Peregrinación a Guadalupe

Los jóvenes cordobeses participaron en la decimotercera edición de la peregrinación.
Casi seiscientos jóvenes venidos de todos los puntos de la Diócesis se dieron cita el pasado fin de semana en la XIII Peregrinación Diocesana de Jóvenes al santuario extremeño de Guadalupe bajo el lema: De perseguidor a apóstol de Cristo.

Sólo Dios sabe las muchas gracias que ha derramado en estos tres días intensos. A lo largo del camino y en un clima de fraternidad, los jóvenes tuvieron la oportunidad de orar personal y comunitariamente, de escuchar diversas catequesis, de reconciliarse con el Señor por medio del sacramento de la Penitencia -los acompañaron más de 21 sacerdotes-, de celebrar la fe en el sacramento de la Eucaristía, de convivir y hacer amistad, de cantar juntos y manifestar el gozo profundo de la fe. En definitiva, han tenido una experiencia de Iglesia como “familia en camino” con un modelo excepcional: el apóstol San Pablo, en su año jubilar.

El Obispo quiso estar presente en la peregrinación en sus momentos centrales: presidiendo la solemne Eucaristía inicial celebrada en nuestra Catedral, recibiéndonos el sábado a los pies de la Basílica de Guadalupe antes de saludar a la Virgen y, finalmente, presidiendo la Eucaristía dominical en la misma Basílica. Poniendo como modelo a San Pablo, Mons. Asenjo insistió a los jóvenes, en sus diversas intervenciones, que el mayor y mejor fruto de esta peregrinación debe ser el encuentro personal con Jesucristo, el dejarnos transformar por Él, el redescubrir que sin Él, nuestra vida no tiene sentido y que con Él, todo adquiere su justo valor, como ocurrió en su momento con el apóstol de los gentiles. Acentuó también el Obispo la llamada urgente a la misión, a que los jóvenes sean testigos del Evangelio, sin miedos ni complejos, en sus diversos ambientes de estudio, trabajo, ocio y diversión, a vivir la fe con una alegría y compromiso renovados en el seno de la Iglesia.

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