dios mismo y al prójimo”, nos dice el Papa. Este es el estilo que debemos vivir los cristianos y que está registrado en los Hechos de los Apóstoles, como la experiencia primera de la Iglesia. Para atender a los pobres eligieron los apóstoles a los siete varones, “llenos de espíritu y sabiduría” (Hch 6,3), para que practicaran la misericordia, tal como lo hizo Jesús.

El Santo Padre nos anima a seguir los pasos de Nuestro Señor con generosidad, a salir de la indiferencia, de pasar de largo, y quiere, como buenos samaritanos, que nos acerquemos a los que nos gritan en los cruces de los caminos para atenderles como se merecen. Cristo sigue enviándonos a abrir las puertas de nuestra vida y de la Iglesia para salir a ayudar, a practicar el poder transformador de la caridad y a tender nuestras manos y, para ello, nos da la fuerza del Espíritu Santo. Es el Espíritu de Dios el que “ha suscitado, en efecto, hombres y mujeres que de muchas maneras han dado su vida en servicio de los pobres. Cuántas páginas de la historia, en estos dos mil años, han sido escritas por cristianos que con toda sencillez y humildad, y con el generoso ingenio de la caridad, han servido a sus hermanos más pobres”, dice el Papa. Que esta nueva Jornada Mundial se convierta para nuestra conciencia creyente en “un fuerte llamamiento, de modo que estemos cada vez más convencidos de que compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda. Los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio”.

Por mi parte, tengo que decir en voz alta que sois muchos los voluntarios, en la Diócesis de Cartagena, unos 3.000 inscritos en Cáritas, amén de los otros grupos que abrieron ya sus puertas y están en salida. Tengo que seguir dando gracias a Dios por el testimonio de tantos cristianos que estáis viviendo la dimensión de la caridad gastando y desgastando vuestra vida a favor de los necesitados en tantísimas tareas. Tengo que dar también gracias por el gran corazón de los diocesanos que responden siempre cuando se les llama con un amor samaritano.

Las lecturas de este domingo son un canto al trabajo, a la actividad, a saber aprovechar el tiempo, porque nunca sabemos cuándo se nos acaba. En el Evangelio utiliza Jesús un ejemplo muy práctico, que hay que poner a trabajar los dones recibidos y multiplicar sus frutos. No importa cuántos nos dio el Señor a cada uno, sino si los hemos empleado bien, si los hemos puesto a producir. La pregunta que debemos hacernos es: Cuando sea llamado por el Señor ¿me voy a presentar con las manos vacías?

Que tengáis un feliz domingo.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 17 Nov 2017 13:26:02 +0000
Llamada a la vigilancia http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/41265-llamada-a-la-vigilancia.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/41265-llamada-a-la-vigilancia.html Llamada a la vigilancia

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes

En la Palabra de Dios de este domingo encontramos dos consejos que no podemos olvidar: El primero es la llamada a la sabiduría de saber esperar, para que no nos alejemos de lo fundamental, de estar siempre cerca de Dios, porque el cristiano se distingue por la esperanza, el hombre de fe se distingue porque es capaz de esperar. El segundo consejo es la invitación a la vigilancia, a que abramos los ojos para estar siempre preparados, atentos y previsores, porque somos peregrinos y estamos en camino, siempre expuestos a muchas dificultades y tentaciones y para esta aventura necesitamos la luz de la fe, estar cerca de Cristo expectantes y con las lámparas encendidas. Estas lámparas son las de la fe, la esperanza y el amor. Son las luces que ha encendido Dios en el corazón de los creyentes, para iluminar el mundo con la lámpara del Evangelio.

En la parábola que expone Jesús a sus oyentes nos pide que tengamos muy clara nuestra meta, hacia quién caminamos, que no es hacia otro sino Cristo Resucitado, y que seamos previsores, porque el camino es largo y por eso hay que estar atentos para que nada ni nadie nos aparte de Nuestro Señor. Los peligros están muy cerca de cada uno y nuestra condición es frágil, así que vigilemos para mantenernos firmes en la decisión y con las lámparas encendidas, provistas del aceite, que alimenta la fe y la sabiduría que desciende de Dios. Aprovechemos este día para prestar atención a las bellas palabras de la primera lectura donde se hace un canto a la sabiduría, que nos anima a la esperanza y recupera nuestras fuerzas. La sabiduría, como don del Espíritu Santo, se anticipa a quien la desea y sale al encuentro de quienes son merecedores de ella. La sabiduría te acerca a Dios y te abre todas las puertas para que tu caminar de peregrino te lleve a Él.

Mantener la lámpara de la fe encendida es nuestra tarea, para saber distinguir lo que es esencial de lo pasajero, la vida eterna de lo terreno; la fe, que te abre el horizonte de luz e ilumina el camino para afianzarte en tus pasos hacia la Vida en Cristo; la lámpara llena de aceite para que puedas cumplir el deseo de ver a Dios, el deseo de su presencia, de su misericordia y de su perdón. Tu lámpara encendida, que ilumina tus pasos, hacia la meta clara de Dios, te permite avivar la esperanza y experimentar el gozo de caminar para encontrarte con el Amado. Otra vez más, el ejemplo de la Santísima Virgen María, Madre de la Esperanza, nos sirve para agarrarnos fuerte a Nuestro Señor, como Ella, y pedirle que nos dé un alma vigilante, porque estamos llamados a ser luz, a ser profetas del Señor, que nos trae la Vida eterna; estamos llamados a seguir anunciando a Cristo Resucitado, como heraldos de la Nueva Evangelización, pero con el ejemplo de vida; con un testimonio vivo del amor y de la misericordia de Dios; como hermanos que se entregan a los demás con la fuerza de la caridad…

En este domingo oiréis muchas veces que es el Día de la Iglesia Diocesana, seguro que habréis visto los carteles a la entrada del templo. Ya veis, todos los años os recordamos el mandamiento de ayudar a la Iglesia en sus necesidades, es nuestra madre la que nos pide ayuda. Colabora con generosidad. Agradecido en el Señor, os bendice,

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 10 Nov 2017 13:25:02 +0000
Vivir en la verdad y en la transparencia http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/41136-vivir-en-la-verdad-y-en-la-transparencia.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/41136-vivir-en-la-verdad-y-en-la-transparencia.html

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes

Otra vez más, la Palabra nos coloca ante una disyuntiva: optar por la vida en Cristo o seguir viviendo con nuestras frágiles seducciones, cargados de disfraces y artificios que ocultan nuestras artimañas, trucos, ardiles y enredos. Tomar esta decisión es propia de los que piensan que esta falsa manera de vivir les ayudará a ganar en prestigio y apariencias, pero el resultado final es bastante lamentable, porque eso coopera para no salir de las tristezas y angustias, aunque lo disimulen. La mentira y el engaño no conducen a ninguna parte, porque es construir sobre arena. Ahí están las palabras del Señor y su crítica a los escribas y fariseos, que les debió enrojecer al verse señalados por sus ansias de figurar. Jesús predicó con fuerza y sin complejos que estos escribas y fariseos te juzgan siempre con la ley en la mano, pero que ellos no la cumplen; que se dedican a cargar a la gente con fardos pesados de normas y obligaciones, pero ellos ni se inmutan justificando su desinterés por lo que anuncian… Desgraciadamente estas formas de proceder no pertenecen sólo al pasado, sino que van con la condición humana y se pueden ver hoy paseando por nuestras calles. Por eso la Palabra de Dios nos exige escuchar bien, pensar las cosas con humildad, con verdad y hacer un buen examen de conciencia, para que nuestras obras sean dignas de la alabanza del Señor.
Nuestros ojos están puestos ahora en Jesús, que, por una parte, reconoce que los escribas y fariseos han cumplido un buen papel conservando bien las enseñanzas de Moisés, pero, por otra parte, ellos no las han aplicado a sus vidas, todo lo contrario, han cargado a los otros con el peso de la ley, mientras que ellos no han movido ni un dedo; pero, además, se conceden los privilegios de ser jueces benignos y flexibles para sí mismos e implacables y severos para los otros; les encanta que les reconozcan sus grandezas y viven de apariencias, incluso en los ropajes, para ser bien vistos y buscan el reconocimiento de todos, por eso se colocan en los primeros puestos… Jesús levantó la voz con un ¡ya está bien! El Señor comienza a predicar un estilo nuevo, revolucionario para toda esa gente. El Señor pone por delante la verdad frente a tantas apariencias y la humildad frente a todas las vanaglorias; repite una y otra vez que el beneplácito de los hombres es secundario, que lo esencial es buscar el ser delante de Dios y que nuestras obras sean dignas de Él. Esta es la diferencia entre la visión farisaica de la vida y la visión cristiana.
Queda claro en la predicación de Jesús que hay que elegir a Dios, que sólo Él es nuestro único Maestro y nuestro único Señor y entre nosotros somos hermanos y discípulos; que nuestro modelo de vida es el de Jesús, cercano y amigo, que nos ha dado ejemplo de elegir siempre hacer la voluntad del Padre y servir a los hermanos. Jesús es el divino Maestro que nos da ejemplo en hacer lo que predica con total humildad y sencillez y cuando hayamos hecho todo lo mandado, podremos decir: “somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer” (Lc 17,10). Este es clarísimamente el estilo del Señor: el servicio, la humildad y la obediencia a la voluntad del Padre, dando un testimonio coherente con la fe que profesamos. El que vive con estos sentimientos no se aparta de la verdad y el amor le lleva a respetar a los demás y a dar gracias a Dios de donde le vienen todos los bienes.
Excmo. y Rvdmo. Mons. José Manue Lorca Planes | Obispo Diócesis de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Cartagena Sat, 04 Nov 2017 22:00:00 +0000
Los oídos de Dios misericordioso y compasivo http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/41011-los-oídos-de-dios-misericordioso-y-compasivo.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/41011-los-oídos-de-dios-misericordioso-y-compasivo.html

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes

La Palabra insiste en la grandeza de Dios, que es compasivo y misericordioso. Él nos conoce a cada uno y sabe de nuestras necesidades, su secreto está en que no nos abandona y siempre escucha nuestras plegarias: “si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha y lo salva de sus angustias”. Estemos atentos en esta semana a la primera lectura, donde se desvela el corazón de Dios que atiende a todos, pero en especial a los más desvalidos de la tierra con la autoridad de Dios y su paternal cuidado. En el texto se describen unas llamadas de atención para que nadie abuse de los pobres y nadie cometa injusticias oprimiéndoles o explotándoles, porque Dios oirá sus gritos y hará justicia. Si gritan los inocentes, los oprimidos, los pobres… les escucharé, dice el Señor, y haré justicia por todos los delitos contra ellos. En la Sagrada Escritura nos viene la constante invitación de cuidar de los débiles, precepto que nunca olvida la Iglesia (cfr. Gal 2,10) y el Papa Francisco no cesa de recordárnoslo en tantísimas ocasiones. Por esta razón, es conveniente que nos preguntemos, ¿qué puedo hacer yo para aliviar el sufrimiento de todos los hermanos que padecen a causa de nuestros pecados de indiferencia y olvido?

Son palabras muy duras las que escuchamos en la liturgia, pero “pisan tierra”, porque tienen una actualidad muy grande y responden a una realidad cercana a nuestra sociedad y cultura. El Papa Francisco nos está pidiendo que abramos los oídos cada día, porque también los afligidos nos gritan a nosotros, porque tienen hambre y sed, están desnudos o enfermos, en la cárcel o prisioneros de infames adicciones… pero no se queda en la queja, sino que abre caminos de esperanza y nos dice: “los cristianos tenemos algo muy lindo, una guía de acción, un programa, podríamos decir, revolucionario. Les recomiendo vivamente que lo lean, que lean las bienaventuranzas” (2016). Pongamos a Dios en el centro de nuestra vida social y sigamos siempre a Cristo que nos pide ser capaces de transformar el mundo hasta que se asemeje al Reino de Dios.

En la segunda lectura y en el Evangelio de hoy se nos ofrecen varios caminos para valorar la importancia de vivir la fe, de aceptar la voluntad de Dios y llevarla a la propia vida. Esto está al alcance de nuestras manos, San Pablo nos ayuda a entender que cualquiera de nosotros puede tener la solución a tantos problemas que nos rondan. Ved cómo San Pablo felicita a la comunidad de Tesalónica por cómo aceptaron el Evangelio, por cómo se fiaron de Dios y cómo fueron testigos del Evangelio pasándolo de boca en boca, hasta lograr que muchos se apartaran de los ídolos y volvieran el rostro a Jesucristo. Si aquellos lo hicieron, también lo puedes hacer tú y la comunidad. Naturalmente no sólo se evangeliza con la palabra, ayuda mucho el ejemplo de vida y la caridad, reconociendo en el otro a Dios mismo y queriéndole, valorándole como hermano y ayudándole, especialmente, a los más débiles. Cuando amas al prójimo respetas la vida. Rogad al Señor por todas las familias cristianas, para que sean ejemplo de amor y de fe en sus ambientes y ayuden a sus hijos a conocer más y mejor al autor de la vida.

Pidamos al Señor que nos dé la fuerza del Espíritu Santo para que podamos servirle fielmente, amando a los hermanos, especialmente a los más necesitados.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Mon, 30 Oct 2017 12:26:45 +0000
Ungidos para llevar la Buena Nueva http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/40878-ungidos-para-llevar-la-buena-nueva.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/40878-ungidos-para-llevar-la-buena-nueva.html

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes

En la primera lectura de este domingo aparece bien clara la intención de Dios de salvar a su pueblo de la esclavitud, aunque tuviera que hacerlo mediante Ciro, un monarca pagano, que ni conocía a Dios, pero éste también fue llamado para abrir las puertas de la liberación. Dios quiere salvar a su pueblo del destierro, a donde le había llevado su pecado y escoge sus instrumentos de liberación. Esta historia de Salvación es directamente cosa de Dios y así se expresa en la lectura de Isaías: “Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay Dios”. La actividad de Dios a favor del hombre ha sido desde siempre, desde el mismo momento de la Creación y nunca la ha dejado, siempre encuentra razones para activarla, incluso en los momentos en los que parecía que su pueblo le había abandonado. Las personas pueden ser infieles a la palabra dada, pero Dios siempre permanece fiel y sale siempre a nuestro encuentro. Es admirable como expresa San Pablo la grandeza del corazón de Dios en la segunda lectura de este domingo: “Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que Él os ha elegido y que cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda, como muy bien sabéis”. Palabra, fuerza del Espíritu Santo y coraje para hablar.

En este domingo celebramos el Día del DOMUND, el día para dar gracias a Dios por tantos hombres y mujeres que son testigos de lo que han visto y oído y han salido a los cruces de todos los caminos del mundo con la Palabra, la fuerza del Espíritu Santo y el coraje para hablar. Ellos son los misioneros, los evangelizadores de nuestro tiempo, los que muestran el camino y los que señalan a Dios como Salvador y Redentor. Jesús dice al comenzar su vida pública: “el Espíritu me ha ungido para llevar la buena nueva a los pobres”. ¿A quiénes? El Papa Benedicto XVI decía, a aquellos que son “incapaces de alegrarse, a los que viven el hastío de la vida considerada absurda y contradictoria”. La incapacidad de alegrarse supone y produce la incapacidad de amar, provoca la envidia, la avaricia, todos los vicios que desbastan la vida de cada uno y del mundo. Por este motivo tenemos necesidad de la nueva evangelización. Pero, ¿quién está llamado a evangelizar con espíritu, como nos pide el Papa Francisco? Pues, sólo aquel que tiene la vida, aquél que es el Evangelio en persona, el que tiene experiencia de Cristo, le conoce y le ama entrañablemente. La Iglesia evangeliza siempre y no ha interrumpido jamás el camino de la evangelización; el Evangelio está hecho para todos y no sólo para un sector determinado de personas, por esto estamos obligados a buscar nuevas vías para llevar el Evangelio a todos.

Pido a Dios en esta clásica jornada de recuerdo de nuestra tarea fundamental, que nos dé el coraje y la valentía para decir, como San Pablo, “Para mí la vida es Cristo” (Flp 1,21). “Lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una pérdida a causa de Cristo. Y más aún: juzgo que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura con tal de ganar a Cristo” (Flp 3,7-8). Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. No tenemos otro tesoro que éste. No tenemos otra dicha ni otra prioridad que ser instrumentos del Espíritu de Dios, en Iglesia, para que Jesucristo sea encontrado, seguido, amado, adorado, anunciado y comunicado a todos. Os pedimos ayuda para esta obra buena.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Mon, 23 Oct 2017 11:38:43 +0000
Invitados a la mesa del Señor http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/40704-invitados-a-la-mesa-del-señor.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/40704-invitados-a-la-mesa-del-señor.html

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes

El Evangelio de esta semana se basa en una parábola muy sencilla de entender. Dios ha preparado una fiesta y los invitados se han ido excusando para no ir. ¿Qué le ha pasado a esta gente para rechazar la fiesta? Sencillamente, que los invitados han cerrado las puertas al proyecto apasionante que les ofrecía Dios mismo, así que el Señor decide abrir el horizonte, abrir más su corazón e invitar a todo el mundo, comenzando por todos los que se encuentran de camino. Ahora somos nosotros los invitados a participar del banquete, pero es evidente que debemos tomar la decisión para ir a esa fiesta, aceptando las condiciones antes de participar; por eso, no es extraño que en la parábola se resalte que se fijaran inmediatamente en el que no estaba en condiciones para estar allí, porque no llevaba el traje apropiado. El contexto de la enseñanza de Jesús se refiere al que no está en sintonía con Dios, al que vive en otra realidad y bastante alejado de la caridad y de un amor sincero y puro; se refiere al que no hace la voluntad de Dios, no vive una fe firme, sincera y decidida. La persona que está tan alejada de los sentimientos del corazón de Dios se nota inmediatamente, esa persona no lleva los vestidos apropiados para estar en esa fiesta. Otra cosa que sobresale especialmente en la parábola es la generosidad de Dios que ha abierto las posibilidades para que participemos de su mesa, porque a Dios no le importa abajarse a nuestra condición e invitarnos a su fiesta.

Un tema clave para entrar de lleno en el sentido más hondo de la parábola es saber que de lo que está hablando Jesús es de la Historia de la Salvación. Jesús nos dice que es Dios el que invita a esta boda y que el primer invitado fue su pueblo, Israel, pero ya sabemos cómo este pueblo declinó la invitación, porque se fue apartando del Altísimo y cuando llegó el Hijo de Dios no lo recibieron. Ya vimos esto en las lecturas del domingo pasado en la parábola de los viñadores homicidas. Por esta razón, porque Dios tenía preparada ya una Historia de Salvación, abrió las puertas a todo el mundo, “a todos los que encontréis”. A nadie se le ha prohibido acercarse a su llamada universal, pero tiene una condición, que el que decida acudir tendrá que ir vestido de fiesta, llevar por delante las obras de caridad. Téngase en cuenta que en esos pueblos era una costumbre habitual que el anfitrión proporcionara el traje de fiesta a los invitados, por esta razón, el invitado sorprendido pudo haberlo rechazado o entró ya mal al banquete.

Otra vez más, sale Dios a nuestro encuentro y nos ofrece toda la confianza para decirle, “sí”, como la Santísima Virgen María. Nuestro modelo es Jesús y en Él vemos cómo Dios ama; cómo se entrega sin límites a lo largo y a lo ancho de toda su vida humana despertando en nosotros el anhelo de participar en la “caridad del Buen Pastor”, cuyo ejemplo de amor y servicio llega a todos los hombres. Jesús es el Buen Pastor que nos conoce y nos llama por nuestro nombre a una comunión inigualable con Él; que da su propia vida por las ovejas, que nos expresa su insaciable sed de que a todos llegue el conocimiento de la Verdad y de la predilección de su amor.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Wed, 11 Oct 2017 13:24:47 +0000
En la oración y en la súplica http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/40609-en-la-oración-y-en-la-súplica.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/40609-en-la-oración-y-en-la-súplica.html

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca

Los textos de la Palabra de este domingo nos invitan a abrir los ojos a los planes de Dios, que está siempre presente en nuestra historia y nos invita a asimilar todo lo bueno que encontramos en la vida, porque ahí están las huellas de la presencia del Dios Creador y Salvador. La sintonía con el Creador nos está demandando que nos acerquemos a la Palabra y a la oración diaria para conocerle más y mejor, ya que en el trato con el Señor se nos da la verdadera sabiduría y la advertencia para vernos libres de la locura de pensar que somos nosotros los dueños de su viña, o pensar que no le necesitamos. El Evangelio nos muestra la locura a la que llegaron unos viñadores ingratos y necios, que pensaron que la solución de sus vidas era “matar a Dios”. La aventura de estos insensatos fue dramática, porque conocían que Dios comenzó con su pueblo una obra buena en fértil viña, que la “entrecavó, le quitó las piedras y plantó buenas cepas, construyó en medio una torre y cavó un lagar.

Esperaba que diese uvas, pero dio agrazones”. Todo un drama, pero el corazón de Dios deja paso a la esperanza, apunta al día en que la viña prosperará bajo su cuidado vigilante (Is 27,2s) y se espera que el Señor salve a su viña, la que él plantó y cuida con exquisito esmero. La esperanza se llama Jesús, el cual, con su muerte en la Cruz, abrirá una nueva etapa para la historia, una viña confiada a viñadores fieles, que dará finalmente su fruto bueno.

Jesús es la viña verdadera, cuya imagen visible, nacida del Señor, es la Iglesia. Él es la vid, nosotros los sarmientos, que recibimos la vida de Él, por eso es necesario estar unidos, en comunión con el Señor; sin esa comunión con Él somos sarmientos desgajados, privados de savia y estériles. La bondad de Dios hace que su amor y su misericordia se renueven cada mañana y siga fiándose de nosotros para la misión de anunciar su Reino, ¡qué gran privilegio! Como llamados y elegidos por la bondad y el amor de Dios nos exige una verdadera conversión y una toma de postura, un estilo de ser, el cual ya lo apunta San Pablo en la segunda lectura de este domingo: Se nos exhorta vivamente a aspirar a todo lo bueno, a todo lo que agrada a Dios, a lo noble, puro, justo y laudable; todo lo que es virtud o mérito, para ponerlo en práctica. En definitiva, se nos dice que nuestra vida gire en torno a Dios y acertemos en poner nuestras oraciones y súplicas en sus manos. Teniendo a Dios nada nos faltará, no serán precisas las humanas seguridades, que sólo Dios basta. En esta sabiduría nos apoyamos.

La riqueza de la Palabra de Dios es muy grande y en estas lecturas hemos podido observar que recibimos mucho más de Dios de lo que nos podemos imaginar, por su exquisito cuidado. Pero que no pase por alto a nadie lo que nos dice el Evangelio de este domingo, que Cristo es la piedra angular y quien se apoya en Él se mantiene firme, porque la fuerza la recibe de Nuestro Señor, que le da el coraje para hablar, para dar testimonio del Reino y para hacer la voluntad de Dios con generosidad. El que se apoya en Cristo no teme, porque el amor de Dios le protege y le ayuda a vivir siempre en esperanza.

Feliz domingo.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Tue, 10 Oct 2017 12:21:53 +0000
Creer es comprometerse http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/40473-creer-es-comprometerse.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/40473-creer-es-comprometerse.html

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes

Creer es comprometerse, es fiarse, ponerse en camino para seguir los pasos de Jesucristo que nos llama. Estamos viendo en las lecturas de estos domingos que la llamada del Señor es exigente y que la respuesta que nos pide debe ser radical, porque la voz del Señor se registra en lo más hondo de nuestro ser y nos pide que nos fiemos. Ha bastado con un encuentro, con mirar su apacible rostro y descubrir la serenidad de Dios que te llena de paz. No somos los únicos que vivimos esta experiencia del encuentro con el Señor, la historia de la Iglesia está repleta de una nube de testigos que oyeron la misma invitación determinante y, a pesar de tener conciencia de pecadores, se pusieron en actitud de conversión, cambiaron de ruta y orientaron sus pasos hacia Cristo. Hoy sucede también lo mismo, Cristo sigue pasando y llama, nos llama por nuestro nombre de una manera inconfundible y nos dice: “hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. A ver cuál será nuestra respuesta. Cualquiera de nosotros, por la acción del Espíritu Santo, somos lugar de vocación, de elección y de misión. Dios mismo alza la voz para que le escuchemos y nos señala el camino hacia la comunidad, al servicio de crecimiento en la comunión y a la fraternidad universal.

El Señor sigue mandando a su viña trabajadores, sale a todas horas a nuestro encuentro y no se cansa de ofrecernos el panorama de la humanidad para que nos demos cuenta que las necesidades son reales y que tenemos por delante un importante papel que desempeñar. En su viña cabe todo el mundo y cada uno tiene que ser responsable de la tarea para la que fue llamado, tareas sencillas y fáciles, pero que necesitan presencia, constancia, confianza en Él, permanencia y fidelidad. No caigáis en la tentación de pensar que lo que pide Dios es irrealizable, porque te lo pide Él y ya se encargará de darnos las fuerzas necesarias para agarrarnos a la Cruz. Dios se manifiesta en cosas sencillas, las de cada día, tareas que puedes hacer perfectamente y que sólo te exigen fiarte. Aunque tú pienses que eres débil, que se trata de una aventura muy grande, no temas, porque Dios te fortalece, te apoya, te ayuda y te presenta el camino expedito. Es importante que escuchemos con atención el Evangelio de esta semana, que nos advierte de las posibles actitudes que podemos tomar, pero nos avisa seriamente de la gravedad de no hacer la voluntad de Dios.

Hacer la voluntad de Dios no es fácil, lo sabemos, también para el mismo Jesús no fue fácil, cuando fue tentado en el desierto y en el Huerto de los Olivos, pero nos enseñó a aceptar la voluntad del Padre. Tampoco para nosotros es fácil, pero este es el camino. El mismo Papa Francisco comentaba que el recurso más válido para tener certezas sobre la voluntad de Dios en tu vida y en la de los demás es rezar: “Hacer oración para querer hacer la voluntad de Dios, y volver a hacer oración para conocer la voluntad de Dios. Y cuando conozcas la voluntad de Dios, también debes rezar, por tercera vez, para hacer la voluntad de Dios, para cumplir esa voluntad, que no es la tuya, sino la de Él”. El Santo Padre nos ponía como ejemplo a la Virgen María, que cuando la visitó el ángel ella respondió: “Hágase lo que tú dices”, es decir, que se haga la voluntad de Dios.

+ Jose Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Cartagena Fri, 29 Sep 2017 13:34:38 +0000
Perdónanos como nosotros perdonamos http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/40223-perdónanos-como-nosotros-perdonamos.html http://odisur.es/diocesis/cartagena/documentos/item/40223-perdónanos-como-nosotros-perdonamos.html

Carta del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes


Después de escuchar la Palabra de Dios en esta semana no podremos descansar sin hacer un examen de conciencia para ver cómo responde nuestro corazón. Jesús con una parábola nos hace pensar sobre nuestros comportamientos. El Señor nos pone un caso que toca de lleno temas esenciales, que no pasarán desapercibidos a Dios, como son el perdón, la misericordia y la comprensión. El texto describe en pocas palabras hasta dónde es capaz de llegar el corazón humano, ¡hasta no saber perdonar! El protagonista de la parábola es perdonado por su señor, pero de allí sale enfrentándose a un compañero sin ser capaz de perdonarle una insignificancia, de tal manera, que lo mete en la cárcel hasta que pague todo lo que debe. Cuando lees este hecho te sorprende la dureza del corazón humano, del corazón vengativo, que no sabe abrirse a la misericordia.

Prestemos atención al tema, porque es muy importante, tanto, que nos hace temblar. Ahora vayamos a la oración que nos enseñó el Señor, al Padrenuestro, para fijarnos en lo que le pedimos a Dios, que tenga misericordia de nosotros y le ponemos un ejemplo: como nosotros tenemos misericordia de los que nos ofenden. La idea es buena, porque es lo que nos propone Jesús que nos conoce bien, pero habrá que pensar un poco más en si lo hacemos así o nos quedamos en palabras bonitas; será bueno repasar si damos pasos para perdonar tan rápidamente y con esa misericordia evangélica... Desde luego, que nadie dude que ese es el camino, lo hemos escuchado también en la primera lectura de este domingo, del libro del Eclesiástico: “Perdona las ofensas del prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas”.

En la mente de Dios no está eso que mucha gente piensa, aquello de que quien perdona es un débil, y que los “débiles” no tienen cabida en un país de “fuertes”. Por lo que escuchamos de la Palabra de Dios hay que nadar contracorriente y hay que perdonar hasta setenta veces siete, aunque la gente no lo haga. Esto es lo que practica Jesús, nos ha enseñado a poner la otra mejilla, a ser lentos a la ira y ricos en clemencia, nos perdona siempre todas nuestras culpas y cura todas nuestras enfermedades… No le demos más vueltas al tema para decidirnos a seguir sus pasos, porque el verdadero modelo de todo perdón y misericordia es Nuestro Señor, que nos pide perdonar siempre, siempre, y nos ha demostrado que esto es posible, que este es el camino para llegar a las puertas de la Vida: “Cristo se ha hecho para nosotros camino, y ¿podremos así perder la esperanza de llegar? Este camino no puede tener fin, no se puede cortar, no lo pueden corroer la lluvia ni los diluvios, ni puede ser asaltado por lo ladrones. Camina seguro en Cristo, camina; no tropieces, no caigas, no mires atrás, no te detengas en el camino, no te apartes de él. Con tal que cuides de esto, habrás llegado” (San Agustín, Sermón 170,11).

Existe una razón para entender cómo es posible el perdón, la razón es el amor. La importancia del perdón está en que sabe perdonar el que ama, si no se ama no es posible el perdón y si no hay perdón ¡pobres de nosotros! Pero, será conveniente volver a escuchar cómo termina el Evangelio: “Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo si cada cual no perdona de corazón a su hermano” (Mt 18,35). Esta es la condición que nos pone Dios, que nos perdonará, si perdonamos de corazón. Esto es duro, pero es el camino, así nos lo enseñó Jesús y así lo repetimos cada vez que rezamos el Padrenuestro.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Cartagena Fri, 15 Sep 2017 12:03:19 +0000