Mensaje de Navidad

Mensaje de Navidad del obispo de Almería, Mons. Adolfo González

Queridos diocesanos:

Con la llegada de la Navidad los sentimientos de paz y fraternidad llenan el corazón de los cristianos y de todas las personas de buena voluntad. Deseamos vivamente que, con la celebración del nacimiento de Cristo en nuestra carne, vuelva la concordia allí donde falta la paz, y se recuperen las relaciones de fraternidad entre quienes se han vuelto adversarios o enemigos, porque Jesús vino para dar su vida por nosotros y «reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos» (Jn 11,52).

Jesús viene a congregarnos en la unidad, llamando a todos a formar parte de su cuerpo. Jesús nos invita a reconocernos unos en los otros, porque formamos parte del mismo género humano y nuestra fraternidad se fundamenta en la común paternidad de Dios, creador y padre de todos los seres humanos. El mensaje de reencuentro y reconciliación que viene Jesús a traer a la tierra es una llamada a la comunión en el amor, para unir a los esposos y a las familias y aunar a los pueblos.

Todo cuanto contribuye a hacer frágil el vínculo que une a los esposos y amenaza la unidad de las familias tiene grave consecuencias para la paz social, y compromete el desarrollo armónico de las personas y de la sociedad. Todos los intentos de imponer al conjunto de la sociedad una determinada ideología o concepción del hombre y de la vida, es de hecho una inaceptable agresión a la libertad del pensamiento y a la conciencia religiosa de las personas y de las comunidades religiosas; en definitiva, una amenaza a la paz social y una peligrosa senda hacia el totalitarismo.

El adoctrinamiento ideológico desde las instituciones y, en particular, desde la escuela es contrario a una verdadera democracia, propia de una sociedad abierta. Del mismo modo, cuando un grupo social se sirve de la mentira y de la violencia intolerante como instrumento para obligar a los demás a plegarse a sus pretensiones, se cambia la paz pública por el desorden y la coacción.

Jesús viene a traer un mensaje de paz a las naciones enfrentadas, a los pueblos sometidos a la violencia armada de facciones que ansían el dominio y la supremacía, provocando contiendas civiles que dejan hondas heridas en la sociedad. Por eso, en la felicitación navideña que acompaña el crisma de este año he expresado el deseo de que el Niño de Belén nos ayude a superar la desunión a cuantos vivimos en un mismo país, compartiendo una historia común y el común quehacer de cada día, ofreciendo lo que tenemos a cuantos buscan una vida mejor junto a nosotros.

Somos conscientes de que los movimientos de migrantes encierran graves riesgos para quienes se ven forzadas a emigrar y son víctimas de las mafias que trafican con personas. La huida de tantos miles de personas de los países en guerra, buscando refugio seguro nos interpela y nos hace preguntarnos hasta dónde estamos dispuestos a ayudar a los que lo necesitan.

Jesús nace en nuestra carne para darnos a conocer que para Dios todos somos sus hijos, porque somos fruto de su poder creador y de su amor. Los cristianos estamos llamados a comunicar esta buena nueva al mundo de hoy, como siempre lo han hecho las generaciones cristianas que nos han precedido. No podemos silenciar que la Navidad es fiesta de gozo y de salvación, porque Dios sale a nuestro encuentro y viene a salvarnos de nosotros mismos, de nuestro pecado. No podemos callar esta verdad de nuestra fe porque ya son demasiados los que se proponen ocultar el nacimiento de Cristo bajos las luces que engalanan las calles y cambiar la Navidad por unas fiestas de fin de año.

No podemos celebrar la Navidad sin tener muy presentes los sufrimientos de los que habitan en Tierra Santa y de los cristianos perseguidos en tantas partes del mundo como lo fue Jesús desde su nacimiento. Quiera el Señor con su venida traer la paz a aquellas tierras atormentadas por la violencia, que fueron el escenario de la historia de nuestra salvación.

Quiera también el Niño de Belén, llenar nuestro corazón de valor para dar testimonio de él ante los hombres, anunciando al mundo que en el hijo de María es el Hijo de Dios el que viene a nosotros para compartir nuestra vida y llevarnos a Dios.

Deseo una feliz y santa Navidad a todos los diocesanos, a los cristianos de otras Iglesias y Comunidades que comparten la celebración de la Navidad con nosotros; y a todas las personas de buena voluntad que acogen nuestro deseo de paz y salvación que viene de Dios. ¡Feliz Navidad!

Almería, 24 de diciembre de 2017
Nochebuena

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería