Veinticinco jóvenes participan en el Encuentro Vocacional "Manuel Aranda" en Jaén

El Centro Vocacional «Manuel Aranda» de Jaén organiza a lo largo de todo el curso una serie de encuentros con jóvenes que se están planteando su vocación al sacerdocio.

Estos encuentros tienen una periodicidad mensual y se celebran en el Seminario Diocesano de Jaén. Además, este Centro organiza un encuentro de fin de curso en el que los jóvenes pueden convivir a lo largo de tres días. Así, hace unos días tuvo lugar, en el Seminario Diocesano, esta convivencia de fin de curso en la que participaron 25 jóvenes procedentes de diversas localidades de la provincia de Jaén. “Han venido 21 jóvenes de distintos pueblos de la diócesis: de Marmolejo, de Villacarrillo, de Sabiote, de Jaén, de Torreperogil, de Villanueva del Arzobispo, de Noalejo, de la Iruela, de Torredonjimeno, de Mancha Real, de Mengíbar, de los Villares y de Jabalquinto. Además, también han participado los seminaristas menores”, asegura D. José María Romero, rector del Seminario Menor.

El objetivo de estos encuentros es despertar la vocación sacerdotal en los adolescentes y jóvenes que participan en ellos.  “A lo largo de todo el curso, con textos del Evangelio como pueden ser las vocaciones de la Virgen María, de los Apóstoles, de los Profetas, de Moisés… vamos descubriendo señales y rasgos que a los jóvenes les pudiera venir bien a la hora de plantearse su propia vocación. En las convivencias presentamos, también, a modelos sacerdotales. Por tanto, no sólo vemos la vocación, sino toda la experiencia sacerdotal, porque a los jóvenes les ayuda mucho conocer testimonios de personas concretas”, explica Romero. Desarrollo del compañerismo, ayuda de la fe, seguridad en la decisión o conseguir superar el miedo a la llamada de Dios… son algunos de las cuestiones a las que contribuye este tipo de encuentros. “En las convivencias hay muy bien ambiente y se lo pasan muy bien. Y quiero animar a los jóvenes y a los adolescentes a que se planteen el tema del sacerdocio, de la vocación… porque aunque en las orientaciones profesionales no aparece el sacerdocio, ciertamente es una opción más. Una opción que llena una vida, que llena un corazón y que es capaz de contagiar alegría y esperanza. Realmente merece la pena ser sacerdote y plantearse la vocación”, afirma el rector del Seminario Menor de Jaén.   

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