Discurso de fin de año con motivo de la felicitación de Navidad del clero

Del Obispo de Almería, Mons. Adolfo González Montes.

Ilustrísimo señor Vicario general y Vicarios episcopales,
Arciprestes y Curas párrocos;
Queridos sacerdotes y diáconos:

Un año más recibo la felicitación del Clero con motivo de las fiestas de la Natividad de Cristo ya cercanas. Quiero responder a las palabras de felicitación que ha pronunciado el Sr. Vicario general en nombre de todo el Clero y que agradezco de corazón, con el mismo y sincero afecto, expresión de nuestra fraternidad en Cristo, llamados al ministerio pastoral sin mérito alguno nuestro y para edificación de la comunidad eclesial que es su Cuerpo místico. En la comunidad eclesial hemos sido “tomados de entre los hombres” para ser servidores de nuestros hermanos y, como tales, hemos sido hechos partícipes del sacerdocio de Cristo “a favor de los hombres  en lo que se refiere a Dios” (Hb 5,1).

Ante el nuevo Plan pastoral en una situación de grave crisis social y moral

Comenzábamos el año que termina fortalecidos con la celebración del Año sacerdotal, un curso pastoral que ha transcurrido del otoño de 2010 al de 2011, con el cual hemos llegado a las puertas del nuevo año de 2012 que nos trae el reto que representa siempre un nuevo Plan pastoral, el que hemos venido preparando durante estos meses para el cuatrienio de 2012 a 2016. Estamos ante un período temporal que comienza dejando sentir las más duras consecuencias de la crisis social y económica que venimos padeciendo y que, según los expertos, durará todavía afectando el transcurso de los años inmediatos que nos esperan. En estos años hemos de ser capaces de conducir al pueblo de Dios afianzando en la conciencia eclesial de nuestros hermanos la fraterna solidaridad que nos une en la comunión de la Iglesia, donde nadie puede ser extraño, porque en ella estamos atraídos por el Espíritu Santo a Cristo, para reconocernos hijos del mismo Padre en el Hijo unigénito de Dios.

Es esta comunión de fe la que sustenta la acción caritativa de la Iglesia, impulsando el generoso esfuerzo de solidaridad con los que más padecen la crisis, los que carecen de trabajo, entre los cuales hay familias enteras cuyos miembros en edad laboral se hallan sin trabajo1. Que en esta situación de crisis, haya, según los analistas, un amplio mercado de trabajo sumergido, evidencia la gravedad de la crisis moral que acompaña la crisis económica y que es expresión de la falta de verdadera solidaridad en una sociedad que se quiere entender a sí misma como sociedad avanzada y reivindicativa de derechos ciudadanos, reales o supuestos, mientras algunos de los derechos fundamentales de las personas son  conculcados a diario, particularmente el derecho al trabajo y a una ocupación digna que redunde en beneficio del cuerpo social al mismo tiempo que contribuye al desarrollo de la persona y de la convivencia, cuyo fruto es la paz social.

No sólo la falta de trabajo que afecta a tantos millones de conciudadanos en nuestro país y el trabajo sumergido que acompaña las cifras del paro estadístico evidencian la naturaleza moral de la crisis, pues la pérdida del trabajo no ha sido sólo resultado de lo inexorable de las leyes económicas; también hay otros importantes factores que contribuyen a ello, dejando ver la falta de principios morales que alienta las conductas. Padecemos una crisis que ha puesto en grave riesgo la solidez del sistema financiero y la economía de países altamente desarrollados, resultado de la inmoralidad con que se ha procedido al programar la creación y la acumulación de la riqueza ávidamente deseada, el ánimo desordenado de lucro y la falta de escrúpulos, expresión de la insolidaridad y, en última instancia del pecado de avaricia y de lujo desmedido, que han llevado a derrochar medios y recursos, y a desatender necesidades que una sociedad justa tiene la obligación de atender y cubrir para salvaguardar la dignidad y los derechos fundamentales de las personas.

A esto hemos de añadir otros factores que evidencia el desarme moral de la sociedad, como la ampliación de la ley del aborto que ha venido a sumarse a la llamada ley del divorcio exprés, leyes que dejan indefensa la vida no nacida y amenazan gravemente la estabilidad del matrimonio y de las familias. Las cifras estadísticas recientemente dadas a conocer dejan a las claras que la supuesta intencionalidad de la nueva ley del aborto de salir al paso del elevado número de estos actos, en sí mismos gravemente inmorales aun cuando la ley pueda amparar su ejecución, no sólo no ha disminuido con la aplicación de la nueva ley, sino que ha aumentado, superándose este año que ahora termina el número de abortos ejecutados el año pasado, con cifras relativas a las edades de la mujer que aborta que nos causan profundo dolor, ya que se trata de jóvenes en alta medida, a quienes nada ha podido disuadir porque nada se hace para evitarlo de verdad, más aún la ley ha facilitado la ejecución impune del aborto en jóvenes que no han alcanzado la mayoría de edad y que carecen de principios morales suficientes como para actuar con autonomía moral libre de la presión del ambiente social y de una cultura enemiga de la vida indefensa de aquellos que no van a poder nacer. Ni la píldora del día después, expedida sin receta, ni la facilidad legal para abortar al margen de los padres y tutores de las menores han podido frenar una conducta viciada en su misma argumentación y de la mayor gravedad moral.

A todo esto hay que añadir, además, la introducción en el sistema educativo, al amparo de la vigente Ley de Educación, de una equivocada educación sexual de los adolescentes y de los jóvenes. Se trata de un proyecto educativo de la sexualidad aplicado a la población escolar menor de edad ideológicamente argumentado, que es contrario a los derechos de los padres a la educación de sus hijos conforme a la propia concepción de la vida y de la persona, particularmente en el campo moral; sobre todo, si se tiene en cuenta que vulnera el derecho fundamental a la libertad religiosa, pieza clave de todos los derechos de la persona.

La escuela padece un proyecto educativo que es también contrario a la razón natural y a la conciencia moral natural que rige el valor ético de las acciones humanas, y que por lo que afecta a la sexualidad, tan determinante del desarrollo personal de la capacidad para el amor y la puesta relacional del ser humano con sus semejantes, no puede ignorar el fundamento antropológico de la condición sexuada de la persona, la diferencia creatural de los sexos y de su vinculación a la procreación. La ignorancia voluntarista, ideológicamente prejuiciada, de estos datos antropológicos ha conducido a proponer dentro del proyecto educativo de niños, adolescentes y jóvenes un disfrute banal del placer sexual y una identificación sexual de las personas en crecimiento y formación fundamentado exclusivamente en la discrecionalidad del deseo. Algo contrario al proceso de desarrollo de la persona, del que forma parte la orientación del deseo y la educación de los afectos. Todo lo cual ha llevado asimismo a un tratamiento profundamente equivocado de la homosexualidad, mezclando la cuestión del respeto a la dignidad de la persona y a los derechos fundamentales que la asisten, con la propuesta en sí misma inmoral de allanamiento y equiparación de todas las conductas sexuales.

La idea de la sexualidad divulgada y promovida por el sistema educativo es, por lo demás, contraria a la visión cristiana del ser humano, a la antropología bíblica que se desprende de las narraciones del Génesis y que está presente en el mensaje profético y transmite la revelación del misterio de Dios al hombre. La sagrada Escritura revela el misterio del amor de Dios como amor incondicional, apasionado y lleno de celo por la exclusividad de una relación con el pueblo de su elección que, hablando a lo humano y mediante el cauce del lenguaje del cual se sirven los hagiógrafos, cancela la ira con la ternura de su misericordia y perdón divinos. El relato bíblico toma como referente de la revelación del misterio del amor divino la imagen de las relaciones nupciales del hombre y de la mujer, como mediación de una historia de amor que es historia de salvación.

El Papa Benedicto XVI quiso inaugurar la serie de sus encíclicas y escritos magisteriales de su pontificado romano como sucesor de Pedro con la Carta encíclica «Deus caritas est», donde da cuenta, en una bella exploración del misterio del amor de Dios y del hombre, de la honda fundamentación bíblica y teológica que una aproximación a la realidad personal del ser humano no puede ignorar sin cometer grave injusticia contra la razón y contra la revelación de Dios al hombre. El amor de Dios dice el Papa es tan grande que “pone a Dios contra sí mismo, su amor contra su justicia”, perfilándose así en la revelación de este amor de Dios en la historia de Cristo, que “Dios ama tanto al hombre que, haciéndose hombre él mismo, lo acompaña incluso en al muerte y, de este modo, reconcilia la justicia con el amor”2. Este amor tan grande, añade a continuación el Papa en su encíclica, tiene en el paradigma del amor nupcial su expresión apropiada en orden a su revelación al hombre, porque en este amor de duración hasta la muerte y de fidelidad así probada, “el eros es sumamente ennoblecido, pero también tan purificado que se funde con el agapé”. Este paradigma, dice el Papa, explica la recepción del Cantar de los cantares en el canon de las sagradas Escrituras, que lo ha convertido “en una fuente de conocimiento y de experiencia mística, en la cual se expresa la esencia de la fe bíblica: se da ciertamente una unificación del hombre con Dios —sueño originario del hombre—, pero esta unificación no es fundirse juntos, un hundirse en el océano anónimo de lo Divino; es una unidad que crea amor, en al que ambos —Dios y el hombre— siguen siendo ellos mismos y, sin embargo, se convierten en una sola cosa: «El que se une al Señor es un mismo espíritu con él», dice san Pablo (1 Cor 6,17)”3.

Estas bellas reflexiones nos permiten hacen más evidente a la luz de la fe bíblica confirmada por Cristo la tragedia de los fracasos matrimoniales, fruto de la banalización del amor y la ignorancia del deber moral de la fidelidad que hace durable y estable el matrimonio. La cruda realidad de las rupturas y de la violencia doméstica debería hacer reflexionar a cuantos se empeñan en ignorar la razón teológica y moral del matrimonio, cuyo fracaso tanto afecta al desarrollo personal de los hijos y a la estabilidad de la paz social. Una sociedad que no protege el matrimonio como institución y la familia como fruto granado de la vida matrimonial está amenazada y pone en riesgo su propio futuro.

Doctrina social de la Iglesia y enseñanza magisterial sobre el matrimonio y la familia cristiana

Quiero recordar al hilo de estas reflexiones que el nuevo Plan pastoral de la diócesis nos obliga no sólo a tener en cuenta cuanto no hemos podido llevar a cabo y forma parte de la programación de los planes anteriores, sino también a tener presente que el contenido fundamental de cualquier plan pastoral, por su propia naturaleza, es siempre idéntico, aunque varíen las prioridades de la programación. Se trata de la revelación de Dios en Cristo como propuesta permanente de la Iglesia al mundo, objetivo de toda acción de evangelización; y, en consecuencia, se trata de cumplimentar la acción evangelizadora con aquellos medios e instrumentos que resulten más aptos en cada momento para el logro de este objetivo, que tiene dos claras proyecciones. La primera de ellas, hacia fuera o ad extra, por cuanto la Iglesia vive para la misión; y la segunda, hacia dentro, consistente en la acción específicamente pastoral al servicio de la comunidad cristiana.

Por lo que se refiere a la primera, el nuevo Plan pastoral estará orientado a las acciones que pueden servir mejor a la obra evangelizadora de la sociedad actual, en la cual la Iglesia tiene que saber encontrar la presencia que dimana de su misión. La presencia de los cristianos en el mundo resulta de la conversión del hombre entero a Dios y del crecimiento de la fe en la colectividad, de su expresión cultural y social. En nuestra sociedad se ha de escuchar la voz del Evangelio, de suerte que el hombre de nuestro tiempo tenga posibilidad de hacer la experiencia de Dios que aporta orientación definitiva a su vida. Por eso, es muy oportuna la vuelta a los grandes principios de la Doctrina social de la Iglesia, contando con su amplio desarrollo a lo largo de siglo y medio de historia del magisterio pontificio que ha ido jalonando su desarrollo. La Doctrina social de la Iglesia debe ser por eso ampliamente conocida y hemos de apoyarnos en ella para mejor juzgar el estado de cosas de nuestra sociedad y cultura; y para mejor proponer una ordenación más justa de la sociedad, en la cual la presencia testimonial y apostólica de los cristianos seglares tiene un lugar propio, como enseña el Vaticano II en la Constitución Gaudium et spes. Los pastores hemos de esforzarnos pro atraer a la participación en la vida de la Iglesia y llevar a su proyección social el compromiso de los seglares con el Evangelio, tanto en la acomodación de su vida a las exigencias de la fe cristiana como en su intervención en la ordenación de la sociedad. Es preciso revitalizar el apostolado seglar atrayendo a los jóvenes al compromiso social de la fe.

Con este propósito hemos de saber aprovechar la proyección de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), revitalizando la acción pastoral y el apostolado con los  jóvenes, juntamente con la atención pastoral a la infancia. Ambas actuaciones pastorales son inseparables de la pastoral de la familia. Por esta razón, estamos empeñados en seguir adelante con nuestro compromiso con la pastoral familiar, para lo cual está a punto el departamento que hemos creado en nuestros locales de C/. Gregorio Marañón en la Capital, donde hemos ubicado el Secretariado de Infancia y Juventud, y el Secretariado para la Pastoral matrimonial y familiar y Defensa de la vida. Este último secretariado cuenta también con las piezas adecuadas en estos locales, que lo serán también de otros servicios de la Curia Diocesana, donde hemos instalado un Centro de Orientación y Pastoral Familiar (COPAF), para la atención de matrimonios en dificultad y situaciones familiares difíciles, cuya puesta en marcha he encomendado al nuevo director del secretariado. Los locales de C/. Gregorio Marañón fueron cedidos en su día a la diócesis por convenio y tienen la finalidad que se ha de mantener, precisamente al servicio de la acción pastoral de la Iglesia con la familia, la infancia y la juventud. Por esta razón, hemos colocado también allí el Secretariado para la Pastoral de las personas mayores. También la Delegación episcopal para la Acción social y caritativa de la Iglesia, que cumple un apoyo significativo a las personas individuales y a las familias en necesidad.

Jornada Mundial de la Juventud y Pastoral de la Infancia y de la Juventud

Volviendo sobre la JMJ, hemos de alegrarnos de la satisfacción del Santo Padre por la organización, desarrollo y resultados de la Jornada. Hemos de agradecer todo el esfuerzo realizado en particular por el señor Cardenal Arzobispo de Madrid y su diócesis como Iglesia anfitriona de la JMJ. También la colaboración generosa del Departamento de Juventud de la Comisión Episcopal para el Apostolado Seglar y su equipo técnico, que ha trabajado mucho y bien para sacar adelante la JMJ desde la Conferencia Episcopal. A nuestro nivel diocesano, hemos de estar agradecidos al esfuerzo y dedicación de nuestro Secretariado para la Pastoral de Infancia y Juventud, a  su director y al equipo de jóvenes sacerdotes y seglares que trabajaron en él. Gracias a ellos, que programaron con el resto de las diócesis de Andalucía los recorridos y estancia de la Cruz y el icono de Santa María, y la estancia de los jóvenes que nos visitaron en los llamados días DED (Días en las Diócesis), gracias a su organización logística y de espacios y tiempos, la JMJ ha sido un respaldo significativo para proseguir en la tarea de evangelizar y formar en la fe a los jóvenes. Para ello es necesario el compromiso de los propios jóvenes con sus comunidades parroquiales, y el fortalecimiento de su testimonio apostólico en sus propios ambientes juveniles, es verdad, pero esto no se podrá lograr sin la orientación del Obispo y el compromiso apostólico de los sacerdotes, en particular de los sacerdotes jóvenes.

Al terminar la Asamblea plenaria de otoño los obispos hemos dado a conocer un breve documento como «Acción de gracias y exhortación después de la XXVI Jornada Mundial d la Juventud» (25 noviembre 2011). Tendremos que hacer un nuevo esfuerzo para coordinar las acciones pastorales que dediquemos a la iniciación cristiana de los niños y a la formación cristiana de los jóvenes, prosiguiendo por el camino emprendido. Quiero agradecer al Secretariado para la Infancia y la Juventud, y a quien ha sido su director hasta el presente curso pastoral, la labor realizada para que en la diócesis tuvieran el eco necesario y la organización que requerían los días en las diócesis. Los jóvenes italianos, magrebíes y otros grupos juveniles de movimientos y comunidades, y el grupo internacional de apostolado de los Jesuitas, que fueron huéspedes todos ellos de nuestra Iglesia, han manifestado con entusiasmo su agradecimiento por una experiencia que les acompañará en adelante y no olvidarán.

Al presente, la Conferencia Episcopal trabaja en la orientación que puede ofrecer a las diócesis para proseguir el camino abierto por la JMJ, y se piensa en un posible congreso que afronte la pastoral de juventud y el apostolado de los jóvenes, de todo cual estaremos informados en su momento; y, cuando todo quede programado se nos indicará la forma de participación en el mismo y las acciones que podremos llevar a cabo. Todo lo que hagamos en campo pastoral y apostólico tan decisivo para transmitir la fe a las nuevas generaciones será siempre poco. Es necesario que tomemos como cometido insoslayable la educación cristiana de la infancia y de la juventud, la preparación de los jóvenes para el testimonio cristiano en al sociedad y la educación para el amor y el matrimonio, con especial atención a la pastoral vocacional que nos proporcione los pastores que la Iglesia necesita siempre.

Como compromiso pendiente en nuestra diócesis están las conversaciones con el Rectorado, en cuyo iter trabaja en este momento la Delegación Episcopal para la Enseñanza Católica y la Pastoral de la Cultura, a fin de lograr una presencia diocesana en la Universidad de Almería que responda a las necesidades pastorales y apostólicas de la comunidad universitaria de nuestra ciudad.

Nueva evangelización

Estas y otras acciones que podamos emprender y a las que dará cauce el nuevo Plan pastoral están destinadas a la evangelización de una sociedad como la nuestra, que requiere la entrega generosa del clero y de sus colaboradores religiosos y seglares. Los Lineamenta de la XIII Asamblea General Ordinaria, del Sínodo de los Obispos, que se celebrará en el nuevo año de 2012, nos pueden ayudar a tal efecto, inspirando qué hemos de hacer y como hemos de proceder para lograr objetivos tangibles. Si bien es verdad que estos Lineamenta sólo son las pautas que se han de transformar todavía en instrumentum laboris del Sínodo, pueden prestarnos un buen servicio como motivo de reflexión y aclaración sobre el concepto de nueva evangelización, sus protagonistas, tiempos y escenarios, y, naturalmente, sus objetivos más específicos4. Los materiales que pueda ofrecer asimismo el nuevo Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización serán de un precioso valor para llevar adelante la obra de la nueva evangelización. La nueva evangelización, como señalan expresamente los Lineamenta, a propósito de la  propuesta realizada en su día por Juan Pablo II con motivo de la celebración jubilar del medio milenio de la evangelización de América5, debe entenderse del siguiente modo: “No se trata de hacer nuevamente una cosa que ha sido mal hecha o que no ha funcionado, no es una simple repetición, sino que consiste en el coraje de atreverse a transitar por nuevo senderos, frente a las nuevas condiciones en las cuales la Iglesia está llamada a  vivir hoy el anuncio del Evangelio”6.

Recuerdan los Lineamenta la doble proyección que Juan Pablo II dio al concepto de «nueva evangelización». Decía el beato Papa: “Hay la Iglesia debe afrontar otros desafíos, proyectándose hacia nuevas fronteras, tanto en la primera misión ad gentes como en la nueva evangelización de pueblos que han recibido ya el anuncio de Cristo”7. La capacidad de afrontar la nueva evangelización tiene que ver con la novedad de las nuevas situaciones de las sociedades afectadas por fenómenos que han variado el estado tradicional tanto de las sociedades cristianas como no cristianas. Sin variar este horizonte de comprensión de la nueva evangelización, la Carta apostólica Ubicumque et Semper, con la cual Benedicto XVI creaba el Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización, observa que si bien la nueva evangelización tiene que tener presente la diversidad de situaciones, lo que exige de entrada un atento discernimiento, porque hablar de nueva evangelización no significa tener que elaborar una única fórmula igual para todas las circunstancias, sin embargo, agrega el Papa, “no es difícil percatarse de que lo que necesitan todas las Iglesias que viven en territorios tradicionalmente cristianos es un renovado impulso misionero, expresión de una nueva y generosa apertura al don de la gracia”8.

Clero: guías de la comunidad y mistagogos de los divinos misterios

En diversas ocasiones hemos reflexionado juntos sobre la necesidad que tenemos los miembros del Clero de renovar en nosotros el espíritu y el fervor de nuestra ordenación, renovación requerida para realizar el impulso misionero y catequético que requiere la nueva evangelización de nosotros. Si  esta renovación interior que reviva en nosotros el primer amor con que afrontamos ilusionados el ejercicio del ministerio sacerdotal no podremos llevar adelante la dirección y guía de la nueva evangelización n plena comunión con el papa y los obispos. A este propósito, me parce muy pertinente recordar que los sacerdotes están llamados a orientar la conciencia moral de la comunidad cristiana, atendiendo particularmente a cuantas personas buscan expresamente esa orientación con verdadera caridad pastoral. La Congregación para el Clero ha emanado este año la Instrucción «El sacerdote, confesor y director espiritual, ministro de la misericordia divina» (9 marzo 2011)9, que viene a sumarse a dos importantes instrucciones de esta Congregación, para ayuda y orientación del ministerio pastoral: la Instrucción «El presbítero, maestro de la Palabra, ministro de los sacramentos y guía de la comunidad, ante el tercer milenio» (19 marzo 1999) y la posterior «El presbítero, pastor y guía de la comunidad parroquial» (4 agosto 2002)10. Estas instrucciones de la Congregación juntamente con el Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros (31 enero 1994), en el caso de los sacerdotes, y el Directorio para el ministerio  vida de los diáconos permanentes (22 febrero 1998) constituyen las referencias magisteriales que concretan la doctrina del Vaticano II sobre la acción pastoral encomendada a los ministros ordenados y llamados a colaborar con el Obispo, particularmente a los presbíteros, a los cuales se ha confiado la presidencia de las comunidades cristianas y son de hecho sus pastores inmediatos.

La instrucción sobre el ministerio de los sacerdotes como confesor y guía espiritual, del pasado mes de marzo, viene a reforzar la doctrina magisterial sobre la insustituible misión pastoral del ministerio sacerdotal en la Iglesia. Es a los sacerdotes a quienes se confía de modo especial y como cometido específico la orientación de la conciencia moral, y el acrecentamiento y seguimiento de la vida espiritual de los fieles cristianos. A este respecto, tal como observa la misma Instrucción, hay una vinculación entre el ministerio de la misericordia y del perdón y la orientación de la vida espiritual de los fieles cristianos: “La dirección spiritual como ministerio está vinculada con frecuencia a la confesión, donde el sacerdote actúa en nombre de Cristo y se muestra como padre y amigo, médico y guía espiritual. Es servidor del perdón y orienta el camino de la contemplación y de la perfección, con respeto y fidelidad al Magisterio y a la Tradición espiritual de la Iglesia”11.

Esta guía espiritual podremos llevarla a cabo siempre que nuestro empeño, en configurar con Cristo las comunidades cristianas que se nos confían, sea para nosotros tarea primordial, dejando otras tareas que no pueden urgirnos en primera urgencia. En este sentido el nuevo Plan pastoral, en lo que se refiere a la vida y ministerio del clero diocesano y, del clero regular que colabora en las tareas directamente pastorales de la diócesis, tiene ante sí el reto y la tarea de cumplimentar las orientaciones que emanan de las dos últimas Exhortaciones postsinodales, que constituyen una amplia propuesta de actuación objetivamente evangelizadora y pastoral.

Sigue pendiente lograr el equilibrio adecuado entre celebración eucarística y culto eucarístico y acción evangelizadora.  Siendo la Eucaristía la meta a la que conduce de toda acción evangelizadora y la iniciación cristiana, porque es la Eucaristía la cima y la fuente de toda la vida cristiana, se hace preciso dar a la predicación de la palabra de Dios y a su explicación y explanación el lugar que le corresponde en la iniciación cristiana de los niños y de cuantos vienen ya adultos a la fe, pero de modo ordinario como fuente de vida sobrenatural y como instrucción en la revelación divina y en la historia de la salvación: como medio de conocimiento de la doctrina de la fe y de los imperativos morales que se siguen de ella. La preparación de las homilías, siguiendo el orden litúrgico de las celebraciones a lo largo del año litúrgico, y el programa de catequesis y de formación en al fe, al estilo catecumenal hacen obligada la propia instrucción en al palabra de Dios y su meditación, el cultivo de la lectio divina, inseparable del recitado y meditación del oficio divino, verdadero alimento espiritual del ministro, quien sin verdadera experiencia de la palabra de Dios no podrá ni alimentar su vida espiritual ni ser guía espiritual de los fieles cristianos que se le confían.

La Exhortación Verbum Domini del pasado año ha de servir tanto a la renovación de la vida espiritual de los ministros como de todos los fieles cristianos, porque como fruto granado del último Sínodo, que el Papa Benedicto XVI nos ha ofrecido después de su celebración, la exhortación tiene que ser referencia insoslayable que nos ayude a aplicar las enseñanzas de la Iglesia. Para poder renovar la fe del que cree, éste debe abrir sus oídos a la palabra de Dios y convertir la escucha de la palabra divina en obediencia de la fe, porque la fe nace de la palabra predicada. No se puede establecer una oposición entre instrucción en la doctrina y actuación pastoral, porque esta oposición es contraria a la voluntad salvífica de aquel que hace de su palabra fuente del conocimiento divino que le es posible al hombre; el conocimiento en el cual consiste su verdadera vida, y que abre la inteligencia de la fe al conocimiento de la visión que el creyente espera alcanzar de Dios, por gracia inmerecida, que se ha revelado como creador y amigo del hombre en Jesucristo, Palabra de Dios encarnada en María. Dice el Papa: “En efecto, la fe con la que abrazamos de corazón la verdad que se nos ha revelado y nos entregamos totalmente a Cristo, surge precisamente por la predicación de la Palabra divina: «la fe nace del mensaje, y el mensaje consiste en hablar de Cristo» (Rom 10,17)”12.

El Papa recuerda en su exhortación que el pecado es falta de escucha de la Palabra de Dios y sustracción deliberada al diálogo de salvación que Dios quiere establecer con el hombre. La evangelización que hemos de llevar a cabo como misión de la Iglesia es dar a conocer a Cristo como Palabra encarnada de Dios, como ya viene definida por la Exhortación Evangelii nuntiandi de Pablo VI, quien concreta la finalidad de la evangelización en el cambio interior del hombre que responde con la fe a la Palabra de Dios; por eso, “si hubiera que resumirlo en una palabra, lo mejor sería decir que la Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del Mensaje que proclama, trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de  los hombres, la actividad en al que ellos están comprometidos, su vida y ambiente concretos”13. Algo, sin embargo, que  no es posible sin la escucha de la palabra de Dios y el cambio interior que es la conversión a Cristo. Por eso Benedicto XVI se refiere a la necesaria labor de los ministros de la Palabra que han de “educar a los fieles para que reconozcan la raíz del pecado en la negativa a escuchar la Palabra del Señor, y a que acojan en Jesús, Verbo de Dios, el perdón que nos abre a la salvación”14.

Institucionalizar canónicamente el catecumenado y guardar fidelidad al hecho evangelizador y catequístico de la Iglesia

Con el propósito de facilitar la labor de la iniciación cristiana como acción evangelizadora y de instrucción doctrinal que ha de introducir a los niños en los conocimientos de la fe, en la práctica de la moral evangélica, y como introducción mistagógica en la experiencia sacramental de la gracia, la Asamblea de los Obispos del Sur de España estamos trabajando en la relaboración de un Directorio de la iniciación cristiana que pretendemos sustanciar durante el presente curso pastoral. Será muy conveniente la institucionalización canónica del catecumenado al menos en algunas de nuestras Iglesias diocesanas mediante decreto episcopal, justamente ahora cuando en la Iglesia de Almería hemos podido aprender de su progresiva implantación y tener ya una experiencia muy positiva del mismo. El Obispo, la Delegación episcopal para la Catequesis y la ayuda de los Misioneros de África y sus colaboradores consideramos de la mayor urgencia la coordinación de la labor catecumenal, catequística y mistagógica, dirigida tanto a los niños no bautizados en edad escolar como a los adultos, ya nacionales o extranjeros, particularmente los grupos muy numerosos de inmigrantes africanos, porque todos ellos han sido llamados por el Señor a la fe y a su plena integración en la Iglesia.

Una vez más insisto en la obligación que todas las parroquias tienen de observar las normas que regulan la iniciación cristiana de niños en edad escolar y de adultos, utilizando los protocolos que hemos preparado al efecto y los materiales. Insisto también en la necesidad y obligación de servirse del Catecismo de la Iglesia Católica (promulgado en 1992; aprobada la edición típica latina en 1997) como principal instrumento de la catequesis, que tienen que trabajar bien los párrocos con sus catequistas, para hacer de él un uso adecuado, con la ayuda de aquellos materiales que están al servicio de una correcta recepción y apropiación en la fe del contenido del Catecismo. Entre los objetivos que la Carta Ubicumque et Semper  fija al Pontifico Consejo para la Nueva Evangelización está el de “promover el uso del Catecismo de la Iglesia Católica, como formulación esencial y completa del contenido de la fe para los hombres de nuestro tiempo”15.

El Catecismo, en efecto, es instrumento óptimo para llevar a cabo la obra evangelizadora de la Iglesia ad extra igual que la instrucción en la fe tanto de los catecúmenos como de los fieles. En el primer caso, se trata de presentar el mensaje cristiano que dé cuenta de los acontecimientos de la historia de la salvación, mediante descripciones del lenguaje que hagan justicia al contenido de este acontecer. El centro y culmen de este acontecer de salvación es el misterio pascual Cristo, propuesto a la fe del que acoge el kérygma, es decir, del que se convierte al Evangelio y es instruido objetivamente en la doctrina que lo transmite como fe creída (fides quae) de la Iglesia. El encuentro con la persona divina de Jesús se da como experiencia de fe en Jesús, presentado como Cristo y Salvador gracias a la predicación y a la instrucción, que se prolonga en la vida de los bautizados, constituyendo por esto mismo, el «hecho catequístico» que tiene lugar en las comunidades cristianas, al cual pertenece la apropiación del contenido del Catecismo.

En una sociedad en la que se va introduciendo progresivamente un modo de vida al margen de la existencia de Dios, en la cual “el indiferentismo religioso y la total irrelevancia práctica de Dios para resolver los problemas, incluso graves de la vida, no son menos preocupantes y desoladores que el ateísmo declarado”, y en cual “también la fe cristiana —aunque sobrevive en algunas manifestaciones tradicionales y rituales— tiende a ser erradicada de los momentos más significativos de la existencia humana, como son los momentos del nacer, del sufrir y del morir”16; en una sociedad así, la transmisión de la fe no puede ser resultado de actitudes llamadas “buenistas” y ambiguamente calculadas, como si se tratara de no incomodar con la verdad objetiva de la fe proclamada de la salvación en Cristo. La transmisión de la fe exige claridad y objetiva descripción de los hechos de salvación, y de su significación teológica, antropológica en la propuesta que modifica la intelección del acontecer de la vida; y por eso mismo, la manera de estar en el mundo y vivir en él con los demás seres humanos. De ello depende la plena integración en la comunión eclesial de los que vienen a la fe y la correcta comprensión de la misión de la Iglesia en el mundo y de la participación de los bautizados en ella.

Precisamente, pensando en cómo facilitar la transmisión de la fe mediante la catequesis y la formación cristiana, se elaboró el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (2005). Con motivo de la JMJ, el Santo Padre quiso prologar él mismo la adaptación para los jóvenes del Catecismo de la Iglesia Católica, que ha salido al mercado del libro con el título y subtítulo de Youcat. Catecismo joven de la Iglesia Católica (Madrid/Murcia 2011), en las diversas lenguas más habladas, del cual se entregó a cada participante de la JMJ un ejemplar, incluido en la mochila de JMJ. Sin que esta adaptación para los jóvenes supla el uso del Catecismo, los obispos lo hemos encontrado útil y valioso dentro de un plan general de transmisión de la fe que combina las actitudes con la exposición y recepción de la doctrina, que los jóvenes no rechazan en modo alguno, si se tiene en cuenta el proceso global de la formación en al fe cristiana. Así, los obispos hemos dicho en la Exhortación antes mencionada, al evaluar la JMJ:

«No es fácil, pero la transmisión de la fe a los jóvenes es posible cuando no se les escamotea el Evangelio en toda su fuerza y su belleza; cuando se les abre el camino hacia Jesucristo, el Hijo de Dios vivo, sin adulteraciones ni recortes según la pobre medida de ideas humanas, por interesantes que sean; cuando se les hace realmente posible desplegar su capacidad de amar, en primer lugar al Dios que es Amor, y luego al prójimo, preparándolos para el sacrificio que el amor implica con una pedagogía realista y, por tanto, exigente; cuando se les orienta en la comprensión de su vida como elección y vocación divina a la que responder; cuando para todo ello –valiéndose del Catecismo de la Iglesia Católica, al que el Youcat ofrece un acceso en lenguaje juvenil–, se les ayuda con una catequesis clara y sistemática, verdaderamente acorde con la doctrina católica, y se les invita a vivir en una compañía que les permita hacer el camino de la fe sin sucumbir a las falsas promesas del mundo: en asociaciones y grupos parroquiales o diocesanos, movimientos, etc. Entonces –nos los dice también la JMJ– no solo es posible la transmisión de la fe a los jóvenes, sino que ellos mismos se convierten en evangelizadores»17.

Cuanto he referido  quiere ser una contribución del Obispo al mejor desempeño del ministerio pastoral que el Señor nos ha confiado ejercer colegialmente al Obispo y a su presbiterio. El pasado día 12 de los corrientes, hemos celebrado la última sesión del nuevo Consejo Presbiteral, al cual he sometido la consideración de algunos asuntos relacionados con la acción pastoral: 1) La unificación de la pastoral de difuntos y el desarrollo de los ritos exequiales, teniendo en cuenta el cambio social y cultural al que asistimos y el amplio uso que los deudos de los difuntos hacen de los tanatorios, que cuentan con oratorio  con miras a la celebración de las exequias. 2) La iniciación cristiana, teniendo en cuenta el nuevo documento aprobado por al Conferencia Episcopal Española, que pronto podrá ser un instrumento útil en las Iglesias diocesanas, sobre la coordinación en la transmisión de la fe y formación religiosa de la infancia y de la adolescencia en particular de familia, parroquia y escuela. 3) La elaboración en curso del nuevo Plan pastoral diocesano de 2012 a 2016.

Las propuestas que la acompañaron el tratamiento de este último asunto completó el conjunto de sesiones de trabajo que ha suscitado el instrumentum laboris, elaborado por la Comisión permanente del Consejo diocesano de Pastoral, después de su última sesión de este Consejo el 19 de febrero de este año. Han sido secundadas las reflexiones recogidas en el instrumentum laboris con matizaciones y nuevas aportaciones tanto de los arciprestazgos como de las delegaciones episcopales y secretariados y oficinas de la Curia diocesana. Espero que concluir la redacción de la carta pastoral que acompañará su promulgación. Procuraré tener muy en cuenta lo que ya conocemos del nuevo Plan pastoral de la Conferencia Episcopal, ahora en borrador entregado a los obispos para su estudio, y que estará dedicado a impulsar la evangelización desde el cultivo y la escucha de la Palabra de Dios.

En el contexto del Plan pastoral se debe tener en cuenta asimismo, por lo que se refiere a la práctica eucarística de los niños, aunque también afecta a loas adultos que padecen la enfermedad celíaca, la incorporación a la iniciación cristiana de la normativa que he ofrecido en la «Instrucción sobre la recepción de la sagrada Comunión bajo la sola especie de vino y uso del mosto, y bajo la especie de Pan eucarístico con formas de mínima cantidad de gluten» (21 de abril de 2011).

El Año jubilar de Canjáyar, ordenaciones  y vida del Seminario  

Al concluir este año, hemos podido constatar la fuerza y la utilidad pastoral de la piedad popular tras el éxito religioso del Año Jubilar del IV Centenario de la Santa Cruz del Voto de Canjáyar. Damos gracias a Dios porque este año jubilar ha traído renovación a la parroquia y al arciprestazgo, y ha supuesto una gracia que coloca la cruz redentora del Señor en el centro de la piedad popular.  También la población ha experimentado una reactivación de su propia vida social y cultural por los cerca de 40.000 peregrinos que se han acercado a la iglesia parroquial y han animado la vida social de la villa, y de ello también nos alegramos.

Entre todas las inversiones realizadas de las que da cuenta la crónica anual del Obispo, que se agrega a este discurso, me complace destacar, además del nuevo Archivo Diocesano del Palacio Episcopal, las obras de restauración del Pabellón del Menor, del Seminario Conciliar. Esta restauración habilita los espacios del pabellón para residencia de los seminaristas menores y para el Centro de Estudios Eclesiásticos del Seminario. Es ésta una de las inversiones que realizamos con mayor esperanza, siguiendo las orientaciones de la Congregación de la Educación Católica sobre los seminarios menores. Con el propósito de acercar esta obra, y con ella la vida de los seminaristas menores como primera respuesta a la llamada vocacional al sacerdocio, concluir una carta pastoral que tiene como principales destinatarios a los sacerdotes. Todo cuanto hagamos en este campo será poco, porque el Seminario, como se ha dicho siempre y ciertamente es así, es la “niña de los ojos” del Obispo y de todos los sacerdotes. Si el pasado el 3 de abril, IV domingo de Cuaresma,  ordenaba seis nuevos diáconos, dos de ellos permanentes, el pasado 8 de octubre el Señor nos otorgaba el don de dos nuevos sacerdotes; y, si Dios quiere ordenaremos dos nuevos presbíteros más en la próxima solemnidad de la Epifanía del Señor.

El Seminario Mayor prosigue su vida académica y de formación sacerdotal. Este año se han incorporado dos nuevos profesores al Centro de Estudios Eclesiásticos, después de haber terminado felizmente su doctorado en sagrada Teología en la Universidad Gregoriana de Roma y en la Facultad de Granada.

Un nuevo decreto de la Congregación para la Educación Católica ha renovado la afiliación del Centro de Estudios Eclesiásticos del Seminario a la Facultad de Teología de Granada. También mediante un nuevo decreto de la misma Congregación, tras la entrada en vigor de las últimas reformas curriculares y de titulaciones en Ciencias Religiosas, ha erigido conforme a nueva normativa el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Almería, que otorga Grado y Máster en estas ciencias. El Instituto tiene ubicadas sus clases provisionalmente en el Colegio Diocesano de San Ildefonso, y su sede en C/. Velázquez, donde se acomodó en su día el aula de Extensión Cultural, provista de despacho, biblioteca, seminario y archivo.

Concluyo con un renovado agradecimiento a todo el presbiterio, a los sacerdotes diocesanos y al clero regular, y a los diáconos por esta felicitación de Navidad que cada año refuerza el afecto y la comunión entre el Obispo y los presbíteros y diáconos, para seguir sirviendo con generosa entrega a la  Iglesia diocesana.

Que el Hijo de Dios nacido de la Virgen María bendiga nuestras personas y ministerio y el nuevo Año nos deje sentir los frutos de esta bendición, aun cuando vivamos momentos de dificultad, que sólo podrán ser superados por la caridad cristiana y la justicia  fundada en al dignidad de la persona y en el respeto a sus derechos fundamentales. Tenemos muy presentes, como siempre, a nuestros sacerdotes enfermos y, con ellos, a cuantos sufren y los que padecen mayores necesidades.
¡Feliz Navidad!

Seminario-Casa de Espiritualidad «Reina y Señora»
Aguadulce, Roquetas de Mar, 19 de diciembre de 2011

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

1 Según las cifras estadísticas ofrecidas por Servicio Andaluz de Empleo (SAE), de la Consejería de Empleo de la Junta de Andalucía, el mes de noviembre, el tercer trimestre del año se cerraba con una tasa de Empleo de Población Activa (EPA) del 40,55%, una tasa SAE de paro del 30,93% (982.477 personas en paro) y una tasa de EPA de actividad del 58,72%. El tercer trimestre terminó con una tasa de paro del 35,57% en la provincia de Almería, seguida de Córdoba con el 33,97%; si bien la tasa de actividad fue superior a la de todas las provincias andaluzas llegando al 63,5%, seguida de Sevilla con el 60,12%.

2 BENEDICTO XVI, Carta encíclica sobre amor cristiano «Deus caritas est» [DCE] (25 diciembre 2005), n.10a.

3 DCE, n.10b.

4 SÍNODO DE LOS OBISPOS: XIII ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA, La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana. Lineamenta [NE] (2 febrero 2011), ed. de BAC según Secretaría general del Sínodo y la Libreria Editrice Vaticana (BAC-documentos: Madrid 2011).

5 JUAN PABLO II, Discurso a la XIX Asamblea del CELAM (9 de marzo de 1983), n.3: AAS 75 (1983) 778.

6 NE, n.5a.

7 JUAN PABLO II, Carta encíclica Redemptoris misio (7 julio 1990), n.30: NE, n.5b.

8 BENEDICTO XVI, Carta apostólica en forma motu proprio con la cual se instituye el Consejo Pontificio para la promoción de la nueva evangelización «Ubicumque et semper» [US] (21 septiembre 2010), n.8: Boletín Oficial del Obispado de Almería [BOOA] XVIII/7-9 [Nueva serie] (2010) 569-572.

9 Texto español: BOOA XIX [Nueva serie]/7-9 (2011) 624-672.

10 Texto español: BOOA XXX /10-12 (2002) 129-163.

11 CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, El sacerdote, confesor y director espiritual, ministro de la misericordia divina, n.16.

12 BENEDICTO XVI, Exhortación apostólica postsinodal sobre la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia «Verbum Domini» [VD] (30 septiembre 2010), n.25.

13 PABLO VI, Exhortación apostólica acerca de la evangelización en el mundo contemporáneo «Evangelii nuntiandi» (8 diciembre 1975), n.18.

14 VD, n. 26.

15 US, art.3 §5.

16 JUAN PABLO II, Exhortación apostólica postsinodal sobre vocación y misión d los laicos en al Iglesia y en el mundo «Christifideles laici» (30 diciembre 1988), n.34a, cit. por BENEDICTO XVI, US, parág.5.

17 XCVIII ASAMBLEA PLENARIA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Acción de gracias y exhortación después de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud (25 noviembre 2011), n.6.