Jueves Santo, día del amor fraterno

Carta Pastoral del Obispo de Cádiz y Ceuta, Mons. Antonio Ceballos.
Mis queridos diocesanos:

1. Amor fraterno
El día de Jueves Santo es una de las fechas más señaladas en el calendario cristiano. En este año sacerdotal hay que recordar que su contenido religioso, que es de una riqueza y hondura extraordinaria, exige reflexión no sólo a los sacerdotes, como confidentes del Cenáculo, sino también al pueblo cristiano, al cual nosotros debemos transmitir el mensaje de esta Jornada Santa, cifrada principalmente en el amor fraterno. 

2. Vida cristiana y amor fraterno

El “mandamiento del amor” está inseparablemente unido a la obediencia al mandato del Señor: “Haced esto en conmemoración mía”. No se puede separar la celebración de la eucaristía y la reconciliación de la justicia, el amor fraterno y el servicio.

Jesucristo ha hecho de la caridad fraterna un mandamiento nuevo. Hay que amar al prójimo como a uno mismo. Es más: Hay que amar al otro, como amamos a Jesús, porque “lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40). Y lo que jamás se había oído, ni lo hubiéramos sospechado; hay que amar al prójimo como le ama Él. “Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros. Como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros” (Jn 13, 34-35).

La señal, pues, de autenticidad cristiana será el amor mutuo: el distintivo de los cristianos es la caridad fraterna. Esta será, por otra parte, la regla y la medida para tratarnos el Señor a nosotros: “Con la medida con que midáis se os medirá” (Mt 7,2), y será al final un examen de amor: “Al atardecer de la vida seremos examinados del amor”. 

3. Situación actual

El día de Jueves Santo nos invita a pensar sobre nosotros mismos y sobre nuestro entorno social. Entre las “oscuras sombras” que se ciernen hoy sobre el destino de la humanidad destacaríamos entre otros: el muro, cada día más alto, del paro y la grave situación económica que ha abocado a la pobreza a muchas familias, la exclusión social de muchas personas y colectivos, la violencia personal y social, la amenaza permanente de la vida humana, ya en el seno materno, ya en el terrorismo, ideología de odio, amenazando en secar los corazones para el verdadero amor.

En esta situación, la ley del egoísmo que todos llevamos dentro, más o menos, hacen poco menos que imposible, que nuestro mundo se pueda construir en la verdad, el respeto, la justicia, el amor y la fraternidad.

4. “Quien ama a su hermano permanece en la luz”

El gesto del Señor de lavar los pies a sus discípulos llenó el Cenáculo de una luz hermosa: el amor y el servicio. Al día siguiente, la pasión y muerte, lo envolverán todo en tinieblas y oscuridad. Sin embargo, la luz prevalecerá cuando Dios arranque a su Hijo amado del abismo de la muerte.

El apóstol San Juan, nos dejó escrito “quien ama a su hermano permanece en la luz” (1 Jn, 2, 10), y Jesús nos amó hasta el extremo, por eso Él vive en la Luz, Él es la Luz. Así, cuando nosotros actualizamos dicho gesto, sirviendo a los hermanos más pobres y compartiendo nuestros bienes con ellos, compartimos la misma Luz de Jesús y somos signos y testimonio de amor en el mundo.

5. Llamados a derribar muros

El Jueves Santo, día del amor fraterno, Cristo “nuestra Luz” nos llama a derribar muros, unidos con Él. Jesucristo se entregó a la muerte para derribar “la barrera del odio” que separaba a las gentes (cf. Ef 2,14), y hacer de todos ellos una única familia bajo un mismo y único Padre.

En aquel primer Jueves Santo el Señor nos mandó amar como Él amó  y nos da su propio corazón en la Eucaristía para amar con Él: “Nuestro Salvador, en la última Cena, la noche que le traicionaban, instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y su sangre, con el cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz, y a confiar así a su Esposa, la Iglesia,el memorial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de amor,banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da la prenda de la gloria futura” (Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, 47).

Con este inefable Don, el Señor nos entrega, junto con el mandato del amor, la fuerza divina para poderla cumplir en todo tiempo y circunstancia, por difícil que sea. 

6. Colecta para el Fondo Diocesano de Solidaridad 

El Fondo Diocesano de Solidaridad es, en nuestra Iglesia Diocesana, el lugar de encuentro para compartir los bienes con nuestros hermanos más desfavorecidos. Cáritas Diocesana trabaja para que, el compartir de la comunidad diocesana a través de la colecta de los oficios de la Cena del Señor, posibilite a las personas que viven en la pobreza y la exclusión una oportunidad para alcanzar su promoción e inserción social.

Jesús nos invita a amarnos sin límites, a entregar lo que somos y tenemos para que las tinieblas de la pobreza y la exclusión sean disipadas por la luz del amor y el compartir. Por eso, es cada vez más necesario, que descubramos la generosidad y nos aventuremos, sin miedo, a compartir nuestros bienes con los más pobres.

7. Compromisos

El amor fraterno únicamente es posible si nuestro corazón de piedra se ablanda para abrirse al otro, y sólo será evangelizador si se concreta en acciones de amor visibles para el mundo. Por ello, hagamos un compromiso serio y exigente con aquellos que nos rodean, especialmente los más pobres, compartamos lo que uno es, lo que uno tiene, lo que uno sabe, cooperemos en todas las causas justas y en todas las iniciativas de amor al prójimo, como lo ha pedido el Papa Benedicto XVI al comienzo de esta cuaresma, desde la limosna y el servicio individual hasta la cooperación colectiva en la promoción de los pueblos materialmente menos favorecidos, y la situación actual económica y del paro, y contribuyamos con nuestro ejemplo personal al advenimiento a nuestra sociedad de ese Reino de Cristo que es Vida, Amor y Paz, un orden nuevo y la civilización del amor.

Con estos compromisos podríamos iniciar el cambio en nuestras formas de vida para adecuarlas más al Evangelio, siendo así un buen punto al final de este Año Sacerdotal.


Reza por vosotros, os quiere y bendice,

+ Antonio Ceballos Atienza

Obispo de Cádiz y Ceuta

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