Canarias Oficina de Información de los Obispos del Sur de España http://odisur.es Sun, 17 Dec 2017 06:00:01 +0000 Joomla! 1.5 - Open Source Content Management es-es A quien quiera leerme http://odisur.es/diocesis/canarias/documentos/item/37091-a-quien-quiera-leerme.html http://odisur.es/diocesis/canarias/documentos/item/37091-a-quien-quiera-leerme.html A quien quiera leerme

Comunicado del Obispo de Canarias, Mons. Francisco Cases.

A QUIEN QUIERA LEERME

Queridos hijos y hermanos:
En conversaciones con periodistas o con grupos distintos he tenido que responder alguna vez a las preguntas: ¿Qué día ha sido el más feliz de su estancia en Canarias? y he respondido con muchas fechas. Y ¿qué día ha sido el más triste? Hasta ahora respondía: el día del accidente en Barajas del avión que partía hacia Gran Canaria. A partir de hoy diré que estoy viviendo ahora el día más triste de mi estancia en Canarias. Ha triunfado la frivolidad blasfema en la gala Drag del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria. Triunfado en los votos, y triunfado en los aplausos de una muchedumbre enardecida.
Hace un tiempo, sobre el talud que se encuentra encima de la entrada norte del túnel Luengo alguien escribió con letras enormes: NADA ES VERDAD. TODO VALE. Pocos días después, otra persona, o quizás el mismo, añadió encima de lo escrito, y con letras del mismo enorme tamaño: SIN DIOS. Parecía indicar el principio de la convivencia ciudadana de nuestra Capital, pues ese túnel con su forma de arco es realmente el acceso a la ciudad desde el norte de la isla. Creo que precisamente por eso, pocos meses después todo fue borrado, quedando todavía la señal de la pintura superpuesta. SIN DIOS, NADA ES VERDAD. TODO VALE.
Lo he recordado con profunda tristeza y con sentido dolor al ver esta mañana la grabación que me han hecho llegar de la gala. Mi pueblo, miles de personas, coreaban, aplaudían y votaban con los teléfonos. He recordado como en superpuesto los miles y miles de personas que acompañaron la imagen de nuestra Patrona la Virgen del Pino en su bajada y estancia en la Ciudad y en la subida a su Santuario. Y las procesiones del Santo Cristo de Telde en las que he participado acompañando la imagen del Crucificado y a muchísimos fieles. Y han seguido pasando por mi memoria las procesiones de la Virgen del Carmen y de la Virgen de la Luz de la Isleta, de la Virgen de los Dolores de Schaman, todas ellas proclamadas Fiestas de la Ciudad en Plenos solemnes del Ayuntamiento. Y la imagen del Cristo de la Vera Cruz de San Agustín, Patrono de la Ciudad, procesionando en la Magna el Viernes Santo. Y se me han llenado los ojos de lágrimas.
Lo primero que ha brotado de mi corazón ha sido pedir perdón, a nuestro Salvador y a su bendita Madre, también nuestra. Perdona a mi pueblo, Señor. Perdona a tus hijos, Madre. Perdóname a mí, que debo responder por ellos ante ti. Perdona a tantos como formando parte de la comunidad cristiana no damos el debido testimonio.
También me he preguntado si no hay límites para la libertad de expresión, si todo vale en las manifestaciones festivas porque nada es verdad, si no hay recursos para cortar la frivolidad blasfema que ofende a muchos ciudadanos. Tenemos mucho que pensar.
Deseo invitar a cuantos lo deseen a participar en la Eucaristía que celebraremos para dar gracias a Dios por nuestro Salvador y por nuestra Madre; pedir perdón porque el testimonio de nuestras vidas creyentes no es lo suficientemente vigoroso y coherente en la convivencia social; y para pedir fuerza para que la Misericordia que Padre Dios nos manifestó y nos dio con su Hijo Jesús sea siempre la señal de nuestro actuar privado y público.
Celebraremos esta Eucaristía en la Santa Iglesia Catedral el próximo día 3 de marzo, viernes, primero de Cuaresma, a las 7.30 de la tarde. Os esperamos.

Francisco, Obispo de Canarias

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Canarias Tue, 28 Feb 2017 19:29:19 +0000
La Iglesia es de Cristo http://odisur.es/diocesis/canarias/documentos/item/15956-la-iglesia-es-de-cristo.html http://odisur.es/diocesis/canarias/documentos/item/15956-la-iglesia-es-de-cristo.html La Iglesia es de Cristo

Homilía de Mons. Francisco Cases Andreu, Obispo de Canarias, en la Misa de Acción de Gracias por Benedicto XVI.

EUCARISTÍA PARA DAR GRACIAS

POR EL SANTO PADRE BENEDICTO XVI

LAS PALMAS DE GC, 2 DE MARZO DE 2013

"LA IGLESIA ES DE CRISTO"

Queridos Hermanos:

El 18 de abril de 2005, el entonces Cardenal Ratzinger presidía la Santa Misa pro eligendo pontifice con los señores Cardenales. Terminaba la homilía con una sencilla súplica: Pidamos al Señor nos dé un pastor según su corazón, un pastor que nos guíe al conocimiento de Cristo, a su amor, a la verdadera alegría.

Hoy nos reunimos gozosos, unidos en esa verdadera alegría, para dar gracias al Señor, porque escuchó esa súplica y durante casi ocho años nos regaló un pastor según su corazón, que no ha dejado de guiarnos al conocimiento de Cristo y a su amor. Y lo hacemos, sí, con alegría, porque hasta en el momento de su despedida ha querido dejarnos ese mensaje de gozo: «Gracias por vuestro amor y cercanía. Que experimentéis siempre la alegría de tener a Cristo como el centro de vuestra vida». Este ha sido su último tweet, con palabras que había ya dicho en la Audiencia del miércoles pasado.

Este mensaje de alegría, que se funda en la viva conciencia de no estar solo, de saberse acompañado por la fuerza y la presencia del Señor, y el calor de los hermanos en una Iglesia que está viva, y que él ha vivido y vive como una gran familia, ha estado permanentemente presente en boca del Santo Padre. Él ha encontrado siempre la fuente de la alegría en la certeza de saberse amado incondicionalmente por Dios, como nos ha manifestado en Cristo. Benedicto XVI ha sido el primero en mostrar las deformaciones de la fe cuando se vive como sentimiento y como rutina, una fe que no empapa la vida sino que es superficial, fragmentaria e incoherente, cansada y tediosa, falta en consecuencia de alegría y de entusiasmo. El núcleo de la crisis de la Iglesia en Europa -afirmaba el Santo Padre en diciembre de 2011- es la crisis de fe. Si no encontramos una respuesta para ella, si la fe no adquiere nueva vitalidad, con una convicción profunda y una fuerza real gracias al encuentro con Jesucristo, todas las demás reformas serán ineficaces.

La salida de la crisis pasa necesariamente por el encuentro gozoso con Cristo; la felicidad interior de conocer a Cristo y de pertenecer a su Iglesia; que Él mismo esté presente, nos hable, se nos entregue; la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo; redescubrir la fe como una amistad personal profunda con la bondad de Jesucristo. "La fe es decidirse a estar con el Señor para vivir con él. Y este «estar con él» nos lleva a comprender las razones por las que se cree" (PF 10). Son todas expresiones sacadas de distintas intervenciones del Santo Padre. Creo que Benedicto XVI queda para todos nosotros particularmente como una referencia para ser creyente en el momento actual. ¿Cómo ser creyente en una Iglesia con una profunda crisis de fe, y en una sociedad, en la que ha crecido el vacío y se ha difundido la 'desertificación espiritual'? ¿Qué significa ser creyente hoy y qué significa la fe?

Ha sido ésta una de las grandes cuestiones permanentemente tratadas, pensadas y rezadas por el teólogo Ratzinger y por el Santo Padre Benedicto XVI. Ya en 1968 publicó Introducción al Cristianismo, una obra emblemática en su enseñanza teológica, que no ha perdido actualidad. Desde ella es posible seguir un hilo siempre presente, que pasa por su libro entrevista Informe sobre la Fe (1985), y llega a las últimas iniciativas del Pontificado, todas girando en torno al mismo tema: la preocupación por el alejamiento de la fe, la pérdida del sentido de lo sagrado, la renovación de la fe como prioridad en el compromiso de toda la Iglesia en nuestros días, para hacer que Dios esté nuevamente presente en este mundo y se abra a los hombres el acceso a la fe. Recordamos como muestra: Motu Proprio por el que creó el Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización (Septiembre 2010), la celebración del Sínodo de los Obispos sobre La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana (7 - 28 Octubre 2012), la Convocatoria del Año de la Fe con la Carta Apostólica Porta Fidei (11 de Octubre de 2011) y la Apertura (11 de Octubre de 2012) e implicación personal en el mismo con las sucesivas Catequesis impartidas en las últimas semanas sobre la Fe y sobre el Credo, interrumpidas por la Renuncia al ministerio petrino.

Confirmar en la fe a los hermanos, como sucesor del Apóstol Pedro, el pescador, el primero en confesar a Jesús como Cristo, Hijo de Dios; avivar esa fe, formar esa fe, ha sido su prioridad absoluta.

Una fe formada es una fe recia, no sentimental ni rutinaria, sino madura y adulta. "No es «adulta» -decía el cardenal Ratzinger en la Homilía de la Misa pro eligendo pontifice el 18 de abril de 2005- una fe que sigue las olas de la moda y la última novedad; adulta y madura es una fe profundamente arraigada en la amistad con Cristo. Esta amistad nos abre a todo lo que es bueno y nos da el criterio para discernir entre lo verdadero y lo falso, entre el engaño y la verdad. Debemos madurar esta fe adulta; debemos guiar la grey de Cristo a esta fe. Esta fe —sólo la fe— crea unidad y se realiza en la caridad". "Gracias a la fe, esta vida nueva (recibida en el bautismo) plasma toda la existencia humana en la novedad radical de la resurrección. En la medida de su disponibilidad libre, los pensamientos y los afectos, la mentalidad y el comportamiento del hombre se purifican y transforman lentamente, en un proceso que no termina de cumplirse totalmente en esta vida. La «fe que actúa por el amor» (Ga 5, 6) se convierte en un nuevo criterio de pensamiento y de acción que cambia toda la vida del hombre (Porta Fidei 6)

Una fe formada es una fe que se vive con los demás en la Iglesia, una Iglesia que no es nuestra, ni obra de nuestras manos, sino que 'es del Señor' y obra continua de su Espíritu. Dos días después de anunciar su renuncia, antes de entrar en el texto preparado de la Audiencia de los miércoles, afirmó: "Me sostiene y me ilumina la certeza de que la Iglesia es de Cristo, que no dejará de guiarla y cuidarla" (13 febrero 2013). Me parece una afirmación que manifiesta una profunda fe en el Señor de la Iglesia. En la Audiencia del último miércoles volvía a repetir la idea, ahora en alusión a las dificultades vividas en algunos momentos a lo largo de estos ocho años: "Me he sentido como San Pedro con los Apóstoles en la barca en el lago de Galilea: el Señor nos ha dado muchos días de sol y de brisa ligera, días en los que la pesca ha sido abundante; pero también ha habido momentos en los que las aguas estaban agitadas, el viento era contrario -como a lo largo de toda la historia de la Iglesia- y el Señor parecía dormir. Pero siempre he sabido que en esa barca está el Señor, y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino suya. Y el Señor no deja que se hunda: es él quien la conduce".

Una fe formada es una fe vinculada a una esperanza firme. Al tema ha dedicado una Encíclica, SPE SALVI, pero prefiero recoger en esta ocasión su testimonio más espontáneo, el que expresa en una entrevista realizada hace pocos meses. Preguntado el Santo Padre por las razones de su esperanza, respondía: "La primera razón de mi esperanza consiste en que el deseo de Dios, la búsqueda de Dios está profundamente grabada en cada alma humana y no puede desaparecer... La segunda razón de mi esperanza consiste en el hecho de que el Evangelio de Jesucristo, la fe en Cristo, es simplemente verdad. Y la verdad no envejece... Las ideologías tienen un tiempo determinado, son partículas de verdad, pero al final se consumen. Un tercer motivo empírico lo vemos en que los jóvenes han visto muchas cosas -las ofertas de las ideologías y del consumismo-, pero perciben el vacío de todo esto, su insuficiencia, porque el hombre ha sido creado para el infinito (cf. Entrevista 15 Oct. 2012).

Una fe formada es una fe que actúa por la caridad. El teólogo de la denuncia del relativismo de las ideas y las éticas, el lúcido y agustiniano buscador de la Verdad, que abraza confiada y fuertemente la razón y la fe, sabiendo que se necesitan mutuamente, es quien nos ha invitado una y otra vez a pensar y a vivir la caridad. Su primera Encíclica -DEUS CARITAS EST- nos explicó la verdad del Amor, que es Dios, nace de Dios y nos hace como Iglesia manifestarlo en el mundo, como servicio para atender constantemente los sufrimientos y las necesidades, incluso materiales, de los hombres. Y dedicó su tercera y última Encíclica de nuevo a la Caridad, para mostrar que "LA CARIDAD EN LA VERDAD, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad".

Una fe formada es una fe que se hace presente en la sociedad: con un pensamiento vigoroso, un discurso bien fundado, lúcido, que habla con claridad de las cosas esenciales, a veces preteridas, y acepta ser signo de contradicción en muchas cuestiones que pueden denominarse innegociables. Las intervenciones del Santo Padre en la Asamblea General de las Naciones Unidas de Nueva York, en las Universidades de Ratisbona, Praga, Lisboa, etc., en el Parlamento alemán, en el Westminster Hall de Londres, en el Colegio de los Bernardinos de París, en el Escorial de Madrid, en la Basílica de la Salud de Venecia, y en tantos encuentros con los hombres y mujeres del campo de la política, la cultura y la acción educativa y social, quedan como hitos de luz en campos hoy cada día más difíciles de alcanzar desde el Evangelio. Y todo ello con una humildad serena y firme: la humildad que hace destacar que uno tiene confianza, no en el propio poder o saber, sino en la fuerza y el poder de la misma verdad, que no puede imponerse, sino proponerse con claridad y convicción razonada.

Un 19 de abril de 2005 los señores Cardenales eligieron a un sencillo y humilde trabajador en la viña del Señor. Casi ocho años más tarde ese humilde trabajador ha visto acercarse y llegar el límite de sus fuerzas y nos ha dicho: "en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado." Ha sido la última lección de su fe, su confianza en el Señor, su amor a la Iglesia. Gracias, Santo Padre. Gracias, Señor, Pastor de tu Iglesia, por el Hermano y Pastor que nos regalaste, Benedicto XVI. Él nos deja en el corazón la confianza de que Tú no abandonas nunca a tu Iglesia, y seguirás cuidándola y guiándola con un nuevo Sucesor de Pedro, un Pastor según tu corazón.

Que el Señor nos bendiga con su amor y nos llene de amor mutuo

+ Francisco, Obispo

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no-autor@odisur.es (Delegado Odisur) Canarias Mon, 04 Mar 2013 08:03:18 +0000
Homilía en la Misa Crismal http://odisur.es/diocesis/canarias/documentos/item/12515-homilía-en-la-misa-crismal.html http://odisur.es/diocesis/canarias/documentos/item/12515-homilía-en-la-misa-crismal.html Homilía en la Misa Crismal

Palabras del Obispo de Canarias, Mons. Francisco Cases, el Martes Santo.

Sentimos presentes de corazón a nuestro querido Padre y Hermano Ramón, Obispo, a nuestros queridos Hermanos Sacerdotes enfermos e impedidos para participar en esta Santa Misa Crismal. Un saludo cordial a todos, y con especial afecto hoy a todos los Presbíteros presentes, en esta Eucaristía, tan eclesial y a un tiempo tan especialmente nuestra, y a los Seminaristas.

Estamos a las puertas de la solemne celebración del Triduo Pascual, verdadera meta del camino de la Cuaresma. En los Retiros de este tiempo recordarán que les decía: La Cuaresma es un camino. Y los caminos tienen un punto de partida y un punto de llegada. Si al concluir el tiempo de gracia de la Cuaresma, el camino cuaresmal, estamos donde estábamos el miércoles de ceniza, no hemos hecho camino.

El camino que Jesús nos invitó y nos invita a recorrer no sólo lo tiene a Él como meta, sino que Él mismo nos invita a subir a Jerusalén, y a subir con Él. Y nos invita a salir de

Jerusalén, también con Él, para que le acompañemos y le ayudemos en la tarea de anunciar la Buena Noticia hasta los límites del mundo. En los dos caminos, el que lleva a Jerusalén, y el que arranca de Jerusalén, se trata del mismo tema: el anuncio del Evangelio. "El Espíritu del Señor me ha enviado a anunciar la Buena Nueva a los pobres". "Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo y seréis mis testigos hasta el confín de la tierra".

En los dos caminos, el que lleva a Jerusalén, y el que arranca de Jerusalén, es Jesús el centro y el protagonista, el Espíritu el motor y la fuerza, y en los dos están -'estamos'- los suyos juntos a Él.

Jesús decidió iniciar su camino evangelizador desde la Sinagoga de Nazaret. Acabamos de escuchar el relato. Les invito a verse dentro del texto, a verse realmente en la sinagoga de Nazaret, y a mantener los ojos y los oídos fijos en Él, que nos mira y nos habla. "Es Cristo mismo el que habla cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura", afirma el Concilio Vaticano II en la Constitución sobre la Sagrada Liturgia (SC 24). Y esto es verdad, se cumple hoy en nosotros esta Escritura.

Creo que es más frecuente, al repasar este texto, que nos veamos y sintamos identificados en la figura de Jesús, y que reflexionemos y oremos sobre lo que significa en nosotros la unción del Espíritu, la misión, el envío, el contenido de la tarea: el anuncio de la Buena Nueva, los destinatarios de este anuncio: los pobres, los cautivos, los ciegos, los oprimidos. En nuestra lectura nos vemos personificando a Cristo, como hacemos habitualmente en nuestro ministerio. En toda la Semana Santa que ya hemos iniciado, nosotros, cada uno de nosotros, 'hacemos de Cristo'. Cristo que entra en Jerusalén con la palma en la mano rodeado de niños y gentes que aclaman, Cristo que lava los pies a los discípulos, hoy colaboradores nuestros en uno u otro sentido, Cristo que carga con la Cruz, Cristo que habla, Cristo que bautiza y consagra. Cristo que perdona los pecados.

Cristo que acompaña a los discípulos y los anima a superar el escándalo de la Muerte con la presencia de su Vida.

Hoy les invito a sentir que esta Escritura de la Sinagoga de Nazaret se cumple en nosotros de otro modo. Estamos sentados en los bancos de la asamblea, somos discípulos, destinatarios, no sólo portadores, de la Buena Noticia, el Evangelio; nos vemos pobres en recursos y en fuerzas, cautivos de nuestras contradicciones, y oprimidos y sin libertad por nuestros egoísmos, ciegos o medio ciegos que no terminamos de ver correctamente, necesitados de entrar en el Año de Gracia del Señor.

Y Jesús se manifestó entonces, y se nos manifiesta ahora como el portador del Espíritu, el ungido, marcado, lleno del Espíritu, el aliento realmente nuevo que necesitamos nosotros, un poco agnósticos en nuestra rutina y desánimo, el empujón que nos movería a nosotros, indecisos en su compañía, un poco cansados y de vuelta de tantos esfuerzos fallidos.

Desde la Sinagoga de Nazaret, y contando pronto con el rechazo de sus paisanos, seguirá Jesús cumpliendo la tarea que anuncia Isaías, la proclamación de la Buena Nueva, y comprenderá que "debe caminar a Jerusalén" (cfr. Luc 9, 51). Y se pondrá en camino rodeado de su discípulos, y les anunciará lo que sucederá al final de ese camino, y hasta por tres veces lo repetirá: "Mirad, estamos subiendo a Jerusalén y se cumplirá con el Hijo del Hombre todo lo escrito por los profetas, pues será entregado a los gentiles y será escarnecido, insultado y escupido, y después de azotarlo lo matarán, y al tercer día resucitará" (Luc 18, 31-33). Y sus discípulos, aun repitiendo Jesús el mensaje con toda claridad, no entendían el lenguaje; les resultaba tan oscuro que no cogían el sentido; y les daba miedo de preguntarle sobre el asunto (Luc 9, 45).

Si somos nosotros los que escuchan a Jesús desde los bancos de la sinagoga, también somos nosotros quienes acompañan a Jesús en este camino hacia Jerusalén. Y los que repetimos una y otra vez la historia de los discípulos del primer tiempo. También nosotros vivimos decisiones insuficientemente asumidas, o débilmente conscientes de lo que significa acompañar al Maestro. También en nosotros la fe se queda a veces a nivel de la pura emoción, que como capa de barniz tapa las inconsistencias de nuestra opción creyente. También en nosotros encontramos incomprensiones, que revelan miedos y cobardías, inseguridad e indecisión. También entre nosotros encontramos a quienes inician su labor misionera confundiendo logros con brillos, tareas con éxitos; y a quien pone los acentos en los resultados, valorando y cuantificando con fórmulas, números y planes, que no son más que fórmulas, números y planes. También entre nosotros encontramos todo tipo de celotipias y rivalidades, y casi discutimos quién es más importante, de modo que el individualismo ahoga la comunión y el personalismo acaba con la fraternidad. También entre nosotros se da el sentido del gueto y la exclusión del diferente, de modo que clasificamos los que son y los que no son de los nuestros. También entre nosotros es precisamente el grupo de los que rodeamos a Jesús quienes actuamos de pantalla, alejando o no acercando a los niños, haciendo callar a los que quieren ver a Jesús como el ciego de Jericó, impidiendo que conozcan y comprendan sus criterios, escuchen sus palabras, y vean vidas inspiradas en su vida.

Pareciera que he juntado todas las incoherencias y coleccionado todas las debilidades. Todas, y más todavía, aparecen en los relatos evangélicos como protagonizadas por los

que acompañan a Jesús, sus discípulos. No somos nosotros mejores que ellos. Pero hay algo muy importante que es verdad. Lo dicho es sólo la mitad de la historia. En los discípulos elegidos por el Maestro, y en nosotros que hemos tomado hoy su relevo. En el libro de los Hechos se hará memoria de lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. (Hechos 10, 37-38). Y en el mismo libro de los Hechos encontramos la otra cara de la moneda por lo que se refiere a los discípulos. Se acabaron las cobardías, se ha puesto la mano en el arado y ya no se mira atrás; los ancianos y los escribas pueden amenazar y prohibir enseñar en nombre de Jesús, pero los discípulos lo tienen muy claro, no pueden menos que obedecer a Dios antes que a los hombres y contar lo que han visto y oído. Y aparecerán los mártires, Esteban y Santiago para iniciar la serie, y hasta la persecución ayudará a extender el testimonio, no con la alegría del éxito, sino con el gozo del seguimiento fiel, 'contentos por padecer el ultraje por el Nombre de Jesús'. Las rivalidades se ahogarán en el 'nosotros' nuevo que surge de Pentecostés. La comunión ha vencido al individualismo, y la fraternidad reina sobre el personalismo. Ya no hay 'nosotros' y 'ellos', sino un solo 'nosotros' que va ensanchando los vientos de su tienda, y acogiendo al último llegado, el sospechoso Pablo, al que algunos miraban con desconfianza, y al centurión romano Cornelio, sobre el cual con su familia también ha bajado el Espíritu como sobre 'nosotros' al principio, y a los griegos que aceptan la Buena Nueva del Señor Jesús que les han anunciado en Antioquía como ensayando nuevos caminos algunos de Chipre y de Cirene. Y las diferencias de trato en la atención a las viudas se solucionará inventando ministerios y encomendando tareas; y en las diferencias en los planteamientos se buscará la verdad de la salvación común por la gracia del Señor Jesús en la plegaria y el diálogo, hasta que puedan decir: Hemos acordado el Espíritu Santo y nosotros.

Queridos Hermanos Sacerdotes y Hermanos todos: también todas estas historias son historias nuestras. Historias nuestras e historias del Espíritu. También nosotros hoy seguimos escribiendo de alguna manera, muy auténtica, ese libro que llamamos Hechos de Apóstoles, historias de testigos. Y nos dicen que nos callemos y optamos por hablar y anunciar a Jesús de Nazaret, el Señor Resucitado. Y luchamos porque los pobres y necesitados sientan el alivio de los que más podemos o pueden. Y experimentamos nuestra debilidad y la debilidad de nuestros hermanos, y extendemos la mano abierta y acogedora.

Y nos levantamos una y mil veces de nuestras estrecheces y nuestros aislamientos. Y hoy estamos aquí, distintos y a veces distantes, pero hoy hermanados y cercanos, alrededor de la Mesa de la Eucaristía, y fortalecidos y unidos por el aliento del mismo Espíritu. Ahora bendecimos y consagramos los Oleos y el Crisma que simbolizan y realizan la acción del Espíritu que mantiene a la Iglesia fiel a Cristo, viva y unida en la misión y para la misión.

Por eso, porque hoy estamos aquí convocados por el Señor Jesús y congregados por su Espíritu, traemos a la memoria de nuestro corazón creyente a los Hermanos que hoy no pueden estar con nosotros, a los que emprendieron la última etapa del camino hacia el Padre, y a los que caminaron con nosotros y hoy no están. Los que tenemos cerca, en el pueblo, en la ciudad, en la diócesis, y a los que en la misma labor evangelizadora están lejos. Hoy despedimos y enviamos a nuestro hermano Pablo Prieto, que parte pronto para Nicaragua.

Que sea el Espíritu quien lo lleve y acompañe siempre, y quien lo mantenga unido de corazón a Jesús, a la Iglesia diocesana y a la Iglesia universal.

Saben que este día es para mí día de especial gratitud y día de pedir perdón. Gracias por el testimonio y el ánimo que recibo de Ustedes. Gracias porque saben multiplicarse en las presencias y dividirse en las entregas. Perdón por mis vehemencias, mis retrasos y mis silencios, por las veces en que parece que no veo o no reconozco su tarea y su agobio, por las ocasiones en las que desearían una palabrita de ánimo. Les veo, reconozco su entrega, a veces heroica, siempre generosa. Gracias de corazón, y gracias por su perdón.

Juntos pedimos también perdón a nuestras comunidades por nuestro desánimo y nuestra inercia, por nuestra falta de cercanía y acompañamiento. Estamos hechos del mismo barro, y todos estamos necesitados del aliento del Espíritu que movió a Jesús de Nazaret y a los primeros y los últimos discípulos.

"Cuando soy débil, entonces soy fuerte" (2 Cor 12, 10). Aunque Pablo no lo decía en el mismo sentido en que podemos decirlo nosotros, así sale de nuestro corazón, si nos damos cuenta de que, reconociendo nuestra debilidad, sólo en Dios podemos poner nuestra esperanza. Que el Señor nos bendiga con su amor y nos llene de amor mutuo.

+ Francisco Cases

Obispo de Canarias

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no-autor@odisur.es (Gabinete Odisur) Canarias Wed, 04 Apr 2012 10:28:42 +0000
¡Feliz Navidad! http://odisur.es/diocesis/canarias/documentos/item/11473-¡feliz-navidad!.html http://odisur.es/diocesis/canarias/documentos/item/11473-¡feliz-navidad!.html Mensaje de Mons. Francisco Cases Andreu, Obispo de Canarias.

Con estas dos palabras, queridos amigos, nos saludamos cuando nos cruzamos por la calle, o cuando escribimos un email, un SMS, o una tarjeta de felicitación. Nos saludamos en realidad mandándonos un mensaje de Navidad, porque queremos expresar nuestro deseo de que en estos días, de un modo especial, seamos felices. Sabemos que no es fácil, y especialmente para algunas o muchas personas, pero no queremos dejar de expresar ese deseo.

Al contactar ahora con ustedes deseo llevar sus miradas y sus oídos, las miradas y los oídos del corazón, al mensaje, al deseo que nos expresa el Niño Dios en Belén. En la tarjeta que envío estos días a muchas personas, he mandado imprimir unas palabras de Benedicto XVI: "La Palabra eterna se ha hecho pequeña, tan pequeña como para estar en un pesebre. Se ha hecho Niño para que la Palabra esté a nuestro alcance". Y como prolongando esta sencilla reflexión del Santo Padre, añado, y éste es mi deseo: "Los niños pequeños no hablan, pero ¡cuántas cosas grandes nos dice Dios haciéndose pequeño!. Que acertemos a escucharlas".

Desde el pesebre de Belén, este Niño nos habla sin palabras, con su presencia muda y menuda. Nos habla de que Dios se acerca, se pone a nuestro alcance, porque nos quiere, y mucho. Nos habla de que, si se acerca como Niño pequeño, es para que no tengamos miedo de dejar sitio a Dios en nuestra vida. Y nos habla desde ese margen de la vida de los hombres que es la pobreza y la exclusión; para que sepamos acogerlo a Él con nuestra generosidad en los márgenes, en los pobres y excluidos de hoy.

En el Pregón Pascual de 2009 invité a que los que tenemos posibilidades viviéramos esta generosidad concretamente. De entonces a ahora la crisis ha arreciado, afecta a más personas y más duramente; también los servicios de Cáritas se sienten impotentes. Por eso, con esperanza, vuelvo a enviar mi mensaje de entonces y con las mismas palabras: Si tienes seguridad económica, porque tienes un sueldo, una nómina, unos ingresos estables, pequeños o grandes, ofrece parte de lo que tienes, y no ocasionalmente, sino de modo sistemático, con la misma estabilidad mensual de tus ingresos por ejemplo. Varios Obispos en distintas Diócesis de nuestra geografía han sugerido a sus Sacerdotes y a sus Fieles la ofrenda de la décima parte de los ingresos para compartir con los que sufren las consecuencias de la crisis... Entreguen su aportación a Cáritas, parroquial o diocesana... Tendremos que acostumbrarnos a un modo de entender la vida que incluye el compartir lo que tenemos como criterio permanente, no sólo como disciplina de un momento o unas semanas. La respuesta, entonces, fue muy importante y esperanzadora. La crisis no se vencerá solamente con medidas de técnica económica, sino también con la fraternidad y la gratuidad generosa.

No hay Navidad sin acoger al Niño Dios. No hay Navidad sin acoger a los que se tienen que refugiar en los establos marginales de hoy ¡Feliz Navidad, para todos!

+ Francisco, Obispo

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no-autor@odisur.es (Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Francisco Cases Andreu) Canarias Fri, 23 Dec 2011 00:00:00 +0000
"He contado tu Fidelidad y tu Salvación, no he negado tu Misericordia y tu Lealtad antes la Gran Asamblea" (Salmo 40, 11) http://odisur.es/diocesis/canarias/documentos/item/8617-"he-contado-tu-fidelidad-y-tu-salvación,-no-he-negado-tu-misericordia-y-tu-lealtad-antes-la-gran-asamblea"-(salmo-40,-11).html http://odisur.es/diocesis/canarias/documentos/item/8617-"he-contado-tu-fidelidad-y-tu-salvación,-no-he-negado-tu-misericordia-y-tu-lealtad-antes-la-gran-asamblea"-(salmo-40,-11).html Mensaje de Cuaresma de Mons. Cases Andreu, Obispo de Canarias.

Nos propusimos en este Curso Pastoral profundizar y vivenciar mejor todo lo que supone la Celebración en la Iglesia. Celebrar es vivir la cercanía y la acción de Dios en nuestras vidas; es alegrarse porque somosliteralmente agraciados por los dones de Dios; celebrar es contar lo queDios ha hecho y hace en nosotros, llenando nuestros días de sentido; celebrar es confiar en esa cercanía de Dios, que nos hace hermanos y nos congrega en una sola familia. En la Eucaristía, Presencia, Sacrificio y Banquete de Cristo, se resume y concentra toda celebración cristiana. Profundizando en la Eucaristía, personal y comunitariamente, y celebrandocomo la Madre Iglesia nos enseña a hacerlo, la Iglesia se renueva constantemente, resurge de su debilidad, su desgana y su confusión.

Aunque todo en la Iglesia surge de la Eucaristía y a ella nos lleva, loscreyentes en Cristo podemos repasar otras muchas ocasiones y motivos inmediatos de celebración. Al iniciar el tiempo de Cuaresma invito a todos, pastores y fieles, a reflexionar y a vivir con actitud renovada la Celebración de la Misericordia de Dios en el Sacramento de la Reconciliación o Penitencia. Me parece que es evidente que se da en la Iglesia un empobrecimiento y, en algunos lugares, hasta una total ausencia de la celebración de la Penitencia Sacramental, o Sacramento de la Reconciliación. La situación nos debe hacer pensar y nos debe hacer reaccionar.

Pienso que el problema es bastante más profundo de lo que parece. No se trata únicamente del descenso o desaparición de la praxis de la Reconciliación sacramental, lo cual ya es suficientemente grave. Junto a este descenso o ausencia se ha producido una débil o nula presencia del discurso público sobre este tema. No se habla del pecado, no se habla de la salvación, no se habla de la sacramentalidad del perdón de Dios en la Iglesia. Es una pérdida para nosotros mismos. Y será un enriquecimientocontar y cantar la fidelidad y la salvación de Dios, gritar su misericordia y sulealtad ante la gran asamblea.

1. Hablar del pecado

Hoy resulta fácil hablar del mal, pero no tanto hablar del pecado. El mal ¡lo tenemos tan cercano, y nos afecta tanto! Las consecuencias de lacrisis económica, la corrupción, el terrorismo, la violencia doméstica, ladroga, la emigración y sus muertes en la noche del océano, el paro, lascrisis familiares… Hoy resulta fácil hablar del mal. Pero no nos gusta hablarni oír hablar del pecado. ¿Dónde está la diferencia? Al hablar del mal pensamos en la fatalidad, o en las consecuencias inevitables del progreso,o en las responsabilidades de terceros, que siempre terminamos encontrando como culpables de que este mundo no funcione. Pero el mal no siempre es una fatalidad. El mal existe porque existe la responsabilidad, la mía y la tuya, y porque existe la desobediencia, la mía y la tuya, la negativa a escuchar la voz de Dios. Nos cuesta asumir que no sólo existe el mal, sino el pecado. Y nos cuesta asumir que no sólo existe el pecado, sino que existe mi pecado. Nos cuesta aceptar que yo soy pecador porque soyresponsable del mal que he hecho surgir o he permitido que surja en esos cuatro metros cuadrados en los que se desenvuelve mi vida. Necesitamos retomar el tema del pecado en la catequesis y en la homilía, en la charla formativa y en la conversación de ayuda pastoral.

Los primeros capítulos del Génesis contienen una profunda catequesis sobre el pecado. Nos muestran al hombre que no ha querido escuchar la voz de Dios, que se esconde de Él, que le huye. Y por ello lo que antes fuepalabra de amigo en el jardín, ahora es sólo ruido que produce miedo. Y la palabra del Padre llama al hombre para situarlo ante su responsabilidad. Dios muestra al hombre el origen de su mal -su negativa a escuchar- y las consecuencias del mal que ha desencadenado. El pecado es no obedecer, noquerer escuchar, es querer montar la vida, el mundo, prescindiendo de loque Dios ha previsto como sentido de cada cosa. El pecado es no amar, es no ver a Dios ni ver que todo nos viene de él, es no ver al hermano, o no ver sus necesidades, o no verlo como hermano, sino como mi adversario o mi servidor. El pecado es prescindir de Dios, olvidar a Dios, eliminar a Diosde la vida. Y el pecado es no confiar, desesperar.

2. Hablar de la Salvación

El discurso sobre el pecado, en creyente, tiene que vincularse en seguida al tema de la salvación. De otra forma, al aceptar nuestra condición pecadora, nos ahogaríamos en la desesperanza o ladesesperación. Hay remedio, hay salida, hay salvación. ‘Donde abundó elpecado, sobreabundó la gracia’(Rom 5, 20). Yo, que soy pecador, necesito salvación y puedo ser salvado. El tema de la salvación es el tema central dela religión y del cristianismo, aunque a veces no sepamos qué hacer con él,reduciéndolo o confundiéndolo. Y lo reducimos y lo confundimos cuando sólo buscamos o esperamos la salvación de los males penúltimos o intermedios:la enfermedad, la limitación económica, la dificultad del momento… El ángeldel Señor explica a José que María, su mujer, dará a luz un hijo, y que él ‘lepondrá por nombre Jesús, porque salvará a su pueblo de sus pecados’ (Mat 1, 21). ‘Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador’ anuncian los ángeles a los pastores; y Simeón, prevenido por el Espíritu, se llena de paz ‘porque mis ojos han visto a tu Salvador’ (Luc 2, 30). Necesitamos unacatequesis, un mensaje público sobre la salvación. Volviendo a las primeras páginas del Génesis, vemos que Dios enfrenta al hombre con suresponsabilidad, pero también le ofrece su promesa de salvación. Noserviría de nada mostrar de dónde brota el mal y a dónde lleva, si no seanuncia que ese mal del hombre no es la palabra definitiva.

La voz del Padre es anuncio de gracia, de victoria sobre ese mal. Si elpecado del mundo no ha sido una fatalidad del progreso, sino que ha nacidodel corazón de Adán, confundido y ambicioso, la vida del mundo nacerátambién de un corazón humano. La descendencia de la nueva Eva, Cristo, derrotará al linaje de la serpiente primordial. Una desobediencia, unanegativa a escuchar, trajo y trae el mal al mundo, el único verdadero mal que es el pecado. Una obediencia, una disponibilidad total a escuchar y ahacer la voluntad de Dios, trae la gracia y la salvación al mundo y lo llena de alegría y de paz.

Y esa obediencia, esa disponibilidad total a escuchar, la obediencia de Cristo, Hijo del Padre, nos salva, nos redime. Nos salva del único verdaderomal que hay en el mundo que es el pecado. No salva la ciencia, no salvanlas estructuras de progreso, no salvan las leyes, no salva la razón herida.En esta enorme máquina del mundo, que funciona y chirría, que avanza yaplasta, la pieza que necesita el verdadero y definitivo ajuste es el corazón humano. La obediencia de Cristo nos salva y nos redime. Y nos salvaporque transforma nuestro corazón rebelde en corazón dócil, un corazón que sabe escuchar y que dice: aquí estoy para hacer tu voluntad.

3. Hablar de la reconciliación sacramental y celebrar el Sacramento de la Misericordia

La salvación, que es don de Dios ganado por Cristo, llega a nosotros por los Sacramentos de Cristo, en su Iglesia. También aquí necesitamosrecuperar el discurso sobre los Sacramentos de la Iglesia. Y recuperar eldiscurso sobre la salvación del pecado -el único y verdadero malfundamental del ser humano-, en la misericordia de Dios que nos alcanza enel perdón ofrecido por la Iglesia en el Sacramento. “Se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor al hombre” (Tito 3, 4). Y siguemanifestándose y sigue alcanzando hoy al hombre pecador.

La ley de la Encarnación sigue presente en la Iglesia. Esta larga pero hermosa cita del abad del monasterio de Stella, el Beato Isaac (s. XII), quenos habla de cómo encontramos el perdón de Dios por medio de la Iglesia,merece ser meditada sosegadamente: Hay dos cosas que son de laexclusiva de Dios: la honra de la confesión y el poder de perdonar. Hemosde confesarnos a él. Hemos de esperar de él el perdón. ¿Quién puedeperdonar pecados, fuera de Dios? Por eso, hemos de confesar ante él. Pero,al desposarse el Omnipotente con la débil, el Altísimo con la humilde, haciendo reina a la esclava, puso en su costado a la que estaba a sus pies.Porque brotó de su costado. En él le otorgó las arras de su matrimonio. Y,del mismo modo que todo lo del Padre es del Hijo, y todo lo del Hijo es delPadre, porque por naturaleza son uno, igualmente el Esposo dio todo lo suyo a la esposa, y la esposa dio todo lo suyo al Esposo, y así la  hizo unoconsigo mismo y con el Padre: Este es mi deseo, dice Cristo, dirigiéndose alPadre en favor de su esposa, que ellos también sean uno en nosotros, como tú en mí y yo en ti.

Por eso, el Esposo, que es uno con el Padre y uno con la esposa, hizo desaparecer de su esposa todo lo que halló en ella de impropio, lo clavó en la cruz y en ella expió todos los pecados de la esposa. Todo lo borró por elmadero. Tomó sobre sí lo que era propio de la naturaleza de la esposa y serevistió de ello; a su vez, le otorgó lo que era propio de la naturaleza divina.

En efecto, hizo desaparecer lo que era diabólico, tomó sobre sí lo que erahumano y comunicó lo divino. Y así es del Esposo todo lo de la esposa. Poreso, el que no cometió pecado y en cuya boca no se halló engaño pudo muy bien decir: Misericordia, Señor, que desfallezco. De esta manera, participaél en la debilidad y en el llanto de su esposa, y todo resulta común entre elesposo y la esposa, incluso el honor de recibir la confesión y el poder de perdonar los pecados; por ello dice: Ve a presentarte al sacerdote.

Nada podría perdonar la Iglesia sin Cristo: nada quiere perdonar Cristo sin la Iglesia. Nada puede perdonar la Iglesia, sinoal que se arrepiente, o sea, al que ha sido tocado por Cristo. Nada quiere mantener perdonado Cristo al que desprecia a la Iglesia.Pues lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre. (Sermón 11:PL 194, 1728-1729)

Necesitamos traducir en iniciativas concretas en este tiempo deCuaresma esta recuperación de la praxis y del discurso público sobre el pecado, sobre la salvación y sobre la Penitencia sacramental. Seguro que el Espíritu del Señor tocará nuestros corazones y nos hará encontrar las fórmulas concretas para realizar esta tarea. Así haremos realidad las palabras del salmo: “He contado tu fidelidad y tu salvación, no he negado tu misericordia y tu lealtad ante la gran asamblea” (Salmo 40, 11).Que elSeñor nos bendiga con su amor y nos llene de amor mutuo.

Francisco, Obispo  

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no-autor@odisur.es (Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Francisco Cases Andreu) Canarias Tue, 08 Mar 2011 00:00:00 +0000
Ante la convocatoria de Huelga General http://odisur.es/diocesis/canarias/documentos/item/7344-ante-la-convocatoria-de-huelga-general.html http://odisur.es/diocesis/canarias/documentos/item/7344-ante-la-convocatoria-de-huelga-general.html Carta de Mons. D. Francisco Cases Andreu, Obispo de Canarias.

La celebración de las Fiestas del Pino me ofrece cada año la ocasión de presentar algunas reflexiones que considero como programáticas por coincidir con los inicios de la actividad del curso pastoral, escolar, civil. Este año mis reflexiones partieron de dos hechos concretos. Por una parte, seguimos en la crisis económica-financiera, una crisis que 'dura', y que precisamente por esta duración la hace todavía más dañina para las personas que la sufren en su carne y en la de sus familias. Cuando sólo se puede buscar subsistir, la vida humana corre el riesgo de perder toda su calidad humana.

Muchos -decía en Teror- coincidimos en el análisis de que estamos no sólo ante una crisis económico-financiera, sino ante una crisis de valores. Con otras palabras, nos hemos dado cuenta de que el crecimiento de las listas del paro, y todos los aspectos negativos del retroceso de la economía, no son sino síntomas de algo más profundo, que está afectando en realidad a los cimientos sobre los que se apoya la convivencia. Me pregunto si reflexionamos suficientemente sobre este análisis que repetimos todos. Quien sabe que la crisis afecta a los valores que fundamentan la convivencia, debe buscar ante todo las soluciones en la recuperación de los valores. Pero ¿es algo de esto lo que estamos haciendo?

Por otra parte, el hecho de que este año conmemoramos el 250 aniversario de la colocación de la primera piedra de la Basílica de Teror, me servía para recordar que este templo es el tercero que se ha edificado para albergar la imagen de nuestra Patrona, porque los dos anteriores acabaron en ruina, y este mismo de hoy empezó a tener grietas en sus muros desde los primeros años de su construcción. Los fundamentos no eran seguros, los cimientos no apoyaban sobre roca sólida. Hasta el s. XX no se pudieron subsanar estos problemas, que garantizan hoy la estabilidad y la seguridad del edificio.

Los dos hechos coinciden en la misma realidad: nuestra convivencia eclesial, pero también civil, laboral, social, ¿sobre qué fundamentos se apoya? La pregunta tiene una gran actualidad ante la convocatoria de una huelga general, promovida contra la Reforma Laboral convalidada por el Congreso de los Diputados el pasado mes de junio. Todos quedamos emplazados para tomar postura, no sólo ante el hecho de la huelga general, la participación de cada uno, la gestión de la misma, el derecho a secundarla y el derecho a trabajar, etc, sino sobre todo ante lo que es más importante: los planteamientos que dicha Reforma Laboral y la vida misma hacen de las relaciones laborales, tan importantes para la convivencia, y tan significativos e ilustrativos de los valores que se tienen en consideración y los que se desprecian o se minusvaloran.

La Comisión Permanente de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) hizo público el pasado mes de junio un conjunto de reflexiones sobre la Reforma Laboral y el Cambio de Modelo de Organización Social, que me parecen muy importantes. Está publicado en su página web y también en la de nuestra Diócesis de Canarias, e invito a su lectura y reflexión. Es bueno que cada uno busque la mayor coherencia posible a la hora de decidir su participación en la Huelga General, y es legítimo que se actúe en consecuencia. Como medida política y social concreta puede verse compatible con los razonamientos inspirados en la fe cristiana, pero a nadie se puede imponer como su conclusión necesaria, ni a nadie se debe condenar ni porque participa ni porque no lo hace.

Sin embargo hay algo que no debe quedar ensombrecido ni siquiera por el hecho de la huelga general, porque no queda solucionado a partir de su realización: la condición de los trabajadores, y especialmente ahora los que sufren el desempleo. Tenemos en Canarias la tasa de paro más alta de España, y la bolsa de la compra más cara. Y esto seguirá siendo así después del 29 S. "La repetida afirmación de que esta reforma laboral es necesaria para hacer frente a la crisis y más concretamente para acabar con el paro que ésta ha provocado, es falsa. Porque el desempleo que hoy día se registra en nuestra economía no es el resultado de la legislación laboral, de los costes de despido imperantes (cuando se han perdido casi dos millones de puestos de trabajo sin mayores dificultades por parte de las empresas) o de las rigideces de la negociación colectiva. En un país en que hay más de cuatro millones de parados es difícil sostener con un mínimo de seriedad que despedir es caro y complicado. El problema del empleo en España no está en el mercado de trabajo". (Informe de la HOAC citado, p. 13, 16)

Es obvio que el acento debe ponerse en una doble dirección: por una parte seguir animando a los agentes sociales: trabajadores, empresarios, sindicalistas, políticos, financieros, a buscar salidas y soluciones que devuelvan la dignidad a los trabajadores creando empleo. Es necesario revisar en profundidad la orientación de la vida social, particularmente la manera de entender la economía; dar prioridad a la persona humana frente al mercado; dar prioridad al trabajo sobre el capital; defender ante todo los derechos de los empobrecidos; y dar prioridad a la familia.

Por otra parte, la dirección de la marcha en el camino que hemos de recorrer, no nos puede hacer olvidar el segundo tema, que es también primero en realidad: después del 29 S seguirá habiendo paro, pero seguirá habiendo sobre todo gente necesitada, personas que tratan simplemente de subsistir. Ya desde el Pregón Pascual de Abril de 2009 vengo haciendo la sugerencia doble que ahora repito:

1.- Si tienes tiempo y capacidades para colaborar con Cáritas en la acogida de personas y familias, ofrécete, aprende lo que debes hacer y cómo puedes hacerlo, e implícate. Regala tu tiempo, que es ofrecerte a ti mismo.

2.- Si tienes seguridad económica, porque tienes un sueldo, una nómina, unos ingresos estables, pequeños o grandes, ofrece parte de lo que tienes, y no ocasionalmente, sino de modo sistemático, con la misma estabilidad mensual de tus ingresos. Ofrece por ejemplo la décima parte de tu sueldo para compartir con los que sufren las consecuencias de la crisis. Entrega tu aportación a Cáritas, parroquial o diocesana. Tendremos que acostumbrarnos a un modo de entender la vida que incluye el compartir lo que tenemos como criterio permanente, no sólo como disciplina de un momento o unas semanas.

Me consta que aquella sugerencia que hice hace año y medio fue secundada por mucha gente, y también me consta que hay quien la mantiene aún hoy.

Francisco Cases

Obispo de Canarias

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no-autor@odisur.es (Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Francisco Cases Andreu) Canarias Sat, 25 Sep 2010 00:00:00 +0000
Pregón http://odisur.es/diocesis/canarias/documentos/item/6191-pregón.html http://odisur.es/diocesis/canarias/documentos/item/6191-pregón.html Pregón de Mons. Francisco Cases Andreu en la Semana Santa de Las Palmas de Gran Canaria.
Queridos Hermanos y Amigos todos:

Permítanme que les acoja a todos con esta fórmula de saludo, la usual en mis encuentros con los creyentes cuando nos reunimos para una celebración de fe. Son las palabras que más cariño y más respeto encierran al mirarles a los ojos, y abrirles el corazón, contento de compartir con Ustedes mucho más que un trozo de tiempo y un espacio común al amparo de las nervaduras de nuestra Basílica Catedral de Santa Ana en la Semana de Pasión.

Creí un deber aceptar la invitación que amablemente me ofreció la Junta de Gobierno de la Unión de Hermandades, Cofradías y Patronazgos para decir el Pregón de la Semana Santa de nuestra Ciudad, pero la carta del Presidente me abrió una inquietud.

En un instante se me amontonaron las preguntas, y llegué a pensar que sólo en poner orden y en ir contestándolas se me pasaría el tiempo, como se le agotaron a Lope de Vega los catorce versos del soneto que le mandó hacer Violante, con sólo ir engarzando los versos explicando que cosa sea un soneto. ¿Qué es o qué debe ser un Pregón? ¿Qué Semana Santa debe anunciar este pregón? ¿Son Ustedes los oyentes reales del pregón, o en ustedes he de hablar con muchos que no están aquí? ¿Tiene lógica anunciar o incluso celebrar hoy los desfiles procesionales de Semana Santa en el contexto social que estamos viviendo? ¿Qué debe decir el pregón? Y por último la pregunta y la inquietud por mí mismo, el pregonero: ¿qué papel representar? ¿el de poeta, el de predicador, o el de aprendiz de profeta? Vayamos encadenando las preguntas y las inquietudes.

Sea la primera la del PREGÓN mismo. El Diccionario llama "Pregón" al Discurso elogioso en que se anuncia al público la celebración de una festividad y se le incita a participar en ella. Todos ustedes ya saben que se van a celebrar las Procesiones, y conocen las Procesiones mejor que yo.

¿Necesitan ustedes que haga el elogio de sus hechos, y les invite a participar en la festividad de sus Procesiones? ¿Qué debo anunciarles, qué puedo anunciarles? Los Pregones con alguna frecuencia se han convertido en relatos. Un Pregón anuncia o debe anunciar. El relato cuenta, busca deleitar con lo que cuenta y con el modo de contarlo. Normalmente los Pregones, que deberían hablar de lo que va a suceder, de algo futuro, se han convertido en repasos del pasado. Quizás por eso tienen mayor acogida entre los que han conocido o conocen, han vivido o viven lo que se anuncia repetido, aunque los detalles de lugares, costumbres, tiempos y modos ya no se correspondan con la realidad actual. Han cambiado el empedrado, las luces, los recorridos, y las fechas. Pero el Pregón mantiene la nostalgia y su relato alivia el corazón.

¿Comprenden por esto la inquietud del PREGONERO? Por una parte, no puedo físicamente entrar en el Pregón como relato de lo que fue, porque yo no vi, ni estuve, ni viví lo que fue; y sonaría a falso y a hueco si lo elogiase y lo anunciase contando sus grandezas por haber estudiado, preguntado y contrastado en mil fuentes lo que fue, por
mucho que busque las palabras más canarias para contarlo.

Y por otra parte, porque como creyente y como pastor, es muy posible que esperen una reflexión sobre lo que es, o lo que puede ser, o debe ser en el futuro, lo que se viene haciendo, y ahora se anuncia para un plazo tan breve como la semana próxima.

Tocaría ahora responder a la pregunta por qué Semana Santa he de contar, elogiar, o anunciar. Es fácil de comprender que aquí o en cualquier lugar hay varias Semanas Santas, pero hablemos primero de ustedes, oyentes, y abordemos antes la cuestión del contexto social del momento presente. ¿Son ustedes los OYENTES REALES del Pregón, o en ustedes he de hablar con muchos que no están aquí? ¿Quiénes deben recibir, escuchar, acoger el anuncio de los desfiles procesionales?

En realidad hemos convertido algo que debería ser un acto popular, en un limitado acto social. Ustedes que escuchan el Pregón ¿qué vienen a escuchar? Ya dijimos que en esta ocasión ya saben de antemano de qué se trata. La novedad o la sorpresa puede venir del Pregonero: ¿qué irá a decir un conocido representante de la Iglesia, que sabemos cómo piensa más o menos, o con mayor o menor detalle, de algo que ya sabemos qué es, y que por otra parte no va a cambiar por lo que aquí se diga? Lo que vaya a decir, lo que quiere decir no tiene que ver solamente con ustedes, es tema para el nazareno, el dirigente, el político, para el espectador y el creyente convencido.

Y no tiene poca importancia considerar EL CONTEXTO SOCIAL en el que se anuncia lo que se va a hacer. Lo que se anuncia es un conjunto de manifestaciones religiosas en la calle. Lo aceptamos pacíficamente los que estamos aquí, complacidos en oír lo que oímos, y ­si el Pregonero acierta- por el modo de decirlo. Pero no es esta realidad de manifestaciones religiosas en la calle algo obvio y pacíficamente aceptado hoy por todos. No es este el mensaje que recibimos habitualmente desde las más variadas instancias: lo religioso y sus manifestaciones son algo legítimo, y para muchos hasta válido, pero como opción privada, para manifestarse libremente en los ámbitos privados. El tema es importante.

Para ayudar a entenderlo un poco más tratemos de aproximarnos a lo que son las Procesiones. En resumen: un conjunto de personas que llevan a Cristo a la calle. Así de sencillo y así de importante. El centro de las Procesiones son las imágenes de Cristo y de María. Son imágenes dolientes, que nos trasladan a un mundo de sufrimiento y de muerte, de compasión y de cercanía; los cristianos llamamos redención y salvación. En realidad resumen lo que cada creyente cristiano, y cada comunidad creyente viven como
creyentes; pero también lo que como creyentes aportan, pueden o deberían aportar a la sociedad, al mundo de los hombres con los que caminan, esperan, sufren, lloran y se alegran cada día. Y digo lo que aportan o lo que deberían aportar, porque también ponen, o ponemos, en circulación el escándalo, la suciedad y el daño; y porque también tapamos quizás con demasiado oro y demasiados bellos adornos lo que no fue ni es tan hermoso de contemplar.

Las procesiones en su realidad más elemental resumen la tarea del creyente y de la Iglesia toda: llevar a Cristo a la calle. Y lo hacen en la persona de los nazarenos, penitentes a los que hace anónimos el capirote, para acompañar a Cristo representándonos a todos. Y lo hace en la persona de los responsables, a cara tapada o a rostro descubierto, preocupados de que el desfile se desarrolle técnicamente bien, y de que la Hermandad, la Cofradía o el Patronazgo esté en sintonía con lo que se ve. Con varas de mando en las manos, que pueden ser un símbolo de poder, o el cayado del pastor, que convierte a los dirigentes en zagales del único Buen Pastor, tratando de ayudar a Cristo a llevar a los fieles por buenos caminos a su encuentro, al encuentro con Él..

Llevar a Cristo a la calle. Este rápido resumen de lo que son las procesiones me obliga a pensar. Cuando en la calle, con una manifestación o con una palabra en los Medios, está un creyente, alguien de Iglesia, defendiendo la vida del ser humano no nacido o defendiendo el matrimonio como lo pensaba Jesús de Nazaret; o defendiendo el derecho de los padres a educar a sus hijos según las referencias morales que ellos quieren, y no las que pretende imponer nadie distinto de ellos mismos, aunque sea el Estado; o identificándose y defendiendo a los pobres y marginados, entonces, cuando se hace esto en la calle con una manifestación o una palabra en los Medios, no se está haciendo algo distinto de lo que se hace en una procesión de Semana Santa: se está llevando a Cristo a la calle. Se está ofreciendo a Cristo, su Luz y sus criterios, a quienes quieran inspirarse en él para defender la vida, el matrimonio, la familia, la educación, los pobres.

Una verdadera democracia, no sólo permite, sino que exige, garantiza y está interesada en que todas las voces puedan estar en el espacio público, y sean escuchadas, tanto por los poderes públicos como por la sociedad toda. Con la limitación de que se respeten los derechos de los demás, no se ofendan las creencias de nadie, y no se altere el orden público; y esta limitación es exigible a los creyentes cuando se manifiesten, pero debe exigirse también a favor de los creyentes. ¡Qué lástima que en democracia, cuando suena la voz de gente de Iglesia en la calle o en los medios, se escuchen las mismas voces de otros tiempos comentando: "se están metiendo en política"! Pareciera que el aborto sea un tema político, que no tenga nada que ver con la moral. ¡Qué lástima que resulte tan fácil ofender las creencias de los católicos!

¡Ojalá que a todos puedan llegar todas las voces y todas las iniciativas legítimas! ¡Ojalá los poderes públicos sean los primeros que se alegran de que circulen las ideas y las propuestas! No entiendo que por una parte las procesiones de Semana Santa se vean como inocentes e intrascendentes, asépticas manifestaciones populares que pueden y deben ser autorizadas, apoyadas, acompañadas e incluso participadas por los poderes públicos en representación del pueblo, y, por otra parte, se juzgue inconveniente, molesta o ilegítima la palabra pública que se deduce directamente de lo que representan las procesiones: llevar a Cristo a la calle. (...)

Puede leer el Pregón completo en este enlace.
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no-autor@odisur.es (Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Francisco Cases Andreu) Canarias Fri, 26 Mar 2010 00:00:00 +0000
Donar órganos es dar vida http://odisur.es/diocesis/canarias/documentos/item/2963-donar-órganos-es-dar-vida.html http://odisur.es/diocesis/canarias/documentos/item/2963-donar-órganos-es-dar-vida.html Carta conjunta de los obispos de las dos diócesis canarias sobre la donación de organos.
Hermanos y amigos de las Islas Canarias:

El pasado mes de marzo tuvo lugar, en el Hospital Universitario de Canarias, el trasplante de riñón número 2000. Con este motivo, bajo el lema “2000 gracias a ti”, el propio Hospital está llevando a cabo una serie de actos conmemorativos para agradecer la generosidad de la población canaria en la donación de órganos, reconocer y aplaudir el buen hacer de los equipos médicos, juntamente con el trabajo en paralelo de las asociaciones de enfermos renales que, con sus campañas de concienciación, han sensibilizado a nuestra población en favor de la donación de órganos.

Se quiere, además, difundir una memoria científica de los trasplantes realizados a lo largo de 27 años, así como el seguir fomentando de forma eficaz la concienciación y sensibilización de la población a favor de la donación de órganos. También está previsto celebrar una misa, el 16 de octubre en la Catedral de La Laguna (iglesia de La Concepción), en acción de gracias a Dios, fuente de todo bien, por los beneficios recibidos.

Admirados por este prodigio de la ciencia gracias al cual, a través de los trasplantes, podemos compartir órganos de nuestro cuerpo para que otros vivan mejor e incluso para evitar su muerte,  los obispos de las dos diócesis de las Islas Canarias queremos, también, unirnos a esta gozosa efemérides y poner nuestra palabra para celebrar este “2000 gracias a ti”.

Ante todo, vaya por delante nuestra convicción, que compartimos con miles de personas, de que “donar órganos es dar vida”. Así mismo, expresamos nuestro deseo profundo de que sean cada vez más los hombres y mujeres que piensan que después de su muerte aún pueden seguir siendo útiles a sus semejantes y, consecuentemente, hacen donación de sus órganos para que se pueda disponer de los mismos en caso de fallecimiento. Los trasplantes son una gran conquista de la ciencia al servicio del hombre y no son pocos los que en nuestros días sobreviven gracias al trasplante de un órgano. La técnica de los trasplantes es un instrumento cada vez más apto para alcanzar la primera finalidad de la medicina: el servicio a la vida humana.

Pero, para que haya transplantes hacen falta donantes de órganos. Miles de personas, con su salud muy precaria o al límite de la muerte, esperan con ilusión la donación de un órgano para poder mejorar sus condiciones de vida o seguir viviendo. Para los cristianos, como nos enseñó el Papa Juan Pablo II, el amor al prójimo está “hecho de pequeños o grandes gestos de solidaridad que alimentan una auténtica cultura de la vida. Entre ellos merece especial reconocimiento la donación de órganos, realizada según criterios éticamente aceptables, para ofrecer una posibilidad de curación e incluso de vida, a enfermos tal vez sin esperanzas” (Evangelio de la Vida, n. 86). Ciertamente, “donar órganos es dar vida” y es un modo de imitar a Jesús que dice «nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13) y que Él mismo dio su vida por los hombres.

“Según criterios éticamente aceptables”. En efecto, toda donación de órganos, que es buena en sí misma, ha de estar regulada por criterios morales para evitar todo aquello que atente a la dignidad y el valor de la persona humana, muy especialmente cuando el donante es una persona sana y viva. Así, el Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que: “El trasplante de órganos no es moralmente aceptable si el donante o sus representantes no han dado su consentimiento consciente. El trasplante de órganos es conforme a la ley moral y puede ser meritorio si los peligros y riesgos físicos o psíquicos sobrevenidos al donante son proporcionados al bien que se busca en el destinatario. Es moralmente inadmisible provocar directamente para el ser humano bien la mutilación que le deja inválido o bien su muerte, aunque sea para retardar el fallecimiento de otras personas” (n. 2296).

Nosotros, como pastores de nuestras respectivas iglesias diocesanas en Canarias, queremos disipar posibles temores que aún pueden retraer a algunos a donar sus propios órganos para ser utilizados después de su muerte. Y lo hacemos con un texto de la Comisión Episcopal de Pastoral de la Conferencia Episcopal Española, en una exhortación publicada el 25 de octubre de 1984 (¡hace 24 años!):

“Es cierto que se exigen algunas condiciones que garanticen la moralidad de los trasplantes de muerto a vivo: que el donante, o su familiares, obren con toda libertad y sin coacción; que se haga por motivos altruistas y no por mercadería; que exista una razonable expectativa de éxito en el receptor; que se compruebe que el donante está realmente muerto.

Cumplidas estas condiciones, no sólo no tiene la fe católica nada contra tal donación, sino que la Iglesia ve en ella una preciosa forma de imitar a Jesús que dio la vida por los demás. Tal vez en ninguna otra acción se alcancen tales niveles de ejercicio de la fraternidad. En ella nos acercamos al amor gratuito y eficaz que Dios siente hacia nosotros. Es un ejemplo vivo de solidaridad. Es la prueba visible de que el cuerpo de los hombres puede morir, pero que el amor que lo sostiene no muere jamás”.

Por eso, no dudamos en hacer un llamamiento a todos los hombres y mujeres de nuestras islas, muy especialmente a los católicos, a ser generosos y solidarios dejando constancia por escrito de que, en caso de muerte, donamos nuestros órganos “para ofrecer una posibilidad de curación e incluso de vida, a enfermos tal vez sin esperanzas”. Igualmente, pedimos a las familias, a los educadores, a los líderes políticos y sociales, a los Medios de Comunicación…, que promuevan una auténtica cultura de generosidad y solidaridad, indispensable para que aumente el número de donantes. Como dijo Juan Pablo II, el 29 de agosto del año 2000, a los participantes en el XVIII Congreso Internacional de la Sociedad de Trasplantes: “Es preciso sembrar en el corazón de todos, y especialmente en el de los jóvenes, un aprecio genuino y profundo de la necesidad del amor fraterno, un amor que puede expresarse en la elección de donar sus propios órganos”.

Para finalizar, hacemos nuestras las palabras del documento, antes citado, de la Comisión Episcopal de Pastoral:

“Deseamos expresar nuestro estímulo y aliento a los enfermos y familiares que sufren y esperan nuestra generosidad, a las asociaciones de enfermos que con empeño llevan a cabo una labor de sensibilización, a los equipos médicos que con tanto esfuerzo y entrega luchan por estar al día y ofrecer a los enfermos una vida mejor, a los órganos legislativos y administrativos y a los medios de comunicación social que han mostrado su sensibilidad y preocupación por el problema. Y queremos también mostrar nuestro reconocimiento a los que ya han decidido donar sus órganos en caso de muerte”.

Felicitamos y agradecemos al Hospital Universitario, con sus equipos médicos, por los “2000 trasplantes de riñón” y les deseamos para el futuro los mayores éxitos al servicio de la vida humana. A los que necesitan y esperan un trasplante les deseamos y pedimos a Dios una pronta solución a sus problemas de salud, una solución que, en buena parte, depende de nuestra decisión de donar los propios órganos. Ojalá que para realizar “otros 2000 trasplantes” no tengan que pasar otros 27 años, como hasta ahora, sino que progresivamente, en menos tiempo, se vayan produciendo más trasplantes. Será la señal evidente de que en Canarias aumenta el número de donantes, el número de los que “dan vida” a los demás, porque, “donar órganos es dar vida”.

Así lo esperamos y deseamos de todo corazón.

+ Bernardo Álvarez Afonso, obispo Nivariense
+ Francisco Cases Andreu, obispo Canariense
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no-autor@odisur.es (Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Francisco Cases Andreu) Canarias Sat, 11 Oct 2008 00:00:00 +0000
Eucaristía por las víctimas del accidente de Barajas http://odisur.es/diocesis/canarias/documentos/item/2822-eucaristía-por-las-víctimas-del-accidente-de-barajas.html http://odisur.es/diocesis/canarias/documentos/item/2822-eucaristía-por-las-víctimas-del-accidente-de-barajas.html Homilía de D. Francisco Cases Andreu, Obispo de Canarias.
Queridas familias: les llevamos en el corazón en este momento, con los seres queridos que han y hemos perdido, y con los hermanos que todavía buscan recuperación en clínicas y hospitales. Y les ha llevado y les lleva en el corazón toda Canarias y toda España. La presencia en esta Iglesia Catedral de sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias, Don Felipe y Doña Letizia, del Sr. Presidente del Gobierno de España, del Sr. Presidente del Gobierno Canario, de todas las Autoridades, y de tantos y tantos hermanos y amigos, son un testimonio de que sentimos con Ustedes y tratamos de acompañarles. Hago presentes igualmente las condolencias de tantos creyentes y no creyentes que, considerándome de alguna manera en condiciones de hacerles llegar este mensaje, me han pedido que les manifieste sus sentimientos de cercanía, de plegaria y de apoyo en estos momentos. El Santo Padre Benedicto XVI rezó "por el eterno descanso de los fallecidos así como por los heridos en el accidente”; manifestó –son sus palabras- “su vivo afecto y cercanía espiritual” a las familias de las víctimas, para las cuales pidió que “el Señor conceda fortaleza, consuelo y esperanza”. Muchos Hermanos Obispos, Sacerdotes, cristianos y no cristianos amigos, de Canarias y de muchos otros lugares me han hecho llegar su palabra de cariño para Ustedes.

No es fácil decir una palabra que pretenda dar sentido a lo vivido, cuando uno se ha rendido ya a la tragedia, y sabe que no puede buscar comprender lo que no tiene sentido. No es posible comprender. Sólo es posible, si uno tiene o le quedan fuerzas, acoger y aceptar, para musitar una plegaria, para que la vida siga adelante, para seguir ayudando a los que quedan, y poner el brazo para que se apoyen otros y para que uno experimente que la propia vida sigue sirviendo para alguien.

Pero cuando no es posible comprender, cuando el dolor es tan crecido que sólo queda acoger y aceptar para seguir viviendo, entonces la presencia cercana y el silencio son más elocuentes que el ruido de los discursos. Y en realidad eso estamos tratando de hacer todos desde el primer momento.

¿Te acuerdas, amiga, -¡déjame que te llame así!- cuando en la madrugada del 20 al 21 me acerqué en IFEMA a ti y a tu familia, y me dijiste: Padre, viene Vd. en mal momento. Tus ojos no hablaban de rechazo ni de reproche, tu mirada acogedora sólo hablaba de dolor. Y te respondí temblando: Hija, no pretendo nada, no vengo a convencerte de nada. Vengo sólo a estar junto a Vds., con el silencio o con la palabra, simplemente a estar. Vengo a recoger una lágrima, y a escuchar una queja dolorida. Sí, amiga, -seguí diciendo- también de mi corazón creyente ha brotado más de una vez la queja dolorida, y la rabia contenida. También yo he llorado y lloro.

Las palabras más amargas para quejarse a Dios no han aparecido en los periódicos de boca de agnósticos o ateos. Hace muchos siglos que están escritas en la Biblia. Brotaron y siguen brotando de corazones creyentes que se han situado ante el Padre Dios como eran, humanos heridos por la desgracia y la tragedia. Han gritado y han llorado, han maldecido y se han quejado amargamente. Y al fin han comprendido que Dios estaba con ellos, gritando también para que los hombres no nos hiciéramos daño unos a otros, y llorando también en silencio para que sintiéramos su cercanía junto a nosotros.

¿Dónde estaba Dios el 11 S y el 11 M, y el 20 de Agosto? ¿Dónde estaba Dios cuando Cristo muere en la Cruz en el Gólgota? Siempre junto al que sufre, siempre junto al que experimenta la soledad y el abandono. Nuestras asambleas cristianas están presididas siempre por una Cruz, la Cruz de Cristo. ¿Por qué? Si Cristo ha resucitado ¿por qué nos preside su imagen de crucificado? Porque no debemos olvidar su Amor. Para que la victoria del Resucitado no nos oculte que el Amor le llevó a estar siempre con nosotros en el peor dolor, y a vivir como nosotros y con nosotros nuestros peores momentos.

Estamos tan acostumbrados a ver la cruz, a trazarla sobre nosotros mismos al santiguarnos, que quizás no nos detenemos a contemplarla como lo que es: un instrumento de bárbaro suplicio, el gran signo de la crueldad humana, el gran signo del horror de todas nuestras tragedias: ¿qué ha hecho este hombre? pregunta uno de los ladrones que acompaña a Jesús en el monte de la Calavera. Sí, ¿qué ha hecho este hombre? Es la pregunta que se han hecho muchos estos días: ¿qué han hecho las víctimas de este horror para tener esa muerte? Jesús es el hombre justo, que no ha hecho nada malo, sino que carga sobre sí todos los males y todos los pecados.

La cruz es el gran signo del horror, y el gran signo del amor de Dios. Todo está cumplido, oímos decir a Jesús antes de expirar. ¿Qué has cumplido, Jesús? Has cumplido el encargo del Padre de manifestarnos su amor con tu amor, su cercanía con tu cercanía. Has cumplido el encargo de vivir todo lo nuestro, de vivir nuestra debilidad y nuestra alegría; has cumplido el encargo de vivir el horror de nuestra muerte, y no meramente de una muerte cualquiera, sino el horror de la muerte del abandonado, condenado, despreciado y asesinado.

Cristo ha hecho suyo todo lo nuestro. Ha vivido nuestra alegría y nuestra admiración y nuestra gratitud por todo lo bueno y bello que existe. Ha vivido el calor de la amistad, el amor de la familia, la alegría de los novios el día de su boda. Ha vivido el dolor de la muerte del amigo, y ha sentido el dolor de la viuda que pierde también al hijo joven. Y ha vivido nuestra soledad, y el abandono y hasta la traición de los más cercanos, y la amargura del desprecio, de la burla; y el dolor profundo y agudo de la condena injusta y de la violencia despiadada del tormento. Cristo ha hecho suyo todo lo nuestro, para que nosotros podamos hacer nuestra su paz, su fuerza, su gozo, su Vida.

Ese es precisamente el mensaje, lo que Dios ha hecho y hace con nosotros, lo que no deja de hacer nunca. Con el silencio o con la Palabra, está junto a nosotros y hace brotar y fortalece con su gracia nuestra esperanza. Esa es la experiencia de Pablo en medio de enormes pruebas: Nada, nada, nada, ni la muerte, podrá apartarnos del Amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro. La manifestación de su amor se ha hecho la máxima cercanía en la Cruz. Sí, Jesús, has cumplido el encargo. Te has puesto de nuestra parte, te sentimos de nuestro lado. Tú, Cristo, eres –como nos ha recordado Benedicto XVI en su Encíclica Salvados en esperanza-  el verdadero pastor que conoce también el camino que pasa por el valle de la muerte; el que incluso por el camino de la última soledad, en el que nadie me puede acompañar, va conmigo guiándome para atravesarlo: Él mismo ha recorrido este camino, ha bajado al reino de la muerte, la ha vencido, y ha vuelto para acompañarnos ahora y darnos la certeza de que, con Él, se encuentra siempre un paso abierto. Saber que existe Aquel que me acompaña incluso en la muerte y que con su « vara y su cayado me sosiega », de modo que « nada temo » (cf. Sal 22,4), será siempre la nueva « esperanza » que brota en la vida de los creyentes (SS 6).

También ahora está con nosotros. También ahora habla a su Madre María, y nos la entrega como Madre, y nos entrega a nosotros a sus cuidados. Hoy somos todos nosotros el discípulo al pie de la cruz, viviendo la muerte de nuestros seres queridos, y acompañando a tantas madres y padres que han perdido a sus hijos, y a tantos hermanos que han perdido a sus hermanos. Necesitamos escuchar la voz de Cristo: ¡Hijos! Ahí tienen a su Madre. ¡Mujer! Ahí tienes a tus hijos. María sabe de dolor, sabe de silencio, sabe de queja contenida… y sabe de amor, de ese amor que quita la soledad porque es consuelo y cercanía; María sabe de esperanza.

María, la Madre buena, a la que arrancan con violencia al Hijo bueno, nos enseña a esperar en silencio la salvación de nuestro Dios, nos enseña a entrar en este misterio del sufrimiento y de la muerte sin sentido. Ella, como el Hijo que pende de la cruz, puede decir con el Profeta: Me han arrancado la paz y ni me acuerdo de la dicha. Pero también puede decir y enseñarnos a decir: Hay algo que traigo a la memoria y me da esperanza, que la misericordia y la compasión del Señor no se acaban. María nos enseña a esperar en silencio la vida de la Resurrección que no termina, en la que volveremos a encontrarnos con los hermanos que hemos visto marchar.

Desde el 20 de Agosto toda Canarias se ha cubierto de un manto de dolor, como toda España, y como tantos y tantos lugares del mundo. Pero también desde entonces no ha dejado de levantarse desde muchos corazones una encendida plegaria:

Padre, ponemos en tus manos la vida de nuestros seres queridos. Sabemos que tú los hiciste a ellos, como a nosotros, frágiles y débiles. Ten misericordia. Ponemos en tus manos de Padre la vida de nuestros seres queridos; son las tuyas, las mejores manos; guárdalos tú para el encuentro final.

Por tu Hijo Jesucristo, nuestro Buen Pastor, ten misericordia también de nosotros. Danos fortaleza para que podamos seguir ayudándonos unos a otros.

María, Madre del Crucificado, Madre del Señor Resucitado, Madre nuestra, ruega a tu Hijo por nosotros, abre nuestros corazones a la luz de la esperanza.

Francisco Cases Andreu
17 de septiembre de 2008
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no-autor@odisur.es (Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Francisco Cases Andreu) Canarias Thu, 18 Sep 2008 00:00:00 +0000
En las jornadas de la declaración de la Renta para hacienda http://odisur.es/diocesis/canarias/documentos/item/2298-en-las-jornadas-de-la-declaración-de-la-renta-para-hacienda.html http://odisur.es/diocesis/canarias/documentos/item/2298-en-las-jornadas-de-la-declaración-de-la-renta-para-hacienda.html Carta del Obispo de Canarias, D. Francisco Cases Andreu.
Queridos amigos todos:

Hace ya algunas fechas que he recibido desde Hacienda, como muchos ciudadanos, el Borrador de la Declaración de la Renta que he de presentar este año. El Ministerio de Hacienda explica, informa, da facilidades para que todos hagamos nuestros deberes del modo más justo y más cómodo posible… por el bien de todos.

Efectivamente, lo que cada uno aporta con los impuestos, es bien para todos.

Una aportación muy importante y muy sencilla

También en la Iglesia queremos aprovechar estas jornadas para informar y explicar a los que quieran escucharnos, que en la Declaración de la Renta hay un medio sencillo de contribuir al mantenimiento de la Iglesia Católica. Nos dirigimos a los católicos que tienen claro cuál es su responsabilidad con relación a su Iglesia, pero también a todos los que valoran lo que la comunidad cristiana Iglesia está haciendo y aportando a la sociedad, aunque no sean católicos. Cuando en el Impreso de la Declaración marco con una X la casilla de la Asignación Tributaria a la Iglesia Católica, el Estado destina un 0,7 % de los Impuestos que ya pago al mantenimiento de nuestra Iglesia. Con este pequeño gesto no pago nada más de lo que pago, sino que manifiesto mi voluntad de que parte de mis Impuestos vaya destinada a la Iglesia. Puedo marcar una X en la casilla de la Asignación Tributaria a la Iglesia Católica, y puedo optar por marcar con una X la casilla de la Iglesia Católica y la casilla que está a su lado, y que va destinada a Fines Sociales; si marco las dos, tampoco pago nada más, sino que indico al Estado que destine un 0,7 % de mis Impuestos a la Iglesia Católica y otro 0,7 % a financiar las Asociaciones que trabajan para fines sociales, de cooperación, de voluntariado, medio- ambientales… Ambas X son compatibles.

Si el año pasado no pusiste la X y has recibido el Borrador sin ella, puedes cambiar tu decisión para este año y ponerla. no olvides recordarle que tu deseo es marcar la casilla a favor de la Iglesia Católica, porque quieres que tu X cuente. En la web www.portantos.es encontrarás toda la información que necesitas.

¿Quién y cómo mantiene a la Iglesia Católica?

A veces me preguntan: ¿quién y cómo mantiene a la Iglesia Católica? Yo respondo sin titubear: Hay muchos modos de ayudar al mantenimiento de la Iglesia Católica, pero todos pasan por la voluntad de los ciudadanos: A la Iglesia Católica la mantienen los católicos y todos los que aprecian y valoran su actuación en la sociedad. ¿Cómo? La mantienen con aportaciones en donativos, suscripciones fijas, colectas, legados, herencias; es la parte más importante. Y la mantienen con este pequeño gesto en la Declaración de la Renta; los ingresos que se producen de este modo no son los más cuantiosos, pero son muy importantes y muy necesarios.

Los datos globales de nuestra Diócesis de Canarias

Para ser muy claros y trasparentes: En nuestra Diócesis los canarios hemos aportado de nuestros bolsillos unos seis millones y medio de € en 2007 para el funcionamiento de todas las Parroquias de las cuatro Islas, la nómina de los 250 Sacerdotes y también de los Seglares que trabajan para la Iglesia Diocesana, los servicios del Obispado con sus Oficinas Centrales, sus Delegaciones y Secretariados, el mantenimiento del Seminario y el Instituto Superior de Teología (ISTIC), etc. De estos seis millones y medio, un poco más de un millón y medio de € se han recogido desde las Declaraciones de la Renta por la indicación voluntaria de los contribuyentes. Pero hay un detalle muy importante, y de mucho calado: además de estas cantidades, repito, además de estas cantidades, los canarios hemos aportado más de dos millones y medio de € para temas de solidaridad y desarrollo del Tercer Mundo desde las instituciones de la Iglesia: Cáritas, Misiones, Manos Unidas contra el Hambre, etc. Es muy hermoso, y como se ve fácilmente indica que la Iglesia de Canarias no se conforma con la aportación del 0,7 €. Me siento realmente orgulloso de estas cifras, y deseo manifestar mi profunda gratitud a todos los católicos y a cuantos perciben que la Iglesia está haciendo bien a todos, pero especialmente a los que más lo necesitan. Queremos seguir haciéndolo y por ello acudimos a ti, porque necesitamos sentirnos familia con el esfuerzo de todos.

Gracias por el gesto de poner la X en tu Declaración de la Renta, pero gracias sobre todo por lo que haces cada día en bien de todos. Que el Señor nos bendiga con su amor y nos llene de amor mutuo.

+ Francisco Cases Andreu
Obispo de Canarias

Las Palmas, 1 de Mayo de 2008

 

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no-autor@odisur.es (Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Francisco Cases Andreu) Canarias Fri, 09 May 2008 00:00:00 +0000