Emotiva celebración del Sagrado Corazón de Jesús en la Institución que lleva su nombre

El acto esencial fue la celebración de la Eucaristía presidida por el sacerdote Rafael Yuste, acompañado por los sacerdotes Fernando Rodríguez, Alfonso Viudez y el Diácono Joaquín Espino.

El pasado viernes se celebró en la “Institución Benéfica Sagrado Corazón de Jesús” (IBSCJ) la fiesta que lleva su nombre. 

En su homilía, el padre Yuste destacó las palabras de Jesús en el evangelio: “Acudid a mi todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré”, haciendo alusión al trabajo que hacen los voluntarios en esta casa de acogida y, sobre todo, a la labor que desarrollan las religiosas con los residentes durante todo el año. 

La IBSCJ está  presente en Almería desde 1971, gracias a la colaboración de la Asociación Familia de Nazaret. El 20 de julio de 1969 se puso la primera piedra y se inauguró oficialmente el 16 de abril de 1971, con representantes de todas las casas de la IBSCJ y los primeros acogidos. 

Enfermos y acogidos, religiosas y voluntarios forman la gran familia del Sagrado Corazón de Jesús. En palabras de la Madre Rosario, una de las fundadoras de la  IBSCJ, "el enfermo desea ante todo que se le alivie en su enfermedad, pero también necesita que se le atienda como persona y como creyente. La gran terapéutica es ayudarles a encontrar el sentido profundamente cristiano de la vida, la enfermedad y la muerte". 

Rosario Vilallonga, Teresa Jáuregui y María MartínezLos comienzos de esta institución benéfica se remontan a los ejercicios espirituales que el Padre Arístegui,SJ, dio en Bilbao a mediados de los años cuarenta. Fruto de aquellos ejercicios Rosario Vilallonga, Teresa Jáuregui y María Martínez salieron con el firme propósito de entregar sus vidas a los más pobres y abandonados. 

En la Fiesta de San Ignacio de Loyola, 31 de julio de 1947, en presencia del Obispo de Bilbao y del P. Arístegui, queda constituida la Institución Benéfica del Sagrado Corazón de Jesús. 

La obra no cuenta con apoyo económico alguno, ni renta, ni subvenciones, pero al ático de Moyúa van llegando donativos y ayudas. Fue mucha la gente la que, admirada de tan sorprendente actitud de fe, empezó a acudir para colaborar. Al poco tiempo llega la primera novicia, a la que pronto siguen varias, y los primeros acogidos verdaderamente abandonados.  

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