Jaris

Movimiento Diocesano Juvenil de la parroquia de San Juan Bautista, de San Juan del Puerto.
El Movimiento Diocesano de Comunidades Juveniles Jaris (“Gracia”), ha comenzado a funcionar, como primera experiencia, en los grupos juveniles de la Parroquia de San Juan Bautista de San Juan del Puerto. Con este nacimiento se quiere apretar los lazos que unen a todos los jóvenes de la Diócesis, haciendo un trabajo pastoral con ellos más fecundo y  redescubriendo la fuerza que da la unidad en torno al Señor.

Sin duda la cuestión de la edad es muy importante. Se observa en la Diócesis de Huelva (aunque no es un fenómeno exclusivo de aquí), una “laguna” en la presencia de los jóvenes en la Iglesia después de la comunión, es decir, de los 14 a los 18 años. No solo es que no estén, es que hay pocas ofertas dedicadas a ellos. Esto influye en la continuidad de muchos de los caminos de fe que se iniciaron en la infancia, y desemboca en la clamorosa ausencia (por supuesto, con excepciones) de lo que propiamente deberíamos tener por sujetos destinatarios de la pastoral juvenil: los jóvenes cristianos de entre 18 y 30 años. No es cometido de este proyecto trabajar con los niños, pero para trabajar con jóvenes de 18 o 20 años primero ha de comenzarse con adolescentes a partir de 16 años.

La tarea que tienen por delante no es sencilla. Los adolescentes y jóvenes de hoy no están lo que se dice predispuestos hacia lo religioso, y menos hacia lo específicamente cristiano. El medio ambiente en el que han ido creciendo no les ha hecho ver en la fe cristiana una riqueza, una oportunidad de crecer interiormente ni de crear una sociedad diferente, antes bien se les ha presentado como aburrida, rígida y castrante. La ignorancia respecto a muchos de los planteamientos de la Iglesia, y el prejuicio de muchos de sus mayores (en los medios de comunicación y en la vida cotidiana), hace que tengan una imagen distorsionada de lo que significa ser cristiano hoy. La ausencia de testimonios católicos profundos y alegres en su ambiente habitual no contribuye a mejorar la situación.

 Si a esto se añaden las características propias de la edad como la indefinición, la ambigüedad, reforzadas por el relativismo que lo empapa todo, y otras, vemos que el panorama no parece alentador. En lo cuál, los impulsores de este proyecto han encontrado mayor razón para trabajar con fuerza y sin dilación, presentando un testimonio alegre y creíble de vida cristiana, a través de animadores que sean testigos para los jóvenes de su grupo, así como el propio grupo ha de serlo para aquellos jóvenes que no participan de él, y así el MDCJ testigo en la Iglesia diocesana para la sociedad en su conjunto.

Partiendo de esta base, el equipo del Secretariado de Pastoral Juvenil Vocacional, conjuntamente con los Obispos, (D. Ignacio Noguer dio el primer impulso a este trabajo y posteriormente D. José Vilaplana confirmó y apoyó la continuación del mismo), plantearon la idoneidad de un Movimiento Diocesano que vertebrara los esfuerzos dispersos que se hacen en cada parroquia en materia de pastoral juvenil. La estructura centralizada de un movimiento parecía adecuada para las necesidades a cubrir, permitiendo además no sobrecargar a los párrocos con más trabajo, ya que los animadores asumen sobre sí el grueso de la tarea, siempre en comunión y coordinación con los sacerdotes y con el resto de la parroquia.

Esta comunión es la segunda gran respuesta que da el Movimiento Diocesano, llamado por esto de Comunidades Juveniles. Entender la Iglesia diocesana como iglesia total, como vía de entronque de cada uno de nosotros con la Iglesia universal de Jesucristo, nos lleva a reforzar el aspecto comunitario en la configuración del Movimiento. La vida conjunta con otros cristianos no nos hace grupo ni masa, sino comunidad. Que los jóvenes interioricen esta convicción y que vivan como su grupo se hace comunidad a la vez que se integra en la comunidad parroquial, y desde esta en toda la diócesis, facilitará que vayan acercando su corazón a una vivencia de Iglesia una.

Espiritualidad de comunión y autonomía en el funcionamiento son los dos ejes de este proyecto. Más concretamente este funcionamiento autónomo del Movimiento Diocesano permite cubrir otros flancos débiles de la oferta que se estaba dando a los jóvenes. La formación de los animadores es un caso muy claro. El movimiento va a dar una gran prioridad a la formación de sus animadores, para hacer uso de los lenguajes actuales en la evangelización, dando respuesta principalmente a las carencias de nuestros jóvenes en la experiencia personal de Dios.

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