Agradecimiento al Arciprestazgo de la Sierra de Segura tras la visita pastoral

Carta Pastoral del Obispo de Jaén, Mons. Ramón del Hoyo López, con motivo de su visita al Arciprestazgo de Segura.

Muy queridos sacerdotes y fieles:

1. Al terminar mi recorrido por las diecinueve parroquias del Arciprestazgo de Segura, además de los numerosos núcleos unidos a las comunidades parroquiales, he dado gracias a Dios por conoceros más de cerca y recorrer la incomparable geografía de esos valles y sierras. He compartido con vosotros unos días inolvidables y he aprendido también de vuestros valores y raíces cristianas tan profundas.

Más de una vez he pensado, durante esos recorridos, en los primeros cristianos que se reunían junto a su Obispo en la llamada “statio”, en torno al único Altar de cada ciudad, para celebrar la Eucaristía y hacer presente la muerte y resurrección del Señor. Eran todos “uno”; se alimentaban de la doble Mesa de la Palabra y la Eucaristía; al final se despedían y el Obispo les enviaba a predicar el Evangelio y mostrar a los no creyentes “cómo se amaban y ayudaban a los demás”.

En la Misa que celebramos todos los sacerdotes del arciprestazgo con la comunidad parroquial de Segura, pudimos vivir esta misma gozosa verdad y experiencia.

2. También quiero daros las gracias a cada uno de vosotros, especialmente a los sacerdotes, por tantas deferencias y atenciones para con mi persona como Obispo y Pastor de esta Iglesia de Jaén, a lo largo y ancho de esta Visita. Os confieso que he disfrutado mucho interiormente y hasta me he cansado, junto con vosotros, por el Evangelio. Nosotros sólo plantamos y regamos, es Dios quien da el incremento a nuestro esfuerzo. De Él es la iniciativa y para Él los frutos.

Nunca ya os voy a olvidar en las celebraciones a la sombra de un nogal, de una higuera o de los olivos. Celebraciones ante una imagen, en los cementerios y antiguas escuelas. He visitado y orado ante el Sagrario de todos los templos y sus cuidadas Iglesias. Hemos rezado juntos ante vuestros Patronos desde la oración suprema de los cristianos: la Eucaristía.

A tantas personas mayores y enfermas, a los niños y jóvenes con sus profesores y catequistas, a los ministros extraordinarios de la Eucaristía, monaguillos, coros parroquiales, cofradías y otras organizaciones... a los consejos pastorales y de economía parroquiales, a la organización de la caridad, a los jóvenes y adultos a quienes he podido administrar el Sacramento de la Confirmación y, sobre todo, a cuantos han rezado por los frutos de esta Visita Pastoral, mi saludo y agradecimiento. También para las autoridades civiles y medios de comunicación, siempre tan cercanos y atentos.

3. A mi regreso afloran algunas preocupaciones que también os manifiesto. Ya las he puesto en las manos de la Santísima Virgen para lograr su intercesión.

Preocupante el éxodo de jóvenes en demasiadas poblaciones y núcleos; precariedad en el trabajo para no pocos; cristianos alejados de su fe bautismal que precisan de nueva evangelización; la sequía de vocaciones para el sacerdocio, vida de consagración y, cada vez más, para constituir una familia cristiana; la escasa respuesta en general para reunirse la Comunidad en la Misa dominical; cierta falta de interés u organización para formarse mejor como cristianos; las excesivas obligaciones y kilómetros que recorren los sacerdotes en su mayoría para atender a los fieles encomendados... pero, junto a esta relación de propuestas, destacaría una lista mayor de riquezas y logros en todo el Arciprestazgo que hemos de defender e incrementar, como se está haciendo.

No tengan reparo en abrirse a iniciativas comunes del Arciprestazgo, como “cristianos en la sierra” y diocesanas, como la próxima “Jornada mundial de la juventud”... Cuiden siempre con esmero poner la semilla del evangelio en las manos de cada bautizado en tiempo oportuno para que germine y no se pierda. No cesen en este empeño y háganlo siempre en el Nombre del Señor.

Sepan que toda la Iglesia diocesana les acompaña y necesita, hasta el núcleo más pequeño.

Seamos misioneros como Pablo, el Apóstol infatigable, y enamorados de Cristo, como él, guardemos el tesoro de nuestra fe, compartiéndolo con los demás.

Con mi afecto en el Señor y bendición.

+ Ramón del Hoyo López
Obispo de Jaén 

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