A los padres católicos

Carta pastoral del Obispo de Jaén, D. Ramón del Hoyo López.
Queridos hermanos y hermanas:

Asistidos por la fuerza del Señor siempre debemos mirar al futuro con esperanza, pero también con realismo.

En el comienzo de un nuevo curso pastoral nos preocupa a muchos la situación de buen número de jóvenes y el empeño nada fácil de su educación.

La Iglesia diocesana de Jaén a través de las parroquias, colegios, movimientos cristianos, asociaciones y otros organismos, quiere apoyarles y estar muy cerca de todos los padres de familia.

A lo largo de los últimos meses y durante el curso pasado algunos de los fieles, como padres, asociaciones e incluso profesores, han solicitado nuestro apoyo e información para una respuesta responsable en este campo de la educación en favor de sus hijos y alumnado.

Conocemos los problemas a través de los diversos medios de comunicación y por otras instancias. Se puede captar fácilmente esta preocupación en un amplio sector de padres, en los centros de enseñanza, aunque en diverso grado, y, en el profesorado, sobre todo de la asignatura de religión.

Con la única intención de poder informarles y compartir juntos estas inquietudes, deseo centrarme en este comunicado sobre los interrogantes fundamentales que suscita a muchos padres y educadores a la signatura denominada EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA y su preocupación sobre el por qué tenga que impartirse a todos los alumnos de forma obligatoria evaluable.

1.- Implantación de esta asignatura

Sin duda que buscando una respuesta a situaciones preocupantes en la escuela y la juventud se optó por incluir en los planes de enseñanza “un mínimo común ético”, para todos, a través de esta asignatura.

Muchos nos preguntamos, ya antes de su implantación, porqué pretender un enfoque único en una sociedad plural y en unas materias susceptibles de diversos enfoques.

Es innegable que hay que educar en valores y que esa educación corresponde a distintas instancias educativas en la sociedad. Habrá de contemplarse, por ello, una escala de responsabilidades que van desde los padres, como instancia primera, hasta el Estado, que es subsidiario. Lo que interesa es buscar el bien integral de la persona y el bien común de la sociedad.

Ya la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española, en una nota del 20 de junio de 2007, advertía que en esta asignatura “tal como está planteada en los Reales Decretos, el Estado se arroga un papel de educador moral que no es propio de un Estado democrático de Derecho.”

Ciertamente los contenidos de la misma se desarrollan sobre dos fundamentos inaceptables:

-    El modo de ser humano que subyace y que se apoya en una antropología cerrada a la trascendencia, lo que impide una educación integral de la persona.

-    El concepto de verdad en que se apoyan sus contenidos. Se trataría de una verdad relativista que depende de la decisión de las mayorías.

Además, junto a estas premisas de fondo, encierran también un grave problema algunos de sus contenidos, como los derivados de la llamada “ideología de género” que adultera en sus raíces el concepto de sexualidad y de matrimonio.

Los mismos Obispos, en la citada nota, dejaban por ello muy claro y hasta apoyaban no “ésta” sino “otra” asignatura diferente, con el mismo título y denominación incluso, siempre que “no hubiera invadido el campo de la formación de la conciencia y se hubiera atenido, por ejemplo, a la explicación del ordenamiento constitucional y de las declaraciones universales de los derechos humanos”

En parecidos términos han venido manifestándose gran número de asociaciones, interesadas en la defensa de valores en nuestra sociedad y en la familia. Fundamentan su oposición y denuncia, sobre todo, por exigirse el estudio de “ésta” asignatura, como materia obligatoria evaluable, conculcando así un derecho primordial e inalienable de los padres puesto que se les impone a sus hijos un tipo de formación religiosa y moral, contra su derecho amparado en la propia Constitución Española, artículo 27, 3.

2.- La objeción de algunos padres.

Conscientes muchos de que ni el Estado, ni la Junta Autonómica son quienes para imponer a sus hijos un sistema moral determinado y formar sus conciencias, algunos de los padres de estos alumnos, en número creciente, objetan contra este proceder.

No lo hacen por impedir que sus hijos conozcan los principios constitucionales y normas de convivencia, sino por imponérseles un código moral y una propuesta ética concreta que no coinciden con sus convicciones.

Son padres que creen, viven y defienden la existencia de una moral objetiva y no relativista. Creen y defienden la existencia de una ley natural y de normas morales por encima de la convivencia individual autónoma. Creen en el ser del varón y la mujer marcado por la naturaleza y no por una elección personal arbitraria.

Han comprobado que “ésta” asignatura obligatoria es inaceptable para sus hijos, en la forma y en el fondo, por varios de sus contenidos, y tratan de defenderles mediante un medio legítimo a su alcance, como es la objeción de conciencia contra la enseñanza de esta asignatura.

3.- Muchos estamos a su lado.

Estos padres son conscientes de que su decisión no es nada cómoda. Nadie, desde luego, quiere ver a sus hijos marginados o que se les señale con el dedo, por no cursar esta asignatura.

Se preguntan y soy testigo de ello ¿cómo arreglar esta situación tan desagradable?, ¿qué pensarán los mismos alumnos que, sin duda, captan este conflicto?, ¿cómo van a creer en lo que se les enseña, aunque no hayan objetado sus padres, si conocen el fondo del problema?

Son lamentables determinados comportamientos contra el proceder de estos padres. Estamos a su lado y compartimos su preocupación.

Suscribo de nuevo lo que en año 2007 afirmaba la Conferencia Episcopal Española sobre las expectativas futuras de esta asignatura: “No es este el modo adecuado de salir al paso de la necesidad apremiante de una formación integral de la juventud, para la convivencia en la verdad y la justicia, con actitudes positivas que contribuyen a la creación y consolidación de la paz en las familias, las escuelas y la sociedad.”
Muchos seguimos apostando en estas materias por un pacto social que respete a los padres en sus convicciones morales y en el modo de orientar la conciencia de sus hijos, y deseamos que se abran caminos en favor de la educación en valores cívicos compartidos por todos.

Esto es lo que planteábamos también los Obispos, reunidos hace un año en Comisión Permanente, que “El Estado no puede suplantar a la sociedad, como educador de la conciencia moral, sino que su obligación es promover y garantizar el ejercicio del derecho a la educación por aquellos sujetos a quienes les corresponde tal función, en el marco de un ordenamiento democrático respetuoso de la libertad de conciencia y del pluralismo social.”

Feliz curso. Mi saludo fraterno y bendición,

+ Ramón del Hoyo López

Obispo de Jaén

Jaén, 15 de octubre de 2008

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